2° REYES
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El
hacha hundida en el río
6:1 La comunidad de profetas dijo a Eliseo:
"La sala donde nos reunimos a escucharte es demasiado estrecha para nosotros.
6:2 Vayamos hasta el Jordán; allí
tomaremos cada uno un poste y haremos una sala donde podremos sentarnos".
Él respondió: "Vayan".
6:3 Pero uno de ellos dijo: "Por
favor, accede a venir con tus servidores". "Iré", respondió
él,
6:4 y se fue con ellos. Cuando llegaron
al Jordán, se pusieron a cortar los árboles.
6:5 Pero a uno de ellos, al derribar un
poste, se le cayó el hacha al agua. Entonces lanzó un grito,
diciendo: "¡Ay, mi señor, el hacha era prestada!"
6:6 El hombre de Dios dijo: "¿Dónde
cayó?". Él le mostró el lugar, y Eliseo partió
un pedazo de madera; lo arrojó allí, y el hacha salió
a flote.
6:7 Luego dijo: "Levántala".
El discípulo extendió la mano y la recogió.
LAS GUERRAS ARAMEAS
El
enceguecimiento de las tropas de los arameos
6:8
El rey de Arám estaba en guerra con Israel. Cuando él se reunía
en consejo con sus oficiales y decía: "Acamparé en tal
o cual lugar",
6:9 el hombre de Dios mandaba decir al
rey de Israel: "Cuidado con pasar por tal lugar, porque allí han
bajado los arameos".
6:10 Entonces el rey de Israel enviaba
algunos hombres al lugar que le había dicho el hombre de Dios. Eliseo
le avisaba, y él tomaba las precauciones debidas. Esto sucedió
más de una vez.
6:11 El rey de Arám se alarmó
ante este hecho. Llamó a sus oficiales y les dijo: "Es preciso
que me informen quién de entre nosotros está a favor del rey
de Israel".
v12 Pero uno de los oficiales le respondió: "No, majestad; Eliseo,
el profeta de Israel, es el que comunica al rey de Israel las palabras que
tú pronuncias aun en tu dormitorio".
6:13 El rey dijo: "Vayan y vean dónde
está, y yo mandaré a detenerlo". Le informaron que estaba
en Dotán,
6:14 y él envió caballos,
carros de guerra y un fuerte destacamento, que llegaron durante la noche y
cercaron la ciudad.
6:15 A la mañana siguiente, el
servidor del hombre de Dios se levantó de madrugada y salió.
Y al ver que las tropas rodeaban la ciudad con caballos y carros de guerra,
dijo a Eliseo: "Ay, señor, ¿cómo vamos a hacer?"
6:16 "No temas, respondió
él, porque los que están con nosotros son más que los
que están con ellos".
6:17 Luego Eliseo oró diciendo:
"Señor, ábrele los ojos para que vea". El Señor
abrió los ojos del servidor, y él vio que la montaña
estaba repleta de caballos y carros de guerra alrededor de Eliseo.
6:18 Cuando los arameos descendían
hacia él, Eliseo oró al Señor, diciendo: "¡Por
favor, enceguece a esta gente!". Y él los encegueció, conforme
a la palabra de Eliseo.
6:19 Entonces Eliseo les dijo: "No
es este el camino ni es esta la ciudad. Síganme y yo los llevaré
hacia donde está el hombre que ustedes buscan". Y los llevó
a Samaría.
6:20 Una vez que entraron en la ciudad,
Eliseo dijo: "Señor, abre los ojos de esta gente para que vean".
El Señor les abrió los ojos, y vieron que estaban dentro de
Samaría.
6:21 El rey de Israel, al verlos, dijo
a Eliseo: "¿Tengo que matarlos, padre mío?"
6:22 Él replicó: "No
los mates. ¿Acaso haces morir a todos los que tu espada y tu arco han
tomado prisioneros? Sírveles pan y agua; que coman y beban y después
se vayan con su señor.
6:23 El rey les hizo servir un gran banquete;
ellos comieron y bebieron, y después los despidió para que se
fueran con su señor. Las bandas arameas no volvieron a incursionar
en territorio de Israel.
