SALMOS
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No
me abandones, Señor,
ahora que soy viejo
Súplica confiada
71:1
Yo me refugio en ti, Señor,
¡que nunca tenga que avergonzarme!
71:2
Por tu justicia, líbrame y rescátame,
inclina tu oído hacia mí, y sálvame.
71:3
Sé para mí una roca protectora,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
71:4
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío,
de las garras del malvado y del violento!
71:5
Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
71:6
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector,
y mi alabanza está siempre ante ti.
Motivos
de tristeza en la vejez
71:7
Soy un motivo de estupor para muchos,
pero tú eres mi refugio poderoso.
71:8
Mi boca proclama tu alabanza
y anuncia tu gloria todo el día.
71:9
No me rechaces en el tiempo de mi vejez,
no me abandones, porque se agotan mis fuerzas;
71:10
mis enemigos hablan contra mí,
y los que me acechan se confabulan, diciendo:
71:11
"Dios lo tiene abandonado: persíganlo,
captúrenlo, porque no hay quien lo libre".
71:12
¡Señor, no te quedes lejos de mí;
Dios mío, ven pronto a socorrerme!
71:13
¡Queden confundidos y humillados
los que atentan contra mi vida!
¡Queden cubiertos de oprobio y de vergüenza
los que buscan mi perdición!
Reiteración
de la confianza en Dios
71:14
Yo, por mi parte, seguiré esperando
y te alabaré cada vez más.
71:15
Mi boca anunciará incesantemente
tus actos de justicia y salvación,
aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.
71:16
Vendré a celebrar las proezas del Señor,
evocaré tu justicia, que es sólo tuya.
71:17
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.
71:18
Ahora que estoy viejo y lleno de canas,
no me abandones, Dios mío,
hasta que anuncie las proezas de tu brazo
a la generación que vendrá.
71:19
Tu justicia llega hasta el cielo, Señor:
tú has hecho grandes cosas,
y no hay nadie igual a ti, Dios mío.
71:20
Me hiciste pasar por muchas angustias,
pero de nuevo me darás la vida;
me harás subir de lo profundo de la tierra,
71:21
acrecentarás mi dignidad
y volverás a consolarme.
El
gozo anticipado
71:22
Entonces te daré gracias con el arpa,
por tu fidelidad, Dios mío;
te cantaré con la cítara,
a ti, el Santo de Israel.
71:23
Mis labios te cantarán jubilosos,
y también mi alma, que tú redimiste.
71:24
Yo hablaré de tu justicia todo el día,
porque quedarán confundidos y avergonzados
los que buscaban mi perdición.
Que
el rey defienda a los humildes
72:1
De Salomón.
Concede, Señor, tu justicia al rey
y tu rectitud al descendiente de reyes,
72:2
para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud.
72:3
Que las montañas traigan al pueblo la paz,
y las colinas, la justicia;
72:4
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos de los pobres
y aplaste al opresor.
72:5
Que dure tanto como el sol y la luna,
a lo largo de las generaciones;
72:6
que sea como lluvia que cae sobre el césped
y como chaparrones que riegan la tierra.
72:7
Que en sus días florezca la justicia
y abunde la paz, mientras dure la luna;
72:8
que domine de un mar hasta el otro,
y desde el Río hasta los confines de la tierra.
72:9
Que se inclinen ante él las tribus del desierto,
y sus enemigos muerdan el polvo;
72:10
que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas
le paguen tributo.
Que los reyes de Arabia y de Sebá
le traigan regalos;
72:11
que todos los reyes le rindan homenaje
y lo sirvan todas las naciones.
72:12
Porque él librará al pobre que suplica
y al humilde que está desamparado.
72:13
Tendrá compasión del débil y del pobre,
y salvará la vida de los indigentes.
72:14
Los rescatará de la opresión y la violencia,
y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.
72:15
Por eso, que viva largamente
y le regalen oro de Arabia;
que oren por él sin cesar
y lo bendigan todo el día.
72:16
Que en el país abunden los trigales
y ondeen sobre las cumbres de las montañas;
que sus frutos broten como el Líbano
y florezcan como la hierba de los campos.
72:17
Que perdure su nombre para siempre
y su linaje permanezca como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos
y todas las naciones lo proclamen feliz.
* * *
72:18
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas.
72:19
Sea bendito eternamente su Nombre glorioso
y que su gloria llene toda la tierra.
