EVANGELIO
SEGÚN SAN LUCAS
CAPÍTULO
6
Discusión
sobre el sábado
Mateo
12, 1-8 / Marcos
2, 23-28
6:1
Un sábado, en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos
arrancaban espigas y, frotándolas entre las manos, las comían. 
6:2 Algunos fariseos les dijeron: "¿Por
qué ustedes hacen lo que no está permitido en sábado?"
6:3
Jesús les respondió: "¿Ni siquiera han leído
lo que hizo David cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
6:4 cómo entró en la Casa
de Dios y, tomando los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y dio
de comer a sus compañeros?"
6:5 Después les dijo: "El
Hijo del hombre es dueño del sábado".
Curación
de un hombre en sábado
Mateo
12, 9-14 / Marcos
3, 1-6
6:6
Otro sábado, entró en la sinagoga y comenzó a enseñar.
Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
6:7 Los escribas y los fariseos observaban
atentamente a Jesús para ver si curaba en sábado, porque querían
encontrar algo de qué acusarlo.
6:8 Pero Jesús, conociendo sus
intenciones, dijo al hombre que tenía la mano paralizada: "Levántate
y quédate de pie delante de todos". Él se levantó
y permaneció de pie.
6:9 Luego les dijo: "Yo les pregunto:
¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar
una vida o perderla?"
6:10 Y dirigiendo una mirada a todos,
dijo al hombre: "Extiende tu mano". Él la extendió
y su mano quedó curada.
6:11 Pero ellos se enfurecieron, y deliberaban
entre sí para ver qué podían hacer contra Jesús.
Institución
de los Doce
Mateo
10, 1-4 / Marcos
3, 13-19
6:12
En esos días, Jesús se retiró a una montaña para
orar, y pasó toda la noche en oración con Dios.
6:13 Cuando se hizo de día, llamó
a sus discípulos y eligió a doce de ellos, a los que dio el
nombre de Apóstoles:
6:14 Simón, a quien puso el sobrenombre
de Pedro, Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé,
6:15 Mateo, Tomás, Santiago, hijo
de Alfeo, Simón, llamado el Zelote,
6:16 Judas, hijo de Santiago, y Judas
Iscariote, que fue el traidor.
La
multitud sigue a Jesús
Mateo
9, 35-38 / Marcos
3, 7-12
6:17
Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de
sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda
la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón,
6:18 para escucharlo y hacerse curar de
sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros
quedaban curados;
6:19 y toda la gente quería tocarlo,
porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
Las
Bienaventuranzas
Mateo
5, 1-12
6:20
Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo:
"¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!
6:21 ¡Felices ustedes, los que ahora
tienen hambre, porque serán saciados!
¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!
6:22 ¡Felices ustedes, cuando los
hombres los odien, los excluyan, los insulten y proscriban su nombre, considerándolo
infame, a causa del Hijo del hombre! 
6:23 ¡Alégrense y llénense
de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande
en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas! 
La
falsa felicidad
6:24
Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!
6:25 ¡Ay de ustedes, los que ahora
están satisfechos, porque tendrán hambre!
¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la
aflicción y las lágrimas!
6:26 ¡Ay de ustedes cuando todos
los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los
falsos profetas!
El
amor a los enemigos
Mateo
5, 38-48
6:27
Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el
bien a los que los odian.
6:28 Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman.
6:29 Al que te pegue en una mejilla, preséntale
también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica.
6:30 Dale a todo el que te pida, y al
que tome lo tuyo no se lo reclames.
6:31 Hagan por los
demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. 
6:32 Si aman a aquellos que los aman,
¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a
aquellos que los aman.
6:33 Si hacen el bien a aquellos que se
lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen
también los pecadores.
6:34 Y si prestan a aquellos de quienes
esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los
pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.
6:35 Amen a sus enemigos, hagan el bien
y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será
grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno
con los desagradecidos y los malos.
La
misericordia y la benevolencia para juzgar
Mateo
7, 1-5
6:36
Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso.
6:37 No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.
6:38 Den, y se les
dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada,
sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también
se usará para ustedes". 
6:39 Les hizo también
esta comparación: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego?
¿No caerán los dos en un pozo? 
6:40 El discípulo
no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.
6:41 ¿Por qué miras la paja
que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?
6:42 ¿Cómo puedes decir
a tu hermano: "Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo", tú,
que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero
la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo
de tu hermano.
