DANIEL
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CAPÍTULO
6
6:1
Y Darío, el medo, lo sucedió en el trono a los sesenta y dos
años de edad.
Daniel
en el foso de los leones 
6:2
Darío consideró oportuno poner al frente del reino a ciento
veinte sátrapas, distribuidos por todo el reino,
6:3
y establecer sobre ellos a tres ministros entre los cuales estaba Daniel
a quienes esos sátrapas debían rendir cuenta, a fin de que no
se atentara contra los intereses del rey.
6:4
Ahora bien, este Daniel sobresalía entre los ministros y sátrapas,
porque había en él un espíritu superior, y el rey pensaba
ponerlo al frente de todo el reino.
6:5
Por eso los ministros y los sátrapas trataron de encontrar un pretexto
para acusar a Daniel en lo referente a los asuntos del reino. Pero no pudieron
encontrar ningún pretexto ni falta, porque él era fiel y no
se le descubrió ninguna negligencia ni falta.
6:6
Esos hombres dijeron: "No encontraremos ningún motivo de acusación
contra Daniel, sino es en la Ley de su Dios".
6:7
Los ministros y los sátrapas acudieron precipitadamente al rey y le
hablaron así: "¡Viva eternamente el rey Darío!
6:8
Todos los ministros del reino, los prefectos y los sátrapas, los familiares
y los gobernadores, se han puesto de acuerdo para que el rey promulgue un
edicto y ponga en vigencia una prohibición, a saber: Todo el que dentro
de los próximos treinta días dirija una plegaria a cualquier
dios u hombre que no seas tú, rey, será arrojado en el foso
de los leones.
6:9
Por lo tanto, rey, promulga la prohibición y consígnala por
escrito, para que no sea modificada, conforme a la ley de los medos y de los
persas, que es irrevocable".
6:10
A causa de esto, el rey Darío puso por escrito la prohibición.
6:11
Cuando Daniel supo que el documento había sido firmado, entró
en su casa. Esta tenía en el piso superior unas ventanas que se abrían
en dirección a Jerusalén, y tres veces por día, él
se ponía de rodillas, invocando y alabando a su Dios, como lo había
hecho antes.
6:12
Aquellos hombres acudieron precipitadamente y encontraron a Daniel orando
y suplicando a su Dios.
6:13
Entonces se presentaron ante el rey y, refiriéndose a la prohibición
real, le dijeron: "¿Acaso no has escrito una prohibición
según la cual todo el que dirija una oración dentro de los próximos
treinta días, a cualquier dios u hombre que no seas tú, rey,
debe ser arrojado al foso de los leones?" El rey tomó la palabra
y dijo: "Así es, en efecto, según la ley de los medos y
de los persas, que es irrevocable".
6:14
Entonces ellos tomaron la palabra y dijeron en presencia del rey: "Daniel,
uno de los deportados de Judá, no te ha hecho caso, rey, ni a ti ni
a la prohibición que tú has escrito, y tres veces al día
hace su oración".
6:15
Al oír esto, el rey se apenó profundamente y puso todo su empeño
por salvar a Daniel: hasta el atardecer se esforzó por librarlo.
6:16
Pero esos hombres acudieron precipitadamente al rey y le dijeron: "Tienes
que saber, rey, que según la ley de los medos y de los persas, ninguna
prohibición o edicto promulgado por el rey puede ser modificado".
6:17
Entonces el rey mandó traer a Daniel y arrojarlo al foso de los leones.
El rey tomó la palabra y dijo a Daniel: "Tu Dios, al que sirves
con tanta constancia, te salvará".
6:18
Luego trajeron una piedra y la pusieron sobre la abertura del foso; el rey
la selló con su anillo y con el anillo de sus dignatarios, para que
no se cambiara nada en lo concerniente a Daniel.
La
liberación de Daniel
6:19
El rey se retiró a su palacio; ayunó toda la noche, no hizo
venir a sus concubinas y se le fue el sueño.
6:20
Al amanecer, apenas despuntado el día, el rey se levantó y fue
rápidamente al foso de los leones.
6:21
Cuando se acercó a él, llamó a Daniel con voz angustiosa.
El rey tomó la palabra y dijo a Daniel: "Daniel, servidor del
Dios viviente, ¿ha podido tu Dios, al que sirves con tanta constancia,
salvarte de los leones?"
