ESDRAS
|
Haga click sobre el número del capítulo al que desea ir 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 |
La
respuesta del rey Darío al gobernador
6:1
Entonces, por orden del rey Darío, se hicieron investigaciones en los
archivos de la tesorería de Babilonia,
6:2
y se encontró en Ecbátana, la fortaleza situada en la provincia
de los medos, un rollo redactado en estos términos: "Memorándum:
6:3
El primer año de su reinado, el rey Ciro dio esta orden acerca de la
Casa de Dios en Jerusalén. La Casa será reconstruida como lugar
en el que se ofrecen sacrificios, y serán puestos sus cimientos. Tendrá
treinta metros de alto por treinta de ancho,
6:4
y habrá tres hileras de bloques de piedra y una de madera. Los gastos
correrán por cuenta de la casa real.
6:5
Además, serán restituidos los utensilios de oro y de plata de
la Casa de Dios, que Nabucodonosor sacó del Templo de Jerusalén
y llevó a Babilonia, para que todo vuelva a ocupar su lugar en el Templo
de Jerusalén y sea depositado nuevamente en la Casa de Dios".
6:6
"Por lo tanto, ustedes, Tatnai, gobernador de la región del otro
lado del Éufrates, Setar Boznai y todos sus colegas, los legados de
la región del otro lado del Éufrates, no intervengan en este
asunto.
6:7
Dejen trabajar en esa Casa de Dios al comisionado de Judea y a los ancianos
de los judíos. Que se reconstruya esa Casa de Dios en el mismo sitio.
6:8
Estas son mis órdenes acerca de la conducta que ustedes deben observar
frente a los ancianos de los judíos, para la reconstrucción
de esa Casa de Dios: los gastos que ellos hagan serán pagados totalmente
y sin interrupción de los fondos reales, utilizando los impuestos percibidos
en la región del otro lado del Éufrates.
6:9
También se les entregará sin falta, cada día, lo necesario
para los holocaustos del Dios del Cielo novillos, carneros, corderos, trigo,
sal, vino y aceite según las indicaciones de los sacerdotes de Jerusalén,
6:10
para que ellos ofrezcan al Dios del cielo sacrificios de aroma agradable y
rueguen por la vida del rey y de sus hijos.
6:11
Yo ordeno asimismo: Si alguien no cumple este edicto, se arrancará
una viga de su casa y se lo ajusticiará sobre ella. Luego, se reducirá
su casa a un montón de escombros, a causa de este delito.
6:12
¡Que el Dios que ha establecido allí su Nombre destruya a cualquier
rey o pueblo que intente transgredir esta orden, destruyendo esa Casa de Dios
que está en Jerusalén! Yo, Darío, he promulgado este
decreto. Que sea cumplido estrictamente".
La
conclusión y Dedicación del Templo
6:13
Entonces Tatnai, gobernador de la región del otro lado del Éufrates,
Setar Boznai y sus colegas, cumplieron estrictamente las instrucciones enviadas
por el rey Darío.
6:14
Los ancianos de los judíos llevaron adelante la obra, bajo el impulso
del profeta Ageo
y
de Zacarías,
hijo
de Idó. Así terminaron la construcción, conforme a la
orden del Dios de Israel y a los decretos de Ciro y Darío.
6:15
La Casa fue concluida el día veintitrés del mes de Adar, en
el sexto año del reinado de Darío.
6:16
Todos los israelitas los sacerdotes, los levitas, y el resto de los repatriados
celebraron alegremente la Dedicación de esta Casa de Dios.
6:17
Para su Dedicación, ofrecieron cien novillos, doscientos carneros y
cuatrocientos corderos. Además, ofrecieron doce chivos, según
el número de las tribus de Israel, como sacrificio por el pecado de
todo el pueblo.
6:18
Después establecieron a los sacerdotes según sus categorías
y a los levitas según sus clases, para el servicio de Dios en Jerusalén,
como está escrito en el libro de Moisés.
La
celebración de la Pascua
![]()
6:19
Los repatriados celebraron la Pascua el día catorce del primer mes.
6:20
Como todos los levitas se habían purificado, estaban puros e inmolaron
la víctima pascual para todos los que habían vuelto del destierro,
para sus hermanos los sacerdotes y para ellos mismos.
