2° MACABEOS
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La
helenización del país y la persecución religiosa
6:1 Poco tiempo después, el rey
envió a un consejero ateniense para que obligara a los judíos
a abandonar las costumbres de sus padres y a no vivir conforme a las leyes
de Dios;
6:2 a profanar el Templo de Jerusalén,
dedicándolo a Júpiter Olímpico, y a dedicar el del monte
Garizím a Júpiter Hospitalario, conforme a la idiosincrasia
de los habitantes de aquel lugar.
6:3 Este recrudecimiento del mal se hacía
penoso e insoportable para todos.
6:4 El Templo se llenó del desenfreno
y las orgías de los paganos, que se divertían con prostitutas
y tenían relaciones con mujeres en los atrios sagrados, e incluso,
introducían allí objetos prohibidos.
6:5 El altar estaba repleto de ofrendas
ilegítimas, proscritas por la Ley.
6:6 No se podía observar el sábado,
ni celebrar las fiestas de nuestros padres, y ni siquiera declararse judío.
6:7 Por el contrario, todos se veían
penosamente forzados a participar del banquete ritual con que se conmemoraba
cada mes el nacimiento del rey; y cuando llegaban las fiestas dionisíacas,
se los obligaba a seguir el cortejo de Dionisos, coronados de guirnaldas.
6:8 Por instigación de Tolomeo,
se publicó un decreto dirigido a las ciudades griegas de los alrededores,
obligándolas a que procedieran de la misma manera contra los judíos
y los hicieran participar en los banquetes rituales.
6:9 Además, se ordenaba degollar
a los que rehusaran adoptar las costumbres griegas. Todo esto hacía
prever la inminente calamidad.
6:10 Dos mujeres fueron delatadas por
haber circuncidado a sus hijos, y después de hacerlas pasear públicamente
por la ciudad con sus niños colgados del pecho, las precipitaron desde
lo alto de la muralla.
6:11 Otros, que se habían reunido
en las cavernas cercanas para celebrar ocultamente el día sábado,
fueron denunciados a Filipo y quemados todos juntos, ya que no se habían
atrevido a defenderse por respeto a la santidad de aquel día.
Reflexión
sobre el sentido de las persecuciones
6:12 Ruego a los lectores de este libro
que no se dejen impresionar por estas calamidades. Piensen más bien
que estos castigos no han sucedido para la ruina, sino para la educación
de nuestro pueblo.
6:13 Porque es una señal de gran
benevolencia no tolerar por mucho tiempo a los impíos, sino infligirles
rápidamente un castigo.
6:14 Antes de castigar a las otras naciones,
el Soberano espera pacientemente que colmen la medida de sus pecados; pero
con nosotros ha decidido obrar de otra manera,
6:15 para no tener que castigarnos más
tarde, cuando nuestros pecados hayan llegado al colmo.
6:16 Por eso nunca retira de nosotros
su misericordia, y aunque corrige a su pueblo por medio de la adversidad,
no lo abandona.
6:17 Que esto sirva solamente para recordar
ciertas verdades. Y después de estas consideraciones, prosigamos la
narración.
El
martirio de Eleazar
6:18 Eleazar, uno de los principales maestros
de la Ley, de edad muy avanzada y de noble aspecto, fue forzado a abrir la
boca para comer carne de cerdo.
6:19 Pero él, prefiriendo una muerte
honrosa a una vida infame, marchó voluntariamente al suplicio,
6:20 después de haber escupido
la carne, como deben hacerlo los que tienen el valor de rechazar lo que no
está permitido comer, ni siquiera por amor a la vida.
6:21 Los que presidían este banquete
ritual contrario a la Ley, como lo conocían desde hacía mucho
tiempo, lo llevaron aparte y le rogaron que hiciera traer carne preparada
expresamente para él y que le estuviera permitido comer. Asimismo le
dijeron que fingiera comer la carne del sacrificio, conforme a la orden del
rey.
6:22 Obrando de esa manera, se libraría
de la muerte y sería tratado humanitariamente por su antigua amistad
con ellos.
6:23 Pero él, tomando una noble
resolución, digna de su edad, del prestigio de su vejez, de sus venerables
canas, de la vida ejemplar que había llevado desde su infancia y, sobre
todo, de la santa legislación establecida por Dios, se mostró
consecuente consigo mismo, pidiendo que lo enviaran de inmediato a la morada
de los muertos.
