1° MACABEOS
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La
derrota de Antíoco IV en Persia
6:1 Mientras tanto, el rey Antíoco
recorría las provincias de la meseta. Allí se enteró
de que en Persia había una ciudad llamada Elimaida, célebre
por sus riquezas, su plata y su oro.
6:2 Ella tenía un templo muy rico,
donde se guardaban armaduras de oro, corazas y armas dejadas allí por
Alejandro, hijo de Filipo y rey de Macedonia, el primero que reinó
sobre los griegos.
6:3 Antíoco se dirigió a
esa ciudad para apoderarse de ella y saquearla, pero no lo consiguió,
porque los habitantes de la ciudad, al conocer sus planes,
6:4 le opusieron resistencia. Él
tuvo que huir y se retiró de allí muy amargado para volver a
Babilonia.
6:5 Cuando todavía estaba en Persia,
le anunciaron que la expedición contra el país de Judá
había fracasado.
6:6 Le comunicaron que Lisias había
ido al frente de un poderoso ejército, pero había tenido que
retroceder ante los judíos, y que éstos habían acrecentado
su poder, gracias a las armas y al cuantioso botín tomado a los ejércitos
vencidos.
6:7 Además, habían destruido
la Abominación que él había erigido sobre el altar de
Jerusalén y habían rodeado el Santuario de altas murallas como
antes, haciendo lo mismo con Betsur, que era una de las ciudades del rey.
La
muerte de Antíoco IV Epífanes y el advenimiento de Antíoco
V
6:8 Al oír tales noticias, el rey
quedó consternado, presa de una violenta agitación, y cayó
en cama enfermo de tristeza, porque las cosas no le habían salido como
él deseaba.
6:9 Así pasó muchos días,
sin poder librarse de su melancolía, hasta que sintió que se
iba a morir.
6:10 Entonces hizo venir a todos sus amigos
y les dijo: "No puedo conciliar el sueño y me siento desfallecer.
6:11 Yo me pregunto cómo he llegado
al estado de aflicción y de amargura en que ahora me encuentro, yo
que era generoso y amado mientras ejercía el poder.
6:12 Pero ahora caigo en la cuenta de
los males que causé en Jerusalén, cuando robé los objetos
de plata y oro que había allí y mandé exterminar sin
motivo a los habitantes de Judá.
6:13 Reconozco que por eso me suceden
todos estos males y muero de pesadumbre en tierra extranjera".
6:14 Luego, llamó a Filipo, uno
de sus Amigos, y lo puso al frente de todo su reino.
6:15 Le entregó su diadema, su
manto y su anillo, encargándole que dirigiera a su hijo Antíoco
y lo educara para que fuera rey.
6:16 El rey Antíoco murió
en aquel lugar, el año ciento cuarenta y nueve.
6:17 Cuando Lisias se enteró de
la muerte del rey, puso en el trono a su hijo Antíoco, que él
había educado desde niño, dándole el sobrenombre de Eupátor.
El
sitio de la Ciudadela de Jerusalén
6:18 La gente de la Ciudadela tenía
confinados a los israelitas alrededor del Santuario, y no perdía ocasión
de hacerles mal y de apoyar a los paganos.
6:19 Judas resolvió acabar con
ellos y convocó a todo el ejército para sitiarlos.
6:20 El año ciento cincuenta, se
reunieron todos y sitiaron la Ciudadela, construyendo torres de asalto y empalizadas.
6:21 Pero varios de los sitiados rompieron
el cerco y se les unieron algunos renegados de Israel,
6:22 que acudieron al rey para decirle:
"¿Hasta cuándo vas a estar sin hacernos justicia y sin
vengar a nuestros hermanos?
6:23 Nosotros aceptamos de buen grado
servir a tu padre, cumplir sus ordenes y obedecer sus decretos.
6:24 Por eso, nuestros compatriotas han
sitiado la Ciudadela y nos tratan como extraños. Más aún,
han matado a los nuestros que caían en sus manos y han confiscado nuestros
bienes.
6:25 Y no sólo han levantado su
mano contra nosotros, sino también sobre todos los países limítrofes.
6:26 Ahora mismo tienen sitiada la Ciudadela
de Jerusalén para apoderarse de ella y han fortificado el Santuario
y la ciudad de Betsur.
6:27 Si no te adelantas rápidamente,
harán cosas mayores todavía y ya no podrás detenerlos".
La
campaña de Antíoco V y de Lisias
6:28 El rey, al oír esto, se enfureció
y convocó a todos sus Amigos, a los capitanes del ejército y
a los comandantes de caballería.
6:29 Además, le llegaron tropas
mercenarias de otros reinos y de las islas del mar.
6:30 El número de sus fuerzas era
de cien mil soldados, veinte mil jinetes y treinta y dos elefantes adiestrados
para la guerra.
6:31 Entraron por Idumea y acamparon cerca
de Betsur, atacándola durante mucho tiempo con máquinas de guerra.
Pero los sitiados, en una salida sorpresiva, se las quemaron y combatieron
valerosamente.
La
batalla de Betzacaría
6:32 Entonces Judas levantó el
sitio de la Ciudadela y acampó en Betzacaría, frente al campamento
del rey.
6:33 A la mañana siguiente, el
rey se levantó de madrugada y condujo apresuradamente al ejército
por el camino de Betzacaría. Las tropas se dispusieron para el ataque
y se tocaron las trompetas.
6:34 A los elefantes les mostraron mosto
de uva y de moras para excitarlos al combate.
6:35 Los animales estaban repartidos entre
los batallones. Al lado de cada elefante se alineaban mil hombres con cota
de malla y cascos de bronce, además de quinientos jinetes escogidos.
6:36 Estos estaban pendientes de los movimientos
del animal, de manera que adonde iba él, iban también ellos,
sin apartarse de su lado.
6:37 Cada elefante llevaba encima, sujeta
con cinchas, una sólida torre de madera que servía de defensa,
y en cada una de ellas iban tres guerreros que combatían desde allí,
además del conductor.
