JEREMÍAS
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El
retorno de los deportados
31:1 En aquel tiempo oráculo
del Señor yo seré el Dios de todas las familias de Israel
y ellos serán mi Pueblo.
31:2
Así habla el Señor:
Halló gracia en el desierto
el pueblo que escapó de la espada;
Israel camina hacia su descanso.
31:3
De lejos se le apareció el Señor:
Yo te amé con un amor eterno,
por eso te atraje con fidelidad.
31:4
De nuevo te edificaré y serás reedificada,
virgen de Israel;
de nuevo te adornarás con tus tamboriles
y saldrás danzando alegremente;
31:5
de nuevo plantarás viñas
sobre los montes de Samaría:
los que las planten tendrán los primeros frutos.
31:6
Porque llega el día en que los vigías gritarán
sobre la montaña de Efraím:
"¡De pie, subamos a Sión,
hacia el Señor, nuestro Dios!"
31:7
Porque así habla el Señor:
¡Griten jubilosos por Jacob,
aclamen a la primera de las naciones!
Háganse oír, alaben y digan:
"¡El Señor ha salvado a su pueblo,
al resto de Israel!".
31:8
Yo los hago venir del país del Norte
y los reúno desde los extremos de la tierra;
hay entre ellos ciegos y lisiados,
mujeres embarazadas y parturientas:
¡es una gran asamblea la que vuelve aquí!
31:9
Habían partido llorando,
pero yo los traigo llenos de consuelo;
los conduciré a los torrentes de agua
por un camino llano,
donde ellos no tropezarán.
Porque yo soy un padre para Israel
y Efraím es mi primogénito.
La
futura felicidad de Sión
31:10
¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor,
anúncienla en las costas más lejanas!
Digan: "El que dispersó a Israel lo reunirá,
y lo cuidará como un pastor a su rebaño".
31:11
Porque el Señor ha rescatado a Jacob,
lo redimió de una mano más fuerte que él.
31:12
Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor,
hacia el trigo, el vino nuevo y el aceite,
hacia las crías de ovejas y de vacas.
Sus almas serán como un jardín bien regado
y no volverán a desfallecer.
31:13
Entonces la joven danzará alegremente,
los jóvenes y los viejos se regocijarán;
yo cambiaré su duelo en alegría,
los alegraré y los consolaré de su aflicción.
31:14
Colmaré a los sacerdotes con la grasa de las víctimas,
y mi pueblo se saciará de mis bienes
oráculo del Señor.
El llanto de Israel y la compasión
del Señor
31:15
Así habla el Señor:
¡Escuchen! En Ramá se oyen lamentos,
llantos de amargura:
es Raquel que llora a sus hijos;
ella no quiere ser consolada,
porque ya no existen.
31:16
Así habla el Señor:
Reprime tus sollozos,
ahoga tus lágrimas,
porque tu obra recibirá su recompensa
oráculo del Señor
y ellos volverán del país enemigo.
31:17
Sí, hay esperanza para tu futuro
oráculo del Señor:
los hijos regresarán a su patria.
31:18
Oigo muy bien a Efraím
que se estremece de pesar:
"Me has corregido, y yo acepté la corrección
como un ternero no domado.
Conviérteme y yo me convertiré,
porque tú, Señor, eres mi Dios.
31:19
Sí, después de apartarme, me arrepentí,
y al darme cuenta, me he golpeado el pecho.
Estoy avergonzado y confundido,
porque cargo con el oprobio de mi juventud".
31:20
¿Es para mí Efraím un hijo querido
o un niño mimado,
para que cada vez que hablo de él,
todavía lo recuerde vivamente?
Por eso mis entrañas se estremecen por él,
no puedo menos que compadecerme de él
oráculo del Señor.
Exhortación a retomar el buen camino
31:21
Levanta para ti mojones,
colócate señales,
fíjate bien en el sendero,
en el camino que has recorrido.
¡Vuelve, virgen de Israel,
vuelve a estas tus ciudades!
31:22
¿Hasta cuándo irás de aquí para allá,
hija apóstata?