La
raíz de las buenas y de las malas obras
Mateo
7, 16-18 / Mateo
12, 33-35
6:43
No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo
que dé frutos buenos:
6:44 cada árbol se reconoce por
su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.
6:45 El hombre bueno saca el bien del
tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su
maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca. 
Necesidad
de practicar la Palabra de Dios
Mateo
7, 21.24-27 / Lucas
13, 26-27
6:46
¿Por qué ustedes me llaman: "Señor, Señor",
y no hacen lo que les digo?
6:47 Yo les diré a quién
se parece todo aquel que viene a mí, escucha mis palabras y las practica.
6:48 Se parece a un hombre que, queriendo
construir una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre la
roca. Cuando vino la creciente, las aguas se precipitaron con fuerza contra
esa casa, pero no pudieron derribarla, porque estaba bien construida.
6:49 En cambio, el que escucha la Palabra
y no la pone en práctica, se parece a un hombre que construyó
su casa sobre tierra, sin cimientos. Cuando las aguas se precipitaron contra
ella, en seguida se derrumbó, y el desastre que sobrevino a esa casa
fue grande".

CAPÍTULO
7
Curación
del sirviente de un centurión
Mateo
8, 5-13 / Juan
4, 46-53
7:1
Cuando Jesús terminó de decir todas estas cosas al pueblo, entró
en Cafarnaún.
7:2 Había allí un centurión
que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho.
7:3 Como había oído hablar
de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que
viniera a curar a su servidor.
7:4 Cuando estuvieron cerca de Jesús,
le suplicaron con insistencia, diciéndole: "El merece que le hagas
este favor,
7:5 porque ama a nuestra nación
y nos ha construido la sinagoga".
7:6 Jesús fue con ellos, y cuando
ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por
unos amigos: "Señor, no te molestes, porque no soy digno de que
entres en mi casa;
7:7 por eso no me consideré digno
de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se
sanará.
7:8 Porque yo que no soy más que
un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes cuando digo
a uno: "Ve", él va; y a otro: "Ven", él
viene; y cuando digo a mi sirviente: "¡Tienes que hacer esto!",
él lo hace".
7:9 Al oír estas palabras, Jesús
se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía,
dijo: "Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe".
7:10 Cuando los enviados regresaron a
la casa, encontraron al sirviente completamente sano.
Resurrección del hijo de una viuda
7:11 En seguida, Jesús se dirigió
a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos
y de una gran multitud.
7:12 Justamente cuando se acercaba a la
puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer
viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
7:13 Al verla, el Señor se conmovió
y le dijo: "No llores".
7:14 Después se acercó y
tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús
dijo: "Joven, yo te lo ordeno, levántate".
7:15 El muerto se incorporó y empezó
a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
7:16 Todos quedaron sobrecogidos de temor
y alababan a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha aparecido en medio de
nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo".
7:17 El rumor de lo que Jesús acababa
de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.
Los
signos mesiánicos
Mateo
11, 2-19
7:18
Juan fue informado de todo esto por sus discípulos y, llamando a dos
de ellos,
7:19 los envió a decir al Señor:
"¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?"
7:20 Cuando se presentaron ante él,
le dijeron: "Juan el Bautista nos envía a preguntarte: "¿Eres
tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?""
7:21 En esa ocasión, Jesús
curó a mucha gente de sus enfermedades, de sus dolencias y de los malos
espíritus, y devolvió la vista a muchos ciegos.
7:22 Entonces respondió
a los enviados: "Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído:
los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan, la
Buena Noticia es anunciada a los pobres. 
7:23 ¡Y feliz aquel para quien yo
no sea motivo de tropiezo!"
Testimonio
de Jesús sobre Juan el Bautista
Mateo
11, 7-15
7:24
Cuando los enviados de Juan partieron, Jesús comenzó a hablar
de él a la multitud, diciendo: "¿Qué salieron a
ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
7:25 ¿Qué salieron a ver?
¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que llevan suntuosas vestiduras
y viven en la opulencia, están en los palacios de los reyes.
7:26 ¿Qué salieron a ver
entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que
un profeta.
7:27 Él es aquel de quien está
escrito:
Yo envío a mi mensajero delante de ti
para prepararte el camino. 
7:28 Les aseguro que no ha nacido ningún
hombre más grande que Juan, y sin embargo, el más pequeño
en el Reino de Dios es más grande que él.
