EZEQUIEL
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La
espada del Señor contra Jerusalén
21:1 La palabra del Señor me
llegó en estos términos:
21:2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro
en dirección al sur, vaticina hacia el sur y profetiza contra el
bosque del campo del Négueb.
21:3 Tú dirás al bosque
del Négueb: Escucha la palabra del Señor. Así habla
el Señor: Yo voy a prenderte fuego, y él consumirá
todo árbol verde y todo árbol seco. La llama ardiente no se
extinguirá y arderá toda la superficie, desde el Négueb
hasta el norte.
21:4 Y todos los mortales verán
que yo, el Señor, soy el que encendí ese fuego, que no se
extinguirá.
21:5 Yo exclamé: ¡Ay, Señor!
Ellos andan diciendo de mí: "¡Este no es más que
un fabulador!"
21:6 La palabra del Señor me
llegó en estos términos:
21:7 Hijo de hombre, vuelve tu rostro
hacia Jerusalén, vaticina contra sus santuarios y profetiza contra
la tierra de Israel.
v8 Tú dirás a la tierra de Israel: Así habla el Señor:
Aquí estoy contra ti: yo sacaré mi espada de su vaina y extirparé
de ti al justo y al impío.
21:9 Porque quiero extirpar de ti al
justo y al impío, por eso saldrá mi espada de su vaina contra
todos ustedes, desde el sur hasta el norte.
21:10 Y todos los mortales sabrán
que yo, el Señor, he sacado mi espada de su vaina, y no volverá
a ser envainada.
El
gemido del profeta
21:11 Y tú, hijo de hombre, gime;
agobiado por el dolor, gime amargamente a la vista de ellos.
21:12 Y cuando te pregunten: "¿Por
qué gimes?", tú les responderás: Es por una noticia.
Apenas llegue, desfallecerán todos los corazones, se paralizarán
todas las manos, decaerán todos los espíritus y flaquearán
todas las rodillas. Ya está por llegar, ya va a suceder oráculo
del Señor.
La
espada en mano del verdugo
21:13 La palabra del Señor me
llegó en estos términos:
21:14 Profetiza, hijo de hombre, y di:
Así habla el Señor:
¡Una espada, una espada afilada y bruñida!
21:15 Afilada para provocar una masacre,
bruñida para fulgurar como el rayo.
21:16 Se la hizo bruñir para
empuñarla: la espada fue afilada y bruñida
para ponerla en mano de un verdugo.
21:17 ¡Grita, laméntate,
hijo de hombre, porque ella se alza contra mi pueblo,
contra todos los príncipes de Israel, entregados a la espada junto
con mi pueblo!
Por eso, golpéate el pecho,
21:18 porque es el momento de la prueba...oráculo
del Señor.
21:19 Y tú, hijo de hombre, profetiza,
golpea con las palmas de tus manos.
Que la espada duplique y triplique sus golpes: ella es la espada de las
matanzas,
la gran espada de la matanza que los tiene acorralados.
21:20 Para que desfallezcan los corazones
y haya muchas víctimas,
yo he puesto en todas las puertas una espada, hecha para fulgurar como el
rayo, bruñida para provocar una masacre.
21:21 ¡Muestra tu filo a la derecha,
toma posición a la izquierda, donde quiera seas dirigida!
21:22 Yo también golpearé
con las palmas de mis manos y aplacaré mi furor.
Yo, el Señor, he hablado.
La
espada del rey de Babilonia
21:23 La palabra del Señor me
llegó en estos términos:
21:24 Y tú, hijo de hombre, traza
dos caminos para que llegue la espada del rey de Babilonia. Los dos caminos
arrancarán de un mismo país. A la entrada de cada camino,
pondrás una señal indicando la dirección de una ciudad.
21:25 Tú trazarás el camino
para que la espada llegue a Rabá de los amonitas, y a Judá,
que tiene su plaza fuerte en Jerusalén.
21:26 Porque el rey de Babilonia se
ha detenido en la encrucijada, allí donde se bifurcan los caminos,
para consultar los presagios: sacude las flechas, consulta a los ídolos
y examina el hígado de las víctimas.
21:27 En su mano derecha está
el presagio que señala "Jerusalén", para ordenar
la matanza, lanzar el grito de guerra, colocar arietes contra las puertas,
levantar terraplenes y construir torres de asalto.
