JEREMÍAS


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Título

CAPÍTULO 1

1:1 Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, uno de los sacerdotes de Anatot, en territorio de Benjamín.
1:2 La palabra del Señor le llegó en los días de Josías, 2 Reyes 22, 3--23, 27 2 Crónicas 34, 8--35, 9 hijo de Amón, rey de Judá, en el año decimotercero de su reinado;
1:3 y también en los días de Joaquím,
2 Reyes 23, 36 2 Crónicas 36, 5-8 Jeremías 22, 18-19 Jeremías 26, 1-16 Jeremías 35, 1-19 hijo de Josías, rey de Judá, hasta el fin del undécimo año de Sedecías, 2 Reyes 24, 18--25, 21 2 Crónicas 36, 11-21 Jeremías 27, 1-22 Jeremías 28, 1-17 hijo de Josías, rey de Judá, es decir, hasta la deportación de Jerusalén en el quinto mes.

ORÁCULOS CONTRA JUDÁ Y JERUSALÉN

Vocación de Jeremías
1:4 La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
1:5 "Antes de formarte en el vientre materno, yo te conocía;
antes de que salieras del seno, yo te había consagrado,
te había constituido profeta para las naciones".
1:6 Yo respondí:
"¡Ah, Señor! Mira que no sé hablar,
porque soy demasiado joven".
1:7 El Señor me dijo:
"No digas: 'Soy demasiado joven',
porque tú irás adonde yo te envíe
y dirás todo lo que yo te ordene.
1:8 No temas delante de ellos,
porque yo estoy contigo para librarte
—oráculo del Señor—".
1:9 El Señor extendió su mano,
tocó mi boca y me dijo:
"Yo pongo mis palabras en tu boca.
1:10 Yo te establezco en este día
sobre las naciones y sobre los reinos,
para arrancar y derribar,
para perder y demoler,
para edificar y plantar".

Primeras visiones y revelaciones
1:
11 La palabra del Señor llegó a mí en estos términos: "¿Qué ves, Jeremías?" Yo respondí: "Veo una rama de almendro".
1:12 Entonces el Señor me dijo: "Has visto bien, porque yo vigilo sobre mi palabra para realizarla".
1:13 La palabra del Señor llegó a mí por segunda vez, en estos términos: "¿Qué ves?" Yo respondí: "Veo una olla hirviendo, que se vuelca desde el Norte".
1:14 Entonces el Señor me dijo:
"Del Norte se desencadenará la desgracia
contra todos los habitantes del país.
1:15 Porque ahora voy a convocar
a todas las familias de los reinos del Norte
—oráculo del Señor—.
Ellos vendrán, y cada uno instalará su trono
a la entrada de las puertas de Jerusalén,
contra todos los muros que la rodean
y contra todas las ciudades de Judá.
1:16 Pronunciaré mis sentencias contra ellos,
por todas sus maldades, porque me han abandonado,
han quemado incienso a dioses extraños,
y se han postrado ante las obras de sus manos.
1:17 En cuanto a ti, cíñete la cintura,
levántate y diles
todo lo que yo te ordene.
No te dejes intimidar por ellos,
no sea que te intimide yo delante de ellos.
1:18 Mira que hoy hago de ti
una plaza fuerte,
una columna de hierro,
una muralla de bronce,
frente a todo el país:
frente a los reyes de Judá y a sus jefes,
a sus sacerdotes y al pueblo del país.
1:19 Ellos combatirán contra ti,
pero no te derrotarán,
porque yo estoy contigo para librarte
—oráculo del Señor—".

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CAPÍTULO 2

La fidelidad de Israel en el desierto
2:1 La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
2:2 Ve a gritar a los oídos de Jerusalén: Así habla el Señor:
Recuerdo muy bien la fidelidad de tu juventud,
el amor de tus desposorios,
cuando me seguías por el desierto,
por una tierra sin cultivar.
2:3 Israel era algo sagrado para el Señor,
las primicias de su cosecha:
todos los que comían de él se hacían culpables,
les sobrevenía una desgracia
—oráculo del Señor—.

