2° CRÓNICAS


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CAPÍTULO 11

La división del reino
1 Reyes 12, 20-25

11:1 Roboám llegó a Jerusalén y convocó a la casa de Judá y a Benjamín —ciento ochenta mil guerreros adiestrados— para ir a combatir contra Israel y recuperar el reino.
11:2 Pero la palabra del Señor llegó a Semaías, un hombre de Dios, en estos términos:
11:3 "Di a Roboám, hijo de Salomón, rey de Judá, y a toda la gente de Israel que está en Judá y en Benjamín:
11:4 Así habla el Señor: No suban a combatir contra sus hermanos; que cada uno vuelva a su casa, porque esto ha sucedido por disposición mía". Ellos escucharon las palabras del Señor y desistieron de su campaña contra Jeroboám.
11:5 Roboám habitó en Jerusalén y construyó ciudades fortificadas en Judá.
11:6 Reconstruyó Belén, Etám, Técoa,
11:7 Betsur, Socó, Adulám,
11:8 Gat, Maresá, Zif,
11:9 Adoraim, Laquis, Azecá,
11:10 Sorá, Aialón y Hebrón, ciudades fortificadas que están en Judá y en Benjamín.
11:11 Él reforzó sus fortificaciones y puso en ellas comandantes y depósitos de víveres, aceite y vino.
11:12 En cada ciudad había escudos y lanzas. El rey las hizo extremadamente fuertes, y así le estuvieron sometidos Judá y Benjamín.

Adhesión de los sacerdotes y levitas a Roboám
11:
13 Los sacerdotes y levitas de todo Israel acudían desde sus territorios para plegarse a Roboám.
11:14 En efecto, los levitas abandonaron sus campos de pastoreo y sus posesiones y se fueron a Judá y a Jerusalén, porque Jeroboám y sus hijos les impedían ejercer el sacerdocio del Señor,
11:15 al instituir por su cuenta sacerdotes para los lugares altos, para los sátiros y para los terneros que él había fabricado. 1 Reyes 12, 31
11:16 Gente de todas las tribus de Israel, que buscaba de todo corazón al Señor, el Dios de Israel, fue detrás de ellos a Jerusalén, para ofrecer sacrificios al Señor, el Dios de sus padres.
11:17 Así fortalecieron el reino de Judá y durante tres años, consolidaron a Roboám, hijo de Salomón, ya que durante tres años se siguió el camino de David y Salomón.

Las mujeres y los hijos de Roboám
11:
18 Roboám tomó por esposa a Majalat, hija de Ierimot, hijo de David y de Abijáil, hijo de Eliab, hijo de Jesé.
11:19 Ella le dio varios hijos: Ieús, Semarías y Zahám.
11:20 Después tomó a Maacá, hija de Absalón, de la que le nacieron Abías, Atai, Zizá y Selomit.
11:21 Roboám amó a Maacá, hija de Absalón, más que a todas sus mujeres y concubinas, ya que tuvo dieciocho mujeres y sesenta concubinas, y fue padre de veintiocho hijos y de sesenta hijas.
11:22 Roboám puso al frente de sus hermanos a Abías, hijo de Maacá, constituyéndolo príncipe heredero, porque quería hacerlo rey.
11:23 Además, supo distribuir hábilmente a sus hijos por todas las regiones de Judá y de Benjamín, en todas las ciudades fortificadas, dándoles gran cantidad de víveres y procurándoles muchas mujeres.

