JEREMÍAS
|
Haga click sobre el número del capítulo al que desea ir 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | 31 | 32 | 33 | 34 | 35 | 36 | 37 | 38 | 39 | 40 | 41 | 42 | 43 | 44 | 45 | 46 | 47 | 48 | 49 | 50 | 51 | 52 |
Jeremías
llamado a vivir una vida solitaria
16:1
La palabra del Señor me llegó en estos términos:
16:2
No tomes para ti una mujer ni tengas hijos e hijas en este lugar.
16:3
Porque así habla el Señor acerca de los hijos y de las hijas
que han nacido en este lugar, de las madres que los dan a luz y de los padres
que los engendran en este país:
16:4
Ellos morirán de una muerte horrible y no serán llorados ni
sepultados: se convertirán en estiércol sobre la superficie
del suelo; serán exterminados por la espada y el hambre, y sus cadáveres
serán pasto de las aves del cielo y de los animales de la tierra.
16:5
Más aún, así habla el Señor: No entres en una
casa donde hay un banquete fúnebre; no vayas a lamentarte ni te conduelas
con ellos. Porque yo he retirado de este pueblo mi paz, la fidelidad y la
compasión —oráculo del Señor—.
16:6
Grandes y pequeños morirán en este país; no serán
enterrados ni llorados, y nadie se hará incisiones ni se rapará
la cabeza por ellos.
16:7
No se partirá el pan para el que está de duelo, con el fin de
consolarlo por el muerto, ni se le hará beber la copa del consuelo,
por su padre o por su madre.
16:8
No entres en la casa donde hay un festejo, para sentarte a la mesa con ellos
a comer y beber.
16:9
Porque así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de
Israel: Yo haré desaparecer de este lugar, ante los ojos de ustedes
y en sus propios días, el grito de alegría y el grito de júbilo,
el canto del esposo y el canto de la esposa.
16:10
Cuando tú anuncies a este pueblo todas estas cosas, ellos te dirán:
"¿Por qué el Señor nos amenaza con esta calamidad
tan grande? ¿Cuál es nuestra iniquidad, cuál es el pecado
que hemos cometido contra el Señor, nuestro Dios?"
16:11
Entonces tú les responderás: Es porque los padres de ustedes
me han abandonado —oráculo del Señor— y han ido detrás
de otros dioses, los han servido y se han postrado delante de ellos; me han
abandonado a mí y no han observado mi Ley.
16:12
En cuanto a ustedes, han obrado peor que sus padres: cada uno sigue los impulsos
de su corazón obstinado y perverso, sin escucharme a mí.
16:13
Pero yo los arrojaré de esta tierra, a un país que ni ustedes
ni sus padres han conocido, y allí servirán a otros dioses día
y noche, porque no les tendré compasión.
El
retorno de los dispersos de Israel
16:14
Por eso, llegarán los días —oráculo del Señor— en que no se dirá más: "Por la vida del Señor que
hizo subir a los israelitas del país de Egipto",
16:15
sino más bien: "Por la vida del Señor que hizo subir a
los israelitas del país del Norte y de todos los países adonde
los había expulsado". Yo los haré volver a este suelo,
que había dado a sus padres.
Otro
anuncio de la invasión
16:16
Yo voy a enviar numerosos pescadores —oráculo del Señor— y ellos
los pescarán; después de esto, enviaré numerosos cazadores
que los cazarán por todas las montañas y colinas, y hasta en
las hendiduras de las rocas.
16:17
Porque yo tengo los ojos fijos sobre todos sus caminos; ellos no se me ocultan,
y su iniquidad no puede esconderse a mis ojos.
16:18
Yo les pagaré el doble por su iniquidad y su pecado, porque ellos han
profanado mi país con los cadáveres de sus ídolos y han
llenado mi herencia con sus abominaciones.
La
conversión de las naciones
16:19
Señor, mi fuerza y mi fortaleza,
mi refugio en el día de la angustia,
hacia ti vendrán las naciones
desde los confines de la tierra, y dirán:
"Sólo mentira heredaron nuestros padres,
algo inútil, que no sirve para nada".