6:38 En cuanto al resto de la caballería,
el rey la ubicó a un lado y a otro, sobre los dos flancos del ejército,
con la misión de hostigar al enemigo y cubrir a los batallones.
6:39 Cuando el sol brilló sobre
el oro y el bronce de los escudos, sus reflejos iluminaron las montañas
que relucían como antorchas.
6:40 Una parte del ejército real
se había alineado en lo alto de la montaña, y la otra en el
valle. Todos avanzaban con paso seguro y en perfecto orden.
6:41 Los israelitas se estremecían
al oír el rumor de aquella multitud, el ruido de su marcha y el estrépito
de sus armas, porque era un ejército inmenso y poderoso.
6:42 Entonces Judas se adelantó
con sus tropas para entrar en batalla, y cayeron seiscientos hombres del ejército
real.
6:43 Mientras tanto, Eleazar, llamado
Avarán, vio a un elefante pertrechado con una cota real, que sobresalía
entre todos los demás, y pensó que en él iba el rey.
6:44 Entonces sacrificó su propia
vida para salvar a su pueblo y adquirir una fama imperecedera.
6:45 Corrió resueltamente hacia
él, a través del batallón, matando a derecha e izquierda.
Así se abrió paso a un lado y a otro
6:46 y se deslizó por debajo del
elefante, clavándole su espada. Al desplomarse por tierra el animal,
cayó sobre él y lo mató.
6:47 Pero los judíos, al ver el
poderío del rey y el empuje de sus tropas, emprendieron la retirada.
La
toma de Betsur y el sitio de Jerusalén
6:48 El ejército real subió
a Jerusalén, al encuentro de los judíos, y el rey acampó
frente a Judea y al monte Sión.
6:49 Él hizo la paz con los habitantes
de Betsur, que abandonaron la ciudad por carecer de víveres para resistir
el asedio, ya que aquel era un año sabático para la tierra.
6:50 El rey ocupó Betsur y dejó
allí una guarnición para su defensa.
6:51 Durante mucho tiempo estuvo sitiando
el Santuario. Levantó contra él ballestas y torres de asalto,
lanzallamas y catapultas, lanza flechas y hondas.
6:52 Los sitiados, por su parte, construyeron
armas similares para el contraataque, y así resistieron mucho tiempo.
6:53 Pero, al fin, se agotaron los víveres
almacenados, porque era el séptimo año y, además, porque
los refugiados en Judea, provenientes de las naciones, habían consumido
las últimas reservas.
6:54 Así no quedaron en el Santuario
más que unos pocos hombres, porque se hacía sentir el hambre.
Los demás se dispersaron, cada uno por su lado.
Concesión
de la libertad religiosa a los judíos
6:55 Mientras tanto, Lisias se enteró
de que Filipo a quien el rey Antíoco había encargado antes
de morir que educara a su hijo Antíoco, para que fuera rey
6:56 había vuelto de Persia y de
Media con las tropas que acompañaron al rey, y trataba de tomar el
poder.
6:57 Por eso pensó que era necesario
partir en seguida y dijo al rey, a los capitanes del ejército y a los
soldados: "Cada día estamos peor y escasean los víveres;
el lugar que asediamos está bien fortificado y nos urgen los asuntos
del reino.
6:58 Tendamos la mano a estos hombres,
y hagamos la paz con ellos y con toda su nación.
6:59 Dejemos que vivan según sus
costumbres tradicionales, ya que ellos se han irritado y han hecho todas estas
cosas, porque nosotros hemos tratado de abolirlas".
6:60 El rey y los capitanes aprobaron
la propuesta, y el rey mandó ofrecer la paz a los sitiados. Estos la
aceptaron,
6:61 y el rey y los capitanes se comprometieron
con un juramento.
6:62 Con esta garantía salieron
de la fortaleza y el rey subió al monte Sión. Pero al ver las
fortificaciones de aquel lugar, violó el juramento que había
hecho y ordenó destruir la muralla que lo rodeaba.
6:63 Luego partió rápidamente
y volvió a Antioquía, donde encontró a Filipo dueño
ya de la ciudad: lo atacó y ocupó la ciudad por la fuerza.
La
ocupación del trono por Demetrio I
7:1 El año ciento cincuenta y uno,
Demetrio, hijo de Seleuco, salió de Roma y llegó con unos pocos
hombres a una ciudad marítima, donde se proclamó rey.
7:2 Cuando se disponía a entrar
en el palacio de sus padres, el ejército apresó a Antíoco
y a Lisias para hacerlos comparecer ante él.
7:3 Apenas se enteró, dijo: "No
quiero ni verles la cara".
7:4 Entonces el ejército los mató
y Demetrio ocupó su trono real.
Las
intrigas de Álcimo ante Demetrio I
7:5 Todos los israelitas renegados e impíos
acudieron a él, guiados por Álcimo, que ambicionaba el sumo
sacerdocio.
7:6 Ellos acusaron al pueblo delante del
rey, diciendo: "Judas y sus hermanos han eliminado a todos tus adictos
y a nosotros nos han expulsado de nuestro país.
7:7 Por eso, manda ahora a una persona
de tu confianza, para que vea los estragos que nos han causado a nosotros
y a todo el territorio del rey, y los castigue a ellos y a todos los que los
apoyan".
Las
represalias de Báquides y de Álcimo contra los israelitas
7:8 El rey eligió a Báquides,
uno de sus Amigos, que gobernaba la región occidental del Éufrates;
este era un personaje importante en la corte y leal al rey.
7:9 Lo envió junto con el impío
Álcimo, a quien confirió el sumo sacerdocio, y le dio la orden
de tomar represalias contra los israelitas.
7:10 Ellos partieron con un ejército
numeroso y, al llegar al territorio de Judá, enviaron mensajeros a
Judas y a sus hermanos con falsas propuestas de paz.
7:11 Pero estos, viendo que habían
venido con un ejército tan numeroso, no dieron crédito a sus
palabras.
7:12 Sin embargo, un grupo de escribas
se reunió con Álcimo y Báquides, tratando de encontrar
una solución satisfactoria.