7:29 Todo el pueblo que lo escuchaba,
incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo
de Juan.
7:30 Pero los fariseos y los doctores
de la Ley, al no hacerse bautizar por él, frustraron el designio de
Dios para con ellos. 
Reproche
de Jesús a sus compatriotas
Mateo
11, 16-19
7:31
¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación?
¿A quién se parecen?
7:32 Se parecen a esos muchachos que están
sentados en la plaza y se dicen entre ellos:
"¡Les tocamos la flauta,
y ustedes no bailaron!
¡Entonamos cantos fúnebres,
y no lloraron!"
7:33 Porque llegó Juan el Bautista,
que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: "¡Ha perdido la
cabeza!"
7:34 Llegó el Hijo del hombre,
que come y bebe, y dicen: "¡Es un glotón y un borracho,
amigo de publicanos y pecadores!"
7:35 Pero la Sabiduría ha sido
reconocida como justa por todos sus hijos".
La
pecadora perdonada
7:36
Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús
entró en la casa y se sentó a la mesa.
7:37 Entonces una mujer pecadora que vivía
en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del
fariseo, se presentó con un frasco de perfume.
7:38 Y colocándose detrás
de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos
con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de
besos y los ungía con perfume. 
7:39 Al ver esto, el fariseo que lo había
invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién
es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!"
7:40 Pero Jesús le dijo: "Simón,
tengo algo que decirte". "Di, Maestro", respondió él.
7:41 "Un prestamista tenía
dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta.
7:42 Como no tenían con qué
pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo
amará más?"
7:43 Simón contestó: "Pienso
que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has
juzgado bien".
7:44 Y volviéndose hacia la mujer,
dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa
y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó
con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.
7:45 Tú no me besaste; ella, en
cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies.
7:46 Tú no ungiste mi cabeza; ella
derramó perfume sobre mis pies.
7:47 Por eso te digo que sus pecados,
sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor.
Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor".
7:48 Después dijo a la mujer: "Tus
pecados te son perdonados".
7:49 Los invitados pensaron: "¿Quién
es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?"
7:50 Pero Jesús dijo a la mujer:
"Tu fe te ha salvado, vete en paz".

CAPÍTULO
8
Las
mujeres que acompañaban a Jesús
8:1
Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando
y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los
Doce
8:2 y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María,
llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
8:3 Juana, esposa de Cusa, intendente
de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes. 
La
parábola del sembrador
Mateo
13, 4-9 / Marcos
4, 1-9
8:4 Como se reunía una gran multitud
y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les
dijo, valiéndose de una parábola:
8:5 "El sembrador salió a
sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde
del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo.
8:6 Otra parte cayó sobre las piedras
y, al brotar, se secó por falta de humedad.
8:7 Otra cayó entre las espinas,
y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron.
8:8 Otra parte cayó en tierra fértil,
brotó y produjo fruto al ciento por uno". Y una vez que dijo esto,
exclamó: "¡El que tenga oídos para oír, que
oiga!"
Finalidad
de las parábolas
Mateo
13, 10-17 / Marcos
4, 10-12
8:9
Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola,
8:10 y Jesús les dijo: "A
ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los
demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren
sin ver y oigan sin comprender. 
Explicación
de la parábola del sembrador
Mateo
13, 18-23 / Marcos
4, 13-20
8:11
La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios.
8:12 Los que están al borde del
camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra
de sus corazones, para que no crean y se salven.
8:13 Los que están sobre las piedras
son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no
tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación
se vuelven atrás.
8:14 Lo que cayó entre espinas
son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres
de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar.
8:15 Lo que cayó en tierra fértil
son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen,
y dan fruto gracias a su constancia.
La
parábola de la lámpara
Marcos
4, 21-23 / Lucas
11, 33-36
8:16
No se enciende una lámpara para cubrirla con un recipiente o para ponerla
debajo de la cama, sino que se la coloca sobre un candelero, para que los que entren vean la luz.
8:17 Porque no hay nada oculto que no
se descubra algún día, ni nada secreto que no deba ser conocido
y divulgado. 
8:18 Presten atención
y oigan bien, porque al que tiene, se le dará, pero al que no tiene,
se le quitará hasta lo que cree tener". 
La
verdadera familia de Jesús
Mateo
12, 46-50 / Marcos
3, 31-35
8:19
Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa
de la multitud.