La ingratitud de Israel
2:4 ¡Escuchen la palabra del Señor, casa de Jacob,
y todas las familias de la casa de Israel!
2:5 Así habla el Señor:
¿Qué injusticia encontraron en mí sus padres
para que se alejaran de mí
y fueran detrás de ídolos vanos,
volviéndose así vanos ellos mismos?
2:6 Ellos no preguntaron: "¿Dónde está el Señor,
que nos hizo subir del país de Egipto,
el que nos condujo por el desierto,
por una tierra de estepas y barrancos,
por una tierra árida y tenebrosa,
por una tierra que nadie atraviesa
y donde no habita ningún hombre?"
2:7 Yo los hice entrar en un país de vergeles,
para que comieran de sus frutos y sus bienes;
pero ustedes entraron y contaminaron mi país
e hicieron de mi herencia una abominación.
2:8 Los sacerdotes no preguntaron: "¿Dónde está el Señor?",
los depositarios de la Ley no me conocieron,
los pastores se rebelaron contra mí,
los profetas profetizaron en nombre de Baal
y fueron detrás de los que no sirven de nada.
2:9 Por eso, voy a entrar todavía en pleito con ustedes
—oráculo del Señor—
y también con los hijos de sus hijos.
2:10 ¡Sí, crucen a las costas de los Quitím y miren,
envíen gente a Quedar y fíjense bien,
a ver si ha sucedido una cosa igual!
2:11 ¿Cambia de dioses una nación?
—¡y sin embargo, esos no son dioses!—
Pero mi pueblo ha cambiado su Gloria
por algo que no sirve de nada.
2:12 ¡Espántense de esto, cielos,
horrorícense y queden paralizados!
—oráculo del Señor—.
2:13 Por que mi pueblo ha cometido dos maldades:
me abandonaron a mí, la fuente de agua viva,
para cavarse cisternas, cisternas agrietadas,
que no retienen el agua.

Israel castigado y humillado
2:14 ¿Acaso Israel fue adquirido como esclavo
o nació en la esclavitud?
¿Por qué entonces se ha convertido en una presa?
2:15 Los cachorros de león rugen contra él,
hacen oír sus bramidos,
han hecho de su país una desolación,
sus ciudades son incendiadas, se quedan sin habitantes.
2:16 ¡Hasta los hijos de Nof y de Tafnes
te han rapado el cráneo!
2:17 ¿Acaso no te sucede todo esto,
por haber abandonado al Señor, tu Dios,
mientras él te conducía por el camino?
2:18 Y ahora, ¿por qué tienes que tomar el camino de Egipto
para beber el agua del Sijor?
¿Por qué tienes que tomar el camino de Asiria
para beber el agua del Río?
2:19 ¡Que tu propia maldad te corrija
y tus apostasías te sirvan de escarmiento!
Reconoce, entonces, y mira
qué cosa tan mala y amarga
es abandonar al Señor, tu Dios,
y dejar de temerme
—oráculo del Señor de los ejércitos—.