6:24 "A nuestra edad, decía,
no está bien fingir. De lo contrario, muchos jóvenes creerán
que Eleazar, a los noventa años, se ha pasado a las costumbres paganas.
6:25 Entonces también ellos, a
causa de mi simulación y de mi apego a lo poco que me resta de vida,
se desviarán por culpa mía, y yo atraeré sobre mi vejez
la infamia y el deshonor.
v26 Porque, aunque ahora me librara del castigo de los hombres, no podría
escapar, ni vivo ni muerto, de las manos del Todopoderoso.
6:27 Por eso, me mostraré digno
de mi vejez entregando mi vida valientemente.
6:28 Así dejaré a los jóvenes
un noble ejemplo, al morir con entusiasmo y generosidad por las venerables
y santas leyes". Dicho esto, se encaminó resueltamente al suplicio.
6:29 Al oír estas palabras, que
consideraban una verdadera locura, los que lo conducían cambiaron en
crueldad la benevolencia que antes le habían demostrado.
6:30 Pero él, a punto ya de morir
bajo los golpes, dijo entre gemidos: "El Señor, que posee el santo
conocimiento, sabe muy bien que, pudiendo librarme de la muerte, soporto crueles
dolores en mi cuerpo azotado; pero mi alma los padece gustosamente por temor
a él".
6:31 De este modo, Eleazar deja al morir,
no sólo a los jóvenes, sino a la nación entera, su propia
muerte como ejemplo de generosidad y como recuerdo de virtud.
El
martirio de siete hermanos y de su madre
7:1 También fueron detenidos siete
hermanos, junto con su madre. El rey, flagelándolos con azotes y tendones
de buey, trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por
la Ley.
7:2 Pero uno de ellos, hablando en nombre
de todos, le dijo: "¿Qué quieres preguntar y saber de nosotros?
Estamos dispuestos a morir, antes que violar las leyes de nuestros padres".
7:3 El rey, fuera de sí, mandó
poner al fuego sartenes y ollas,
7:4 y cuando estuvieron al rojo vivo,
ordenó que cortaran la lengua al que había hablado en nombre
de los demás, y que le arrancaran el cuello cabelludo y le amputaran
las extremidades en presencia de sus hermanos y de su madre.
7:5 Cuando quedó totalmente mutilado,
aunque aún estaba con vida, mandó que lo acercaran al fuego
y lo arrojaran a la sartén. Mientras el humo de la sartén se
extendía por todas partes, los otros hermanos y la madre se animaban
mutuamente a morir con generosidad, diciendo:
7:6 "El Señor Dios nos está
viendo y tiene compasión de nosotros, como lo declaró Moisés
en el canto que atestigua claramente: 'El Señor se apiadará
de sus servidores'".
7:7 Una vez que el primero murió
de esta manera, llevaron al suplicio al segundo. Después de arrancarle
el cuero cabelludo, le preguntaron: "¿Vas a comer carne de cerdo,
antes que sean torturados todos los miembros de tu cuerpo?"
7:8 Pero él, respondiendo en su
lengua materna, exclamó: "¡No!" Por eso, también
él sufrió la misma tortura que el primero.
7:9 Y cuando estaba por dar el último
suspiro, dijo: "Tú, malvado, nos privas de la vida presente, pero
el Rey del universo nos resucitará a una vida eterna, ya que nosotros
morimos por sus leyes".
7:10 Después de este, fue castigado
el tercero. Apenas se lo pidieron, presentó su lengua, extendió
decididamente sus manos
7:11 y dijo con valentía: "Yo
he recibido estos miembros como un don del Cielo, pero ahora los desprecio
por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente de él".
7:12 El rey y sus acompañantes
estaban sorprendidos del valor de aquel joven, que no hacía ningún
caso de sus sufrimientos.
7:13 Una vez que murió este, sometieron
al cuarto a la misma tortura y a los mismos suplicios.
7:14 Y cuando ya estaba próximo
a su fin, habló así: "Es preferible morir a manos de los
hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por él.
Tú, en cambio, no resucitarás para la vida".
7:15 En seguida trajeron al quinto y comenzaron
a torturarlo.
7:16 Pero él, con los ojos fijos
en el rey, dijo: "Tú, aunque eres un simple mortal, tienes poder
sobre los hombres y por eso haces lo que quieres. Pero no creas que Dios ha
abandonado a nuestro pueblo.
