1°
MACABEOS
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LA
PROSCRIPCIÓN DEL JUDAÍSMO Y EL COMIENZO DE LA GUERRA SANTA
(167-166 a. C.)
CAPÍTULO
1
Alejandro
Magno y sus sucesores
1:1
Alejandro de Macedonia, hijo de Filipo, partió del país de Quitím,
y después de derrotar a Darío, rey de los persas y los medos,
reinó en lugar de él, en primer lugar sobre la Hélade.
1:2 Libró muchas batallas, conquistó
plazas fuertes y dio muerte a reyes de la tierra.
1:3 Avanzó hasta los confines del
mundo y saqueó una multitud de naciones. La tierra enmudeció
en su presencia y por eso su corazón se ensoberbeció y se llenó
de orgullo.
1:4 Reunió un ejército poderosísimo,
y sometió provincias, naciones y dinastías, que le pagaron tributo.
1:5 Después cayó enfermo
y, comprendiendo que iba a morir,
1:6 convocó a sus generales, a
los nobles que se habían educado con él desde su juventud y,
antes de su muerte, repartió entre ellos su reino.
1:7 Alejandro murió después
de reinar doce años,
1:8 y sus generales se hicieron cargo
del gobierno, cada uno en su propia región.
1:9 Apenas murió, todos se ciñeron
la corona, y sus hijos los sucedieron durante muchos años, llenando
la tierra de calamidades.
Antíoco
IV Epífanes y la helenización de Palestina
1:10 De ellos surgió un vástago
perverso, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que
había estado en Roma como rehén y subió al trono el año
ciento treinta y siete del Imperio griego.
1:11 Fue entonces cuando apareció
en Israel un grupo de renegados que sedujeron a muchos, diciendo: "Hagamos
una alianza con las naciones vecinas, porque desde que nos separamos de ellas,
nos han sobrevenido muchos males".
1:12 Esta propuesta fue bien recibida,
1:13 y algunos del pueblo fueron en seguida
a ver al rey y este les dio autorización para seguir las costumbres
de los paganos.
1:14 Ellos construyeron un gimnasio en
Jerusalén al estilo de los paganos,
1:15 disimularon la marca de la circuncisión
y, renegando de la santa alianza, se unieron a los paganos y se entregaron
a toda clase de maldades.
La
victoria de Antíoco IV en Egipto
1:16 Cuando Antíoco se sintió
seguro de su poder, proyectó apoderarse también de Egipto, para
gobernar sobre ambos reinos.
1:17 Entonces entró en Egipto con
un poderoso ejército, con carros, elefantes, caballería y una
gran flota.
1:18 Allí atacó a Tolomeo,
rey de Egipto. Este retrocedió ante él y huyó, dejando
muchos muertos.
1:19 Antíoco ocupó las ciudades
fortificadas de Egipto y saqueó todo el país.
1:20 Después de derrotar a Egipto,
emprendió el camino de regreso, el año ciento cuarenta y tres,
y subió contra Israel, llegando a Jerusalén con un poderoso
ejército.
La
profanación del Templo de Jerusalén
1:21 Antíoco penetró arrogantemente
en el Santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro con todas
sus lámparas,
1:22 la mesa de los panes de la ofrenda,
los vasos para las libaciones, las copas, los incensarios de oro, el cortinado
y las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que recubría
la fachada del Templo.
1:23 Tomó también la plata,
el oro, los objetos de valor y todos los tesoros que encontró escondidos.
1:24 Cargó con todo eso y regresó
a su país, después de haber causado una gran masacre y de haberse
jactado insolentemente.
1:25 Una gran consternación se
extendió por todo Israel.
1:26 Gimieron los jefes y los ancianos,
languidecieron las jóvenes y los jóvenes,
la belleza de las mujeres se marchitó.
1:27 El recién casado entonó
un canto fúnebre;
sentada en el lecho nupcial,
la esposa estuvo de duelo.
1:28 Tembló la tierra por sus habitantes,
y toda la casa de Jacob
se cubrió de vergüenza.
La
ocupación de Jerusalén
1:29 Dos años después, el
rey envió a las ciudades de Judá un recaudador de impuestos,
que se presentó en Jerusalén con un poderoso ejército.
1:30 Él les habló amistosamente,
pero con la intención de engañarlos, y después que se
ganó su confianza, atacó sorpresivamente a la ciudad y le asestó
un terrible golpe, causando numerosas víctimas entre los israelitas.
1:31 Luego saqueó la ciudad, la
incendió, y arrasó sus casas y la muralla que la rodeaba.
1:32 Sus hombres tomaron prisioneros a
las mujeres y a los niños y se adueñaron del ganado.
1:33 Después, levantaron en torno
a la Ciudad de David una muralla alta y resistente, protegida por torres poderosas,
y la convirtieron en su Ciudadela.
1:34 Allí establecieron un grupo
de gente impía, sin fe y sin ley, que se fortificó en ese lugar.
1:35 Lo proveyeron de armas y víveres,
y depositaron allí el botín que habían reunido en el
saqueo de Jerusalén. Así se convirtieron en una permanente amenaza.
1:36 Esto llegó a ser una asechanza
para el Santuario,
una cruel y constante hostilidad
para Israel.
1:37 Derramaron sangre inocente
alrededor del Templo
y profanaron el Lugar santo.
1:38 A causa de ellos, huyeron
los habitantes de Jerusalén
y la Ciudad se convirtió
en una colonia de extranjeros:
se volvió extraña
para los que nacieron en ella
y sus propios hijos la abandonaron.
1:39 Su Santuario quedó devastado
como un desierto,
sus fiestas se transformaron en duelo,
sus sábados en motivo de burla
y su honor en desprecio.
1:40 Tan grande fue su vergüenza
como lo había sido su gloria,
y su grandeza dio paso a la aflicción.
