2° CRÓNICAS
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Medidas
contra la idolatría
31:1 Una vez terminada la fiesta, los
israelitas que se encontraban allí salieron por las ciudades de Judá
y destrozaron las piedras conmemorativas, talaron los postes sagrados y demolieron
los lugares altos y los altares de todo Judá y Benjamín, y también
los de Efraím y Manasés, hasta destruirlos completamente. Luego
todos los israelitas regresaron a sus ciudades, cada uno a su posesión.
La
reorganización del servicio del Templo
31:2 Ezequías restableció
las clases de los sacerdotes y levitas, clase por clase, cada una según
su servicio sacerdotal o levítico, para ofrecer los holocaustos y los
sacrificios de comunión, para servir al culto y cantar alabanzas e
himnos en las puertas del campamento del Señor.
31:3 El rey destinó una parte de
sus rentas para los holocaustos de la mañana y de la tarde, de los
sábados, de los novilunios y de las solemnidades, como está
escrito en la Ley del Señor.
31:4 Luego mandó al pueblo que
habitaba en Jerusalén que entregara la parte correspondiente a los
sacerdotes y levitas, a fin de que estos pudieran dedicarse enteramente a
la Ley del Señor.
31:5 Cuando se promulgó
la orden, los israelitas aportaron abundantemente las primicias del trigo,
del vino nuevo, del aceite fresco, de la miel y de todos los productos del
campo, y entregaron en abundancia el diezmo de todo.
31:6 También la gente de Israel
y de Judá que habitaba en las ciudades de Judá, entregó
el diezmo del ganado mayor y menor, como asimismo el diezmo de las cosas santas
consagradas al Señor, acumulándolas en montones.
31:7 Comenzaron a hacer los montones en
el tercer mes, y en el séptimo ya habían terminado.
31:8 Ezequías y los jefes fueron
a ver los montones, y bendijeron al Señor y a su pueblo Israel.
31:9 Ezequías pidió información
a los sacerdotes y a los levitas acerca de esos montones,
31:10 y Azarías, el Sumo Sacerdote,
de la casa de Sadoc, le respondió: "Desde que empezaron a traer
las ofrendas a la Casa del Señor, hemos comido hasta saciarnos y ha
sobrado muchísimo, porque el Señor ha bendecido a su pueblo:
toda esta cantidad es lo que ha sobrado".
31:11 Ezequías mandó preparar
unas despensas en la Casa del Señor. Así lo hicieron,
31:12 y todos llevaron puntualmente las
ofrendas, los diezmos y los dones consagrados. El levita Conanías era
el encargado principal y tenía a su hermano Simei como ayudante.
31:13 Iejiel, Azazías, Nájat,
Azael, Ierimot, Ioazabad, Eliel, Ismaquías, Májat y Benaías
eran los inspectores, a las órdenes de Conanías y de su hermano
Simei, por disposición del rey Ezequías y de Azarías,
el mayordomo de la Casa de Dios.
31:14 El levita Coré, hijo de Imná,
guardián de la puerta de Oriente, estaba encargado de las ofrendas
voluntarias hechas a Dios, para administrar las ofrendas del Señor
y los dones santísimos.
31:15 Él tenía bajo sus
órdenes a Eden, Miniamín, Josué, Semaías, Amarías
y Secanías, repartidos permanentemente en las ciudades sacerdotales
para proveer a sus hermanos, tanto pequeños como grandes, según
sus clases:
31:16 además de los que estaban
inscritos en el registro de los varones, de tres años para arriba,
todos los que entraban en la Casa del Señor recibían cada día
su parte, según sus funciones y sus clases.
31:17 La inscripción de los sacerdotes
se hacía por casa paternas, y la de los levitas a partir de los
veinte años por funciones y por clases.
31:18 Esa inscripción valía
para toda la familia para sus mujeres, sus hijos e hijas es decir, para
toda la asamblea, porque estaban consagrados fielmente al servicio de las
cosas santas.
31:19 En cuanto a los hijos de Aarón,
a los sacerdotes que vivían en los campos suburbanos de sus respectivas
ciudades, había para cada ciudad personas designadas expresamente,
con el fin de repartir las provisiones a todos los varones de familia sacerdotal
y a todos los levitas inscritos en el registro.
31:20 Así procedió Ezequías
en todo Judá, e hizo lo que es bueno, recto y leal delante del Señor,
su Dios.
