SALMOS


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SALMO 1

El Señor protege el camino de los justos
1:1 ¡Feliz el hombre
que no sigue el consejo de los malvados,
ni se detiene en el camino de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los impíos,
1:2 sino que se complace en la ley del Señor
y la medita de día y de noche!
1:3 Él es como un árbol
plantado al borde de las aguas, Jeremías 17, 8
que produce fruto a su debido tiempo,
y cuyas hojas nunca se marchitan:
todo lo que haga le saldrá bien.

1:4
No sucede así con los malvados:
ellos son como paja que se lleva el viento.

1:5
Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la asamblea de los justos;

1:6
porque el Señor cuida el camino de los justos,
pero el camino de los malvados termina mal.

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SALMO 2

El rey davídico, figura del Mesías
La rebelión de los reyes vasallos
2:1 ¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos hacen vanos proyectos?
2:2 Los reyes de la tierra se sublevan,
y los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Ungido: Hechos 4, 25-26
2:3 "Rompamos sus ataduras,
librémonos de su yugo".

El Señor, defensor de su Ungido
2:4 El que reina en el cielo se sonríe;
el Señor se burla de ellos.
2:5 Luego los increpa airadamente
y los aterra con su furor:
2:6 "Yo mismo establecí a mi Rey
en Sión, mi santa Montaña".

Los privilegios del Rey
2:
7 Voy a proclamar el decreto del Señor:
Él me ha dicho: "Tú eres mi hijo,
yo te he engendrado hoy. Hechos 13, 33 Hebreos 1, 5 Hebreos 5, 5
2:8 Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
y como propiedad, los confines de la tierra.
2:9 Los quebrarás con un cetro de hierro, Apocalipsis 2, 26-27 Apocalipsis 12, 5 Apocalipsis 19, 15
los destrozarás como a un vaso de arcilla".

Advertencia contra los rebeldes
2:
10 Por eso, reyes, sean prudentes;
aprendan, gobernantes de la tierra.
2:11 Sirvan al Señor con temor;
2:12 temblando, ríndanle homenaje,
no sea que se irrite y vayan a la ruina,
porque su enojo se enciende en un instante.
¡Felices los que se refugian en él!

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SALMO 3

Tú, Señor, eres mi escudo protector
3:
1 Salmo de David. Cuando huía de su hijo Absalón. 2 Samuel 15, 13--17, 22
3:2 Señor, ¡qué numerosos son mis adversarios,
cuántos los que se levantan contra mí!
3:3 ¡Cuántos son los que dicen de mí:
"Dios ya no quiere salvarlo"! Pausa
3:4 Pero tú eres mi escudo protector y mi gloria,
tú mantienes erguida mi cabeza.
3:5 Invoco al Señor en alta voz
y él me responde desde su santa Montaña.
3:6 Yo me acuesto y me duermo,
y me despierto tranquilo
porque el Señor me sostiene.
3:7 No temo a la multitud innumerable,
apostada contra mí por todas partes.
3:8 ¡Levántate, Señor!
¡Sálvame, Dios mío!
Tú golpeas en la mejilla a mis enemigos
y rompes los dientes de los malvados.
3:9 ¡En ti, Señor, está la salvación,
y tu bendición sobre tu pueblo! Pausa

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SALMO 4

Me diste alivio en la angustia
4:1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda.
Salmo de David.
4:2 Respóndeme cuando te invoco, Dios, mi defensor,
tú, que en la angustia me diste un desahogo:
ten piedad de mí y escucha mi oración.
4:3 Y ustedes, señores,
¿hasta cuando ultrajarán al que es mi Gloria,
amarán lo que es falso
y buscarán lo engañoso? Pausa
4:4 Sepan que el Señor hizo maravillas por su amigo:
él me escucha siempre que lo invoco.
4:5 Tiemblen, y no pequen más; Efesios 4, 26 Pausa
reflexionen en sus lechos y guarden silencio,
4:6 ofrezcan los sacrificios que son debidos
y tengan confianza en el Señor.
4:7 Hay muchos que preguntan:
"¿Quién nos mostrará la felicidad,
si la luz de tu rostro, Señor,
se ha alejado de nosotros?"
4:8 Pero tú has puesto en mi corazón más alegría
que cuando abundan el trigo y el vino.
4:9 Me acuesto en paz y en seguida me duermo,
porque sólo tú, Señor, aseguras mi descanso.