16:20
¿Puede el hombre fabricarse dioses?
¡Pero ellos no son dioses!
16:21
Por eso, yo les haré conocer,
esta vez sí que les haré conocer
mi mano y mi poder,
y así sabrán que mi nombre es "Señor".
El
pecado de Judá y su castigo
17:1
El pecado de Judá está escrito con un buril de hierro,
está grabado con punta de diamante
sobre la tabla de su corazón
y sobre los cuernos de sus altares,
17:2
como testimonio contra ellos.
Sus altares y sus postes sagrados
están junto a cada árbol frondoso,
sobre las colinas elevadas,
17:3
en las montañas y en campo abierto.
Tu riqueza, todos tus tesoros
los entregaré como botín,
gratuitamente, por todos tus pecados,
en todo tu territorio.
17:4
Tendrás que desprenderte de tu herencia,
la que yo te había dado.
Haré que sirvas a tus enemigos
en un país que no conocías,
porque el fuego de mi ira que ustedes encendieron
arderá para siempre.
La
felicidad del que confía en el Señor
17:5
Así habla el Señor:
¡Maldito el hombre que confía en el hombre
y busca su apoyo en la carne,
mientras su corazón se aparta del Señor!
17:6
Él es como un matorral en la estepa
que no ve llegar la felicidad;
habita en la aridez del desierto,
en una tierra salobre e inhóspita.
17:7
¡Bendito el hombre que confía en el Señor
y en él tiene puesta su confianza!
17:8
Él es como un árbol plantado al borde de las aguas,
que extiende sus raíces hacia la corriente;
no teme cuando llega el calor
y su follaje se mantiene frondoso;
no se inquieta en un año de sequía
y nunca deja de dar fruto.
Dos
proverbios: el enigma del corazón humano y las riquezas mal adquiridas
17:9
Nada más tortuoso que el corazón humano
y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?
17:10
Yo, el Señor, sondeo el corazón
y examino las entrañas,
para dar a cada uno según su conducta,
según el fruto de sus acciones.
17:11
Perdiz que empolla huevos sin haberlos puesto
es el que adquiere riqueza injustamente:
en la mitad de sus días tiene que abandonarla
y, al final, resulta un insensato.
Expresión de confianza en el Señor y en el Templo
17:12
¡Trono de gloria, exaltado desde el comienzo,
es el lugar de nuestro Santuario!
17:13
Tú, Señor, eres la esperanza de Israel:
todos los que te abandonan quedarán confundidos,
los que se apartan de ti
serán escritos en el polvo,
porque han abandonado el manantial de agua viva.
Súplica
de Jeremías
17:14
¡Sáname, Señor, y quedaré sano,
sálvame y estaré a salvo,
porque tú eres mi alabanza!
17:15
Mira cómo me dicen:
"¿Dónde está la palabra del Señor? ¡Que
se cumpla!"
17:16
Pero yo no te instigué a mandar una desgracia
ni he deseado el día irreparable.
Tú lo sabes: lo que salía de mi boca
está patente delante de tu rostro.
17:17
No seas para mí un motivo de terror,
tú, mi refugio en el día de la desgracia.
17:18
¡Que se avergüencen mis perseguidores, y no yo;
que se aterroricen ellos, y no yo!
Atrae sobre ellos un día de desgracia,
quiébralos con un doble quebranto.
Exhortación
a la observancia del sábado
17:19
Así me habló el Señor: Ve, párate en la puerta
del Pueblo, por donde entran y salen los reyes de Judá, y en todas
las puertas de Jerusalén,
17:20
y diles: ¡Escuchen la palabra del Señor, reyes de Judá
y Judá todo entero, y todos ustedes, habitantes de Jerusalén
que entran por estas puertas!
17:21
Así habla el Señor: Cuídense bien, por su propia vida,
de llevar una carga en día sábado y de introducirla por la puertas
de Jerusalén.
