EVANGELIO
SEGÚN SAN MATEO
CAPÍTULO
16
La
interpretación de los signos de los tiempos
Mateo
12, 38-42 / Marcos
8, 11-12 / Lucas
11, 29-32
16:1
Los fariseos y los saduceos se acercaron a él y, para ponerlo a prueba,
le pidieron que les hiciera ver un signo del cielo. 
16:2 Él les respondió: "Al
atardecer, ustedes dicen: "Va a hacer buen tiempo, porque el cielo está
rojo como el fuego".
16:3 Y de madrugada, dicen: "Hoy
habrá tormenta, porque el cielo está rojo oscuro". ¡De
manera que saben interpretar el aspecto del cielo, pero no los signos de los
tiempos!
16:4 Esta generación malvada y
adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro signo que el de Jonás". Y en seguida
los dejó y se fue.
Advertencia
contra la doctrina de los fariseos y los saduceos
Marcos
8, 14-21
16:5
Al pasar a la otra orilla, los discípulos se olvidaron de llevar pan.
16:6 Jesús les dijo: "Estén
atentos y cuídense de la levadura de los fariseos y de los saduceos".
16:7 Ellos pensaban: "Lo dice porque
no hemos traído pan".
16:8 Jesús se dio cuenta y les
dijo: "Hombres de poca fe, ¿cómo están pensando
que no tienen pan?
16:9 ¿Todavía no comprenden?
¿No se acuerdan de los cinco panes para cinco mil personas y del número de canastas que juntaron?
16:10 ¿Y tampoco recuerdan los
siete panes para cuatro mil personas, y cuántas canastas recogieron?
16:11 ¿Cómo no comprenden
que no me refería al pan? ¡Cuídense de la levadura de
los fariseos y de los saduceos!"
16:12 Entonces entendieron que les había
dicho que se cuidaran, no de la levadura del pan, sino de la doctrina de los
fariseos y de los saduceos.
La
profesión de fe de Pedro
Marcos
8, 27-30 / Lucas
9, 18-21 / Juan
6, 64-71
16:13
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó
a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo
del hombre? ¿Quién dicen que es?"
16:14 Ellos le respondieron: "Unos
dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías
o alguno de los profetas". 
16:15 "Y ustedes, les preguntó,
¿quién dicen que soy?"
16:16 Tomando la palabra, Simón
Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de
Dios vivo". 
16:17 Y Jesús le dijo: "Feliz
de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado
ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
16:18 Y yo te digo: Tú eres Pedro,
y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no
prevalecerá contra ella.
16:19 Yo te daré las llaves del
Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en
el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el
cielo". 
16:20 Entonces ordenó severamente
a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
El
primer anuncio de la Pasión
Marcos
8, 31-33 / Lucas
9, 22
16:21
Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos
que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos,
de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado
a muerte y resucitar al tercer día. 
16:22 Pedro lo llevó aparte y comenzó
a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá".
16:23 Pero él, dándose vuelta,
dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí,
Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque
tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".
Condiciones
para seguir a Jesús
Marcos
8, 34-38 / Lucas
9, 23-27
16:24
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir
detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con
su cruz y me siga. 
16:25 Porque el que quiera salvar su vida,
la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. 
16:26 ¿De qué le servirá
al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá
dar el hombre a cambio de su vida?
16:27 Porque el Hijo
del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras. 
16:28 Les aseguro que algunos de los que
están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo
del hombre, cuando venga en su Reino".

CAPÍTULO
17
La
transfiguración de Jesús
Marcos
9, 2-9 / Lucas
9, 28-36
17:1
Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago
y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado.
17:2 Allí se transfiguró
en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas
como la luz.
17:3 De pronto se les aparecieron Moisés
y Elías, hablando con Jesús.
17:4 Pedro dijo a Jesús: "Señor,
¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí
mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
17:5 Todavía estaba hablando, cuando
una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz
que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien
tengo puesta mi predilección: escúchenlo". 
17:6 Al oír esto, los discípulos
cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor.
17:7 Jesús se acercó a ellos
y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo".