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SALMO 5

No eres un Dios que ame la maldad
5:1 Del maestro de coro. Para flautas. Salmo de David.
5:2 Señor, escucha mis palabras,
atiende a mis gemidos;
5:3 oye mi clamor, mi Rey y mi Dios,
porque te estoy suplicando.
5:4 Señor, de madrugada ya escuchas mi voz:
por la mañana te expongo mi causa
y espero tu respuesta.
5:5 Tú no eres un Dios que ama la maldad;
ningún impío será tu huésped,
5:6 ni los orgullosos podrán resistir
delante de tu mirada.
Tú detestas a los que hacen el mal
5:7 y destruyes a los mentirosos.
¡Al hombre sanguinario y traicionero
lo abomina el Señor!
5:8 Pero yo, por tu inmensa bondad,
llego hasta tu Casa,
y me postro ante tu santo Templo
con profundo temor.
5:9 Guíame, Señor, por tu justicia,
porque tengo muchos enemigos:
ábreme un camino llano.
5:10 En su boca no hay sinceridad,
su corazón es perverso;
su garganta es un sepulcro abierto,
aunque adulan con la lengua. Romanos 3, 13
5:11 Castígalos, Señor, como culpables,
que fracasen sus intrigas;
expúlsalo por sus muchos crímenes,
porque se han rebelado contra ti.
5:12 Así se alegrarán los que en ti se refugian
y siempre cantarán jubilosos;
tú proteges a los que aman tu Nombre,
y ellos se llenarán de gozo.
5:13 Porque tú, Señor, bendices al justo,
como un escudo lo cubre tu favor.

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SALMO 6

El Señor ha escuchado mis lamentos
6:1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda.
En octava. Salmo de David.
6:2 Señor, no me reprendas por tu enojo
ni me castigues por tu indignación. Salmo 38, 1
6:3 Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas;
sáname, porque mis huesos se estremecen.
6:4 Mi alma está atormentada,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo...?
6:5 Vuélvete, Señor, rescata mi vida,
sálvame por tu misericordia,
6:6 porque en la Muerte nadie se acuerda de ti,
¿y quién podrá alabarte en el Abismo?
6:7 Estoy agotado de tanto gemir:
cada noche empapo mi lecho con llanto,
inundo de lágrimas mi cama.
6:8 Mis ojos están extenuados por el pesar
y envejecidos a causa de la opresión.
6:9 Apártense de mí todos los malvados, Mateo 7, 23 Lucas 13, 27
porque el Señor ha oído mis sollozos.
6:10 El Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi plegaria.
6:11 ¡Que caiga sobre mis enemigos
la confusión y el terror,
y en un instante retrocedan avergonzados!

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SALMO 7

Alabaré al Señor porque es justo
7:1 Lamentación de David. La que cantó al Señor a propósito de Cus, el benjaminita.

Invocación inicial
7:
2 Señor, Dios mío, en ti me refugio:
sálvame de todos los que me persiguen;
7:3 líbrame, para que nadie pueda atraparme
como un león, que destroza sin remedio.

Declaración de la propia inocencia
7:
4 Señor, Dios mío, si cometí alguna bajeza,
o hay crímenes en mis manos;
7:5 si he pagado con traición a mi amigo
o he despojado sin razón a mi adversario:
7:6 que el enemigo me persiga y me alcance,
que aplaste mi vida contra el suelo
y deje tendidas mis entrañas en el polvo. Pausa

Apelación al Juicio de Dios
7:
7 Levántate, Señor, lleno de indignación;
álzate contra el furor de mis adversarios.
Despierta para el juicio que has convocado:
7:8 que una asamblea de pueblos te rodee,
y presídelos tú, desde lo alto.
7:9 El Señor es el Juez de las naciones:
júzgame, Señor, conforme a mi justicia
y de acuerdo con mi integridad.
7:10 ¡Que se acabe la maldad de los impíos!
Tú que sondeas las mentes y los corazones, Jeremías 17, 10 Apocalipsis 2, 23
tú que eres un Dios justo, apoya al inocente.
7:11 Mi escudo es el Dios Altísimo,
que salva a los rectos de corazón.
7:12 Dios es un Juez justo
y puede irritarse en cualquier momento.
7:13 Si no se convierten, afilará la espada,
tenderá su arco y apuntará;
7:14 preparará sus armas mortíferas,
dispondrá sus flechas incendiarias.

El pecador, autor y víctima de su maldad
7:
15 El malvado concibe la maldad,
está grávido de malicia y da a luz la mentira.
7:16 Cavó una fosa y la ahondó,
pero él mismo cayó en la fosa que hizo:
7:17 su maldad se vuelve sobre su cabeza,
su violencia recae sobre su cráneo.
7:18 Daré gracias al Señor por su justicia
y cantaré al nombre del Señor Altísimo.

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SALMO 8

Qué admirable es tu nombre en toda la tierra
8:1 Del maestro de coro. Con la cítara de Gat. Salmo de David.
8:2 ¡Señor, nuestro Dios,
qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!
Quiero adorar tu majestad sobre el cielo:
8:3 con la alabanza de los niños
y de los más pequeños, Mateo 21, 16
erigiste una fortaleza contra tus adversarios
para reprimir al enemigo y al rebelde.
8:4 Al ver el cielo, obra de tus manos,
la luna y la estrellas que has creado:
8:5 ¿qué es el hombre para que pienses en él,
el ser humano para que lo cuides? Salmo 144, 3 Job 7, 17 Hebreos 2, 6-8
8:6 Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y esplendor;
8:7 le diste dominio sobre la obra de tus manos,
todo lo pusiste bajo sus pies: Salmo 110, 1 Mateo 22, 44 Marcos 12, 36 Lucas 20, 42-43 Hechos 2, 34-35 1 Corintios 15, 25 1 Corintios 15, 27 Efesios 1, 20-22 Colosenses 3, 1 Hebreos 1, 13 Hebreos 2, 8 Hebreos 8, 1 Hebreos 10, 12-13
8:8 todos los rebaños y ganados,
y hasta los animales salvajes;
8:9 las aves del cielo, los peces del mar
y cuanto surca los senderos de las aguas.
8:10 ¡Señor, nuestro Dios,
qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

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SALMO 9

Has dado una sentencia justa
9:1 Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo de David.