21:28 A los habitantes
de Jerusalén les parecerá que ese presagio es falso, porque
tienen a su favor un juramento solemne. Pero él les recordará
su delito, y serán capturados.
21:29 Por eso, así habla el Señor:
Porque ustedes, al ser descubiertas sus rebeldías, al ponerse en
evidencia los pecados que han cometido en todas sus acciones, han hecho
que se les recordara su delito; y porque se han acordado de ustedes, por
eso, serán capturados.
21:30 En cuanto a ti, infame malvado,
príncipe de Israel, cuyo día ha llegado al mismo tiempo que
la expiación final,
21:31 así habla el Señor:
¡Saquen el turbante, quiten la diadema! Esto ya no será más
así: lo humilde será elevado, lo excelso será humillado.
21:32 ¡Ruinas, ruinas, todo lo
convierto en ruinas! Pero esto no sucederá hasta que llegue aquel
a quien le pertenece el juicio, y a él se lo daré.
La
espada contra los amonitas
21:33 Y tú, hijo de hombre, profetiza.
Tú dirás: Así habla el Señor acerca de los amonitas
y de sus sarcasmos. Tú dirás:
¡Una espada, una espada! Desenvainada para la masacre, bruñida
para devorar, para fulgurar como el rayo,
21:34 para descargarla sobre el cuello
de los infames malvados, cuyo día llegará al mismo tiempo
que la expiación final, mientras se tienen acerca de ti visiones
ilusorias y se predice la mentira.
21:35 ¡Vuelve la espada a la vaina!
En el mismo lugar donde fuiste creado, en tu país de origen, yo te
juzgaré.
21:36 Derramaré mi indignación
sobre ti, atizaré contra ti el fuego de mi furor, y te entregaré
en manos de gente brutal, artífices del exterminio.
21:37 Serás presa del fuego,
tu sangre correrá en medio del país, y no quedará ni
el recuerdo de ti, porque yo, el Señor, he hablado.
Los
crímenes de Jerusalén
22:1 La palabra del Señor me
llegó en estos términos:
22:2 Y tú, hijo de hombre, ¿no
vas a juzgar, no vas a juzgar a la ciudad sanguinaria? Dale a conocer todas
sus abominaciones.
22:3 Tú le dirás: Así
habla el Señor: ¡Ay de la ciudad que derrama sangre en medio
de ella para que llegue su hora, y se fabrica ídolos para contaminarse!
22:4 Por la sangre que has derramado
te has hecho culpable, y por los ídolos que fabricaste te has contaminado;
has hecho que se acercara tu día y que llegara el término
de tus años. Por eso te he convertido en el oprobio de las naciones
y en la irrisión de todos los países.
22:5 Los que están cerca y los
que están lejos se burlarán de ti, ciudad famosa por tu impureza,
grande por tu anarquía.
22:6 En ti, los príncipes de
Israel se valen de su poder sólo para derramar sangre.
22:7 En ti se desprecia
al padre y a la madre,
se extorsiona al extranjero que reside en medio de ti, y se oprime al huérfano
y a la viuda.
22:8 Tú menosprecias
mis cosas santas y profanas mis sábados.
22:9 En ti hay calumniadores que incitan
a derramar sangre y hay gente que participa de las comidas sagradas en las
montañas. En ti se cometen ignominias:
22:10 se descubre la desnudez del padre
y se fuerza a la mujer a tener relaciones en el período de su menstruación.
22:11 Uno comete
abominación con la mujer de su prójimo; otro contamina a su
nuera de una manera infame; otro viola a su hermana, la hija de su propio
padre.
22:12 En ti se acepta
soborno
para derramar sangre. Practicas la usura y prestas a interés,
extorsionas a tu prójimo y te olvidas de mí oráculo
del Señor.
22:13 Pero yo voy a golpear con las
palmas de mis manos, a causa de las ganancias que has obtenido y de la sangre
que corre en medio de ti.
22:14 ¿Podrá resistir
tu corazón y estarán firmes tus manos, los días en
que yo me enfrente contigo? Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré.
v15 Te dispersaré entre las naciones, te diseminaré por otros
países y eliminaré de ti tu impureza.
22:16 Tú te has profanado a ti
misma a los ojos de las naciones, pero sabrás que yo soy el Señor.
El
pueblo de Israel en el crisol
22:17
La palabra del Señor me llegó en estos términos:
22:18 Hijo de hombre, la casa de Israel
se ha convertido para mí en escoria: todos, sean plata, cobre, estaño,
hierro o plomo, se han convertido en escoria dentro del crisol.
