2° MACABEOS
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Campaña
frustrada de Lisias
11:1 Muy poco tiempo después, Lisias,
tutor y familiar del rey, que estaba al frente de los asuntos de Estado,
11:2 reunió unos ochenta mil hombres
y toda la caballería, y marchó contra los judíos. Tenía
la intención de convertir la ciudad en un lugar de residencia para
los griegos,
11:3 de hacer del Santuario una fuente
de recursos, como los otros santuarios de los paganos, y de poner en venta
cada año el cargo de Sumo Sacerdote.
11:4 Él no tenía en cuenta
para nada el poder de Dios, porque estaba engreído con sus regimientos
de infantería, sus millares de jinetes y sus ochenta elefantes.
11:5 Una vez que penetró en Judea,
se acercó a Betsur, una plaza fuerte que distaba unos veintiocho kilómetros
de Jerusalén, y la sitió.
11:6 Cuando los partidarios del Macabeo
supieron que Lisias había sitiado la fortaleza, comenzaron a suplicar
al Señor con gemidos y lágrimas, unidos a la multitud, pidiéndole
que enviara un ángel protector para salvar a Israel.
11:7 El propio Macabeo, que fue el primero
en empuñar las armas, exhortó a los demás a afrontar
el peligro junto con él, a fin de salvar a sus hermanos. Todos se lanzaron
al combate con gran entusiasmo
v8 y, cuando todavía estaban cerca de Jerusalén, apareció
al frente de ellos un jinete con vestiduras blancas y esgrimiendo armas de
oro.
11:9 Todos bendijeron unánimemente
al Dios misericordioso, y se enardecieron de tal manera, que estaban dispuestos
a acometer, no sólo contra los hombres, sino también contra
las bestias más feroces y aun contra murallas de hierro.
11:10 Así avanzaron en orden de
batalla, protegidos por su aliado celestial, porque el Señor se había
compadecido de ellos.
11:11 Y lanzándose como leones
contra los enemigos, derribaron a once mil soldados y a mil seiscientos jinetes,
y a todos los demás los obligaron a huir.
11:12 La mayoría de estos escaparon
heridos y sin armas, y el mismo Lisias se salvó huyendo vergonzosamente.
Paz
de Lisias con los judíos
11:13 Como Lisias no era ningún
insensato, reflexionó sobre la derrota que acababa de sufrir, y reconoció
que los hebreos eran invencibles porque el Dios poderoso combatía con
ellos.
11:14 Entonces les envió una embajada
para proponerles una reconciliación en condiciones razonables, prometiéndoles
que induciría al rey a hacerse amigo de ellos.
11:15 El Macabeo, no teniendo otra preocupación
que el bien público, accedió a todas las propuestas de Lisias;
y el rey concedió todo lo que el Macabeo había pedido por escrito
a Lisias en favor de los judíos.
Carta
de Lisias a los judíos
11:16 La carta escrita por Lisias a los
judíos decía lo siguiente:
"Lisias saluda a la comunidad de los judíos.
11:17 Juan y Absalón, los legados
de ustedes, al entregarme por escrito sus peticiones, me han pedido una respuesta
favorable respecto de lo allí consignado.
11:18 Ya he comunicado al rey todo lo
que era necesario notificarle, y él ha otorgado todo lo que le pareció
admisible.
11:19 Por lo tanto, si mantienen su buena
disposición respecto del Estado, yo procuraré favorecerlos en
adelante.
11:20 En cuanto a las cuestiones de detalle,
he dado instrucciones a sus enviados y a los míos, para que las discutan
con ustedes.
11:21 ¡Qué les vaya bien!
Año ciento cuarenta y ocho, el veinticuatro del mes de Dióscoro".
Carta
de Antíoco V Eupátor a Lisias
11:22 La carta del rey estaba concebida
en estos términos: "El rey Antíoco saluda a su hermano
Lisias.
11:23 Habiendo pasado nuestro padre a
la compañía de los dioses, deseamos que los súbditos
de nuestro reino puedan dedicarse sin temor al cuidado de sus propios intereses.
11:24 Y como hemos sabido que los judíos
no quieren adoptar las costumbres helénicas promovidas por nuestro
padre, sino que prefieren seguir sus propias costumbres y piden que se les
permita vivir conforme a sus leyes,
11:25 deseosos de que también esta
nación esté tranquila, decretamos que su Santuario sea restituido
a su primitivo estado y que ellos se gobiernen de acuerdo con las costumbres
de sus antepasados.
11:26 Por lo tanto, harás un buen
servicio enviándoles una embajada de paz, a fin de que, conociendo
nuestra decisión, puedan vivir confiados y se dediquen de buen ánimo
a sus propias ocupaciones".