31:21 En todas las obras que emprendió
por el servicio de la Casa de Dios, por la Ley y los mandamientos, obró
buscando a Dios de todo corazón, y tuvo éxito.
La
invasión de Senaquerib
2
Reyes 18, 13-16
/ Isaías
36, 1-22
32:1
Después de estos acontecimientos y de todas estas pruebas de fidelidad,
Senaquerib, rey de Asiria, invadió Judá, sitió las ciudades
fortificadas y mandó expugnarlas.
32:2 Cuando Ezequías vio que Senaquerib
había venido con la intención de atacar a Jerusalén,
32:3 consultó a sus jefes y a sus
guerreros sobre la conveniencia de cortar el agua de las fuentes que estaban
fuera de la ciudad, y ellos lo apoyaron.
32:4 Entonces se reunió una gran
multitud y taparon todas las fuentes y el arroyo que corría en medio
de esa región, diciendo: "Así, cuando lleguen los reyes
de Asiria, no encontrarán agua en abundancia".
32:5 Ezequías obró con decisión:
reparó todas las brechas de la muralla, levantó torres sobre
ella y otro muro por fuera, fortificó el Miló en la Ciudad de
David y fabricó gran cantidad de dardos y escudos.
32:6 También puso jefes militares
al frente del pueblo, los reunió junto a él en la plaza de la
puerta de la ciudad, y los animó diciéndoles:
32:7 "¡Sean fuertes y tengan
valor! No teman ni se acobarden ante el rey de Asiria y ante toda la multitud
que lo acompaña, porque el que está con nosotros es más
poderoso que el que está con él.
32:8 Con él no hay más que
un brazo de carne, pero con nosotros está el Señor, nuestro
Dios, para socorrernos y combatir a nuestro lado". El pueblo se sintió
reconfortado por las palabras de Ezequías, rey de Judá.
Amenazas
de Senaquerib contra Jerusalén
2
Reyes 18, 17-37
/ Isaías
36, 1-22
32:9
Después de esto, Senaquerib, rey de Asiria, que se encontraba en Laquis
con todas sus tropas, envió a sus servidores a Jerusalén para
decir a Ezequías, rey de Judá, y a todo el pueblo de Judá
que estaba en Jerusalén:
32:10 "Así habla Senaquerib,
rey de Asiria: ¿En qué confían ustedes para permanecer
sitiados en Jerusalén?
32:11 ¿No ven que Ezequías
los está engañando y que él los expone a morir de hambre
y de sed, cuando dice: 'El Señor, nuestro Dios, nos librará
de la mano del rey de Asiria'?
32:12 ¿No ha sido el mismo Ezequías
el que eliminó sus lugares altos y sus altares, diciendo a Judá
y a Jerusalén: 'Sólo ante un altar se postrarán y sobre
él quemarán incienso'?
32:13 Ustedes saben muy bien lo que hemos
hecho, yo y mis padres, a todos los pueblos de las diversas regiones. ¿Acaso
los dioses de esas naciones pudieron salvar a sus países de mis manos?
32:14 Entre todos los dioses de esas naciones
que mis padres consagraron al exterminio, ¿hubo alguno capaz de librar
a su pueblo de mis manos? ¡Tampoco su dios podrá entonces librarlos
a ustedes!
32:15 ¡Que Ezequías no los
engañe ni los seduzca de esa manera! No le crean, porque ningún
dios de ninguna nación ni de ningún reino pudo salvar a su pueblo
de mis manos ni de las manos de mis padres: ¡cuánto menos su
dios podrá librarlos a ustedes!"
32:16 Mientras los servidores de Senaquerib
seguían hablando contra el Señor Dios y contra Ezequías,
su servidor,
32:17 Senaquerib escribió una carta
para ultrajar al Señor, el Dios de Israel, y desafiarlo en estos términos:
"Así como en los otros países los dioses de las naciones
no han podido librar a sus pueblos, tampoco podrá el dios de Ezequías
librar a su pueblo de mis manos".
32:18 Los servidores de Senaquerib gritaban
a voz en cuello, en lengua hebrea, al pueblo de Jerusalén que se hallaba
sobre la muralla, para intimidarlos y asustarlos, a fin de apoderarse de la
ciudad.
32:19 Y hablaban del Dios de Jerusalén
como si fuera uno de los dioses de los pueblos de la tierra, obra de manos
humanas.
