NEHEMÍAS
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Liturgia
de expiación por los pecados de Israel
9:1
El día veinticuatro de ese mes, los israelitas se reunieron para un
ayuno, vestidos de sayales y cubiertos de polvo.
9:2
Los de la estirpe de Israel se separaron de todos los extranjeros y se presentaron
para confesar sus pecados y las faltas de sus padres.
9:3
Una vez ubicados en sus puestos, durante una cuarta parte del día se
leyó el libro de la Ley del Señor, su Dios, y durante otra cuarta
parte, confesaron sus pecados y se postraron delante del Señor, su
Dios.
9:4
Sobre la tribuna de los levitas se levantó Josué, junto con
Binuí, Cadmiel, Sebanías, Buní, Serebías, Baní
y Quenaní, y clamaron en alta voz al Señor, su Dios.
9:5
Luego los levitas Josué, Cadmiel, Baní, Jasabnías, Serebías,
Hodías, Sebanías y Petajías dijeron:
"¡Levántense, bendigan al Señor, su Dios,
desde siempre y para siempre!
Sea bendecido tu Nombre glorioso,
que supera toda bendición y alabanza".
9:6
Y Esdras dijo:
"¡Tú eres el Señor, sólo tú!
Tú hiciste los cielos,
lo más alto del cielo y todo su ejército,
la tierra y todo lo que hay en ella,
los mares y todo lo que contienen.
A todo eso le das vida,
y el ejército del cielo se postra ante ti.
9:7
Tú, Señor, eres el Dios que elegiste a Abrám,
lo hiciste salir de Ur de los caldeos
y le pusiste por nombre Abraham.
9:8
Al ver que su corazón te era fiel,
concluiste con él la alianza,
para darle el país de los cananeos,
de los hititas, de los amorreos,
de los perizitas, de los jebuseos y guirgasitas,
y para dárselo a su descendencia.
Y has cumplido tus palabras, porque eres justo.
9:9
Tú viste la miseria de nuestros padres en Egipto,
oíste su clamor junto al Mar Rojo.
9:10
Hiciste signos y prodigios contra el Faraón,
contra sus servidores y todo el pueblo de su país,
porque sabías con qué arrogancia los habían tratado;
así adquiriste un renombre que perdura hasta hoy.
9:11
Abriste ante ellos el mar,
y ellos lo cruzaron sin mojarse los pies;
pero a sus perseguidores los hundiste en el abismo,
como una piedra en las aguas caudalosas.
9:12
Los guiaste de día con una columna de nube
y de noche, con una columna de fuego,
para iluminarles el camino que debían recorrer.
9:13
Tú bajaste a la montaña del Sinaí
y hablaste con ellos desde el cielo;
les diste normas justas y leyes fidedignas,
preceptos y mandamientos excelentes.
9:14
Les hiciste conocer tu santo día sábado
y les prescribiste mandamientos, preceptos y una Ley,
por medio de Moisés, tu servidor.
9:15
Tú les diste pan del cielo para saciar su hambre,
hiciste brotar agua de la roca para calmar su sed,
y les mandaste ir a tomar posesión de la tierra
que, con la mano en alto, habías jurado darles.
9:16
Pero nuestros padres se mostraron arrogantes,
se obstinaron y desoyeron tus mandamientos.
9:17
Se negaron a obedecer, sin acordarse
de las maravillas que habías hecho por ellos;
se obstinaron, empecinándose en volver
a su servidumbre en Egipto.
Pero tú eres el Dios del perdón,
compasivo y misericordioso,
lento para enojarte y lleno de fidelidad;
por eso, no los has abandonado.
9:18
Ellos se fabricaron un ternero de metal fundido,
diciendo: 'Aquí está tu Dios,
el que te hizo salir de Egipto',
y así cometieron un gran ultraje.
9:19
Pero aún entonces, por tu gran misericordia,
no los abandonaste en el desierto:
la columna de nube no se alejó de ellos de día,
para guiarlos por el camino,
ni la columna de fuego durante la noche,
para iluminarles el camino que debían recorrer.
