JUDIT
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6:1
Cuando se apaciguó el tumulto de los que rodeaban al Consejo, Holofernes,
general en jefe de las fuerzas asirias, increpó a Ajior en presencia
de la multitud de extranjeros y de todos los moabitas, diciéndole:
6:2 "¿Quién eres tú,
Ajior, y ustedes, vendidos a Efraím, para que vengan a profetizar entre
nosotros como lo has hecho hoy? ¿Por qué quieres disuadirnos
de hacer la guerra a la estirpe de Israel, pretextando que su Dios los protege?
¿Acaso hay otro dios fuera de Nabucodonosor? Él enviará
su fuerza y los exterminará de la superficie de la tierra sin que su
Dios pueda librarlos.
6:3 Nosotros, sus servidores, los aplastaremos
como a un solo hombre, y no podrán resistir el empuje de nuestra caballería.
6:4 Los pasaremos a sangre y fuego; sus
montañas quedarán empapadas con su sangre y sus llanuras se
llenarán con sus cadáveres. No lograrán resistir ante
nosotros, sino que serán completamente aniquilados, dice el rey Nabucodonosor,
dueño de toda la tierra. Porque él ha hablado y sus palabras
no caerán en el vacío.
6:5 Y tú, Ajior, mercenario amonita,
que has pronunciado estas palabras en un momento de desvarío, no verás
más mi rostro hasta que me haya vengado de esa raza escapada de Egipto.
6:6 Entonces serás atravesado por
la espada de mi ejército y por la lanza de mis guerreros, y caerás
entre sus heridos cuando yo vuelva del combate.
6:7 Mis servidores te llevarán
a la montaña y te dejarán en una de las ciudades de los desfiladeros,
6:8 porque no morirás hasta que
seas exterminado con esa gente.
6:9 Y si abrigas la secreta esperanza
de que no serán capturados, ¡no agaches la cabeza! Yo lo he dicho,
y ninguna de mis palabras dejará de cumplirse".
La
entrega de Ajior a los israelitas
6:10 Luego Holofernes ordenó a
los servidores que estaban en su tienda de campaña que tomaran a Ajior,
lo llevaran a Betulia y lo entregaran a los israelitas.
6:11 Ellos lo condujeron a la llanura,
fuera del campamento, y después de atravesar la llanura en dirección
a la montaña, llegaron junto a las fuentes que están debajo
de Betulia.
6:12 Apenas los divisaron los hombres
de la ciudad que estaban en la cumbre de la montaña, empuñaron
sus armas y salieron fuera de la ciudad, mientras los honderos arrojaban piedras
para impedirles el acceso.
6:13 Ellos, deslizándose por la
ladera de la montaña, ataron a Ajior y lo dejaron tendido al pie de
la misma. Luego volvieron a presentarse ante su señor.
La
recepción de Ajior en Betulia
6:14 En seguida los israelitas bajaron
de su ciudad, se acercaron a él y lo desataron. Luego lo condujeron
a Betulia y lo presentaron a los jefes de la ciudad,
6:15 que en aquellos días eran
Ozías, hijo de Miqueas, de la tribu de Simeón, Cabris, hijo
de Gotoniel, y Carmis, hijo de Melquiel.
6:16 Ellos convocaron a todos los ancianos
de la ciudad, y también concurrieron a la asamblea los jóvenes
y las mujeres. Pusieron a Ajior en medio de todo el pueblo y Ozías
lo interrogó acerca de lo sucedido.
6:17 Él les refirió las
deliberaciones del Consejo de Holofernes, lo que él mismo había
dicho ante los jefes asirios, y las orgullosas amenazas de Holofernes contra
el pueblo de Israel.
6:18 Todo el pueblo, postrándose,
adoró a Dios y exclamó:
6:19 "¡Señor, Dios del
cielo!, mira su arrogancia y compadécete de la humillación de
nuestra raza: vuelve en este día tu mirada a los que te están
consagrados".
6:20 Luego tranquilizaron a Ajior y lo
felicitaron efusivamente.
6:21 Al terminar la asamblea, Ozías
lo llevó a su casa y ofreció un banquete a los ancianos. Y durante
toda aquella noche, imploraron la ayuda del Dios de Israel.