El
decreto de Antíoco IV
1:41 El rey promulgó un decreto
en todo su reino, ordenando que todos formaran un solo pueblo
1:42 y renunciaran a sus propias costumbres.
Todas las naciones se sometieron a la orden del rey
1:43 y muchos israelitas aceptaron el
culto oficial, ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el
sábado.
1:44 Además, el rey envió
mensajeros a Jerusalén y a las ciudades de Judá, con la orden
escrita de que adoptaran las costumbres extrañas al país:
1:45 los holocaustos, los sacrificios
y las libaciones debían suprimirse en el Santuario; los sábados
y los días festivos debían ser profanados;
1:46 el Santuario y las cosas santas debían
ser mancillados;
1:47 debían erigirse altares, recintos
sagrados y templos a los ídolos, sacrificando cerdos y otros animales
impuros;
v48 los niños no debían ser circuncidados y todos debían
hacerse abominables a sí mismos con toda clase de impurezas y profanaciones,
1:49 olvidando así la Ley y cambiando
todas las prácticas.
1:50 El que no obrara conforme a la orden
del rey, debía morir.
1:51 En estos términos escribió
a todo su reino. Además nombró inspectores sobre todo el pueblo,
y ordenó a las ciudades de Judá que ofrecieran sacrificios en
cada una de ellas.
La
ejecución del decreto y la persecución religiosa
1:52 Mucha gente del pueblo, todos los
que abandonaban la Ley, se unieron a ellos y causaron un gran daño
al país,
1:53 obligando a Israel a esconderse en
toda clase de refugios.
1:54 El día quince del mes de Quisleu,
en el año ciento cuarenta y cinco, el rey hizo erigir sobre el altar
de los holocaustos la Abominación de la desolación. También
construyeron altares en todos las ciudades de Judá.
1:55 En las puertas de las casas y en
las plazas se quemaba incienso.
1:56 Se destruían y arrojaban al
fuego los libros de la Ley que se encontraban,
1:57 y al que se lo descubría con
un libro de la Alianza en su poder, o al que observaba los preceptos de la
Ley, se lo condenaba a muerte en virtud del decreto real.
1:58 Valiéndose de su fuerza, se
ensañaban continuamente contra los israelitas sorprendidos en contravención
en las diversas ciudades.
1:59 El veinticinco de cada mes, se ofrecían
sacrificios en el ara que se alzaba sobre el altar de los holocaustos.
1:60 A las mujeres que habían circuncidado
a sus hijos se las mataba, conforme al decreto,
1:61 con sus criaturas colgadas al cuello.
La misma suerte corrían sus familiares y todos los que habían
intervenido en la circuncisión.
1:62 Sin embargo, muchos israelitas se
mantuvieron firmes y tuvieron el valor de no comer alimentos impuros;
1:63 prefirieron la muerte antes que mancharse
con esos alimentos y quebrantar la santa alianza, y por eso murieron.
1:64 Y una gran ira se descargó
sobre Israel.

CAPÍTULO
2
Matatías
y sus hijos
2:1 En esos días, Matatías,
hijo de Juan, hijo de Simeón, sacerdote del linaje de Joarib, salió
de Jerusalén y fue a establecerse en Modín.
2:2 Tenía cinco hijos: Juan, por
sobrenombre Gadí;
2:3 Simón, llamado Tasí;
2:4 Judas, llamado Macabeo;
2:5 Eleazar, llamado Avarán; y
Jonatán, llamado Afús.
Lamentación
de Matatías sobre Jerusalén
2:6 Al ver las impiedades que se cometían
en Judá y en Jerusalén,
2:7 Matatías exclamó: "¡Ay
de mí! ¿Para esto he nacido? ¿Para ver la ruina de mi
pueblo y la destrucción de la Ciudad santa? ¿Para quedarme sentado
en ella, mientras es entregada al poder del enemigo y el Santuario está
en manos de extranjeros?
2:8 Su Templo ha quedado
como un hombre envilecido,
2:9 los objetos que eran su gloria
fueron llevados como botín,
sus niños masacrados en las plazas,
sus jóvenes pasados al filo
de la espada enemiga.
2:10 ¿Qué pueblo no ha heredado
su realeza,
apoderándose de sus despojos?
2:11 Ella ha sido privada
de todo su esplendor
y de libre se ha convertido en esclava.
2:12 Y ahí está nuestro
Santuario,
nuestro honor y nuestro orgullo,
convertido en un desierto y profanado por los paganos.
2:13 ¿Vale la pena seguir viviendo
así?"
2:14 Matatías y sus hijos rasgaron
sus vestiduras, se pusieron un sayal y se lamentaron amargamente.
La
rebelión de Matatías
2:15 Entre tanto, los delegados del rey,
encargados de imponer la apostasía, llegaron a la ciudad de Modín
para exigir que se ofrecieran los sacrificios.
2:16 Se presentaron muchos israelitas,
pero Matatías y sus hijos se agruparon aparte.
2:17 Entonces los enviados del rey fueron
a decirle: "Tú eres un jefe ilustre y gozas de autoridad en esta
ciudad, respaldado por hijos y hermanos.
2:18 Sé el primero en acercarte
a ejecutar la orden del rey, como lo han hecho todas las naciones, y también
los hombres de Judá y los que han quedado en Jerusalén. Así
tú y tus hijos, serán contados entre los Amigos del rey y gratificados
con plata, oro y numerosos regalos".
2:19 Matatías respondió
en alta voz: "Aunque todas las naciones que están bajo el dominio
del rey obedezcan y abandonen el culto de sus antepasados para someterse a
sus órdenes,
2:20 yo, mis hijos y mis hermanos nos
mantendremos fieles a la Alianza de nuestros padres.
2:21 El Cielo nos libre de abandonar la
Ley y los preceptos.
2:22 Nosotros no acataremos las ordenes
del rey desviándonos de nuestro culto, ni a la derecha ni a la izquierda".