6:21
Comieron la víctima pascual los israelitas que habían vuelto
del destierro y todos los que habían renunciado a la impureza de la
gente del país y se habían unido a ellos para buscar al Señor,
el Dios de Israel.
6:22
Durante siete días celebraron alegremente la fiesta de los Ácimos,
porque el Señor los había llenado de gozo haciendo cambiar la
actitud del rey de Asiria hacia ellos, a fin de fortalecer sus manos en los
trabajos de la Casa de Dios, el Dios de Israel.
LA
MISIÓN DE ESDRAS
El
viaje de Esdras a Jerusalén
7:1
Después de estos acontecimientos, bajo el reinado de Artajerjes, rey
de Persia, llegó desde Babilonia Esdras, hijo de Seraías, hijo
de Azarías, hijo de Jilquías,
7:2
hijo de Salúm, hijo de Sadoc, hijo de Ajitub,
7:3
hijo de Amarías, hijo de Azarías, hijo de Meralot,
7:4
hijo de Serajías, hijo de Uzí, hijo de Buquí,
7:5
hijo de Abisúa, hijo de Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del Sumo
Sacerdote Aarón.
7:6
Esdras era un escriba muy versado en la Ley de Moisés, que había
sido dada por el Señor, el Dios de Israel. Como la mano del Señor,
su Dios, estaba con él, el rey le concedió todo lo que pedía.
7:7
El séptimo año del reinado de Artajerjes, subieron a Jerusalén
un buen número de israelitas, de sacerdotes, de levitas, de cantores,
de porteros y de empleados del Templo.
7:8
Esdras llegó a Jerusalén en el quinto mes del séptimo
año del reinado de Artajerjes.
7:9
Él había decidido salir de Babilonia el primer día del
primer mes, y llegó a Jerusalén el primer día del quinto
mes, porque la mano bondadosa del Señor, su Dios, estaba sobre él.
7:10
Esdras se había dedicado de todo corazón a investigar la Ley
del Señor, a practicarla, y a enseñar en Israel sus preceptos
y sus normas.
El
decreto del rey Artajerjes
7:11
Esta es la copia del documento que el rey Artajerjes envió a Esdras,
el sacerdote escriba, especialmente instruido en el texto de los mandamientos
del Señor y de sus preceptos concernientes a Israel.
7:12b
"Artajerjes, rey de reyes, al sacerdote Esdras, escriba de la Ley del
Dios del cielo, paz, etc.
7:13
Yo he dado esta orden: Cualquier miembro del pueblo de Israel que esté
dentro de mi reino y se ofrezca voluntariamente para ir contigo a Jerusalén,
incluidos sus sacerdotes y levitas, puede hacerlo.
7:14
Tú irás como enviado del rey y de sus siete consejeros, para
inspeccionar a Judá y a Jerusalén, de acuerdo con la Ley de
tu Dios, que llevas en tus manos.
7:15
También llevarás la plata y el oro que el rey y sus consejeros
han ofrecido voluntariamente al Dios de Israel, que reside en Jerusalén,
7:16
lo mismo que toda la plata y el oro que recojas en toda la provincia de Babilonia,
con las ofrendas voluntarias hechas por el pueblo y los sacerdotes para la
Casa de su Dios que está en Jerusalén.
7:17
Con este dinero, comprarás novillos, carneros, corderos, como así
también lo necesario para las oblaciones y libaciones correspondientes,
y ofrecerás todo esto sobre el altar de la Casa de tu Dios que está
en Jerusalén.
7:18
La plata y el oro que sobren, úsenlos como les parezca más conveniente,
a ti y a tus hermanos, conforme a la voluntad de su Dios.
7:19
Deposita delante de tu Dios en Jerusalén los utensilios que te fueron
entregados para el servicio de la Casa de tu Dios.
7:20
Si tuvieras necesidad de hacer otros gastos para la Casa de tu Dios, se cubrirán
con los fondos del tesoro del rey.
7:21
Yo mismo, el rey Artajerjes, ordeno a todos los tesoreros de la región
que está del otro lado del Éufrates: 'Entreguen exactamente
todo lo que les pida el sacerdote Esdras, escriba de la Ley del Dios del cielo,
7:22
dándole cien talentos de plata, cien bolsas de trigo, cien barriles
de vino, tres mil seiscientos litros de aceite y sal a discreción.