Carta
de Antíoco IV Epífanes a los judíos
11:27 Esta es la carta del rey al pueblo:
"El rey Antíoco saluda al Consejo de los ancianos y a todos los
judíos.
11:28 Es nuestro deseo que se encuentren
bien. También nosotros gozamos de perfecta salud.
11:29 Menelao nos ha hecho saber el deseo
que ustedes tienen de volver a sus propios hogares.
11:30 A todos los que se pongan en camino
antes del treinta del mes de Xántico, se les asegura la impunidad.
11:31 Los judíos podrán
gobernarse según sus leyes, como lo hacían antes, especialmente
en lo que se refiere a los alimentos, y ninguno de ellos será molestado
para nada a causa de las faltas cometidas por ignorancia.
11:32 Les envío además a
Menelao para que les infunda confianza.
11:33 ¡Qué les vaya bien!
Año ciento cuarenta y ocho, el quince del mes de Xántico".
Carta
de los romanos a los judíos
11:34 También los romanos enviaron
a los judíos la siguiente carta:
"Quinto Memio y Tito Manio, legados de los romanos, saludan al pueblo
de los judíos.
11:35 Damos nuestro consentimiento a todo
lo que les ha concedido Lisias, familiar del rey.
11:36 Pero en lo que respecta a lo que
él consideró que debía someter al juicio del rey, envíennos
urgentemente a alguien con instrucciones detalladas sobre el particular, para
que las expongamos como les conviene a ustedes, ya que vamos a ir a Antioquía.
11:37 Mándennos a algunos lo antes
posible, a fin de que también nosotros conozcamos el punto de vista
de ustedes.
11:38 ¡Salud! Año ciento
cuarenta y ocho, el quince del mes de Xántico".
La
masacre de Jope
12:1 Concluidas las negociaciones, Lisias
volvió adonde estaba el rey, mientras los judíos se dedicaban
a los trabajos del campo.
12:2 Pero algunos de los gobernadores
locales, Timoteo y Apolonio, hijo de Geneo, además de Jerónimo
y Demofón, y también Nicanor, jefe de los chipriotas, no los
dejaban vivir tranquilos ni disfrutar de la paz.
12:3 Algunos habitantes de Jope, por su
parte, perpetraron un enorme crimen. En efecto, invitaron a los judíos
que vivían con ellos a subir con sus mujeres e hijos a unas embarcaciones
que habían equipado, disimulando las malas intenciones que tenían
contra ellos.
12:4 Como se trataba de una decisión
unánime de toda la ciudad, los judíos aceptaron la invitación,
porque deseaban vivir en paz y no tenían ninguna sospecha. Pero una
vez que estuvieron en alta mar, los tiraron al agua: así murieron alrededor
de doscientos.
Represalias
de Judas Macabeo contra Jope y Iamnia
12:5 Cuando Judas se enteró de
la crueldad cometida contra sus compatriotas, hizo saber a sus hombres lo
que había pasado
12:6 y, después de invocar a Dios,
el justo Juez, se dirigió contra los asesinos de sus hermanos; incendió
el puerto durante la noche, prendió fuego a las embarcaciones e hizo
perecer a los que se habían refugiado allí.
12:7 Como las puertas de la ciudad estaban
cerradas, se retiró con la intención de volver y exterminar
por completo la población de Jope.
12:8 Informado, entre tanto, de que los
de Iamnia maquinaban hacer algo parecido con los judíos que vivían
allí,
12:9 atacó también durante
la noche a los iamnitas e incendió el puerto y la flota, de manera
que el resplandor de las llamas se vio incluso en Jerusalén, a una
distancia de casi cincuenta kilómetros.
Victoria
de Judas contra los árabes
12:10 Cuando estaba a dos kilómetros
de allí, en una expedición contra Timoteo, lo atacaron unos
árabes: eran no menos de cinco mil de a pie y quinientos jinetes.
12:11 Se entabló una lucha encarnizada,
y las tropas de Judas obtuvieron la victoria, gracias al auxilio de Dios.
Los nómadas, derrotados, pidieron la paz a Judas, comprometiéndose
a darles ganado y a ayudarlos en lo sucesivo.
12:12 Judas, comprendiendo que podrían
prestarle muchos servicios, accedió a hacer la paz con ellos y, después
de estrecharse la mano, los árabes regresaron a sus campamentos.
Destrucción
de Caspín
12:13 Luego atacó a una ciudad
fortificada con terraplenes, rodeada de murallas y habitada por gente de diversas
nacionalidades, que se llamaba Caspín.
