NEHEMÍAS
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Las
malas noticias llegadas de Jerusalén
1:1 Palabras de Nehemías, hijo
de Jacalías.
En el mes de Quisleu, el vigésimo año de Artajerjes, mientras
yo estaba en Susa, la ciudadela,
1:2
llegó Jananí, uno de mis hermanos, con algunos hombres de Judá.
Yo les pregunté por los judíos el resto que había sobrevivido
al cautiverio y por Jerusalén.
1:3
Ellos me respondieron: "Los que han sobrevivido al cautiverio, allá
en la provincia, soportan muchas penurias y humillaciones. Las murallas de
Jerusalén están en ruinas y sus puertas han sido incendiadas".
La
oración de Nehemías
1:4
Al oír estas palabras, me senté a llorar, y estuve de duelo
varios días, ayunando y orando ante el Dios del cielo.
1:5
Entonces dije: "¡Ah, Señor, Dios del cielo! Tú eres
el Dios grande y temible, que mantienes la alianza y eres fiel con aquellos
que te aman y observan tus mandamientos.
v6 Que tus oídos estén atentos y tus ojos abiertos, para escuchar
la plegaria de tu servidor, la que ahora yo te dirijo día y noche por
los israelitas, tus servidores, confesando sus pecados, porque hemos pecado
contra ti. ¡Sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado!
1:7
Nos hemos portado mal contigo, no hemos observado los mandamientos, los preceptos
y las leyes que prescribiste a Moisés, tu servidor.
1:8
Acuérdate, sin embargo, de la palabra que ordenaste pronunciar a Moisés,
tu servidor: 'Si ustedes son infieles, yo los dispersaré entre los
pueblos.
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1:9
Pero si se convierten a mí, si observan y practican mis mandamientos,
aunque sus desterrados estén en los confines del cielo, yo los congregaré
y los traeré al lugar que elegí para hacerlo morada de mi Nombre'.
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1:10
¡Ellos son tus servidores y tu pueblo, los que tú has rescatado
con tu gran fuerza y tu brazo poderoso!
1:11
¡Ah, Señor! Que tus oídos estén atentos a la plegaria
de tu servidor y a la plegaria de tus servidores, que se complacen en venerar
tu Nombre. Permíteme lograr mi cometido y que sea bien recibido por
el rey". Yo era entonces copero del rey.
El
viaje de Nehemías a Jerusalén
2:1
En el mes de Nisán, el vigésimo año del reinado de Artajerjes,
siendo yo el encargado del vino, lo tomé y se lo ofrecí al rey.
Como nunca había estado triste en su presencia,
2:2
el rey me preguntó: "¿Por qué tienes esa cara tan
triste? Tú no estás enfermo. Seguramente hay algo que te aflige".
Yo experimenté una gran turbación,
2:3
y dije al rey: "¡Viva el rey para siempre! ¿Cómo
no voy a estar con la cara triste, si la ciudad donde están las tumbas
de mis padres se encuentra en ruinas y sus puertas han sido consumidas por
el fuego?"
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2:4
El rey me dijo: "¿Qué es lo que quieres?" Yo me encomendé
al Dios del cielo,
2:5
y le respondí: "Si es del agrado del rey y tú estás
contento con tu servidor, envíame a Judá, a la ciudad donde
están las tumbas de mis padres, para que yo la reconstruya".
2:6
El rey, que tenía a la reina sentada a su lado, me dijo: "¿Cuánto
tiempo durará tu viaje y cuándo estarás de regreso?"
Al rey le pareció bien autorizar mi partida, y yo le fijé un
plazo.
2:7
Luego dije al rey: "Si el rey lo considera conveniente, se me podrían
dar cartas para los gobernadores del otro lado del Éufrates, a fin
de que me faciliten el viaje a Judá.
v8 También podrían darme una carta para Asaf, el supervisor
de los parques del rey, a fin de que me provea de madera para armar las puertas
de la ciudadela del Templo, para las murallas de la ciudad y para la casa
donde voy a vivir". El rey me concedió todo eso, porque la mano
bondadosa de mi Dios estaba sobre mí.