7:13 Entre los israelitas, los asideos
eran los primeros en pedir la paz,
7:14 porque decían: "El que
ha venido con el ejército es un sacerdote de la familia de Aarón:
él no nos va a traicionar".
7:15 Báquides les habló
amistosamente y les aseguró bajo juramento: "No vamos a hacerles
ningún mal, ni a ustedes ni a sus amigos".
7:16 Ellos le creyeron, pero él
hizo apresar y ejecutar a sesenta de ellos en un solo día, conforme
a la palabra que estaba escrita:
7:17 "Desparramaron los cadáveres
y la sangre de tus fieles alrededor de Jerusalén y nadie les daba sepultura".
7:18 A causa de esto, cundió el
pánico en toda la población, y decían: "No hay en
ellos verdad ni justicia, porque han violado el compromiso y el juramento
que habían hecho".
7:19 Después, Báquides partió
de Jerusalén, acampó en Betzet y mandó apresar a muchos
que se habían puesto de su parte y a algunos del pueblo; los degolló
y los arrojó en la gran cisterna.
7:20 Luego puso la provincia en manos
de Álcimo, dejando un destacamento a su disposición, y regresó
adonde estaba el rey.
La
reacción de Judas Macabeo contra Álcimo
7:21 Álcimo luchó por mantenerse
en el sumo sacerdocio,
7:22 y se unieron a él todos los
que perturbaban al pueblo: así se hicieron dueños de Judá
y causaron un daño tremendo a Israel.
7:23 Judas, al ver que Álcimo y
sus secuaces hacían a los israelitas más daño que los
paganos,
7:24 salió a recorrer todo el territorio
de Judea para vengarse de los desertores y no dejarlo circular por la región.
7:25 Cuando Álcimo vio que Judas
y sus partidarios se fortalecían y que él no podía resistirles,
acudió al rey y los acusó de graves delitos.
La
expedición y la derrota de Nicanor
7:26 El rey envió entonces a Nicanor,
uno de sus generales más distinguidos y enemigo acérrimo de
Israel, con la orden expresa de exterminar al pueblo.
7:27 Nicanor llegó a Jerusalén
con un gran ejército, y envió a Judas y sus hermanos un falso
mensaje de paz, diciéndoles:
7:28 "No nos hagamos la guerra; iré
a entrevistarlos en son del paz con una pequeña escolta".
7:29 Cuando se presentó ante Judas,
ambos se saludaron amistosamente, pero los enemigos estaban preparados para
secuestrar a Judas.
7:30 Este, al darse cuenta de que Nicanor
había venido con pérfidas intenciones, tuvo miedo de él
y no quiso verlo más.
7:31 Entonces Nicanor comprendió
que sus planes habían sido descubiertos y salió a combatir contra
Judas cerca de Cafarsalamá.
7:32 Allí cayeron unos quinientos
hombres del ejército de Nicanor, y los demás huyeron a la Ciudad
de David.
Amenazas
de Nicanor contra el Templo
7:33 Después de esto, Nicanor subió
al monte Sión. Algunos sacerdotes y ancianos del pueblo salieron del
Santuario para saludarlo amistosamente y mostrarle el holocausto que se ofrecía
por el rey.
7:34 Pero él se burló de
ellos con desprecio, los ultrajó y les habló insolentemente.
7:35 Después, juró muy enojado:
"Si no me entregan ahora mismo a Judas y a su ejército, cuando
vuelva victorioso, prenderé fuego a esta Casa". Y salió
enfurecido.
7:36 Los sacerdotes entraron al Santuario,
y de pie ante el altar y el Templo, exclamaron llorando:
7:37 "Tú has elegido esta
Casa, que es llamada con tu Nombre, a fin de que fuera una casa de oración
y de súplica para tu pueblo.
7:38 Dales su merecido a este hombre y
a su ejército, y que caigan al filo de la espada. Acuérdate
de sus blasfemias y no les des tregua".
Nueva
derrota y muerte de Nicanor
7:39 Nicanor partió de Jerusalén
y acampó en Betjorón, donde se le unió un contingente
de Siria.
7:40 Judas, por su parte, acampó
en Adasa con tres mil hombres, e hizo esta oración:
7:41 "Cuando los enviados del rey
blasfemaron, apareció tu Ángel y exterminó a ciento ochenta
y cinco mil de ellos.
7:42 Así también, destruye
hoy ante nosotros a este ejército, para que los demás reconozcan
que su jefe blasfemó contra tu Santuario, y júzgalo conforme
a su maldad".
7:43 El día trece del mes de Adar,
los ejércitos entraron en combate y el de Nicanor fue desbaratado.
El primero en caer fue el mismo Nicanor,
7:44 y cuando sus soldados vieron que
había caído, tiraron las armas y huyeron.
7:45 Los israelitas los persiguieron durante
todo un día, desde Adasa hasta las proximidades de Gázara, tocando
detrás de ellos las trompetas de alarma.
7:46 De todas las poblaciones judías
de los alrededores salía gente que los fue envolviendo, hasta obligarlos
a volverse unos contra otros.
7:47 Así cayeron todos al filo
de la espada, y no quedó ni uno solo. Los judíos se apoderaron
de los despojos y del botín, y cortaron la cabeza de Nicanor y su mano
derecha, que él había levantado con prepotencia. Luego las llevaron
y las colgaron a la entrada de Jerusalén.
7:48 El pueblo se llenó de alegría;
todos celebraron ese día como una gran fiesta
7:49 y determinaron conmemorar cada año
aquel día, trece de Adar.
7:50 Y el país de Judá gozó
de paz durante algún tiempo.
El
poderío de Roma y elogio de los romanos
8:1 Entre tanto, la fama de los romanos
llegó a oídos de Judas: supo que eran guerreros valerosos, se
mostraban benévolos con todos sus aliados y entablaban amistad con
todos los que acudían a ellos; sobre todo, se enteró de que
eran guerreros valerosos.