2:23 Cuando acabó de pronunciar
estas palabras, un judío se adelantó a la vista de todos para
ofrecer un sacrificio sobre el altar de Modín, conforme al decreto
del rey.
2:24 Al ver esto, Matatías se enardeció
de celo y se estremecieron sus entrañas; y dejándose llevar
por una justa indignación, se abalanzó y lo degolló sobre
el altar.
2:25 Ahí mismo mató al delegado
real que obligaba a ofrecer los sacrificios y destruyó el altar.
2:26 Así manifestó su celo
por la Ley, como lo había hecho Pinjás con Zimrí, hijo
de Salú.
2:27 Luego comenzó a gritar por
la ciudad con todas sus fuerzas: "Todo el que sienta celo por la Ley
y quiera mantenerse fiel a la Alianza, que me siga".
2:28 Y abandonando todo lo que poseían
en la ciudad, él y sus hijos huyeron a las montañas.
Los
judíos masacrados en el desierto
2:29 Entonces muchos judíos, amantes
de la justicia y el derecho, se retiraron al desierto para establecerse allí
2:30 con sus mujeres, sus hijos y sus
ganados, porque la desgracia se había desencadenado sobre ellos.
2:31 Los funcionarios del rey y la guarnición
que residía en Jerusalén, en la Ciudad de David, recibieron
la denuncia de que algunos hombres, conculcando la orden del rey, habían
ido a ocultarse en los escondites del desierto.
2:32 Un fuerte contingente salió
a perseguirlos y logró alcanzarlos. Los cercaron y se dispusieron para
atacarlos. Era un día sábado,
2:33 y les dijeron: "¡Es hora
de acabar con esto! ¡Salgan, cumplan la orden del rey y salvarán
sus vidas!"
2:34 Ellos respondieron: "No saldremos,
ni obedeceremos la orden real, profanando así el sábado".
2:35 Inmediatamente los atacaron,
2:36 pero ellos no se defendieron, ni
siquiera arrojándoles piedras o cerrando la entrada de sus refugios.
2:37 "Muramos todos, decían,
manteniendo nuestra integridad. El cielo y la tierra son testigos de que ustedes
nos hacen perecer injustamente".
2:38 Así fueron atacados en pleno
sábado, y perecieron los hombres con sus mujeres, sus hijos y el ganado.
Eran en total unas mil personas.
La
organización de la resistencia
2:39 Al enterarse de lo ocurrido, Matatías
y sus amigos se lamentaron amargamente por las víctimas,
2:40 pero dijeron: "Si todos nos
comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra esta gente en defensa
de nuestras vidas y de nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán
de la tierra".
2:41 Y aquel mismo día resolvieron
lo siguiente: "Hagamos frente a todo el que venga a atacarnos en día
sábado, para no morir como nuestros hermanos en sus refugios".
2:42 Entonces se les unió el grupo
de los asideos, hombres valientes en Israel, todos ellos sinceramente fieles
a la Ley.
2:43 También se les unieron y les
prestaron su ayuda todos los que querían escapar de la opresión.
2:44 Así formaron una fuerza armada
que comenzó a descargar su ira contra los pecadores y su furor contra
los impíos. Los demás tuvieron que salvarse, huyendo a las naciones
extranjeras.
2:45 Matatías y sus adeptos recorrieron
el país, destruyendo altares,
2:46 y circuncidando por la fuerza a los
niños incircuncisos que hallaron en el territorio de Israel.
2:47 Persiguieron a los arrogantes, y
la campaña dio buenos resultados.
2:48 De esa manera defendieron la Ley
contra los paganos y sus reyes, y no permitieron que prevalecieran los malvados.
El
testamento y la muerte de Matatías
2:49 Cuando la vida de Matatías
llegaba a su fin, este dijo a sus hijos:
"Ahora reinan la insolencia y el ultraje,
es tiempo de perturbación
y de furor desencadenado.
2:50 Por lo tanto, hijos míos,
ardan de celo por la Ley,
dando la vida por la Alianza
de nuestros padres.
2:51 Recuerden las obras
que realizaron nuestros padres en su tiempo:
así alcanzarán una inmensa gloria
y una fama imperecedera.
2:52 ¿Acaso Abraham no fue hallado
fiel
en la prueba
y por eso Dios lo contó entre los justos?
2:53 José, en el momento de la
angustia,
observó la Ley,
y así llegó a ser señor de Egipto.
2:54 Pinjás, nuestro padre,
por su ardiente celo,
recibió la alianza de un sacerdocio eterno.
2:55 Josué, por haber cumplido
la palabra de Dios,
llegó a ser juez en Israel.
2:56 Caleb, por haber dado testimonio
ante la asamblea,
recibió una herencia en el país.
2:57 David, por su piedad,
heredó un trono real para siempre.
2:58 Elías, por su ardiente celo
por la Ley,
fue arrebatado al cielo.
2:59 Ananías, Azarías y
Misael, por haber confiado en Dios,
fueron salvados de la llama.
2:60 Daniel, por su integridad,
fue librado de las fauces de los leones.
2:61 Adviertan, entonces, que a lo largo
de las generaciones
los que esperan en él
no sucumben jamás.
2:62 No teman las amenazas
de un hombre pecador,
porque su gloria acabará en podredumbre y gusanos;
2:63 hoy es exaltado y mañana desaparece,
porque habrá vuelto al polvo
de donde vino
y sus proyectos quedarán frustrados.
2:64 Por eso, hijos míos, sean
valientes,
y manténganse firmes en el cumplimiento de la Ley,
ya que gracias a ella serán colmados de gloria.
2:65 Ahí tienen a Simeón,
su hermano. Yo sé que es hombre sensato: escúchenlo siempre,
y hará las veces de padre.
2:66 Judas Macabeo ha sido valiente desde
su juventud: que él sea el jefe del ejército y dirija la guerra
contra los extranjeros.