12:14 Los sitiados, confiando en la solidez
de las murallas y en la reserva de víveres, trataban despectivamente
a los hombres de Judas, insultándolos y profiriendo blasfemias y maldiciones.
12:15 Judas y sus compañeros después
de invocar al supremo Señor del universo que, sin arietes ni máquinas
de guerra, derribó a Jericó en tiempos de Josué asaltaron
ferozmente la muralla.
12:16 Y apoderándose de la ciudad,
por la voluntad de Dios, realizaron una matanza indescriptible, hasta tal
punto que el lago vecino, de quince metros de ancho, parecía colmado
con la sangre que lo había inundado.
La
derrota de Timoteo
12:17 Luego se alejaron de allí
ciento cincuenta kilómetros y llegaron a Járaca, donde vivían
los judíos llamados tubienos.
12:18 Pero no encontraron a Timoteo por
aquellas regiones, porque en vista de que no conseguía nada, se había
retirado de allí, no sin antes dejar en cierto lugar una guarnición
bastante fuerte.
12:19 Dositeo y Sosípatro, capitanes
de Macabeo, avanzaron contra la fortaleza y mataron a los hombres que Timoteo
había dejado en ella: eran más de diez mil.
12:20 Luego el Macabeo distribuyó
su ejército en batallones; puso al frente a aquellos dos capitanes
y se dirigió contra Timoteo, que había reunido ciento veinte
mil soldados y dos mil quinientos jinetes.
12:21 Al enterarse de que se acercaba
Judas, Timoteo mandó que las mujeres y los niños, junto con
el resto del equipaje, se adelantaran hasta la fortaleza llamada Carnión,
que era inexpugnable y de difícil acceso, por lo accidentado del terreno.
12:22 Apenas apareció el primer
batallón de Judas, el pánico y el terror se apoderaron de los
enemigos, porque se manifestó ante ellos Aquel que todo lo ve. Entonces
huyeron en todas direcciones, de manera que muchas veces se herían
unos a otros y se atravesaban entre ellos mismos con sus espadas.
12:23 Judas los perseguía implacablemente,
acribillando a aquellos impíos, y así llegó a matar a
unos treinta mil.
12:24 Timoteo, que cayó en manos
de los hombres de Dositeo y Sosípatro, les pidió con mucha habilidad
que lo dejaran en libertad, porque los padres y hermanos de muchos de ellos
estaban en su poder y corrían el riesgo de ser ejecutados.
12:25 Cuando les aseguró con toda
clase de argumentos que los devolvería sanos y salvos, lo pusieron
en libertad, para salvar a sus hermanos.
12:26 Después, Judas marchó
contra Carnión y contra el templo de Atargatis y mató a veinticinco
mil personas.
La
campaña contra Efrón
12:27 Una vez derrotados y destruidos
estos enemigos, Judas emprendió una campaña contra la plaza
fuerte de Efrón, donde se había establecido Lisias con gente
de todas partes. Jóvenes vigorosos apostados delante de las murallas
combatían con vigor, y en el interior había muchas reservas
de máquinas de guerra y proyectiles.
12:28 Después de invocar al Soberano
que aplasta con su poder las fuerzas de los enemigos, los judíos se
apoderaron de la ciudad y mataron allí a unas veinticinco mil personas.
El
paso por Escitópolis
12:29 Partiendo de allí, avanzaron
contra Escitópolis, que dista de Jerusalén unos ciento diez
kilómetros.
12:30 Pero los judíos que vivían
allí les atestiguaron que los habitantes de la ciudad los habían
tratado con benevolencia y les habían brindado una buena acogida en
momentos de adversidad.
12:31 Entonces Judas y sus compañeros
les dieron las gracias y los exhortaron a seguir siendo deferentes con sus
compatriotas. Luego regresaron a Jerusalén, porque se acercaba la fiesta
de las Semanas.
Campaña
y victoria sobre Gorgias
12:32 Pasada la fiesta llamada de Pentecostés,
se dirigieron contra Gorgias, gobernador de Idumea.
12:33 Este salió a atacarlos con
tres mil soldados y cuatrocientos jinetes,
12:34 y cayeron en el combate algunos
judíos.
12:35 Un tal Dositeo, valeroso jinete
de las tropas de Bacenor, se apoderó de Gorgias y, tirándole
de la capa, lo arrastraba con fuerza a fin de capturar vivo a aquel infame.
Pero un jinete tracio se abalanzó sobre Dositeo y lo hirió por
la espalda, y así Gorgias pudo huir hacia Marisa.
12:36 Como los hombres de Esdrín
estaban extenuados por haber combatido durante mucho tiempo, Judas rogó
al Señor que se manifestara como su aliado y su guía en el combate.