Porque el Señor crea algo nuevo en el país:
la mujer rodea al varón.
La
restauración de Judá
31:23
Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel:
De nuevo se dirá esta palabra en el país de Judá y en
sus ciudades, cuando yo haya cambiado su suerte:
¡Que el Señor te bendiga,
morada de justicia,
Montaña santa!
31:24
Allí se establecerán Judá y todas sus ciudades, los agricultores
y los que se desplazan con los rebaños.
31:25
Porque yo abrevaré a los que están agotados y colmaré
a los que están exhaustos.
31:26
De pronto me desperté y abrí los ojos, y mi sueño había
sido agradable.
31:27
Llegarán los días oráculo del Señor
en que yo sembraré la casa de Israel y la casa de Judá con semilla
de hombres y semilla de animales.
31:28
Y así como yo he velado sobre ellos para arrancar y derribar, para
demoler, perder y hacer el mal, así también velaré sobre
ellos para edificar y para plantar oráculo del Señor.
31:29
En aquellos días, no se dirá más:
Los padres comieron uva verde
y los hijos sufren la dentera.
31:30
No, cada uno morirá por su propia iniquidad:
todo el que coma uva verde
sufrirá la dentera.
La
nueva Alianza
31:31
Llegarán los días oráculo del Señor
en que estableceré una nueva Alianza
con la casa de Israel y la casa de Judá.
31:32
No será como la Alianza que establecí con sus padres el día
en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto,
mi Alianza que ellos rompieron, aunque yo era su dueño oráculo
del Señor.
31:33
Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después
de aquellos días oráculo del Señor: pondré
mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones;
yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo.
31:34
Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose
el uno al otro: "Conozcan al Señor". Porque todos me conocerán,
del más pequeño al más grande oráculo del
Señor. Porque yo habré perdonado su iniquidad y no me
acordaré más de su pecado.
La
inquebrantable fidelidad del Señor a Israel
31:35
Así habla el Señor,
el que puso el sol para alumbrar el día,
la luna y las estrellas para iluminar la noche,
el que agita el mar y rugen sus olas;
su nombre es Señor de los ejércitos:
31:36
Si este ordenamiento dejara de regir
delante de mi oráculo del Señor
entonces, también la descendencia de Israel
dejaría de ser para siempre una nación delante de mí.
31:37
Así habla el Señor:
Si se pudieran medir los cielos en lo alto
y explorar aquí abajo los cimientos de la tierra,
también yo rechazaría a la descendencia de Israel
a causa de todo lo que hicieron oráculo del Señor.
La
nueva Jerusalén
31:38
Llegarán los días oráculo del Señor
en que la ciudad será reconstruida para el Señor, desde la torre
de Jananel hasta la puerta del Ángulo.
31:39
La cuerda de medir se extenderá en línea recta hasta la colina
de Gareb, y luego girará hacia Goa.
31:40
Todo el valle de los cadáveres y de la ceniza de los sacrificios, y
todos los campos hasta el torrente Cedrón, hasta el ángulo de
la puerta de los Caballos, al oriente, estarán consagrados al Señor:
¡nunca más se arrancará, nunca más se demolerá!
La
compra de un campo, signo de la restauración futura
32:1
Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, el décimo
año de Sedecías,
rey de Judá, que era el año
decimoctavo de Nabucodonosor.
32:2
En ese entonces, el ejército del rey de Babilonia estaba asediando
a Jerusalén, y el profeta Jeremías estaba preso en el patio
de la guardia, en la casa del rey de Judá.
32:3
Allí lo había puesto preso Sedecías, porque profetizaba
en estos términos: "Así habla el Señor: Miren que
yo voy a entregar esta ciudad en manos del rey de Babilonia, y él la
tomará;
32:4
Sedecías no escapará de las manos de los caldeos, sino que caerá
en manos del rey de Babilonia: él le hablará cara a cara y lo
verá con sus propios ojos;
32:5
Sedecías será llevado a Babilonia, y allí permanecerá
hasta que yo me ocupe de él oráculo del Señor. Si ustedes
combaten contra los caldeos, no conseguirán nada".