6:22
Daniel dijo al rey: "¡Viva el rey eternamente!
6:23
Mi Dios ha enviado a su Ángel y ha cerrado las fauces de los leones,
y ellos no me han hecho ningún mal, porque yo he sido hallado inocente
en su presencia; tampoco ante ti, rey, había cometido ningún
mal".
6:24
El rey sintió una gran alegría a causa de Daniel, y ordenó
que lo sacaran del foso. Daniel fue sacado del foso, y no se le encontró
ni un rasguño, porque había confiado en su Dios.
6:25
Luego el rey mandó traer a los hombres que habían acusado a
Daniel y los hizo arrojar al foso de los leones, con sus hijos y sus mujeres.
Y no habían llegado aún al fondo del foso, cuando ya los leones
se apoderaron de ellos y les trituraron todos los huesos.
Profesión de fe del rey
6:26
Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, naciones
y lenguas que habitan sobre la tierra: "¡Tengan ustedes paz en
abundancia!
6:27
Yo ordeno que en todo el dominio de mi reino se tiemble y se sienta temor
ante el Dios de Daniel,
porque él es el Dios viviente
y subsiste para siempre;
su reino no será destruido
y su dominio durará hasta el fin.
6:28
Él salva y libera,
realiza signos y prodigios
en el cielo y sobre la tierra.
Él ha salvado a Daniel
del poder de los leones".
6:29
Así este Daniel estuvo en auge bajo el reinado de Darío y bajo
el reinado de Ciro el persa.

VISIONES
APOCALÍPTICAS
CAPÍTULO
7
La
visión de los cuatro animales y del Hijo de hombre
7:1
El año primero de Baltasar, rey de Babilonia, Daniel tuvo un sueño
y unas visiones en su imaginación, mientras se hallaba en su lecho.
Él escribió el sueño. Este es el comienzo del relato.
7:2
Daniel tomó la palabra y dijo: Yo miraba en mis visiones nocturnas,
y vi los cuatro vientos del cielo que agitaban el gran mar.
7:3
Y cuatro animales enormes, diferentes entre sí, emergieron del mar. 
7:4
El primero era como un león y tenía alas de águila. Yo
estuve mirando hasta que fueron arrancadas sus alas; él fue levantado
de la tierra y puesto de pie sobre dos patas como un hombre, y le fue dado
un corazón de hombre.
7:5
Luego vi otro animal, el segundo, semejante a un oso; él estaba medio
erguido y tenía tres costillas en su boca, entre sus dientes. Y le
hablaban así: "¡Levántate, devora carne en abundancia!"
7:6
Después de esto, yo estaba mirando y vi otro animal como un leopardo;
tenía cuatro alas de pájaro sobre el dorso y también
cuatro cabezas, y le fue dado el dominio. 
7:7
Después de esto, yo estaba mirando en las visiones nocturnas y vi un
cuarto animal, terrible, espantoso y extremadamente fuerte; tenía enormes
dientes de hierro, comía, trituraba y el resto lo pisoteaba con las
patas. Era diferente de todos los animales que lo habían precedido,
y tenía diez cuernos. 
7:8
Yo observaba los cuernos, y vi otro cuerno, pequeño, que se elevaba
entre ellos. Tres de los cuernos anteriores fueron arrancados delante de él,
y sobre este cuerno había unos ojos como de hombre y una boca que hablaba
con insolencia. 
7:9
Yo estuve mirando
hasta que fueron colocados unos tronos 
y un Anciano se sentó.
Su vestidura era blanca como la nieve
y los cabellos de su cabeza como la lana pura; 
su trono, llamas de fuego,
con ruedas de fuego ardiente.
7:10
Un río de fuego brotaba
y corría delante de él.
Miles de millares lo servían,
y centenares de miles estaban de pie en su presencia. 
El tribunal se sentó
y fueron abiertos unos libros. 
7:11
Yo miraba a causa de las insolencias que decía el cuerno: estuve mirando
hasta que el animal fue muerto, y su cuerpo destrozado y entregado al ardor
del fuego.
7:12
También a los otros animales les fue retirado el dominio, pero se les
permitió seguir viviendo por un momento y un tiempo.
7:13
Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas,
y vi que venía sobre las nubes del cielo
como un Hijo de hombre; 
él avanzó hacia el Anciano
y lo hicieron acercar hasta él.