17:22
No saquen ninguna carga de sus casas en día sábado, ni hagan
ningún trabajo. Santifiquen el día sábado, como yo les
ordené a sus padres.
17:23
Pero ellos no escucharon ni inclinaron su oído, sino que se negaron
obstinadamente a escuchar y aprender la lección.
17:24
Si ustedes me escuchan verdaderamente oráculo del Señor y
no introducen ninguna carga por las puertas de esta ciudad en día sábado;
si santifican el día sábado no haciendo ningún trabajo,
17:25
entonces, por las puertas de esta ciudad, entrarán reyes que se sientan
en el trono de David; entrarán montados en carros y caballos, ellos
y sus príncipes, los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén.
Esta ciudad será habitada para siempre,
17:26
y de las ciudades de Judá y de los alrededores de Jerusalén,
de la Sefelá, de la Montaña y del Négueb, se traerán
holocaustos y sacrificios, oblaciones e incienso, y se traerá el sacrificio
de alabanza a la Casa del Señor.
17:27
Pero si ustedes no escuchan mi orden de santificar el día sábado,
y de no llevar cargas cuando entran por las puertas de Jerusalén en
día sábado, entonces yo encenderé en sus puertas un fuego
que devorará los palacios de Jerusalén, y no se extinguirá.
Jeremías en el taller del alfarero
18:1
Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos
términos:
18:2
"Baja ahora mismo al taller del alfarero, y allí te haré
oír mis palabras".
18:3
Yo bajé al taller del alfarero, mientras él trabajaba en el
torno.
18:4
Y cuando la vasija que estaba haciendo le salía mal, como suele pasar
con la arcilla en manos del alfarero, él volvía a hacer otra,
según le parecía mejor.
18:5
Entonces la palabra del Señor me llegó en estos términos:
18:6
¿No puedo yo tratarlos a ustedes, casa de Israel, como ese alfarero?
—oráculo del Señor—. Sí, como la arcilla en la mano del
alfarero, así están ustedes en mi mano, casa de Israel.
18:7
A veces yo hablo, con respecto a una nación o a un reino, de arrancar,
derribar y perder;
18:8
pero si la nación de la que hablé se convierte de su maldad,
entonces me arrepiento del mal que había pensado infligirle.
18:9
Otras veces hablo, con respecto a una nación o a un reino, de edificar
y plantar;
18:10
pero si esa nación hace lo malo a mis ojos, sin escuchar mi voz, entonces
me arrepiento del bien que había prometido hacerle.
18:11
Y ahora, habla en estos términos a los hombres de Judá y a los
habitantes de Jerusalén: Así habla el Señor: Miren que
yo fabrico contra ustedes una desgracia y medito contra ustedes un proyecto.
Vuelvan de su mal camino, enmienden su conducta y sus acciones.
18:12
Pero ellos dirán: "¡Es inútil! Queremos seguir nuestros
propios designios, obraremos cada uno según los impulsos de nuestro
corazón obstinado y perverso".
La
infidelidad de Israel y sus consecuencias
18:13
Por eso, así habla el Señor:
Pregunten entre las naciones:
¿Quién ha oído nada igual?
Ha cometido la cosa más horrible
la virgen de Israel.
18:14
¿Abandona las cuestas rocosas
la nieve del Líbano?
¿Se agotan las aguas de las montañas,
frescas y fluyentes?
18:15
¡Mi pueblo, en cambio, se ha olvidado de mí!
Ellos queman incienso a la Nada
y han tropezado en sus caminos,
en los senderos antiguos,
para ir por sendas desviadas,
por un camino sin trazar.
18:16
Así han hecho de su país una devastación,
un motivo de burla perpetua.
Todo el que pase por allí
se quedará pasmado y moverá la cabeza.
18:17
Yo los dispersaré como el viento del este
delante del enemigo:
yo les mostraré la espalda, no el rostro,
en el día de su ruina.