7:17 Espera y verás cómo
su poder soberano te atormentará a ti y a tu descendencia".
7:18 Después de este trajeron al
sexto, el cual, estando a punto de morir, dijo: "No te hagas vanas ilusiones,
porque nosotros padecemos esto por nuestra propia culpa; por haber pecado
contra nuestro Dios, nos han sucedido cosas tan sorprendentes.
7:19 Pero tú, que te has atrevido
a luchar contra Dios, no pienses que vas a quedar impune".
7:20 Incomparablemente admirable y digna
del más glorioso recuerdo fue aquella madre que, viendo morir a sus
siete hijos en un solo día, soportó todo valerosamente, gracias
a la esperanza que tenía puesta en el Señor.
7:21 Llena de nobles sentimientos, exhortaba
a cada uno de ellos, hablándoles en su lengua materna. Y animando con
un ardor varonil sus reflexiones de mujer, les decía:
7:22 "Yo no sé cómo
ustedes aparecieron en mis entrañas; no fui yo la que les dio el espíritu
y la vida ni la que ordenó armoniosamente los miembros de su cuerpo.
7:23 Pero sé que el Creador del
universo, el que plasmó al hombre en su nacimiento y determinó
el origen de todas las cosas, les devolverá misericordiosamente el
espíritu y la vida, ya que ustedes se olvidan ahora de sí mismos
por amor de sus leyes".
7:24 Antíoco pensó que se
estaba burlando de él y sospechó que esas palabras eran un insulto.
Como aún vivía el más joven, no sólo trataba de
convencerlo con palabras, sino que le prometía con juramentos que lo
haría rico y feliz, si abandonaba las tradiciones de sus antepasados.
Le aseguraba asimismo que lo haría su Amigo y le confiaría altos
cargos.
7:25 Pero como el joven no le hacía
ningún caso, el rey hizo llamar a la madre y le pidió que aconsejara
a su hijo, a fin de salvarle la vida.
7:26 Después de mucho insistir,
ella accedió a persuadir a su hijo.
7:27 Entonces, acercándose a él
y burlándose del cruel tirano, le dijo en su lengua materna: "Hijo
mío, ten compasión de mí, que te llevé nueve meses
en mis entrañas, te amamanté durante tres años y te crié
y eduqué dándote el alimento, hasta la edad que ahora
tienes.
7:28 Yo te suplico, hijo mío, que
mires al cielo y a la tierra, y al ver todo lo que hay en ellos, reconozcas
que Dios lo hizo todo de la nada, y que también el género humano
fue hecho de la misma manera.
7:29 No temas a este verdugo: muéstrate
más bien digno de tus hermanos y acepta la muerte, para que yo vuelva
a encontrarte con ellos en el tiempo de la misericordia".
7:30 Apenas ella terminó de hablar,
el joven dijo: "¿Qué esperan? Yo no obedezco el decreto
del rey, sino las prescripciones de la Ley que fue dada a nuestros padres
por medio de Moisés.
7:31 Y tú, que eres el causante
de todas las desgracias de los hebreos, no escaparás de las manos de
Dios.
7:32 Es verdad que nosotros padecemos
a causa de nuestros propios pecados;
7:33 pero si el Señor viviente
se ha irritado por un tiempo para castigarnos y corregirnos, él volverá
a reconciliarse con sus servidores.
7:34 Tú, en cambio, el más
impío e infame de todos los hombres, no te engrías vanamente
ni alientes falsas esperanzas, levantando tu mano contra los hijos del Cielo,
7:35 porque todavía no has escapado
al juicio del Dios todopoderoso que ve todas las cosas.
7:36 Nuestros hermanos, después
de haber soportado un breve tormento, gozan ahora de la vida inagotable, en
virtud de la Alianza de Dios. Pero tú, por el justo juicio de Dios,
soportarás la pena merecida por tu soberbia.
7:37 Yo, como mis hermanos, entrego mi
cuerpo y mi alma por las leyes de nuestros padres, invocando a Dios para que
pronto se muestro propicio con nuestra nación y para que te haga confesar,
a fuerza de aflicciones y golpes, que él es el único Dios.
7:38 ¡Ojalá que se detenga
en mí y en mis hermanos la ira del Todopoderoso, justamente desencadenada
sobre todo nuestro pueblo!"