7:14
Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino,
y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. 
Su dominio es un dominio eterno que no pasará,
y su reino no será destruido.
Interpretación de la visión
7:15
Yo, Daniel, quedé profundamente turbado en mi espíritu, y las
visiones de mi imaginación me llenaron de espanto.
7:16
Me acerqué a uno de los que estaban de pie y le pregunté la
verdad acerca de todo aquello. Él me habló y me hizo conocer
la interpretación de las cosas.
7:17
"Esos cuatro animales enormes son cuatro reyes que se alzarán
de la tierra;
7:18
y los Santos del Altísimo recibirán la realeza, y la poseerán
para siempre, por los siglos de los siglos". 
7:19
Entonces quise saber la verdad acerca del cuarto animal, que era diferente
de todos los demás, extremadamente terrible, y que tenía dientes
de hierro y garras de bronce: el que devoraba, trituraba y pisoteaba el resto
con las patas;
7:20
y también acerca de los diez cuernos de su cabeza, y del otro cuerno
que se había elevado y ante el cual habían caído tres;
es decir, el cuerno que tenía ojos y una boca que hablaba con insolencia,
y que parecía más grande que los otros.
7:21
Yo miraba, y este cuerno hacía la guerra a los Santos del Altísimo
y prevalecía sobre ellos, 
7:22
hasta que vino el Anciano, se hizo justicia a los Santos del Altísimo y llegó el momento en que los Santos
entraron en posesión de la realeza.
7:23
Él habló así: "En lo que respecta al cuarto animal,
habrá sobre la tierra un cuarto reino,
diferente de todos los reinos:
él devorará toda la tierra,
la pisoteará y la triturará.
7:24
En cuanto a los diez cuernos,
de este reino surgirán diez reyes, 
y otro surgirá después de ellos:
será diferente de los anteriores
y abatirá a tres reyes.
7:25
Hablará contra el Altísimo
y maltratará a los Santos del Altísimo.
Tratará de cambiar los tiempos festivos y la Ley,
y los Santos serán puestos en sus manos
por un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo. 
7:26
Pero luego se sentará el tribunal,
y a ese rey se le quitará el dominio,
para que sea destruido y aniquilado definitivamente.
7:27
Y la realeza, el dominio y
la grandeza de todos los reinos bajo el cielo
serán entregados al pueblo de los Santos del Altísimo. 
Su reino es un reino eterno, 
y todos los imperios lo servirán y le obedecerán".
7:28
Aquí termina el relato. En cuanto a mí, Daniel, mis pensamientos
me llenaron de espanto y cambié de color. Y yo conservé estas
cosas en mi corazón.

CAPÍTULO
8
La
visión del carnero y el chivo
8:1
El tercer año del reinado del rey Baltasar, se me presentó una
visión, a mí, Daniel, después de aquella que se me había
presentado anteriormente.
8:2
En esa visión, yo estaba mirando; y mientras miraba, estaba en Susa,
la ciudadela que está en la provincia de Elám. En esa visión,
yo estaba mirando, y me encontraba junto al río Ulai.
8:3
Alcé mis ojos, miré, y vi un carnero que estaba parado ante
el río. Tenía dos cuernos; los dos cuernos eran altos, pero
uno era más alto que el otro, y el más alto se elevó
en último término.
8:4
Yo vi al carnero que embestía hacia el oeste, hacia el norte y hacia
el sur. Ningún animal podía resistir ante él, y nadie
podía librar de su poder; él obraba a su arbitrio y se engrandecía.
8:5
Presté atención, y vi un chivo que venía del occidente,
sobre la faz de toda la tierra, sin tocar el suelo; ese chivo tenía
un cuerno imponente entre sus ojos.
8:6
Llegó hasta el carnero de los dos cuernos, que yo había visto
parado ante el río, y corrió hacia él con todo el ardor
de su fuerza.
8:7
Lo vi avanzar hacia el carnero, hecho una furia contra él; lo golpeó
y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tuvo fuerza para resistir
ante él: lo arrojó por tierra y lo pisoteó, y no hubo
nadie que librara al carnero de su poder.
8:8
Así el chivo se engrandeció enormemente; pero una vez que se
hizo fuerte, el cuerno grande se quebró, y cuatro cuernos imponentes
se elevaron en lugar de él, hacia los cuatro vientos del cielo.