32:6
Jeremías dijo: "La palabra del Señor me llegó en
estos términos:
32:7
Janamel, hijo de tu tío Salúm, viene hacia ti para decirte:
Compra mi campo que está en Anatot, porque a ti te corresponde adquirirlo,
en virtud del derecho de rescate".
32:8
Janamel, el hijo de mi tío, vino a verme en el patio de la guardia,
según la palabra del Señor, y me dijo: "Cómprame
mi campo que está en Anatot, en el país de Benjamín,
porque tú tienes el derecho de adquisición y de rescate: cómpramelo".
Yo comprendí que esa era la palabra del Señor;
32:9
compré a Janamel, el hijo de mi tío, el campo que está
en Anatot, y le pesé la plata: diecisiete siclos de plata.
32:10
Hice la escritura, la sellé, la certifiqué con testigos y pesé
la plata en una balanza.
32:11
Luego tomé la escritura de la compra la que había sido
sellada, con las cláusulas y las estipulaciones, y la que había
quedado abierta
32:12
y la entregué a Baruc, hijo de Nerías, hijo de Maasías,
en presencia de Janamel, el hijo de mi tío, en presencia de los testigos
que habían firmado la escritura de la compra, y en presencia de todos
los judíos que estaban en el patio de la guardia.
32:13
Luego, a la vista de ellos, di esta orden a Baruc:
32:14
"Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de
Israel: Toma estas escrituras la que está sellada y la que está
abierta y mételas en una vasija de arcilla, para que se conserven
por mucho tiempo.
32:15
Porque así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de
Israel: De nuevo se comprarán casas, campos y viñas en este
país".
32:16
Después de entregar la escritura de la compra a Baruc, hijo de Nerías,
yo dirigí al Señor esta súplica:
32:17
"¡Ah, Señor! Tú has hecho el cielo y la tierra con
tu gran fuerza y tu brazo poderoso: para ti no hay nada imposible.
32:18
Tú das prueba de fidelidad a millares, y retribuyes la iniquidad de
los padres en el pecho de sus hijos después de ellos. ¡Dios grande
y fuerte, cuyo nombre es Señor de los ejércitos,
32:19
grande en consejo y poderoso en obras, que tienes los ojos abiertos sobre
los caminos de los hombres, para dar a cada uno según su conducta y
según el fruto de sus acciones!
32:20
Tú has hecho signos y prodigios en el país de Egipto, y también
en Israel y entre los hombres hasta el día de hoy, y así te
has ganado un renombre, como se ve en el día de hoy.
32:21
Tú has hecho salir a tu pueblo Israel del país de Egipto, con
signos y prodigios, con mano fuerte y brazo poderoso, provocando un gran terror.
32:22
Tú les has dado esta tierra, como se lo habías jurado a sus
padres, una tierra que mana leche y miel.
32:23
Pero cuando entraron y tomaron posesión de ella, no escucharon tu voz
ni caminaron según tu Ley: no hicieron nada de lo que tú les
habías mandado, y tú les enviaste toda esta desgracia.
32:24
Ahora, los terraplenes llegan hasta la ciudad para expugnarla, y la ciudad
va a ser entregada, por la espada, el hambre y la peste, en manos de los caldeos
que combaten contra ella. Así se ha cumplido lo que tú habías
dicho, y tú lo estás viendo.
32:25
Sin embargo, eres tú el que me ha dicho: 'Compra el campo a precio
de plata
y
toma unos testigos', mientras la ciudad es entregada en manos de los caldeos".
32:26
La palabra del Señor llegó a Jeremías en estos términos:
32:27
Yo, el Señor, soy el Dios de todo ser viviente: ¿hay algo imposible
para mí?
32:28
Por eso, así habla el Señor: Yo voy a entregar esta ciudad en
manos de los caldeos y en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y él
la tomará.
32:29
Los caldeos que combaten contra esta ciudad entrarán en ella, le prenderán
fuego y la quemarán, con las casas sobre cuyos techos se quemaba incienso
a Baal y se derramaban libaciones a otros dioses, a fin de agraviarme.