2:9
Yo me presenté ante los gobernadores del otro lado del Éufrates
y les entregué las cartas del rey. Además, el rey me había
hecho escoltar por oficiales del ejército y por algunos jinetes.
2:10
Pero cuando Sambalat, el joronita, y Tobías, el esclavo amonita, se
enteraron de mi llegada, se disgustaron mucho de que alguien viniera a prestar
ayuda a los israelitas.
La
inspección de las murallas
2:11
Al llegar a Jerusalén, dejé pasar tres días.
2:12
Luego me levanté de noche, acompañado de unos pocos hombres,
sin comunicar a nadie lo que Dios me había inspirado hacer en favor
de Jerusalén y sin llevar otro animal que aquel en el que iba montado.
2:13
Salí de noche por la puerta del Valle, en dirección a la fuente
del Dragón y a la puerta del Basural, e inspeccioné atentamente
las murallas de Jerusalén, allí donde había brechas y
donde las puertas habían sido consumidas por el fuego.
2:14
Proseguí mi camino hacia la puerta de la Fuente y hacia el estanque
del Rey, pero no encontré un lugar por donde pasar con mi cabalgadura.
2:15
Subí entonces de noche por el Cedrón, inspeccionando siempre
las murallas, y luego volví atrás, pasando de nuevo por la puerta
del Valle.
2:16
Los magistrados no sabían adónde había ido ni qué
había hecho: hasta ese momento, yo no había comunicado nada
a los judíos, ni a los sacerdotes, ni a los notables, ni a los magistrados,
ni a los otros encargados de los trabajos.
La
decisión de reconstruir las murallas
2:17
Entonces les dije: "Ustedes ven en qué lamentable situación
nos encontramos. Jerusalén está en ruinas y sus puertas incendiadas.
¡Reconstruyamos las murallas de Jerusalén, y no seremos más
objeto de oprobio!"
2:18
Luego les expliqué cómo la mano bondadosa de mi Dios había
estado sobre mí y también les comuniqué las palabras
que me había dicho el rey. "¡Vamos, dijeron ellos, pongámonos
a trabajar!" Y emprendieron esta buena obra con toda decisión.
2:19
Cuando Sambalat, el joronita, Tobías, el esclavo amonita, y Guésem,
el árabe, se enteraron de esto, se burlaron de nosotros y nos despreciaron,
diciendo: "¿Qué están haciendo? ¿Se van a
rebelar contra el rey?"
2:20
Yo, por mi parte, les respondí: "El Dios del cielo nos coronará
con el éxito. Nosotros, sus servidores, nos pondremos a trabajar. Ustedes,
en cambio, no tienen parte, ni derechos, ni recuerdos en Jerusalén".
Los
trabajos de la reconstrucción
3:1
Entonces se levantó Eliasib, el Sumo Sacerdote, con sus hermanos, los
sacerdotes, y reconstruyeron la puerta de las Ovejas: la consagraron, y colocaron
sus hojas; luego continuaron hasta la torre de los Cien y hasta la torre de
Jananel, y consagraron la muralla.
3:2
Junto a ellos trabajaron los hombres de Jericó, y a continuación
Sacur, hijo de Imrí.
3:3
Los hijos de Jasená construyeron la puerta de los Pescados: hicieron
el armazón y colocaron las hojas, los cerrojos y las barras.
3:4
Junto a ellos trabajó Meremot, hijo de Urías, hijo de Hacós;
luego Mesulám, hijo de Berequías, y a continuación Sadoc,
hijo de Baaná.
3:5
Junto a ellos trabajaron los habitantes de Técoa, pero sus notables
se negaron a colaborar con las autoridades.
3:6
La puerta de la Vieja la restauraron Ioiadá, hijo de Paséaj,
y Mesulám, hijo de Besodías: hicieron el armazón y colocaron
las hojas, los cerrojos y las barras.
3:7
Junto a ellos trabajaron Melatías de Gabaón y Iadón de
Meronot, como así también los hombres de Gabaón y de
Mispá, por cuenta del gobernador de la provincia que está a
este lado del Éufrates.