12:37 Y entonando en la lengua de sus
padres un himno de guerra, cayó sorpresivamente sobre los hombres de
Gorgias y los derrotó.
El
sacrificio por los soldados muertos en la batalla
12:38 Luego Judas reunió al ejército
y se dirigió hacia la ciudad de Odolám. Como estaba ya próximo
el séptimo día de la semana, se purificaron con los ritos de
costumbre y celebraron el sábado en aquel lugar.
12:39 Los hombres de Judas fueron al día
siguiente dado que el tiempo urgía a recoger los cadáveres
de los caídos para sepultarlos con sus parientes, en los sepulcros
familiares.
12:40 Entonces encontraron debajo de las
túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos
de Iamnia, que la Ley prohíbe tener a los judíos. Así
se puso en evidencia para todos que esa era la causa por la que habían
caído.
12:41 Todos bendijeron el proceder del
Señor, el justo Juez, que pone de manifiesto las cosas ocultas,
12:42 e hicieron rogativas pidiendo que
el pecado cometido quedara completamente borrado. El noble Judas exhortó
a la multitud a que se abstuvieran del pecado, ya que ellos habían
visto con sus propios ojos lo que había sucedido a los caídos
en el combate a causa de su pecado.
12:43 Y después de haber recolectado
entre sus hombres unas dos mil dracmas, las envió a Jerusalén
para que se ofreciera un sacrificio por el pecado. Él realizó
este hermoso y noble gesto con el pensamiento puesto en la resurrección,
12:44 porque si no hubiera esperado que
los caídos en la batalla iban a resucitar, habría sido inútil
y superfluo orar por los difuntos.
12:45 Además, él tenía
presente la magnífica recompensa que está reservada a los que
mueren piadosamente, y este es un pensamiento santo y piadoso. Por eso, mandó
ofrecer el sacrificio de expiación por los muertos, para que fueran
librados de sus pecados.
Campaña
de Antíoco V y Lisias y suplicio de Menelao
13:1 El año ciento cuarenta y nueve,
los hombres de Judas se enteraron de que Antíoco Eupátor avanzaba
contra Judea con un ejército numeroso,
13:2 y que con él venía
Lisias, su tutor y encargado de los asuntos de Estado. Ambos conducían
un ejército griego de ciento diez mil soldados, cinco mil trescientos
jinetes, veintidós elefantes y trescientos carros armados de cuchillas.
13:3 También se unió a ellos
Menelao, el cual, con toda mala intención, trataba de ganarse a Antíoco,
no para salvar a su patria, sino para ser restablecido en su cargo.
13:4 Pero el Rey de los reyes provocó
la indignación de Antíoco contra aquel criminal, porque Lisias
le hizo ver que aquel hombre era el causante de todos los males. Entonces
Antíoco ordenó que lo llevaran a Berea para que lo mataran según
las costumbres del lugar.
13:5 Allí hay una torre de veinticinco
metros, llena de ceniza, provista de una máquina giratoria inclinada
por todas partes hacia la ceniza.
13:6 Es costumbre arrojar en ese lugar
a los reos de robo sacrílego o de algún otro crimen enorme,
a fin de hacerlos morir.
13:7 Con este suplicio murió el
impío Menelao, sin ser ni siquiera sepultado en la tierra.
13:8 Esto le sucedió con toda justicia;
en efecto, aquel que había perpetrado tantos crímenes contra
el altar, cuyo fuego y ceniza son sagrados, encontró él mismo
la muerte en la ceniza.
Victoria
de Judas Macabeo en Modín
13:9 El rey avanzaba, animado de brutales
sentimientos, dispuesto a tratar a los judíos con más crueldad
que su mismo padre.
13:10 Al enterarse de esto, Judas ordenó
a sus tropas que invocaran al Señor día y noche, para que también
esa vez, como en otras ocasiones, acudiera en auxilio de los que estaban en
peligro de ser despojados de la Ley, de la patria y del Santuario,
13:11 y no permitiera que el pueblo, que
apenas comenzaba a reanimarse, cayera en manos de paganos blasfemos.
13:12 Todos unánimemente cumplieron
la orden y suplicaron al Señor misericordioso con lamentaciones, ayunos
y postraciones, durante tres días seguidos. Entonces Judas los arengó,
animándolos a estar preparados.
13:13 Después de reunirse en particular
con los Ancianos, resolvió no esperar que el ejército del rey
invadiera Judea y se adueñara de la ciudad, sino ponerse en marcha
para decidir la situación con la ayuda de Dios.