17:8 Cuando alzaron los ojos, no vieron
a nadie más que a Jesús solo.
17:9 Mientras bajaban del monte, Jesús
les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que
el Hijo del hombre resucite de entre los muertos".
Elías,
figura de Juan el Bautista
Marcos
9, 11-13
17:10
Entonces los discípulos le preguntaron: "¿Por qué
dicen los escribas que primero debe venir Elías?" 
17:11 Él respondió: "Sí,
Elías debe venir a poner en orden todas las cosas;
17:12 pero les aseguro que Elías
ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron.
Y también harán padecer al Hijo del hombre".
17:13 Los discípulos comprendieron
entonces que Jesús se refería a Juan el Bautista.
Curación
de un endemoniado epiléptico
Marcos
9, 14-29 / Lucas
9, 37-43
17:14
Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo
de rodillas,
17:15 le dijo: "Señor, ten
piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente
cae en el fuego y también en el agua.
17:16 Yo lo llevé a tus discípulos,
pero no lo pudieron curar".
17:17 Jesús respondió: "¡Generación
incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con
ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo
aquí".
17:18 Jesús increpó al demonio,
y este salió del niño, que desde aquel momento quedó
curado.
17:19 Los discípulos se acercaron
entonces a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué
nosotros no pudimos expulsarlo?"
17:20 "Porque
ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño
de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: "Trasládate
de aquí a allá", y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes".
El
segundo anuncio de la Pasión
Marcos
9, 30-32 / Lucas
9, 43b-45
17:22
Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: "El Hijo
del hombre va a ser entregado en manos de los hombres:
17:23 lo matarán y al tercer día
resucitará". Y ellos quedaron muy apenados.
La
contribución debida al Templo
17:24
Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del
Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: "¿El Maestro de
ustedes no paga el impuesto?"
17:25 "Sí, lo paga",
respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó
a preguntarle: "¿Qué te parece, Simón? ¿De
quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra,
de sus hijos o de los extraños?"
17:26 Y como Pedro respondió: "De
los extraños", Jesús le dijo: "Eso quiere decir que
los hijos están exentos.
17:27 Sin embargo, para no escandalizar
a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y
ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala,
y paga por mí y por ti".

INSTRUCCIÓN
A LOS DISCÍPULOS
CAPÍTULO
18
La
infancia espiritual
Marcos
9, 33-37 / Lucas
9, 46-48
18:1
En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle:
"¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?" 
18:2 Jesús llamó a un niño,
lo puso en medio de ellos
18:3 y dijo: "Les aseguro que si
ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en
el Reino de los Cielos. 
18:4 Por lo tanto, el que se haga pequeño
como este niño, será el más grande en el Reino de los
Cielos.
18:5 El que recibe a uno de estos pequeños
en mi Nombre, me recibe a mí mismo. 
La
gravedad del escándalo
Marcos
9, 42-48 / Lucas
17, 1-3
18:6
Pero si alguien escandaliza a uno de estos pequeños que creen en mí,
sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra
de moler y lo hundieran en el fondo del mar.
18:7 ¡Ay del mundo a causa de los
escándalos! Es inevitable que existan, pero ¡ay de aquel que
los causa!
18:8 Si tu mano o tu pie son para ti ocasión
de pecado, córtalos y arrójalos lejos de ti, porque más
te vale entrar en la Vida manco o lisiado, que ser arrojado con tus dos manos
o tus dos pies en el fuego eterno. 
18:9 Y si tu ojo es para ti ocasión
de pecado, arráncalo y tíralo lejos, porque más te vale
entrar con un solo ojo en la Vida, que ser arrojado con tus dos ojos en la
Gehena del fuego. 
18:10 Cuídense de despreciar a
cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles
en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.
La
oveja perdida
Lucas
15, 1-7
18:12
¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas
se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña,
para ir a buscar la que se extravió?
18:13 Y si llega a encontrarla, les aseguro
que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que
no se extraviaron.
18:14 De la misma manera, el Padre que
está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.
La
corrección fraterna
Lucas
17, 3b-4
18:15
Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás
ganado a tu hermano. 