Los pecados de idolatría
2:20 Sí, hace mucho que has quebrado tu yugo,
has roto tus ataduras
y has dicho: "¡No serviré!"
Sí, sobre toda colina elevada
y bajo todo árbol frondoso,
te has acostado, te has prostituido.
2:21 ¡Y eso que yo te había plantado con cepas escogidas,
todas de simiente genuina!
¿Cómo entonces te has vuelto una planta degenerada,
una viña bastarda?
2:22 Por más que te laves con potasa
y no mezquines la lejía,
permanecerá la mancha de tu iniquidad ante mí
—oráculo del Señor—.
2:23 ¿Cómo puedes decir: "No me he contaminado,
no he ido detrás de los Baales"?
Mira tu conducta en el Valle,
reconoce lo que has hecho.
¡Camella veloz, que va de un lado para otro!
2:24 ¡Asna salvaje, habituada al desierto!
En el ardor de su deseo aspira el viento:
¿quién puede refrenar su ansiedad?
Los que la buscan no necesitan fatigarse,
en su tiempo de celo se la encuentra.
2:25 No dejes que tus pies queden descalzos
ni que tu garganta sienta sed.
Pero tú dices: "¡No hay nada que hacer! ¡No!
A mí me gustan los extranjeros
y quiero ir detrás de ellos".
2:26 Como se turba un ladrón al ser sorprendido,
así quedarán turbados los de la casa de Israel,
ellos, sus reyes y sus príncipes,
sus sacerdotes y sus profetas,
2:27 los que dicen a un trozo de madera:
"¡Tú me has dado a luz!"
Porque ellos me vuelven la espalda, no la cara,
y después, en el tiempo de su desgracia,
dicen: "¡Levántate y sálvanos!"
2:28 ¿Dónde están tus dioses, esos que te has fabricado?
¡Que se levanten, si es que pueden salvarte
en el tiempo de tu desgracia!
Porque tan numerosos como tus ciudades
son tus dioses, Judá.
2:29 ¿Por qué me recriminan,
si todos ustedes se han rebelado contra mí?
—oráculo del Señor—.
Requisitoria del Señor contra su Pueblo
2:30 En vano he golpeado a los hijos de ustedes:
ellos no aprendieron la lección;
la espada de ustedes devoró a sus profetas
como un león que lo destruye todo.
2:31 ¡Qué clase de gente son ustedes!
Vean lo que dice el Señor:
¿Acaso he sido yo para Israel
un desierto o una tierra tenebrosa?
¿Por qué dice mi pueblo: "Somos libres,
ya no acudiremos a ti"?
2:32 ¿Olvida una joven sus atavíos,
una novia sus ceñidores?
¡Pero mi pueblo se ha olvidado de mí
hace ya un sinnúmero de días!
2:33 ¡Qué bien te abres camino
para ir en busca del amor!
Así, también tú te has habituado
a los caminos de la maldad.
2:34 Hasta en los bordes de tu vestido
se encuentra sangre de gente pobre, inocente,
que tú no habías sorprendido perforando una pared.
Y a pesar de todo esto,
2:35 tú dices: "Sí, soy inocente,
seguramente su ira se ha apartado de mí".
Pero yo entro en juicio contigo,
porque tú dices: "No tengo pecado".
2:36 ¡Con qué ligereza
cambias de camino!
También serás defraudada por Egipto,
como lo fuiste por Asiria.
2:37 También de allí tendrás que salir
con las manos sobre tu cabeza,
porque el Señor ha rechazado a aquellos en los que confías,
y no te irá bien con ellos.

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CAPÍTULO 3

Llamado a la conversión
3:1 La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:
Si un hombre repudia a su mujer
y ella, al irse de su lado,
llega a ser la mujer de otro,
¿puede aquel volver de nuevo a ella?
¿No está acaso esa mujer
irremediablemente mancillada?
Y tú, que te has prostituido con tantos amantes,
¿podrás volver a mí?
—oráculo del Señor—.
3:2 Alza tus ojos a los montes desolados y mira:
¿dónde no has sido violada?
Te sentabas a la espera junto a los caminos,
como el árabe en el desierto;
así has contaminado el país
con tus prostituciones y tu maldad.
3 Por eso se detuvieron los aguaceros
y no hubo lluvia de primavera.
Pero tú tenías frente de prostituta,
rehusabas avergonzarte.
3:4 Y aún ahora me gritas: "¡Padre mío!
¡Tú eres el amigo de mi juventud!
3:5 ¿Acaso él guardará rencor eternamente?
¿Mantendrá su ira para siempre?"
¡Tú hablas así
y haces el mal a más no poder!