7:39 El rey, fuera de sí y exasperado
por la burla, se ensañó con este más cruelmente que con
los demás.
7:40 Así murió el último
de los jóvenes, de una manera irreprochable y con entera confianza
en el Señor.
7:41 Finalmente murió la madre,
después de todos sus hijos.
7:42 Pero basta con esto para informar
acerca de los banquetes rituales y de la magnitud de los suplicios.
LA REBELIÓN DE JUDAS MACABEO Y LA PURIFICACIÓN DEL TEMPLO DE JERUSALÉN
El
levantamiento y los primeros triunfos de Judas Macabeo
8:1
Mientras tanto, Judas Macabeo y sus compañeros, entraban clandestinamente
en los pueblos, convocaban a sus familiares y, atrayendo a los que se mantenían
fieles al Judaísmo, lograron reunir seis mil hombres.
8:2 Ellos suplicaban al Señor que
se dignara mirar a aquel pueblo pisoteado por todos, y se compadeciera del
Templo profanado por los impíos.
8:3 Le rogaban que se apiadara de la Ciudad,
devastada y a punto de ser arrasada, y escuchara la voz de la sangre que clamaba
hacia él;
8:4 que se acordara de la inicua masacre
de los niños inocentes y se vengara de las blasfemias proferidas contra
su Nombre.
v5 Una vez que se puso al frente de sus tropas, el Macabeo resultó
invencible ante los paganos, porque la ira del Señor se había
convertido en misericordia.
8:6 Atacando por sorpresa, incendiaba
ciudades y poblados; ocupaba posiciones estratégicas y derrotaba a
numerosos enemigos.
8:7 Aprovechaba sobre todo la noche como
aliada para tales incursiones, y por todas partes se extendía la fama
de su valor.
Preparativos
para la campaña de Nicanor
8:8 Al ver Filipo que Judas progresaba
cada vez más y sus victorias eran cada día más frecuentes,
escribió a Tolomeo, gobernador de Celesiria y Fenicia, para que prestara
apoyo a la causa del rey.
8:9 Este designó inmediatamente
a Nicanor, hijo de Patroclo, uno de sus principales Amigos, y lo envió
al frente de no menos de veinte mil hombres de todas las naciones para acabar
con toda la población de Judea. A su lado puso a Gorgias, general experimentado
en la estrategia militar.
8:10 Nicanor calculaba que, con la venta
de los judíos prisioneros, podría pagar el tributo del rey a
los romanos, que ascendía a dos mil talentos.
8:11 Por eso envió en seguida un
aviso a las ciudades de la costa, invitando a comprar esclavos judíos
y prometiendo entregar noventa esclavos por talento, sin imaginarse el castigo
que pronto le infligiría el Todopoderoso.
La
victoria de Judas Macabeo sobre Nicanor
8:12 El anuncio de la expedición
de Nicanor llegó a oídos de Judas. Cuando este comunicó
a sus acompañantes que se acercaba al ejército enemigo,
8:13 los cobardes y los que desconfiaban
de la justicia de Dios se dispersaron y buscaron refugio en otra parte.
8:14 Otros, vendían todo lo que
les quedaba, y al mismo tiempo suplicaban al Señor que librara a los
que el impío Nicanor ya tenía vendidos antes que comenzara la
lucha.
8:15 Rogaban al Señor que hiciera
esto, si no por ellos mismos, al menos por las Alianzas concedidas a sus padres
y porque ellos llevaban su Nombre augusto y lleno de majestad.
8:16 Cuando el Macabeo reunió a
sus seguidores, unos seis mil en total, los exhortó a que no se dejaran
acobardar por los enemigos ni se amedrentaran ante la inmensa multitud de
gente que venía a atacarlos injustamente. Los animó asimismo
a que lucharan con entusiasmo,
8:17 teniendo bien presente los ultrajes
perpetrados contra el Santuario, las violencias contra la Ciudad humillada
y la supresión de las costumbres de sus antepasados.
8:18 "Ellos, les dijo, confían
en sus armas y en su audacia, pero nosotros confiamos en el Dios todopoderoso
que puede deshacer con un solo gesto no sólo a los que nos atacan,
sino también al mundo entero".