Segundo sitio de Samaría: el hambre en la
ciudad sitiada
6:24 Un tiempo después, Ben Hadad,
rey de Arám, movilizó todo su ejército y sitió
a Samaría.
6:25 Hubo entonces mucha hambre en Samaría,
y el asedio era tan duro que una cabeza de asno valía ochenta siclos
de plata, y unos puñados de estiércol de paloma, cinco siclos
de plata.
6: 26
Mientras el rey de Israel pasaba sobre la muralla, una mujer le gritó:
"¡Socorro, majestad!"
6:27 Él respondió: "¡No,
que te socorra el Señor! ¿Con qué podría socorrerte
yo? ¿Con los productos de la era o del lagar?"
6:28 Luego añadió:
"¿Qué te pasa?". Ella respondió: "Esta
mujer me dijo: Trae a tu hijo; lo comeremos hoy, y mañana comeremos
el mío.
6:29 Entonces cocinamos a mi hijo y lo
comimos.
Al
día siguiente, yo le dije: Trae a tu hijo para que lo comamos. Pero
ella lo había escondido".
6:30 Al oír las palabras de aquella
mujer, el rey rasgó sus vestiduras; y como pasaba sobre el muro, la
gente vio el cilicio que llevaba sobre su carne.
6:31 El rey dijo: "Que Dios me castigue
si Eliseo, hijo de Safat, queda hoy con la cabeza sobre el cuello".
Anuncio de la liberación de la ciudad
6:32 Eliseo estaba sentado en su casa,
y los ancianos estaban sentados con él. El rey le envió a uno
de sus hombres; pero antes que llegara el mensajero, Eliseo dijo a los ancianos:
"¿Han visto que este hijo de asesino envía a un hombre
a cortarme la cabeza? Estén atentos, y cuando llegue el mensajero,
empújenlo con la puerta y atránquenla bien. ¿Acaso no
se oyen los pasos de su señor que viene detrás de él?"
6:33 Todavía les estaba hablando,
cuando llegó el rey y le dijo: "Todo este mal nos viene del Señor.
¿Qué puedo esperar todavía del Señor?"
7:1
Eliseo dijo entonces: "Escuchen la palabra del Señor: Así
habla el Señor: Mañana, a esta misma hora, se venderá
un balde de harina de la mejor calidad por un siclo, y dos baldes de cebada
por el mismo precio, en la Puerta de Samaría".
7:2 El escudero en cuyo brazo se apoyaba
el rey tomó la palabra y dijo al hombre de Dios: "Aunque el Señor
abriera ventanas en el cielo, ¿podría suceder una cosa así?".
Eliseo replicó: "Verás esto con tus propios ojos, pero
no lo comerás".
Fin
del asedio de Samaría
7:3 Había cuatro hombres leprosos
que se encontraban a la entrada de la Puerta y se decían unos a otros:
"¿Por qué nos quedamos aquí a esperar la muerte?
7:4 Si nos decidimos a entrar en la ciudad,
moriremos en ella, porque aprieta el hambre; si nos quedamos aquí,
lo mismo moriremos. Por eso, vamos a pasarnos al campo de los arameos; si
nos dejan con vida, viviremos; si nos matan, moriremos".
7:5 A la hora del crepúsculo partieron
hacia el campamento de los arameos. Pero cuando llegaron al extremo del campamento,
vieron que allí no había nadie.
7:6 Porque el Señor había
hecho oír en el campamento de los arameos un ruido de carros, un fragor
de caballos y el estruendo de un gran ejército, de manera que se dijeron
unos a otros: "Miren, el rey de Israel ha contratado como mercenarios
a los reyes de los hititas y a los reyes de los musritas, para que avancen
contra nosotros".
7:7 Así, a la hora del crepúsculo,
habían emprendido la huida, abandonando carpas, caballos y asnos, y
el campamento tal como estaba; se habían dado a la fuga para salvar
sus vidas.
