JEREMÍAS


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CAPÍTULO 6

El asedio de Jerusalén
6:1 ¡Busquen un refugio, benjaminitas, fuera de Jerusalén!
¡Toquen la trompeta en Técoa,
levanten una señal en Bet Haquérem!
Porque desde el Norte amenaza una desgracia
y un gran desastre.
6:2 Yo destruyo a la hija de Sión,
a la hermosa, la refinada.
6:3 Pastores con sus rebaños llegan hasta ella,
plantan sus carpas a su alrededor,
cada uno apacienta su manada.
6:4 ¡Emprendan contra ella una guerra santa!
¡De pie, subamos al asalto en pleno mediodía!
¡Ay de nosotros, porque declina el día,
se alargan las sombras del atardecer!
6:5 ¡De pie, subamos de noche,
destruyamos sus baluartes!

Ultimátum del Señor a la ciudad asediada
6:6 Porque así habla el Señor de los ejércitos:
¡Talen sus árboles,
levanten terraplenes contra Jerusalén!
¡Es la ciudad de la mentira,
dentro de ella, todo es opresión!
6:7 Como un pozo hace brotar sus aguas,
así ella hace brotar su maldad.
"¡Violencia, atropello!", se oye decir allí,
tengo siempre delante las heridas y los golpes.
6:8 ¡Escarmienta, Jerusalén,
no sea que mi alma se aparte de ti,
y yo te convierta en una desolación,
en una tierra deshabitada!

La ira del Señor
6:9 Así habla el Señor de los ejércitos:
Rebusca como si fuera una viña
al resto de Israel;
vuelve a pasar tu mano
como el vendimiador sobre los pámpanos.
6:10 ¿A quién hablar,
a quién advertir para que escuchen?
Sus oídos están incircuncisos,
no pueden prestar atención;
la palabra del Señor se ha convertido
en un oprobio para ellos, ¡no la quieren!
6:11 —Yo estoy lleno del furor del Señor:
estoy cansado de reprimirlo.
—Derrámalo sobre los niños en la calle
y sobre los grupos de jóvenes,
porque serán apresados el hombre y la mujer,
el anciano y el que está cargado de años.
6:12 Sus casas pasarán a manos de otros,
lo mismo que los campos y las mujeres,
porque yo extenderé mi mano
contra los habitantes del país —oráculo del Señor—.
6:13 Porque del más pequeño al más grande,
todos están ávidos de ganancias,
y desde el profeta hasta el sacerdote,
no hacen otra cosa que engañar.
6:14 Ellos curan a la ligera
el quebranto de mi pueblo,
diciendo: "¡Paz, paz!",
pero no hay paz. Jeremías 8, 11 Ezequiel 13, 10
6:15 ¿Se avergüenzan de la abominación que cometieron?
¡No, no sienten la menor vergüenza,
no saben lo que es sonrojarse!
Por eso, ellos caerán con los que caen,
sucumbirán cuando tengan que dar cuenta,
dice el Señor. Jeremías 8, 10-12

La ruina de Israel, fruto de sus rebeldías
6:16 Así habla el Señor:
Deténgase sobre los caminos y miren,
pregunten a los senderos antiguos
dónde está el buen camino, y vayan por él:
así encontrarán tranquilidad para sus almas. Mateo 11, 29
Pero ellos dijeron: "¡No iremos!"
6:17 Yo suscité para ustedes centinelas:
"Presten atención al toque de la trompeta".
Pero ellos dijeron: "¡No prestaremos atención!"
6:18 Por eso, ¡escuchen, naciones,
y tú, comunidad, ten presente lo que les espera!
6:19 Escucha, tierra:
Yo atraigo sobre este pueblo una desgracia,
fruto de sus propios designios,
porque no han atendido a mis palabras
y han despreciado mi Ley.
6:20 ¿Qué me importa el incienso que llega de Sabá
y la caña aromática de un país lejano?
Yo no acepto los holocaustos de ustedes
y sus sacrificios no me agradan.
6:21 Por eso, así habla el Señor:
Yo pongo obstáculos delante de este pueblo
y tropezarán contra ellos;
padres e hijos, vecinos y amigos
perecerán todos juntos.