32:30
Porque los hijos de Israel y los hijos de Judá han hecho desde su juventud
lo que es malo a mis ojos; porque los hijos de Israel no han hecho más
que agraviarme con la obra de sus manos oráculo del Señor.
32:31
Sí, esta ciudad ha sido para mí un motivo de ira y de furor,
desde el día en que fue edificada hasta el día de hoy, y yo
la apartaré lejos de mi rostro,
32:32
a causa de todo el mal que los hijos de Israel y los hijos de Judá
han cometido para agraviarme: ellos, sus reyes, sus príncipes, sus
sacerdotes y sus profetas, los hombres de Judá y los habitantes de
Jerusalén.
32:33
Ellos me han vuelto la espalda, no el rostro; y aunque traté de enseñarles
incansablemente, no han escuchado ni aprendido la lección.
32:34
Han puesto sus ídolos inmundos en la Casa que es llamada con mi Nombre,
para volverla impura.
32:35
Han edificado los lugares altos de Baal que están en el valle de Ben
Hinnóm,
para
hacer pasar por el fuego en honor de Moloc
a sus hijos y a sus hijas, cosas que yo
no les había mandado ni se me había pasado por la mente: ¡cometer
esta abominación para hacer pecar a Judá!
32:36
Y ahora, así habla el Señor, el Dios de Israel, a esta ciudad
de la que ustedes dicen: "Va a caer en manos del rey de Babilonia, por
la espada, el hambre y la peste".
32:37
Yo los reuniré de todos los países adonde los había expulsado
a causa de mi ira, de mi furor y de mi gran irritación; los haré
volver a este lugar y haré que vivan seguros.
32:38
Ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios.
32:39
Les daré un corazón íntegro y una conducta íntegra,
a fin de que me teman constantemente, para su propia felicidad y la de sus
hijos después de ellos.
32:40
Estableceré con ellos una alianza eterna, por la cual nunca dejaré
de seguirlos para hacerles el bien, y pondré mi temor en sus corazones,
para que nunca se aparten de mí.
32:41
Mi alegría será colmarlos de bienes, y los plantaré sólidamente
en este país, con todo mi corazón y con toda mi alma.
32:42
Porque así habla el Señor: Así como atraje sobre este
país toda esta gran desgracia, así también atraeré
sobre ellos todo el bien que les prometo.
32:43
Entonces se comprarán campos en este país del que ustedes dicen:
"Es un país desolado, sin hombres ni animales, que va a caer en
manos de los caldeos".
32:44
Se comprarán campos a precio de plata,
se
firmarán escrituras, se las sellará, se pondrán testigos
en el país de Benjamín, en los alrededores de Jerusalén,
en todas las ciudades de Judá, en las ciudades de la Montaña,
en las ciudades de la Sefelá y en las ciudades del Négueb. Porque
yo cambiaré su suerte oráculo del Señor.
Nuevas
promesas de restauración
33:1
La palabra del Señor llegó a Jeremías por segunda vez,
mientras todavía estaba detenido en el patio de la guardia, en estos
términos:
33:2
Así habla el Señor que hizo la tierra y la formó para
que subsistiera ¡su nombre es el Señor!:
33:3
Invócame y yo te responderé, y te anunciaré cosas grandes
e impenetrables, que tú no conocías.
33:4
Porque así habla el Señor, el Dios de Israel, acerca de las
casas de esta ciudad y de las casas de los reyes de Judá, derribadas
para levantar terraplenes y empalizadas,
33:5
a fin de combatir a los caldeos y llenar la ciudad con los cadáveres
de los hombres que yo herí en mi ira y en mi furor, porque oculté
mi rostro a esta ciudad a causa de todas sus maldades:
33:6
Yo voy a cicatrizar su llaga y la voy a sanar; los sanaré y les descubriré
tesoros de paz y seguridad.
33:7
Cambiaré la suerte de Judá y la suerte de Israel, y los reconstruiré
como al principio.
33:8
Los purificaré de toda la iniquidad con que pecaron contra mí,
les perdonaré todas las iniquidades con que pecaron y se rebelaron
contra mí.