22:19 Por eso, así habla el Señor:
Porque todos ustedes se han convertido en escoria, yo voy a amontonarlos
en medio de Jerusalén.
22:20 Así como se amontona plata,
cobre, hierro, plomo y estaño en medio del crisol, y se atiza el
fuego para fundirlos, así yo los amontonaré en mi ira y en
mi furor; los pondré allí y los fundiré.
22:21 Los amontonaré, atizaré
contra ustedes el fuego de mi furor y los fundiré en medio de Jerusalén.
22:22 Como se funde la plata en medio
del crisol, así ustedes serán fundidos en medio de ella, y
sabrán que yo, el Señor, he derramado mi furor contra ustedes.
22:23 La palabra del Señor me
llegó en estos términos:
22:24 Hijo de hombre, dile a Jerusalén:
Tú eres una tierra que no ha sido purificada, sobre la que no ha
llovido en el día de la ira.
22:25 Hay una conjuración de
profetas en medio de ella. Como un león rugiente que despedaza la
presa, han devorado a la gente, se han apoderado de las riquezas y objetos
preciosos y han multiplicado las viudas en la ciudad.
22:26 Sus sacerdotes
han violado mi Ley, han profanado mis cosas santas; no han separado lo sagrado
de lo profano, ni han hecho conocer la diferencia entre lo puro y lo impuro;
han cerrado sus ojos a mis sábados y yo he sido profanado en medio
de ellos.
22:27 Sus jefes, en medio de la ciudad,
son como lobos que despedazan la presa, derramando sangre y haciendo perecer
a la gente, a fin de acumular ganancias.
22:28 Sus profetas los recubren con
cal, proponiendo falsas visiones y predicciones engañosas. Ellos
dicen: "Así habla el Señor", cuando el Señor
no había hablado.
22:29 Los terratenientes practican la
extorsión, cometen robos, explotan al pobre y al indigente, y atropellan
al extranjero, contra todo derecho.
22:30 Yo busqué entre ellos un
hombre que levantara un cerco y se mantuviera firme sobre la brecha delante
mí, pero no lo encontré.
22:31 Entonces derramé mi furia
contra ellos, los exterminé con el fuego de mi furor e hice recaer
sobre sus cabezas su mala conducta oráculo del Señor.
Historia
simbólica de Jerusalén y de Samaría
23:1
La palabra del Señor me llegó en estos términos:
23:2 Hijo de hombre, había dos
mujeres, hijas de una misma madre,
23:3 que se prostituyeron en Egipto,
se prostituyeron en su juventud; allí manosearon sus senos, allí
acariciaron sus pechos virginales.
23:4 La mayor se llamaba Oholá,
y su hermana, Oholibá. Ellas fueron mías y engendraron hijos
e hijas Oholá es el nombre de Samaría, y Oholibá,
el de Jerusalén.
23:5 Oholá se prostituyó
mientras me pertenecía: se enamoró perdidamente de sus amantes,
de los asirios, guerreros
v6 vestidos de púrpura, gobernadores y prefectos, todos jóvenes
y atrayentes, hábiles jinetes.
23:7 Ella ofreció sus prostituciones
a lo mejor de los asirios y después de enamorarse perdidamente, se
contaminó con todos sus ídolos.
23:8 Pero no dejó de prostituirse
con los Egipcios, que se habían acostado con ella, cuando era joven,
acariciando sus pechos virginales y prodigando sobre ella sus prostituciones.
v9 Por eso la entregué en manos de sus amantes, en manos de los asirios,
de los que se había enamorado perdidamente.
23:10 Ellos descubrieron su desnudez,
tomaron a sus hijos y a sus hijas, y a ella misma la mataron con la espada.
Así se hizo famosa entre las mujeres, por el castigo que le habían
infligido.
v11 Su hermana Oholibá vio todo esto, pero se entregó a una
pasión más perversa y se prostituyó más que
su hermana.
23:12 Ella se enamoró perdidamente
de los asirios, gobernadores y prefectos, guerreros espléndidamente
vestidos, hábiles jinetes, todos jóvenes y atrayentes.
23:13 Yo vi que se había contaminado:
las dos habían tomado el mismo camino.