Acción de gracias por la justicia de Dios
9:2 Te doy gracias, Señor, de todo corazón
y proclamaré todas tus maravillas.
9:3 Quiero alegrarme y regocijarme en ti,
y cantar himnos a tu Nombre, Altísimo.
9:4 Cuando retrocedían mis enemigos,
tropezaron y perecieron delante de ti,
9:5 porque tú defendiste mi derecho y mi causa,
sentándote en el trono como justo Juez.
9:6 Escarmentaste a las naciones,
destruiste a los impíos
y borraste sus nombres para siempre;
9:7 desapareció el enemigo: es una ruina irreparable;
arrasaste las ciudades, y se perdió hasta su recuerdo.
9:8 Pero el Señor reina eternamente
y establece su trono para el juicio:
9:9 él gobierna al mundo con justicia
y juzga con rectitud a las naciones.
9:10 El Señor es un baluarte para el oprimido,
un baluarte en los momentos de peligro.
9:11 ¡Confíen en ti los que veneran tu Nombre,
porque tú no abandonas a los que te buscan!
9:12 Canten al Señor, que reina en Sión,
proclamen entre los pueblos sus proezas.
9:13 Porque él pide cuenta de la sangre,
se acuerda de los pobres y no olvida su clamor.
9:14 El Señor se apiadó de mí, contempló mi aflicción;
me tomó y me alzó de las puertas de la Muerte,
9:15 para que pudiera proclamar sus alabanzas
y alegrarme por su victoria en las puertas de Sión.

La derrota de los impíos
9:16 Los pueblos se han hundido en la fosa que abrieron,
su pie quedó atrapado en la red que ocultaron.
9:17 El Señor se dio a conocer, hizo justicia,
y el impío se enredó en sus propias obras. Sordina
Pausa
9:18 Vuelvan al Abismo los malvados,
todos los pueblos que se olvidan de Dios.
9:19 Porque el pobre no será olvidado para siempre
ni se malogra eternamente la esperanza del humilde.
9:20 ¡Levántate, Señor!
Que los hombres no se envanezcan,
y las naciones sean juzgadas en tu presencia.
9:21 Infúndeles pánico, Señor,
para que aprendan que no son más que hombres. Pausa

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SALMO 10 (9)

La arrogancia y la prepotencia de los malvados
10:1 ¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te ocultas en los momentos de peligro?
10:2 El pobre se consume por la soberbia del malvado
y queda envuelto en las intrigas tramadas contra él.
10:3 Porque el malvado se jacta de su ambición,
el codicioso blasfema y menosprecia al Señor;
10:4 el impío exclama en el colmo de su arrogancia:
"No hay ningún Dios que me pida cuenta".
Esto es lo único que piensa.
10:5 Sus caminos prosperan constantemente;
tus juicios, allá arriba, lo tienen sin cuidado;
elimina de un soplo a todos sus rivales
10:6 y se dice a sí mismo: "No vacilaré,
seré siempre feliz, no tendré contrariedades".
10:7 Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de violencias; Romanos 3, 14
detrás de sus palabras hay malicia y opresión;
10:8 se pone al acecho en los poblados
y mata al inocente en lugares ocultos.
Sus ojos espían a los débiles;
9 acecha ocultamente como el león en su guarida;
se agazapa para atrapar al pobre,
y lo atrapa arrastrándolo en sus redes.
10:10 Espía, se inclina, se dobla,
y cae sobre el débil con todas sus fuerzas.
10:11 Luego piensa: "Dios lo olvida;
aparta su rostro y nunca ve nada".

Súplica al Señor, defensor de los humildes
10:12 ¡Levántate, Señor Dios, alza tu mano,
no te olvides de los pobres!
10:13 ¿Por qué el malvado desprecia a Dios,
pensando que tú no pides cuenta?
10:14 Pero tú lo estás viendo:
tú consideras los trabajos y el dolor,
para tomarlos en tus propias manos.
El débil se encomienda a ti;
tú eres el protector del huérfano.
10:15 ¡Quiebra el brazo del malvado y del impío,
castiga su malicia y no subsistirá!
10:16 El Señor reina para siempre
y los paganos desaparecerán de la tierra.
10:17 Tú, Señor, escuchas los deseos de los pobres,
los reconfortas y les prestas atención.
10:18 Tú haces justicia al huérfano y al oprimido:
¡que el hombre hecho de tierra no infunda más temor!

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