8:20 Entonces le anunciaron a Jesús:
"Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte".
8:21 Pero él les respondió:
"Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la
practican".
La
tempestad calmada
Mateo
8, 23-27 / Marcos
4, 35-41
8:22
Un día, Jesús subió con sus discípulos a una barca
y les dijo: "Pasemos a la otra orilla del lago". Ellos partieron,
8:23 y mientras navegaban, Jesús
se durmió. Entonces se desencadenó sobre el lago un fuerte vendaval;
la barca se iba llenando de agua, y ellos corrían peligro.
8:24 Los discípulos se acercaron
y lo despertaron, diciendo: "¡Maestro, Maestro, nos hundimos!".
Él se despertó e increpó al viento y a las olas; estas
se apaciguaron y sobrevino la calma.
8:25 Después les dijo: "¿Dónde
está la fe de ustedes?". Y ellos, llenos de temor y admiración,
se decían unos a otros: "¿Quién es este que ordena
incluso al viento y a las olas, y le obedecen?"
Curación
del endemoniado de Gerasa
Mateo
8, 28-34 / Marcos
5, 1-20
8:26
Después llegaron a la región de los gerasenos, que está
situada frente a Galilea.
8:27 Jesús acababa de desembarcar,
cuando salió a su encuentro un hombre de la ciudad, que estaba endemoniado.
Desde hacía mucho tiempo no se vestía, y no vivía en
una casa, sino en los sepulcros.
8:28 Al ver a Jesús, comenzó
a gritar, cayó a sus pies y dijo con voz potente: "¿Qué
quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? Te ruego
que no me atormentes".
8:29 Jesús, en efecto, estaba ordenando
al espíritu impuro que saliera de aquel hombre. Muchas veces el espíritu
se había apoderado de él, y aunque lo ataban con cadenas y grillos
para sujetarlo, él rompía sus ligaduras y el demonio lo arrastraba
a lugares desiertos.
8:30 Jesús le preguntó:
"¿Cuál es tu nombre?" "Legión", respondió,
porque eran muchos los demonios que habían entrado en él.
8:31 Y le suplicaban que no les ordenara
precipitarse al abismo.
8:32 Había allí una gran
piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los demonios suplicaron
a Jesús que les permitiera entrar en los cerdos. Él se lo permitió.
8:33 Entonces salieron de aquel hombre,
entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, la piara se precipitó
al mar y se ahogó.
8:34 Al ver lo que había pasado,
los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados.
8:35 En seguida la gente fue a ver lo
que había sucedido. Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron
sentado a sus pies, vestido y en su sano juicio, al hombre del que habían
salido los demonios, y se llenaron de temor.
8:36 Los que habían presenciado
el hecho les contaron cómo había sido curado el endemoniado.
8:37 Todos los gerasenos pidieron a Jesús
que se alejara de allí, porque estaban atemorizados; y él, subiendo
a la barca, regresó.
8:38 El hombre del que salieron los demonios
le rogaba que lo llevara con él, pero Jesús lo despidió,
diciéndole:
8:39 "Vuelve a tu casa y cuenta todo
lo que Dios ha hecho por ti". Él se fue y proclamó en toda
la ciudad lo que Jesús había hecho por él.
Curación
de una mujer y resurrección de la hija de Jairo
Mateo
9, 18-26 / Marcos
5, 21-43
8:40
A su regreso, Jesús fue recibido por la multitud, porque todos lo estaban
esperando.
8:41 De pronto, se presentó un
hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga, y cayendo a los pies de
Jesús, le suplicó que fuera a su casa,
8:42 porque su única hija, que
tenía unos doce años, se estaba muriendo. Mientras iba, la multitud
lo apretaba hasta sofocarlo.
8:43 Una mujer que padecía de hemorragias
desde hacía doce años y a quien nadie había podido curar,
8:44 se acercó por detrás
y tocó los flecos de su manto; inmediatamente cesó la hemorragia.
8:45 Jesús preguntó: "¿Quién
me ha tocado?" Como todos lo negaban, Pedro y sus compañeros le
dijeron: "Maestro, es la multitud que te está apretujando".
8:46 Pero Jesús respondió:
"Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza salía
de mí".
8:47 Al verse descubierta, la mujer se
acercó temblando, y echándose a sus pies, contó delante
de todos por qué lo había tocado y cómo fue curada instantáneamente.