7:8 Aquellos leprosos llegaron al extremo
del campamento y entraron en una carpa; y después que comieron y bebieron,
se llevaron de allí plata, oro y ropa, y fueron a esconderlos. Después
volvieron, entraron en otra carpa, y se llevaron otras cosas que también
fueron a esconder.
7:9 Ellos se dijeron unos a otros: "No
está bien lo que estamos haciendo. Este es un día de buenas
noticias. Si nos quedamos callados y aguardamos hasta el amanecer, no nos
libraremos de un castigo. Vayamos mejor ahora mismo a informar a la casa del
rey".
7:10 Entonces fueron a llamar a los porteros
de la ciudad y les informaron, diciendo: "Hemos entrado en el campamento
de los arameos y no había nadie; no se oía ni una sola voz humana.
Sólo estaban los caballos y los asnos atados, y las carpas intactas".
7:11 Los porteros lanzaron gritos hacia
el interior de la ciudad, y se hizo llegar la noticia a la casa del rey.
7:12 El rey se levantó de noche
y dijo a sus servidores: "Les voy a explicar lo que han urdido contra
nosotros los arameos. Como ellos saben que estamos hambrientos, han salido
del campamento y se han ocultado en el campo, diciendo: Van a salir de la
ciudad; entonces los capturaremos vivos y entraremos en la ciudad".
7:13 Uno de los oficiales pidió
la palabra y dijo: "Tomemos cinco de los caballos que todavía
quedan. A fin de cuentas, si se los deja en la ciudad, les sucederá
lo mismo que a toda la multitud de Israel que ya ha perecido. Los enviaremos
y veremos qué pasa".
7:14 Tomaron dos carros con sus caballos,
y el rey los envió a seguir los rastros del campamento arameo, diciendo:
"Vayan a ver".
7:15 Ellos siguieron las huellas hasta
el Jordán, y vieron diseminados por todo el camino el material y la
ropa que habían arrojado los arameos en su fuga precipitada. Después,
los mensajeros volvieron para informar al rey.
7:16 El pueblo salió a saquear
el campamento de los arameos, y se tuvo un balde de harina por un siclo, y
dos baldes de cebada por el mismo precio, conforme a la palabra del Señor.
7:17 El rey había puesto a vigilar
la Puerta al escudero en cuyo brazo se apoyaba. Pero el pueblo lo aplastó
contra la Puerta, y él murió, conforme a lo que había
dicho el hombre de Dios cuando el rey había bajado a encontrarse con
él.
7:18 En efecto, cuando el hombre de Dios
había dicho al rey: "Mañana, a esta misma hora, se venderá
un balde de harina de la mejor calidad por un siclo, y dos baldes de cebada
por el mismo precio, en la Puerta de Samaría",
7:19 el escudero había replicado
al hombre de Dios: "Aunque el Señor abriera ventanas en el cielo,
¿podría suceder una cosa así?". Y Eliseo había
dicho: "Verás esto con tus propios ojos, pero no lo comerás".
7:20 Y esto fue lo que le sucedió:
el pueblo lo aplastó contra la Puerta, y él murió.
La
devolución de los bienes de la sunamita
8:1 Eliseo dijo a la madre del niño
que él había hecho revivir:
"Parte ahora mismo con toda tu familia, y emigra adonde puedas, porque
el Señor ha llamado al hambre, y ya viene al país por siete
años".
8:2 La mujer partió e hizo lo que
le había dicho el hombre de Dios: emigró con su familia al país
de los filisteos y se quedó allí siete años.
8:3 Al cabo de siete años, la mujer
volvió del país de los filisteos, y fue a reclamar al rey su
casa y su campo.
8:4 El rey estaba hablando con Guejazí,
el servidor del hombre de Dios: "Cuéntame, le decía, las
maravillas que ha hecho Eliseo".
8:5 Y mientras le estaba contando al rey
cómo Eliseo había hecho revivir a un muerto, la madre del niño
que él había hecho revivir vino a reclamar al rey su casa y
su campo. Guejazí dijo entonces: "¡Rey, señor mío,
esta es la mujer y aquí está el hijo que Eliseo hizo revivir!"