8:9
De uno de ellos salió otro cuerno pequeño, que se agrandó
mucho hacia el sur, hacia el oriente y hacia la Hermosura.
8:10
Se agrandó hasta el Ejército del cielo, hizo caer por tierra
a una parte de este Ejército y de las estrellas, y las pisoteó.
8:11
Se agrandó hasta llegar al Jefe del Ejército y le suprimió
el sacrificio perpetuo; el lugar de su Santuario fue avasallado,
8:12
lo mismo que su Ejército. Sobre el sacrificio perpetuo fue instalada
la iniquidad, y se echó por tierra la verdad. Él tuvo éxito
en todo lo que emprendió.
8:13
Entonces oí a un Santo que hablaba, y otro Santo dijo al que hablaba:
"¿Hasta cuándo se verá el sacrificio perpetuo suprimido,
la iniquidad desoladora instalada, el Lugar santo y el Ejército pisoteados?"
8:14
Él respondió: "Hasta que pasen dos mil trescientas tardes
y mañanas: entonces el Lugar santo será reivindicado".
Interpretación del ángel Gabriel
8:15
Mientras yo, Daniel, miraba la visión y trataba de comprender, vi que
estaba de pie frente a mí alguien con aspecto de hombre.
8:16
Y oí una voz de hombre en medio del río Ulai, que gritaba, diciendo:
"Gabriel, explícale la aparición a este hombre".
8:17
Él llegó hasta donde yo estaba, y cuando llegó, sentí
un gran temor y caí sobre mi rostro. Él me dijo: "Entiende,
hijo de hombre, que la visión se refiere al tiempo del Fin".
8:18
Mientras él me hablaba, yo caí en trance con el rostro en tierra.
Él me tocó y me hizo poner de pie en el lugar donde estaba.
8:19
Luego añadió: "Voy a hacerte saber lo que sucederá
al término de la Indignación, porque el Fin llegará en
el momento fijado.
8:20
El carnero que viste con dos cuernos representa a los reyes de los medos y
de los persas;
8:21
el chivo velludo es el rey de Javán, y el gran cuerno que estaba entre
sus ojos es el primer rey.
8:22
Una vez quebrado este, los cuatro que surgieron en lugar de él son
los cuatro reinos que surgirán de su nación, pero no con su
misma fuerza.
8:23
Al fin de su reinado,
cuando los pecadores hayan colmado la medida,
surgirá un rey atrevido y astuto.
8:24
Su poderío se acrecentará, pero no por su propia fuerza;
causará destrucciones inauditas
y tendrá éxito en lo que emprenda,
destruirá a los poderosos,
al pueblo de los Santos.
8:25
Gracias a su astucia,
el engaño triunfará por medio de él,
su corazón se ensoberbecerá
y destruirá tranquilamente a muchos.
Se alzará contra el Jefe de los jefes,
pero luego será destrozado sin que intervenga ninguna mano.
8:26
La visión de las tardes y las mañanas,
tal como ha sido expuesta, es verdad.
En cuanto a ti, oculta la visión,
porque es para días lejanos".
8:27
Yo, Daniel, me desvanecí y estuve enfermo varios días. Luego
me levanté y me dediqué a los asuntos del rey. La visión
me dejó perplejo, y no atinaba a comprender.

CAPÍTULO
9
La
profecía de Jeremías sobre los setenta años
9:1
El primer año de Darío, hijo de Asuero, de la raza de los medos,
que fue constituido rey sobre el reino de los caldeos,
9:2
el primer año de su reinado, yo, Daniel, investigaba en los Libros
el número de años que, según la palabra del Señor
al profeta Jeremías, debían cumplirse sobre las ruinas de Jerusalén:
eran setenta años. 
9:3
Yo volví mi rostro hacia el Señor Dios para obtener una respuesta,
con oraciones y súplicas, mediante el ayuno, el cilicio y las cenizas.
4 Oré al Señor, mi Dios, y le hice esta confesión:
9:La
oración de Daniel
"¡Ah, Señor, Dios, el Grande, el Temible, el que mantiene
la alianza y la fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos!
9:5
Nosotros hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado
y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos.
9:6
No hemos escuchado a tus servidores los profetas, que hablaron en tu Nombre
a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del
país.