33:9
Jerusalén será para mí un nombre gozoso, un honor y una
gloria, entre todas las naciones de la tierra, que oirán todo el bien
que yo les hago: ellas temerán y temblarán por todo el bienestar
y toda la paz que les concedo.
33:10
Así habla el Señor: En este lugar del que ustedes dicen: "Está
desierto, sin hombres ni animales", en las ciudades de Judá y
en las calles de Jerusalén, que están devastadas, sin hombres
ni habitantes ni animales, se oirá de nuevo
33:11
el grito de alegría y el grito de júbilo, el canto del esposo
y el canto de la esposa, y el canto de los que dicen, mientras presentan el
sacrificio de alabanza en la Casa del Señor:
"Den gracias al Señor de los ejércitos,
porque es bueno el Señor,
porque es eterno su amor".
Sí, yo cambiaré la suerte de este país, y será
como al principio, dice el Señor.
33:12
Así habla el Señor de los ejércitos: En este lugar que
está desierto, sin hombres ni animales, y en todas sus ciudades, habrá
de nuevo un redil donde los pastores harán descansar a sus rebaños.
33:13
En todas las ciudades de la Montaña, en las ciudades de la Sefelá,
en las ciudades del Négueb, en el país de Benjamín, en
los alrededores de Jerusalén y en las ciudades de Judá, las
ovejas pasarán de nuevo bajo las manos del que las recuenta, dice el
Señor.
Promesas
sobre el reino y el sacerdocio
33:14
Llegarán los días oráculo del Señor
en que yo cumpliré la promesa que pronuncié acerca de la casa
de Israel y la casa de Judá:
33:15
En aquellos días y en aquel tiempo, haré brotar para David un
germen justo,
y
él practicará la justicia y el derecho en el país.
33:16
En aquellos días, estará a salvo Judá
y Jerusalén habitará segura.
Y la llamarán así:
"El Señor es nuestra justicia".
33:17
Porque así habla el Señor: Nunca le faltará a David un
sucesor que se siente en el trono de la casa de Israel.
33:18
Y a los sacerdotes levitas nunca les faltará un descendiente que esté
delante de mí para ofrecer el holocausto, hacer quemar la oblación
y presentar el sacrificio cada día.
33:19
La palabra del Señor llegó a Jeremías en estos términos:
33:20
Así habla el Señor: Si ustedes pueden romper mi alianza con
el día y mi alianza con la noche, de manera que el día y la
noche no aparezcan más a su tiempo,
33:21
entonces también se romperá mi alianza con mi servidor David,
de manera que no tenga más un hijo que reine sobre su trono, y mi alianza
con los sacerdotes levitas, mis ministros.
33:22
Así como no se puede contar el ejército del cielo, ni medir
la arena del mar, así multiplicaré la descendencia de David,
mi servidor, y a los levitas, que son mis ministros.
33:23
La palabra del Señor llegó a Jeremías en estos términos:
33:24
¿No ves lo que dice esta gente: "A las dos familias que había
elegido, el Señor las ha rechazado"? Así desprecian a mi
pueblo, y ya no lo consideran una nación.
33:25
Así habla el Señor: Si yo no establecí mi alianza con
el día y con la noche, si no fijé el ordenamiento del cielo
y de la tierra,
33:26
entonces también rechazaré a la descendencia de Jacob y de David,
mi servidor, no tomando de ella jefes para el linaje de Abraham, de Isaac
y de Jacob. Pero no, yo cambiaré su suerte y me compadeceré
de ellos.
FRAGMENTOS ADICIONALES
Anuncio
de la destrucción de Jerusalén y de la cautividad de Sedecías
34:1
Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, mientras
Nabucodonosor, rey de Babilonia, y todo su ejército, junto con todos
los reinos de la tierra sometidos a su dominio y todos los pueblos, combatían
contra Jerusalén
y
contra todas sus ciudades:
34:2
Así habla el Señor, el Dios de Israel: Ve a decir a Sedecías,
rey de Judá: Así habla el Señor: Mira que yo voy a entregar
esta ciudad en manos del rey de Babilonia, y él la incendiará.
