TOBÍAS
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Introducción
1:1
Libro de los hechos de Tobit, hijo de Tobiel, hijo de Ananiel, hijo de Aduel,
hijo de Gabael, hijo de Rafael, hijo de Ragüel, de la descendencia de
Asiel, de la tribu de Neftalí.
1:2 En tiempos de Salmanasar, rey de Asiria,
Tobit fue deportado de Tisbé, que está al sur de Cades de Neftalí,
en la Alta Galilea, más arriba de Hasor, hacia el oeste, y al norte
de Sefet.
Presentación de Tobit
1:3 Yo, Tobit, seguí los caminos
de la verdad y de la justicia todos los días de mi vida. Hice muchas
limosnas a mis hermanos y a mis compatriotas deportados conmigo a Nínive,
en el país de los Asirios.
1:4 Cuando yo era joven y vivía
en mi país, en la tierra de Israel, toda la tribu de mi antepasado
Neftalí se había separado de la casa de David y de Jerusalén,
la ciudad elegida entre todas las tribus de Israel para ofrecer sacrificios,
donde se había edificado y consagrado para todas las generaciones futuras
el Templo en el que habita Dios.
1:5 Todos mis hermanos y la familia de
Neftalí, ofrecían sacrificios sobre todas las montañas
de Galilea al ternero que Jeroboám, rey de Israel, había hecho
en Dan.
1:6 Muchas veces yo era el único
que iba en peregrinación a Jerusalén, conforme a la prescripción
que obliga para siempre a todo Israel. Me apresuraba a llevar a Jerusalén
las primicias de los frutos y de los animales, el diezmo del ganado y las
primicias de la esquila de las ovejas.
1:7 Entregaba todo eso a los sacerdotes,
hijos de Aarón, para los sacrificios del altar. A los levitas que cumplían
sus funciones en Jerusalén, les entregaba el diezmo del vino y del
trigo, del olivo, de las granadas y de los otros frutos. Cambiaba por dinero
el segundo diezmo e iba a gastarlo cada año en Jerusalén.
1:8 El tercer diezmo lo daba a los huérfanos,
a las viudas y a los prosélitos que vivían con los israelitas:
lo repartía cada tres años, y lo comíamos, siguiendo
las prescripciones de la Ley de Moisés y las instrucciones de Débora,
madre de nuestro antepasado Ananiel, porque mi padre había muerto,
dejándome huérfano.
1:9 Cuando me hice hombre, me casé
con una mujer de la descendencia de nuestros padres que se llamaba Ana, y
de ella tuve un hijo, al que llamé Tobías.
Tobit
en el destierro
1:10 Después que me deportaron
a Asiria y fui llevado cautivo, llegué a Nínive. Todos mis hermanos
y mis compatriotas comían de los manjares de los paganos.
1:11 Pero yo me cuidaba muy bien de comer
esos manjares.
1:12 Y como me acordaba de mi Dios de
todo corazón,
1:13 el Altísimo me concedió
el favor de Salmanasar, y llegué a ser el encargado de sus compras.
1:14 Yo iba a Media y hacía las
compras, hasta que él murió. En una ocasión, dejé
en casa de Gabael, hermano de Gabrí, en el país de los Medos,
unas bolsas con diez talentos de plata.
1:15 Al morir Salmanasar, reinó
en lugar de él su hijo Senaquerib. Entonces se interrumpieron las comunicaciones
con Media, y ya no pude volver allí.
1:16 En tiempos de Salmanasar, yo hacía
muchas limosnas a mis compatriotas.
1:17 Daba mi pan a los hambrientos, vestía
a los que estaban desnudos y enterraba a mis compatriotas, cuando veía
que sus cadáveres eran arrojados por encima de las murallas de Nínive.
1:18 También enterré a los
que mandó matar Senaquerib cuando tuvo que huir de Judea, después
del castigo que le infligió el Rey del Cielo por todas las blasfemias
que había proferido. Lleno de cólera, Senaquerib mató
a muchos israelitas: yo ocultaba sus cuerpos para enterrarlos, y aunque él
los buscaba, no podía encontrarlos.