2:67 Ustedes, por su parte, reúnan
a todos los que practican la Ley y reivindiquen a nuestro pueblo.
2:68 Devuelvan a los paganos el mal que
ellos les han hecho y observen los preceptos de la Ley".
2:69 Después los bendijo y fue
a reunirse con sus padres. 70 Matatías murió el año ciento
cuarenta y seis y fue sepultado en Modín, en el sepulcro de sus padres.
Todo Israel hizo un gran duelo por él.

LA
GUERRA DE LIBERACIÓN BAJO JUDAS MACABEO
(166-160 a. C.)
CAPÍTULO
3
Elogio
de Judas Macabeo
3:1 El sucesor de Matatías fue
su hijo Judas, llamado Macabeo.
3:2 Todos sus hermanos y los que habían
seguido a su padre le prestaron apoyo y combatieron con entusiasmo por Israel.
3:3 Él extendió la gloria
de su pueblo
y se revistió de la coraza como un héroe;
se ciñó sus armas de guerra y libró batallas,
protegiendo al ejército con su espada.
3:4 Fue como un león por sus hazañas,
como un cachorro que ruge
ante su presa.
3:5 Persiguió implacablemente a
los impíos
y entregó a las llamas a los perturbadores de su pueblo.
3:6 Los impíos se acobardaron ante
él,
temblaron todos los que hacían el mal,
y gracias a él se logró la salvación.
3:7 Puso en aprieto a muchos reyes,
alegró a Jacob con sus proezas,
y su memoria será eternamente bendecida.
3:8 Recorrió las ciudades de Judá,
exterminó de ellas a los impíos
y apartó de Israel la ira de Dios.
3:9 Su fama llegó hasta los confines
de la tierra,
y congregó a los que estaban
a punto de perecer.
Las
primeras victorias de Judas Macabeo
3:10 Apolonio reunió muchos paganos
y un numeroso contingente de Samaría para hacer la guerra contra Israel.
3:11 Al enterarse de esto, Judas salió
a su encuentro, lo derrotó y lo mató. Muchos sucumbieron y los
demás se dieron a al fuga.
3:12 Cuando recogieron el botín,
Judas se quedó con la espada de Apolonio, y desde entonces siempre
combatió con ella.
3:13 Serón, el capitán del
ejército de Siria, al saber que Judas había agrupado alrededor
de él un contingente de hombres adictos y dispuestos a combatir,
3:14 pensó: "Voy a hacerme
famoso y a cubrirme de gloria en todo el reino, atacando a Judas y a sus secuaces,
que intentan despreciar la orden del rey".
3:15 Entonces reanudó la lucha
y con él subió un poderoso ejército de impíos
para ayudarlo a vengarse de los israelitas.
3:16 Cuando se acercó a la subida
de Betjorón, Judas le salió al encuentro con unos pocos hombres.
3:17 Estos, al ver el ejército
que se les venía encima, dijeron a Judas: "¿Cómo,
siendo tan pocos, podremos combatir con una multitud tan poderosa? Además,
estamos extenuados porque hoy no hemos comido nada en todo el día".
3:18 Judas les respondió: "Es
fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos, y al Cielo le
da lo mismo salvar con muchos que con pocos.
3:19 Porque la victoria en el combate
no depende de la cantidad de las tropas, sino de la fuerza que viene del Cielo.
3:20 Ellos nos atacan, llenos de insolencia
y de impiedad, para exterminarnos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros
hijos, y para apoderarse de nuestros despojos.
3:21 Nosotros, en cambio, luchamos por
nuestra vida y por nuestras costumbres.
3:22 El Cielo los aplastará delante
de nosotros: ¡no les tengan miedo!"
3:23 Apenas terminó de hablar,
se lanzó sorpresivamente sobre el enemigo, y Serón fue aplastado
con todo su ejército.
3:24 Después los persiguieron por
la pendiente de Betjorón hasta la llanura: allí murieron unos
ochocientos hombres, y los demás huyeron al país de los filisteos.
3:25 Así Judas y sus hermanos comenzaron
a ser temidos, y el pánico se extendió por las naciones vecinas.
3:26 Su fama llegó a oídos
del rey, y por todas partes se comentaban las batallas de Judas.
Los
preparativos bélicos de Antíoco IV
3:27 Al enterarse de esto, el rey Antíoco
se enfureció y mandó reunir todas las fuerzas de su reino, un
ejército poderosísimo.
3:28 Abrió su tesoro y pagó
a las tropas el sueldo de un año, ordenándoles que estuvieran
preparadas para cualquier eventualidad.
3:29 Entonces advirtió que se le
había acabado el dinero del tesoro y que los tributos de la región
eran escasos, debido a las disensiones y calamidades que él había
provocado en el país, al suprimir las costumbres vigentes desde tiempo
inmemorial.
3:30 Por eso temió que no le alcanzara,
como otras veces, para los gastos y los regalos que antes solía hacer
espléndidamente, superando a los reyes que lo habían precedido.
3:31 Sumamente preocupado a causa de esto,
resolvió ir a Persia para recoger los tributos de aquellas provincias
y reunir así mucho dinero.
La
regencia de Lisias
3:32 Mientras tanto, dejó a cargo
del gobierno, desde el río Éufrates hasta la frontera de Egipto,
a Lisias, miembro de la nobleza y de estirpe real.
3:33 Le confió la educación
de su hijo Antíoco hasta su vuelta
3:34 y puso a su disposición la
mitad de sus tropas y los elefantes, ordenándole todo lo que debía
hacer, especialmente lo relativo a los habitantes de Judea y de Jerusalén:
3:35 él debía enviar un
ejército para destruir y aplastar la fuerza de Israel, y lo que aún
quedaba de Jerusalén hasta borrar su recuerdo.
3:36 Luego debía establecer extranjeros
en todo su territorio y repartir entre ellos sus tierras.