Retirada
y muerte de Senaquerib
2
Reyes 19, 35-37 / Isaías
37, 36-38
32:20
El rey Ezequías y el profeta Isaías, hijo de Amós, oraron
y clamaron al Cielo.
32:21 Entonces el Señor envió
un ángel que aniquiló a todos los guerreros valientes, a los
jefes y a los oficiales en el campamento del rey de Asiria. Este tuvo que
volver a su país, completamente avergonzado, y allí, al entrar
en el templo de su dios, algunos de sus hijos lo asesinaron.
32:22 Así salvó el Señor
a Ezequías y a los habitantes de Jerusalén de las manos de Senaquerib,
rey de Asiria, y de las manos de todos los demás, y les dio paz en
todas sus fronteras.
32:23 Muchos llevaron a Jerusalén
ofrendas para el Señor y regalos para Ezequías, rey de Judá,
el cual, después de esto, adquirió gran prestigio ante todas
las naciones.
Enfermedad
y curación de Ezequías
2
Reyes 20, 1-11 / Isaías
38, 1-8
32:24
En aquel tiempo, Ezequías cayó gravemente enfermo y estuvo a
punto de morir. Entonces imploró al Señor; el Señor le
respondió y le concedió una señal extraordinaria.
32:25 Pero Ezequías no correspondió
al beneficio recibido: al contrario, su corazón se ensoberbeció,
y así atrajo la ira del Señor contra él, contra Judá
y contra Jerusalén.
32:26 Ezequías se arrepintió
de su orgullo, junto con los habitantes de Jerusalén, y la ira del
Señor no se abatió más sobre ellos en tiempos de Ezequías.
Las
riquezas y la gloria de Ezequías
32:27
Ezequías tuvo riquezas y gloria en abundancia. Adquirió tesoros
de plata, oro, piedras preciosas, aromas, escudos y toda clase de objetos
valiosos,
32:28 así como depósitos
para sus provisiones de trigo, de vino y de aceite, establos para toda clase
de ganado y rebaños para los establos.
32:29 Levantó ciudades y tuvo gran
cantidad de rebaños y ganado menor y mayor, porque Dios le había
dado muchísimos bienes.
32:30 Ezequías fue el que obstruyó
la salida superior de las aguas de Guijón y las canalizó bajo
tierra hacia la parte occidental de la Ciudad de David. Ezequías tuvo
éxito en todas sus empresas.
32:31 Sin embargo, durante las conversaciones
con los príncipes de Babilonia, enviados para informarse sobre la señal
extraordinaria ocurrida en el país, Dios lo abandonó para ponerlo
a prueba y conocer sus sentimientos.
Fin
del reinado de Ezequías
2
Reyes 20, 20-21
32:32
El resto de los hechos de Ezequías y sus obras de piedad están
escritos en la Visión del profeta Isaías, hijo de Amós,
y en el Libro de los reyes de Judá y de Israel.
32:33 Ezequías se fue a descansar
con sus padres, y lo sepultaron en la cuesta de los sepulcros de los hijos
de David. Todos los habitantes de Judá y de Jerusalén le tributaron
honras fúnebres. Su hijo Manasés reinó en lugar de él.
El
reinado de Manasés en Judá (687-642)
2
Reyes 21, 1-18
33:1
Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar,
y reinó cincuenta y cinco años en Jerusalén.
33:2 Él hizo lo que es malo a los
ojos del Señor,
siguiendo las costumbres abominables de las naciones que el Señor había
desposeído delante de los israelitas.
33:3 Reedificó los lugares altos
que había derribado su padre Ezequías; erigió altares
a los Baales,
hizo postes sagrados, y se postró delante de todo el Ejército
de los cielos y lo sirvió.
33:4 Edificó altares en la Casa
del Señor, de la que el mismo Señor había dicho: "En
Jerusalén estará mi Nombre para siempre".
33:5 Edificó altares a todo el
Ejército de los cielos en los dos atrios de la Casa del Señor.
33:6 Inmoló a sus propios hijos
en el fuego, en el valle de Ben Hinnóm, practicó la astrología,
la magia y la hechicería, e instituyó nigromantes y adivinos.
Persistió en hacer lo que es malo a los ojos del Señor, provocando
su indignación.
33:7 La estatua del Ídolo que había
hecho, la instaló en la Casa de Dios, de la que el mismo Dios había
dicho a David y a su hijo Salomón: "En esta Casa y en Jerusalén,
que yo elegí entre todas las tribus de Israel, pondré mi Nombre
para siempre.