9:7
¡A ti, Señor, la justicia! A nosotros, en cambio, la vergüenza
reflejada en el rostro, como les sucede en este día a los hombres de
Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los que
están cerca y a los que están lejos, en todos los países
adonde tú los expulsaste, a causa de la infidelidad que cometieron
contra ti.
9:8
¡A nosotros, Señor, la vergüenza reflejada en el rostro,
y también a nuestros reyes, a nuestros jefes y a nuestros padres, porque
hemos pecado contra ti!
9:9
¡Al Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón,
porque nos hemos rebelado contra él!
9:10
Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, para seguir
sus leyes, que él puso delante de nosotros por medio de sus servidores
los profetas.
9:11
Todo Israel ha transgredido tu Ley y se ha apartado para no escuchar tu voz.
Entonces se descargaron sobre nosotros la imprecación y el juramento
que están escritos en la Ley de Moisés, servidor de Dios, porque
nosotros pecamos contra el Señor.
9:12
Y él cumplió la palabra que había pronunciado contra
nosotros y contra los jueces que nos juzgaban, haciendo recaer sobre nosotros
una gran desgracia, porque nunca ha sucedido bajo el cielo lo que sucedió
en Jerusalén.
9:13
Toda esa desgracia nos sobrevino según lo que está escrito en
la Ley de Moisés. Pero nosotros no hemos aplacado la ira del Señor,
nuestro Dios, convirtiéndonos de nuestra iniquidad y reconociendo tu
fidelidad.
9:14
El Señor estuvo atento a estas calamidades y las descargó sobre
nosotros, porque el Señor, nuestro Dios, es justo en todas las obras
que hizo; pero nosotros no hemos escuchado su voz.
9:15
Y ahora, Señor, Dios nuestro, que hiciste salir a tu pueblo del país
de Egipto con mano poderosa, y así te ganaste un renombre que perdura
hasta el día de hoy, nosotros hemos pecado y hemos hecho el mal.
9:16
Señor, por todas tus obras de justicia, que tu ira y tu furor se aparten
de tu Ciudad, de Jerusalén, tu santa Montaña. Porque a causa
de nuestros pecados y de las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén
y tu pueblo son el escarnio de todos los que nos rodean.
9:17
Y ahora, Dios nuestro, escucha la oración y las súplicas de
tu servidor, y a causa de ti mismo, Señor, que brille tu rostro sobre
tu Santuario desolado.
9:18
Inclina tu oído, Dios mío, y escucha; abre tus ojos y mira nuestras
ruinas y la ciudad que es llamada con tu Nombre, porque no presentamos nuestras
súplicas delante de ti a causa de nuestros actos de justicia, sino
a causa de tu gran misericordia.
9:19
¡Señor, escucha! ¡Señor, perdona! ¡Señor,
presta atención y obra! ¡No tardes más, a causa de ti,
Dios mío, porque tu Ciudad y tu pueblo son llamados con tu Nombre!"
Las
setenta semanas
9:20
Yo hablaba todavía, orando y confesando mi pecado y el pecado de mi
pueblo Israel, y presentando mi súplica delante del Señor, mi
Dios, en favor de la Montaña santa de mi Dios;
9:21
yo hablaba todavía en oración, cuando Gabriel, ese hombre al que había visto al comienzo
en la visión, se acercó a mí en rápido vuelo,
a la hora de la oblación de la tarde.
9:22
Él me instruyó y me habló, diciendo: "Daniel, yo
he salido para abrirte la inteligencia.
9:23
Cuando tú comenzabas tus súplicas, salió una palabra,
y yo he venido a anunciártela, porque tú eres objeto de predilección.
Discierne la palabra y entiende la visión.
9:24
Setenta semanas han sido fijadas
sobre tu pueblo y tu Ciudad santa,
para poner fin a la transgresión,
para sellar el pecado,
para expiar la iniquidad,
para instaurar la justicia eterna,
para sellar la visión y al profeta,
y para ungir el Santo de los santos.
9:25
Tienes que saber y comprender esto:
Desde que salió la orden de reconstruir a Jerusalén,
hasta que aparezca un Jefe ungido,
pasarán siete semanas;
luego, durante sesenta y dos semanas,
ella será reconstruida con la plaza y el foso,
pero en tiempos de angustia.