8:2 Le habían contado, en efecto,
sus campañas y las proezas que habían realizado entre los galos,
dominándolos y sometiéndolos a tributo,
8:3 como así también todo
lo que habían hecho en la región de España, para adueñarse
de las minas de plata y de oro que hay allí,
8:4 y cómo gracias a su habilidad
y constancia, se habían apoderado de todo el territorio, a pesar de
ser un lugar muy distante. Asimismo, a los reyes que habían venido
a combatirlos desde los confines de la tierra, los habían derrotado,
aplastándolos completamente, mientras que los restantes les pagaban
tributo cada año.
8:5 Ellos habían derrotado y sometido
a Filipo y a Perseo, reyes de Quitím, y a cuantos se les opusieron.
8:6 También habían vencido
a Antíoco el Grande, rey de Asia, que les había hecho la guerra
con ciento veinte elefantes, con caballos, carros y un ejército muy
numeroso:
8:7 lo tomaron prisionero y le impusieron,
a él y a sus sucesores, un fuerte tributo, además de la entrega
de rehenes y la cesión
8:8 de sus mejores provincias la región
de la India, Media y Lidia que luego entregaron al rey Eumenes.
8:9 Los de Grecia habían pensado
ir a exterminarlos,
8:10 pero los romanos, al enterarse, habían
enviado contra ellos a un solo general para combatirlos: así mataron
a muchos de ellos, llevaron prisioneros a sus mujeres y sus niños,
saquearon sus bienes, sometieron al país, arrasaron sus fortalezas
y les impusieron su dominio hasta el día de hoy.
8:11 También destruyeron y sometieron
a los demás reinos y a las islas que alguna vez les opusieron resistencia.
8:12 En cambio, mantuvieron su amistad
con sus aliados y con todos los que buscaron su apoyo. Tienen bajo su dominio
a los reyes vecinos y lejanos y son temidos por todos los que oyen en hablar
de ellos.
8:13 Sólo reinan los que ellos
quieren ayudar a reinar, y deponen a los que quieren. Están en el apogeo
de su poder.
8:14 Sin embargo, ninguno de ellos se
ciñe la corona ni se reviste de púrpura para engrandecerse.
8:15 Antes bien, han creado un Senado,
donde cada día sesionan trescientos veinte senadores, que deliberan
constantemente sobre los asuntos del pueblo, a fin de asegurar el orden público.
8:16 Cada año confían a
un solo hombre el poder y el dominio sobre toda la nación, y todos
le obedecen, sin que haya entre ellos envidias ni celos.
La
alianza de los judíos con los romanos
8:17 Judas eligió a Eupólemo,
hijo de Juan, hijo de Hacós, y a Jasón, hijo de Eleazar, y los
envió a Roma para concertar un pacto de amistad,
8:18 con el fin de librarse del yugo,
porque veían que los griegos tenían esclavizado a Israel.
8:19 Ellos partieron para Roma y, después
de un larguísimo viaje, se presentaron ante el Senado y dijeron:
8:20 "Judas, llamado Macabeo, sus
hermanos y el Pueblo judío nos han enviado para concertar con ustedes
un pacto de paz y para que nos inscriban en el número de sus aliados
y amigos".
8:21 La propuesta agradó a los
romanos.
8:22 Y esta es la copia del documento
que grabaron en planchas de bronce y enviaron a Jerusalén como memorial
de paz y de alianza:
8:23 "¡Que los romanos y la
nación de los judíos tengan felicidad en el mar y en la tierra
para siempre! ¡Lejos de ellos la espada y el enemigo!
8:24 Si una guerra amenaza primero a Roma,
o a cualquiera de sus aliados, en cualquier parte de sus dominios,
8:25 la nación de los judíos
luchará a su lado de todo corazón según se lo exijan
las circunstancias.
8:26 Los enemigos no recibirán
trigo, ni armas, ni dinero, ni naves. Así lo ha establecido Roma. Observarán
sus compromisos sin ninguna compensación.
8:27 De la misma manera, si una guerra
amenaza primero a la nación de los judíos, los romanos lucharán
a su lado, con toda el alma según se lo exijan las circunstancias.
8:28 Sus agresores no recibirán
trigo, ni armas, ni dinero, ni naves. Así lo ha establecido Roma. Observarán
sus compromisos con lealtad".
8:29 Estas son las cláusulas que
los romanos estipularon con el Pueblo judío.
8:30 "Si posteriormente unos y otros
deciden añadir o quitar algo, lo harán de común acuerdo,
y lo que añadan o quiten tendrá fuerza obligatoria".
8:31 "Con relación a los males
que el rey Demetrio ha causado a los judíos, ya le hemos escrito lo
siguiente: '¿Por qué has hecho sentir pesadamente tu yugo sobre
los judíos, nuestros amigos y aliados?
8:32 Si vuelven a quejarse de ti, nosotros
les haremos justicia y te haremos la guerra por mar y por tierra'".
La
batalla de Berzet y la muerte de Judas Macabeo
9:1 Cuando Demetrio se enteró de
que Nicanor y su ejército habían sucumbido en el combate, envió
por segunda vez al país de Judá a Báquides y Álcimo,
con el ala derecha de su ejército.
9:2 Estos tomaron el camino de Guilgal
y sitiaron a Mesalot en el territorio de Arbela; se apoderaron de ella y mataron
a mucha gente.
9:3 El primer mes del año ciento
cincuenta y dos acamparon frente a Jerusalén,
9:4 de donde partieron con veinte mil
hombres y dos mil jinetes en dirección a Berzet.
9:5 Judas tenía puesto su campamento
en Elasá y había con él tres mil hombres elegidos.
9:6 Pero al ver la multitud de los enemigos,
se atemorizaron y muchos desertaron del campamento, de manera que no quedaron
más que ochocientos hombres.
9:7 Judas advirtió que su ejército
se había desbandado, precisamente cuando la batalla era inminente y
quedó descorazonado, porque no había tiempo de volverlos a reunir.
V8 A pesar de su desaliento, dijo a los que habían quedado: "Ataquemos
lo mismo a nuestros enemigos: tal vez podamos hacerles frente".