33:8 Ya no permitiré
que Israel ande errante lejos del suelo que destiné a sus padres, con
tal que se empeñen en practicar todo lo que les he mandado, de acuerdo
con la Ley, los preceptos y las normas, transmitidos por Moisés".
33:9 Manasés extravió a
Judá y a los habitantes de Jerusalén, a tal punto que obraron
peor que las naciones que el Señor había exterminado delante
de los israelitas.
33:10 El señor habló a Manasés
y a su pueblo, pero ellos no le prestaron atención.
La
conversión de Manasés
33:11 Entonces el Señor hizo venir
contra ellos a los jefes del ejército del rey de Asiria, y estos capturaron
a Manasés con garfios, lo sujetaron con doble cadena de bronce y lo
llevaron a Babilonia.
33:12 En medio de su angustia él
aplacó al Señor, su Dios, humillándose profundamente
delante del Dios de sus padres.
33:13 Le suplicó, y el Señor
lo escuchó benignamente: oyó su plegaria y lo hizo volver a
su reino, en Jerusalén. Así reconoció Manasés
que el Señor es Dios.
33:14 Después de esto, construyó
una muralla exterior a la Ciudad de David, al oeste del Guijón, en
el valle, hasta la puerta de los Peces, rodeando el Ofel, y la hizo muy alta.
Además, puso jefes militares en todas las ciudades fuertes de Judá.
33:15 Luego retiró de la Casa del
Señor los dioses extranjeros y el Ídolo. Hizo lo mismo con todos
los altares que él mismo había erigido en la montaña
de la Casa del Señor y en Jerusalén, arrojándolos fuera
de la ciudad.
33:16 Restauró el altar del Señor
e inmoló sobre él sacrificios de comunión y de acción
de gracias, y ordenó que Judá sirviera al Señor, el Dios
de Israel.
33:17 El pueblo, sin embargo, continuaba
ofreciendo sacrificios en los lugares altos, aunque sólo al Señor,
su Dios.
Fin
del reinado de Manasés
2
Reyes 21, 17-18
33:18
El resto de los hechos de Manasés, la oración hecha a su Dios
y las palabras de los videntes que le hablaron en nombre del Señor,
el Dios de Israel, están escritos en los Anales de los reyes de Israel.
33:19 Su plegaria y cómo fue escuchado,
todo su pecado y su prevaricación, los sitios donde edificó
lugares altos y erigió postes sagrados e ídolos, antes de humillarse,
están escritos en las Memorias de Jozai.
33:20 Manasés se fue a descansar
con sus padres, y lo sepultaron en su casa. Su hijo Amón reinó
en lugar de él.
El
reinado de Amón en Judá (642-640)
2
Reyes 21, 19-26
33:21
Amón tenía veintidós años cuando comenzó
a reinar, y reinó dos años en Jerusalén.
33:22 Él hizo lo que es malo a
los ojos del Señor, como lo había hecho su padre Manasés.
Ofreció sacrificios y sirvió a todos los ídolos que había
hecho su padre Manasés.
33:23 Pero no se humilló delante
del Señor, como se había humillado su padre Manasés,
sino que multiplicó sus culpas.
33:24 Sus servidores conspiraron contra
él y lo mataron en su palacio.
33:25 Pero el pueblo del país mató
a todos los que habían conspirado contra el rey Amón, y el mismo
pueblo proclamó rey en lugar de él a su hijo Josías.
El
reinado de Josías en Judá (640-609)
2
Reyes 22, 1-2
34:1
Josías tenía ocho años cuando comenzó a reinar,
y reinó treinta y un años en Jerusalén.
34:2 Hizo lo que es recto a los ojos del
Señor y siguió los caminos de su padre David, sin apartarse
ni a la derecha ni a la izquierda.
Las
primeras reformas religiosas
2
Reyes 23, 4-14
34:3
En el octavo año de su reinado, cuando todavía era joven, comenzó
a buscar al Dios de su padre David, y en el año duodécimo comenzó
a purificar a Judá y Jerusalén de los lugares altos, de los
postes sagrados y de los ídolos esculpidos o de metal fundido.
34:4 Fueron derribados en su presencia
los altares de los Baales,
e hizo pedazos los incensarios que había encima de ellos; destrozó
los postes sagrados y los ídolos esculpidos o de metal fundido, los
redujo a polvo, y lo esparció sobre las tumbas de los que les habían
ofrecido sacrificios.