8:19 Luego les enumeró todas las
ayudas con que habían sido favorecidos sus antepasados, especialmente
en tiempos de Senaquerib, cuando murieron ciento ochenta y cinco mil hombres.
8:20 Les recordó la batalla librada
en Babilonia contra los gálatas, cuando ocho mil judíos entraron
en acción junto con cuatro mil macedonios. En esa oportunidad, los
macedonios se encontraban sin salida y los ocho mil judíos, gracias
al auxilio recibido del Cielo, derrotaron a ciento veinte mil enemigos y se
apoderaron de un gran botín.
8:21 Con estas palabras, los enardeció
para la lucha, y los animó a morir por las leyes y por la patria. Luego
dividió el ejército en cuatro cuerpos,
8:22 y puso al frente de cada unidad a
sus hermanos Simón, José y Jonatán, con mil quinientos
hombres a las ordenes de cada uno.
8:23 También mandó a Eleazar
que leyera en alta voz el Libro sagrado. Y finalmente, dándoles como
santo y seña el grito "Auxilio de Dios", se lanzó
él mismo a combatir contra Nicanor, al frente del primer cuerpo.
8:24 Teniendo como aliado al Todopoderoso,
mataron a más de nueve mil enemigos, hirieron y dejaron fuera de combate
a la mayor parte del ejército de Nicanor y obligaron a huir a todos
los demás.
8:25 También se apoderaron del
dinero de los que habían venido a comprarlos, y después de haberlos
perseguido bastante tiempo, tuvieron que regresar, apremiados por la hora:
8:26 como era víspera de sábado,
no pudieron continuar la persecución.
8:27 Una vez que recogieron las armas
y se llevaron los despojos del enemigo, se pusieron a celebrar el sábado,
bendiciendo y alabando una y otra vez al Señor, que los había
salvado aquel día, concediéndoles así las primicias de
su misericordia.
8:28 Pasado el sábado, distribuyeron
parte del botín entre los damnificados, las viudas y los huérfanos,
y se repartieron el resto entre ellos y sus hijos.
8:29 Después organizaron rogativas,
pidiendo al Señor misericordioso que se reconciliara definitivamente
con sus servidores.
La
derrota de Timoteo y de Báquides
8:30 En un combate contra las tropas de
Timoteo y de Báquides, les causaron más de veinte mil bajas
y en seguida se apoderaron de fortalezas muy importantes. Luego distribuyeron
un cuantioso botín por partes iguales, entre ellos, los damnificados,
los huérfanos, las viudas y también los ancianos.
8:31 Recogieron cuidadosamente las armas
de los enemigos y las depositaron en lugares estratégicos, llevando
a Jerusalén el resto del botín.
8:32 También mataron al jefe de
la escolta de Timoteo, un hombre muy impío que había hecho mucho
daño a los judíos.
8:33 Mientras celebraban la victoria en
su patria, quemaron a los que habían incendiado las puertas sagradas,
incluido Calístenes, que se había refugiado en una choza. Así
él recibió el castigo merecido por su impiedad.
La
huida de Nicanor
8:34 En cuanto al perversísimo
Nicanor, que había traído miles de mercaderes para la venta
de los judíos,
8:35 quedó humillado con el auxilio
del Señor por los mismos que él despreciaba como los más
viles. Despojado de sus lujosas vestiduras, solo y errante por los campos
como un fugitivo, llegó a Antioquía con mucha más suerte
que su ejército, que había sido destruido.
8:36 Y el que había pretendido
pagar el tributo a los romanos con la venta de los prisioneros de Jerusalén,
pregonaba que los judíos tenían un Defensor y que eran invulnerables
porque seguían las leyes prescritas por él.
Planes
de Antíoco IV Epífanes contra los judíos
9:1 Por ese tiempo, Antíoco tuvo
que retirarse precipitadamente de las regiones de Persia.
9:2
En efecto, después de haber entrado en la ciudad llamada Persépolis,
intentó saquear el templo y apoderarse de la ciudad. Pero el pueblo
se amotinó y se defendió con las armas. Antíoco, derrotado
por la gente del país, tuvo que emprender una vergonzosa retirada.
9:3
Cuando estaba en Ecbátana, recibió la noticia de lo que le había
sucedido a Nicanor y a las tropas de Timoteo.