23:14 Pero Oholibá fue más
lejos todavía con sus prostituciones: vio unos hombres esculpidos
en el muro, imágenes de caldeos pintadas de rojo,
23:15 con cinturones ceñidos
a las caderas, con amplios turbantes en la cabeza, todos ellos con prestancia
de oficiales; eran imágenes de babilonios, originarios de Caldea.
23:16 Apenas los vio, se enamoró
perdidamente de ellos y les envió mensajeros a Caldea.
23:17 Los babilonios fueron a compartir
el lecho de sus amores y la contaminaron con sus prostituciones, y una vez
que se contaminó, su corazón se hastió de ellos.
23:18 Ella había puesto de manifiesto
sus prostituciones y había descubierto su desnudez. Entonces mi corazón
se hastió de ella, como me había hastiado de su hermana.
23:19 Multiplicó sus prostituciones,
acordándose de los días de su juventud, cuando se prostituía
en Egipto:
23:20 se enamoró perdidamente
de hombres disolutos, que tienen miembros de asnos y semen de padrillos.
23:21 ¡Tú añorabas
la lascivia de tu juventud, cuando los Egipcios manoseaban tus senos, acariciando
tus pechos juveniles!
23:22 Por eso, Oholibá, así
habla el Señor: Yo voy a suscitar contra ti a tus amantes, de los
que te habías hastiado, y los traeré contra ti de todas partes:
23:23 a los babilonios y a todos los
caldeos, a los de Pecod, de Soa y de Coa y con ellos, a todos los asirios
jóvenes atrayentes, gobernadores y prefectos, escuderos, guerreros
y jinetes.
23:24 Llegarán contra ti desde
el Norte, con carros y rodados, al frente de una multitud de pueblos, y
te atacarán por todas partes con escudos y cascos. Yo los encargaré
del juicio, y ellos te juzgarán conforme a sus leyes.
23:25 Desataré mis celos contra
ti, y serás tratada con furor: te arrancarán la nariz y las
orejas, y lo quede de ti caerá bajo la espada. Se apoderarán
de tus hijos y de tus hijas, y lo que quede de ti será devorado por
el fuego.
23:26 Te despojarán de tus vestidos
y se apoderarán de tus joyas.
23:27 Pondré fin a tu lascivia
y a la prostitución que comenzaste en Egipto; ya no levantarás
tus ojos hacia ellos y no te acordarás más de Egipto.
23:28 Porque así habla el Señor:
Voy a entregarte en manos de los que tú detestas, en manos de aquellos
de los que te has hastiado.
23:29 Te tratarán con odio, se
apoderarán de todo el fruto de tus esfuerzos y te abandonarán
completamente desnuda. Así quedará al descubierto la vergüenza
de tus prostituciones. Tu lascivia y tus prostituciones
23:30 serán la causa de todo
esto, porque te has prostituido yendo detrás de las naciones y te
has contaminado con sus ídolos.
23:31 Por haber seguido el camino de
tu hermana, yo pondré su copa en tu mano.
23:32 Así habla el Señor:
Tú beberás la copa de tu hermana,
ancha y profunda, de gran capacidad.
Serás motivo de burla y escarnio.
23:33 Te llenarás de embriaguez
y de aflicción.¡Copa de ruina y desolación
es la copa de tu hermana Samaría!
23:34 Tú la beberás hasta
las heces,
la romperás con tus dientes, y con sus pedazos te desgarrarás
los pechos.
Porque yo he hablado
oráculo del Señor.
23:35 Por eso, así habla el Señor:
Porque tú me has olvidado y me has arrojado detrás de tu espada,
carga tú también con tu lascivia y tus prostituciones.
23:36 El Señor me dijo: Hijo
de hombre, ¿no vas a juzgar a Oholá y Oholibá? Dales
a conocer sus abominaciones,
23:37 porque han sido adúlteras
y hay sangre en sus manos; han cometido adulterios con sus ídolos
y les han ofrecido como alimento a mis hijos, los que ellas me habían
engendrado,
23:38 Y todavía me hicieron algo
más: contaminaron mi Santuario en aquel día y profanaron mis
sábados.
23:39 Y mientras inmolaban a sus hijos
en honor de sus ídolos, entraban ese mismo día en mi Santuario
para profanarlo. ¡Esto es lo que han hecho en medio de mi casa!
23:40 Más aún, ellas mandaron
llamar por medio de un mensajero a hombres que debían venir de lejos.
Así llegaron aquellos para los que tú te bañaste, te
pintaste los ojos y te adornaste con joyas.