34:5 Quemó los huesos de los sacerdotes
sobre sus altares,
y así purificó a Jerusalén y a Judá.
La
extensión de la reforma al antiguo territorio de Israel
2
Reyes 23, 15-20
34:6
En las ciudades de Manasés, de Efraím, de Siméon, e incluso
de Neftalí, en todas sus plazas,
34:7 derribó los altares, destruyó
los postes sagrados y los ídolos hasta reducirlos a polvo, y destrozó
todos los incensarios en todo el país de Israel. Luego regresó
a Jerusalén.
Descubrimiento
del libro de la Ley en el Templo
2
Reyes 22, 3-10
34:8
El año decimoctavo de su reinado, una vez que purificó el país
y la Casa, Josías
envió a Safán, hijo de Asalías, a Maaseías, gobernador
de la ciudad, y a Ioáj, hijo de Ioajaz, el archivista, a reparar la
Casa del Señor, su Dios.
34:9 Ellos se presentaron a Jilquías,
el sumo sacerdote, y le entregaron el dinero recaudado para la Casa de Dios,
que los levitas guardianes del umbral habían recogido de Manasés,
de Efraím y de todo el resto de Israel, de todo Judá y Benjamín,
y de los habitantes de Jerusalén.
34:10 Luego ese dinero se puso en manos
de los que dirigían los trabajos, de los encargados de supervisar la
Casa del Señor, y ellos lo entregaron a los que ejecutaban las obras
que se hacían en la Casa del Señor, para restaurar y reparar
el edificio.
34:11 También se lo dieron a los
carpinteros y albañiles, a fin de comprar piedras talladas y madera
para el armazón y las vigas de las construcciones, que los reyes de
Judá habían dejado deteriorarse.
34:12 Estos hombres realizaban su trabajo
a conciencia. Como encargados al frente de ellos estaban los levitas Iájat
y Abdías, de los hijos de Merarí, y Zacarías y Mesulám,
de los hijos de Quehat, que dirigían las obras. Los levitas, que sabían
tocar instrumentos musicales,
34:13 acompañaban a los que llevaban
las cargas y dirigían a todos los obreros, cualquiera fuera su oficio.
Otros levitas eran escribas, inspectores y porteros.
34:14 Mientras retiraban el dinero recaudado
para la Casa del Señor, el sacerdote Jilquías encontró
el libro de la Ley promulgada por Moisés.
34:15 Entonces Jilquías tomó
la palabra y dijo a Safán, el secretario: "He encontrado el libro
de la Ley en la Casa del Señor". Jilquías entregó
el libro a Safán,
34:16 y este se lo llevó al rey,
cuando fue a darle cuenta, diciendo: "Tus servidores hicieron todo lo
que les habías encomendado:
34:17 han volcado la plata que se encontraba
en la Casa del Señor y se la entregaron a los encargados y a los que
ejecutan los trabajos".
34:18 Luego el secretario Safán
anunció al rey: "Jilquías, el sacerdote, me ha dado un
libro". Y Safán lo leyó delante del rey.
La
consulta a la profetisa Julda
2
Reyes 22, 11-20
34:19
Cuando el rey oyó las palabras de la Ley, rasgó sus vestiduras,
34:20 y dio esta orden a Jilquías,
a Ajicám, hijo de Safán, a Abdón, hijo de Micá,
a Safán, el secretario, y a Asaías, el servidor del rey:
34:21 "Vayan a consultar al Señor
por mí y por el resto de Israel y de Judá, acerca de las palabras
del libro que ha sido encontrado. Porque es grande el furor del Señor
que se ha derramado sobre nosotros, ya que nuestros padres no han observado
la palabra del Señor y no han obrado conforme a todo lo que está
escrito en este libro".
34:22 Jilquías y los que habían
sido designados por el rey fueron a ver a la profetisa Julda, esposa de Salúm,
hijo de Tocat, hijo de Jasrá, el encargado del vestuario. Ella habitaba
en Jerusalén, en el barrio nuevo. Y una vez que le expusieron el caso,
34:23 les dijo: "Así habla
el Señor, el Dios de Israel: Díganle al hombre que los ha enviado:
34:24 Así habla el Señor:
Yo voy a traer una desgracia sobre este lugar y sobre sus habitantes, cumpliendo
así todas las maldiciones escritas en el libro que han leído
ante el rey de Judá.