9:9 Pero ellos trataban de disuadirlo,
diciéndole: "¡Imposible! Salvemos primero nuestras vidas;
después volveremos con nuestros hermanos para continuar luchando, ya
que ahora somos muy pocos".
9:10 Judas les respondió: "¡Eso
nunca! No podemos huir ante ellos. Si es que ha llegado nuestra hora, muramos
valientemente por nuestros hermanos, sin que nuestra gloria sufra menoscabo".
9:11 El ejército enemigo salió
del campamento y se aprestó para enfrentarlos. La caballería
se había dividido en dos escuadrones; en primera línea, avanzaban
los más aguerridos, precedidos por los arqueros y los honderos.
9:12 Báquides estaba en el ala
derecha. Las tropas avanzaron por ambos lados, al sonido de las trompetas.
9:13 Los hombres de Judas también
tocaron las trompetas y la tierra tembló por el estruendo de los ejércitos.
La lucha se inició al amanecer y duró hasta la tarde.
9:14 Judas vio que Báquides y el
grueso de su ejército estaban a la derecha. Entonces los israelitas
más decididos se unieron a él
9:15 y derrotaron el ala derecha, persiguiéndola
hasta las últimas estribaciones de la montaña.
9:16 Pero los del ala izquierda, al ver
derrotada el ala derecha, se volvieron contra Judas y los suyos, tomándolos
por la espalda.
9:17 La lucha se hizo más encarnizada,
y hubo muchas víctimas de uno y otro bando.
9:18 También cayó Judas
y los demás huyeron.
Los
funerales de Judas Macabeo
9:19 Jonatán y Simón tomaron
a su hermano Judas y lo sepultaron en el sepulcro de sus padres en Modín.
9:20 Todo Israel lloró e hizo un
gran duelo por él, y muchos días repitieron esta lamentación:
9:21 "¡Cómo ha caído
el héroe que salvaba a Israel!"
9:22 El resto de las acciones de Judas,
de sus guerras, de las proezas que realizó y de sus títulos
de gloria no ha sido escrito, porque fueron innumerables.
JONATÁN,
JEFE DE LOS JUDÍOS Y SUMO SACERDOTE
(160-142 a. C.)
Resurgimiento
del partido helenista
9:23
Después de la muerte de Judas, reaparecieron los renegados en todo
el territorio de Israel y se envalentonaron los impíos.
9:24 En aquellos días, el hambre
asoló el país y la gente se puso de parte de ellos.
9:25 Báquides eligió a unos
hombres impíos y los hizo dueños del país.
9:26 Ellos buscaban a los amigos de Judas,
siguiéndoles las pistas, y se los llevaban a Báquides, que los
castigaba y escarnecía.
9:27 Esta fue una gran tribulación
para Israel, como no se había visto desde que dejaron de manifestarse
los profetas.
Jonatán,
jefe de la resistencia
9:28 Entonces todos los amigos de Judas
se reunieron y dijeron a Jonatán:
9:29 "Desde la muerte de tu hermano
Judas no tenemos un hombre como él, capaz de enfrentar a nuestros enemigos,
a Báquides y a los que odian a nuestra nación.
9:30 Por eso, hoy te elegimos a ti para
que ocupes el lugar de tu hermano, y seas nuestro jefe y nuestro guía
en la lucha que sostenemos".
9:31 En ese momento Jonatán tomó
el mando como sucesor de su hermano Judas.
La
huida de Jonatán y sus partidarios al desierto
9:32 Cuando Báquides lo supo, trató
de matarlo.
9:33 Pero Jonatán, su hermano Simón
y todos sus partidarios, al enterarse de esto, huyeron al desierto de Técoa
y acamparon junto a las aguas de la cisterna de Asfar.
9:34 Báquides se enteró
el día sábado, y atravesó el Jordán con todo su
ejército.
La
muerte de Juan y la represalia contra los jambritas
9:35 Jonatán envió a su
hermano Juan, el encargado de conducir la caravana, a pedir autorización
a los nabateos, sus amigos, para dejarles en depósito su equipaje,
que era muy grande.
9:36 Pero los jambritas, que habitaban
en Madabá, capturaron a Juan con todo lo que llevaba, y se fueron con
el botín.
9:37 Poco tiempo después, Jonatán
y su hermano Simón se enteraron de que los jambritas celebraban una
gran boda y traían de Nabatá, con mucha pompa, a la novia, hija
de uno de los grandes magnates de Canaán.
9:38 Entonces se acordaron del sangriento
fin de su hermano Juan y fueron a esconderse en un repliegue de la montaña.
9:39 Al alzar los ojos, divisaron una
numerosa caravana que avanzaba en medio de un gran tumulto, y vieron que el
novio iba a su encuentro, acompañado de sus amigos y hermanos, al son
de tambores e instrumentos musicales y con mucha gente armada.
9:40 Inmediatamente, salieron de su escondite,
se precipitaron sobre ellos y los masacraron, dejando muchas víctimas.
Mientras los sobrevivientes huían a la montaña, ello se apoderaron
de todo el botín.
9:41 Así la boda terminó
en duelo y la música en lamentaciones.
9:42 De esta manera vengaron la sangre
de su hermano y volvieron a las regiones pantanosas del Jordán.
El
combate del Jordán
9:43 Cuando Báquides se enteró,
fue un día sábado a las riberas del Jordán con un ejército
numeroso.
9:44 Entonces Jonatán arengó
a sus hombres, diciendo: "¡Ánimo! Luchemos por defender
nuestras vidas, porque ahora no estamos como antes.
9:45 El enemigo nos asedia por delante
y por detrás, de un lado están las aguas del Jordán y
del otro, los pantanos y las malezas; no hay escapatoria posible.
9:46 Clamen al Cielo, para que nos salve
de nuestros enemigos".
9:47 Una vez iniciado el combate, Jonatán
extendió su brazo para descargar un golpe sobre Báquides, pero
este lo esquivó, echándose atrás.
9:48 Entonces Jonatán y los suyos
se tiraron al Jordán y lo atravesaron a nado, pero sus enemigos no
los persiguieron.