1:19 Un ninivita informó al rey
que era yo el que los enterraba clandestinamente. Cuando supe que el rey estaba
informado de eso y que me buscaba para matarme, tuve miedo y me escapé.
1:20 Todos mis bienes fueron embargados
y confiscados para el tesoro real: no me quedó nada, excepto mi esposa
Ana y mi hijo Tobías.
1:21 Pero antes de cuarenta días,
el rey fue asesinado por sus dos hijos, que luego huyeron a los montes de
Ararat. Su hijo Asaradón, reinó en lugar de él y confió
a Ajicar, hijo de mi hermano Anael, la contabilidad y la administración
general del reino.
1:22 Entonces Ajicar intercedió
por mí y pude volver a Nínive. Bajo el reinado de Senaquerib,
rey de Asiria, él había sido copero mayor, guardasellos, administrador
y contador, y Asaradón lo confirmó en esos cargos. Él
pertenecía a mi familia, era mi sobrino.
Las
buenas obras de Tobit
2:1 Durante el reinado de Asaradón
regresé a mi casa y me devolvieron a mi mujer Ana y a mi hijo Tobías.
En nuestra fiesta de Pentecostés, que es la santa fiesta de las siete
Semanas, me prepararon una buena comida y yo me dispuse a comer.
2:2 Cuando me encontré con la mesa
llena de manjares, le dije a mi hijo Tobías: "Hijo mío,
ve a buscar entre nuestros hermanos deportados en Nínive a algún
pobre que se acuerde de todo corazón del Señor, y tráelo
para que comparta mi comida. Yo esperaré hasta que tú vuelvas".
2:3 Tobías salió a buscar
a un pobre entre nuestros hermanos, pero regresó, diciéndome:
"¡Padre!". Yo le pregunté: "¿Qué
pasa, hijo?" Y él agregó: "Padre, uno de nuestro pueblo
ha sido asesinado: lo acaban de estrangular en la plaza del mercado, y su
cadáver está tirado allí".
2:4 Entonces me levanté rápidamente
y, sin probar la comida, fui a retirar el cadáver de la plaza, y lo
deposité en una habitación para enterrarlo al atardecer.
2:5 Al volver, me lavé y me puse
a comer muy apenado,
2:6 recordando las palabras del profeta
Amós contra Betel: "Sus fiestas se convertirán en duelo
y todos sus cantos en lamentaciones".
2:7 Y me puse a llorar. A la caída
del sol, cavé una fosa y enterré el cadáver.
2:8 Mis vecinos se burlaban de mí,
diciendo: "¡Todavía no ha escarmentado! Por este mismo motivo
ya lo buscaron para matarlo. ¡Apenas pudo escapar, y ahora vuelve a
enterrar a los muertos!".
La
ceguera de Tobit
2:9 Aquella misma noche, después
de bañarme, salí al patio y me acosté a dormir junto
a la pared, con la cara descubierta a causa del calor.
2:10 Yo no sabía que arriba, en
la pared, había unos gorriones; de pronto, su estiércol caliente
cayó sobre mis ojos, produciéndome unas manchas blancas. Me
hice atender por los médicos, pero cuantos más remedios me aplicaban,
menos veía a causa de las manchas, hasta que me quedé completamente
ciego. Así estuve cuatro años privado de la vista, y todos mis
parientes estaban afligidos. Ajicar me proveyó de lo necesario durante
dos años, hasta que partió para Elimaida.
2:11 Desde ese momento, mi esposa Ana
empezó a trabajar en labores femeninas: hilaba lana,
2:12 enviaba el tejido a sus clientes
y recibía el pago correspondiente. Una vez, el siete del mes de Distros,
terminó un tejido y lo entregó a sus clientes. Estos le pagaron
lo que correspondía y, además, le regalaron un cabrito para
comer.