3:37 El rey, por su parte, tomó
consigo la otra mitad del ejército y partió de Antioquía,
capital de su reino, el año ciento cuarenta y siete. Después
de atravesar el río Éufrates, recorrió las provincias
de la meseta.
La
invasión de Judea
3:38 Lisias eligió a Tolomeo, hijo
de Dorimeno, a Nicanor y a Gorgias, personas influyentes entre los Amigos
del rey,
3:39 y los envió con cuarenta mil
soldados y siete mil jinetes, para que invadieran el territorio de Judá
y lo arrasaran, como lo había ordenado el rey.
3:40 Ellos partieron con todo su ejército
y acamparon cerca de Emaús, en la llanura.
3:41 Al enterarse de su llegada, los mercaderes
de la región se presentaron en el campamento con mucha plata y oro,
y provistos también de cadenas para llevar como esclavos a los israelitas.
A ellos se sumó un contingente de Siria y del país de los filisteos.
La
reacción de Judas Macabeo
3:42 Judas y sus hermanos vieron que se
habían agravado los males y que el ejército estaba acampado
dentro de su territorio. También se enteraron de la consigna real de
destruir al pueblo hasta aniquilarlo.
3:43 Entonces se dijeron unos a otros:
"Libremos a nuestro pueblo de la ruina y luchemos por él y por
el Santuario".
3:44 Luego se convocó a la asamblea
para prepararse a combatir, para orar y pedir piedad y misericordia.
3:45 Jerusalén estaba deshabitada
como un desierto,
ninguno de sus hijos entraba ni salía.
El Santuario había sido pisoteado,
los extranjeros ocupaban la Ciudadela,
convertida en albergue de los paganos.
Había desaparecido la alegría de Jacob,
y ya no se oía la flauta ni la cítara.
La
reunión de los judíos en Mispá
3:46 Una vez reunidos, fueron a Mispá,
frente a Jerusalén, porque antiguamente Israel había tenido
allí un lugar de oración.
3:47 Aquel día ayunaron, se vistieron
con un sayal, esparcieron ceniza sobre sus cabezas y rasgaron sus vestiduras.
3:48 Abrieron el libro de la Ley para
descubrir en él lo que los paganos consultaban a sus ídolos.
3:49 Trajeron las vestiduras sacerdotales,
las primicias y los diezmos, hicieron comparecer a los nazireos que habían
cumplido el tiempo de su voto,
3:50 y levantaron su voz hacia el Cielo,
diciendo: "¿Qué haremos con estos? ¿A dónde
los llevaremos?
3:51 Tu Santuario ha sido pisoteado y
profanado, tus sacerdotes están de duelo y humillados,
3:52 y ahí están los paganos,
aliados contra nosotros para exterminarnos. Tú conoces lo que traman
contra nosotros.
3:53 ¿Cómo podremos hacerles
frente, si tú no vienes en nuestra ayuda?"
3:54 Luego, hicieron sonar las trompetas
y lanzaron grandes alaridos.
La
organización del ejército judío
3:55 Inmediatamente, Judas puso oficiales
al frente del ejército: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez
hombres.
3:56 A los que estaban construyendo su
casa, a los que acababan de casarse o de plantar una viña y a los que
tenían miedo, les ordenó que volvieran cada uno a su casa, conforme
a la Ley.
3:57 Luego avanzó con el ejército
y acampó al sur de Emaús. Judas les dijo:
3:58 "Cíñanse las armas,
compórtense valerosamente y estén preparados mañana al
amanecer para atacar a esos paganos que se han aliado contra nosotros a fin
de destruirnos y destruir nuestro Santuario.
3:59 Porque es preferible para nosotros
morir en el combate que ver las desgracias de nuestra nación y del
Santuario.
3:60 ¡Se cumplirá lo que
el Cielo disponga!"

CAPÍTULO
4
El
triunfo de los israelitas en Emaús
4:1 Gorgias tomó cinco mil hombres
y mil jinetes elegidos, y el ejército partió durante la noche
4:2 para atacar el campamento de los judíos
y derrotarlos sorpresivamente. La gente de la Ciudadela los guiaba.
4:3 Cuando Judas se enteró de esto,
salió con sus soldados para derrotar al ejército real que estaba
en Emaús,
4:4 mientras el resto de las tropas estaban
dispersas fuera del campamento.
4:5 Gorgias llegó de noche al campamento
de Judas y al no encontrar a nadie, los estuvo buscando por las montañas,
pensando que habían huido.
4:6 Al rayar el alba, Judas apareció
en la llanura con tres mil hombres, pero estos no disponían de las
armaduras ni de las espadas que hubieran deseado.
4:7 Ellos veían, en cambio, que
el campamento de los paganos era poderoso y estaba bien fortificado, rodeado
de la caballería y con hombres adiestrados para la guerra.
4:8 Judas dijo a sus hombres: "No
teman a esa muchedumbre ni se asusten por sus ataques.
4:9 Recuerden cómo se salvaron
nuestros padres en el Mar Rojo, cuando el Faraón los perseguía
con un ejército.
4:10 Invoquemos ahora al Cielo para que
tenga piedad de nosotros y se acuerde de la alianza que hizo con nuestros
padres, derrotando hoy a este ejército delante de nosotros.
4:11 Así reconocerán todas
las naciones que hay Alguien que libera y salva a Israel".
4:12 Los extranjeros alzaron los ojos
y, al ver que los judíos venían contra ellos,
4:13 salieron del campamento a presentar
batalla. Los hombres de Judas hicieron sonar la trompeta
4:14 y entraron en combate. Los paganos
fueron derrotados y huyeron hacia la llanura,
4:15 y los que habían quedado rezagados
cayeron al filo de la espada. Los demás fueron perseguidos hasta Gázara
y hasta las llanuras de Idumea, Azoto y Iamnia. Los que murieron fueron alrededor
de tres mil hombres.