9:20
Tú les diste tu buen espíritu,
para que supieran discernir;
no les quitaste el maná de la boca
y les diste agua para calmar su sed.
9:21
Cuarenta años los sustentaste en el desierto
y nunca les faltó nada:
no se gastaron sus vestidos
ni se les hincharon los pies.
9:22
Tú les entregaste reinos y pueblos,
y se los repartiste como zona fronteriza;
tomaron posesión del país de Sijón, rey de Jesbón,
y del país de Og, rey de Basán.
9:23
Multiplicaste sus hijos
como las estrellas del cielo,
y los introdujiste en la tierra
que habías prometido a sus padres en posesión.
9:24
Los hijos entraron y tomaron posesión del país,
y tú sometiste ante ellos
a los habitantes del país, los cananeos:
los pusiste en sus manos,
igual que a sus reyes y a los pueblos del país,
para que ellos los trataran a su arbitrio.
9:25
Así conquistaron plazas fuertes
y un suelo fértil;
se adueñaron de casas
llenas de toda clase de bienes,
de cisternas excavadas, viñas y olivares
y de árboles frutales en abundancia.
Comieron hasta saciarse y engordaron,
y por tu gran bondad, vivieron en medio de delicias.
9:26
Pero después fueron indóciles
y se rebelaron contra ti:
arrojaron tu Ley a sus espaldas,
mataron a los profetas
que los conminaban a volver a ti,
y cometieron grandes ultrajes.
9:27
Tú los entregaste en manos de sus opresores,
y ellos los oprimían.
En el momento de la opresión, clamaban a ti;
tú los escuchabas desde el cielo
y, por tu gran misericordia, les mandabas salvadores
que los salvaban de sus opresores.
9:28
Pero apenas se sentían tranquilos,
volvían a hacer el mal delante de ti,
y tú los abandonabas en manos de sus enemigos,
que los oprimían;
ellos volvían a invocarte
y tú los oías desde el cielo:
¡cuántas veces los salvaste por tu misericordia!
9:29
Tú los conminabas a que volvieran a tu Ley,
pero ellos se mostraron arrogantes
y no obedecieron tus mandamientos;
pecaron contra tus normas,
las que el hombre debe cumplir para tener la vida;
volvieron la espalda con rebeldía,
se obstinaron y no obedecieron.
9:30
Tú fuiste paciente con ellos
durante muchos años;
les advertiste con tu espíritu,
por medio de tus profetas;
pero ellos no escucharon
y tú los entregaste en manos de otros pueblos.
9:31
Sin embargo, por tu gran misericordia,
no los has exterminado ni abandonado,
porque eres un Dios compasivo y misericordioso.
9:32
Y ahora, Dios nuestro,
Dios grande, poderoso y temible,
que mantienes la alianza y la fidelidad,
no menosprecies las tribulaciones
que nos han sobrevenido a nosotros,
a nuestros reyes y a nuestros jefes,
a nuestros sacerdotes y profetas,
a nuestros padres y a todo tu pueblo,
desde los tiempos de los reyes de Asiria
hasta el día de hoy.
9:33
Tú has sido justo
en todo lo que nos ha sobrevenido,
porque tú has obrado con fidelidad
y nosotros cometimos el mal.
9:34
Sí, nuestros reyes, nuestros jefes,
nuestros sacerdotes y nuestros padres
no practicaron tu Ley,
no hicieron caso de tus mandamientos
ni de las advertencias que les habías hecho.
9:35
Durante su reinado,
en medio de los grandes bienes que les concediste,
y en la tierra espaciosa y fértil que les entregaste,
ellos no te sirvieron
ni se convirtieron de sus malas acciones.
9:36
Mira que hoy estamos esclavizados,
sí, somos esclavos aquí, en el país que diste a nuestros
padres,
para que gozáramos de sus frutos y de sus bienes.
9:37
Sus abundantes productos son para los reyes
que tú nos has impuesto a causa de nuestros pecados,
y ellos disponen a su arbitrio
de nuestras personas y nuestro ganado.