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CAPÍTULO 12

La invasión de Sisac, rey de Egipto
1 Reyes 14, 25-28

12:1 Pero cuando Roboám consolidó su reino y se hizo fuerte, abandonó la Ley del Señor, y con él todo Israel.
12:2 Y por haber sido infieles al Señor, en el año quinto del rey Roboám, subió contra Jerusalén Sisac, 1 Reyes 14, 25 rey de Egipto,
12:3 con tres mil doscientos carros de guerra, sesenta mil jinetes y una multitud innumerable que venía con él de Egipto, en la que había libios, suquíes y cusitas.
12:4 Así se apoderó de las ciudades fortificadas de Judá y llegó a Jerusalén.
12:5 Entonces el profeta Semaías se presentó a Roboám y a los jefes de Judá, que se habían concentrado en Jerusalén ante el avance de Sisac, y les dijo: "Así habla el Señor: Ustedes me han abandonado a mí, y yo, a mi vez, los he abandonado en manos de Sisac".
12:6 Los jefes de Israel y el rey se humillaron y dijeron: "¡El Señor es justo!"
12:7 Cuando el Señor vio que se habían humillado, la palabra del Señor llegó a Semaías, en estos términos: "Ellos se han humillado: no los destruiré, sino que los libraré dentro de poco, y mi furor no se derramará sobre Jerusalén por la mano de Sisac.
12:8 Pero le estarán sometidos, y así sabrán lo que es servirme a mí y lo que es servir a los reyes de la tierra".
12:9 Sisac, rey de Egipto, subió contra Jerusalén y se apoderó de los tesoros de la Casa del Señor y de la casa del rey. Se apoderó de todo, incluso de los escudos de oro que había hecho Salomón. 1 Reyes 10, 16-17 1 Reyes 14, 26 2 Crónicas 9, 15-16
12:10 En lugar de ellos, el rey Roboám hizo unos escudos de bronce, y se los confió a los jefes de los guardias que custodiaban el acceso a la casa del rey.
12:11 Cada vez que el rey iba a la Casa del Señor, los guardias los llevaban, y luego los volvían a dejar en la sala de guardia.
12:12 Por haberse humillado, la ira del Señor se apartó de él y no lo destruyó por completo, ya que aún había algo bueno en Judá.

Fin del reinado de Roboám
1 Reyes 14, 21-24 / 1 Reyes 14, 29-31

12:13 El rey Roboám se reafirmó en Jerusalén y siguió reinando. Roboám tenía cuarenta y un años cuando comenzó a reinar, y reinó diecisiete años en Jerusalén, la ciudad que el Señor eligió entre todas las tribus de Israel para poner su Nombre en ella. Su madre se llamaba Naamá, la amonita.
12:14 Él obró mal, porque no se empeñó en buscar al Señor de corazón.
12:15 Los hechos de Roboám, desde el principio hasta el fin, están escritos en las Crónicas del profeta Semaías y del vidente Idó, para ser registrados en las genealogías. Roboám y Jeroboám estuvieron continuamente en guerra.
12:16 Roboám se fue a descansar con sus padres, y fue sepultado en la Ciudad de David. Su hijo Abías reinó en lugar de él.

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CAPÍTULO 13

El reinado de Abías en Judá (915-913) y su guerra con Jeroboám
1 Reyes 15, 1-8

13:1 En el año decimoctavo del reinado de Jeroboám, comenzó a reinar Abías sobre Judá
13:2 y reinó tres años en Jerusalén. Su madre se llamaba Micaía, hija de Uriel, de Guibeá. Abías y Jeroboám se hicieron la guerra. 1 Reyes 15, 6
13:3 Abías entró en combate con un ejército de cuatrocientos mil guerreros escogidos, y Jeroboám se alineó contra él con ochocientos mil guerreros escogidos.
13:4 Abías se paró sobre el monte Semaraim, que está en la montaña de Efraím, y dijo: "¡Escuchen, Jeroboám y todo Israel!
13:5 ¿Acaso no saben que el Señor, el Dios de Israel, ha dado a David y a sus hijos el reino de Israel para siempre, por medio de una alianza de sal?
13:6 Pero Jeroboám, hijo de Nebat, servidor de Salomón, hijo de David, se reveló contra su señor.
13:7 Unos hombres inútiles e impíos se unieron a él y prevalecieron sobre Roboám, hijo de Salomón, porque Roboám era joven y débil, y no supo hacerles frente.
13:8 ¡Ahora ustedes tratan de resistir a la soberanía del Señor, que está en manos de los hijos de David! ¡Ustedes son una enorme multitud y tienen los terneros de oro que Jeroboám les dio como dioses!
13:9 ¿Acaso no han expulsado a los sacerdotes del Señor, a los hijos de Aarón y a los levitas, para establecer sacerdotes a la manera de los pueblos paganos? Porque cualquiera que viene con un ternero y siete carneros para recibir la investidura, puede llegar a ser sacerdote de los que no son dioses.
13:10 En cuanto a nosotros, nuestro Dios es el Señor y no lo hemos abandonado: los sacerdotes que sirven al Señor son los hijos de Aarón y los que ejercen el ministerio son los levitas.
13:11 Todas las mañanas y todas las tardes, ellos ofrecen holocaustos al Señor y queman el incienso aromático, disponen los panes de la ofrenda sobre la mesa pura y encienden todas las tardes el candelabro de oro con sus lámparas. Porque nosotros observamos las disposiciones del Señor, nuestro Dios, que ustedes han abandonado.
13:12 ¡Aquí está Dios al frente de nosotros, aquí están los sacerdotes con las trompetas, listos para hacer resonar el grito de guerra contra ustedes! ¡Israelitas, no hagan la guerra contra el Señor, el Dios de sus padres, porque nada conseguirán!"