3:8
Junto a él trabajó Uziel, hijo de Harhaiá, del gremio
de los orfebres, y a continuación Jananías, del gremio de los
perfumistas: ambos dejaron terminada la muralla de Jerusalén hasta
el muro Ancho.
3:9
Junto a ellos trabajó Refaías, hijo de Jur, jefe de una mitad
del distrito de Jerusalén.
3:10
Junto a él trabajó Iedaías, hijo de Jarumaf, al frente
de su casa, y a continuación Jatús, hijo de Hasabnías.
3:11
En un segundo sector trabajaron Malquías, hijo de Harím, y Jasub,
hijo de Pájat Moab, hasta la torre de los Hornos.
3:12
Junto a él trabajó Salúm, hijo de Halojés, jefe
de una mitad del distrito de Jerusalén, y también sus hijos.
3:13
La puerta del Valle la restauraron Janún y los habitantes de Zanóaj:
la reconstruyeron, colocaron las hojas, los cerrojos y las barras, y levantaron
quinientos metros de muralla, hasta la puerta del Basural.
3:14
La puerta del Basural la restauró Malquías, hijo de Recab, jefe
del distrito de Bet Ha Quérem: él la reconstruyó y colocó
las hojas, los cerrojos y las barras.
3:15
La puerta de la Fuente la restauró Salúm, hijo de Col Jozé,
jefe del distrito de Mispá: él la reconstruyó, la recubrió
y colocó las hojas, los cerrojos y las barras; también rehizo
el muro del estanque del canal, junto al jardín del rey, hasta las
escaleras que bajan de la Ciudad de David.
3:16
Después de él trabajó Nehemías, hijo de Azbuc,
jefe de la mitad del distrito de Betsur; él reparó hasta el
lugar que está enfrente de las tumbas de David, hasta el estanque artificial
y hasta la Casa de los Valientes.
3:17
Después de él trabajaron los levitas, entre ellos, Rejúm,
hijo de Baní; junto a él, Jasabías, jefe de la mitad
del distrito de Queilá, trabajó en su propio distrito.
3:18
Después de él trabajaron sus hermanos: Binuí, hijo de
Jenadad, jefe de la mitad del distrito de Queilá.
3:19
Junto a él, Ezer, hijo de Josué, jefe de Mispá, reparó
otro sector, frente a la subida del Arsenal, en dirección del Ángulo.
3:20
Después de él trabajó Baruc, hijo de Zabat: él
reparó otro sector, desde el Ángulo hasta la puerta de la casa
de Eliasib, el Sumo Sacerdote.
3:21
Después de él trabajó Meremot, hijo de Urías,
hijo de Hacós: él reparó otro sector, desde la puerta
de la casa de Eliasib hasta el extremo de la misma.
3:22
Después de él trabajaron los sacerdotes venidos de los alrededores.
3:23
A continuación trabajaron Benjamín y Jasub, frente a sus propias
casas. Después de ellos trabajó Azarías, hijo de Maasías,
hijo de Ananías, al costado de la suya.
3:24
Después de él trabajó Binuí, hijo de Jenadad:
él reparó otro sector, desde la casa de Azarías hasta
el Ángulo y la Esquina.
3:25
En cuanto a Palai, hijo de Uzai, lo hizo frente al Ángulo y a la torre
superior, que sobresale de la casa del rey, junto al patio de la Prisión.
Después de él trabajó Pedaías, hijo de Parós,
3:26b
hasta enfrente de la puerta de las Aguas, hacia el este, y hasta enfrente
de la torre que sobresale.
3:27
Después de él trabajaron los hombres de Técoa, en otro
sector, desde enfrente de la torre que sobresale hasta el muro de Ofel.
3:26a
Los empleados del Templo habitaban en Ofel.
3:28
Junto a la puerta de los Caballos trabajaron los sacerdotes, cada uno enfrente
de su casa.
3:29
Después de ellos trabajó Sadoc, hijo de Imer, enfrente de su
casa, y a continuación Semaías, hijo de Secanías, guardián
de la puerta Oriental.
3:30
Después de él trabajó Jananías, hijo de Selemías,
y Janún, el sexto hijo de Salaf, en otro sector. A continuación
trabajó Mesulám, hijo de Berequías, frente a su vivienda.