34:3
Tú mismo no te librarás de él, porque ciertamente serás
capturado y entregado en sus manos. Tus ojos verán los ojos del rey
de Babilonia, él te hablará cara a cara, y tú irás
a Babilonia.
34:4
Sin embargo, ¡escucha la palabra del Señor, Sedecías,
rey de Judá! Así habla el Señor acerca de ti: Tú
no morirás por la espada,
34:5
sino que morirás en paz. Y así como se quemaron perfumes por
tus padres, los reyes antiguos que te han precedido, así se quemarán
perfumes por ti, y se entonará por ti la lamentación: "¡Ay
Señor!" Esta es la palabra que yo te he dicho oráculo
del Señor.
34:6
El profeta Jeremías dijo a Sedecías, rey de Judá, todas
estas palabras en Jerusalén.
34:7
Mientras tanto, el ejército del rey de Babilonia combatía contra
Jerusalén y contra todas las ciudades de Judá que todavía
quedaban, o sea, contra Laquis y contra Azecá. Porque estas eran las
únicas plazas fuertes que habían quedado entre las ciudades
de Judá.
La
liberación de los esclavos
34:8
Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, después
que el rey Sedecías concertó un pacto con todo el pueblo de
Jerusalén, para proclamar una liberación:
34:9
Cada uno debía dejar en libertad a su esclavo hebreo varón
o mujer de manera que nadie retuviera como esclavo a un hermano suyo
judío.
34:10
Todos los jefes y todo el pueblo que habían participado en la alianza,
aceptaron dejar en libertad a sus esclavos y esclavas, de manera que ya no
los tendrían a su servicio: aceptaron y los dejaron en libertad.
34:11
Pero después se volvieron atrás e hicieron retornar a los esclavos
y esclavas que habían dejado en libertad, y los redujeron de nuevo
a la esclavitud.
34:12
Entonces la palabra del Señor llegó a Jeremías en estos
términos:
34:13
Así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo establecí una
alianza con sus padres, el día en que los hice salir del país
de Egipto, del lugar de esclavitud, diciendo:
34:14
"Al cabo de cada siete años, cada uno de ustedes dejará
libre a su hermano, al hebreo que se haya vendido a ti: él te servirá
seis años, y después lo dejarás en libertad".
Pero sus padres no escucharon ni inclinaron sus oídos.
34:15
Hoy ustedes se habían convertido y habían hecho lo que es recto
a mis ojos, proclamando cada uno la liberación de su prójimo;
ustedes habían hecho un pacto en mi presencia, en la Casa que es llamada
con mi Nombre.
34:16
Pero después se volvieron atrás y profanaron mi Nombre: cada
uno hizo retornar a su esclavo y a su esclava, que habían dejado enteramente
libres, y los redujeron de nuevo a la esclavitud.
34:17
Por eso, así habla el Señor: Ustedes no me han escuchado, proclamando
cada uno la liberación de su hermano y de su prójimo. Ahora,
yo proclamo para ustedes una liberación oráculo del Señor:
los dejo librados a la espada, a la peste y al hambre, y los convertiré
en un motivo de horror para todos los reyes de la tierra.
34:18
Y a los hombres que transgredieron mi alianza, que no cumplieron las cláusulas
del pacto que habían concertado en mi presencia, los trataré
como al ternero que ellos cortaron en dos y entre cuyos pedazos pasaron.
34:19
A los jefes de Judá y a los jefes de Jerusalén, a los eunucos
y a los sacerdotes, y a toda la gente del país que pasaron entre los
pedazos del ternero,
34:20
los entregaré en manos de sus enemigos y en manos de los que atentan
contra sus vidas, y sus cadáveres serán pasto de los pájaros
del cielo y de los animales de la tierra.
34:21
En cuanto a Sedecías, rey de Judá, y a sus jefes, los entregaré
en manos de sus enemigos, en manos de los que atentan contra sus vidas, y
en manos del ejército del rey de Babilonia, que acaba de levantar el
asedio.