¡En qué opresión hemos caído!"
El
compromiso de la comunidad
10:1
Como consecuencia de todo esto, asumimos un firme compromiso y lo consignamos
por escrito. En el documento sellado atestiguan nuestros jefes, nuestros levitas
y nuestros sacerdotes.
10:2
En el documento sellado firmaron: Nehemías, el gobernador, hijo de
Jacalías, y Sedecías;
10:3
Seraías, Azarías, Jeremías,
10:4
Pasjur, Amarías, Malquías,
10:5
Jatús, Sebanías, Maluc,
10:6
Jarím, Meremot, Abdías,
v7 Daniel, Guinetón, Baruc,
v8 Mesulám, Abías, Miamín,
10:9
Maazías, Bilgai, Semaías: estos son los sacerdotes.
10:10
Luego los levitas: Josué, hijo de Azanías, Binuí, de
los hijos de Jenanad, Cadmiel,
10:11
y sus hermanos: Sebanías, Hodías, Quelitá, Pelaías,
Janán,
10:12
Micá, Rejob, Jasabías,
10:13
Zacur, Serebías, Sebanías,
10:14
Hodías, Baní, Beninú.
10:15
Luego los jefes del pueblo: Parós, Pájat Moab, Elán,
Zatú, Baní,
10:16
Buní, Asgad, Bebai,
10:17
Adonías, Bigvai, Adín,
10:18
Ater, Ezequías, Azur,
10:19
Hodías, Jasúm, Besai,
10:20
Jarif, Anatot, Nebai,
10:21
Magpiás, Mesulám, Jezir,
10:22
Mesezabel, Sadoc, Iadúa,
10:23
Pelatías, Janán, Anaías,
10:24
Oseas, Jananías, Jasub,
10:25
Halojés, Piljá, Sobec,
10:26
Rejúm, Jasabná, Maaseías,
10:27
Ajías, Janán, Anán,
10:28
Maluc, Jarím, Baaná.
10:29
El resto del pueblo, de los sacerdotes y levitas, los porteros, los cantores,
los empleados del Templo, en una palabra, todos los que se separaron de los
pueblos extranjeros para seguir la Ley de Dios, lo mismo que sus mujeres y
sus hijos, y todos los que son capaces de entender,
10:30
se unen a sus hermanos y a sus dignatarios, y se comprometen con imprecación
y juramento a proceder según la Ley de Dios, que ha sido dada por medio
de Moisés, el servidor de Dios, y a observar y practicar todos los
mandamientos del Señor, nuestro Dios, sus normas y preceptos.
Las
cláusulas del compromiso
10:31
En particular, no daremos nuestras hijas a la gente del país ni tomaremos
sus hijas como esposas para nuestros hijos.
10:32
Si la gente del país trae mercancías o cualquier otro objeto,
para vender en día sábado, no les compraremos nada en sábado
o en día festivo. El séptimo año, dejaremos los campos
sin cultivar
y cancelaremos
cualquier clase de deuda.
10:33
Nos imponemos la obligación de dar cada año un tercio de siclo
para el culto de la Casa de nuestro Dios,
10:34
para el pan de la ofrenda y la oblación perpetua, para el holocausto
diario y los sacrificios del sábado, de las neomenias y solemnidades,
para las ofrendas consagradas y los sacrificios de expiación por los
pecados de Israel, en una palabra, para todo el servicio de la Casa de nuestro
Dios.
10:35
En cuanto a la ofrenda de leña, los sacerdotes, los levitas y el pueblo
hemos echado suertes para que cada una de nuestras familias la traiga por
turno a la Casa de nuestro Dios, en los tiempos fijados, año tras año,
a fin de que arda en el altar del Señor, nuestro Dios, como está
escrito en la Ley.