El avance del pueblo invasor
6:22 Así habla el Señor:
¡Miren! Un pueblo llega del país del Norte
y surge una nación de los confines de la tierra.
6:23 Empuñan el arco y la jabalina,
son crueles y despiadados,
su voz resuena como el mar,
van montados a caballo,
dispuestos como un solo hombre para la batalla
contra ti, hija de Sión.
6:24 Al enterarnos de la noticia,
desfallecieron nuestras manos,
se apoderó de nosotros la angustia,
un temblor como de parturienta.
6:25 ¡No salgan al campo,
no vayan por el camino,
porque el enemigo tiene una espada,
reina el terror por todas partes!
6:26 ¡Cíñete un cilicio, hija de mi pueblo,
y revuélcate en la ceniza,
llora como por un hijo único,
entona un lamento lleno de amargura!
Porque en un instante
llega sobre nosotros el devastador.

El profeta, examinador del pueblo
6:27 Yo te constituí examinador de mi pueblo,
para que conozcas y examines su conducta.
6:28 Son todos rebeldes, calumniadores:
bronce o hierro, todos están pervertidos.
6:29 El fuelle resopla,
el plomo se derrite por el fuego.
Pero en vano se depura una y otra vez,
no se desprenden las escorias.
6:30 "Plata de desecho", así se los llama
porque el Señor los ha desechado.

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ORÁCULOS PRONUNCIADOS SOBRE TODO EN TIEMPOS DE JOAQUÍM

CAPÍTULO 7

Anuncio de la destrucción del Templo
7:1 Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos:
7:2 Párate a la puerta de la Casa del Señor, y proclama allí esta palabra. Tu dirás: Escuchen la palabra del Señor, todos ustedes, hombres de Judá que entran por estas puertas para postrarse delante del Señor.
7:3 Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Enmienden su conducta y sus acciones, y yo haré que ustedes habiten en este lugar.
7:4 No se fíen de estas palabras ilusorias: "¡Aquí está el Templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor!"
7:5 Pero si ustedes enmiendan realmente su conducta y sus acciones, si de veras se hacen justicia unos a otros,
7:6 si no oprimen al extranjero, al huérfano y a la viuda, si no derraman en este lugar sangre inocente, si no van detrás de otros dioses para desgracia de ustedes mismos,
7:7 entonces yo haré que ustedes habiten en este lugar, en el país que he dado a sus padres desde siempre y para siempre.
7:8 ¡Pero ustedes se fían de palabras ilusorias, que no sirven para nada!
7:9 ¡Robar, matar, cometer adulterio, jurar en falso, quemar incienso a Baal, ir detrás de otros dioses que ustedes no conocían!
7:10 Y después vienen a presentarse delante de mí en esta Casa que es llamada con mi Nombre, y dicen: "¡Estamos salvados!", a fin de seguir cometiendo todas estas abominaciones.
7:11 ¿Piensan acaso que es una cueva de ladrones Mateo 21, 13 Marcos 11, 17 Lucas 19, 46 esta Casa que es llamada con mi Nombre? Pero yo también veo claro —oráculo del Señor—.
7:12 Vayan a mi lugar santo de Silo, donde yo hice habitar mi Nombre en otro tiempo, y vean lo que hice con él a causa de la maldad de mi pueblo Israel.
7:13 Y ahora, porque ustedes cometieron todas esas acciones —oráculo del Señor—, porque yo les hablé incansablemente y ustedes no escucharon, porque yo los llamé y ustedes no respondieron,
7:14 yo trataré a la Casa que es llamada con mi Nombre, en la cual ustedes han puesto su confianza, y al lugar que les he dado a ustedes lo mismo que a sus padres, de la misma manera que traté a Silo. Josué 18, 1 Jeremías 26, 6 Salmo 78, 60
7:15 Los arrojaré lejos de mi rostro, como arrojé a todos los hermanos de ustedes, a toda la descendencia de Efraím.