Parábola de las dos hermanas
3:
6 El Señor me dijo en los días del rey Josías: 2 Reyes 22, 1 2 Crónicas 34, 1 Sofonías 1, 1 ¿Has visto lo que hizo la apóstata Israel? Se ha ido a toda montaña elevada y bajo todo árbol frondoso, para prostituirse allí.
3:7 Yo pensaba: Después de hacer todo esto, ella volverá otra vez a mí. ¡Pero no ha vuelto! Su hermana, la traidora Judá, ha visto esto:
3:8 ella vio que, por todos los adulterios que había cometido la apóstata Israel, yo la había repudiado y le había dado el acta de divorcio. Pero la traidora Judá, su hermana, no sintió ningún temor, sino que fue y también ella se prostituyó.
3:9 Así, con su frívola prostitución profanó el país, cometiendo el adulterio con la piedra y la madera.
3:10 A pesar de todo esto, su hermana, la traidora Judá, no volvió a mí de todo corazón, sino sólo engañosamente —oráculo del Señor—.

Llamado a la conversión de Israel
3:11 El Señor me dijo: La apóstata Israel se ha mostrado más justa que la traidora Judá.
3:12 Ve entonces a gritar estas palabras hacia el Norte:
¡Vuelve, apóstata Israel —oráculo del Señor—
y no te mostraré un rostro severo,
porque yo soy misericordioso —oráculo del Señor—
y no guardo rencor para siempre.
3:13 Pero reconoce tu culpa,
porque te has rebelado contra el Señor, tu Dios,
y has prodigado tus favores a los extranjeros,
bajo todo árbol frondoso:
¡ustedes no han escuchado mi voz!
—oráculo del Señor—.

La reunión futura del pueblo en Sión
3:14 ¡Vuelvan, hijos apóstatas —oráculo del Señor— porque yo soy el dueño de ustedes! Yo los tomaré, a uno de una ciudad y a dos de una familia, y los conduciré a Sión.
3:15 Después les daré pastores según mi corazón, que los apacentarán con ciencia y prudencia.
3:16 Y cuando ustedes se hayan multiplicado y fructificado en el país, en aquellos días —oráculo del Señor— ya no se hablará más del Arca de la Alianza del Señor, ni se pensará más en ella; no se la recordará, ni se la echará de menos, ni se la volverá a fabricar.
3:17 En aquel tiempo, se llamará a Jerusalén "Trono del Señor"; todas las naciones se reunirán en ella, y ya no seguirán más los impulsos de su corazón obstinado y perverso.
3:18 En aquellos días, la casa de Judá irá hacia la casa de Israel, y ellas vendrán juntas del país del Norte a la tierra que yo di a sus padres en herencia.

El retorno de Israel al Señor
3:
19 Yo me había dicho:
¡Cómo quisiera contarte entre mis hijos
y darte una tierra deliciosa,
la herencia más hermosa de las naciones!
Yo me había dicho:
Tú me llamarás "Mi padre",
y nunca dejarás de ir detrás de mí.
3:20 Pero como una mujer traiciona a su marido,
así me han traicionado ustedes, casa de Israel
—oráculo del Señor—.
3:21 En los montes desolados se escucha una voz:
son llantos y súplicas de los hijos de Israel,
porque han tomado por un camino torcido,
se han olvidado del Señor, su Dios.
3:22 —¡Vuelvan, hijos apóstatas,
yo los sanaré de sus apostasías!
—Aquí estamos, venimos hacia ti,
porque tú eres el Señor, nuestro Dios.
3:23 ¡Sí, son una mentira las colinas
y el tumulto de las montañas!
¡Sí, en el Señor, nuestro Dios,
está la salvación de Israel!
3:24 La Ignominia ha devorado
las ganancias de nuestros padres
desde nuestra juventud:
sus ovejas y sus vacas,
sus hijos y sus hijas.
3:25 Acostémonos en nuestra ignominia
y que nos cubra nuestra vergüenza,
porque hemos pecado contra el Señor, nuestro Dios,
nosotros y nuestros padres,
desde nuestra juventud hasta el día de hoy,
y no hemos escuchado
la voz del Señor, nuestro Dios.