34:25 Porque me han abandonado y han quemado
incienso a otros dioses, provocando mi indignación con todas las obras
de sus manos, mi furor se derramará sobre este lugar, y no se extinguirá.
34:26 Pero al rey de Judá que los
envía a consultar al Señor, le dirán: Así habla
el Señor, el Dios de Israel: En lo que respecta a las palabras que
tú has escuchado...
34:27 Porque tu corazón se ha conmovido
y te has humillado delante de Dios al oír sus palabras contra este
lugar y contra sus habitantes; porque te has humillado delante de mí,
has rasgado tus vestiduras y has llorado en mi presencia, también yo
he escuchado oráculo del Señor .
34:28 Yo voy a reunirte con tus padres:
serás sepultado en paz y tus ojos no verán nada de la desgracia
que atraeré sobre este lugar". Ellos llevaron la respuesta al
rey.
La
lectura de la Ley y renovación de la Alianza
2
Reyes 23, 1-3
34:29
El rey mandó reunir a todos los ancianos de Judá y de Jerusalén.
34:30 Luego subió a la Casa del
Señor, acompañado de todos los hombres de Judá y de los
habitantes de Jerusalén los sacerdotes, los levitas y todo el pueblo,
desde el más grande al más pequeño y les leyó
todas las palabras del libro de la Alianza, que había sido hallado
en la Casa del Señor.
34:31 Después, de pie sobre su
estrado, el rey selló delante del Señor la alianza que obliga
a seguir al Señor y a observar sus mandamientos, sus testimonios y
sus preceptos, de todo corazón y con toda el alma, poniendo en práctica
las palabras de la alianza escritas en aquel libro.
34:32 Él hizo que se comprometieran
todos los que se encontraban en Jerusalén y en Benjamín, y los
habitantes de Jerusalén obraron conforme a la alianza de Dios, el Dios
de sus padres.
34:33 Josías hizo desaparecer todas
las abominaciones de los territorios pertenecientes a los israelitas, y obligó
a todos los que se encontraban en Israel a servir al Señor, su Dios.
Durante toda su vida, ellos no dejaron de seguir al Señor, el Dios
de sus padres.
Preparación
de la Pascua
2
Reyes 23, 21-23
35:1
Josías celebró en Jerusalén la Pascua del Señor,
e inmolaron la víctima pascual el día catorce del primer mes.
35:2 Restableció a los sacerdotes
en sus funciones y los animó a dedicarse enteramente al servicio de
la Casa del Señor.
35:3 Luego dijo a los levitas que instruían
a todo Israel y estaban consagrados al Señor: "Pongan el Arca
santa en el Templo que edificó Salomón, hijo de David, rey de
Israel: ya no tendrán que llevarla sobre los hombros. Ahora sirvan
al Señor, su Dios, y a su pueblo Israel.
35:4
Agrúpense por familias, según sus clases, conforme a lo que
establecieron por escrito David, rey de Israel, y su hijo Salomón.
35:5 Ocupen el sitio que les corresponde
en el Santuario, según los grupos de las familias de sus hermanos,
la gente del pueblo, de manera que a cada familia le corresponda una sección
de los levitas.
35:6 Inmolen la Pascua, santifíquense
y prepárenla para sus hermanos, a fin de que ellos puedan celebrarla
según la palabra del Señor transmitida por Moisés".
35:7 Josías entregó para
la gente del pueblo ganado menor corderos y cabritos en número de
treinta mil, como víctimas pascuales para todos los que se encontraban
allí, y dio además tres mil bueyes. Todo esto provenía
de los bienes del rey.
35:8 También sus jefes entregaron
ofrendas voluntarias para el pueblo, los sacerdotes y los levitas. Jilquías,
Zacarías y Iejiel, mayordomos de la Casa de Dios, dieron a los sacerdotes
dos mil seiscientas víctimas pascuales y trescientos bueyes.
35:9 Conanías, Semaías y
Netanel, sus hermanos, y Jasabías, Ieiel y Iozabad, jefe de los levitas,
dieron a estos cinco mil víctimas pascuales y quinientos bueyes.
35:10 Una vez organizado el servicio,
los sacerdotes ocuparon sus puestos, lo mismo que los levitas, según
sus clases, conforme a la orden del rey.