10:36
Nos obligamos asimismo a traer a la Casa del Señor, año tras
año, los primeros frutos de nuestro suelo, las primicias de todos los
árboles frutales
10:37
y los primogénitos de nuestros hijos y de nuestro ganado, como está
escrito en la Ley. Los primogénitos de nuestro ganado serán
llevados a la Casa de nuestro Dios para los sacerdotes que prestan servicio
en ella.
10:38
Lo mejor de nuestra molienda, de nuestros productos, de toda clase de frutos,
del vino nuevo y del aceite fresco, los llevaremos a los sacerdotes para los
depósitos de la Casa de nuestro Dios; el diezmo de nuestro suelo será
para los levitas,
y
ellos mismos cobrarán el diezmo en todas las ciudades de nuestras zonas
de cultivo.
10:39
Un sacerdote, hijo de Aarón, estará con los levitas cuando cobren
el diezmo, y los levitas harán llegar la décima parte del diezmo
a la Casa de nuestro Dios, para los depósitos del Tesoro.
10:40
Porque en esos depósitos los israelitas y los hijos de Leví
colocarán las ofrendas de trigo, de vino nuevo y aceite fresco. Allí
están también los utensilios del Santuario, los sacerdotes que
prestan servicio, los porteros y los cantores. Así no descuidaremos
la Casa de nuestro Dios.
LA REORGANIZACIÓN DE LA COMUNIDAD
La
distribución de los habitantes de Judá
1
Crónicas 9, 1-34
11:1
Los jefes del pueblo se establecieron en Jerusalén. El resto del pueblo
fue sorteado para que uno de cada diez hombres viviera en Jerusalén,
la Ciudad santa, y los otros nueve en las demás ciudades.
11:2
Y el pueblo bendijo a todos los hombres que se ofrecieron voluntariamente
para vivir en Jerusalén.
11:3
Estos son los jefes de la provincia que se establecieron en Jerusalén,
y
en las otras ciudades de Judá. Así, todo Israel, los sacerdotes,
los levitas, los empleados del Templo y los hijos de los servidores de Salomón,
vivían en sus respectivas ciudades,
cada uno
en su propiedad.
La
población judía de Jerusalén
11:4
En Jerusalén vivían hijos de Judá e hijos de Benjamín.
De
los hijos de Judá: Ataías, hijo de Uzías, hijo de Zacarías,
hijo de Amarías, hijo de Sefatías, hijo de Mahalalel, de los
descendientes de Peres;
11:5
Maaseías, hijo de Baruc, hijo de Col José, hijo de Jazaías,
hijo de Adaías, hijo de Ioiarib, hijo de Zacarías, hijo de Selá.
11:6
El total de los descendientes de Peres que vivían en Jerusalén
era de 468 hombres aguerridos.
11:7
Los hijos de Benjamín
eran: Salú,
hijo de Mesulám, hijo de Ioed, hijo de Pedaías, hijo de Colaías,
hijo de Maaseías, hijo de Itiel, hijo de Isaías,
11:8
y sus hermanos Gabai y Salai, en un total de 928 hombres aguerridos.
11:9
Joel, hijo de Sicri, estaba al frente de ellos, y Judá, hijo de Hasenúa,
era el segundo jefe de la ciudad.
11:10
De los sacerdotes: Iedaías, hijo de Ioiarib, Iaquím,
11:11
Seraías, hijo de Jilquías, hijo de Mesulám, hijo de Sadoc,
hijo de Meraiot, hijo de Ajitub, superintendente de la Casa de Dios,
11:12
y sus hermanos, que estaban dedicados al servicio del Templo: en total, 822;
Adaías, hijo de Ierojám, hijo de Pelalías, hijo de Amsí,
hijo de Zacarías, hijo de Pasjur, hijo de Malquías,
11:13
y sus hermanos, jefes de familia: en total, 242; y Amasái, hijo de
Azarel, hijo de Ajzái, hijo de Mesilemot, hijo de Imer,
11:14
y sus hermanos, hombres aguerridos: en total, 128.
Zabdiel, hijo de Haguedolím, estaba al frente de ellos.