3:31
Después de él trabajó Malquías, del gremio de
los orfebres, hasta la casa de los empleados del Templo y de los comerciantes,
frente a la puerta de la Inspección y hasta la habitación alta
del Ángulo.
3:32
Y entre la habitación alta del Ángulo y la puerta de las Ovejas,
trabajaron los orfebres y los comerciantes.
La
continuación de los trabajos, a pesar de los obstáculos
3:33
Cuando Sambalat se enteró de que nosotros estábamos restaurando
las murallas, se enfureció y manifestó una gran irritación.
Se burló de los judíos,
3:34
y dijo delante de sus hermanos y de las tropas de Samaría: "¿Qué
pretenden hacer esos judíos incapaces? ¿Piensan acaso reconstruir,
ofrecer sacrificios, terminar en un día? ¿Harán revivir
esas piedras extraídas de un montón de escombros y todas calcinadas?"
3:35
Y Tobías, el amonita, que estaba a su lado, añadió: "¡Déjalos
que construyan! ¡Bastará que suba un zorro para hacer que se
desmoronen sus murallas de piedra!".
3:36
¡Escucha, Dios nuestro, cómo somos despreciados! Que sus ultrajes
recaigan sobre sus cabezas, y entrégalos al desprecio en una tierra
de cautiverio.
3:37
No encubras su iniquidad y que su pecado no se borre de tu presencia, porque
han agraviado a los constructores.
3:38
A pesar de todo, trabajamos en la reconstrucción de la muralla, que
fue enteramente restaurada hasta media altura. El pueblo, en efecto, se había
tomado la obra muy a pecho.
La
defensa de los judíos
4:1
Cuando Sambalat,
Tobías,
los árabes, los amonitas y los asdoditas se enteraron de que progresaba
la reparación de las murallas de Jerusalén porque comenzaban
a cerrarse las brechas se enfurecieron,
4:2
y se coaligaron para atacar a Jerusalén y provocar disturbios.
4:3
Entonces invocamos a nuestro Dios y montamos guardia de día y de noche
para protegernos de ellos.
4:4
El pueblo de Judá decía: "Flaquea la mano de obra y hay
demasiados escombros; así nosotros no podremos reconstruir la muralla".
4:5
Nuestros adversarios decían: "No sabrán ni verán
nada, hasta que irrumpamos en medio de ellos. Entonces los mataremos y pondremos
fin a la obra".
4:6
Y cuando llegaban los judíos que vivían cerca de ellos, nos
repetían insistentemente: "Van a atacarlos desde todos los lugares
donde habitan".
4:7
Yo aposté entonces a mi gente en las partes bajas, por detrás
de las murallas, en los puntos desguarnecidos, disponiendo al pueblo por familias,
con sus espadas, sus lanzas y sus arcos.
4:8
Y al ver que tenían miedo, me levanté y dije a los notables,
a los magistrados y al resto del pueblo: "¡No les tengan miedo!
Acuérdense del Señor grande y temible, y combatan por sus hermanos,
sus hijos, sus hijas, sus mujeres y sus casas".
4:9
Cuando nuestros enemigos advirtieron que estábamos alerta y que Dios
había desbaratado sus planes, volvimos todos a las murallas, cada uno
a su trabajo.
4:10
Pero, a partir de ese día, sólo la mitad de mi gente hacía
el trabajo, mientras la otra mitad tenía en la mano las lanzas, los
escudos, los arcos y las corazas, y los jefes estaban detrás de toda
la casa de Judá.
4:11
Los que reconstruían las murallas y los que transportaban las cargas
iban armados: con una mano hacían el trabajo y con la otra empuñaban
el arma;
4:12
y los que construían tenían cada uno la espada ceñida
a la cintura mientras trabajaban. Además, había junto a mí
un hombre encargado de hacer sonar el cuerno.
4:13
Yo dije a los notables, a los magistrados y al resto del pueblo: "La
obra es considerable y extensa, y nosotros estamos esparcidos sobre la muralla,
lejos unos de otros.