Contra los cultos idolátricos
7:16 En cuanto a ti, no ruegues por este pueblo, no eleves gritos ni plegarias en favor de él, no me insistas, porque no te escucharé.
7:17 ¿No ves acaso lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?
7:18 Los hijos juntan leña, los padres encienden el fuego, las mujeres amasan la pasta para hacer tortas a la Reina del cielo, y se derraman libaciones a otros dioses, a fin de agraviarme.
7:19 Pero ¿es a mí al que agravian? —oráculo del Señor—. ¿No es más bien a ellos mismos, para su propia confusión?
7:20 Por eso, así habla el Señor: Miren que mi ira y mi furor se van a derramar sobre este lugar, sobre los hombres y los animales, sobre los árboles de los campos y los frutos del suelo: ¡arderá mi furor y no se extinguirá!

Contra el culto puramente exterior
7:21 Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: ¡Añadan holocaustos a sus sacrificios y cómanse la carne!
7:22 Porque el día en que hice salir a sus padres del país de Egipto, no les hablé ni les ordené nada acerca de holocaustos y sacrificios.
7:23 Esta fue la orden que les di: Escuchen mi voz, así yo seré su Dios y ustedes serán mi Pueblo; sigan por el camino que yo les ordeno, a fin de que les vaya bien.
7:24 Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que obraron según sus designios, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás, no hacia adelante.
7:25 Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis servidores los profetas, los envié incansablemente, día tras día.
7:26 Pero ellos no me escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que se obstinaron y obraron peor que sus padres.
7:27 Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán; los llamarás y no te responderán.
7:28 Entonces les dirás: "Esta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor, su Dios, ni ha recibido la lección. La verdad ha desaparecido, ha sido arrancada de su boca".

Contra las perversiones cultuales
7:29 Córtate la cabellera y arrójala,
entona un canto fúnebre sobre los montes desolados,
porque el Señor ha desechado y rechazado
a la generación que provocó su ira.
7:30 Porque la gente de Judá hizo lo que es malo a mis ojos —oráculo del Señor—. Ellos han puesto sus ídolos en la Casa que es llamada con mi Nombre, para hacerla impura;
7:31 edificaron el lugar alto de Tófet, que está en el valle de Ben Hinnóm, Levítico 18, 21 2 Reyes 23, 10
Jeremías 19, 1-6 Jeremías 32, 35 para quemar a sus hijos y a sus hijas, Levítico 18, 21 2 Reyes 23, 10 Jeremáis 19, 5 cosa que yo no ordené ni se me pasó por la mente.
7:32 Por eso, llegarán los días —oráculo del Señor— en que no se dirá más "el Tófet" ni "valle de Ben Hinnóm", sino "valle de la Masacre", y se enterrará a los muertos en Tófet, por falta de sitio.
7:33 Los cadáveres de este pueblo serán pasto de las aves del cielo y de las fieras de la tierra, sin que nadie las espante.
7:34 Y yo haré desaparecer de las ciudades de Judá y de las calles de Jerusalén el grito de alegría y el grito de júbilo, el canto del esposo y el canto de la esposa, Jeremías 16, 9 Jeremías 25, 10 Apocalipsis 18, 23 porque el país se convertirá en una ruina.

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CAPÍTULO 8

El castigo de los idólatras
8:1 En aquel tiempo —oráculo del Señor— sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusalén.
8:2 Los expondrán ante el sol y la luna, y ante todo el Ejército de los cielos, a los que ellos amaron y sirvieron, a los que ellos siguieron y consultaron, y ante los cuales se postraron. Y no serán recogidos ni enterrados, sino que se convertirán en estiércol sobre la superficie del suelo.
8:3 La muerte será preferible a la vida para todos los sobrevivientes que hayan quedado de esa familia perversa, en todos los lugares adonde yo los expulsaré —oráculo del Señor de los ejércitos—.

El obstinado extravío de Israel
8:4 Tú les dirás: Así habla el Señor:
¿No se levanta el que cae?
¿Y no vuelve el que se desvía?
8:5 ¿Por qué entonces ha defeccionado este pueblo
y Jerusalén es una apostasía sin fin?
Ellos se aferran a sus ilusiones,
se niegan a volver.
8:6 Yo escuché con la mayor atención:
ellos no hablan como es debido,
ni uno solo se arrepiente de su maldad,
diciendo: "¿Qué es lo que hice?"
Todos vuelven a sus andanzas,
como un caballo que se lanza al combate.
8:7 Hasta la cigüeña, en el cielo,
conoce sus estaciones;
la tórtola, la golondrina y la grulla
tienen en cuenta el tiempo de sus migraciones.
¡Pero mi pueblo no conoce
el derecho del Señor!