9:49 Aquel día murieron unos mil
hombres del ejército de Báquides.
La
construcción de plazas fuertes en Judea
9:50 Al volver a Jerusalén, Báquides
comenzó a fortificar algunas ciudades en Judea: las fortalezas de Jericó,
Emaús, Betjorón, Betel, Tamnatá, Faratón y Tefón,
protegiéndolas con altas murallas, puertas y cerrojos.
9:51 En cada una de ellas puso una guarnición
para hostigar a Israel.
9:52 También fortificó la
ciudad de Betsur, Guéser y la Ciudadela, dejando en ellas tropas y
depósitos de víveres.
9:53 Después tomó como rehenes
a los hijos de las principales familias del país y los puso bajo custodia
en la Ciudadela de Jerusalén.
La
muerte de Álcimo y la retirada de Báquides
9:54 En el segundo mes del año
ciento cincuenta y tres, Álcimo mandó derribar las murallas
de la parte interior del Santuario, destruyendo así la obra de los
profetas. Pero al comenzar la demolición,
9:55 sufrió un ataque y la obra
se detuvo. Él perdió el habla y la boca le quedó paralizada,
de manera que no pudo hablar más ni dar ninguna orden en lo referente
a su casa.
9:56 Álcimo murió en esa
época en medio de grandes tormentos.
9:57 Al ver que Álcimo había
muerto, Báquides regresó adonde estaba el rey, y así
Judá quedó en paz durante dos años.
Nueva
campaña de Báquides
9:58 Todos los renegados se confabularon
diciendo: "Jonatán y los suyos viven tranquilos y confiados. Hagamos
volver a Báquides, para que los arreste a todos en una sola noche".
9:59 Ellos fueron a comunicarle su plan,
9:60 y Báquides partió con
un gran ejército. Mientras tanto, envió instrucciones secretas
a todos sus aliados de Judea para que se apoderaran de Jonatán y de
sus amigos, pero aquellos no pudieron hacerlo porque sus planes fueron descubiertos.
9:61 En represalia, Jonatán y sus
amigos apresaron a unos cincuenta hombres entre los cabecillas de la conspiración,
y los mataron.
9:62 Jonatán y Simón se
retiraron con sus compañeros a Betbasí, en el desierto, y la
fortificaron, restaurando sus ruinas.
9:63 Al saber esto, Báquides reunió
a toda su gente y convocó a sus partidarios de Judea.
9:64 Luego acampó frente a Betbasí
y la atacó durante varios días, emplazando máquinas de
guerra.
La
victoria de Jonatán
9:65 Pero Jonatán, dejando en la
ciudad a su hermano Simón, hizo una incursión por el país
con algunos hombres.
9:66 Derrotó a Odomerá y
a sus hermanos, y también a los hijos de Fasirón en sus propios
campamentos. Una vez asestados estos primeros golpes, volvieron con más
fuerzas.
9:67 Simón y los suyos salieron
de la ciudad e incendiaron las máquinas de guerra.
9:68 Lucharon contra Báquides y
lo derrotaron, dejándolo muy abatido porque sus planes y su campaña
habían fracasado.
9:69 Por eso se enfureció contra
los renegados que le habían aconsejado regresar al país y mandó
ejecutar a muchos de ellos. Después decidió volver a su país.
El
tratado de paz entre Báquides y Jonatán
9:70 Al enterarse de esto, Jonatán
envió mensajeros a Báquides para concertar con él la
paz y para que les devolviera los prisioneros.
9:71 Báquides aceptó la
propuesta y le juró no hacerle ningún daño durante toda
su vida;
9:72 le devolvió los prisioneros
capturados anteriormente en Judá y regresó a su país.
Y nunca más volvió al territorio de Judea.
9:73 Hubo así paz en Israel y Jonatán
se estableció en Micmás, donde comenzó a gobernar al
pueblo y a exterminar a los impíos de en medio de Israel.
Concesiones
de Demetrio I a Jonatán
10:1 El año ciento sesenta, Alejandro,
hijo de Antíoco, por sobrenombre Epífanes, desembarcó
y ocupó Tolemaida, donde fue bien recibido y comenzó a reinar.
10:2 Enterado de esto, el rey Demetrio
reclutó un ejército muy numeroso y salió a su encuentro
para combatirlo.
10:3 Además, Demetrio envió
a Jonatán una carta amistosa, dándole mayores poderes,
10:4 haciéndose esta reflexión:
"Anticipémonos a negociar la paz con él antes que él
la haga con Alejandro en detrimento nuestro,
10:5 acordándose de los males que
le causamos a él, a sus hermanos y a su nación".
10:6 Demetrio le dio autorización
para reclutar tropas, fabricar armamentos y ser su aliado. También
ordenó que le entregaran los rehenes detenidos en la Ciudadela.
El
establecimiento de Jonatán en Jerusalén
10:7 Jonatán fue a Jerusalén
y leyó la carta en presencia de todo el pueblo y de los que ocupaban
la Ciudadela.
10:8 Estos últimos quedaron muy
atemorizados cuando supieron que el rey lo había autorizado para reclutar
tropas, y
10:9 los de la Ciudadela entregaron los
rehenes a Jonatán, el cual los devolvió a sus familias.
10:10 Jonatán fijó su residencia
en Jerusalén y comenzó a reconstruir y restaurar la ciudad.
10:11 Ordenó a los constructores
que reconstruyeran las murallas y que rodearan el monte Sión con un
muro de piedras talladas, y así lo hicieron.
10:12 Los extranjeros que ocupaban las
fortalezas levantadas por Báquides, huyeron,
10:13 abandonando cada uno su puesto para
regresar a su país.
10:14 Sólo en Betsur quedaron algunos
de los que habían renegado de la Ley y de los mandamientos, porque
esa era una ciudad de refugio.
Jonatán
investido por Alejandro como Sumo Sacerdote
10:15 El rey Alejandro se enteró
de los ofrecimientos que Demetrio había hecho a Jonatán. También
le contaron las guerras y las proezas que él y sus hermanos habían
realizado y las contrariedades que habían soportado.