9:4
Enfurecido a causa de esto, pensaba desquitarse con los judíos de la
afrenta que le habían inferido los que le obligaron a emprender la
retirada. Entonces ordenó al auriga que condujera el carro sin parar
hasta el fin del trayecto. Pero, en realidad, ya era inminente el juicio del
Cielo porque él había dicho lleno de arrogancia: "Al llegar
allí, haré de Jerusalén un cementerio de judíos".
El
castigo divino contra Antíoco IV
9:5
El Señor, que todo lo ve, el Dios de Israel, lo castigó con
un mal incurable e invisible. Apenas pronunciadas estas palabras, sintió
un intenso dolor intestinal con agudos retorcijones internos.
9:6
Todo esto era muy justo, porque él había atormentado las entrañas
de los demás con tantos y tan refinados suplicios.
9:7
A pesar de esto, no cedía en lo más mínimo su arrogancia;
por el contrario, siempre lleno de soberbia, y exhalando contra los judíos
el fuego de su furor, mandaba acelerar la marcha. Pero mientras avanzaba velozmente,
se cayó del carro y todos los miembros de su cuerpo quedaron lesionados
por la violencia de la caída.
9:8
Aquel que poco antes, llevado de una jactancia sobrehumana, creía dictar
ordenes a las olas del mar y pensaba pesar en la balanza las cimas de los
montes, era llevado en camilla, después de haber caído en tierra.
Así ponía de manifiesto a los ojos de todos el poder de Dios.
9:9
Su estado era tal que del cuerpo del impío brotaban los gusanos; estando
vivo aún, la carne se le caía a pedazos, en medio de dolores
y sufrimientos, y el ejército apenas podía soportar el hedor
que emanaba de él.
9:10
A causa de ese olor insoportable, nadie podía llevar ahora al que poco
antes se creía capaz de tocar los astros del cielo.
Arrepentimiento
de Antíoco IV
9:11
Sólo entonces, en aquel estado de postración, comenzó
a ceder en su desmedida soberbia y a entrar en razón, por los dolores
que se hacían cada vez más intensos a causa del castigo divino.
9:12
Como ni él mismo podía soportar su propio hedor, exclamó:
"Es justo someterse a Dios y no creerse igual a él, siendo un
simple mortal".
9:13
Aquel malvado rogaba al Soberano, de quien ya no alcanzaría misericordia,
prometiendo
9:14
que declararía libre a la Ciudad santa, a la que antes se había
dirigido rápidamente para arrasarla y convertirla en un cementerio;
9:15
que equipararía con los atenienses a todos aquellos judíos que
había considerado dignos, no de una sepultura, sino de ser arrojados,
junto con sus hijos, como pasto de las fieras y de las aves de rapiña;
9:16
que adornaría con los más hermosos presentes el Templo santo
que antes había saqueado; que devolvería con creces los objetos
sagrados y que proveería con sus propios ingresos los fondos necesarios
para los sacrificios;
9:17
y finalmente, que se haría judío y recorrería todos los
lugares habitados, proclamando el poder de Dios.
Carta
de Antíoco IV a los judíos
9:18
Como sus dolores no se calmaban de ninguna forma, porque el justo juicio de
Dios se había abatido sobre él, y desesperando de su salud,
escribió a los judíos, en tono de súplica, la carta que
se transcribe a continuación:
9:19
"Antíoco, rey y general, saluda a los judíos, ciudadanos
respetables, deseándoles felicidad, salud y prosperidad.
9:20
Si ustedes y sus hijos se encuentran bien y sus asuntos marchan conforme a
sus deseos, damos inmensas gracias por eso.
9:21
En cuanto a mí, que estoy postrado sin fuerzas en mi lecho, conservo
un afectuoso recuerdo de ustedes y de sus buenos sentimientos. Cuando regresaba
de las regiones de Persia, contraje una penosa enfermedad, y he creído
conveniente preocuparme por la seguridad de todos.
9:22
No es que desespere de mi salud: al contrario, tengo mucha confianza de que
podré recuperarme de mi enfermedad.
9:23 Sin embargo he tenido en cuenta que
cuando mi padre emprendió una campaña a las regiones de la meseta,
designó a su futuro sucesor.
9:24 Así, si sucedía algo
imprevisto o llegaba una noticia desagradable, los habitantes de las provincias
no se perturbarían, sabiendo de antemano a quién quedaba confiado
el gobierno.