¡Amén! ¡Amén!
72:20
Fin de las oraciones de David, hijo de Jesé.
Mi
felicidad es estar junto a Dios
73:1
Salmo de Asaf.
Vacilación
frente al triunfo del mal
¡Qué
bueno es Dios para Israel,
para los limpios de corazón!
73:2
Pero casi se desvían mis pasos,
faltó poco para que diera un traspié,
73:3
porque tuve envidia de los presuntuosos,
al ver la prosperidad de los malvados.
73:4
Para ellos no hay sufrimientos,
su cuerpo está sano y robusto;
73:5
no comparten las penas de los hombres
ni son golpeados como los demás.
73:6
Por eso, el orgullo es su collar
y la violencia, el manto que los cubre;
73:7
la malicia se les sale por los poros,
su corazón rebosa de malos propósitos.
73:8
Se burlan y hablan con maldad;
desde lo alto, amenazan con prepotencia;
73:9
su boca se insolenta contra el cielo
y su lengua se pasea por la tierra.
73:10
Por eso, el pueblo de Dios se vuelve hacia ellos,
y beben el agua a raudales.
73:11
Ellos dicen: "¿Acaso Dios lo va a saber?
¿Se va a enterar el Altísimo?"
73:12
Así son esos malvados
y, siempre tranquilos, acrecientan sus riquezas.
La
suerte final de los impíos
73:13
Entonces, ¿en vano mantuve puro mi corazón
y lavé mis manos en señal de inocencia?
73:14
Porque yo era golpeado todo el día
y cada mañana soportaba mi castigo.
73:15
Si hubiera dicho: "Voy a hablar como ellos",
habría traicionado al linaje de tus hijos.
73:16
Yo reflexionaba, tratando de entenderlo,
pero me resultaba demasiado difícil.
73:17
¡Hasta que entré en el Santuario de Dios
y comprendí el fin que les espera!
73:18
Sí, tú los pones en un terreno resbaladizo
y los precipitas en la ruina.
73:19
¡Qué pronto quedan devastados
y acaban consumidos por el horror!
73:20
Son como un sueño al despertar, Señor:
al levantarte, disipas hasta su imagen.
73:21
Cuando se agriaba mi corazón
y me torturaba en mi interior,
73:22
yo era un necio y no comprendía,
era como un animal ante ti.
La
verdadera felicidad
73:23
Pero yo estoy siempre contigo,
tú me has tomado de la mano derecha;
73:24
me guiarás con tu consejo
y después, me recibirás con gloria.
73:25
¿A quién sino a ti tengo yo en el cielo?
Si estoy contigo, no deseo nada en la tierra.
73:26
Aunque mi corazón y mi carne se consuman,
Dios es mi herencia para siempre
y la Roca de mi corazón.
73:27
Los que se apartan de ti terminan mal,
tú destruyes a los que te son infieles.
73:28
Mi dicha es estar cerca de Dios:
yo he puesto mi refugio en ti, Señor,
para proclamar todas tus acciones.
Acuérdate,
Señor, de tu comunidad
74:1
Poema de Asaf.
La
profanación del Santuario
¿Por
qué, Señor, nos rechazaste para siempre
y arde tu indignación
contra las ovejas de tu rebaño?
74:2
Acuérdate del pueblo que adquiriste
en otro tiempo,
de la tribu que rescataste
para convertirla en tu herencia;
acuérdate de Sión, donde pusiste tu Morada.
74:3
Vuelve tus pasos hacia esta ruina completa:
todo lo destruyó el enemigo en el Santuario.
74:4
Rugieron tus adversarios
en el lugar de tu asamblea,
pusieron como señales sus propios estandartes.
74:5
Alzaron sus hachas
como en la espesura de la selva;
74:6
destrozaron de un golpe todos los adornos,
los deshicieron con martillos y machetes;
74:7
prendieron fuego a tu Santuario,
profanaron, hasta arrasarla,
la Morada de tu Nombre.
74:8
Habían pensado: "Acabemos con ellos,
quememos todos los templos de Dios en el país".
74:9
Ya no vemos señales ni quedan profetas:
no hay nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo.
74:10
¿Hasta cuándo, Señor, te insultará el enemigo?
¿Nunca cesará el adversario
de despreciar tu Nombre?
74:11
¿Por qué retiras tu mano, Señor,
y la mantienes oculta en el pecho?