4:14
Allí donde oigan el sonido del cuerno, corran a reunirse con nosotros:
nuestro Dios combatirá a favor nuestro".
4:15
Así hacíamos el trabajo mientras una mitad empuñaba
las lanzas desde que despuntaba el alba hasta que aparecían las estrellas.
4:16
En aquella oportunidad, dije también al pueblo: "Que cada uno,
con su servidor, pase la noche en Jerusalén; de noche, para montar
guardia, y de día, para trabajar".
4:17
Pero ni yo, ni mis hermanos, ni mi gente, ni los guardias que me seguían,
nos quitábamos la ropa, y cada uno llevaba el arma en su mano derecha.
Las
injusticias entre los repatriados
5:1
Entre la gente del pueblo y sus mujeres se levantó una gran protesta
contra sus hermanos judíos.
5:2
Había algunos que decían: "Tenemos que entregar en prenda
a nuestros hijos y nuestras hijas para conseguir trigo con qué comer
y vivir".
5:3
Otros decían: "Tenemos que empeñar nuestros campos y nuestras
viñas para obtener trigo en medio de la escasez".
5:4
Y había otros que decían: "Hemos tenido que hipotecar nuestros
campos y nuestras viñas para pagar el tributo al rey.
5:5
Ahora bien, nuestra carne es como la carne de nuestros hermanos, nuestros
hijos son como los de ellos. Sin embargo, nosotros tenemos que someter a esclavitud
a nuestros hijos y nuestras hijas, y algunas de nuestras hijas ya han sido
sometidas. Y no podemos hacer nada, porque nuestros campos y nuestras viñas
pertenecen a otros".
Medidas
de Nehemías en favor de los pobres
5:6
Yo sentí una gran indignación al oír su queja y esas
palabras.
5:7
Y después de haber deliberado conmigo mismo, dirigí un reproche
a los notables y a los magistrados, diciéndoles: "Ustedes imponen
una carga a sus hermanos".
Luego convoqué
contra ellos una gran asamblea,
5:8
y les dije: "Nosotros, en la medida de nuestros recursos, hemos comprado
a nuestros hermanos judíos que habían sido vendidos a las naciones.
¡Y ahora son ustedes los que venden a sus hermanos, y ellos son vendidos
a nosotros mismos!" Todos se quedaron callados, sin encontrar qué
responder.
5:9
Yo seguí diciendo: "Lo que ustedes hacen no está bien.
¿No deberían vivir en el temor de nuestro Dios, para evitar
el desprecio de los paganos, nuestros enemigos?
5:10
También yo, mis hermanos y mi gente les hemos prestado dinero y trigo.
Condonemos esa deuda.
5:11
Devuélvanles hoy mismo sus campos, sus viñas, sus olivares y
sus casas, y anulen la deuda de la plata, el trigo, el vino y el aceite que
ustedes les prestaron".
5:12
Ellos respondieron: "Restituiremos todo, sin reclamarles nada; haremos
como tú dices". Entonces llamé a los sacerdotes e hice
jurar a la gente que obrarían conforme a esta palabra.
5:13
Luego sacudí el pliegue de mi manto y dije: "Así sacuda
Dios, fuera de su casa y de sus bienes, a todo aquel que no cumpla esta palabra;
que así sea sacudido y dejado sin nada". Toda la asamblea respondió:
"¡Amén!" y alabó al Señor. El pueblo
obró conforme a esta palabra.
El
desinterés de Nehemías
5:14
Además, desde el día en que se me designó para el cargo
de gobernador en el país de Judá, desde el vigésimo hasta
el trigésimo segundo año del rey Artajerjes, es decir, durante
doce años, ni yo ni mis hermanos comimos del impuesto debido al gobernador.
5:15
Los primeros gobernadores que me habían precedido gravaban al pueblo,
exigiéndole cada día pan y vino por valor de cuarenta siclos
de plata, y también sus funcionarios tiranizaban al pueblo. Yo, en
cambio, no obré de esa manera por temor a Dios.
5:16
También trabajé personalmente en la reconstrucción de
las murallas, no adquirí ningún campo, y todos mis hombres se
reunieron allí para trabajar.