El
sitio de Betulia
7:1 Al día siguiente, Holofernes
ordenó a todo su ejército y a toda la tropa de auxiliares que
se habían unido a él, que emprendieran la marcha hacia Betulia,
que ocuparan los desfiladeros de la montaña y atacaran a los israelitas.
7:2 Y aquel mismo día, todos sus
guerreros levantaron el campamento. Su ejército se componía
de ciento setenta mil soldados de infantería, y de doce mil jinetes,
sin contar los encargados del equipaje y los hombres de a pie que los acompañaban:
era un inmensa multitud.
7:3 Acamparon en el valle cercano a Betulia,
junto a la fuente, y se desplegaron a lo ancho, desde Dotaim hasta Belbaim,
y a lo largo, desde Betulia hasta Ciamón, que está frente a
Esdrelón.
7:4 Al ver aquella multitud, los israelitas
quedaron despavoridos y se decían unos a otros: "Estos van a arrasar
ahora toda la superficie de la tierra: ni las más altas montañas,
ni los barrancos, ni las colinas podrán soportar su peso".
7:5 Entonces cada uno empuñó
sus armas de guerra y montaron guardia toda aquella noche, encendiendo fogatas
sobre las torres.
7:6 Al segundo día, Holofernes
exhibió toda su caballería delante de los israelitas que estaban
en Betulia;
7:7 luego examinó los accesos de
la ciudad; inspeccionó los manantiales y se apoderó de ellos,
colocando allí puestos de guardia. Después volvió a reunirse
con sus tropas.
El
consejo de los aliados de Holofernes
7:8 Vinieron entonces a su encuentro los
príncipes de los hijos de Esaú, todos los jefes del pueblo de
Moab y los oficiales del litoral, y le dijeron:
7:9 "Si nuestro señor se digna
escuchar un consejo, no habrá bajas en su ejército.
7:10 Este pueblo de los israelitas no
confía en sus lanzas, sino en las alturas de las montañas donde
habitan, porque no es fácil escalar las cimas de sus montañas.
7:11 Por eso, señor, no entres
en combate con ellos y no caerá ni uno solo de tu pueblo.
7:12 Quédate en tu campamento y
reserva a todos los hombres de tu ejército; basta con que tus servidores
se apoderen de la fuente que brota al pie de la montaña,
7:13 porque de ella sacan el agua todos
los habitantes de Betulia; así, devorados por la sed, tendrán
que entregar la ciudad. Mientras tanto, nosotros y nuestra gente escalaremos
las cimas de las montañas vecinas y acamparemos allí, para impedir
que alguien salga de la ciudad.
7:14 El hambre los consumirá a
ellos, a sus mujeres y a sus niños, y antes que los alcance la espada
caerán tendidos en las calles de la ciudad.
7:15 Así les harás pagar
bien caro su rebeldía y el haberse rehusado a salir pacíficamente
a tu encuentro".
7:16 La propuesta satisfizo a Holofernes
y a todos sus oficiales, y él decidió proceder de esa manera.
7:17 Un destacamento de amonitas partió
acompañado de cinco mil asirios. Ellos acamparon en el valle, y se
apoderaron de los depósitos de agua y de los manantiales de los israelitas.
7:18 Entre tanto, los edomitas y los amonitas
subieron para acampar en la colina situada frente a Dotaim y enviaron a algunos
de ellos hacia el sur y hacia el este, frente a Egrebel, que está cerca
de Cus, a orillas del torrente Mocmur. El resto del ejército asirio
tomó posiciones en la llanura, cubriendo toda la superficie de la región.
Sus tiendas de campaña y sus equipajes formaban un inmenso campamento,
porque era una enorme multitud.
Consternación
de los israelitas
7:19 Al verse rodeados por todos sus enemigos,
los israelitas invocaron al Señor, su Dios, porque se sentían
anonadados y sin posibilidad de romper el cerco.
7:20 Todo el ejército asirio los
soldados, los carros de guerra y los jinetes mantuvieron el cerco durante
treinta y cuatro días. A todos los habitantes de Betulia se les agotaron
las reservas de agua
7:21 y las cisternas comenzaron a secarse,
de manera que nadie podía beber lo indispensable para cada día
porque el agua se les distribuía racionada.
7:22 Los niños languidecían,
y las mujeres y los jóvenes desfallecían de sed y caían
exhaustos en las plazas de la ciudad y en los umbrales de las puertas.