9:26
Y después de las sesenta y dos semanas,
será suprimido un ungido inocente;
en la Ciudad y en el Lugar santo,
hará estragos el pueblo de un jefe invasor;
pero su fin sobrevendrá en un cataclismo,
y hasta el fin habrá guerra
y las devastaciones decretadas.
9:27
Él impondrá una alianza a muchos
durante una semana;
y durante la mitad de la semana
hará cesar el sacrificio y la oblación.
Y sobre un ala del Templo
estará la Abominación de la desolación, 
hasta que el exterminio decretado
se derrame sobre el devastador".

CAPÍTULO
10
La
visión del hombre vestido de lino
10:1
El año tercero de Ciro, rey de Persia, una palabra fue revelada a Daniel,
que había recibido el nombre de Beltsasar. Esta palabra es verdadera
y se refiere a un gran combate. Él prestó atención a
la palabra y le fue dada la inteligencia en el transcurso de la visión.
10:2
En aquellos días, yo, Daniel, estuve de duelo tres semanas enteras:
10:3
no comí ningún manjar exquisito; ni la carne ni el vino entraron
en mi boca, ni me hice ninguna unción, hasta que se cumplieron tres
semanas enteras.
10:4
Y el día veinticuatro del primer mes, yo estaba a orillas del Gran
Río, es decir, el Tigris.
10:5
Alcé mis ojos y vi a un hombre vestido de lino y ceñido con un cinturón
de oro fino de Ufaz.
10:6
Su cuerpo brillaba como el crisólito, su rostro tenía el aspecto
del relámpago, sus ojos eran como antorchas de fuego, sus brazos y sus piernas como el fulgor del bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo
de una multitud.
10:7
Sólo yo, Daniel, veía la aparición; los hombres que estaban
conmigo no la vieron, sino que los invadió un gran temor y huyeron
a esconderse.
10:8
Así quedé yo solo contemplando esta gran aparición, y
me sentí desfallecer; mi semblante se demudó hasta desfigurarse,
y no pude sobreponerme.
10:9
Yo oí el sonido de sus palabras y, al oírlo, caí en trance
con el rostro en tierra.
La
aparición y el anuncio profético del Ángel
10:10
De pronto, una mano me tocó y me hizo poner, temblando, sobre mis rodillas
y sobre las palmas de mis manos.
10:11
Luego me dijo: "Daniel, hombre predilecto, fíjate en las palabras
que voy a decirte, y ponte de pie en el lugar donde estás, porque ahora
yo he sido enviado a ti". Y mientras me decía estas palabras,
yo me puse de pie, temblando.
10:12
Él me dijo: "No temas, Daniel, porque desde el primer día
en que te empeñaste en comprender y en humillarte delante de tu Dios,
fueron oídas tus palabras, y yo he venido a causa de ellas.
10:13
El Príncipe del reino de Persia me opuso resistencia durante veintiún
días, pero Miguel, uno de los primeros Príncipes, ha venido en mi ayuda. Yo lo dejé
allí, junto al Príncipe de los reyes de Persia,
10:14
y vine para hacerte comprender lo que sucederá a tu pueblo en los días
venideros, porque también esta es una visión para aquellos días".
10:15
Mientras él me dirigía estas palabras, volví mi rostro
hacia el suelo y me quedé mudo.
10:16
De pronto, una figura como la de un hijo de hombre tocó mis labios.
Yo abrí mi boca y me puse a hablar, y dije al que estaba de pie frente
a mí: "Mi Señor, ante esta aparición, yo me estremecí
de dolor y no pude sobreponerme.
10:17
¿Y cómo podría este servidor hablar con mi Señor,
aquí presente, si ahora me faltan las fuerzas y ya me he quedado sin
aliento?"
10:18
Aquel que parecía un hombre me volvió a tocar y me fortaleció.
19 Luego me dijo: "No temas, hombre predilecto. ¡La paz esté
contigo! ¡Sé fuerte y valeroso!" Mientras él me hablaba,
recobré las fuerzas y le dije: "Que hable mi Señor, ya
que me has fortalecido".
10:20
Él respondió: "¿Sabes por qué he venido hasta
ti? Ahora vuelvo a combatir contra el Príncipe de Persia, y una vez
que haya concluido, vendrá el Príncipe de Javán.
10:21
Pero yo te voy a indicar lo que está consignado en el Libro de la Verdad.
No hay nadie para fortalecerme contra ellos, fuera de Miguel, el Príncipe de ustedes.

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