Contra los escribas
8:8 ¿Cómo ustedes se atreven a decir: "Somos sabios
y la Ley del Señor está con nosotros",
siendo así que la ha falsificado
la pluma engañosa de los escribas?
8:9 Los sabios se cubrirán de vergüenza,
quedarán espantados, atrapados.
Ellos han despreciado la palabra del Señor:
¿qué sabiduría es entonces la de ellos?

Contra los sacerdotes y los profetas
8:10 Por eso, yo entregaré sus mujeres a otros,
y sus campos a usurpadores.
Porque del más pequeño al más grande,
todos están ávidos de ganancias,
y desde el profeta hasta el sacerdote,
no hacen otra cosa que engañar.
8:11 Ellos curan a la ligera
el quebranto de la hija de mi pueblo,
diciendo: "¡Paz, paz!",
pero no hay paz. Jeremías 6, 14 Ezequiel 13, 10
8:12 ¿Se avergüenzan de la abominación que cometieron?
¡No, no sienten la menor vergüenza,
no saben los que es sonrojarse!
Por eso, ellos caerán con los que caen,
sucumbirán cuando tengan que dar cuenta,
dice el Señor. Jeremías 6, 15
8:13 Cuando quiero cosechar entre ellos —oráculo del Señor—
no hay uvas en la viña,
no hay higos en la higuera,
y el follaje está marchito.

Fuga precipitada ante el avance del enemigo
8:14 ¿Por qué nos quedamos quietos?
Reúnanse y entremos en las plazas fuertes
para perecer allí,
porque el Señor, nuestro Dios, nos hace perecer
y nos da de beber agua envenenada,
porque hemos pecado contra el Señor.
8:15 Se esperaba la paz, ¡y no hay nada bueno...!
el tiempo de la curación, ¡y sobrevino el espanto!
8:16 Desde Dan se escucha
el resuello de sus caballos;
por el ruido de los relinchos de sus corceles
tiembla toda la tierra.
Ellos llegan y devoran
el país y todo lo que hay en él,
la ciudad y a los que habitan en ella.
8:17 Porque yo envío contra ustedes
serpientes venenosas,
contra las que no hay encantamientos:
ellas los morderán —oráculo del Señor—
8:18 y no habrá remedio.
Lamentación del profeta por la ruina de su pueblo
Me invade la aflicción,
mi corazón está dolorido.
8:19 El grito de alarma de la hija de mi pueblo
se eleva a lo largo de todo el país:
"¿No está el Señor en Sión,
no está en ella su Rey?"
¿Por qué me han indignado con sus ídolos,
con las Vanidades del extranjero?
8:20 "Pasó la cosecha, terminó el verano,
¡y nosotros no hemos sido salvados!"
8:21 Estoy abrumado por el desastre de la hija de mi pueblo,
estoy ensombrecido, la consternación se apoderó de mí.
8:22 ¿No hay más bálsamo en Galaad?
¿No hay allí ningún médico?
¿Por qué entonces no cicatriza
la llaga de la hija de mi pueblo?
8:23 ¡Ojalá mi cabeza se convirtiera en llanto
y mis ojos en fuente de lágrimas,
para llorar de día y de noche
por las víctimas de la hija de mi pueblo!