La
protesta del pueblo
7:23 Todo el pueblo, los jóvenes,
las mujeres y los niños se amotinaron contra Ozías y contra
los jefes de la ciudad, y clamaban a gritos, diciendo a los ancianos:
7:24 "Que Dios sea el juez entre
nosotros y ustedes, por la gran injusticia que cometen contra nosotros al
no entrar en negociaciones de paz con los asirios.
7:25 Ya no hay nadie que pueda auxiliarnos,
porque Dios nos ha puesto en manos de esa gente para que desfallezcamos de
sed ante sus ojos y seamos totalmente destruidos.
7:26 Llámenlos ahora mismo y entreguen
la ciudad como botín a Holofernes y a todo su ejército,
v27 porque es preferible que seamos sus prisioneros: así seremos esclavos,
pero salvaremos nuestra vida y no tendremos que contemplar con nuestros propios
ojos la muerte de nuestros pequeños, y no veremos a nuestras mujeres
y a nuestros hijos exhalar el último suspiro.
7:28 Los conjuramos por el cielo y por
la tierra, y también por nuestro Dios y Señor de nuestros padres,
que nos castiga por nuestros pecados y por las transgresiones de nuestros
antepasados; hagan hoy mismo lo que les decimos".
7:29 Y toda la asamblea prorrumpió
en un amargo llanto, implorando a grandes voces al Señor Dios.
La
intervención de Ozías
7:30 Pero Ozías les dijo: "Ánimo,
hermanos, resistamos cinco días más. En el transcurso de ellos,
el Señor, nuestro Dios, volverá a tener misericordia de nosotros,
porque no nos abandonará hasta el fin.
7:31 Si transcurridos estos días,
no nos llega ningún auxilio, entonces obraré como ustedes dicen".
7:32 Luego disolvió a la multitud
para que cada uno regresara a su puesto: los hombres se dirigieron a los muros
y a las torres de la ciudad, pero a las mujeres y a los niños los envió
a sus casas. Mientras tanto, la ciudad quedó sumida en una profunda
consternación.
Presentación
de Judit
8:1 En aquellos días llegó
todo esto a oídos de Judit, hija de Merarí, hijo de Ox, hijo
de José, hijo de Oziel, hijo de Helcías, hijo de Ananías,
hijo de Gedeón, hijo de Rafaín, hijo de Ajitob, hijo de Elías,
hijo de Jilquías, hijo de Eliab, hijo de Natanael, hijo de Salamiel,
hijo de Sarasadai, hijo de Israel.
8:2 Su esposo Manasés, que era
de su misma tribu y de su misma familia, había muerto durante la cosecha
de la cebada:
8:3 mientras vigilaba a los que ataban
las gavillas en el campo, tuvo una insolación que lo postró
en cama, y murió en Betulia, su ciudad. Allí fue sepultado con
sus padres, en el campo que está situado entre Dotaim y Belamón.
8:4 Judit había permanecido viuda
en su casa durante tres años y cuatro meses.
8:5 Sobre la terraza de su casa se había
hecho levantar una carpa; llevaba un sayal sobre su cuerpo y vestía
ropas de luto.
8:6 Ayunaba todos los días, excepto
los sábados, los novilunios y los días de fiesta y de regocijo
del pueblo de Israel.
8:7 Era muy hermosa y de aspecto sumamente
agradable. Su esposo Manasés le había dejado oro y plata, servidores
y servidoras, ganados y campos, y ella había quedado como dueña
de todo.
8:8 Nadie podía reprocharle nada,
porque era muy temerosa de Dios.
Exhortación de Judit a los jefes del pueblo
8:9 Judit se enteró de las amargas
quejas que el pueblo, descorazonado por la falta de agua, había dirigido
al jefe de la ciudad. También se enteró de la respuesta que
les había dado Ozías, cuando juró entregar la ciudad
a los asirios en el término de cinco días.
8:10 Envió entonces a la servidora
que estaba al frente de todos sus bienes, para que llamara a Cabris y Carmis,
ancianos de la ciudad.
8:11 Estos se presentaron, y ella les
dijo: "Escúchenme, por favor, jefes de la población de
Betulia. Ustedes se equivocaron hoy ante el pueblo, al jurar solemnemente
que entregarían la ciudad a nuestros enemigos, si el Señor no
viene a ayudarnos en el término fijado.