Solemne
celebración de la Pascua
35:11 Luego se inmoló la Pascua,
y los sacerdotes hacían la aspersión con la sangre recibida
de manos de los levitas, mientras estos desollaban las víctimas.
35:12 Además, cuando daban su parte
a los grupos de familias de la gente del pueblo, separaban lo que se debía
ofrecer al Señor en holocausto, como está escrito en el libro
de Moisés. E hicieron lo mismo con los bueyes.
35:13 Después
asaron al fuego la víctima pascual, como está establecido,
cocinaron las otras ofrendas consagradas, en ollas, cacerolas y fuentes, y
las repartieron rápidamente entre toda la gente del pueblo.
35:14 Luego prepararon la Pascua para
ellos y para los sacerdotes, porque los sacerdotes, hijos de Aarón,
habían estado ocupados en ofrecer los holocaustos y las grasas hasta
la noche: por eso los levitas prepararon la Pascua para sí mismos y
para los sacerdotes, hijos de Aarón.
35:15 Los cantores,
hijos de Asaf, estaban en sus puestos, según las prescripciones de
David y de Asaf, de Hemán y de Iedutún, el vidente del rey;
y también los porteros ocupaban cada uno su puesto: ninguno de ellos
tuvo necesidad de apartarse de su servicio, porque sus hermanos, los levitas,
les prepararon la Pascua.
35:16 Así se organizó aquel
día todo el servicio del Señor, para celebrar la Pascua y ofrecer
los holocaustos sobre el altar del Señor, según la orden del
rey Josías.
35:17 Los israelitas
que se encontraban allí celebraron la Pascua en aquella ocasión,
y también la fiesta de los Ácimos durante siete días.
35:18 Nunca se había celebrado
en Israel una Pascua como esta desde los días del profeta Samuel; ninguno
de los reyes de Israel había celebrado una Pascua como la que celebró
Josías con los sacerdotes y los levitas, con todo Judá, con
los israelitas allí presentes y con los habitantes de Jerusalén.
35:19 Fue el año dieciocho del
reinado de Josías cuando se celebró esta Pascua.
Trágico
fin de Josías
2
Reyes 23, 28-30a
35:20
Después de todo esto, cuando Josías ya había reorganizado
el culto del Templo, subió Necao, rey de Egipto, para combatir en Carquemís,
junto al río Éufrates. Josías le salió al paso,
35:21 pero Necao le envió mensajeros
para decirle: "¿Qué hay entre nosotros, rey de Judá?
Ahora no vengo contra ti, sino contra una dinastía que me hace la guerra.
Dios me ha dicho que me apure. No te opongas a Dios, que está conmigo,
no sea que él te destruya".
35:22 Pero Josías no cedió,
y se obstinó en combatirlo. Sin escuchar las palabras de Necao, que
procedían de la boca de Dios, fue a presentarle batalla en la llanura
de Meguido.
35:23 Los arqueros dispararon contra el
rey Josías, y este dijo a sus servidores: "Sáquenme, porque
estoy gravemente herido".
35:24 Sus servidores lo sacaron de su
carro de guerra, lo subieron a otro carro y lo llevaron a Jerusalén,
donde murió. Él fue sepultado en los sepulcros de sus padres,
y todo Judá y Jerusalén hicieron duelo por Josías.
35:25 Jeremías compuso una lamentación
sobre Josías, y todos los cantores y cantoras han hablado de él
en sus cantos fúnebres hasta el día de hoy. Estos cantos se
hicieron tradicionales en Israel y ahora están escritos en las Lamentaciones.
35:26 El resto de los hechos del rey Josías,
sus obras de piedad, acordes con lo que prescribe la Ley del Señor,
35:27 y todo lo que él hizo, desde
el comienzo hasta el fin, está escrito en el Libro de los reyes de
Israel y de Judá.
El
reinado de Joacaz en Judá (609)
2
Reyes 23, 30b-35
36:1
El pueblo del país tomó entonces a Joacaz, hijo de Josías,
y lo proclamó rey en Jerusalén en lugar de su padre.
36:2 Joacaz tenía veintitrés
años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén.
36:3 El rey de Egipto lo destituyó
para que no reinara en Jerusalén, e impuso al país un tributo
de cien talentos de plata y un talento de oro.
36:4 El rey de Egipto designó a
Eliaquím, hermano de Joacaz, rey de Judá y de Jerusalén,
y le cambió su nombre por el de Joaquím. A su hermano Joacaz,
Necao lo tomó prisionero y se lo llevó a Egipto.