Conspiración
contra Jeremías
18:18
Ellos dijeron: "¡Vengan, tramemos un plan contra Jeremías,
porque no le faltará la instrucción al sacerdote, ni el consejo
al sabio, ni la palabra al profeta! Vengan, inventemos algún cargo
contra él, y no prestemos atención a sus palabras".
18:19
¡Préstame atención, Señor,
y oye la voz de los que me acusan!
18:20
¿Acaso se devuelve mal por bien
para que me hayan cavado una fosa?
Recuerda que yo me presenté delante de ti
para hablar en favor de ellos,
para apartar de ellos tu furor.
18:21
Por eso, entrega sus hijos al hambre
y déjalos a merced de la espada.
¡Que sus mujeres se queden sin hijos y sin marido,
que sus hombres mueran víctimas de la peste,
que sus jóvenes caigan bajo la espada en el combate!
18:22
¡Que se oiga el clamor que sale de sus casas,
cuando mandes de repente salteadores contra ellos!
Porque han cavado una fosa para atraparme
y han ocultado trampas bajo mis pies.
18:23
Pero tú, Señor, conoces bien
sus planes asesinos contra mí.
¡No les perdones su iniquidad,
que su pecado no se borre de tu vista!
¡Que tropiecen delante de ti,
y en el tiempo de tu ira, obra contra ellos!
El cántaro roto
19:1
Así habló el Señor a Jeremías: Ve a comprar un
cántaro de arcilla. Luego llevarás contigo a algunos de los
ancianos del pueblo y de los ancianos de los sacerdotes,
19:2
saldrás al valle de Ben Hinnóm,
que
está a la entrada de la puerta de la Alfarería, y proclamarás
allí las palabras que yo te indicaré.
19:3
Tú dirás: Escuchen la palabra del Señor, reyes de Judá
y habitantes de Jerusalén. Así habla el Señor de los
ejércitos, el Dios de Israel: Yo haré venir sobre este lugar
una desgracia tal, que a todo el que oiga hablar de ella le zumbarán
los oídos.
19:4
Porque ellos me han abandonado y han enajenado este lugar, quemando en él
incienso a otros dioses, que no conocían ellos, ni sus padres, ni los
reyes de Judá, y porque han llenado este lugar de sangre inocente.
19:5
Han edificado lugares altos a Baal, para quemar en el fuego a sus hijos como
holocaustos a Baal,
cosa que yo no había ordenado ni dicho,
y que jamás se me pasó por la mente.
19:6
Por eso, llegarán los días —oráculo del Señor— en que este lugar ya no será llamado "el Tófet" ni
"valle de Ben Hinnóm", sino "valle de la Masacre".
19:7
Yo frustraré en este lugar el designio de Judá y de Jerusalén;
los haré caer delante de sus enemigos por la espada y por la mano de
aquellos que atentan contra su vida, y entregaré sus cadáveres
como pasto a las aves del cielo y a los animales de la tierra.
19:8
Convertiré esta ciudad en una devastación y en un motivo de
estupor: todo el que pase junto a ella quedará pasmado y silbará
de estupor al ver todas sus plagas.
19:9
Yo les haré comer la carne de sus hijos y de sus hijas, y se comerán
unos a otros, bajo la presión del asedio a que los someterán
sus enemigos y los que atentan contra su vida.
19:10
Tú quebrarás el cántaro a la vista de los hombres que
te hayan acompañado,
19:11
y les dirás: Así habla el Señor de los ejércitos:
De esta misma manera quebraré a este pueblo y a esta ciudad, como se
quiebra una vasija de alfarero que ya no se puede reparar, y los muertos serán
enterrados en Tófet, porque no habrá otro sitio donde enterrarlos.
19:12
Así trataré a este lugar —oráculo del Señor— y
a los que habitan en él: haré a esta ciudad semejante a Tófet.
19:13
Las casas de Jerusalén y las casas de los reyes de Judá serán
impuras como el lugar de Tófet: sí, todas esas casas sobre cuyos
techos se quemó incienso a todo el Ejército de los cielos y
se derramaron libaciones a otros dioses.