8:6 El rey interrogó a la mujer,
y ella le contó todo. Luego puso a su disposición un eunuco,
al que ordenó: "Que se le restituya todo lo que le pertenece,
con todas las rentas del campo, desde el día en que dejó el
país hasta ahora".
La
predicción de Eliseo acerca de Ben Hadad y Jazael
8:7 Eliseo se dirigió a Damasco.
Ben Hadad, rey de Arám, estaba enfermo. Cuando le avisaron: "El
hombre de Dios ha venido hasta aquí",
8:8 el rey dijo a Jazael: "Toma contigo
un presente, ve al encuentro del hombre de Dios, y consulta al Señor
por medio de él, a ver si me restableceré de esta enfermedad".
8:9 Jazael fue al encuentro de Eliseo
llevando como presente cuarenta camellos cargados con lo mejor que había
en Damasco. Al llegar, se presentó ante él y le dijo: "Tu
hijo Ben Hadad, rey de Arám, me ha enviado a preguntarte: ¿Me
restableceré de esta enfermedad?"
8:10 Eliseo respondió: "Ve
a decirle: 'Sí, te restablecerás'; pero el Señor me ha
hecho ver que morirá".
8:11 Después fijó la mirada
y permaneció así largo rato. Y el hombre de Dios lloró.
8:12 Jazael le preguntó: "¿Por
qué llora mi señor?". "Porque sé el mal que
harás a los israelitas, respondió Eliseo; tú incendiarás
sus plazas fuertes, matarás a sus jóvenes con la espada, estrellarás
a sus niños y abrirás el vientre de sus mujeres embarazadas".
8:13 Jazael replicó: "Tu servidor
no es más que un perro. ¿Cómo va a hacer tales hazañas?".
Eliseo respondió: "El Señor me ha hecho ver que tú
reinarás sobre Arám".
8:14 Él se alejó de Eliseo
y fue a ver a su señor, el cual le dijo: "¿Qué te
ha dicho Eliseo?". Él respondió: "Me ha dicho que
te restablecerás".
8:15 Pero a la mañana siguiente
tomó una manta, la empapó en agua y la extendió sobre
el rostro del rey, hasta que murió. Jazael reinó en lugar de
él.
El
reinado de Jorám en Judá (848-841)
2
Crónicas 21, 2-7
8:16
El quinto año de Jorám, hijo de Ajab, rey de Israel, inició
su reinado Jorám, hijo de Josafat, rey de Judá.
8:17 Tenía treinta y dos años
cuando comenzó a reinar, y reinó ocho años en Jerusalén.
8:18 Siguió el camino de los reyes
de Israel, conforme a lo que había hecho la casa de Ajab, porque se
había casado con una hija de Ajab; e hizo lo que es malo a los ojos
del Señor.
8:19 Pero el Señor
no quiso destruir a Judá, a causa de su servidor David, según
la promesa que le había hecho de darles a él y a sus hijos una
lámpara para siempre.
8:20 En ese tiempo,
Edóm
se rebeló contra el poder de Judá
y se estableció un rey.
8:21 Jorám partió entonces
para Saír con todos sus carros de guerra. Por la noche, se levantó
y derrotó a los edomitas, que lo tenían cercado a él
y a los jefes de los carros; pero las tropas huyeron a la desbandada.
8:22 Así se independizó
Edóm del poder de Judá, hasta el día de hoy. En aquel
tiempo, también se rebeló Libná.
Fin
del reinado de Jorám
2
Crónicas 21, 16-20
8:23
El resto de los hechos de Jorám y todo lo que él hizo, ¿no
está escrito en el libro de los Anales de los reyes de Judá?
8:24 Jorám se fue a descansar con
sus padres, y fue sepultado con ellos en la Ciudad de David. Su hijo Ocozías
reinó en lugar de él.
El
reinado de Ocozías en Judá (841)
2
Crónicas 22, 1-6
8:25
El duodécimo año de Jorám, hijo de Ajab, rey de Israel,
inició su reinado Ocozías, hijo de Jorám, rey de Judá.