4:16 Cuando Judas y su ejército
dejaron de perseguirlos,
4:17 Judas dijo al pueblo: "No tengan
avidez por el botín, porque nos espera otra batalla.
4:18 Gorgias y su ejército están
cerca de nosotros en la montaña: hagan frente a nuestros enemigos y
combatan contra ellos; después podrán apoderarse libremente
del botín".
4:19 Apenas Judas terminó de hablar,
se asomó por las montañas un destacamento enemigo.
4:20 Ellos vieron que los suyos habían
huido y que el campamento había sido incendiado, porque el humo que
se divisaba ponía de manifiesto lo que había sucedido.
4:21 Ante tal espectáculo se llenaron
de espanto, y como vieron en la llanura al ejército de Judas, dispuesto
a librar batalla,
4:22 huyeron todos al país de los
filisteos.
4:23 Judas volvió entonces al campamento
para saquearlo, y recogieron gran cantidad de oro y plata, telas de púrpura
violeta y de púrpura marina, y muchas otras riquezas.
4:24 De regreso cantaban y bendecían
al Cielo:
"Porque es bueno,
porque es eterno su amor".
4:25 Israel obtuvo aquel día una
gran victoria.
4:26 Los extranjeros que habían
podido escapar se fueron a anunciar a Lisias todo lo que había sucedido.
4:27 Esta noticia lo dejó consternado
y abatido, porque a Israel no le había sucedido lo que él deseaba
y las cosas no habían salido como el rey se lo había ordenado.
Primera
campaña y derrota de Lisias
4:28 Al año siguiente, Lisias reunió
sesenta mil hombres elegidos y cinco mil jinetes para combatir contra los
judíos.
4:29 Cuando llegaron a Idumea y acamparon
en Betsur, Judas les salió al encuentro con diez mil hombres,
4:30 y al ver aquel poderoso ejército,
hizo esta oración: "Bendito seas, Salvador de Israel, que aplastaste
la soberbia del gigante por la mano de tu servidor David y entregaste el ejército
de los filisteos en manos de Jonatán, hijo de Saúl, y de su
escudero.
4:31 Entrega así este ejército
en manos de tu pueblo Israel. Que ellos se sientan avergonzados de sus tropas
y de su caballería.
4:32 Infúndeles miedo, quiebra
la audacia que les da su fuerza y que se conmuevan por su derrota.
4:33 Derríbalos con la espada de
los que te aman, para que te canten himnos de alabanza todos los que conocen
tu Nombre".
4:34 Cuando se enfrentaron los dos ejércitos,
cayeron en el combate unos cinco mil hombres de Lisias.
4:35 Al ver la derrota sufrida por sus
tropas y la intrepidez de los soldados de Judas, que estaban resueltos a vivir
o a morir heroicamente, Lisias volvió a Antioquía, donde reclutó
mercenarios con la intención de regresar a Judea con fuerzas más
numerosas.
Purificación
del Templo y Dedicación del altar
4:36 Judas y sus hermanos dijeron: "Nuestros
enemigos han sido aplastados; subamos a purificar el Santuario y a celebrar
su dedicación".
4:37 Entonces se reunió todo el
ejército y subieron al monte Sión.
4:38 Cuando vieron el Santuario desolado,
el altar profanado, las puertas completamente quemadas, las malezas crecidas
en los atrios como en un bosque o en una montaña, y las salas destruidas,
4:39 rasgaron sus vestiduras, hicieron
un gran duelo, se cubrieron la cabeza con ceniza
4:40 y cayeron con el rostro en tierra.
Luego, a una señal dada por las trompetas, alzaron sus gritos al cielo.
4:41 Judas ordenó a unos hombres
que combatieran a los que estaban en la Ciudadela hasta terminar la purificación
del Santuario.
4:42 Después eligió sacerdotes
irreprochables, fieles a la Ley,
4:43 que purificaron el Santuario y llevaron
las piedras contaminadas a un lugar impuro.
4:44 Luego deliberaron sobre lo que debía
hacerse con el altar de los holocaustos que había sido profanado.
4:45 Tuvieron la feliz idea de demolerlo
para que no fuera un motivo de oprobio, ya que los paganos lo habían
contaminado. Lo demolieron,
4:46 y depositaron sus piedras sobre la
montaña del Templo, en un lugar conveniente, hasta que surgiera un
profeta y resolviera lo que había que hacer con ellas.
4:47 Después recogieron piedras
sin tallar, como lo prescribe la Ley, y erigieron un nuevo altar, igual que
el anterior.
4:48 También repararon el Santuario
y el interior del Templo, y consagraron los atrios.
4:49 Hicieron nuevos objetos sagrados
y colocaron dentro del Templo el candelabro, el altar de los perfumes y la
mesa.
4:50 Quemaron incienso sobre el altar,
y encendieron las lámparas del candelabro que comenzaron a brillar
en el Templo.
4:51 Además, pusieron los panes
sobre la mesa, colgaron las cortinas y concluyeron la obra que habían
emprendido.
4:52 El día veinticinco del noveno
mes, llamado Quisleu, del año ciento cuarenta y ocho, se levantaron
al despuntar el alba
4:53 y ofrecieron un sacrificio conforme
a la Ley, sobre el nuevo altar de los holocaustos que habían erigido.
4:54 Este fue dedicado con cantos, cítaras,
arpas y címbalos, justamente en el mismo mes y en el mismo día
en que los paganos lo habían profanado.
4:55 Todo el pueblo cayó con el
rostro en tierra y adoraron y bendijeron al Cielo que les había dado
la victoria.
4:56 Durante ocho días celebraron
la dedicación del altar, ofreciendo con alegría holocaustos
y sacrificios de comunión y de acción de gracias.
4:57 Adornaron la fachada del Templo con
coronas de oro y pequeños escudos, restauraron las entradas y las salas,
y les pusieron puertas.
4:58 En todo el pueblo reinó una
inmensa alegría, y así quedó borrado el ultraje infligido
por los paganos.