8:12 Al fin de cuentas, ¿quiénes
son ustedes para tentar así a Dios y usurpar su lugar entre los hombres?
8:13 ¡Ahora ustedes ponen a prueba
al Señor todopoderoso, pero esto significa que nunca entenderán
nada!
8:14 Si ustedes son incapaces de escrutar
las profundidades del corazón del hombre y de penetrar los razonamientos
de su mente, ¿cómo pretenden sondear a Dios, que ha hecho todas
estas cosas, y conocer su pensamiento o comprender sus designios? No, hermanos;
cuídense de provocar la ira del Señor, nuestro Dios.
8:15 Porque si él no quiere venir
a ayudarnos en el término de cinco días, tiene poder para protegernos
cuando él quiera o para destruirnos ante nuestros enemigos.
8:16 No exijan entonces garantías
a los designios del Señor, nuestro Dios, porque Dios no cede a las
amenazas como un hombre ni se le impone nada como a un mortal.
8:17 Por lo tanto, invoquemos su ayuda,
esperando pacientemente su salvación, y él nos escuchará
si esa es su voluntad.
8:18 Porque no hay nadie en nuestro tiempo,
ni hay entre nosotros, en el día de hoy, tribu, ni familia, ni comarca,
ni ciudad que adore dioses fabricados por mano de hombre, como sucedía
en los tiempos pasados.
8:19 A causa de eso, nuestros padres fueron
entregados a la espada y a la depredación, y sucumbieron miserablemente
delante de nuestros enemigos.
8:20 Nosotros, en cambio, no reconocemos
otro Dios fuera de él; por eso esperamos que no nos despreciará,
ni a nosotros ni a ninguno de nuestra raza.
8:21 Si nosotros nos rendimos, caerá
toda la Judea y nuestro Santuario será saqueado. Entonces tendremos
que responder con nuestra propia sangre por esa profanación.
8:22 Además, el Señor hará
recaer sobre nuestra cabeza, en medio de las naciones donde estaremos cautivos,
la matanza de nuestros hermanos, la deportación de la gente del país
y la devastación de nuestra herencia; y seremos objeto de burla y escarnio
por parte de nuestros conquistadores.
8:23 Porque nuestra esclavitud no nos
hará ganar la benevolencia de los vencedores, sino que el Señor,
nuestro Dios, la convertirá en deshonra.
8:24 Por eso, hermanos, demos un buen
ejemplo a nuestros hermanos, ya que su vida depende de nosotros, y lo más
sagrado que tenemos, el Templo y el altar, también dependen de nosotros.
8:25 Más aún, demos gracias
al Señor, nuestro Dios, que nos somete a prueba, lo mismo que a nuestros
padres.
8:26 Recuerden todo lo que hizo con Abraham
y en qué forma probó a Isaac, y todo lo que le sucedió
a Jacob en Mesopotamia de Siria, cuando apacentaba las ovejas de Labán,
hermano de su madre:
8:27 así como a ellos los purificó
para probar sus corazones, de la misma manera, nosotros no somos castigados
por él, sino que el Señor golpea a los que están cerca
de él, para que eso les sirva de advertencia".
La
respuesta de Ozías a Judit
8:28 Ozías le respondió:
"En todo lo que has dicho te has expresado con sensatez y nadie puede
contradecir tus palabras.
8:29 No es esta la primera vez que se
manifiesta tu sabiduría: desde que eras joven, todo el pueblo conoce
tu inteligencia y la bondad de tu corazón.
8:30 Pero ahora el pueblo está
consumido por la sed y nos ha obligado a ejecutar lo que le hemos propuesto
y a comprometernos con un juramento que no nos es lícito violar.
8:31 Tú, que eres una mujer piadosa,
ruega por nosotros para que el Señor envíe la lluvia que llenará
nuestras cisternas, y así no quedaremos exhaustos".
El
plan de Judit
8:32 Judit les respondió: "Escúchenme,
porque voy a hacer algo que se transmitirá de generación en
generación a los hijos de nuestra estirpe.
8:33 Esta noche, ustedes se ubicarán
ante la Puerta de la ciudad. Yo saldré con mi servidora, y antes del
plazo fijado para entregar la ciudad a nuestros enemigos, el Señor,
por mi intermedio, visitará a Israel.