5:17
A mi mesa se sentaban los notables y los magistrados —ciento cincuenta personas— sin contar los que acudían a nosotros de las naciones vecinas.
5:18
Lo que se preparaba cada día —un buey, seis carneros escogidos y algunas
aves— corría por mi cuenta; y cada diez días, se traían
odres de vino en cantidad. Sin embargo, nunca exigí el impuesto debido
al gobernador, porque el pueblo ya debía soportar un duro trabajo.
5:19
¡Acuérdate, Dios mío, para mi bien, de todo lo que hice
por este pueblo!
Nuevas
intrigas de los enemigos de Nehemías
6:1
Cuando Sambalat, Tobías, Guésem, el árabe, y los demás
enemigos nuestros supieron que yo había reconstruido las murallas y
que no quedaba en ellas ninguna brecha aunque hasta entonces no había
colocado las hojas de las puertas
6:2
Sambalat y Guésem mandaron a decirme: "Ven a entrevistarte con
nosotros en Quefirím, en el valle de Onó". Pero, en realidad,
lo que se proponían era hacerme el mal.
6:3
Entonces les envié unos mensajeros para decirles: "Tengo muchísimo
trabajo, y no puedo bajar. ¿Por qué va a suspenderse la obra
mientras yo la abandono por bajar a verlos?"
6:4
Cuatro veces me hicieron la misma invitación, y siempre les di la misma
respuesta.
6:5
Por quinta vez, Sambalat me mandó a decir lo mismo por medio de su
servidor, que traía en la mano una carta abierta.
6:6
En ella estaba escrito: "Se oye decir entre la gente —y lo afirma Gasmú—
que tú y los judíos piensan sublevarse, y por eso reconstruyes
las murallas. Según esos rumores, tú vas a ser su rey,
6:7
e incluso has establecido profetas para que proclamen en Jerusalén,
refiriéndose a ti: '¡Hay un rey en Judá!'. Y ahora el
rey va a ser informado de todo esto. Ven, entonces, y pongámonos de
acuerdo".
6:8
Yo le mandé a decir: "No ha sucedido nada de lo que tú
dices, sino que son puras invenciones tuyas".
6:9
En realidad, lo que ellos querían eran intimidarnos, pensando: "Sus
manos se cansarán de trabajar, y la obra no se realizará".
¡Y ahora, Señor, fortalece mis manos!
6:10
Entonces fui a la casa de Semaías, hijo de Delaías, hijo de
Mehetabel, que se hallaba impedido, y él dijo: "Encontrémonos
en la Casa de Dios, en el interior del Templo, y cerremos sus puertas; porque
van a venir a matarte y esta es la noche en que vendrán a hacerlo".
6:11
Yo repliqué: "¿Va a huir un hombre como yo? ¿Y qué
hombre de mi condición podría entrar en el Templo y permanecer
con vida? ¡No entraré!"
6:12
Yo había reconocido, en efecto, que no era Dios el que lo había
enviado: si había pronunciado esa profecía acerca de mí,
era porque lo había enviado Tobías.
6:13
Lo habían sobornado para que yo me dejara intimidar y, obrando de esa
manera, cometiera un pecado. Así me habrían infamado, para cubrirme
de oprobio.
6:14
Acuérdate, Dios mío, de Tobías, por lo que hizo, y también
de Noadías, la profetisa, y de todos los demás profetas que
trataban de intimidarme.
Conclusión
de las murallas
6:15
Las murallas quedaron terminadas el día veinticinco de Elul, al cabo
de cincuenta y dos días.
6:16
Cuando todos nuestros enemigos se enteraron, todas las naciones vecinas quedaron
vivamente impresionadas; se sintieron muy humilladas a sus propios ojos y
reconocieron que el trabajo había sido ejecutado gracias a nuestro
Dios.
6:17
Aun en aquellos días, algunos notables de Judá se carteaban
frecuentemente con Tobías,
6:18
porque estaban ligados a él por un juramento, ya que era yerno de Secanías,
hijo de Ará, y su hijo Iojanán se había casado con la
hija de Mesulám, hijo de Berequías.