Institución de la fiesta de la Dedicación y otras medidas
4:59 Judas, de acuerdo con sus hermanos
y con toda la asamblea de Israel, determinó que cada año, a
su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes
de Quisleu, se celebrara con júbilo y regocijo el aniversario de la
dedicación del altar.
4:60 En aquel tiempo, levantaron alrededor
del monte Sión altas murallas y torres poderosas, para que los extranjeros
no vinieran otra vez y lo pisotearan como lo habían hecho antes. 61
Además, Judas puso en él una guarnición para que lo defendiera,
y fortificó a Betsur, a fin de que el pueblo tuviera una fortaleza
frente a Idumea.

CAPÍTULO
5
La
expedición contra los idumeos y los amonitas
5:1 Cuando las naciones vecinas supieron
que había sido reconstruido el altar y restaurado como antes el Santuario,
se irritaron profundamente
5:2 y decidieron acabar con los descendientes
de Jacob que vivían entre ellos. Por eso comenzaron a matar y exterminar
a mucha gente del pueblo.
5:3 Judas hizo la guerra contra los descendientes
de Esaú que habitaban en Idumea, en la región de Acrabatena,
porque tenían asediados a los israelitas. Les infligió una gran
derrota, sometiéndolos y apoderándose de sus despojos.
5:4 Luego se acordó de la maldad
de los descendientes de Beán, que eran una trampa y un obstáculo
para el pueblo por las emboscadas que le tendían en los caminos.
5:5 Los obligó a encerrarse en
sus torres, los asedió y los consagró al exterminio total, prendiendo
fuego a esas torres con todos los que estaban dentro.
5:6 Luego atacó a los amonitas,
y allí encontró un fuerte ejército y una población
numerosa cuyo jefe era Timoteo.
5:7 Después de muchos combates,
los desbarató y los deshizo.
5:8 También ocupó Iazer
y sus poblados, y regresó a Judea.
Preliminares de las campañas contra Galilea y Galaad
5:9 Los pueblos de Galaad se coaligaron
contra los israelitas que vivían en su territorio, para exterminarlos.
Pero ellos se refugiaron en la fortaleza de Datemá,
5:10 desde donde enviaron una carta a
Judas y a sus hermanos, diciéndoles: "Los pueblos que nos rodean
se coaligaron para exterminarnos;
5:11 ahora se preparan para venir a tomar
la fortaleza donde nos hemos refugiado, y Timoteo está al frente de
su ejército.
5:12 Ven en seguida a librarnos de sus
manos, porque muchos de entre nosotros ya han caído;
5:13 todos nuestros hermanos que vivían
en el país de Tobías han sido matados, sus mujeres y sus hijos
fueron llevados cautivos y sus bienes han sido robados. Allí han muerto
unos mil hombres".
5:14 Cuando todavía estaban leyendo
la carta, llegaron otros mensajeros de Galilea, con las vestiduras rasgadas,
trayendo esta noticia:
5:15 "Los habitantes de Tolemaida,
de Tiro, de Sidón y de toda la Galilea de los extranjeros se han coaligado
para acabar con nosotros".
5:16 Apenas Judas y el pueblo oyeron estas
noticias, reunieron una gran asamblea para deliberar sobre lo que debían
hacer en favor de sus hermanos que se encontraban en un aprieto, amenazados
por sus enemigos.
5:17 Judas dijo a su hermano Simón:
"Elige algunos hombres y ve a librar a tus hermanos de Galilea; mi hermano
Jonatán y yo iremos a la región de Galaad".
5:18 Dejó para defender a Judea
a José, hijo de Zacarías, y a Azarías, jefe del pueblo,
con el resto del ejército,
5:19 dándoles esta orden: "Tomen
el mando de estas tropas, pero no entren en batalla con los paganos hasta
que nosotros volvamos".
5:20 Se le asignaron tres mil hombres
a Simón para la campaña de Galilea y ocho mil a Judas para la
de Galaad.
La
expedición de Simón contra Galilea
5:21 Simón partió para Galilea
y luego de librar muchos combates con los paganos, los derrotó, los
obligó a huir
5:22 y los persiguió hasta las
puertas de Tolemaida. Allí sucumbieron unos tres mil hombres y Judas
se apoderó del botín.
5:23 Luego tomó consigo a los judíos
de Galilea y de Arbatá, con sus mujeres, sus hijos y todos sus bienes,
y en medio de una gran alegría los llevó a Judea.
La
expedición de Judas Macabeo contra Galaad
5:24 Judas Macabeo y su hermano Jonatán,
por su parte, atravesaron el Jordán y caminaron tres días por
el desierto.
5:25 Allí se encontraron con los
nabateos, que los recibieron amistosamente y los pusieron al tanto de lo que
les ocurría a sus hermanos de la región de Galaad:
5:26 muchos de ellos se encontraban prisioneros
en Bosorá y Bosor, en Alemá, Casfó, Maqued y Carnain,
que eran ciudades fuertes e importantes;
5:27 también había prisioneros
en las demás ciudades de Galaad, y sus enemigos tomaban posiciones
para atacar las fortalezas al día siguiente, a fin de apoderarse de
ellos y exterminarlos a todos de una sola vez.
5:28 Inmediatamente, Judas dio vuelta
con su ejército y se dirigió por el desierto hacia Bosorá,
ocupó la ciudad y después de pasar al filo de la espada a todos
los varones, la saqueó por completo y la incendió.
5:29 Partió de allí por
la noche y avanzó hasta la fortaleza.
5:30 Al llegar el día, los judíos
divisaron una muchedumbre innumerable que levantaba escaleras y empalizadas
para tomar la fortaleza y había pasado a la ofensiva.
5:31 Al ver que el ataque ya había
comenzado y que el griterío de la ciudad y el sonido de las trompetas
subía hasta el cielo,
5:32 Judas dijo a sus hombres: "¡Luchen
hoy por nuestros hermanos!"