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CAPÍTULO 4

4:1 Si quieres volver, Israel —oráculo del Señor—
vuélvete a mí.
Si apartas tus ídolos abominables,
no tendrás que huir de mi presencia.
4:2 Si juras por la vida del Señor
con lealtad, rectitud y justicia,
entonces las naciones se bendecirán en él
y en él se gloriarán.
4:3 Porque así habla el Señor
a los hombres de Judá y a Jerusalén:
Roturen el terreno baldío Oseas 10, 12
y no siembren entre espinas.
4:4 Circuncídense para el Señor
y quiten el prepucio de sus corazones,
hombres de Judá y habitantes de Jerusalén,
no sea que mi furor estalle como un fuego
y queme, sin que nadie lo extinga,
a causa de sus malas acciones.

Invasión del enemigo del Norte
4:5 ¡Anuncien esto en Judá,
proclámenlo en Jerusalén!
¡Toquen la trompeta en el país,
griten a voz en cuello y digan:
Reúnanse y entremos en las ciudades fortificadas!
4:6 ¡Levanten una señal hacia el lado de Sión,
busquen un refugio, no se detengan!
Porque yo hago venir del Norte una desgracia
y una gran calamidad.
4:7 Un león ha subido de su espesura,
un destructor de naciones se ha puesto en marcha,
ha salido de su morada,
para reducir tu país a la devastación:
tus ciudades serán destruidas
y quedarán despobladas.
4:8 A causa de esto, pónganse un cilicio,
laméntense y giman,
porque no se ha apartado de nosotros
el ardor de la ira del Señor.
4:9 Aquel día —oráculo del Señor—
desfallecerá el corazón del rey
y el corazón de los príncipes;
los sacerdotes estarán consternados
y quedarán atónitos los profetas.
4:10 Yo dije: "¡Ah, Señor,
realmente has engañado a este pueblo y a Jerusalén,
diciendo: 'Ustedes tendrán paz',
y ahora estamos con la espada a la garganta!"
4:11 En aquel tiempo,
se dirá a este pueblo y a Jerusalén:
Un viento abrasador, sobre los montes desolados,
avanza por el desierto hacia la hija de mi pueblo,
y no es para aventar y desgranar el trigo:
4:12 es un viento impetuoso que llega para servirme.
Ahora, yo mismo, voy a pronunciar juicios contra ellos.
4:13 ¡Ahí sube como las nubes,
sus carros son como el huracán,
sus caballos, más veloces que las águilas!
¡Ay de nosotros, porque somos devastados!

Advertencia final a Jerusalén amenazada
4:14 ¡Limpia tu corazón de toda maldad,
a fin de ser salvada, Jerusalén!
¿Hasta cuándo se albergarán dentro de ti
tus pensamientos culpables?
4:15 Porque una voz anuncia desde Dan,
y da la infausta noticia desde la montaña de Efraím.
4:16 Háganselo saber a las naciones,
proclámenlo contra Jerusalén:
Llegan invasores de una tierra lejana
y lanzan gritos contra las ciudades de Judá.
4:17 Rodean a Jerusalén como los guardianes de un campo,
porque ella se ha rebelado contra mí —oráculo del Señor—.
4:18 Tu conducta y tus acciones
te han acarreado todo esto.
Ahí está tu mal: ¡Qué amargo es!
¡Cómo te llega al corazón!