2:13 Cuando entró en mi casa, el
cabrito comenzó a balar. Yo llamé a mi mujer y le pregunté:
"¿De dónde salió este cabrito? ¿No habrá
sido robado? Devuélvelo a sus dueños, porque no podemos comer
nada robado".
2:14 Ella me respondió: "¡Pero
si es un regalo que me han hecho, además del pago!" Yo no le creí
e insistía en que lo devolviera a sus dueños, llegando a enojarme
con ella por este asunto. Entonces ella me replicó: "¿Para
qué te sirvieron tus limosnas y tus obras de justicia? ¡Ahora
se ve bien claro!"
La
oración de Tobit
3:1 Con el alma llena de aflicción,
suspirando y llorando, comencé a orar y a lamentarme, diciendo:
3:2 "Tú eres justo, Señor,
y todas tus obras son justas.
Todos tus caminos son fidelidad y verdad,
y eres tú el que juzgas al mundo.
3:3 Y ahora, Señor, acuérdate
de mí y mírame;
no me castigues por mis pecados y mis errores,
ni por los que mis padres cometieron delante de ti.
3:4 Ellos desoyeron tus mandamientos
y tú nos entregaste al saqueo,
al cautiverio y a la muerte,
exponiéndonos a las burlas,
a las habladurías y al escarnio
de las naciones donde nos has dispersado.
3:5 Sí, todos tus juicios son verdaderos,
cuando me tratas así por mis pecados,
ya que no hemos cumplido tus mandamientos
ni hemos caminado en la verdad delante de ti.
3:6 Trátame ahora como mejor te
parezca:
retírame el aliento de vida,
para que yo desaparezca de la tierra y quede reducido a polvo.
Más me vale morir que vivir,
porque he escuchado reproches injustos
y estoy agobiado por la tristeza.
Líbrame, Señor, de tanta opresión,
déjame partir hacia la morada eterna
y no apartes de mí tu rostro, Señor.
Es preferible para mí la muerte,
antes que ver tanta opresión en mi vida
y seguir escuchando insultos".
Las
desgracias de Sara
3:7 Ese mismo día sucedió
que Sara, hija de Ragüel, que vivía en Ecbátana, en Media,
fue insultada por una de las esclavas de su padre.
3:8 Porque Sara se había casado
siete veces, pero el malvado demonio Asmodeo había matado a sus maridos,
uno después de otro, antes de que tuvieran relaciones con ella. La
esclava le dijo: "¡Eres tú la que matas a tus maridos! ¡Te
has casado con siete y ni uno solo te ha dado su nombre!
3:9 Que tus maridos hayan muerto no es
razón para que nos castigues. ¡Ve a reunirte con ellos y que
jamás veamos ni a un hijo ni a una hija tuyos!".
3:10 Aquel día, Sara se entristeció
mucho, se puso a llorar y subió a la habitación de su padre,
con la intención de ahorcarse. Pero luego pensó: "¿Y
si esto da motivo a que insulten a mi padre y le digan: 'Tú no tenías
más que una hija querida, y ella se ha ahorcado por sus desgracias'?
No quiero que por culpa mía mi anciano padre baje a la tumba lleno
de tristeza. Mejor será que no me ahorque, sino que pida al Señor
que me haga morir. Así no oiré más insultos en mi vida".
La
oración de Sara
3:11 Entonces, extendiendo los brazos
hacia la ventana, Sara oró de este modo:
"¡Bendito seas, Dios misericordioso,
y bendito sea tu Nombre para siempre!
¡Que todas tus obras te bendigan eternamente!
3:12 Ahora yo elevo mi rostro y mis ojos
hacia ti.
3:13 ¡Líbrame de esta tierra,
para que no oiga más insultos!
3:14 Tú sabes, Señor,
que yo he permanecido pura,
porque ningún hombre me ha tocado;
3:15 no he manchado mi nombre
ni el nombre de mi padre,
en el país de mi destierro.