7:23
Todo lo que el Dios del cielo ordene para su Casa, deberá cumplirse
escrupulosamente, a fin de que su ira no se descargue sobre el territorio
del rey y de sus hijos.
7:24
Les comunicamos, además, que está prohibido cobrar impuestos,
contribuciones o derechos de peaje, a los sacerdotes, levitas, cantores, porteros
y empleados de la Casa, en una palabra, a todos los servidores de esta Casa
de Dios'.
7:25
Y tú, Esdras, con esa sabiduría de tu Dios que reside en ti,
designa jueces y magistrados, para hacer justicia a todo el pueblo que está
del otro lado del Éufrates, es decir, a todos los que conocen la Ley
de tu Dios. Y enseña esa Ley a quienes no la conocen.
7:26
El que no observe la Ley de tu Dios y la ley del rey será rigurosamente
castigado con la muerte, la expulsión, la multa o la cárcel".
La
oración de Esdras
7:27
¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestros padres, que inspiró
al rey esta decisión de glorificar la Casa del Señor que está
en Jerusalén,
7:28
y me hizo ganar el favor del rey, de sus consejeros y de los más importantes
funcionarios reales! Yo cobré ánimo porque el Señor estaba
conmigo, y reuní a algunos jefes de Israel para que me acompañaran.
Los
acompañantes de Esdras
8:1
Estos son los jefes de familia, con su respectiva genealogía, que partieron
conmigo de Babilonia, bajo el reinado de Artajerjes:
8:2
De los hijos de Pinjás: Gersón; de los hijos de Itamar: Daniel;
de los hijos de David: Jatús,
8:3
hijo de Secanías; de los hijos de Parós: Zacarías, con
el cual fueron registrados 150 hombres;
8:4
de los hijos de Pajat Moab: Elijonai, hijo de Zerajías, con 200 hombres;
8:5
de los hijos de Zatú: Secanías, hijo de Iajaziel, con 300 hombres;
8:6
de los hijos de Adín: Ebed, hijo de Jonatán, con 50 hombres;
8:7
de los hijos de Elám: Isaías, hijo de Atalías, con 70
hombres;
8:8
de los hijos de Sefatías: Zebadías, hijo de Miguel, con 80 hombres;
8:9
de los hijos de Joab: Abdías, hijo de Iejiel, con 218 hombres;
8:10
de los hijos de Baní: Selomit, hijo de Josifías, con 160 hombres;
8:11
de los hijos de Bebai: Zacarías, hijo de Bebai, con 28 hombres;
8:12
de los hijos de Azgad: Iojanán, hijo de Hacatán, con 110 hombres;
8:13
de los hijos de Adonicám: los menores, a saber, Elifélet, Jeiel
y Semaías, con 60 hombres;
8:14
y de los hijos de Bigvai: Utai, hijo de Zacur, con 70 hombres.
Los
preparativos para la partida
8:15
Yo los reuní a orillas del río que va hacia Ahavá y allí
acampamos durante tres días. Vi que había gente del pueblo y
sacerdotes, pero no encontré ningún levita.
8:16
Entonces llamé a los jefes Eliezer, Ariel, Semaías, Elnatán,
Jarib, Elnatán, Natán, Zacarías y Mesulán, y a
los instructores Joiarib y Elnatán,
8:17
y los envié a ver a Idó, jefe de Casifía, con la orden
precisa de lo que debían decir a él y a sus hermanos que residían
en esa localidad, a fin de que nos mandaran servidores para la Casa de nuestro
Dios.
8:18
Gracias a que la mano bondadosa de nuestro Dios estaba sobre nosotros, ellos
nos enviaron un hombre muy capaz, llamado Serebías, de los hijos de
Majlí, hijo de Leví, hijo de Israel, junto con sus hijos y sus
hermanos: en total, dieciocho hombres.
8:19
Además, nos enviaron a Jasabías, de los hijos de Merarí,
junto con su hermano Isaías y con sus hijos: en total, veinte hombres;
8:20
y de entre los empleados del Templo que David y los jefes habían puesto
al servicio de los levitas, enviaron doscientos veinte hombres, todos registrados
personalmente.