13:14 Judas, dejándolo todo en
manos del Creador del universo, exhortó a sus compañeros a luchar
valerosamente hasta la muerte por las leyes, el Santuario, la ciudad, la patria
y las instituciones. Luego acampó en las inmediaciones de Modín.
13:15 Y dando a sus hombres este santo
y seña: "Victoria de Dios", atacó durante la noche
con los jóvenes más aguerridos el campamento del rey. Así
dio muerte a unos dos mil hombres del ejército y al más grande
de los elefantes con su conductor.
13:16 Finalmente, sembrando el pánico
y la confusión en el ejército, se retiraron victoriosos.
13:17 Al amanecer, ya todo había
terminado, gracias a la protección que el Señor había
brindado a Judas.
Derrota
de Antíoco V Eupátor en Betsur
13:18 El rey, que había sufrido
en carne propia la audacia de los judíos, intentó apoderarse
de sus fortalezas de manera sistemática.
13:19 Se acercó a Betsur, plaza
fuerte de los judíos, pero fue rechazado, puesto en fuga y vencido.
13:20 Judas envió a los sitiados
todo lo que necesitaban,
13:21 pero Rodoco, un hombre del ejército
judío, revelaba los secretos al enemigo. Por eso fue buscado, detenido
y ejecutado.
13:22 El rey volvió a tratar con
los habitantes de Betsur, hizo las paces con ellos y se retiró.
Acuerdo
de Antíoco V con los judíos
Luego atacó a las tropas de Judas, pero fue derrotado.
13:23 En ese momento supo que Filipo,
a quien había dejado en Antioquía al frente del gobierno, se
había sublevado. Muy consternado, mandó llamar a los judíos
y juró someterse a sus legítimas demandas. Después de
esta reconciliación, ofreció un sacrificio, honró al
Santuario y se mostró generoso con el Lugar santo.
13:24 El rey prestó una buena acogida
al Macabeo y dejó a Hegemónidas como gobernador desde Tolemaida
hasta la región de los guerraínos.
13:25 Luego se trasladó a Tolemaida,
pero sus habitantes descontentos por ese tratado, se indignaron y querían
anular lo convenido.
13:26 Entonces Lisias subió a la
tribuna y defendió el asunto lo mejor que pudo. Así los persuadió,
logró calmarlos y los dispuso favorablemente. Después partió
para Antioquía. Esto es lo que sucedió con la expedición
y la retirada del rey.
LUCHAS Y VICTORIAS DE JUDAS MACABEO BAJO EL REINADO DE DEMETRIO I
Las
intrigas de Álcimo ante Demetrio I
14:1
Al cabo de tres años, Judas y sus hombres recibieron la noticia de
que Demetrio, el hijo de Seleuco, había atracado en el puerto de Trípoli
con un poderoso ejército y una flota,
14:2 adueñándose del país
y haciendo ejecutar a Antíoco y a su tutor Lisias.
14:3 Un cierto Álcimo, que antes
había sido Sumo Sacerdote, pero que se había contaminado voluntariamente
en el tiempo de la ruptura con el paganismo, comprendiendo que él ya
no podía rehabilitarse ni acceder al altar sagrado,
14:4 fue a ver al rey Demetrio hacia el
año ciento cincuenta y uno, y le obsequió una corona de oro
y una palma, además de los acostumbrados ramos de olivo del templo.
Y aquel día, se contentó con eso.
14:5 Pero él encontró una
ocasión propicia para sus perversos designios, cuando Demetrio lo convocó
ante el Consejo, y lo consultó acerca de las actitudes y planes de
los judíos. Álcimo respondió:
14:6 "Los judíos llamados
asideos, capitaneados por Judas Macabeo, fomentan la guerra y las sediciones,
y no dejan que el reino viva en paz.
14:7 Debido a eso, aunque he sido despojado
de la dignidad heredada de mis antepasados me refiero al sumo sacerdocio
he venido aquí,
14:8 en primer lugar, sinceramente preocupado
por los intereses del rey y, en segundo lugar, por consideración hacia
mis compatriotas. A causa de la conducta irreflexiva de los hombres ya mencionados,
toda nuestra nación padece no pocos infortunios.
v9 Por eso, ya que tú eres el rey, una vez que te informes detalladamente
de todo esto, vela por nuestro país y nuestra nación amenazados
por todas partes, de acuerdo con los sentimientos humanitarios que demuestras
hacia todos.
14:10 Ciertamente, mientras Judas viva,
es imposible que el Estado goce de paz".
Expedición
de Nicanor contra los judíos
14:11 Apenas Álcimo pronunció
estas palabras, los demás Amigos del rey que eran hostiles a Judas,
se apresuraron a incitar aún más a Demetrio.