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CAPÍTULO 9

La corrupción moral de Judá
9:1 ¡Ah, si tuviera en el desierto un albergue de caminantes!
Yo abandonaría a mi pueblo
y me iría lejos de ellos.
Porque todos son adúlteros,
una banda de traidores.
9:2 Tienden su lengua como un arco:
la mentira, y no la verdad,
es lo que reina en el país,
porque ellos van de mal en peor
y no me conocen —oráculo del Señor—.
9:3 Que cada uno se cuide de su amigo
y nadie se fíe de su hermano,
porque el hermano suplanta al hermano
y el amigo no hace más que calumniar.
9:4 Cada uno se burla de su amigo,
ellos no dicen la verdad;
han habituado sus lenguas a mentir,
están pervertidos, son incapaces de convertirse.
9:5 ¡Violencia y más violencia!¡Engaño y más engaño!
Ellos se niegan a conocerme —oráculo del Señor—.
9:6 Por eso, así habla el Señor de los ejércitos:
Yo voy a depurarlos y a probarlos,
porque ¿qué puedo hacer ante su maldad?
9:7 Su lengua es una flecha mortífera,
las palabras de su boca no son más que engaño;
se habla de paz al amigo
y por dentro se le tiende una celada.
9:8 ¿No los voy a castigar por esto?
—oráculo del Señor—.
De una nación semejante,
¿no me voy a vengar?

La razón del castigo inminente
9:9 Yo haré resonar en las montañas llantos y gemidos,
y en las praderas del desierto, un canto fúnebre.
Porque están abrasadas, nadie transita por ellas,
y no se escucha el rumor de los rebaños;
desde los pájaros del cielo hasta el ganado
todos huyeron, se han ido.
9:10 Yo haré de Jerusalén un montón de escombros,
una guarida de chacales,
reduciré las ciudades de Judá a una desolación,
sin ningún habitante.
9:11 ¿Quién es el hombre bastante sabio
para comprender todo esto?
¿A quien le habló la boca del Señor
para que lo anuncie?
¿Por qué ha perecido el país,
ha sido abrasado como el desierto
por donde nadie transita?
9:12 Dice el Señor: Ellos abandonaron mi Ley, la que yo había puesto delante de ellos; no escucharon mi voz ni procedieron conforme a ella,
9:13 sino que siguieron los impulsos de su corazón obstinado, y a los Baales, que sus padres les enseñaron a conocer.
9:14 Por eso, así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Yo les haré comer ajenjo y les daré de beber agua envenenada.
9:15 Los dispersaré entre las naciones, que ni ellos ni sus padres conocían, y enviaré la espada detrás de ellos, hasta exterminarlos por completo.

La mortandad general
9:16 Así habla el Señor de los ejércitos:
¡Atención! ¡Llamen a las plañideras, y que vengan!
¡Manden a buscar a las más expertas, y que vengan!
9:17 ¡Que se apuren a lanzar gemidos
por nosotros!
¡Que nuestros ojos se deshagan en lágrimas
y brote el llanto de nuestras pupilas!
9:18 Porque se oye desde Sión el rumor de los gemidos:
"¡Cómo hemos sido devastados,
cubiertos de vergüenza!
Tenemos que abandonar el país,
porque han derribado nuestros hogares".
9:19 ¡Sí, escuchen, mujeres, la palabra del Señor,
que reciban sus oídos la palabra de su boca!
Enseñen a sus hijas este gemido
y unas a otras, este canto fúnebre:
9:20 "La Muerte ha trepado por nuestras ventanas,
ha entrado en nuestros palacios,
arrancando de las calles a los niños,
y a los jóvenes de las plazas.
9:21 Los cadáveres de los hombres yacen
como estiércol sobre la superficie de los campos,
como una gavilla detrás del segador,
y nadie los recoge".

La verdadera sabiduría
9:22 Así habla el Señor:
Que el sabio no se gloríe de su sabiduría,
que el fuerte no se gloríe de su fuerza
ni el rico se gloríe de su riqueza.
9:23 El que se gloría, que se gloríe de esto:
de tener inteligencia y conocerme. 1 Corintios 1, 31 2 Corintios 10, 17
Porque yo soy el Señor, el que practica la fidelidad,
el derecho y la justicia sobre la tierra.
Sí, es eso lo que me agrada,
—oráculo del Señor—.

La falsa circuncisión
9:24 Llegarán los días —oráculo del Señor— en que yo castigaré a todo circunciso que es un incircunciso:
9:25 a Egipto, a Judá, a Edóm, a los amonitas, a Moab y a todos los "Sienes rapadas" que habitan en el desierto. Porque todas las naciones son incircuncisas, y toda la casa de Israel es incircuncisa de corazón.