Himno
al Dios creador
74:12
Pero tú, Señor, eres mi Rey desde el principio,
tú lograste victorias en medio de la tierra:
74:13
deshiciste el Mar con tu poder
y quebraste las cabezas del dragón marino;
74:14
aplastaste las cabezas de Leviatán
y lo diste como alimento a las fieras del desierto.
74:15
Hiciste brotar manantiales y torrentes,
secaste los ríos caudalosos;
74:16
tuyo es el día, tuya también la noche,
tú afirmaste la luna y el sol;
74:17
fijaste las fronteras de la tierra,
formaste el verano y el invierno.
Súplica
por la liberación
74:18
Recuerda, Señor, que el enemigo te ha ultrajado,
un pueblo insensato ha despreciado tu Nombre:
74:19
no entregues a los buitres la vida de tu Paloma
ni te olvides para siempre de los pobres.
74:20
Ten presente tu alianza,
porque todos los rincones del país
están repletos de violencia.
74:21
Que el débil no retroceda lleno de confusión,
que el pobre y el oprimido alaben tu Nombre.
74:22
Levántate, Señor, defiende tu causa,
recuerda que el insensato te ultraja sin cesar.
74:23
No olvides los gritos de tus adversarios,
porque crece el tumulto de los que se alzan contra ti.
Dios
es quien juzga
75:1
Del maestro de coro. "No destruyas". Salmo de Asaf. Canto.
Antífona
inicial
75:2
Te damos gracias, Señor, te damos gracias:
los que invocan tu Nombre narran tus maravillas.
Oráculo
del Señor
75:3
"En el momento que yo decida,
juzgaré con rectitud.
75:4
Se conmueve la tierra con todos sus habitantes,
pero yo he afianzado sus columnas. Pausa
75:5
Digo a los arrogantes: '¡Basta de arrogancia!',
y a los impíos: '¡No levanten la frente!,
75:6
no levanten la frente contra el cielo
ni hablen con actitud insolente'".
El
castigo de los malvados
75:7
Porque ni del oriente ni del occidente,
ni del desierto ni de las montañas...
75:8
¡El Señor es el único Juez,
que a unos humilla, y a otros exalta!
75:9
Hay una copa en la mano del Señor,
con un vino espumante, lleno de aromas:
la ofrece, y la sorben hasta el final,
la beben todos los malvados de la tierra.
75:10
Pero yo me alegraré para siempre,
cantaré al Dios de Jacob:
75:11
él quebrará el poder de los malvados
y acrecentará el poder de los justos.
Dios
es grande en Israel
76:1
Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo de Asaf. Canto.
76:2
Dios es bien conocido en Judá,
su Nombre es grande en Israel.
76:3
En Jerusalén está su Tienda de campaña,
en Sión se levanta su Morada.
76:4
Allí quebró las flechas fulgurantes del arco,
el escudo, la espada y las armas de guerra. Pausa
76:5
¡Tú eres resplandeciente, majestuoso!
76:6
Montañas de botín fueron arrebatadas
a los valientes,
que ya duermen el sueño de la muerte:
a los guerreros no les respondieron los brazos.
76:7
Por tu amenaza, Dios de Jacob,
quedaron inmóviles los carros de guerra
y los caballos.
76:8
Sólo tú eres temible:
¿quién podrá resistir delante de ti
al ímpetu de tu ira?
76:9
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra tiembla y enmudece,
76:10
cuando te alzas para el juicio, Señor,
para salvar a los humildes de la tierra. Pausa
76:11
Sí, el furor de los hombres tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al castigo te festejarán.
76:12
Hagan votos al Señor, su Dios, y cúmplanlos;
los que están a su alrededor,
traigan regalos al Temible,
76:13
al que deja sin aliento a los príncipes
y es temible para los reyes de la tierra.
En
mi angustia busco al Señor
77:1
Del maestro de coro. Al estilo de Iedutún. De Asaf. Salmo.
La
aflicción presente
77:2
Invocaré al Señor con toda mi voz,
gritaré al Señor, y él me escuchará.
77:3
Busco al Señor en el momento de mi angustia;
de noche, tiendo mi mano sin descanso,
y mi alma rechaza todo consuelo.
77:4
Yo me acuerdo del Señor, y me lamento;
medito, y mi espíritu desfallece: Pausa
77:5
tú no me dejas conciliar el sueño,
estoy turbado, y no puedo hablar.