14:12 Este designó inmediatamente
a Nicanor, que dirigía la tropa de los elefantes, lo nombró
gobernador de Judea, y lo envió
14:13 con la orden de matar a Judas y
dispersar a sus partidarios, restableciendo a Álcimo como Sumo Sacerdote
del Templo más excelso.
14:14 Los paganos que habían huido
de Judea por temor a Judas, se unieron en masa a Nicanor, pensando que los
infortunios y las derrotas de los judíos serían sus propias
victorias.
Enfrentamiento
de Nicanor con los judíos
14:15 Cuando los judíos se enteraron
de la expedición de Nicanor y de la invasión de los paganos,
se cubrieron de polvo y suplicaron a Aquel que había establecido a
su pueblo para siempre y nunca dejaba de proteger a su propia herencia en
forma bien visible.
14:16 Bajo la orden de su jefe, partieron
inmediatamente de allí y se trabaron en lucha con ellos junto al poblado
de Desau.
14:17 Simón, el hermano de Judas,
había entrado en combate con Nicanor, pero sufrió un ligero
revés a causa del ataque sorpresivo de los enemigos.
14:18 Nicanor, enterado de la audacia
de los hombres de Judas y del valor con que defendían a su patria,
temió definir la situación de una manera sangrienta.
14:19 Por eso envió a Posidonio,
Teodoto y Matatías para concertar la paz.
La
alianza entre Judas y Nicanor
14:20 Después de un detenido examen
de la propuesta, el jefe la comunicó a las tropas, y por decisión
unánime aceptaron el tratado.
14:21 Se fijó un día en
que los jefes se reunirían a solas en un lugar determinado; se puso
una tarima de cada lado y se prepararon asientos.
14:22 Judas distribuyó algunos
hombres armados en puntos estratégicos, por si se producía inesperadamente
algún ataque a traición por parte de los enemigos. Sin embargo,
la entrevista se realizó normalmente.
14:23 Nicanor vivía en Jerusalén
sin molestar a nadie: incluso, licenció a las tropas que se le habían
incorporado en masa.
14:24 Se veía constantemente con
Judas y sentía por él un sincero aprecio;
14:25 le aconsejó que se casara
y que tuviera hijos. Judas se casó y vivió tranquilamente, disfrutando
de la vida.
Nuevas
acusaciones de Álcimo contra Judas Macabeo
14:26 Cuando Álcimo vio la comprensión
que reinaba entre ellos, consiguió una copia del pacto celebrado y
se presentó ante Demetrio, diciéndole que Nicanor abrigaba sentimientos
contrarios a los intereses del Estado, ya que había nombrado lugarteniente
suyo a Judas, el rival de su reino.
14:27 El rey se puso fuera de sí
y, excitado por las calumnias de ese miserable, escribió a Nicanor,
manifestándole su disgusto por el acuerdo y ordenándole que
le mandara inmediatamente preso a Antioquía al Macabeo.
14:28 Cuando Nicanor recibió la
noticia, quedó desconcertado, porque le indignaba romper el acuerdo
sin que aquel hombre hubiera cometido ninguna injusticia.
14:29 Pero como no era posible oponerse
al rey, buscaba la ocasión favorable para cumplir la orden valiéndose
de alguna estratagema.
14:30 El Macabeo, por su parte, viendo
que Nicanor lo trataba más secamente y que le demostraba una gran frialdad
en sus relaciones habituales, pensó que esa actitud no presagiaba nada
bueno. Entonces reunió a un buen número de sus compañeros
y se ocultó de Nicanor.
Amenaza
de Nicanor contra el Templo
14:31 Cuando este advirtió que
Judas se había burlado de él tan hábilmente, se presentó
en el augusto y santo Templo, mientras los sacerdotes ofrecían los
sacrificios rituales y les exigió que le entregaran a aquel hombre.
14:32 Como ellos juraron que no sabían
dónde se encontraba el hombre que buscaba,
14:33 él, extendiendo la mano derecha
hacia el Santuario, pronunció este juramento: "Si no me entregan
prisionero a Judas, arrasaré este recinto consagrado a Dios, derribaré
el altar y levantaré aquí mismo un espléndido templo
a Dionisos".
14:34 Dicho esto, se fue. Los sacerdotes,
con las manos extendidas hacia el cielo, invocaron a Aquel que había
combatido incesantemente en favor de nuestra nación, diciendo:
14:35 "Tú, Señor de
todas las cosas, que no necesitas de nada, has querido que el Santuario donde
tú habitas estuviera en medio de nosotros.
14:36 Por eso ahora, Señor santo,
lleno de toda santidad, preserva para siempre de toda profanación esta
Casa recién purificada".