8:26 Ocozías tenía veintidós
años cuando comenzó a reinar, y reinó un año en
Jerusalén. Su madre se llamaba Atalía, y era hija de Omrí,
rey de Israel.
8:27 Siguió el camino de la casa
de Ajab e hizo lo que es malo a los ojos del Señor, como la casa de
Ajab, porque estaba emparentado con ella.
8:28 Él fue con Jorám, hijo
de Ajab, a combatir contra Jazael, rey de Arám, a Ramot de Galaad;
pero los arameos hirieron a Jorám.
8:29 El rey Jorám volvió
a Izreel, para hacerse curar de las heridas que le habían infligido
los arameos en Ramá, cuando combatía contra Jazael, rey de Arám.
Entonces Ocozías, hijo de Jorám, rey de Judá, bajó
a Izreel para visitar a Jorám, hijo de Ajab, que estaba herido.
LA REBELIÓN DE JEHÚ
Jehú
ungido y proclamado rey de Israel
9:1
El profeta Eliseo llamó a uno de la comunidad de profetas y le dijo:
"Ajústate el cinturón, toma contigo este frasco de aceite
y ve a Ramot de Galaad.
9:2 Cuando llegues, busca allí
a Jehú, hijo de Josafat, hijo de Nimsí. Luego entra, sácalo
de en medio de sus camaradas y llévalo a la habitación más
retirada.
9:3 Toma entonces el frasco de aceite,
derrámalo sobre su cabeza y di: Así habla el Señor: Yo
te he ungido rey de Israel.
Después, abre la puerta y escapa sin detenerte".
9:4 El joven profeta partió en
seguida para Ramot de Galaad.
9:5 Al llegar, encontró a los jefes
del ejército que estaban reunidos, y dijo: "Tengo un mensaje para
ti, jefe". "¿Para quién de nosotros?", preguntó
Jehú. Él respondió: "Para ti, jefe".
9:6 Jehú se levantó y entró
en la casa. Entonces el joven derramó el aceite sobre su cabeza y le
dijo: "Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo te he
ungido rey del pueblo del Señor, de Israel.
9:7 Tú acabarás con la familia
de Ajab, tu señor, y yo vengaré la sangre de mis servidores
los profetas y la sangre de todos los servidores del Señor derramada
por la mano de Jezabel.
9:8 Toda la casa de Ajab perecerá:
extirparé de la dinastía de Ajab a todos los varones, sean esclavos
o libres en Israel.
9:9 Trataré a la casa de Ajab como
a la casa de Jeroboám, hijo de Nebat, y como a la casa de Basá,
hijo de Ajías.
9:10 En cuanto a Jezabel,
los perros la devorarán en la parcela de Izreel,
y nadie la sepultará". En seguida abrió la puerta y escapó.
9:11 Cuando Jehú salió a
reunirse con los oficiales de su señor, le preguntaron: "¿Hay
alguna novedad? ¿Para qué vino a verte ese exaltado?".
Él les respondió: "Ustedes conocen a ese hombre y su cantinela".
9:12 Ellos dijeron: "No es cierto.
Explícanos qué pasa". Entonces él les replicó:
"Esto es todo lo que me dijo: Así habla el Señor: Yo te
he ungido rey de Israel".
9:13 Inmediatamente, ellos tomaron cada
uno su manto y los tendieron a sus pies, encima de las gradas. Luego tocaron
la trompeta y gritaron: "¡Jehú es rey!"
La
rebelión de Jehú: el asesinato de Jorám, rey de Israel
9:14 Jehú, hijo de Josafat, hijo
de Nimsí, conspiró contra Jorám. Este, con todo Israel,
estaba defendiendo a Ramot de Galaad contra Jazael, rey de Arám,
9:15 pero tuvo que volver a Izreel para
hacerse curar de las heridas que le habían infligido los arameos, mientras
combatía contra Jazael, rey de Arám.