23:41 Luego te recostaste en un lecho
suntuoso, ante una mesa servida donde habías puesto mi incienso y
mi aceite.
23:42 Allí se escuchaba el ruido
de una multitud despreocupada. A ellos se sumaba una cantidad de hombres,
venidos de todas partes del desierto. Ellos pusieron pulseras en los brazos
de las mujeres y espléndidas coronas en sus cabezas.
23:43 Entonces, yo pensé de esa
mujer consumida por tantos adulterios: Ahora todos se van a prostituir con
ella.
23:44 Y se acercaron a ella como a una
prostituta, se acercaron a Oholá y Oholibá, esas mujeres lascivas.
23:45 Pero hombres justos las juzgarán
como se juzga a las adúlteras y a las sanguinarias, porque son adúlteras
y hay sangre en sus manos.
23:46 Porque así habla el Señor:
Que se convoque contra ellas una asamblea y se las entregue a la vejación
y al saqueo.
23:47 Que la asamblea las mate a pedradas,
y se las despedace con la espada; que se degüelle a sus hijos y a sus
hijas, y que se prenda fuego a sus casas.
23:48 Así haré desaparecer
la lascivia del país. Todas las mujeres recibirán una lección
y no imitarán la mala conducta de ustedes.
23:49 Sobre ustedes recaerá su
propia lascivia y cargarán con los pecados de idolatría. Entonces
sabrán que yo soy el Señor.
Anuncio
simbólico del sitio de Jerusalén
24:1
El año noveno, el día diez del décimo mes, la palabra
del Señor me llegó en estos términos:
24:2 Hijo de hombre, anota la fecha
del día de hoy, justo la de este día, porque hoy mismo el
rey de Babilonia se ha lanzado contra Jerusalén.
24:3 Di una parábola a ese pueblo
rebelde. Tú les dirás: Así habla el Señor:
Arrima la olla al fuego, arrímala y échale agua.
24:4 Agrégale trozos de carne,
los mejores trozos la pata y la espalda,llénala con los mejores
huesos.
24:5 Toma lo mejor del rebaño
y amontona leña debajo de ella,
para que hierva a borbotones y se cocinen hasta los huesos.
24:6 Por eso, así habla el Señor:
¡Ay de la ciudad sanguinaria, esa olla herrumbrada cuya herrumbre
no desaparece!
Vacíala pedazo a pedazo, sin que la suerte caiga sobre ella.
24:7 Porque la sangre que derramó
está en medio de ella: la puso sobre la roca desnuda,
no la derramó por tierra ni la cubrió con el polvo.
24:8 Para que desborde mi ira, para
dar lugar a mi venganza,
he puesto su sangre sobre la roca desnuda, a fin de que no sea cubierta.
24:9 Por eso, así habla el Señor:
¡Ay de la ciudad sanguinaria! Yo también voy a encender una
gran hoguera.
24:10 Amontona la leña, enciende
el fuego, cocina bien la carne, prepara el condimento, y que se consuman
los huesos.
24:11 Coloca luego la olla vacía
sobre las brasas, para que se recaliente
y el bronce se ponga al rojo vivo, para que se fundan las impurezas
dentro de ella y se consuma su herrumbre.
24:12 Pero es tanta su herrumbre, que
no desaparece ni con el fuego.
24:13 Yo he querido purificarte de tu
infame lascivia, pero tú no te has dejado purificar: por eso, no
quedarás purificada hasta que no haya apaciguado mi furor contra
ti.
24:14 Yo, el Señor, he hablado
y esto sucederá; obraré y no me volveré atrás,
no tendré compasión ni me arrepentiré. Conforme a tu
conducta y a tus malas acciones se te juzgará oráculo del
Señor.
La
muerte de la esposa del profeta
24:15 La palabra del Señor me
llegó en estos términos:
24:16 Hijo de hombre, yo voy a arrebatarte
de golpe la delicia de tus ojos, pero tú no te lamentarás,
ni llorarás, ni derramarás lágrimas.
24:17 Suspira en silencio, no hagas
ninguna clase de duelo, cíñete el turbante, cálzate
con sandalias, no te cubras la barba ni comas pan de duelo.
24:18 Yo hablé al pueblo por
la mañana, y por la tarde murió mi esposa; y a la mañana
siguiente hice lo que se me había ordenado.