8:48 Jesús le dijo entonces: "Hija,
tu fe te ha salvado, vete en paz".
8:49 Todavía estaba hablando, cuando
llegó alguien de la casa del jefe de la sinagoga y le dijo: "Tu
hija ha muerto, no molestes más al Maestro".
8:50 Pero Jesús, que había
oído, respondió: "No temas, basta que creas y se salvará".
8:51 Cuando llegó a la casa no
permitió que nadie entrara con él, sino Pedro, Juan y Santiago,
junto con el padre y la madre de la niña.
8:52 Todos lloraban y se lamentaban. "No
lloren, dijo Jesús, no está muerta, sino que duerme".
8:53 Y se burlaban de él, porque
sabían que la niña estaba muerta.
8:54 Pero Jesús la tomó
de la mano y la llamó, diciendo: "Niña, levántate".
8:55 Ella recuperó el aliento y
se levantó en el acto. Después Jesús ordenó que
le dieran de comer.
8:56 Sus padres se quedaron asombrados,
pero él les prohibió contar lo que había sucedido.

CAPÍTULO
9
Misión
de los Doce
Mateo
10, 5-10 / Marcos
6, 7-13
9:1
Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar
a toda clase de demonios y para curar las enfermedades.
9:2 Y los envió a proclamar el
Reino de Dios y a sanar a los enfermos,
9:3 diciéndoles: "No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan,
ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno.
9:4 Permanezcan en la casa donde se alojen,
hasta el momento de partir.
9:5 Si no los reciben, al salir de esa
ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos".
9:6 Fueron entonces de pueblo en pueblo,
anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes.
Incertidumbre
de Herodes frente a Jesús
Mateo
14, 1-2 / Marcos
6, 14-16
9:7
El tetrarca Herodes se enteró de todo lo que pasaba, y estaba muy desconcertado
porque algunos decían: "Es Juan, que ha resucitado".
9:8 Otros decían: "Es Elías,
que se ha aparecido", y otros: "Es uno de los antiguos profetas
que ha resucitado". 
9:9 Pero Herodes decía: "A
Juan lo hice decapitar. Entonces, ¿quién es este del que oigo
decir semejantes cosas?" Y trataba de verlo.
La
multiplicación de los panes
Mateo
14, 13-21 / Marcos
6, 30-44 / Juan
6, 1-15
9:10
Al regresar, los Apóstoles contaron a Jesús todo lo que habían
hecho. Él los llevó consigo, y se retiró a solas con
ellos hacia una ciudad llamada Betsaida.
9:11 Pero la multitud se dio cuenta y
lo siguió. Él los recibió, les habló del Reino
de Dios y devolvió la salud a los que tenían necesidad de ser
curados.
9:12 Al caer la tarde, se acercaron los
Doce y le dijeron: "Despide a la multitud, para que vayan a los pueblos
y caseríos de los alrededores en busca de albergue y alimento, porque
estamos en un lugar desierto".
9:13 Él les respondió: "Denles
de comer ustedes mismos". Pero ellos dijeron: "No tenemos más
que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos
para toda esta gente".
9:14 Porque eran alrededor de cinco mil
hombres. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: "Háganlos
sentar en grupos de cincuenta".
9:15 Y ellos hicieron sentar a todos.
9:16 Jesús tomó los cinco
panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció
sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a
sus discípulos para que se los sirvieran a la multitud.
9:17 Todos comieron hasta saciarse y con
lo que sobró se llenaron doce canastas.
La
profesión de fe de Pedro
Mateo
16, 13-20 / Marcos
8, 27-30 / Juan
6, 64-71
9:18
Un día en que Jesús oraba a solas y sus discípulos estaban
con él, les preguntó: "¿Quién dice la gente
que soy yo?"
9:19 Ellos le respondieron: "Unos
dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los
antiguos profetas que ha resucitado". 
9:20 "Pero ustedes, les preguntó,
¿quién dicen que soy yo?" Pedro, tomando la palabra, respondió:
"Tú eres el Mesías de Dios". 
9:21 Y él les ordenó terminantemente
que no lo dijeran a nadie.
El
primer anuncio de la Pasión
Mateo
16, 21-23 / Marcos
8, 31-33
9:22
"El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los
ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar
al tercer día". 
Condiciones
para seguir a Jesús
Mateo
16, 24-28 / Marcos
8, 34-38
9:23
Después dijo a todos: "El que quiera venir detrás de mí,
que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me
siga. 