Celo
religioso y trágico fin de Razís
14:37 Un tal Razís, uno de los
ancianos de Jerusalén, buen patriota, sumamente estimado y llamado
por su bondad "Padre de los judíos", fue denunciado a Nicanor.
14:38 Él, en los primeros tiempos
de la ruptura con el paganismo, había abrazado la causa del Judaísmo,
entregándose a ella en cuerpo y alma, con una gran entereza.
14:39 Nicanor, queriendo poner en evidencia
la hostilidad que profesaba contra los judíos, envió más
de quinientos soldados para detenerlo,
14:40 porque le parecía que, tomándolo
prisionero, ocasionaba un gran perjuicio a los judíos.
14:41 Cuando las tropas estaban a punto
de ocupar la torre, forzando la puerta de entrada y dando órdenes de
traer fuego e incendiar las puertas, Razís, acorralado por todas partes,
se arrojó sobre su espada.
14:42 Él prefirió morir
noblemente, antes que caer en manos de aquellos desalmados y soportar ultrajes
indignos de su nobleza.
14:43 Pero, por lo precipitado del ataque,
no acertó el golpe, y como las tropas ya se abrían paso a través
de las puertas, subió valerosamente a lo alto del muro y se arrojó
con intrepidez sobre la multitud.
14:44 Esta retrocedió a una cierta
distancia y él cayó en medio del espacio vacío.
14:45 Estando aún con vida, lleno
de ardor, se incorporó sangrando copiosamente, y a pesar de sus graves
heridas, pasó corriendo por entre las tropas y se paró sobre
una roca escarpada.
14:46 Cuando ya estaba completamente exangüe,
se arrancó las entrañas y, tomándolas con ambas manos,
las arrojó contra aquella gente. Así, invocando al Señor
de la vida y del espíritu para que un día se las devolviera,
murió aquel hombre.
Actitud
blasfema de Nicanor
15:1 Cuando Nicanor supo que los hombres
de Judas se hallaban en las regiones de Samaría, resolvió atacarlos
sin ningún riesgo el día de descanso.
15:2 Los judíos que iban con él
por la fuerza, le dijeron: "No los mates tan despiadada y cruelmente;
respeta más bien el día que ha sido santificado especialmente
por Aquel que todo lo ve".
15:3 El muy perverso preguntó si
había en el cielo un Soberano que hubiera ordenado celebrar el día
sábado.
15:4 Ellos le respondieron: "El mismo
Señor que vive en el cielo es el Soberano que ha mandado observar el
séptimo día".
15:5 Él replicó: "También
yo soy soberano en la tierra y ordeno empuñar las armas para servir
al rey". Sin embargo, no llegó a realizar su funesto designio.
Exhortación
y sueño de Judas Macabeo
15:6 Nicanor, ensoberbecido sobremanera,
había decidido levantar un monumento público, con los trofeos
ganados a los hombres de Judas.
15:7 Por el contrario, el Macabeo mantenía
una confianza inalterable, esperando recibir la ayuda del Señor.
15:8 Él exhortaba a sus compañeros
a no temer el ataque de los paganos, y a contar con la victoria que también
esta vez les vendría de la mano del Todopoderoso, recordando los auxilios
que antes habían recibido del Cielo.
15:9 También los alentaba, por
medio de la Ley y los Profetas, recordándoles los combates que habían
sostenido exitosamente, y así reavivó su coraje.
15:10 Y al mismo tiempo que les infundía
valor, los estimulaba mostrándoles la deslealtad de los paganos y cómo
violaban sus juramentos.
15:11 De esa manera, armó a cada
uno de ellos, no tanto con la seguridad que dan los escudos y las lanzas,
cuanto con la confianza que infunden las palabras de aliento. Además
les expuso un sueño totalmente fidedigno, que los alegró a todos.
15:12 Él había visto lo
siguiente: Onías, el que había sido Sumo Sacerdote, hombre cabal,
de trato modesto, de carácter afable, de hablar mesurado, ejercitado
desde niño en todas las prácticas virtuosas, oraba con los brazos
extendidos por toda la comunidad de los judíos.
15:13 Luego apareció también
un personaje que se destacaba por sus cabellos blancos y su prestancia, revestido
de una dignidad soberana y majestuosa.
15:14 Entonces Onías tomó
la palabra y dijo: "Este es Jeremías, el profeta de Dios, que
ama a sus hermanos, y ora sin cesar por su pueblo y por la Ciudad santa".
15:15 Después Jeremías extendió
su mano derecha y entregó a Judas una espada de oro, diciendo mientras
se la daba:
15:16 "Recibe esta espada santa como
un don de Dios: con ella destruirás a tus enemigos".