El
reinado de Joaquím en Judá (609-598)
2
Reyes 23, 36-37
36:5
Joaquím tenía veinticinco años cuando comenzó
a reinar, y reinó
once años en Jerusalén. Hizo lo que es malo a los ojos del Señor,
su Dios.
La
campaña de Nabucodonosor
2
Reyes 24, 1-7
36:6
Nabucodonosor, rey de Babilonia,
subió
a atacarlo y lo sujetó con doble cadena de bronce, para conducirlo
a Babilonia.
36:7 Nabucodonosor llevó también
a Babilonia parte de los objetos de Casa del Señor y los puso en su
palacio de Babilonia.
36:8 El resto de los hechos de Joaquím,
las abominaciones que cometió y todo lo que recayó sobre él
está escrito en el Libro de los reyes de Israel y de Judá. Su
hijo Joaquím reinó en lugar de él.
El
reinado de Joaquín en Judá (598-597)
2
Reyes 24, 8-17
36:9
Joaquín tenía dieciocho años cuando comenzó a
reinar, y reinó tres meses y diez días en Jerusalén.
Hizo lo que es malo a los ojos del Señor.
36:10
Al comienzo del año, el rey Nabucodonosor mandó que lo llevaran
prisionero
a Babilonia,
junto con los objetos preciosos de la Casa del Señor,
y proclamó rey de Judá y de Jerusalén a su pariente Sedecías.
El
reinado de Sedecías en Judá (597-587)
2
Reyes 24, 18-20
/ Jeremías
52, 1-3
36:11
Sedecías tenía veintiún años
cuando comenzó a reinar, y reinó once años en Jerusalén.
36:12 Hizo lo que es malo a los ojos del
Señor, su Dios, y no quiso humillarse delante del profeta Jeremías,
que hablaba de parte del Señor.
36:13 Incluso, se
rebeló contra el rey Nabucodonosor,
que le había hecho jurar fidelidad delante de Dios. Él se obstinó
y endureció su corazón, en lugar de volverse al Señor,
el Dios de Israel.
36:14 De la misma manera, todos los jefes
de Judá, los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades,
imitando todas las abominaciones de los paganos, y contaminaron el Templo
que el Señor se había consagrado en Jerusalén.
36:15 El Señor,
el Dios de sus padres, les llamó la atención constantemente
por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo
y de su Morada.
36:16 Pero ellos escarnecían a
los mensajeros de Dios, despreciaban sus palabras y ponían en ridículo
a sus profetas,
hasta que la ira del Señor contra su pueblo subió a tal punto,
que ya no hubo más remedio.
La
ruina de Jerusalén y la deportación a Babilonia (587)
2
Reyes 25, 8-17 / Jeremías
39, 8-14 / Jeremías
52, 12-23
36:17
Entonces Dios hizo subir contra ellos al rey de los caldeos,
y este hizo morir por la espada
a
sus jóvenes en el interior de su Santuario, sin perdonar a nadie, ni
joven ni virgen, ni anciano ni hombre encanecido: los entregó a todos
en sus manos.
36:18 Todos los objetos de la Casa de
Dios, grandes y pequeños, los tesoros de la Casa del Señor,
y los tesoros del rey y de sus jefes, todo se lo llevó a Babilonia.
36:19 Ellos quemaron
la Casa de Dios, demolieron las murallas de Jerusalén,
prendieron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos.
36:20 Nabucodonosor deportó a Babilonia
a los que habían escapado de la espada y estos se convirtieron en esclavos
del rey y de sus hijos hasta el advenimiento del reino persa.
36:21 Así se cumplió la
palabra del Señor, pronunciada por Jeremías: "La tierra
descansó durante todo el tiempo de la desolación, hasta pagar
la deuda de todos sus sábados, hasta que se cumplieron setenta años".
Esperanza
para el porvenir
Esdras
1, 1-3
36:22
En el primer año del reinado de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera
la palabra del Señor pronunciada por Jeremías, el Señor
despertó el espíritu de Ciro, el rey de Persia, y este mandó
proclamar de viva voz y por escrito en todo su reino:
36:23 "Así habla Ciro, rey
de Persia: El Señor, el Dios del cielo, me ha dado todos los reinos
de la tierra y él me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén,
de Judá. Si alguno de ustedes pertenece a ese pueblo, ¡que el
Señor, su Dios, lo acompañe y que suba...!"