77:6
Pienso en los tiempos antiguos,
me acuerdo de los días pasados;
77:7
reflexiono de noche en mi interior,
medito, y mi espíritu se pregunta:
77:8
¿Puede el Señor rechazar para siempre?
¿Ya no volverá a mostrarse favorable?
77:9
¿Se habrá agotado para siempre su amor,
y habrá caducado eternamente su promesa?
77:10
¿Se habrá olvidado Dios de su clemencia
o, en su enojo, habrá contenido su compasión?
Pausa
77:11
Entonces dije ¡y este es mi dolor!:
"¡Cómo ha cambiado la derecha del Altísimo!"
Las
maravillas del pasado
77:12
Yo recuerdo las proezas del Señor,
sí, recuerdo sus prodigios de otro tiempo;
77:13
evoco todas sus acciones,
medito en todas sus hazañas.
77:14
Tus caminos son santos, Señor.
¿Hay otro dios grande como nuestro Dios?
77:15
Tú eres el Dios que hace maravillas,
y revelaste tu poder entre las naciones.
77:16
Con tu brazo redimiste a tu pueblo,
a los hijos de Jacob y de José. Pausa
77:17
Cuando te vieron las aguas, Señor,
cuando te vieron las aguas, temblaron,
¡se agitaron hasta los abismos del mar!
77:18
Las nubes derramaron aguaceros,
retumbaron los densos nubarrones
y zigzaguearon tus rayos.
77:19
El trueno resonó en la bóveda del cielo,
tus relámpagos iluminaron el mundo,
tembló y se tambaleó la tierra.
77:20
Te abriste un camino entre las aguas,
un sendero entre las aguas caudalosas,
y no quedó ningún rastro de tus huellas.
77:21
Tú guiaste a tu pueblo como a un rebaño,
por medio de Moisés y de Aarón.
Lo
que nos contaron nuestros antepasados
78:1
Poema de Asaf.
Finalidad
del poema
Pueblo
mío, escucha mi enseñanza,
presta atención a las palabras de mi boca:
78:2
yo voy a recitar un poema,
a revelar enigmas del pasado.
78:3
Lo que hemos oído y aprendido,
lo que nos contaron nuestros padres,
78:4
no queremos ocultarlo a nuestros hijos,
lo narraremos a la próxima generación:
son las glorias del Señor y su poder,
las maravillas que él realizó.
78:5
El Señor dio una norma a Jacob,
estableció una ley en Israel,
y ordenó a nuestros padres
enseñar estas cosas a sus hijos.
78:6
Así las aprenderán las generaciones futuras
y los hijos que nacerán después;
y podrán contarlas a sus propios hijos,
78:7
para que pongan su confianza en Dios,
para que no se olviden de sus proezas
y observen sus mandamientos.
78:8
Así no serán como sus padres,
una raza obstinada y rebelde,
una raza de corazón inconstante
y de espíritu infiel a Dios:
78:9
como los arqueros de la tribu de Efraím,
que retrocedieron en el momento del combate.
78:10
Ellos no mantuvieron su alianza con Dios,
se negaron a seguir su ley;
78:11
olvidaron las proezas del Señor
y las maravillas que les hizo ver.
Las
maravillas del Éxodo
78:12
El Señor hizo prodigios a la vista de sus padres,
en la tierra de Egipto,
en los campos de Tanis;
78:13
abrió el Mar para darles paso
y contuvo las aguas como un dique;
78:14
de día los guiaba con la nube
y de noche, con el resplandor del fuego.
78:15
Partió las rocas en el desierto
y les dio de beber a raudales:
78:16
sacó manantiales del peñasco,
hizo correr las aguas como ríos.
La
rebeldía de Israel
78:17
Pero volvieron a pecar contra él
y a rebelarse contra el Altísimo en el desierto:
78:18
tentaron a Dios en sus corazones,
pidiendo comida a su antojo.
78:19
Hablaron contra Dios, diciendo:
"¿Acaso tiene Dios poder suficiente
para preparar una mesa en el desierto?
78:20
Es verdad que cuando golpeó la roca,
brotó el agua y desbordaron los torrentes;
pero ¿podrá también darnos pan
y abastecer de carne a su pueblo?".
78:21
El Señor, al oírlos, se indignó,
y un fuego se encendió contra Jacob;
su enojo se alzó contra Israel,
78:22
porque no creyeron en Dios
ni confiaron en su auxilio.