Jehú dijo: "Si realmente están de acuerdo, que nadie escape
de la ciudad para llevar la noticia a Izreel".
9:16 Luego subió a su carro y partió
para Izreel, porque allí guardaba cama Jorám, y Ocozías,
rey de Judá, había bajado a visitarlo.
9:17 El centinela que estaba apostado
en la torre de Izreel, al ver venir la tropa, dijo: "Veo una tropa".
Jorám ordenó: "Toma un jinete y envíalo a preguntar
si todo va bien".
9:18 El jinete partió al encuentro
de Jehú y dijo: "Así habla el rey: ¿Va todo bien?".
Jehú replicó: "¿Qué te importa a ti si todo
va bien? Colócate ahí detrás". El centinela, mientras
tanto, avisó: "El mensajero los alcanzó, pero no regresa".
9:19 El rey envió un segundo jinete,
que los alcanzó y dijo: "Así habla el rey: ¿Va todo
bien?". Jehú replicó: "¿Que te importa a ti
si todo va bien? Colócate ahí detrás".
9:20 El centinela volvió a avisar:
"Los ha alcanzado, pero no regresa. Por el modo de conducir, parece Jehú,
porque maneja como un loco".
9:21 Jorám ordenó: "¡Enganchen
mi carro!". Cuando lo engancharon, Jorám, rey de Israel, y Ocozías,
rey de Judá, salieron cada uno en su carro al encuentro de Jehú.
Lo encontraron en la parcela de Nabot de Izreel,
9:22 y apenas Jorám
vio a Jehú, dijo: "¿Te va bien, Jehú?" Este
respondió: "¿Cómo me va a ir bien, mientras duren
las prostituciones de tu madre Jezabel
y sus innumerables brujerías?"
9:23 Jorám volvió las riendas
y huyó, diciendo a Ocozías: "¡Traición, Ocozías!".
9:24 Pero Jehú, que había
tendido su arco, hirió a Jorám en plena espalda; la flecha le
atravesó el corazón, y él se desplomó en su carro.
9:25 Entonces Jehú dijo a Bidcar,
su escudero: "Levántalo y arrójalo en la parcela del campo
de Nabot el izreelita. Acuérdate que cuanto tú y yo cabalgábamos
a la par, detrás de su padre Ajab, el Señor pronunció
contra él esta sentencia:
9:26 ¿No he
visto ayer la sangre de Nabot y la sangre de sus hijos? oráculo
del Señor. Yo te daré tu merecido en este mismo campo
oráculo del Señor. Ahora, levántalo y arrójalo
en esta parcela, conforme a la palabra del Señor".
El
asesinato de Ocozías
2
Crónicas 22, 7-9
9:27
Al ver esto, Ocozías, rey de Judá, huyó por el camino
de Bet Hagán. Jehú se lanzó en persecución de
él, y ordenó: "¡Hiéranlo también a
él!" Lo hirieron sobre su carro, en la cuesta de Gur, que está
cerca de Ibleám, y él huyó a Meguido, donde murió.
9:28 Sus servidores lo trasladaron en
un carro a Jerusalén, y lo sepultaron en su tumba, con sus padres,
en la Ciudad de David.
9:29 Fue en el undécimo año
de Jorám, hijo de Ajab, cuando Ocozías había comenzado
a reinar en Judá.
La
muerte de Jezabel
9:30 Jehú llegó a Izreel.
Cuando se enteró Jezabel,
se pintó los ojos, se arregló el cabello y se asomó por
la ventana.
9:31 En el momento en que Jehú
franqueaba la puerta de la ciudad, ella le dijo: "¿Cómo
te va, Zimrí, asesino de su señor?"
9:32 Jehú alzó la cabeza
hacia la ventana y exclamó: "¿Quién está
conmigo? ¿Quién?". Dos o tres eunucos se inclinaron hacia
él,
9:33 y él les dijo: "¡Tírenla
abajo!". Ellos la tiraron abajo, y su sangre salpicó la pared
y a los caballos, que la pisotearon.