6:19
Ellos hablaban bien de él en mi presencia y le transmitían mis
palabras. Tobías, por su parte, enviaba cartas para intimidarme.
Medidas
para la defensa de la ciudad
7:1
Cuando estuvieron reconstruidas las murallas y yo coloqué las hojas
de las puertas, fueron instalados porteros, como así también
cantores y levitas.
7:2
Puse al frente de Jerusalén a mi hermano Jananí, y designé
a Ananías comandante de la ciudadela, porque era un hombre de confianza
y temeroso de Dios, más que muchos otros.
7:3
Luego les dije: "Las puertas de Jerusalén no se abrirán
hasta que comience a calentar el sol, y antes que se haya puesto, se las cerrará
con barras. Además, los habitantes de Jerusalén montarán
guardia, cada uno en su puesto, cada uno en frente de su casa".
Lista
de los primeros repatriados
Esdras
2, 1-70
7:4
La ciudad era amplia en todo sentido y espaciosa, pero la población
era poco numerosa y no se reconstruían las casas.
7:5
Por eso mi Dios me inspiró reunir a los notables, a los magistrados
y al pueblo, para hacer el registro genealógico. Busqué el registro
de los que habían subido al comienzo y encontré escrito lo siguiente:
7:6
Estas son las personas de la provincia que volvieron de la cautividad y del
exilio. Después de haber sido deportadas por Nabucodonosor, rey de
Babilonia, volvieron a Jerusalén y a Judá, cada cual a su ciudad.
7:7
Llegaron con Zorobabel, Josué, Nehemías, Azarías, Raamías,
Najamaní, Mardoqueo, Bilsán, Mispéret, Bigvai, Nejúm
y Baaná. Lista de los hombres del pueblo de Israel:
7:8
los hijos de Parós: 2.172;
7:9
los hijos de Sefatías: 372;
7:10
los hijos de Araj: 652;
7:11
los hijos de Pajat Moab, es decir, los hijos de Josué y de Joab: 2.818;
7:12
los hijos de Elám: 1.254;
7:13
los hijos de Zatú: 845;
7:14
los hijos de Sacai: 760;
7:15
los hijos de Binuí: 648;
7:16
los hijos de Bebai: 628;
7:17
los hijos de Azgad: 2.322;
7:18
los hijos de Adonicám: 667;
7:19
los hijos de Bigvai: 2.067;
7:20
los hijos de Adín: 655;
7:21
los hijos de Ater, por parte de Ezequías: 98;
7:22
los hijos de Jasún: 328;
7:23
los hijos de Besai: 324;
7:24
los hijos de Jarif: 112;
7:25
los hijos de Gabaón: 95;
7:26
los hombres de Belén y Netofá: 188;
7:27
los hombres de Anatot: 128;
7:28
los hombres de Bet Azmávet: 42;
7:29
los hombres de Quiriat Iearím, Quefirá y Beerot: 743;
7:30
los hombres de Ramá y Gueba: 621;
7:31
los hombres de Micmás: 122;
7:32
los hombres de Betel y de Aí: 123;
7:33
los hombres de Nebo: 52;
7:34
los hijos del otro Elám: 1.254;
7:35
los hijos de Jarím: 320;
7:36
los hijos de Jericó: 345;
7:37
los hijos de Lod, Jadid y Onó: 721;
7:38
los hijos de Senaá: 3.930.
7:39
Sacerdotes: los hijos de Iedaías, de la casa de Josué: 973;
7:40
los hijos de Imer: 1.052;
7:41
los hijos de Pasjur: 1.247;
7:42
los hijos de Jarím: 1.017 .
7:43
Levitas: Los hijos de Josué, es decir, de Cadmiel y de los hijos de
Hodvá: 74.
7:44
Cantores: los hijos de Asaf: 148.
7:45
Porteros: los hijos de Salúm, los hijos de Ater, los hijos de Talmón;
los hijos de Acub, los hijos de Jatitá, los hijos de Sobai: 138.