9:25 He tenido en cuenta, además,
que los soberanos de los países vecinos a mi reino están al
acecho, esperando cualquier ocasión favorable. Por eso, he decidido
designar rey a mi hijo Antíoco, a quien muchas veces, durante mis campañas
a las provincias de la meseta, ya he presentado y recomendado a la mayor parte
de ustedes.
9:26 También a él le he
escrito la carta que aquí se adjunta. Y ahora les pido encarecidamente
que recuerden mis beneficios públicos y privados, y perseveren en sus
buenos sentimientos hacia mí y hacia mi hijo.
9:27 Porque estoy persuadido de que él
seguirá con moderación y humanidad el programa que yo me he
trazado, y así se entenderá bien con ustedes".
Muerte
de Antíoco IV Epífanes
9:28 Así murió aquel criminal
y blasfemo. Padeciendo los peores sufrimientos, como los había hecho
padecer a otros, terminó su vida en un país extranjero, en medio
de las montañas y en el más lamentable infortunio.
9:29 Filipo, su compañero de infancia,
conducía el cadáver, pero no fiándose del hijo de Antíoco,
se dirigió a Egipto, donde reinaba Tolomeo Filométor.
Purificación
y Dedicación del Templo
10:1 Macabeo y sus partidarios, guiados
por el Señor, recuperaron el Templo y la Ciudad,
10:2 derribaron los altares erigidos por
los extranjeros en la vía pública y también los recintos
sagrados.
10:3 Una vez purificado el Templo, construyeron
otro altar. Luego, sacando fuego del pedernal, ofrecieron un sacrificio, después
de dos años de interrupción, y renovaron el incienso, las lámparas
y los panes de la ofrenda.
10:4 Hecho esto, postrados profundamente,
suplicaron al Señor que nunca más los dejara caer en semejantes
desgracias, y si alguna vez volvían a pecar, los corrigiera él
mismo con bondad, en lugar de entregarlos a los paganos blasfemos y crueles.
10:5 El mismo día en que el Templo
había sido profanado por los extranjeros es decir, el veinticinco
del mes de Quisleu tuvo lugar la purificación del Templo.
10:6 Todos la celebraron con alegría,
durante ocho días, como se celebra la fiesta de las Chozas, recordando
que poco tiempo antes habían tenido que pasar esa misma fiesta en las
montañas y las cavernas, igual que las fieras.
10:7 Por eso, llevando en la mano tirsos,
ramas verdes y palmas, elevaban himnos a Aquel que había llevado a
término la purificación de su Lugar santo.
10:8 Y por una resolución votada
públicamente, ordenaron que toda la nación de los judíos
celebrara cada año esta misma fiesta.
LUCHAS
Y VICTORIAS DE JUDAS MACABEO BAJO EL REINADO DE ANTÍOCO V
El
suicidio de Tolomeo Macrón
10:9
Tales fueron las circunstancias de la muerte de Antíoco, llamado Epífanes.
10:10 Ahora vamos a exponer los hechos
concernientes a Antíoco Eupátor, hijo de aquel impío,
relatando sucintamente los males que acompañan a las guerras.
10:11 Este, después que heredó
el trono, puso al frente de los asuntos de Estado a un tal Lisias, nombrándolo
además gobernador supremo de Celesiria y Fenicia.
10:12 A todo esto, Tolomeo, llamado Macrón,
que fue el primero en tratar con justicia a los judíos, reparando así
las injusticias cometidas, procuraba resolver pacíficamente los asuntos
referentes a ellos.
10:13 A causa de esto, fue acusado ante
Eupátor por los Amigos del rey, y a cada momento oía que lo
llamaban traidor por haber abandonado Chipre, cuyo gobierno le había
confiado Filométor, para pasarse a Antíoco Epífanes.
Y al no poder desempeñar con honor tan alto cargo, se quitó
la vida, envenenándose.
La
victoria de Judas Macabeo sobre los idumeos
10:14 Gorgias, nombrado jefe militar de
la región, mantenía un ejército de mercenarios y no perdía
la ocasión de hostigar a los judíos.
10:15 Al mismo tiempo que él, los
idumeos, que dominaban importantes fortificaciones, hostilizaban a los judíos,
y trataban de fomentar la guerra, acogiendo a los fugitivos de Jerusalén.