11:15
De los levitas: Semaías, hijo de Jasub, hijo de Azricám, hijo
de Jasabías, hijo de Buní;
11:16
Sabtái y Jozabad, jefes levíticos encargados de los asuntos
exteriores de la Casa de Dios;
11:17
Matanías, hijo de Micá, hijo de Zabdí, hijo de Asaf,
que dirigía el canto de los himnos y entonaba la oración de
acción de gracias; Bacbuquías, el segundo entre sus hermanos;
Abdá, hijo de Samúa, hijo de Galal, hijo de Iedutún.
11:18
El total de los levitas en la Ciudad santa era de 284.
11:19
Los porteros:
Acub, Talmón
y sus hermanos, que custodiaban las puertas: en total 172.
11:20
El resto de los israelitas, de los sacerdotes y levitas vivían en todas
las ciudades de Judá, cada uno en su propiedad.
Detalles
complementarios sobre los judíos de Jerusalén
11:21
Los empleados del Templo habitaban el Ofel; Sijá y Guispá estaban
al frente de ellos.
11:22
El jefe de los levitas de Jerusalén era Uzí, hijo de Baní,
hijo de Jasabías, hijo de Matanías, hijo de Micá; era
uno de los hijos de Asaf, que estaban encargados del canto en el culto de
la Casa de Dios.
11:23
Había, en efecto, una ordenanza del rey y un reglamento que fijaba
a los cantores lo que debían hacer cada día.
11:24
Petajías, hijo de Mesezabel, de los hijos de Zéraj, hijo de
Judá, era comisionado del rey para todos los asuntos del pueblo.
La
población judía en la provincia
11:25
En los pueblos de campaña vivía una parte de los hijos de Judá:
en Quiriat Arbá y sus poblados; en Dibón y sus poblados; en
Icabsel y sus alrededores;
11:26
en Iesuá, Moladá, Bet Pélet,
11:27
Jasar Sual, Berseba y sus poblados;
11:28
en Siclag, Mejoná y sus poblados;
11:29
en En Rimón, Soreá, Iarmut,
11:30
Zanóaj, Adulám y sus alrededores, en Laquis y su campaña;
en Azecá y sus poblados. Se establecieron desde Berseba hasta el valle
de Hinón.
11:31
Los hijos de Benjamín vivían en Gueba, Micmás, Aiá,
Betel y sus poblados;
11:32
en Anatot, Nob, Anaías,
11:33
Jasor, Ramá, Guitaim,
11:34
Jadid, Seboím, Nebalat,
11:35
Lod, Onó y el valle de los Artesanos.
11:36
Entre los levitas hubo grupos que fueron de Judá a Benjamín.
Otra
lista de sacerdotes y levitas
12:1
Estos son los sacerdotes y levitas que subieron con Zorobabel, hijo de Sealtiel,
y con Josué: Seraías, Jeremías, Esdras,
12:2
Amarías, Maluc, Jatús,
12:3
Secanías, Rejúm, Meremot,
12:4
Idó, Guinetón, Abías,
12:5
Miamín, Maadías, Bilgá,
12:6
Semaías, y también Ioiarib, Iedaías,
12:7
Salú, Amoc, Jilquías, Iedaías. Estos eran los jefes de
los sacerdotes y de sus hermanos, en tiempos de Josué.
12:8
Los levitas eran: Josué, Binuí, Cadmiel, Serebías, Judá
y Matanías, encargado este último con sus hermanos de los himnos
de alabanza.
12:9
Bacbuquías, Uní y sus hermanos los asistían en sus cargos.
Lista
genealógica de los sumos sacerdotes
12:10
Josué fue padre de Ioiaquím; Ioiaquím fue padre de Eliasib;
Eliasib fue padre de Ioiadá;
12:11
Ioiadá fue padre de Jonatán; Jonatán fue padre de Iadúa.