5:33 Luego los ordenó en tres columnas
y los hizo avanzar por detrás del enemigo, tocando las trompetas y
orando a gritos.
5:34 Las tropas de Timoteo, apenas se
enteraron que era el Macabeo, huyeron ante él. Judas les infligió
una gran derrota, y ese día dejaron tendidos unos ocho mil hombres.
5:35 Luego se volvió contra Alemá;
la atacó, la ocupó y, después de matar a todos los varones,
la saqueó y la incendió.
5:36 Partiendo de allí, se apoderó
de Casfó, Maqued, Bosor y de las demás ciudades de Galaad.
Victoria definitiva de Judas Macabeo en Galaad
5:37 Después de estos acontecimientos,
Timoteo reunió un nuevo ejército y acampó frente a Rafón,
al otro lado del torrente.
5:38 Judas mandó a explorar el
campamento y le dieron este informe: "Todas las naciones vecinas se han
unido a Timoteo y forman un ejército muy numeroso.
5:39 Además, tienen como auxiliares
a mercenarios árabes. Ahora están acampados al otro lado del
torrente, preparados para atacarte". Entonces Judas salió a su
encuentro,
5:40 y mientras él se acercaba
al torrente con su ejército, Timoteo dijo a sus capitanes: "Si
él lo pasa primero y viene sobre nosotros, no podremos resistir, y
nos vencerá seguramente;
5:41 pero si se atemoriza y acampa al
otro lado del río, lo atravesaremos nosotros, caeremos sobre él
y lo venceremos".
5:42 Cuando Judas llegó al borde
del torrente, ubicó a los escribas del pueblo a la orilla y les dio
esta orden: "No dejen que ningún hombre quede en el campamento,
sino que todos vayan al combate".
5:43 Él fue el primero en cruzar
el río en dirección al enemigo, y toda su gente lo siguió.
Todos los paganos quedaron derrotados ante ellos, arrojaron sus armas y corrieron
a refugiarse en el templo de Carnain.
5:44 Pero los judíos se apoderaron
de la ciudad y quemaron el templo con todos los que había adentro.
Carnain fue sometida y ya nadie pudo resistir a Judas.
El
regreso de Judas Macabeo a Jerusalén
5:45 Judas reunió a todos los israelitas
de la región de Galaad, del más pequeño al más
grande, con sus mujeres, sus hijos y sus equipajes, para llevarlos al país
de Judá: era una inmensa muchedumbre.
5:46 Llegaron a Efrón, ciudad importante
y muy fortificada, que estaba sobre el camino, por la que tenían que
pasar necesariamente, ya que no era posible desviarse ni a la derecha ni a
la izquierda.
5:47 Pero los habitantes de la ciudad
les negaron el paso y bloquearon las entradas con piedras.
5:48 Judas les envió un mensaje
en son de paz, diciéndoles: "Permítannos pasar por el territorio
de ustedes, para ir a nuestro país; nadie les hará ningún
mal, sólo queremos pasar". Como ellos se negaron a abrirle,
5:49 Judas hizo anunciar en el campamento
que cada uno tomara posición donde se encontraba.
5:50 Los soldados ocuparon sus posiciones,
y Judas atacó la ciudad todo aquel día y toda la noche, hasta
que cayó en sus manos.
5:51 Hizo pasar al filo de la espada a
todos los varones, arrasó la ciudad, la saqueó y la atravesó
por encima de los cadáveres.
5:52 Después pasaron el Jordán
en dirección a la gran llanura que está frente a Betsán.
5:53 Durante todo el trayecto, Judas fue
recogiendo a los rezagados y animando al pueblo hasta llegar a la tierra de
Judá.
5:54 Todos subieron al monte Sión
con júbilo y alegría, y ofrecieron holocaustos por haber regresado
sanos y salvos sin perder a ninguno de los suyos.
La
derrota de José y Azarías en Iamnia
5:55 Cuando Judas y Jonatán estaban
en el país de Galaad, y su hermano Simón en Galilea, frente
Tolemaida,
5:56 José, hijo de Zacarías,
y Azarías, jefes del ejército, al oír las proezas y combates
que aquellos habían llevado a cabo,
5:57 dijeron: "Hagámonos célebres
también nosotros, luchando contra los paganos que nos rodean".
5:58 Entonces ordenaron a las tropas que
estaban bajo su mando que avanzaran sobre Iamnia.
5:59 Gorgias salió de la ciudad
con su ejército para luchar contra ellos.
5:60 José y Azarías fueron
derrotados y perseguidos hasta la frontera de Judea. Aquel día cayeron
alrededor de dos mil israelitas.
5:61 Este fue un grave desastre para el
pueblo por no haber obedecido a Judas y a sus hermanos, creyéndose
capaces de grandes hazañas.
5:62 Pero ellos no pertenecían
a la estirpe de aquellos hombres a quienes estaba confiada la salvación
de Israel.
Otros
triunfos de Judas Macabeo en Idumea y Filistea
5:63 El valiente Judas y sus hermanos
alcanzaron gran celebridad en todo Israel y en todas las naciones donde se
oía hablar de ellos.
5:64 La gente se agolpaba a su alrededor
para aclamarlos.
5:65 Judas salió con sus hermanos
para hacer la guerra a los descendientes de Esaú, en la región
meridional. Se apoderó de Hebrón y de sus poblados, destruyó
sus fortificaciones e incendió las torres de su alrededor.
5:66 Luego partió en dirección
al país de los filisteos y atravesó Marisá.
5:67 Aquel día, algunos sacerdotes
que querían mostrar su valentía, cayeron en el combate por salir
a luchar imprudentemente.
5:68 En seguida Judas se desvió
hacia Azoto, en territorio filisteo: allí derribó sus altares,
incendió las estatuas de sus dioses, saqueó sus ciudades, y
finalmente, regresó al país de Judea.

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