10:16 Los partidarios del Macabeo, después
de celebrar una rogativa y de pedir a Dios que luchara en favor de ellos,
se lanzaron contra las fortificaciones de los idumeos.
10:17 Los atacaron resueltamente y se
apoderaron de las fortalezas, haciendo retroceder a todos los que combatían
en las murallas y degollando a cuantos caían en sus manos. Así
mataron por lo menos a veinte mil.
10:18 En dos torres muy bien fortificadas
y abastecidas de todo lo necesario para resistir el asedio, se habían
refugiado no menos de nueve mil hombres.
10:19 El Macabeo dejó entonces
a Simón y a José, junto con Zaqueo y muchos otros en número
suficiente para asediarlos y él partió para otros lugares donde
era más necesaria su presencia.
10:20 Pero los hombres de Simón,
dominados por la codicia, se dejaron sobornar por algunos de los que estaban
en las torres y, a cambio de setenta mil dracmas, dejaron escapar a unos cuantos.
10:21 Cuando el Macabeo se enteró
de lo sucedido, reunió a los jefes del pueblo y acusó a aquellos
hombres de haber vendido por dinero a sus hermanos, dejando en libertad a
sus propios enemigos.
10:22 Luego los hizo ejecutar por traidores,
e inmediatamente tomó las dos torres.
10:23 Llevando todo a feliz término,
con las armas en la mano, logró matar en las dos fortalezas a más
de veinte mil hombres.
Victoria
de Judas sobre Timoteo
10:24 Timoteo, que ya antes había
sido derrotado por los judíos, después de reclutar numerosas
tropas extranjeras y de reunir una considerable cantidad de caballos traídos
de Asia, se presentó con la intención de conquistar Judea por
las armas.
10:25 Mientras él se aproximaba,
el Macabeo y sus hombres cubrieron de polvo su cabeza y se ciñeron
la cintura con cilicios, para suplicar a Dios.
10:26 Postrados al pie del altar, le pedían
que se mostrara propicio con ellos, haciéndose enemigo de sus enemigos
y adversario de sus adversarios, como lo declara la Ley.
10:27 Al terminar la súplica, empuñaron
las armas y avanzaron un buen trecho fuera de la ciudad. Cuando estuvieron
cerca de sus enemigos, se detuvieron.
10:28 Al despuntar el alba, los dos bandos
se lanzaron al combate. Unos tenían como prenda de éxito y de
victoria, además de su valor, su confianza en el Señor; los
otros combatían impulsados sólo por su arrojo.
10:29 En lo más encarnizado de
la batalla, los enemigos vieron aparecer en el cielo cinco hombres majestuosos
montados en caballos con frenos de oro, que se pusieron al frente de los judíos.
10:30 Esos hombres colocaron al Macabeo
en medio de ellos y, cubriéndolo con sus armas, lo hicieron invulnerable,
mientras arrojaban flechas y rayos contra los adversarios. Estos, enceguecidos
por el resplandor, se dispersaron en el más completo desorden.
10:31 Así perecieron veinte mil
quinientos soldados y seiscientos jinetes.
La
conquista de Guézer
10:32 El mismo Timoteo tuvo que refugiarse
en una fortaleza muy bien defendida, llamada Guézer, donde gobernaba
Quereas.
10:33 Las tropas de Macabeo, enardecidas
por la victoria, sitiaron la ciudadela durante cuatro días.
10:34 Los defensores, confiados en la
solidez inexpugnable de la plaza fuerte, proferían blasfemias y maldiciones.
10:35 Pero al amanecer del quinto día,
veinte jóvenes de las tropas del Macabeo, enfurecidos por las blasfemias,
saltaron virilmente sobre la muralla y, con ímpetu salvaje, mataban
a todos los que se les ponían delante.
10:36 Otros, igualmente, escalaban el
muro para atacar a los sitiados por el lado opuesto, prendían fuego
a las torres y, encendiendo hogueras, quemaban vivos a los blasfemos. Otros,
mientras tanto, derribaron las puertas y, abriendo paso al resto del ejército,
se apoderaron de la ciudad.
10:37 A Timoteo, que estaba escondido
en una cisterna, lo degollaron junto con su hermano Quereas y con Apolófanes.
10:38 Una vez concluidas estas proezas,
bendijeron al Señor con himnos y acciones de gracias, porque él
había concedido tan grandes beneficios a Israel y les había
dado la victoria.