Sacerdotes
y levitas en la época del Sumo Sacerdote Ioiaquím
12:12
En la época de Ioiaquím, los jefes de las familias sacerdotales
eran: de la familia de Seraías: Meraías; de la de Jeremías:
Jananías;
12:13
de la de Esdras: Mesulám; de la de Amarías: Iejojanám;
12:14
de la de Melicú: Jonatán; de la de Sebanías: José;
12:15
de la de Jarím: Adná; de la de Meraiot: Jelcái;
12:16
de la de Idó: Zacarías;
12:17
de la de Adías: Zicrí; de la de Miamín...; de la de Maadías:
Piltái;
12:18
de la de Bilgá: Samuá; de la de Semaías: Jonatán;
12:19
además, de la de Ioiarib: Matenái; de la de Iedaías:
Uzí;
12:20
de la de Salái: Calái; de la de Amoc: Eber;
12:21
de la de Jilquías: Jasabías; de la de Iedaías: Netanel.
12:22
En la época de Eliasib, de Ioiadá, de Iojanán y de Iadúa,
los jefes de las familias sacerdotales fueron registrados hasta el reinado
de Darío, el persa.
12:23
Los jefes de familia de los hijos de Leví fueron registrados en el
libro de las Crónicas, hasta la época de Iojanán, hijo
de Eliasib.
12:24
Los jefes de los levitas eran Jasabías, Serebías, Josué,
Binuí, Cadmiel y sus hermanos, que los asistían alternándose
por grupos en la alabanza y en la acción de gracias, según la
orden de David, hombre de Dios.
12:25
Matanías, Bacbuquías, Abdías, Mesulám, Talmón
y Acub eran porteros y hacían guardia en los depósitos que estaban
junto a las puertas.
12:26
Todos estos vivían en tiempos de Ioiaquím, hijo de Josué,
hijo de Josadac, y en tiempos del gobernador Nehemías y del sacerdote
escriba Esdras.
Dedicación
de las murallas de Jerusalén
12:27
Cuando se dedicaron las murallas de Jerusalén, se fue a buscar a los
levitas de todos los sitios donde vivían para llevarlos a Jerusalén,
a fin de celebrar alegremente esa dedicación, con cantos de acción
de gracias y con música de címbalos, arpas y cítaras.
12:28
Los cantores, hijos de Leví, se reunieron de la región cercana
a Jerusalén, de los pueblos de los Netofatitas,
12:29
de Bet Guilgal, de los campos de Gueba y de Azmávet; porque los cantores
se habían construido pueblos alrededor de Jerusalén.
12:30
Los sacerdotes y los levitas se purificaron, y luego purificaron al pueblo,
las puertas y las murallas.
12:31
Yo mandé entonces a los jefes de Judá que subieran a las murallas
y organicé dos grandes coros. El primero avanzaba por encima de las
murallas hacia la derecha, en dirección de la puerta del Basural.
12:32
Detrás de este grupo iba Josaías y la mitad de los jefes de
Judá,
12:33
como así también Azarías, Esdras, Mesulám,
12:34
Judá, Miamín, Semaías y Jeremías,
12:35
elegidos entre los sacerdotes y provistos de trompetas. Después iban
Zacarías, hijo de Jonatán, hijo de Semaías, hijo de Matanías,
hijo de Micá, hijo de Zacur, hijo de Asaf,
12:36
con sus hermanos Semaías, Azarel, Milalai, Guilalai, Maai, Netanel,
Judá y Jananí, provistos de los instrumentos musicales de David,
hombre de Dios. Y el escriba Esdras iba al frente de todos ellos.
12:37
A la altura de la puerta de la Fuente, subieron derecho por las gradas de
la Ciudad de David, por la cuesta de la muralla, encima de la casa de David,
hasta la puerta del Agua, hacia el este.
12:38
El segundo coro avanzaba hacia la izquierda; yo iba detrás con la otra
mitad de los jefes del pueblo, por encima de la muralla, pasando por la torre
de los Hornos y hasta el muro Ancho,
12:39
y después por encima de la puerta de Efraím, la puerta de la
Vieja, la puerta de los Pescados, la torre de Jananel y la torre de los Cien,
hasta la puerta de las Ovejas, y nos detuvimos en la puerta de la Inspección.