La
condescendencia divina
78:23
Entonces mandó a las nubes en lo alto
y abrió las compuertas del cielo:
78:24
hizo llover sobre ellos el maná,
les dio como alimento un trigo celestial;
78:25
todos comieron un pan de ángeles,
les dio comida hasta saciarlos.
78:26
Hizo soplar desde el cielo el viento del este,
atrajo con su poder el viento del sur;
78:27
hizo llover sobre ellos carne como polvo
y pájaros como arena del mar:
78:28
los dejó caer en medio del campamento,
alrededor de sus carpas.
78:29
Ellos comieron y se hartaron,
el Señor les dio lo que habían pedido;
78:30
pero apenas saciaron su avidez,
cuando aún estaban con la boca llena,
78:31
la ira del Señor se desató contra ellos:
hizo estragos entre los más fuertes
y abatió a lo mejor de Israel.
La
infidelidad del Pueblo y la misericordia de Dios
78:32
A pesar de todo, volvieron a pecar
y no creyeron en sus maravillas;
78:33
por eso él acabó sus días como un soplo,
y sus años en un solo instante.
78:34
Cuando los hacía morir, lo buscaban
y se volvían a él ansiosamente:
78:35
recordaban que Dios era su Roca,
y el Altísimo, su libertador.
78:36
Pero lo elogiaban de labios para afuera
y mentían con sus lenguas;
78:37
su corazón no era sincero con él
y no eran fieles a su alianza.
78:38
El Señor, que es compasivo,
los perdonaba en lugar de exterminarlos;
una y otra vez reprimió su enojo
y no dio rienda suelta a su furor:
78:39
sabía que eran simples mortales,
un soplo que pasa y ya no vuelve.
78:40
¡Cuántas veces lo irritaron en el desierto
y lo afligieron en medio de la soledad!
78:41
Volvían a tentar a Dios
y a exasperar al Santo de Israel,
78:42
sin acordarse de lo que hizo su mano,
cuando los rescató de la opresión.
Las
intervenciones de Dios en favor de su Pueblo
78:43
Porque él hizo portentos en Egipto
y prodigios en los campos de Tanis;
78:44
convirtió en sangre sus canales,
y también sus ríos, para que no bebieran;
78:45
les mandó tábanos
voraces
y ranas
que hacían estragos.
78:46
Entregó sus cosechas al pulgón
y el fruto de sus trabajos a las langostas;
78:47
destruyó sus viñedos con el granizo
y sus higueras con la helada;
78:48
desató la peste contra el ganado
y la fiebre contra los rebaños.
78:49
Lanzó contra ellos el ardor de su enojo,
su ira, su furor y su indignación
un tropel de mensajeros de desgracias
78:50
dando así libre curso a su furor;
no los quiso librar de la muerte,
hizo que la peste acabara con sus vidas.
78:51
Hirió a los primogénitos de Egipto,
a los hijos mayores de la tierra de Cam;
78:52
sacó a su pueblo como a un rebaño,
y los guió como a ovejas por el desierto:
78:53
los condujo seguros y sin temor,
mientras el Mar cubría a sus adversarios.
78:54
Los llevó hasta su Tierra santa,
hasta la Montaña que adquirió con su mano;
78:55
delante de ellos expulsó a las naciones,
les asignó por sorteo una herencia
e instaló en sus carpas a las tribus de Israel.
El
castigo de la infidelidad
78:56
Pero ellos tentaron e irritaron a Dios,
no observaron los preceptos del Altísimo;
78:57
desertaron y fueron traidores como sus padres,
se desviaron como un arco fallido.
78:58
Lo afligieron con sus lugares de culto,
le provocaron celos con sus ídolos:
78:59
Dios lo advirtió y se llenó de indignación,
y rechazó duramente a Israel.
78:60
Abandonó la Morada de Silo,
la Carpa donde habitaba entre los hombres;
78:61
entregó su Fortaleza al cautiverio,
su Arca gloriosa en manos del enemigo.
78:62
Entregó su pueblo a la espada,
se enfureció contra su herencia;
78:63
el fuego devoró a sus jóvenes,
y no hubo canto nupcial para sus vírgenes;
78:64
sus sacerdotes cayeron bajo la espada,
y sus viudas no pudieron celebrar el duelo.
La
elección de Judá y de David
78:65
Pero el Señor se levantó como de un sueño,
como un guerrero adormecido por el vino:
78:66
él hirió al enemigo con la espada,
le infligió una derrota completa.