10:16 Entonces exclamó: "¿Podremos
hallar otro hombre como este? ¡Hagámoslo ahora mismo nuestro
amigo y nuestro aliado!"
10:17 Y en seguida le envió una
carta redactada en los siguientes términos:
10:18 "El rey Alejandro saluda a
su hermano Jonatán.
10:19 Hemos oído que eres un guerrero
valiente y digno de nuestra amistad.
10:20 Por eso te nombramos hoy Sumo Sacerdote
de tu nación y te concedemos el titulo de Amigo del rey para que apoyes
nuestra causa y nos asegures tu amistad". Al mismo tiempo, le enviaba
una capa de púrpura y una corona de oro.
10:21 Jonatán se revistió
de los ornamentos sagrados el séptimo mes del año ciento sesenta,
en la fiesta de las Chozas; reclutó tropas y fabricó una gran
cantidad de armas.
La
carta de Demetrio I a Jonatán
10:22 Apenas supo esto, Demetrio se disgustó
mucho y dijo:
10:23 "¿Qué hemos hecho?
Alejandro se nos ha adelantado, ganándose la amistad y el apoyo de
los judíos.
10:24 También yo voy a escribirles
en términos persuasivos, ofreciéndoles dignidades y regalos,
para que se comprometan a ayudarme".
10:25 Y les escribió en estos términos:
10:26 "El rey Demetrio saluda a la
nación de los judíos. Nos hemos enterado con satisfacción
de que ustedes han observado los pactos hechos con nosotros y han perseverado
en nuestra amistad, sin pasarse al enemigo.
10:27 Continúen guardándonos
la misma fidelidad y nosotros los recompensaremos a cambio de la colaboración
que nos prestan.
10:28 Los eximiremos de muchas obligaciones
y les haremos regalos.
v29 Ya desde ahora, los libero a ustedes, y eximo a todos los judíos,
de las contribuciones, del impuesto a la sal y de la entrega de las coronas
de oro.
10:30 Renuncio también, a partir
de hoy y para siempre, a percibir el tercio de los granos y la mitad de los
frutos de los árboles que me corresponden, tanto de Judá como
de los tres distritos anexos de Samaría y Galilea.
10:31 Jerusalén, con su territorio,
sus diezmos y derechos, será sagrada y estará exenta de impuestos.
10:32 Renuncio asimismo a toda autoridad
sobre la Ciudadela de Jerusalén y se la cedo al Sumo Sacerdote, a fin
de que establezca en ella a todos los hombres que él mismo elija para
su defensa.
10:33 A todo judío llevado cautivo
de Judá a cualquier parte de mi reino, le concedo la libertad gratuitamente,
y ninguno estará obligado a pagar impuestos, ni siquiera los del ganado.
10:34 Todas las fiestas, los sábados,
los novilunios y los días fijados para las solemnidades con los tres
días que preceden y siguen a cada fiesta serán días
de inmunidad y exención para todos los judíos residentes en
mi reino:
10:35 nadie tendrá derecho a demandar
o inquietar a ninguno de ellos por ningún motivo.
v36 En los ejércitos del rey se alistarán hasta treinta mil
judíos que percibirán el mismo sueldo que las demás tropas
del rey.
10:37 Algunos de ellos serán apostados
en las principales fortalezas del rey y otros ocuparán cargos de confianza
en el reino. Sus jefes y oficiales serán elegidos entre ellos y todos
podrán vivir conforme a sus leyes, tal como lo ha dispuesto el rey
para el país de Judá.
10:38 Los tres distritos de la provincia
de Samaría, incorporados a Judea, quedarán anexados definitivamente
a ella y considerados como parte suya, de manera que dependan de un solo jefe
y no estén sometidos a otra autoridad que la del Sumo Sacerdote.
10:39 Doy como presente al Templo de Jerusalén
la ciudad de Tolemaida y sus alrededores, para cubrir las expensas del Santuario.
10:40 Por mi parte, daré cada año
quince mil siclos de plata, que se tomarán de los ingresos del rey
en los lugares apropiados.
10:41 Toda la cantidad que los agentes
del fisco han dejado de pagar, como se hacía en los años precedentes,
será entregada desde ahora para las obras del Templo.
10:42 Además, los cinco mil siclos
de plata que se solían recaudar cada año de los ingresos del
Santuario quedarán condonados en beneficio de los sacerdotes que ejercen
el culto.
10:43 Todos aquellos que por una deuda
al Tesoro real o por cualquier otra causa se refugien en el Templo de Jerusalén
o en alguna de sus dependencias, quedarán absueltos, ellos con las
posesiones que tengan en mi reino.
10:44 Los gastos para las obras de construcción
y reparación del Santuario, correrán por cuenta del rey.
10:45 También estarán a
cargo del rey la construcción de las murallas de Jerusalén y
la fortificación de su recinto, lo mismo que la reconstrucción
de las murallas en las ciudades de Judea".
Rechazo
de la propuesta de Demetrio I
10:46 Cuando Jonatán y el pueblo
oyeron estas palabras, no les dieron crédito ni las aceptaron, porque
se acordaban del enorme daño que Demetrio había causado a Israel
y de la opresión a que los había sometido.
10:47 Entonces se decidieron por Alejandro
porque, a su parecer, les hacía mejores propuestas de paz, y fueron
siempre sus aliados.
La
muerte de Demetrio I
10:48 El rey Alejandro reunió un
gran ejército y tomó posiciones contra Demetrio.
10:49 Ambos reyes entablaron batalla,
y el ejército de Alejandro emprendió la retirada. Demetrio los
persiguió y se impuso sobre ellos.
10:50 Y aunque combatió encarnizadamente
hasta la puesta del sol, Demetrio sucumbió aquel día.
La
alianza de Alejandro con Tolomeo VI
10:51 Alejandro mandó una embajada
a Tolomeo, rey de Egipto, con este mensaje.