12:40
Los dos coros se ubicaron en la Casa de Dios. Junto a mí estaban la
mitad de los magistrados
12:41
y los sacerdotes Eliaquím, Maaseías, Miniamín, Miqueas,
Elioenai, Zacarías y Jananías, provistos de trompetas,
12:42
y Maaseías, Semaías, Eleazar, Uzí, Iehojanán,
Malquías, Elám y Ezer. Los cantores entonaron su canto bajo
la dirección de Izrajías.
12:43
Aquel día, se ofrecieron grandes sacrificios y hubo mucha alegría,
porque Dios les había dado un gran motivo de gozo. También las
mujeres y los niños compartían la alegría, y el regocijo
de Jerusalén se oía desde lejos.
Las
contribuciones para los sacerdotes y levitas
12:44
En aquel tiempo, se nombró a los encargados de los depósitos
destinados a almacenar las contribuciones, las primicias y los diezmos, a
fin de guardar las porciones asignadas por la Ley a los sacerdotes y levitas,
las cuales provenían de los campos cercanos a las ciudades. Porque
la gente de Judá estaba contenta con los sacerdotes y levitas que ejercían
sus funciones.
12:45
Ellos, en efecto, aseguraban el culto de su Dios y los ritos de purificación
lo mismo que los cantores y porteros conforme a las órdenes de David
y de su hijo Salomón.
12:46
Porque desde tiempos antiguos, en los días de David, Asaf había
sido el jefe de los cantores y se entonaban cantos de alabanza y de acción
de gracias a Dios.
12:47
Todo Israel, en tiempos de Zorobabel y de Nehemías, daba día
tras día las porciones asignadas a los cantores y porteros. También
se daba a los levitas las ofrendas santas, y estos entregaban su parte a los
hijos de Aarón.
La
separación de los extranjeros
13:1
Aquel día, se leyó el libro de Moisés en presencia del
pueblo, y en él se encontró escrito: "El amonita y el moabita
no entrarán jamás en la asamblea de Dios,
13:2
porque no acogieron a los israelitas con pan y agua, sino que contrataron
contra ellos a Balaám para que los maldijera,
pero nuestro Dios cambió la maldición en bendición".
13:3
Cuando escucharon la Ley, separaron de Israel a todos los mestizos.
LA
SEGUNDA MISIÓN DE NEHEMÍAS
Las
reformas de Nehemías: Tobías expulsado del Templo
13:4
Antes de esto, Eliasib, el sacerdote encargado de las dependencias de la Casa
de nuestro Dios, un pariente de Tobías,
13:5
había acondicionado para este una habitación amplia, donde antes
se depositaban las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del trigo,
del vino nuevo y del aceite fresco, o sea, lo que estaba mandado para los
levitas, los cantores y los porteros, y lo reservado para los sacerdotes.
13:6
Mientras tanto, yo estaba ausente de Jerusalén, porque el trigésimo
segundo año de Artajerjes, rey de Babel, había ido a ver al
rey. Al cabo de un tiempo, con el permiso del rey,
13:7
volví a Jerusalén y me enteré de la mala acción
que había cometido Eliasib en beneficio de Tobías, al acondicionarle
una sala en el recinto de la Casa de Dios.
13:8
Esto me disgustó muchísimo, y arrojé fuera de su habitación
todo el mobiliario de la casa de Tobías.
13:9
Luego mandé purificar las habitaciones e hice poner de nuevo allí
los utensilios de la Casa de Dios, las ofrendas y el incienso.
Disposiciones
sobre el pago de los diezmos
13:10
Supe también que no se entregaban las porciones a los levitas,
y
que los levitas y cantores encargados del culto se habían refugiado
cada uno en su campo.
13:11
Entonces encaré a los magistrados y les dije: "¿Por qué
se ha descuidado la Casa de Dios?" Luego reuní a los levitas y
cantores y los restablecí en sus puestos.