8:21
Allí, a orillas del río Ahavá, proclamé un ayuno,
para humillarnos delante de nuestro Dios, a fin de pedirle un feliz viaje
para nosotros y nuestros hijos y para todos nuestros bienes.
8:22
Porque hubiera sido vergonzoso pedir al rey gente armada y jinetes, para que
nos protegieran en el camino contra el enemigo. Al contrario, nosotros habíamos
dicho al rey: "La mano de nuestro Dios se extiende para bendecir a todos
los que lo buscan, y su poder y su ira caen sobre todos los que lo abandonan".
8:23
Así ayunamos e invocamos a nuestro Dios, y él nos escuchó.
8:24
Después tomé aparte a doce de los jefes de los sacerdotes, y
además a Serebías y a Jasabías, junto con diez de sus
hermanos;
8:25
y pesé delante de ellos la plata, el oro y los utensilios, que el rey,
sus consejeros y sus funcionarios y todos los israelitas residentes allí,
habían ofrecido para la Casa de nuestro Dios.
8:26
Pesé y puse en sus manos seiscientos cincuenta talentos de plata, utensilios
de plata por valor de cien talentos, cien talentos de oro,
8:27
veinte copas de oro de mil dáricos y dos vasos de bronce bruñido
tan preciosos como el oro.
8:28
Luego les dije: "Ustedes están consagrados al Señor; estos
utensilios son sagrados; esta plata y este oro son una ofrenda voluntaria
para el Señor, el Dios de nuestros padres.
8:29
Guárdenlos cuidadosamente, hasta que los pesen delante de los jefes
de los sacerdotes y de los levitas, y delante de los jefes de familia de Israel,
en las habitaciones de la Casa del Señor en Jerusalén".
8:30
Los sacerdotes y los levitas recibieron la plata, el oro y los utensilios
que habían sido pesados, para trasladarlos a Jerusalén, a la
Casa de nuestro Dios.
El
viaje desde Babilonia a Jerusalén
8:31
El día doce del primer mes, partimos de las orillas del río
Ahavá para ir a Jerusalén. La mano de nuestro Dios estaba sobre
nosotros, y él nos preservó durante la marcha de los ataques
enemigos y de las emboscadas.
8:32
Al llegar a Jerusalén, descansamos tres días.
8:33
El cuarto día, fueron pesados la plata, el oro y los utensilios en
la Casa de nuestro Dios, y se entregó todo al sacerdote Meremot, hijo
de Urías, y a Eleazar, hijo de Pinjás, junto a los cuales estaban
los levitas Josabad, hijo de Josué, y Noadías, hijo de Binuí.
8:34
Después de comprobar la cantidad y el peso, se tomó nota del
peso total.
En aquel tiempo,
8:35
los deportados que habían vuelto del exilio ofrecieron como holocausto
al Dios de Israel doce novillos por todo Israel, noventa y seis carneros,
setenta y siete corderos y doce chivos por el pecado: todo, en holocausto
al Señor.
8:36
Y se entregaron los decretos del rey a los sátrapas y gobernadores
de la región de este lado del Éufrates, los cuales prestaron
su apoyo al pueblo y a la Casa de Dios.
Los
matrimonios con mujeres extranjeras
9:1
Una vez terminado todo esto, se me presentaron los jefes para decirme: "El
pueblo de Israel, los sacerdotes y los levitas no se han separado de la gente
del país, que practica cosas abominables: los cananeos, los hititas,
los perizitas, los jebuseos, los amonitas, los moabitas, los egipcios y los
amorreos.
9:2
Al contrario, se casaron y casaron a sus hijos con mujeres de esos pueblos,
y así la raza santa se ha mezclado con la gente del país. ¡Los
jefes y los magistrados fueron los primeros en participar de esta traición!"
9:3
Al oír esto, yo desgarré mi túnica y mi manto, me arranqué
los pelos de la cabeza y de la barba, y me senté lleno de consternación.
9:4
A causa de esta traición de los deportados, todos los que temían
las palabras del Dios de Israel se reunieron junto a mí. Yo permanecí
sentado y lleno de consternación, hasta la hora de la ofrenda de la
tarde.