78:67
Rechazó a los campamentos de José
y no eligió a la tribu de Efraím:
78:68
eligió a la tribu de Judá,
a la montaña de Sión, su predilecta.
78:69
Construyó su Santuario como el cielo en lo alto,
como la tierra, que cimentó para siempre;
78:70
y eligió a David, su servidor,
sacándolo de entre los rebaños de ovejas.
78:71
Cuando iba detrás de las ovejas, lo llamó
para que fuera pastor de Jacob, su pueblo,
y de Israel, su herencia;
78:72
él los apacentó con integridad de corazón
y los guió con la destreza de su mano.
Han
profanado, Señor, tu santo templo
79:1
Salmo de Asaf.
La
destrucción de la Ciudad santa
Señor, los paganos invadieron tu herencia,
profanaron tu santo Templo,
hicieron de Jerusalén un montón de ruinas;
79:2
dieron los cadáveres de tus servidores
como pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus amigos, a las fieras de la tierra.
79:3
Derramaron su sangre como agua
alrededor de Jerusalén
y nadie les daba sepultura.
79:4
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
79:5
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Estarás enojado para siempre?
¿Arderán tus celos como un fuego?
Súplica
por la liberación
79:6
Derrama tu furor
sobre las naciones que no te reconocen,
y sobre los reinos que no invocan tu Nombre,
79:7
porque han devorado a Jacob,
y han devastado su dominio.
79:8
No recuerdes para nuestro mal
las culpas de otros tiempos;
compadécete pronto de nosotros,
porque estamos totalmente abatidos.
79:9
Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu Nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados,
a causa de tu Nombre.
79:10
¿Por qué han de decir los paganos:
"¿Dónde está su Dios?"
Que se ponga de manifiesto entre las naciones,
ante nuestros propios ojos,
cómo has vengado la sangre de tus servidores,
que ha sido derramada.
79:11
Llegue hasta tu presencia
el lamento de los cautivos,
preserva con tu brazo poderoso
a los que están condenados a muerte.
79:12
Devuelve siete veces a nuestros vecinos
la afrenta que te hicieron, Señor.
79:13
Y nosotros, que somos tu pueblo
y las ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias para siempre,
y cantaremos tus alabanzas
por todas las generaciones.
Que
resplandezca tu rostro, Señor, y nos salvarás
80:1
Del maestro de coro. Según la melodía de "Los lirios".
Testimonio. De Asaf. Salmo.
Lamentación
por la ruina nacional
80:2
Escucha, Pastor de Israel,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que tienes el trono sobre los querubines,
80:3
resplandece ante Efraím, Benjamín y Manasés;
reafirma tu poder y ven a salvarnos.
80:4
¡Restáuranos, Señor de los ejércitos,
que brille tu rostro y seremos salvados!
80:5
Señor de los ejércitos,
¿hasta cuándo durará tu enojo,
a pesar de las súplicas de tu pueblo?
80:6
Les diste de comer un pan de lágrimas,
les hiciste beber lágrimas a raudales;
80:7
nos entregaste a las disputas de nuestros vecinos,
y nuestros enemigos se burlan de nosotros.
80:8
¡Restáuranos, Señor de los ejércitos,
que brille tu rostro y seremos salvados!
Israel,
la vid del Señor
80:9
Tú sacaste de Egipto una vid,
expulsaste a los paganos y la plantaste;
80:10
le preparaste el terreno, echó raíces
y llenó toda la región.
80:11
Las montañas se cubrieron con su sombra,
y los cedros más altos con sus ramas;
80:12
extendió sus sarmientos hasta el mar
y sus retoños hasta el Río.
80:13
¿Por qué has derribado sus cercos
para que puedan saquearla
todos los que pasan?
80:14
Los jabalíes del bosque la devastan
y se la comen los animales del campo.
Plegaria
y promesa de fidelidad
80:15
Vuélvete, Señor de los ejércitos,
observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu vid,
80:16
la cepa que plantó tu mano,
el retoño que tú hiciste vigoroso.
80:17
¡Que perezcan ante el furor de tu mirada
los que le prendieron fuego y la talaron!
80:18
Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,
al hombre que tú fortaleciste,
80:19
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.
80:20
¡Restáuranos, Señor de los ejércitos,
que brille tu rostro y seremos salvados!