7:46
Empleados del Templo: los hijos de Sigá, los hijos de Jasufá,
los hijos de Tabaot,
7:47
los hijos de Querós, los hijos de Sía, los hijos de Padón,
7:48
los hijos de Lebaná, los hijos de Jagabá, los hijos de Salmai,
7:49
los hijos de Janán, los hijos de Guidel, los hijos de Gajar,
7:50
los hijos de Reaías, los hijos de Resín, los hijos de Necodá,
7:51
los hijos de Gazán, los hijos de Uzá, los hijos de Paséaj,
7:52
los hijos de Besai, los hijos de los meunitas, los hijos de los nefisitas,
7:53
los hijos de Bacbuc, los hijos de Jacufá, los hijos de Jarjur,
7:54
los hijos de Baslit, los hijos de Mejidá, los hijos de Jarsá,
7:55
los hijos de Barcós, los hijos de Sisrá, los hijos de Témaj,
7:56
los hijos de Nesíaj, los hijos de Jatifá.
7:57
Hijos de los esclavos de Salomón: los hijos de Sotai, los hijos de
Soféret, los hijos de Peridá,
7:58
los hijos de Iaalá, los hijos de Darcón, los hijos de Guidel,
7:59
los hijos de Sefatías, los hijos de Jatil, los hijos de Poquéret
Ha Sebaim, los hijos de Amón.
7:60
Total de los empleados del Templo y de los hijos de los esclavos de Salomón:
392.
7:61
Provenientes de Tel Melaj, Tel Jarsá, Querub, Adón e Imer, que
no pudieron probar si su familia y su raza eran de origen israelita:
7:62
los hijos de Delaías, los hijos de Tobías, los hijos de Necodá:
642.
7:63
Y entre los sacerdotes, los hijos de Jobaías, los hijos de Jacós,
los hijos de Barzilai, que se había casado con una de las hijas de
Barzilai, el Gaaladita, y adoptó el nombre de este.
7:64
Estos buscaron el registro de sus genealogías, pero no lo encontraron;
por eso se los excluyó del sacerdocio como ilegítimos,
7:65
y el gobernador les prohibió comer de las ofrendas sagradas, hasta
que un sacerdote consultara a Dios por medio del Urím y el Tumín.
7:66
Toda la asamblea comprendía 42.360 personas,
7:67
sin contar sus servidores y servidoras, que eran 7.337. Había también
245 cantores y cantoras.
7:68
Sus camellos eran 435 y sus asnos 6.720.
Las
ofrendas para el Templo
7:69
Algunos jefes de familia hicieron ofrendas voluntarias para la obra. El gobernador
entregó al Tesoro 1.000 monedas de oro, 50 copas, 30 túnicas
sacerdotales y 500 minas de plata.
7:70
Los jefes de familia entregaron al Tesoro de la obra 20.000 monedas de oro
y 2.200 minas de plata.
7:71
Lo que entregó el resto del pueblo ascendió a 20.000 monedas
de oro, 2.000 monedas de plata y 67 túnicas sacerdotales.
7:72
Los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, una parte del pueblo,
los empleados del Templo y todo Israel se establecieron en sus ciudades.
Al llegar
el séptimo mes, los israelitas estaban establecidos en ellas.
LA GRAN ASAMBLEA LITÚRGICA
La
lectura pública de la Ley
8:1
Todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que está
ante la puerta del Agua. Entonces dijeron a Esdras, el escriba, que trajera
el libro de la Ley de Moisés, que el Señor había dado
a Israel.
8:2
El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la asamblea, compuesta por los hombres,
las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía.
Era el primer día del séptimo mes.
8:3
Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en
la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres,
de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo
seguía con atención la lectura del libro de la Ley.
8:4
Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían
hecho para esa ocasión. Junto a él, a su derecha, estaban Matitías,
Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías,
y a su izquierda Pedaías, Misael, Malquías, Jasúm, Jasbadaná,
Zacarías y Mesulám.
8:5
Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo porque estaba más
alto que todos y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.
8:6
Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo, levantando
las manos, respondió: "¡Amén! ¡Amén!".
Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro
en tierra.
8:7
Josué, Baní, Serebías, Iamín, Acub, Sabtai, Hodías,
Maaseías, Quelitá, Azarías, Jozabad, Janán y Pelaías
los levitas ex