9:34 Jehú entró, comió
y bebió, y luego dijo: "Encárguense de esta maldita y sepúltenla,
porque al fin de cuentas es hija de rey".
9:35 Pero cuando fueron a sepultarla,
no encontraron más que el cráneo, los pies y las manos.
9:36 Volvieron a comunicárselo
a Jehú, y él dijo: "Así se cumple la palabra que
el Señor pronunció por medio de Elías, el tisbita. En
la parcela de Izreel, los perros devorarán la carne de Jezabel;
9:37 y el cadáver de Jezabel será
como estiércol sobre los campos, de manera que no se podrá decir:
Es Jezabel".
Exterminio
de las familias reales de Israel y de Judá
10:1 Ajab tenía setenta hijos en
Samaría. Jehú escribió unas cartas, y las envió
a Samaría, a los jefes de la ciudad, a los ancianos y a los preceptores
de los hijos de Ajab. En ellas decía:
10:2 "Ahí tienen con ustedes
a los hijos de su señor, y tienen también los carros, los caballos,
una ciudad fortificada y un arsenal. Y bien, apenas reciban esta carta,
10:3 vean cuál es el mejor y el
más capaz entre los hijos de su señor, siéntenlo en el
trono de su padre y combatan por la familia de su señor".
10:4 Ellos sintieron mucho miedo y dijeron:
"Dos reyes no han podido resistir delante de él, ¿cómo
podremos resistir nosotros?"
10:5 Entonces el mayordomo de palacio,
el gobernador de la ciudad, los ancianos y los preceptores mandaron decir
a Jehú: "Somos tus servidores y haremos todo lo que nos digas.
No proclamaremos rey a nadie. Obra como mejor te parezca".
10:6 Jehú les escribió una
segunda carta, en la que decía: "Si están de parte mía
y aceptan obedecerme, tomen las cabezas de todos los hijos de su señor
y vengan a verme mañana a esta misma hora, a Izreel". Ahora bien,
los setenta hijos del rey estaban repartidos entre las personas importantes
de la ciudad, que los criaban.
10:7 Cuando recibieron esta carta, tomaron
a los hijos del rey, degollaron a los setenta, pusieron sus cabezas en unas
canastas y se las enviaron a Izreel.
10:8 Un mensajero fue entonces a informar
a Jehú: "Han traído las cabezas de los hijos del rey".
Él ordenó: "Expónganlas en dos montones a la entrada
de la Puerta, hasta la mañana".
10:9 A la mañana, él salió
y, puesto de pie, dijo a todo el pueblo: "Ustedes son inocentes. Yo conspiré
contra mi señor y lo maté. Pero a todos estos, ¿quién
los ultimó?
10:10 Sepan entonces que no caerá
por tierra ni una sola palabra del Señor, nada de lo que él
dijo contra la casa de Ajab: el Señor ha cumplido lo que había
dicho por medio de su servidor Elías".
10:11 Jehú
acabó con todos los que aún quedaban de la casa de Ajab en Izreel,
con todos sus nobles, sus familiares y sus sacerdotes, sin dejarle ni un solo
sobreviviente.
10:12 Luego partió y se fue a Samaría.
Cuando iba por el camino, en Bet Equed de los Pastores,
10:13 Jehú se encontró con
los hermanos de Ocozías, rey de Judá, y dijo: "¿Quiénes
son ustedes?". "Somos los hermanos de Ocozías, le respondieron,
y bajamos a saludar a los hijos del rey y a los hijos de la reina madre".
10:14 Entonces ordenó: "¡Captúrenlos
vivos!". Los capturaron vivos y los mataron junto al pozo de Bet Equed.
Eran cuarenta y dos, y no quedó ni uno solo.
El
encuentro de Jehú con Jonadab, hijo de Recab
10:15 Jehú partió de allí,
y se encontró con Jonadab, hijo de Recab, que venía a su encuentro.
Él lo saludó y le dijo: "¿Eres tan leal conmigo
como yo lo soy contigo?". Jonadab respondió: "Así
es". "Si es así, dame la mano", replicó Jehú.