Soy la única hija de mi padre;
él no tiene otro hijo que sea su heredero,
ni tiene hermanos ni pariente cercano
a quien darme como esposa.
Ya he perdido siete maridos,
¿por qué debo vivir todavía?
Si no quieres hacerme morir, Señor,
mírame y compadécete de mí,
para que no tenga que oír más insultos".
La
misión del ángel Rafael
3:16 A un mismo tiempo, fueron acogidas
favorablemente ante la gloria de Dios las plegarias de Tobit y de Sara,
3:17 y fue enviado Rafael para curar a
los dos: para quitar las manchas blancas de los ojos de Tobit, a fin de que
viera con ellos la luz de Dios, y para dar a Sara, hija de Ragüel, como
esposa a Tobías, hijo de Tobit, librándola del malvado demonio
Asmodeo. Porque Tobías tenía derecho a ser su esposo, antes
que todos los demás pretendientes. En aquel mismo momento, Tobit volvía
del patio al interior de su casa, y Sara, hija de Ragüel, bajaba de la
habitación alta.
Los
consejos de Tobit a su hijo
4:1 Aquel día, Tobit se acordó
del dinero que había dejado en depósito a Gabael, en Ragués
de Media,
4:2 y pensó: "Ya que he pedido
la muerte, haría bien en llamar a mi hijo Tobías para hablarle
de ese dinero antes de morir".
4:3 Entonces llamó a su hijo Tobías
y, cuando este se presentó, le dijo:
"Entiérrame dignamente. Honra a tu madre, y no la abandones ningún
día de su vida. Trata de complacerla y no la entristezcas.
4:4 Acuérdate, hijo mío,
de todos los peligros a que estuvo expuesta por tu causa, mientras te llevaba
en su seno. Y cuando muera, entiérrala junto a mí en la misma
tumba.
4:5 Acuérdate del Señor
todos los días de tu vida, hijo mío, y no peques deliberadamente
ni quebrantes sus mandamientos. Realiza obras de justicia todos los días
de tu vida y no sigas los caminos de la injusticia.
4:6 Porque si vives conforme a la verdad,
te irá bien en todas tus obras
4:7 como a todos los que practican la
justicia.
Da limosna de tus bienes y no lo hagas de mala gana. No apartes tu rostro
del pobre y el Señor no apartará su rostro de ti.
4:8 Da limosna según la medida
de tus posibilidades: si tienes poco, no temas dar de lo poco que tienes.
4:9 Así acumularás un buen
tesoro para el día de la necesidad.
4:10 Porque la limosna libra de la muerte
e impide caer en las tinieblas:
4:11 la limosna es, para todos los que
la hacen, una ofrenda valiosa a los ojos del Altísimo.
4:12 Cuídate, hijo mío,
de toda unión ilegítima y, sobre todo, elige una mujer del linaje
de tus padres. No tomes por esposa a una extranjera, que no pertenezca a la
tribu de tu padre, porque nosotros somos hijos de profetas. Acuérdate,
hijo mío, de Noé, de Abraham, de Isaac y de Jacob, nuestros
antiguos padres: ellos eligieron sus esposas entre las mujeres de sus parientes.
Por eso fueron bendecidos en sus hijos y su descendencia poseerá la
tierra en herencia.
4:13 Por lo tanto, hijo mío, prefiere
a tus hermanos; no te muestres orgulloso con los hijos y las hijas de tu pueblo,
rehusando tomar una esposa entre ellos. Porque el orgullo acarrea la ruina
y un gran desorden, y la ociosidad lleva a la decadencia y a la miseria; ella
es, en efecto, madre de la penuria.
4:14 No retengas hasta el día siguiente
el salario de un trabajador; retribúyele inmediatamente y, si sirves
a Dios, él te lo retribuirá. Hijo mío, vigila todas tus
acciones y muéstrate siempre bien educado.