10:52 "Yo he vuelto a mi reino, y
me he sentado en el trono de mis padres, adueñándome del poder.
Después de derrotar a Demetrio, he tomado posesión de mi país,
10:53 porque combatí con él,
lo derroté, a él y a su ejército, y ocupé su trono
real.
10:54 Establezcamos ahora vínculos
de amistad entre nosotros: dame a tu hija por esposa, y yo seré tu
yerno, y a ti y a ella les haré regalos dignos de ti".
10:55 El rey Tolomeo respondió
en estos términos: "¡Feliz el día en que regresaste
al país de tus padres, para sentarte en su trono real!
10:56 Voy a cumplir ahora mismo lo que
tú has escrito. Ven hasta Tolemaida para que nos entrevistemos, y yo
seré tu suegro como tú lo has dicho".
10:57 Tolomeo partió de Egipto
con su hija Cleopatra y llegó a Tolemaida, el año ciento sesenta
y dos.
10:58 El rey Alejandro fue a su encuentro,
y Tolomeo le entregó a su hija Cleopatra, celebrándose la boda
en Tolemaida con la magnificencia propia de los reyes.
Jonatán
constituido gobernador de Judea
10:59 Luego Alejandro escribió
a Jonatán para que fuera a entrevistarse con él.
10:60 Este fue a Tolemaida con gran pompa;
allí se entrevistó con los dos reyes y los obsequió con
plata y oro, ofreciendo además numerosos presentes a sus Amigos. De
esa manera se ganó el favor de ellos.
10:61 Entonces un grupo de prevaricadores,
la gente más indeseable de Israel, se confabularon contra él
y lo acusaron ante el rey. Pero este, en lugar de hacerles caso,
10:62 ordenó que quitaran a Jonatán
la ropa que tenía puesta y lo vistieran de púrpura. Así
lo hicieron.
10:63 El rey lo hizo sentar a su lado
y dijo a sus dignatarios: "Recorran con él la ciudad y proclamen
que nadie se atreva a levantar ninguna acusación contra él ni
a molestarlo por ningún motivo".
10:64 Apenas sus detractores vieron los
honores que le tributaban, los términos de la proclama y la púrpura
con que estaba revestido, se dieron a la fuga.
10:65 El rey lo honró inscribiéndolo
entre sus principales Amigos, y lo constituyó general y gobernador.
10:66 Así Jonatán regresó
a Jerusalén en paz y lleno de alegría.
El
desafío de Apolonio a Jonatán
10:67 El año ciento sesenta y cinco,
Demetrio, hijo de Demetrio, llegó al país de sus padres, procedente
de Creta,
10:68 y Alejandro, muy contrariado por
esta noticia regresó a Antioquía.
10:69 Demetrio designó general
a Apolonio, el gobernador de la Celesiria, y este reclutó un numeroso
ejército y acampó en Iamnia, enviando a decir al Sumo Sacerdote
Jonatán:
10:70 "Tú eres el único
que te rebelas contra nosotros, y a causa de ti, yo soy objeto de burla y
de desprecio. ¿Por qué usas de tu autoridad contra nosotros
en las montañas?
10: 71 Si realmente confías en
tus tropas, baja ahora a medirte con nosotros en la llanura, porque yo cuento
con las tropas de las ciudades.
10:72 Averigua, y sabrás quién
soy yo y quiénes son los que nos ayudan: ellos dicen que ustedes no
pueden resistirnos, ya que dos veces fueron derrotados tus padres en su propio
país.
10:73 Ahora no podrás enfrentar
a la caballería y a un ejército tan grande en esta llanura,
donde no hay una piedra, ni una roca, ni un sitio donde refugiarse".
La
derrota de Apolonio
10:74 Cuando Jonatán escuchó
el mensaje de Apolonio, se turbó profundamente. Entonces eligió
a diez mil hombres y salió de Jerusalén. Su hermano Simón
se unió a él para ayudarlo.
10:75 Luego acampó frente a Jope,
pero los habitantes de la ciudad le cerraron las puertas porque allí
había una guarnición de Apolonio. Apenas comenzó el ataque,
10:76 los habitantes de la ciudad, aterrorizados,
le abrieron las puertas, y así Jonatán se adueñó
de Jope.
10:77 Al enterarse de esto, Apolonio puso
en pie de guerra tres mil jinetes y una numerosa infantería, y partió
en dirección a Azoto, como si fuera de paso; pero al mismo tiempo se
iba adentrando en la llanura, confiado en su numerosa caballería.
10:78 Jonatán lo persiguió
en dirección a Azoto, y los dos ejércitos entablaron batalla.
10:79 Apolonio había dejado mil
jinetes ocultos a espaldas de ellos.
10:80 Pero Jonatán se dio cuenta
de que estaban emboscados detrás de él. Los enemigos rodearon
a su ejército, arrojándole flechas durante todo el día.
10:81 Las tropas se mantuvieron firmes,
como lo había ordenado Jonatán, mientras que los caballos de
los enemigos se cansaron.
v82 Entonces Simón hizo avanzar sus escuadrones y atacó a la
infantería, porque la caballería estaba extenuada: así
los derrotó y los obligó a huir.
10:83 La caballería se desbandó
por la llanura, y los fugitivos huyeron a Azoto y entraron en la Casa de Dagón,
el templo de su ídolo, para ponerse a salvo.
10:84 Jonatán incendió a
Azoto y a las ciudades vecinas y se apoderó del botín. También
incendió el templo de Dagón, con todos los que se habían
refugiado en él.
10:85 Los que perecieron por la espada
o por el fuego fueron unos ocho mil hombres.
10:86 Luego Jonatán partió
de allí y acampó frente a Ascalón, cuyos habitantes salieron
a recibirlo con grandes honores.
10:87 Después regresó con
su gente a Jerusalén, llevando consigo un gran botín.
10:88 Cuando el rey Alejandro se enteró
de todo esto, concedió nuevos honores a Jonatán:
10:89 le envió un prendedor de
oro, como se acostumbra conceder a los parientes de los reyes, y le dio en
propiedad Acarón con todo su territorio.