La victoria de Judá sobre Israel
13:
13 Mientras tanto, Jeroboám hizo dar un rodeo para tender una emboscada y atacar a los hombres de Judá por la espalda, de manera que ellos quedaron delante de Judá y la emboscada detrás.
13:14 Al darse vuelta, los de Judá advirtieron que les presentaban combate por delante y por detrás. Entonces clamaron al Señor y los sacerdotes tocaron las trompetas.
13:15 Los hombres de Judá lanzaron el grito de guerra, y mientras ellos gritaban, Dios derrotó a Jeroboám y a todo Israel delante de Abías y de Judá.
13:16 Los israelitas huyeron delante de Judá, pero Dios los entregó en sus manos:
13:17 Abías y su ejército les infligieron una gran derrota, y cayeron quinientos mil hombres escogidos de Israel.
13:18 En esa ocasión, los israelitas quedaron humillados, mientras que los de Judá se fortalecieron por haberse apoyado en el Señor, el Dios de sus padres.
13:19 Abías persiguió a Jeroboám y le arrebató las ciudades de Betel, Iesaná y Efrón con sus respectivos poblados.
13:20 Jeroboám ya no recuperó su poderío en los tiempos de Abías: el Señor lo hirió gravemente y él murió.
13:21 Abías, por el contrario, se hizo cada vez más fuerte. Tuvo catorce mujeres, veintidós hijos y dieciséis hijas.

Fin del reinado de Abías
1 Reyes 15, 7-8

13:22 El resto de la historia de Abías, sus obras y sus hazañas, están escritos en el Comentario del profeta Idó.
13:23 Abías se fue a descansar con sus padres y lo sepultaron en la Ciudad de David. Su hijo Asá reinó en lugar de él. En tiempos de este el país gozó de paz durante diez años.

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CAPÍTULO 14

El reinado de Asá en Judá (912-871)
1 Reyes 15, 9-15

14:1 Asá hizo lo que era bueno y recto a los ojos del Señor, su Dios.
14:2 Suprimió los altares de los cultos extranjeros y los lugares altos; rompió las piedras conmemorativas y los pilares sagrados,
14:3 y exhortó a Judá a buscar al Señor, el Dios de sus padres, y a practicar la Ley y los mandamientos.
14:4 Mandó suprimir de todas las ciudades de Judá los lugares altos y los altares de incienso; y el reino estuvo en paz bajo su reinado.
14:5 Edificó ciudades fortificadas en Judá, porque el país estaba en paz, y durante aquellos años nadie le hizo la guerra ya que el Señor le había dado tranquilidad.
v6 Entonces Asá dijo a Judá: "Construyamos estas ciudades, rodeándolas de murallas, torres, puertas y cerrojos. Tenemos el país a nuestra disposición, porque hemos buscado al Señor, nuestro Dios, y por eso, él nos ha buscado a nosotros y nos ha dado tranquilidad por todas partes". Y ellos construyeron las ciudades con todo éxito.
14:7 Asá tenía en Judá un ejército de trescientos mil hombres, provistos de escudos grandes y lanzas, y otro en Benjamín, de doscientos ochenta mil hombres armados con escudos pequeños y arcos. Todos ellos eran guerreros valerosos.