19:14
Cuando Jeremías regresó de Tófet, adonde el Señor
lo había enviado a profetizar, se paró en el atrio de la Casa
del Señor, y dijo a todo el pueblo:
19:15
Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel:
"Miren que yo atraigo sobre esta ciudad y sobre sus poblados toda la
desgracia con que los había amenazado, porque ellos se han obstinado
en no escuchar mis palabras".
Vaticinio
contra el sacerdote Pasjur
20:1
El sacerdote Pasjur, hijo de Imer, inspector principal de la Casa del Señor,
oyó a Jeremías profetizar estas cosas.
20:2
Entonces mandó golpear a Jeremías, el profeta, y lo hizo poner
en el cepo
que
está en la puerta Alta de Benjamín, en la Casa del Señor.
20:3
Pero a la mañana siguiente, cuando Pasjur sacó a Jeremías
del cepo, este le dijo: "El nombre que te dio el Señor no es Pasjur,
sino 'Terror por todas partes'.
20:4
Porque así habla el Señor: Yo haré que seas presa del
terror, tú y todos tus amigos; ellos caerán bajo la espada de
sus enemigos, y tú lo verás con tus propios ojos. Y yo entregaré
a todo Judá en manos del rey de Babilonia, que los deportará
a Babilonia y los herirá con la espada.
20:5
Todas las riquezas de esta ciudad, todas sus ganancias y todo lo que hay de
precioso en ella, junto con todos los tesoros de los reyes de Judá,
los entregaré en manos de sus enemigos: ellos los saquearán,
los tomarán y se los llevarán a Babilonia.
20:6
En cuanto a ti, Pasjur, tú y todos los que habitan en tu casa irán
al cautiverio: llegarás a Babilonia y allí morirás, y
allí serás enterrado, tú y todos tus amigos a quienes
les has profetizado falsamente".
El
drama interior de Jeremías
20:7
¡Tú me has seducido, Señor,
y yo me dejé seducir!
¡Me has forzado y has prevalecido!
Soy motivo de risa todo el día,
todos se burlan de mí.
20:8
Cada vez que hablo, es para gritar,
para clamar: "¡Violencia, devastación!"
Porque la palabra del Señor es para mí
oprobio y afrenta todo el día.
20:9
Entonces dije: "No lo voy a mencionar,
ni hablaré más en su Nombre".
Pero había en mi corazón como un fuego abrasador,
encerrado en mis huesos:
me esforzaba por contenerlo,
pero no podía.
20:10
Oía los rumores de la gente:
"¡Terror por todas partes!
¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!"
Hasta mis amigos más íntimos
acechaban mi caída:
"Tal vez se lo pueda seducir;
prevaleceremos sobre él
y nos tomaremos nuestra venganza".
20:11
Pero el Señor está conmigo
como un guerrero temible:
por eso mis perseguidores tropezarán
y no podrán prevalecer;
se avergonzarán de su fracaso,
será una confusión eterna, inolvidable.
20:12
Señor de los ejércitos, que examinas al justo,
que ves las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos!,
porque a ti he encomendado mi causa.
20:13
¡Canten al Señor, alaben al Señor,
porque él libró la vida del indigente
del poder de los malhechores!
Imprecación contra el día de su nacimiento
20:14
¡Maldito el día en que nací!
¡El día en que mi madre me dio a luz
jamás sea bendecido!
20:15
¡Maldito el hombre que dio a mi padre la noticia:
"Te ha nacido un hijo varón",
llenándolo de alegría!
20:16
Que ese día sea como las ciudades
que el Señor destruyó sin arrepentirse;
que oiga gritos por la mañana
y un alarido al tiempo del mediodía,
20:17
porque no me hizo morir desde el seno materno:
¡así mi madre hubiera sido mi tumba
y su gravidez hubiera durado para siempre!
20:18
¿Por qué salí del vientre materno
para no ver más que pena y aflicción,
y acabar mis días avergonzado?