4:15 No hagas a nadie lo que no te agrada
a ti. No bebas hasta embriagarte y que la embriaguez no te acompañe
en el camino.
4:16 Comparte tu pan con los que tienen
hambre y tus vestidos con los que están desnudos. Da limosna de todo
lo que te sobra y no lo hagas de mala gana.
4:17 Ofrece tu pan sobre la tumba de los
justos, pero no lo des a los pecadores.
4:18 Pide consejo a las personas sensatas
y no desprecies un buen consejo.
4:19 En cualquier circunstancia bendice
al Señor, tu Dios; pídele que dirija tus pasos y que todos tus
caminos y todos tus proyectos lleguen a feliz término. Porque ningún
pueblo posee la sabiduría, sino que es el Señor el que da todos
los bienes: él humilla a quien quiere, hasta lo más profundo
del Abismo. Hijo mío, acuérdate de estos preceptos, y que nunca
se borren de tu corazón.
4:20 Y ahora, quiero hacerte saber que
yo dejé en depósito a Gabael, hijo de Gabrí, en Ragués
de Media, diez talentos de plata.
4:21 No te preocupes de que nos hayamos
empobrecido. Tú tienes una riqueza muy grande si temes a Dios, si evitas
cualquier pecado y si haces lo que agrada al Señor, tu Dios".
Los
preparativos para el viaje de Tobías
5:1 Entonces Tobías respondió
a su padre Tobit: "Yo haré, padre, todo lo que me has ordenado.
5:2 Pero ¿cómo podré
recuperar ese dinero que tiene Gabael? Él no me conoce a mí
ni yo a él. ¿Qué señal le daré para que
me reconozca, me crea y me entregue el dinero? Además, no sé
qué camino hay que tomar para ir a Media".
5:3 Tobit le dijo: "Él me
dio un recibo y yo le di otro; lo dividí en dos partes, cada uno tomó
la suya y yo puse mi parte con el dinero. Ya hace veinte años que deposité
esa suma. Ahora, hijo mío, busca una persona de confianza para que
te acompañe; le pagaremos un sueldo hasta que vuelvas. Ve entonces
a recuperar ese dinero".
El
encuentro de Tobías con el ángel Rafael
5:4 Tobías salió a buscar
un buen guía, que conociera el camino para ir con él a Media.
Afuera encontró al ángel Rafael, que estaba de pie frente a
él y, sin sospechar que era un ángel de Dios,
5:5 le preguntó: "¿De
dónde eres, amigo?" El ángel le respondió: "Soy
uno de tus hermanos israelitas, y he venido a buscar trabajo por aquí".
Tobías le dijo: "¿Conoces el camino para ir a Media?"
5:6 "¡Por supuesto!, le respondió
el ángel. He estado allí muchas veces y conozco todos los caminos
de memoria. He ido frecuentemente a Media y me he alojado en casa de Gabael,
uno de nuestros hermanos, que vive en Ragués de Media. Hay dos días
de camino desde Ecbátana hasta Ragués, porque Ragués
está situada en la montaña y Ecbátana en medio de la
llanura".
5:7 Tobías le dijo: "Espérame,
amigo, mientras voy a avisar a mi padre, porque necesito que vengas conmigo.
Yo te pagaré tu sueldo".
5:8 El ángel le respondió:
"Te espero aquí, pero no tardes".
5:9 Tobías entró a avisar
a su padre que había encontrado a uno de sus hermanos israelitas. Y
Tobit le dijo: "Preséntamelo, para que yo sepa a qué familia
y a qué tribu pertenece. Quiero saber si se puede confiar en él
para que te acompañe". Tobías salió a llamarlo y
le dijo: "Amigo, mi padre te llama".