La invasión y la derrota de Zéraj
14:
8 Zéraj, el cusita, avanzó contra ellos con un ejército de un millón de hombres y trescientos carros de guerra, y llegó hasta Maresá.
14:9 Asá salió a su encuentro, y ambos se dispusieron para el combate en el valle de Sefatá, junto a Maresá.
14:10 Entonces Asá invocó al Señor, su Dios, diciendo: "¡Tú solo, Señor, puedes ayudar al débil contra el fuerte! ¡Ayúdanos, Señor, Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos y en tu Nombre marchamos contra esta inmensa muchedumbre! ¡Señor, tú eres nuestro Dios! ¡Que ningún mortal prevalezca contra ti!"
14:11 El Señor derrotó a los cusitas delante de Asá y de Judá, y los cusitas huyeron.
14:12 Asá y las tropas que lo acompañaban, los persiguieron hasta Guerar. Cayeron tantos etíopes que no quedó ningún sobreviviente, porque quedaron destrozados delante del Señor y de su campamento. Los hombres de Judá recogieron un enorme botín.
14:13 También derrotaron a todas las ciudades de los alrededores de Guerar, porque el terror del Señor se había apoderado de ellas, y las saquearon ya que había en ellas un gran botín.
14:14 Atacaron asimismo los campamentos de los que apacentaban los rebaños, y se llevaron una gran cantidad de ovejas y camellos. Después regresaron a Jerusalén.

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CAPÍTULO 15

La profecía de Azarías
15:
1 Azarías, hijo de Oded, sobre el que había descendido el espíritu de Dios,
15:2 salió al encuentro de Asá y le dijo: "¡Escúchenme, Asá y todo Judá y Benjamín! El Señor está con ustedes cuando ustedes están con él. Si lo buscan, él se dejará encontrar por ustedes; si lo abandonan, él los abandonará.
15:3 Durante mucho tiempo Israel estuvo sin verdadero Dios, sin sacerdote que lo instruyera y sin ley.
15:4 Pero en su angustia, ellos se volvieron hacia el Señor, el Dios de Israel; lo buscaron, y el Señor se dejó encontrar por ellos.
15:5 En aquellos tiempos no había paz para nadie, sino grandes tribulaciones sobre todos los habitantes del país.
15:6 La gente y las ciudades se destruían unas contra otras, porque Dios las perturbaba con toda clase de calamidades.
15:7 Pero ustedes, ¡manténganse firmes y no desfallezcan! Porque sus obras serán recompensadas".

La reforma religiosa de Asá
1 Reyes 15, 13-15

15:8 Al oír estas palabras y la profecía que había pronunciado Azarías, hijo de Oded, Asá se decidió a eliminar los ídolos abominables de todo el territorio de Judá y Benjamín, 1 Reyes 15, 12 y también de las ciudades que había conquistado en la montaña de Efraím. Además, restauró el altar del Señor que estaba delante del Vestíbulo del Templo.
15:9 Luego reunió a todo Judá y Benjamín, y a los hombres de Efraím, de Manasés y de Simeón que residían con ellos, porque mucha gente de Israel se había pasado a Asá, al ver que el Señor, su Dios, estaba con él.
15:10 Ellos se reunieron en Jerusalén el tercer mes del año quince del reinado de Asá.
v11 Aquel día sacrificaron al Señor setecientos bueyes y siete mil ovejas del botín que habían traído,
15:12 e hicieron un pacto, comprometiéndose a buscar al Señor, el Dios de sus padres, con todo su corazón y con toda su alma:
15:13 a todo el que no buscara al Señor, el Dios de Israel, se lo haría morir, fuera grande o pequeño, hombre o mujer.
15:14 Así lo juraron al Señor en alta voz, con gritos de júbilo y al son de trompetas y cuernos.
15:15 Todo Judá se alegró a causa del juramento, porque lo había prestado de todo corazón y había buscado sinceramente al Señor. Por eso el Señor se dejó encontrar por ellos y les dio paz por todas partes.
15:16 El rey Asá despojó incluso del rango de Reina Madre a su abuela Maacá, por haber dedicado un horrendo fetiche a la diosa Aserá. Asá eliminó ese fetiche, lo redujo a polvo y lo quemó en el torrente Cedrón.
15:17 Sin embargo, no desaparecieron de Israel los lugares altos, aunque el corazón de Asá perteneció íntegramente al Señor durante toda su vida.
15:18 Él hizo llevar a la Casa del Señor las ofrendas consagradas por su padre y las que él mismo había consagrado: plata, oro y otros utensilios.
15:19 Y no hubo guerra hasta el año treinta y cinco del reinado de Asá.

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