8:34 No traten de averiguar lo que voy
a hacer, porque no les diré nada hasta haber ejecutado mi proyecto".
8:35 Ozías y los jefes le dijeron:
"Vete en paz, y que el Señor Dios vaya delante de ti para escarmiento
de nuestros enemigos".
8:36 Luego salieron de la carpa y regresaron
a sus puestos.
La
oración de Judit
9:1 Entonces Judit se postró en
tierra, esparció ceniza sobre su cabeza, puso al descubierto el sayal
con que estaba ceñida e imploró al Señor en alta voz.
Era la hora en que se ofrecía en Jerusalén, en el Templo de
Dios, el incienso de la tarde. Judit dijo:
9:2 "¡Señor, Dios de
mi padre Simeón!
Tú pusiste en sus manos
una espada vengadora contra aquellos extranjeros
que arrancaron el velo de una virgen para violarla,
desnudaron su cuerpo para avergonzarla
y profanaron su seno para deshonrarla.
Aunque tú habías dicho: 'Eso no se hará',
ellos, sin embargo, lo hicieron.
9:3 Por eso entregaste a sus jefes a la
masacre,
y así su lecho, envilecido por su engaño,
también por un engaño quedó ensangrentado.
Bajo tus golpes, cayeron muertos
los esclavos con sus príncipes
y los príncipes, sobre sus tronos.
9:4 Tú entregaste sus mujeres al
pillaje
y sus hijas al cautiverio,
y dejaste todos sus despojos
para que fueran repartidos entre tus hijos predilectos,
los cuales, enardecidos de celo por causa de ti
y horrorizados por la mancha infligida a su propia sangre,
habían invocado tu ayuda.
¡Dios, Dios mío, escucha ahora la plegaria de este viuda!
9:5 Tú has hecho el pasado, el
presente y el porvenir;
tú decides los acontecimientos presentes y futuros,
y sólo se realiza lo que tú has dispuesto.
9:6 Las cosas que tú has ordenado
se presentan y exclaman:'¡Aquí estamos!'.
Porque tú preparas todos tus caminos,
y tus juicios están previstos de antemano.
9:7 Mira que los asirios, colmados de
poderío,
se glorían de sus caballos y sus jinetes,
se enorgullecen del vigor de sus soldados,
confían en sus escudos y sus lanzas,
en sus arcos y sus hondas,
y no reconocen que tú eres el Señor,
el que pone fin a las guerras.
9:8 ¡Tu nombre es 'Señor'!
Quebranta su fuerza con tu poder,
aplasta su poderío con tu ira,
porque se han propuesto profanar tu Santuario,
manchar la Morada donde habitala Gloria de tu Nombre,
y derribar tu altar a golpes de hierro.
9:9 Mira su arrogancia,
descarga tu indignación sobre sus cabezas:
concédeme, aunque no soy más que una viuda,
la fuerza para cumplir mi cometido.
Por medio de mis palabras seductoras
9:10 castiga al esclavo junto con su jefe
y al jefe junto con su esclavo.
¡Abate su soberbia
por la mano de una mujer!
9:11 Porque tu fuerza no está en
el número
ni tu dominio en los fuertes,
sino que tú eres el Dios de los humildes,
el defensor de los desvalidos,
el apoyo de los débiles,
el refugio de los abandonados
y el salvador de los desesperados.
9:12 ¡Sí, Dios de mi padre
y Dios de la herencia de Israel,
Soberano del cielo y de la tierra,
Creador de las aguas
y Rey de toda la creación:
escucha mi plegaria!
9:13 Que mi palabra seductora
se convierta en herida mortal
para los que han maquinado un plan siniestro
contra tu Alianza y tu Santa Morada,
la cumbre de Sión y la Casa que es posesión de tus hijos.
9:14 ¡Que toda tu nación
y cada una de sus tribus
reconozcan que tú eres Dios,
el Dios de toda fuerza y de todo poder,
y que no hay otro protector fuera de ti
para la estirpe de Israel!"
Los
preparativos de Judit
10:1 Apenas terminó de invocar
al Dios de Israel con todas estas palabras,
10:2 Judit se levantó del suelo,
llamó a su servidora y bajó a la casa donde pasaba los sábados
y los días de fiesta.
