SALMOS


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SALMO 121 (120)

Mi auxilio viene del Señor
121:
1 Canto de peregrinación.
Levanto mis ojos a las montañas:
¿de dónde me vendrá la ayuda?
121:2 La ayuda me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
121:3 Él no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!
121:4 No, no duerme ni dormita
él guardián de Israel.
121:5 El Señor es tu guardián,
es la sombra protectora a tu derecha:
121:6 de día, no te dañará el sol,
ni la luna de noche.
121:7 El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.
121:8 Él te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre.

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SALMO 122 (121)

Vamos a la casa del Señor
122:
1 Canto de peregrinación. De David.
¡Qué alegría cuando me dijeron:
"Vamos a la Casa del Señor"!
122:2 Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.
122:3 Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
122:4 Allí suben las tribus,
las tribus del Señor
—según es norma en Israel—
para celebrar el nombre del Señor.
122:5 Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.
122:6 Auguren la paz a Jerusalén:
"¡Vivan seguros los que te aman!
122:7 ¡Haya paz en tus muros
y seguridad en tus palacios!".
122:8 Por amor a mis hermanos y amigos,
diré: "La paz esté contigo".
122:9 Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios,
buscaré tu felicidad.

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SALMO 123 (122)

A ti, Señor, levanto mis ojos
123:
1 Canto de peregrinación.
Levanto mis ojos hacia ti,
que habitas en el cielo.
123:2 Como los ojos de los servidores
están fijos en las manos de su señor,
y los ojos de la servidora
en las manos de su dueña:
así miran nuestros ojos al Señor, nuestro Dios,
hasta que se apiade de nosotros.
123:3 ¡Ten piedad, Señor,
ten piedad de nosotros,
porque estamos hartos de desprecios!
123:4 Nuestra alma está saturada
de la burla de los arrogantes,
del desprecio de los orgullosos.

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SALMO 124 (123)

Nuestro auxilio es el Señor
124:
1 Canto de peregrinación. De David.
Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte
—que lo diga Israel—
124:2 si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando los hombres se alzaron contra nosotros,
124:3 nos habrían devorado vivos.
Cuando ardió su furor contra nosotros,
124:4 las aguas nos habrían inundado,
un torrente nos habría sumergido,
124:5 nos habrían sumergido las aguas turbulentas.
124:6 ¡Bendito sea el Señor, que no nos entregó
como presa de sus dientes!
124:7 Nuestra vida se salvó como un pájaro
de la trampa del cazador:
la trampa se rompió y nosotros escapamos.
124:8 Nuestra ayuda está en el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

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SALMO 125 (124)

Paz a Israel
125:
1 Canto de peregrinación.
Los que confían en el Señor
son como el monte Sión,
que permanece inconmovible para siempre.
125:2 Jerusalén está rodeada de montañas:
así rodea el Señor a su pueblo,
desde ahora y para siempre.
125:3 No permanecerá el cetro de los malvados
sobre la herencia de los justos;
no sea que también los justos
inclinen sus manos a la maldad.
125:4 Colma de bienes, Señor, a los buenos
y a los rectos de corazón.
125:5 ¡Que el Señor haga ir con los malvados
a los que se desvían por caminos tortuosos!
¡Paz a Israel!

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SALMO 126 (125)

El Señor ha hecho grandes cosas por nosotros
126:
1 Canto de peregrinación.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
126:2 nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones.
Hasta los mismos paganos decían:
"¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!"
126:3 ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría!
126:4 ¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
126:5 Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones.
126:6 El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas.

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SALMO 127 (126)

Si el Señor no construye la casa...
127:
1 Canto de peregrinación. De Salomón.
Si el Señor no edifica la casa,
en vano trabajan los albañiles;
si el Señor no custodia la ciudad,
en vano vigila el centinela.
127:2 Es inútil que ustedes madruguen;
es inútil que velen hasta muy tarde
y se desvivan por ganar el pan:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
127:3 Los hijos son un regalo del Señor,
el fruto del vientre es una recompensa;
127:4 como flechas en la mano de un guerrero
son los hijos de la juventud.
127:5 ¡Feliz el hombre
que llena con ellos su aljaba!
No será humillado al discutir con sus enemigos
en la puerta de la ciudad.

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SALMO 128 (127)

Que el Señor te bendiga desde Sión
128:
1 Canto de peregrinación.
¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
128:2 Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.
128:3 Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.
128:4 ¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
128:5 ¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:
que contemples la paz de Jerusalén
128:6 y veas a los hijos de tus hijos!
¡Paz a Israel!

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SALMO 129 (128)

El Señor ha roto el yugo de los malvados
129:
1 Canto de peregrinación.
¡Cuánto me han asediado desde mi juventud
—que lo diga Israel—
129:2 cuánto me han asediado desde mi juventud,
pero no pudieron contra mí!
129:3 Clavaron un arado en mis espaldas
y abrieron largos surcos.
129:4 Pero el Señor, que es justo,
rompió el yugo de los impíos.
129:5 ¡Retrocedan llenos de vergüenza
todos los que aborrecen a Sión:
129:6 sean como la hierba de los techos,
que se seca antes de ser arrancada!
129:7 Con ella, el segador no llena su mano,
ni cubre su pecho el que ata las gavillas.
129:8 Y nadie comenta al pasar:
"El Señor los ha bendecido".
Descienda sobre ustedes nuestra bendición,
en el nombre del Señor.

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SALMO 130 (129)

Desde lo más profundo clamo a ti, Señor
130:
1 Canto de peregrinación.
Desde lo más profundo te invoco, Señor.
130:2 ¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos
al clamor de mi plegaria.
130:3 Si tienes en cuenta las culpas, Señor,
¿quién podrá subsistir?
130:4 Pero en ti se encuentra el perdón,
para que seas temido.
130:5 Mi alma espera en el Señor,
y yo confío en su palabra.
130:6 Mi alma espera al Señor,
más que el centinela la aurora.
Como el centinela espera la aurora,
130:7 espere Israel al Señor,
porque en él se encuentra la misericordia
y la redención en abundancia:
130:8 él redimirá a Israel
de todos sus pecados. Mateo 1, 21 Tito 2, 14

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