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CAPÍTULO 10

Los ídolos y el Dios viviente
10:1 ¡Escuchen, casa de Israel, la palabra que les dirige el Señor!
10:2 Así habla el Señor:
No imiten las costumbres de los paganos
ni se atemoricen por los signos del cielo,
porque son los paganos
los que temen esas cosas.
10:3 Sí, el Terror de los pueblos no vale nada:
es una madera que se corta en el bosque,
una obra cincelada por la mano del orfebre;
10:4 se la embellece con plata y oro,
se la asegura con clavos y martillos,
para que no se tambalee.
10:5 Ellos son como un espantapájaros,
en un campo de pepinos;
no pueden hablar,
hay que transportarlos, porque no dan ni un paso.
¡No les tengan miedo, no hacen ningún mal,
ni tampoco son capaces de hacer el bien!
10:6 No hay nadie como tú, Señor:
tú eres grande
y es grande la fuerza de tu Nombre.
10:7 ¿Quién no sentirá temor de ti,
Rey de las naciones? Salmo 86, 9 Apocalipsis 15, 4
Sí, eso es lo que te corresponde,
porque entre todos los sabios de las naciones
y en todos sus reinos,
no hay nadie como tú.
10:8 Todos ellos, por igual,
son estúpidos y necios:
vana es su enseñanza,
no son más que madera,
10:9 plata laminada traída de Tarsis
y oro de Ufaz,
obra de un orfebre, de las manos de un fundidor,
con vestiduras de púrpura y carmesí:
¡obra de artesanos es todo eso!
10:10 Pero el Señor es el Dios verdadero,
él es un Dios viviente y un Rey eterno.
Cuando él se irrita, la tierra tiembla
y las naciones no pueden soportar su enojo.
10:11 Esto es lo que ustedes dirán de ellos: "Los dioses que no hicieron ni el cielo ni la tierra, desaparecerán de la tierra y de debajo del cielo".
10:12 Con su poder él hizo la tierra,
con su sabiduría afianzó el mundo,
y con su inteligencia extendió el cielo.
10:13 Cuando él truena, retumban las aguas en el cielo,
hace subir las nubes desde el horizonte,
desata la lluvia con los relámpagos,
hace salir el viento de sus depósitos.
10:14 El hombre queda aturdido, sin comprender,
el fundidor se avergüenza de su ídolo,
porque su estatua es una mentira,
y en nada de eso hay aliento de vida;
10:15 son pura vanidad, una obra ridícula,
perecerán cuando haya que dar cuenta.
10:16 Pero no es como ellos la Parte de Jacob,
porque él ha modelado todas las cosas;
Israel es la tribu de su herencia,
su nombre es: "Señor de los ejércitos".

El dolor por el desastre inminente
10:17 ¡Recoge del suelo tu equipaje,
tú que estás bajo el asedio!
10:18 Porque así habla el Señor:
Esta vez lanzaré como una honda
a todos los habitantes del país;
estrecharé el cerco sobre ellos,
para que sean alcanzados.
10:19 ¡Ay de mí, a causa de mi desastre!
¡Mi llaga es incurable!
Y eso que yo decía:
"Es mi sufrimiento, lo soportaré".
10:20 Mi carpa ha sido devastada
y se han roto todas mis cuerdas.
Mis hijos me dejaron, ya no están más,
no hay nadie que despliegue mi carpa
y levante mis toldos.
10:21 Porque los pastores se han vuelto necios
y no han buscado al Señor:
por eso no han obrado con acierto
y se ha dispersado todo su rebaño.
10:22 ¡Oigan el rumor! ¡Ya llega!
Un gran estruendo viene del país del Norte
para hacer de las ciudades de Judá
una desolación, una guarida de chacales.

Oración del profeta
10:23 Yo sé, Señor,
que el hombre no es dueño de su camino,
ni está en poder del caminante
dirigir sus propios pasos.
10:24 Corrígeme, Señor, pero con equidad,
no según tu indignación,
para no rebajarme demasiado.
10:25 Derrama tu furor
sobre las naciones que no te conocen,
y sobre las familias que no invocan tu Nombre.
Porque ellas han devorado a Jacob,
lo han devorado, lo han exterminado,
y han devastado su morada.

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