9:5
Entonces me levanté, y con la túnica y el manto desgarrados,
caí de rodillas, extendí las manos hacia el Señor, mi
Dios,
9:6
y dije:
Súplica
de Esdras
"Dios mío, estoy tan avergonzado y confundido que no me atrevo
a levantar mi rostro hacia ti. Porque nuestras iniquidades se han multiplicado
hasta cubrirnos por completo, y nuestra culpa ha subido hasta el cielo.
9:7
Desde los días de nuestros padres hasta hoy, nos hemos hecho muy culpables,
y a causa de nuestras iniquidades, nosotros, nuestros reyes y nuestros sacerdotes,
fuimos entregados a los reyes extranjeros, a la espada, al cautiverio, al
saqueo y a la vergüenza, como nos sucede en el día de hoy.
9:8
Pero ahora, hace muy poco tiempo, el Señor, nuestro Dios, nos ha concedido
la gracia de dejarnos un resto de sobrevivientes y de darnos un refugio en
su Lugar santo. Así nuestro Dios ha iluminado nuestros ojos y nos ha
dado un respiro en medio de nuestra esclavitud.
9:9
Porque nosotros estamos sometidos; pero nuestro Dios no nos ha abandonado
en medio de la servidumbre. Él nos obtuvo el favor de los reyes de
Persia, para animarnos a levantar la Casa de nuestro Dios y restaurar sus
ruinas, y para darnos una muralla en Judá y en Jerusalén.
9:10
Y ahora, Dios nuestro, ¿qué más podemos decir? Porque
hemos abandonado tus mandamientos,
9:11
los que nos habías dado por medio de tus servidores, los profetas,
diciendo: 'La tierra en la que entrarán para tomar posesión
de ella es una tierra manchada, manchada por gente del país, por las
abominaciones con que la han llenado de un extremo al otro a causa de su impureza.
9:12
Por eso, no entreguen sus hijas a los hijos de ellos ni casen a sus hijos
con las hijas de esa gente. No busquen nunca su paz ni su bienestar.
Así ustedes llegarán a ser fuertes, comerán los mejores
frutos de la tierra, y la dejarán en herencia a sus hijos para siempre'.
9:13
Después de todo lo que nos ha sucedido por nuestras malas acciones
y nuestra gran culpa aunque tú, Dios nuestro, no has tenido en cuenta
todo el alcance de nuestra iniquidad y nos has dejado estos sobrevivientes
9:14
¿cómo es posible que volvamos a violar tus mandamientos y a
emparentarnos con esta gente abominable? ¿No te irritarías hasta
destruirnos, sin dejar ni un resto con vida?
9:15
Señor, Dios de Israel, porque tú eres justo, hemos sobrevivido
como un resto. ¡Aquí estamos en tu presencia con nuestras culpas,
a pesar de que en estas condiciones nadie puede comparecer delante de ti!"
El
compromiso de deshacer las uniones ilícitas
10:1
Mientras Esdras, bañado en llanto y postrado delante de la Casa de
Dios, oraba y hacía esta confesión, una gran cantidad de israelitas
—hombres, mujeres y niños— se congregaron a su alrededor, derramando
abundantes lágrimas.
10:2
Entonces Secanías, hijo de Iejiel, de los hijos de Elám, dijo
a Esdras: "Hemos traicionado a nuestro Dios, al casarnos con mujeres
extranjeras de la gente del país. A pesar de esto, todavía queda
una esperanza para Israel.
10:3
Ahora hagamos una alianza con nuestro Dios, comprometiéndonos a echar
a todas nuestras mujeres extranjeras y a los hijos nacidos de ellas, conforme
a tu consejo y al de aquellos que respetan el mandamiento de nuestro Dios.
¡Qué se cumpla lo que ordena la Ley!
10:4
¡Levántate, porque este asunto es de tu incumbencia, y nosotros
estaremos contigo! ¡Anímate y manos a la obra!"
10:5
Esdras se levantó e hizo jurar a los jefes de los sacerdotes y de los
levitas, y a todo Israel, que procederían como él lo había
dicho. Y todos lo juraron.
10:6
Esdras se alejó de la Casa de Dios y se dirigió a la habitación
de Iojanán, hijo de Eliasib, donde pasó la noche sin comer ni
beber, porque estaba afligido a causa de la traición de los repatriados.
La
puesta en práctica de la decisión
10:7
Se lanzó entonces una proclama en Judá y en Jerusalén,
para que todos los repatriados se reunieran en Jerusalén.