18:16 Si no te escucha, busca una o dos
personas más, para que el asunto se decida por la declaración
de dos o tres testigos.
18:17 Si se niega a hacerles caso, dilo
a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo
como pagano o publicano.
18:18 Les aseguro
que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo,
y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. 
La
oración en común
18:19
También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para
pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá.
18:20 Porque donde hay dos o tres reunidos
en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos".
El
perdón de las ofensas
18:21
Entonces se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas
veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta
siete veces?"
18:22 Jesús le respondió:
"No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. 
La
parábola del servidor despiadado
18:23
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las
cuentas con sus servidores.
18:24 Comenzada la tarea, le presentaron
a uno que debía diez mil talentos.
18:25 Como no podía pagar, el rey
mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que
tenía, para saldar la deuda.
18:26 El servidor se arrojó a sus
pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré
todo".
18:27 El rey se compadeció, lo
dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
18:28 Al salir, este servidor encontró
a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo
del cuello hasta ahogarlo, le dijo: "Págame lo que me debes".
18:29 El otro se arrojó a sus pies
y le suplicó: "Dame un plazo y te pagaré la deuda".
18:30 Pero él no quiso, sino que
lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
18:31 Los demás servidores, al
ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a
su señor.
18:32 Este lo mandó llamar y le
dijo: "¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
18:33 ¿No debías también
tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí
de ti?"
18:34 E indignado, el rey lo entregó
en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.
18:35 Lo mismo hará también
mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

LA
CONSUMACIÓN DEL REINO DE LOS CIELOS
CAPÍTULO
19
El
matrimonio y el divorcio
Mateo
5, 27-30 / Mateo
5, 31-32 / Marcos
9, 43-47; Marcos
10, 1-12 / Lucas
16, 18
19:1
Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la
Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.
19:2 Lo siguió una gran multitud
y allí curó a los enfermos.
19:3 Se acercaron a él algunos
fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: "¿Es lícito
al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?"
19:4 Él respondió:
"¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer;
19:5 y que dijo: Por eso, el hombre
dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no
serán sino una sola carne?
19:6 De manera que ya no son dos, sino
una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido".
19:7 Le replicaron:
"Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar
una declaración de divorcio cuando uno se separa?" 
19:8 Él les dijo: "Moisés
les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón
de ustedes, pero al principio no era así.
19:9 Por lo tanto, yo les digo: El que
se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa
con otra, comete adulterio". 
La
continencia voluntaria
19:10
Los discípulos le dijeron: "Si esta es la situación del
hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse".
19:11 Y él les respondió:
"No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes
se les ha concedido.
19:12 En efecto, algunos no se casan,
porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados
por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de
los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!"
Jesús
y los niños
Marcos
10, 13-16 / Lucas
18, 15-17
19:13
Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos
y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron,
19:14 pero Jesús les dijo: "Dejen
a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino
de los Cielos pertenece a los que son como ellos".
19:15 Y después de haberles impuesto
las manos, se fue de allí.
El
joven rico
Marcos
10, 17-22 / Lucas
18, 18-23
19:16
Luego se le acercó un hombre y le preguntó: "Maestro, ¿qué
obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?"
19:17 Jesús le dijo: "¿Cómo
me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar
en la Vida eterna, cumple los Mandamientos".
19:18 "¿Cuáles?",
preguntó el hombre. Jesús le respondió: "No matarás, no
cometerás adulterio, no
robarás, no
darás falso testimonio, 
19:19 honrarás
a tu padre y a tu madre, y
amarás a tu prójimo como a ti mismo". 
19:20 El joven dijo: "Todo esto lo
he cumplido: ¿qué me queda por hacer?"
19:21 "Si quieres ser perfecto, le
dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así
tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".
19:22 Al oír estas palabras, el
joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.
El
peligro de las riquezas
Marcos
10, 23-27 / Lucas
18, 24-27
19:23
Jesús dijo entonces a sus discípulos: "Les aseguro que
difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos.