El
diálogo de Tobit con el ángel
5:10 El ángel entró en la
casa, Tobit lo saludó primero y aquel le respondió: "Mis
parabienes, hermano". Pero Tobit le dijo: "¿Qué alegría
puedo tener? Estoy ciego, no veo más la luz del sol y me encuentro
sumergido en la oscuridad, como los muertos que ya no contemplan la luz. Estoy
enterrado en vida; oigo la voz de los hombres, pero no los veo". El ángel
le dijo: "¡Ánimo! Dios te curará pronto". Tobit
añadió: "Mi hijo Tobías desea ir a Media. ¿Podrías
tú acompañarlo como guía? Yo te pagaré un sueldo,
hermano". El ángel le respondió: "Estoy dispuesto
a acompañarlo. Conozco todos los caminos; he ido varias veces a Media,
he atravesado todas sus llanuras y conozco muy bien los senderos de sus montañas".
5:11 Tobit le preguntó: "¿Quieres
decirme, hermano, de qué familia y de qué tribu eres?"
5:12 "¿Qué importa
mi tribu?", le dijo el ángel. Tobit insistió: "Quiero
saber con seguridad de quién eres hijo y cómo te llamas".
5:13 El ángel le respondió:
"Yo soy Azarías, hijo de Ananías el Grande, uno de tus
hermanos".
5:14 Tobit le dijo: "¡Bienvenido,
hermano, y salud! No tomes a mal que haya querido conocer la verdad acerca
de tu familia. Por lo visto, eres un hermano de respetable y noble origen.
Conozco a Ananías y a Natán, los dos hijos de Semeías
el Grande. Ellos me acompañaban a Jerusalén; allí adoraban
junto conmigo, y nunca se apartaron del buen camino. Tus hermanos son hombres
de bien y tú eres de buena estirpe. ¡Sé bienvenido!"
5:15 Luego siguió diciendo: "Te
pagaré como sueldo una dracma diaria, y tendrás todo lo que
necesites, lo mismo que mi hijo.
5:16 Acompáñalo, y yo te
daré un sobresueldo". El ángel respondió: "Sí,
iré con él, no tengas miedo. Volveremos tan bien como hemos
salido, porque el camino es seguro".
5:17 Tobit exclamó: "¡Bendito
seas, hermano!" Después llamó a su hijo y le dijo: "Hijo
mío, prepara lo necesario para el viaje y parte con tu hermano. El
Dios que está en el cielo los proteja y los haga volver a mi lado sanos
y salvos. ¡Que su ángel los acompañe con su protección,
hijo mío!"
La
partida de Tobías
Tobías salió para ponerse en camino, y abrazó a su padre
y a su madre. Tobit le dijo: "¡Buen viaje!"
5:18 Su madre se puso a llorar y dijo
a Tobit: "¿Por qué has hecho partir a mi hijo? ¿Acaso
no es el bastón de nuestra mano, el que guía nuestros pasos?
5:19 ¿Para qué acumular
más dinero? No importa nada comparado con nuestro hijo.
5:20 Con lo que el Señor nos daba
para vivir ya teníamos bastante".
5:21 Tobit le respondió: "¡No
pienses eso! Nuestro hijo se va muy bien y volverá junto a nosotros
con toda felicidad; tus propios ojos verán el día en que regresará
sano y salvo. No te preocupes ni temas por ellos, hermana.
5:22 Un ángel bueno lo acompañará,
él hará un buen viaje y volverá sano". Y ella dejó
de llorar.
El
pez del río Tigris
6:1 El joven partió con el ángel,
y el perro los seguía. Caminaron los dos y, al llegar la primera noche,
acamparon a orillas del río Tigris.
6:2 El joven bajó a lavarse los
pies en el río, y de pronto saltó del agua un gran pez que intentó
devorarle el pie. El joven gritó,
6:3 pero el ángel le dijo: "¡Agárralo
y no lo dejes escapar!". Entonces él se apoderó del pez
y lo sacó a tierra.
6:4 El ángel le dijo: "Ábrelo,
sácale la hiel, el corazón y el hígado, y colócalos
aparte; luego tira las entrañas. Porque la hiel, el corazón
y el hígado son útiles como remedios".