Él se la dio, y Jehú lo hizo subir a su carro,
10:16 diciendo: "Ven conmigo y mira
el celo que tengo por el Señor". Y lo llevó en su carro.
10:17 Al llegar a Samaría, ultimó
allí a todos los que aún quedaban de la familia de Ajab: los
exterminó a todos, conforme a la palabra que el Señor había
dicho a Elías.
Exterminio
de todos los servidores de Baal
10:18 Jehú reunió luego
a todo el pueblo y le dijo: "Ajab sirvió poco a Baal; Jehú
lo servirá mucho más.
10:19 Ahora, convóquenme a todos
los profetas de Baal, a todos sus fieles y a todos sus sacerdotes. Que no
falte nadie, porque voy a ofrecer un gran sacrificio a Baal. Todo el que falte
no sobrevivirá". Pero Jehú obraba con astucia, a fin de
hacer desaparecer a los fieles de Baal.
10:20 Luego dijo: "Convoquen a una
asamblea solemne en honor de Baal". Así lo hicieron,
10:21 y Jehú envió mensajeros
por todo Israel. Entonces vinieron todos los fieles de Baal, no quedó
nadie sin venir. Entraron en el templo de Baal, y el templo se llenó
de bote en bote.
10:22 Jehú dijo al encargado del
vestuario: "Saquen las vestiduras para todos los fieles de Baal".
Él sacó las vestiduras.
10:23 Entonces Jehú llegó
al templo de Baal con Jonadab, hijo de Recab, y dijo a los fieles de Baal:
"Revisen bien, y fíjense que no haya aquí ningún
servidor del Señor, sino sólo los fieles de Baal".
10:24 Luego entraron para ofrecer sacrificios
y holocaustos.
Mientras tanto, Jehú había apostado afuera a ochenta hombres
y les había dicho: "El que deje escapar a alguno de los que yo
pongo en las manos de ustedes, responderá por él con su propia
vida".
10:25 Y cuando terminó de ofrecer
el holocausto, Jehú dijo a los guardias y a los oficiales: "¡Entren
y mátenlos! ¡Que no salga ni uno solo!". Ellos los mataron
al filo de la espada y los arrojaron afuera. Luego los guardias y los oficiales
llegaron hasta la ciudadela del templo de Baal,
10:26 sacaron el poste sagrado del templo
de Baal y lo quemaron.
10:27 Después de haber destruido
el poste sagrado de Baal, demolieron su templo y lo convirtieron en una cloaca,
que existe hasta el día de hoy.
El
reinado de Jehú en Israel (841-814)
10:28 Así Jehú exterminó
a Baal de Israel.
10:29 Pero Jehú
no se apartó de los pecados con que Jeroboám, hijo de Nebat,
había hecho pecar a Israel, a saber, los terneros de oro que había
en Betel y en Dan.
10:30 El Señor dijo a Jehú:
"Porque tú has obrado bien, haciendo lo que es recto a mis ojos,
y has tratado a la casa de Ajab exactamente como yo quería, tus hijos
se sentarán en el trono de Israel hasta la cuarta generación".
10:31 Pero Jehú no se empeñó
en seguir de todo corazón la ley del Señor, el Dios de Israel,
ni se apartó de los pecados con que Jeroboám había hecho
pecar a Israel.
10:32 En aquellos días, el Señor
comenzó a cercenar a Israel. Jazael los derrotó en toda la frontera
de Israel,
10:33 desde el Jordán hacia el
Oriente: todo el país de Galaad, el territorio de Gad, de Rubén,
de Manasés, desde Aroer, que está sobre la ribera del torrente
Arnón, y también Galaad y Basán.
10:34 El resto de los hechos de Jehú
y todo lo que él hizo, todas sus hazañas, ¿no está
escrito en el libro de los Anales de los reyes de Israel?
10:35 Jehú se fue a descansar con
sus padres y lo sepultaron en Samaría. Su hijo Joacaz reinó
en lugar de él.
10:36 Jehú reinó sobre Israel,
en Samaría, durante veintiocho años.