24:19 La gente me dijo: "¿No
vas a explicarnos qué significa lo que haces?"
24:20 Yo les dije: La palabra del Señor
me llegó en estos términos:
24:21 Di a la casa de Israel: Así
habla el Señor: Yo voy a profanar mi Santuario, el orgullo de su
fuerza, la delicia de sus ojos y la esperanza de sus vidas. Los hijos y
las hijas que ustedes han dejado, caerán bajo la espada,
24:22 y ustedes harán lo mismo
que yo: no se cubrirán la barba, no comerán el pan de duelo,
24:23 no se quitarán el turbante
de la cabeza ni las sandalias de los pies, no se lamentarán, ni llorarán,
sino que se consumirán a causa de sus culpas y gemirán unos
con otros.
24:24 Ezequiel habrá sido para
ustedes un presagio: ustedes harán lo mismo que él hizo, y
cuando esto suceda sabrán que yo soy el Señor.
24:25 En cuanto a ti, hijo de hombre,
el día en que yo les quite su refugio, su espléndida alegría,
la delicia de sus ojos, la pasión de sus vidas, y también
a sus hijos y a sus hijas,
24:26 ese día llegará
hasta ti un fugitivo para comunicarte la noticia.
24:27 Ese día tu boca se abrirá
para hablar al fugitivo y ya no te quedarás mudo; serás para
ellos un presagio, y así sabrán que yo soy el Señor.
ORÁCULOS CONTRA LAS NACIONES
Contra
Amón
25:1 La palabra del Señor me
llegó en estos términos:
25:2 Hijo de hombre, vuelve tu rostro
hacia los amonitas y profetiza contra ellos.
25:3 Tú dirás a los amonitas:
Escuchen la palabra del Señor: Así habla el Señor:
Porque te has burlado de mi Santuario cuando fue profanado, de la tierra
de Israel cuando fue devastada, y del pueblo de Judá cuando iba al
destierro,
25:4 por eso, te voy a entregar en posesión
a los Orientales: ellos instalarán en ti sus campamentos y establecerán
en ti sus moradas; ellos comerán tus frutos y beberán tu leche.
5 Convertiré a Rabá en un pastizal de camellos y a las ciudades
de los amonitas en un corral de ovejas: así ustedes sabrán
que yo soy el Señor.
25:6 Así habla el Señor:
Porque has aplaudido y pataleado, porque te has regocijado, con todo el
desprecio de tu alma, a causa de la tierra de Israel,
25:7 por eso yo extenderé mi
mano contra ti; te entregaré como presa a las naciones, te extirparé
de entre los pueblos, y te haré desaparecer de entre los países
y te aniquilaré: así sabrás que yo soy el Señor.
Contra
Moab
25:8
Así habla el Señor: Porque Moab
ha dicho: "La casa de Judá es igual que todas las naciones",
25:9 por eso, yo desmantelaré
la ladera de Moab, arrasaré de un extremo al otro sus ciudades, las
joyas de ese país: Bet Iesimot, Baal Meón y Quiriataim.
25:10 Los entregaré en posesión
a los Orientales, junto con los amonitas, para que no quede ni el recuerdo
de los amonitas entre las naciones,
25:11 e infligiré justos castigos
a Moab: así sabrán que yo soy el Señor.
Contra
Edóm
25:12
Así habla el Señor: Porque Edóm
se ha vengado implacablemente de la casa de Judá y se ha hecho gravemente
culpable al vengarse de ella,
25:13 por eso, así habla el Señor:
Yo extiendo mi mano contra Edóm; exterminaré de él
a hombres y animales, y lo convertiré en una ruina. Desde Temán
hasta Dedán, todos caerán bajo la espada.
25:14 Me vengaré de Edóm,
por medio de mi pueblo Israel: él lo tratará conforme a mi
ira y mi furor, y Edóm conocerá mi venganza oráculo
del Señor.
Contra
los filisteos
25:15
Así habla el Señor: Porque los filisteos
han obrado por venganza y se han vengado con profundo desprecio, por el
afán de destruir, a causa de una antigua enemistad,
25:16 por eso, así habla el Señor:
Yo extiendo mi mano contra los filisteos; extirparé a los quereteos
y haré perecer al resto de los que habitan la costa del mar.
25:17 Ejecutaré contra ellos
terribles venganzas, castigándolos furiosamente; y cuando ejecute
mi venganza contra ellos, sabrán que yo soy el Señor.