Angustia del profeta ante la desgracia de su país
4:19 ¡Mis entrañas, mis entrañas!
¡Me retuerzo de dolor!
¡Las fibras de mi corazón!
¡Mi corazón se conmueve dentro de mí,
no puedo callarme!
Porque oigo el sonido de la trompeta,
el clamor del combate.
4:20 Se anuncia un desastre tras otro,
porque está devastado todo el país:
mis carpas fueron devastadas de repente,
mis pabellones, en un instante.
4:21 ¿Hasta cuándo tendré que ver la señal
y oír el sonido de la trompeta?

El veredicto de Dios
4:22 Ciertamente, mi pueblo es necio,
ellos no me conocen;
son hijos insensatos,
faltos de entendimiento;
son sabios para hacer el mal,
pero no saben hacer el bien.

La desolación en el país
4:23 Miro a la tierra, y es un caos,
a los cielos, y ya no tienen su luz.
4:24 Miro a las montañas, y ellas tiemblan,
se sacuden todas las colinas.
4:25 Miro, y no hay ni un solo hombre,
y han huido todos los pájaros del cielo.
4:26 Miro, y el vergel es un desierto,
todas sus ciudades están en ruinas,
delante del Señor,
delante del ardor de su ira.
4:27 Porque así habla el Señor:
Todo el país será una desolación,
pero no consumaré el exterminio.
4:28 A causa de esto, el país estará de duelo
y se oscurecerán los cielos en lo alto,
porque yo hablé y no me arrepentiré,
lo decidí y no me retractaré.

La agonía de Sión
4:29 Al grito de la caballería y los arqueros,
huye todo el país:
entran en las espesuras,
suben a los peñascos,
todas las ciudades son abandonadas,
no queda un solo habitante.
4:30 Y tú, ¿qué vas a hacer?
Aunque te vistas de púrpura
y te atavíes con adornos de oro,
aunque te pintes los ojos con antimonio,
en vano te embellecerás:
tus amantes te desprecian,
lo que buscan es quitarte la vida.
4:31 Sí, oigo gritos como los de una parturienta,
gemidos como los de una primeriza:
es la voz de la hija de Sión
que pierde el aliento,
que extiende las manos:
"¡Ay, pobre de mí, estoy exhausta
frente a los asesinos!"

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CAPÍTULO 5

La depravación moral de Judá
5:1 Recorran las calles de Jerusalén, miren e infórmense bien;
busquen por sus plazas
a ver si encuentran un hombre,
si hay alguien que practique el derecho,
que busque la verdad,
y yo perdonaré a la ciudad.
5:2 Aun cuando dicen: "¡Por la vida del Señor!",
en realidad, juran falsamente.
5:3 ¿Acaso tus ojos, Señor, no están puestos en la verdad?
Tú los golpeaste, y no les dolió,
los exterminaste, y rehusaron aceptar la lección;
endurecieron su rostro más que una roca,
no quisieron convertirse.
5:4 Yo decía: "Sólo la gente del pueblo
es la que obra estúpidamente,
porque no conocen el camino del Señor,
el derecho de su Dios.
5:5 Me dirigiré a los grandes y les hablaré:
Ellos sí que conocen el camino del Señor,
el derecho de su Dios".
Pero también ellos han quebrado el yugo,
han roto las ataduras.
5:6 Por eso los ataca el león de la selva,
los devasta el lobo de las estepas,
el leopardo está al acecho frente a sus ciudades:
todo el que sale de ellas es despedazado.
Porque son numerosas sus rebeldías,
incontables sus apostasías.

La actitud del Señor ante la infidelidad de su Pueblo
5:7 ¿Cómo podré perdonarte esto?
Tus hijos me han abandonado,
han jurado por lo que no es Dios.
Yo los sacié, y ellos fueron adúlteros,
van en tropel a los prostíbulos.
5:8 Son caballos bien cebados y fogosos,
cada uno relincha por la mujer de su vecino.
5:9 ¿No los voy a castigar por esto?
—oráculo del Señor—.
De una nación semejante,
¿no me voy a vengar?