6:5 El joven abrió el pez, y le
sacó la hiel, el corazón y el hígado. Asó una
parte del pez y la comió, y guardó la otra parte después
de haberla salado.
6:6 Luego los dos juntos continuaron su
camino hasta llegar cerca de Media.
6:7 Entre tanto, el joven preguntó
al ángel: "Hermano Azarías, ¿qué clase de
remedio hay en el corazón, en el hígado y en la hiel del pez?"
6:8 El ángel le respondió:
"Si se quema el corazón o el hígado del pez delante de
un hombre o de una mujer atacados por un demonio o espíritu maligno,
cesan los ataques y desaparecen para siempre.
6:9 En cuanto a la hiel, sirve para ungir
los ojos afectados de manchas blancas: basta con soplar sobre esas manchas
para que se curen".
La
propuesta de matrimonio con la hija de Ragüel
6:10 Cuando entraron en Media y ya se
acercaban a Ecbátana,
6:11 Rafael dijo al joven: "¡Hermano
Tobías!" Este le preguntó: "¿Qué quieres?"
El ángel continuó: "Es necesario que pasemos esta noche
en casa de Ragüel; él es pariente tuyo y tiene una hija que se
llama Sara.
6:12 Ella es su única hija. Por
ser tú el pariente más cercano, tienes más derecho sobre
ella que todos los demás, y es justo que recibas la herencia de su
padre. Es una joven seria, decidida y muy hermosa, y su padre es una persona
honrada".
6:13 Y añadió: "Tú
tienes el derecho de casarte con ella. Escúchame, hermano: esta misma
noche, yo hablaré de ella a su padre para que él la haga tu
prometida; y cuando volvamos de Ragués, celebraremos la boda. Yo sé
que Ragüel no podría negártela ni comprometerla con otro,
sin hacerse reo de muerte, conforme a lo prescrito en el Libro de Moisés.
Él sabe, en efecto, que a ti te corresponde tomar por esposa a su hija
antes que cualquier otro. Por eso, óyeme bien, hermano: esta noche,
hablaremos de la joven y la pediremos en matrimonio. Cuando volvamos de Ragués,
la tomaremos y la llevaremos con nosotros a tu casa".
El
temor de Tobías y las recomendaciones del ángel
6:14 Tobías dijo a Rafael: "Hermano
Azarías, he oído decir que ella se ha casado siete veces, y
que todos sus maridos han muerto la noche misma de la boda, apenas se acercaban
a ella. También he oído decir que es un demonio el que los mataba.
6:15 Yo tengo miedo, ya que a ella no
le hace ningún mal, porque la ama, pero mata a todo el que intenta
tener relaciones con ella. Yo soy hijo único, y si muero, mi padre
y mi madre bajarán a la tumba llenos de dolor por mi causa. Y ellos
no tienen otro hijo que les dé sepultura".
6:16 El ángel le dijo: "¿No
recuerdas que tu padre te recomendó casarte con una mujer de tu familia?
Escúchame bien, hermano. No te preocupes de ese demonio y cásate
con ella. Estoy seguro de que esta noche te la darán por esposa.
6:17 Pero eso sí, cuando entres
en la habitación, toma una parte del hígado y del corazón
del pez, y colócalos sobre el brasero de los perfumes. Entonces se
extenderá el olor, y cuando el demonio lo huela, huirá y nunca
más aparecerá a su lado.
6:18 Antes de tener relaciones con ella,
levántense primero los dos para orar y supliquen al Señor del
cielo que tenga misericordia de ustedes y los salve. No tengas miedo, porque
ella está destinada para ti desde siempre y eres tú el que debe
salvarla. Ella te seguirá, y yo presiento que te dará hijos
que serán para ti como hermanos. No te preocupes".
6:19 Cuando Tobías oyó decir
esto a Rafael y supo que Sara era hermana suya, de la misma descendencia que
la familia de su padre, la amó intensamente y se enamoró de
ella.