13:12
Todo Judá trajo a los depósitos los diezmos
del
trigo, del vino nuevo y del aceite fresco;
13:13
y puse al frente de los depósitos al sacerdote Selemías, al
escriba Sadoc, y a Pedaías, uno de los levitas, y como ayudante, a
Janán, hijo de Zacur, hijo de Matanías, porque se los consideraba
personas de confianza. Ellos eran los encargados de distribuir las porciones
entre sus hermanos.
13:14
Por todo esto, ¡acuérdate de mí, Dios mío, y no
olvides las obras de piedad que realicé por la Casa de mi Dios y por
su culto!
Disposiciones
sobre la observancia del sábado
13:15
En aquellos días, vi gente en Judá que pisaba los lagares durante
el sábado. Otros acarreaban gavillas y también cargaban sobre
los asnos vino, uvas, higos y toda clase de cargas, para traerlos a Jerusalén
en día sábado.
Y yo los
reprendí, mientras vendían sus mercaderías.
13:16
Además, algunos tirios que se habían establecido en Jerusalén,
hacían entrar pescado y toda clase de mercancías para venderlas
durante el sábado a los judíos, en Jerusalén.
13:17
Yo encaré a los notables de Judá y les dije: "¡Ustedes
obran mal profanando el día sábado!
13:18
Eso mismo hicieron sus padres, y por eso nuestro Dios envió tantas
desgracias sobre nosotros y sobre esta ciudad. Al profanar el sábado,
ustedes aumentan la ira de Dios contra Israel".
13:19
Cuando las puertas de Jerusalén estaban en penumbra, antes del sábado,
mandé que las cerraran y ordené que no las reabrieran hasta
pasado el sábado. Además aposté a algunos de mis hombres
junto a las puertas, para que no entrara ninguna carga el día sábado.
13:20
Una o dos veces, los traficantes y vendedores de toda clase de mercancías
se instalaron fuera de Jerusalén.
13:21
Pero yo les advertí: "¿Por qué se instalan delante
de la muralla? Si lo vuelven a hacer, los haré detener". Desde
entonces, ya no volvieron más durante el sábado.
13:22
Luego ordené a los levitas que se purificaran y fueran a custodiar
las puertas, a fin de santificar el día sábado. También
por esto, ¡acuérdate de mí, Dios mío, y ten piedad
de mí, por tu gran fidelidad!
Prohibición
de los matrimonios con extranjeras
13:23
También vi en esos días que algunos judíos se habían
casado con mujeres asdoditas, amonitas y moabitas.
13:24
La mitad de sus hijos hablaban asdodeo u otras lenguas, pero ya no sabían
hablar la lengua de los judíos.
13:25
Yo los reprendí y los maldije, golpeé a algunos, les tiré
de los cabellos y los conjuré en nombre de Dios, diciéndoles:
"¡No entreguen sus hijas a los hijos de ellos, ni se casen con
sus hijas, ni ustedes, ni su hijos!"
13:26
¿No fue acaso por esto que pecó Salomón, rey de Israel?
Entre tantas naciones, no había otro rey semejante a él; era
amado por su Dios
y
Dios lo había hecho rey de todo Israel. Sin embargo, incluso a él,
lo hicieron pecar las mujeres extranjeras.
13:27
¿También de ustedes se oirá decir que cometen ese gran
crimen de traicionar a nuestro Dios, casándose con mujeres extranjeras?
Otras
disposiciones
13:28
Yo eché de mi lado a uno de los hijos de Ioiadá, hijo del Sumo
Sacerdote Eliasib, que era yerno de Sambalat,
el
joronita.
13:29
¡Acuérdate de esta gente, Dios mío, porque mancillaron
el sacerdocio y la alianza de los sacerdotes y de los levitas!
13:30
Yo los purifiqué de todo elemento extranjero. Establecí para
los sacerdotes y los levitas reglamentos que determinaban la tarea de cada
uno,
13:31
e hice lo mismo para la ofrenda de la leña, en los tiempos fijados,
y para las primicias. ¡Acuérdate de mí, Dios mío,
para mi bien!