La eficacia de la palabra profética
5:10 Suban a sus terrazas y destruyan,
pero no lleven a cabo el exterminio.
Arranquen sus sarmientos,
ya que no pertenecen al Señor.
5:11 Porque la casa de Israel y la casa de Judá
no han hecho más que traicionarme
—oráculo del Señor—.
5:12 Ellos renegaron del Señor,
diciendo: "¡Él no cuenta!
¡No nos pasará nada malo,
no veremos ni la espada ni el hambre!
5:13 Los profetas no son más que viento,
y no está en ellos la palabra del Señor".
5:14 Por eso, así habla el Señor,
el Dios de los ejércitos:
Por haber pronunciado esta palabra,
5:13b les sucederá lo siguiente:
5:14c Yo haré que mis palabras
sean un fuego en tu boca,
y ese pueblo será la leña
que el fuego devorará.

Anuncio del castigo divino
5:15 Yo haré venir contra ustedes,
casa de Israel,
a una nación lejana —oráculo del Señor—:
es una nación invencible,
una nación antiquísima,
una nación cuya lengua no conoces
y a la que no entiendes cuando habla.
5:16 Su aljaba es como un sepulcro abierto,
todos ellos son guerreros valerosos.
5:17 Ella devorará tu cosecha y tu pan,
devorará tus rebaños y tu ganado,
devorará tu viña y tu higuera,
destruirá con la espada tus plazas fuertes,
en las que tienes puesta tu confianza.
5:18 Sin embargo, tampoco en aquellos días
—oráculo del Señor—
consumaré el exterminio con ustedes.
5:19 Y cuando ellos digan: "¿Por qué razón el Señor, nuestro Dios, nos ha hecho todo esto?", tú les responderás: "Así como ustedes me han abandonado y han servido en su propio país a dioses extraños, así servirán a extranjeros en un país que no es el de ustedes".

Consecuencias del pecado sobre el orden de la creación
5:20 Anuncien esto en la casa de Jacob,
proclámenlo en Judá, diciendo:
5:21 Escuchen bien esto,
pueblo estúpido y sin inteligencia:
ellos tienen ojos y no ven,
tienen oídos y no oyen. Isaías 6, 9-10 Ezequiel 12, 2 Marcos 8, 18 Marcos 9, 18-19
5:22 ¿No me temen a mí? —oráculo del Señor—.
¿No temblarán delante de mí,
que puse la arena como frontera del mar,
límite eterno e infranqueable?
Sus olas se agitan, pero son impotentes,
braman, pero no lo traspasan. Job 38, 8-11
5:23 Este pueblo tiene un corazón rebelde e indócil,
se han apartado y se han ido,
5:24 y no han dicho en su corazón:
"Temamos al Señor, nuestro Dios,
que da la lluvia, la lluvia de otoño
y la lluvia de primavera a su debido tiempo,
y que nos asegura las semanas fijas para la cosecha".
5:25 Las iniquidades de ustedes han desordenado esto,
sus pecados los han privado de estos bienes.

La corrupción de las clases dirigentes
5:26 Sí, en mi pueblo hay hombres malvados,
que están al acecho, agazapados como cazadores,
tienden trampas, atrapan a los hombres.
5:27 Como una jaula llena de pájaros,
así están sus casas llenas de engaño.
Por eso se hacen poderosos y ricos,
5:28 están gordos, rozagantes,
traspasan los límites del mal.
Ellos no hacen justicia,
no hacen justicia al huérfano, y prosperan,
no juzgan con rectitud a los indigentes.
5:29 ¿No los voy a castigar por esto?
—oráculo del Señor—.
De una nación semejante,
¿no me voy a vengar?
5:30 Es algo espantoso, horrible,
lo que sucede en el país:
5:31 los profetas profetizan falsamente
y los sacerdotes dominan a su arbitrio.
¡Y a mi pueblo le gusta que sea así!
Pero ¿qué harán ustedes al fin?

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