34:22
Yo daré una orden oráculo del Señor y los
haré volver hacia esta ciudad: combatirán contra ella, la tomarán
y la incendiarán. Y a las ciudades de Judá las convertiré
en un país desolado y sin habitantes.
El
ejemplo de los recabitas
35:1
Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en los
días de Joaquím,
hijo
de Josías, rey de Judá, en estos términos:
35:2
"Ve al clan de los recabitas y habla con ellos; llévalos a la
Casa del Señor, a una de las salas, y dales a beber vino".
35:3
Yo tomé entonces a Iaazanías, hijo de Jeremías, hijo
de Jabasinías, así como a sus hermanos, a todos sus hijos y
a toda la familia de los recabitas.
35:4
Los llevé a la Casa del Señor, a la sala de los hijos de Janán,
hijo de Igdalías, hombre de Dios, la que estaba al lado de la sala
de los jefes, encima de la sala de Maasías, hijo de Salúm, guardián
del umbral.
35:5
Luego puse ante los hijos de la familia de los recabitas jarras llenas de
vino y copas, y les dije: "Beban el vino".
35:6
Pero ellos respondieron: "Nosotros no bebemos vino. Porque Jonadab, hijo
de Recab, nuestro antepasado, nos ha dado esta orden: Nunca beban vino, ni
ustedes, ni sus hijos.
35:7
No edifiquen casas, no siembren semillas, no planten viñas ni tengan
nada de eso; habiten en carpas durante toda la vida, a fin de vivir largos
días sobre el suelo donde ustedes residen como extranjeros.
35:8
Y nosotros hemos obedecido las instrucciones de Jonadab, hijo de Recab, nuestro
antepasado, en todo lo que él nos ordenó: nosotros no bebemos
vino durante toda la vida, lo mismo que nuestras mujeres, nuestros hijos y
nuestras hijas;
35:9
no edificamos casas para habitar, no tenemos viñas ni campos ni sembrados,
35:10
sino que habitamos en carpas. Así obedecemos y obramos en todo conforme
a lo que nos ha ordenado Jonadab, nuestro antepasado.
35:11
Pero cuando Nabucodonosor, rey de Babilonia, subió contra el país,
dijimos: Vengan, entremos en Jerusalén para escapar del ejército
de los caldeos y del ejército de Arám. Por eso estamos ahora
en Jerusalén".
35:12
La palabra del Señor llegó entonces a Jeremías, en estos
términos:
35:13
Así habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel:
Ve a decir a los hombres de Judá y a los habitantes de Jerusalén:
¿No aprenderán ustedes la lección ni escucharán
mis palabras?
35:14
La palabra de Jonadab, hijo de Recab, se ha puesto en práctica: él
ordenó a sus hijos que no bebieran vino, y ellos no lo han bebido hasta
el día de hoy, obedeciendo la orden de sus antepasados; yo, en cambio,
les he hablado a ustedes incansablemente, y no me han escuchado.
35:15
Les envié incansablemente a todos mis servidores los profetas, para
decirles: Vuelvan de su mal camino, enmienden sus acciones, no vayan detrás
de otros dioses para servirlos, y entonces habitarán en el suelo que
yo les he dado, a ustedes y a sus padres. ¡Pero ustedes no han inclinado
el oído ni me han escuchado!
35:16
Así, los hijos de Jonadab, hijo de Recab, cumplieron la orden que les
había dado su padre, mientras que este pueblo no me ha escuchado.
35:17
Por eso, así habla el Señor, el Dios de los ejércitos,
el Dios de Israel: Yo voy a atraer sobre Judá y sobre todos los habitantes
de Jerusalén toda la desgracia con que los había amenazado.
Porque les hablé, y ellos no escucharon, los llamé, y ellos
no respondieron.
35:18
Y a la familia de los recabitas, Jeremías les dijo: "Así
habla el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Porque ustedes
han obedecido la orden de Jonadab, su antepasado; porque han observado todos
sus mandamientos y han obrado conforme a lo que él les ordenó,
35:19
por eso, así habla el Señor de los ejércitos, el Dios
de Israel: Nunca le faltará a Jonadab, hijo de Recab, un descendiente
que esté todos los días en mi presencia".