Preparativos para el combate
15:17 Reconfortados con estas bellísimas
palabras de Judas, capaces de llevar al heroísmo y de robustecer los
corazones juveniles, todos decidieron no quedarse a la defensiva, sino lanzarse
valerosamente a la ofensiva, y decidir la situación luchando con la
mayor valentía, porque estaban en peligro la Ciudad, las instituciones
sagradas y el Santuario.
15:18 El cuidado de las mujeres y los
niños, de sus hermanos y parientes, pasaba a segundo plano; lo primero
y principal era el Templo consagrado.
15:19 Y no era menor la angustia de los
que habían quedado en la ciudad, preocupados como estaban por el combate
que se iba a librar en campo abierto.
15:20 Todos aguardaban el desenlace inminente.
Los enemigos ya se habían concentrado y el ejército se había
alineado en orden de batalla; los elefantes estaban situados en lugares estratégicos
y la caballería se había ubicado en los flancos.
Súplica
de Judas Macabeo antes del combate
15:21 Entonces el Macabeo, al ver las
tropas que tenía delante, la variedad de las armas con que estaban
equipadas y la ferocidad de los elefantes, extendió las manos hacia
el cielo e invocó al Señor que hace prodigios, porque sabía
muy bien que no es por medio de las armas, sino de la manera como él
lo decide, que otorga la victoria a los que la merecen.
15:22 Él hizo su invocación
con estas palabras: "Tú, gran Señor, enviaste a tú
ángel a Ezequías, rey de Judá, y él exterminó
a ciento ochenta y cinco mil hombres del ejército de Senaquerib.
15:23 Envía también ahora,
Soberano del cielo, un ángel protector delante de nosotros para sembrar
el pánico y el terror.
15:24 ¡Que por la fuerza de tu brazo
queden aterrados los que avanzan blasfemando contra tu Pueblo santo!"
Así terminó su oración.
Derrota
y muerte de Nicanor
15:25
Mientras las tropas de Nicanor avanzaban al son de trompetas y cantos de guerra,
15:26 los hombres de Judas se enfrentaron
con sus enemigos entre invocaciones y plegarias.
15:27 Ellos luchaban con sus manos, y
con el corazón oraban a Dios. Así abatieron a no menos de treinta
y cinco mil hombres, y se regocijaron por la visible intervención de
Dios.
15:28 Cuando volvían gozosos del
combate, reconocieron a Nicanor, tendido en tierra con su armadura.
15:29 Entre gritos y clamores, bendecían
al Señor en la lengua de sus padres.
15:30 Después, el que se había
entregado por entero, en cuerpo y alma, combatiendo en primera línea
por sus compatriotas, el que había conservado hacia ellos el afecto
de su juventud, mandó cortar la cabeza y un brazo entero de Nicanor,
y ordenó que los llevaran a Jerusalén.
15:31 Al llegar allí, convocó
a sus compatriotas y a los sacerdotes, se puso delante del altar y mandó
buscar a los de la Ciudadela.
15:32 Entonces les mostró la cabeza
del malvado Nicanor y el brazo que aquel blasfemo, en un arrebato de soberbia,
había levantado contra la santa Casa del Todopoderoso.
15:33 Luego mandó que la lengua
del impío Nicanor fuera cortada a pedazos y arrojada a los pájaros,
y que su brazo fuera colgado frente al Santuario, como pago de su insensatez.
15:34 Todos elevaron sus bendiciones hacia
el cielo, en honor del Señor que se les había manifestado, exclamando:
"¡Bendito sea el que ha conservado sin mancha su Lugar santo!"
15:35 Judas mandó colgar de la
Ciudadela la cabeza de Nicanor, como un signo manifiesto y visible a todos
de la protección del Señor.
15:36 Todos decretaron de común
acuerdo que aquel día no se dejara de conmemorar, sino que fuera celebrado
el día trece del duodécimo mes llamado Adar en arameo víspera
del día llamado de Mardoqueo.
Epílogo
del autor
15:37 Estos son los sucesos referentes
a Nicanor. Como a partir de entonces la Ciudad quedó en poder de los
hebreos, aquí mismo terminaré mi relato.
15:38 Si este ha sido bueno y bien logrado,
no es otra cosa lo que yo pretendía. Si, por el contrario, es imperfecto
y mediocre, lo cierto es que hice todo lo que pude.
15:39 Porque así como beber solamente
vino o solamente agua es perjudicial y, en cambio, el vino mezclado con agua
es agradable y produce un placer especial, de la misma manera la disposición
armoniosa del relato agrada a los oídos de los que leen la obra. Y
con esto, llegamos al fin.