10:3 Luego se despojó del sayal
que tenía ceñido, se quitó su ropa de viuda, se lavó
el cuerpo con agua, se ungió con perfumes y peinó sus cabellos.
Después se ciñó la cabeza con un turbante y se puso la
ropa de fiesta con que solía engalanarse cuando aún vivía
su marido Manasés;
10:4 se calzó las sandalias, se
puso collares, brazaletes, anillos, aros y todas sus joyas: en una palabra,
se embelleció hasta el extremo, para seducir a todos los que la vieran.
10:5 En seguida, entregó a su servidora
un odre de vino y una vasija de aceite; llenó una bolsa con granos
tostados de cebada, una torta de higos secos y panes puros; lo envolvió
todo cuidadosamente y lo entregó a su servidora.
Partida
de Judit hacia el campamento asirio
10:6 Después se dirigieron a la
puerta de Betulia, y encontraron apostados junto a ella a Ozías y a
los ancianos de la ciudad, Cabris y Carmis.
10:7 Cuando vieron a Judit con el rostro
transformado y la ropa cambiada, quedaron maravillados de su hermosura y dijeron:
10:8 "Que el Dios de nuestros padres
te conceda ser bien recibida
y dar cumplimiento a lo que te has propuesto,
para orgullo de los israelitas
y exaltación de Jerusalén".
10:9 Judit adoró a Dios y les respondió:
"Ordenen que me abran las puertas de la ciudad, para que yo salga a cumplir
lo que acaban de expresarme". Ellos ordenaron a los jóvenes que
le abrieran, como ella lo había pedido.
10:10 Así lo hicieron, y Judit
salió acompañada de su servidora. Los hombres de la ciudad la
siguieron con la mirada, mientras descendía de la montaña hasta
que atravesó el valle, y allí la perdieron de vista.
Judit en el campamento asirio
10:11 Mientras caminaban a lo largo del
valle, les salió al encuentro una avanzada de los asirios.
10:12 Ellos detuvieron a Judit y la interrogaron:
"¿De dónde eres? ¿De dónde vienes y a dónde
vas?". Ella respondió: "Soy una hebrea, pero huyo de mi pueblo,
porque está a punto de convertirse en presa de ustedes.
10:13 Por eso vengo a presentarme ante
Holofernes, el general en jefe del ejército, para darle buenas informaciones;
yo le indicaré un camino por el que podrá pasar para apoderarse
de toda la región montañosa, sin que pierda la vida ni uno solo
de sus hombres".
10:14 Al oír sus palabras y contemplar
su rostro, que los dejó cautivados por su extraordinaria hermosura,
aquellos hombres le dijeron:
10:15 "Has puesto a salvo tu vida,
apresurándote a presentarte ante nuestro señor. Ahora, sigue
adelante hasta su tienda de campaña, y algunos de nosotros te escoltarán
hasta hacerte comparecer ante él.
10:16 Cuando te presentes, no temas: comunícale
todo lo que acabas de decir, y él te tratará bien".
10:17 Entonces eligieron a cien de sus
hombres, para que la escoltaran, a ella y a su servidora, hasta la carpa de
Holofernes.
v18 Cuando se divulgó por el campamento la noticia de su llegada, se
produjo una agitación general: todos se acercaban y la rodeaban, mientras
ella permanecía fuera de la carpa de Holofernes, esperando que la anunciaran.
10:19 Maravillados de su hermosura, no
podían menos de admirar también a los israelitas y se decían
unos a otros: "¿Quién podrá despreciar a un pueblo
que tiene semejantes mujeres? ¡No conviene dejar en pie ni a uno solo
de sus hombres, porque los sobrevivientes serían capaces de seducir
a toda la tierra!".
El
encuentro de Judit con Holofernes
10:20 Los guardias personales de Holofernes
y todos sus oficiales salieron e introdujeron a Judit en la carpa.
10:21 Holofernes estaba reclinado en su
diván, bajo un dosel de púrpura, recamado en oro, esmeraldas
y piedras preciosas.
10:22 Judit fue anunciada, y él
salió a la antecámara de la carpa, precedido de lámparas
de plata.
10:23 Cuando apareció Judit delante
de él y de sus oficiales, todos quedaron maravillados por la hermosura
de su rostro: ella se postró con el rostro en tierra, pero los servidores
de Holofernes la levantaron.