El
recibimiento en la casa de Ragüel
7:1 Cuando llegaron a Ecbátana,
Tobías dijo: "Hermano Azarías, llévame directamente
a la casa de nuestro hermano Ragüel". El ángel lo llevó
y encontraron a Ragüel sentado a la puerta del patio. Ellos lo saludaron
primero, y él les respondió: "¡Salud, hermanos, sean
bienvenidos!" Y los hizo pasar a su casa.
7:2 Luego dijo a su mujer Edna: "¡Cómo
se parece este joven a mi hermano Tobit!"
7:3 Edna les preguntó: "¿De
dónde son, hermanos?". Ellos les respondieron: "Somos de
los hijos de Neftalí deportados a Nínive".
7:4 "¿Conocen ustedes a nuestro
hermano Tobit?", les dijo ella. "Sí, lo conocemos",
le respondieron. Ella les preguntó: "¿Cómo está?"
7:5 "Vive todavía y está
bien", le dijeron. Y Tobías agregó: "Es mi padre".
7:6 Ragüel se levantó de un
salto, lo besó y lloró.
7:7 Después le dijo: "¡Bendito
seas, hijo mío! Tienes un padre excelente. Es una gran desgracia que
un hombre tan justo y generoso se haya quedado ciego". Y echándose
al cuello de su hermano Tobías, se puso a llorar.
7:8 También lloró su mujer
Edna y su hija Sara.
7:9 Luego mataron un cordero del rebaño
y los recibieron cordialmente.
La
promesa de Ragüel a Tobías
Después de lavarse y bañarse, se pusieron a comer. Entonces
Tobías dijo a Rafael: "Hermano Azarías, dile a Ragüel
que me dé por esposa a mi hermana Sara".
7:10 Ragüel lo oyó y dijo
al joven: "Come y bebe, y disfruta de esta noche, porque nadie tiene
más derecho que tú, hermano, a casarse con mi hija Sara. Ni
siquiera yo puedo dársela a otro, ya que tú eres mi pariente
más cercano. Pero ahora, hijo mío, te voy a hablar con toda
franqueza.
7:11 Ya se la he dado a siete de nuestros
hermanos, y todos murieron la primera noche que iban a tener relaciones con
ella. Por el momento, hijo mío, come y bebe; el Señor intervendrá
en favor de ustedes".
7:12 Pero Tobías le replicó:
"No comeré ni beberé hasta que hayas tomado una decisión
sobre este asunto". Ragüel le respondió: "¡Está
bien! Ella te corresponde a ti según lo prescrito en la Ley de Moisés,
y el Cielo decreta que te sea dada. Recibe a tu hermana. Desde ahora, tú
eres su hermano y ella es tu hermana. A partir de hoy, es tuya para siempre.
Que el Señor los asista esta noche, hijo mío, y les conceda
su misericordia y su paz".
El
matrimonio de Tobías y Sara
7:13 Ragüel hizo venir a su hija
Sara. Cuando ella llegó, la tomó de la mano y se la entregó
a Tobías, diciendo: "Recíbela conforme a la Ley y a lo
que está prescrito en el Libro de Moisés, que mandan dártela
por esposa. Tómala y llévala sana y salva a la casa de tu padre.
¡Que el Dios del cielo los conduzca en paz por el buen camino!"
7:14 Después llamó a la
madre y le pidió que trajera una hoja de papiro. En ella redactó
el contrato matrimonial, por el que entregaba a su hija como esposa de Tobías,
conforme a lo prescrito en la Ley de Moisés. Después empezaron
a comer y a beber.
7:15 Ragüel llamó a su esposa
Edna y le dijo: "Hermana, prepara la otra habitación, y llévala
allí a Sara". 16 Ella fue a preparar la habitación, como
se lo había dicho su esposo, llevó allí a Sara y se puso
a llorar. Luego enjugó sus lágrimas y le dijo: "¡Ánimo,
hija mía! ¡Que el Señor del cielo cambie tu pena en alegría!"
Y salió.