19:24 Sí, les repito, es más
fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre
en el Reino de los Cielos".
19:25 Los discípulos quedaron muy
sorprendidos al oír esto y dijeron: "Entonces, ¿quién
podrá salvarse?"
19:26 Jesús, fijando en ellos su
mirada, les dijo: "Para los hombres esto es imposible, pero para Dios
todo es posible".
La
recompensa prometida a los discípulos
Marcos
10, 28-31 / Lucas
18, 28-30 / Lucas
22, 28-30
19:27
Pedro, tomando la palabra, dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos
dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?"
19:28 Jesús les respondió:
"Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo
del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos,
para juzgar a las doce tribus de Israel. 
19:29 Y el que a causa de mi Nombre deje
casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien
veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna.
19:30 Muchos de los primeros serán
los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros. 

CAPÍTULO
20
La
parábola de los obreros de la última hora
20:1
Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió
muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.
20:2 Trató con ellos un denario
por día y los envió a su viña.
20:3 Volvió a salir a media mañana
y, al ver a otros desocupados en la plaza,
20:4 les dijo: "Vayan ustedes también
a mi viña y les pagaré lo que sea justo".
20:5 Y ellos fueron. Volvió a salir
al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
20:6 Al caer la tarde salió de
nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: "¿Cómo
se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?"
20:7 Ellos le respondieron: "Nadie
nos ha contratado". Entonces les dijo: "Vayan también ustedes
a mi viña".
20:8 Al terminar el día, el propietario
llamó a su mayordomo y le dijo: "Llama a los obreros y págales
el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros".
20:9 Fueron entonces los que habían
llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
20:10 Llegaron después los primeros,
creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un
denario.
20:11 Y al recibirlo, protestaban contra
el propietario,
20:12 diciendo: "Estos últimos
trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que
a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda
la jornada".
20:13 El propietario respondió
a uno de ellos: "Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos
tratado en un denario?
20:14 Toma lo que es tuyo y vete. Quiero
dar a este que llega último lo mismo que a ti.
20:15 ¿No tengo derecho a disponer
de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea
bueno?"
20:16 Así,
los últimos serán los primeros y los primeros serán los
últimos". 
El
tercer anuncio de la Pasión
Marcos
10, 32-34 / Lucas
18, 31-34
20:17
Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo
sólo a los Doce, y en el camino les dijo:
20:18 "Ahora subimos a Jerusalén,
donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los
escribas. Ellos lo condenarán a muerte
20:19 y lo entregarán a los paganos
para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día
resucitará". 
La
petición de la madre de Santiago y Juan
Marcos
10, 35-40
20:20
Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús,
junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.
20:21 "¿Qué quieres?",
le preguntó Jesús. Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos
se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda".
20:22 "No saben lo que piden",
respondió Jesús. "¿Pueden beber el cáliz
que yo beberé?" "Podemos", le respondieron.
20:23 "Está bien, les dijo
Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse
a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que
esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre".
El
carácter servicial de la autoridad
Marcos
10, 41-45 / Lucas
22, 24-27
20:24
Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.
20:25 Pero Jesús los llamó
y les dijo: "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre
ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
20:26 Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
20:27 y el que quiera ser el primero que
se haga su esclavo: 
20:28 como el Hijo del hombre, que no
vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".
Curación
de los dos ciegos de Jericó
Marcos
10, 46-52 / Lucas
18, 35-43
20:29
Cuando salieron de Jericó, mucha gente siguió a Jesús.
20:30 Había dos ciegos sentados
al borde del camino y, al enterarse de que pasaba Jesús, comenzaron
a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de nosotros!"
20:31 La multitud los reprendía
para que se callaran, pero ellos gritaban más: "¡Señor,
Hijo de David, ten piedad de nosotros!"
20:32 Jesús se detuvo, los llamó
y les preguntó: "¿Qué quieren que haga por ustedes?"
20:33 Ellos le respondieron: "Señor,
que se abran nuestros ojos".
20:34 Jesús se compadeció
de ellos y tocó sus ojos. Inmediatamente, recobraron la vista y lo
siguieron.

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