10:8
Al que no se presentara en el plazo de tres días, por decisión
de los jefes y de los ancianos, se le confiscarían todos sus bienes
y se lo excluiría de la asamblea de los que habían vuelto del
exilio.
10:9
Todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalén
dentro de los tres días. Era el día veinte del noveno mes. Todo
el pueblo se ubicó en la plaza de la Casa de Dios, lleno de temor por
este asunto y también porque llovía a cántaros.
10:10
El sacerdote Esdras se levantó y les dijo: "Ustedes cometieron
una traición, al casarse con mujeres extranjeras: así aumentaron
la culpa de Israel.
10:11
Pero ahora, den gracias al Señor, el Dios de nuestros padres, y cumplan
su voluntad, separándose de la gente del país y de las mujeres
extranjeras".
10:12
Toda la asamblea respondió en alta voz: "Sí, haremos lo
que tú nos digas,
10:13
pero el pueblo es muy numeroso y estamos en época de lluvias. No podemos
permanecer a la intemperie, y además, esto no es cuestión de
un día o dos, porque somos muchos los que hemos pecado en esto.
10:14
Sería mejor que nuestros jefes representen a toda la asamblea: todos
los que, dentro de nuestras ciudades, se hayan casado con mujeres extranjeras,
vendrán a presentarse en la fecha señalada, acompañados
de los ancianos y de los jueces de cada ciudad, hasta que se haya alejado
de nosotros la ira de nuestro Dios a causa de este asunto".
10:15
Solamente Jonatán, hijo de Azael, y Iajzías, hijo de Tigvá,
se opusieron a esta manera de proceder, apoyados por Mesulán y el levita
Sabtai.
10:16
Pero los repatriados hicieron como se había propuesto. El sacerdote
Esdras eligió un jefe de familia por cada grupo, designándolos
personalmente a cada uno. El primer día del décimo mes, comenzaron
las sesiones para examinar las causas;
10:17
y hasta el primer día del primer mes, no quedaron resueltos los casos
de todos los hombres que se habían casado con mujeres extranjeras.
La
lista de los culpables
10:18
Entre los miembros de las familias sacerdotales que se habían casado
con mujeres extranjeras, estaban los siguientes: entre los hijos de Josué,
hijo de Josadac, y entre sus hermanos: Maasías, Eliezer, Iarib y Guedalías.
10:19
Estos se comprometieron bajo juramento a echar a sus mujeres, y ofrecieron
un carnero en sacrificio de reparación por su culpa.
10:20
Entre los hijos de Imer: Janahí y Zebadías;
10:21
entre los hijos de Jarím: Maasías, Elías, Semaías,
Iejiel y Uzías;
10:22
entre los hijos de Pasjur: Elionai, Maasías, Ismael, Natanael, Iosabad
y Elasá.
10:23
Entre los levitas: Iosabad, Simei, Quelaías o Quelitá Petaías,
Iejudá y Eliezer.
10:24
Entre los cantores: Eliasib y Zacur. Entre los porteros: Salúm, Telém
y Urí.
10:25
Entre los israelitas:
de los hijos de Parós: Ramías, Izías, Malquías,
Miamím, Eleazar, Malquías y Benaías;
10:26
de los hijos de Elám: Matanías, Zacarías, Iejiel, Abdí,
Ieremot y Elías;
10:27
de los hijos de Zatú: Elionai, Eliasib, Matanías, Ieremot, Zabad
y Azizá;
10:28
de los hijos de Bebai: Iojanán, Jananías, Zabai y Atlai;
10:29
de los hijos de Baní: Mesulán, Maluc, Adaías, Iasub,
Seal y Ieramot;
10:30
de los hijos de Pajat Moab: Adná, Quelal, Benaías, Maasías,
Matanías, Besalel, Binuí y Manasés;
10:31
de los hijos de Jarím: Eliezer, Isías, Malquías, Semaías,
Simeón,
10:
32 Benjamín, Maluc y Semarías;
10:33
de los hijos de Jasúm: Matenai, Matatá, Zabad, Elifélet,
Ieremai, Manasés y Simei;
10:34
de los hijos de Baní: Maadai, Amrám, Uel,
10:35
Benaías, Bedías, Quelui,