9:24 Porque el que quiera salvar su vida,
la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. 
9:25 ¿De qué le servirá
al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?
9:26 Porque si alguien se avergüenza
de mí y de mis palabras, el Hijo del hombre se avergonzará de
él cuando venga en su gloria y en la gloria del Padre y de los santos
ángeles. 
9:27 Les aseguro que algunos de los que
están aquí presentes no morirán antes de ver el Reino
de Dios".
La
transfiguración de Jesús
Mateo
17, 1-9 / Marcos
9, 2-10
9:28
Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó
a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar.
9:29 Mientras oraba, su rostro cambió
de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante.
9:30 Y dos hombres conversaban con él:
eran Moisés y Elías,
9:31 que aparecían revestidos de
gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
9:32 Pedro y sus compañeros tenían
mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús
y a los dos hombres que estaban con él.
9:33 Mientras estos se alejaban, Pedro
dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien estamos aquí!
Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías".
Él no sabía lo que decía.
9:34 Mientras hablaba, una nube los cubrió
con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor.
9:35 Desde la nube se oyó entonces
una voz que decía: "Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo". 
9:36 Y cuando se oyó la voz, Jesús
estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron
a nadie lo que habían visto.
Curación
de un endemoniado epiléptico
Mateo
17, 14-20 / Marcos
9, 14-29
9:37
Al día siguiente, cuando bajaron de la montaña, una multitud
vino a su encuentro.
9:38 De pronto, un hombre gritó:
"Maestro, por favor, mira a mi hijo, el único que tengo.
9:39 Cada tanto un espíritu se
apodera de él y se pone a gritar; lo sacude con violencia y le hace
echar espuma por la boca. A duras penas se aparta de él, dejándolo
extenuado.
9:40 Les pedí a tus discípulos
que lo expulsaran, pero no pudieron".
9:41 Jesús le respondió:
"Generación incrédula y perversa, ¿hasta cuándo
estaré con ustedes y tendré que soportarlos? Trae aquí
a tu hijo".
9:42 El niño se estaba acercando,
cuando el demonio lo arrojó al suelo y lo sacudió violentamente.
Pero Jesús increpó al espíritu impuro, curó al
niño y lo entregó a su padre.
9:43 Todos estaban maravillados de la
grandeza de Dios.
El
segundo anuncio de la Pasión
Mateo
17, 22-23 / Marcos
9, 30-32
Mientras
todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus
discípulos:
9:44 "Escuchen bien esto que les
digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres".
9:45 Pero ellos no entendían estas
palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas,
y temían interrogar a Jesús acerca de esto.
La
verdadera grandeza
Mateo
18, 1-5 / Marcos
9, 33-37
9:46
Entonces se les ocurrió preguntarse quién sería el más
grande. 
9:47 Pero Jesús, conociendo sus
pensamientos, tomó a un niño y acercándolo,
9:48 les dijo: "El que recibe a este
niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí,
recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande".
La
intolerancia de los Apóstoles
Mateo
10, 40-42 / Marcos
9, 38-41
9:49
Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: "Maestro, hemos visto
a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo,
porque no es de los nuestros".
9:50 Pero Jesús le dijo: "No
se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con
ustedes".
LA
SUBIDA DE JESÚS A JERUSALÉN
El
paso de Jesús por Samaría
9:51 Cuando estaba por cumplirse el tiempo
de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente
hacia Jerusalén
9:52 y envió mensajeros delante
de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para
prepararle alojamiento.
9:53 Pero no lo recibieron porque se dirigía
a Jerusalén.
9:54 Cuando sus discípulos
Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres
que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?" 
9:55 Pero él se dio vuelta y los
reprendió.
9:56 Y se fueron a otro pueblo.
Exigencias
de la vocación apostólica
Mateo
8, 18-22
9:57
Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré
adonde vayas!"
9:58 Jesús le respondió:
"Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el
Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza".
9:59 Y dijo a otro: "Sígueme".
Él respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar
a mi padre".
9:60 Pero Jesús le respondió:
"Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar
el Reino de Dios".
9:61 Otro le dijo: "Te seguiré,
Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos".
9:62 Jesús le respondió:
"El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve
para el Reino de Dios".

CAPÍTULO
10
Misión
de los setenta y dos discípulos
10:1
Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos,
y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades
y sitios adonde él debía ir.
10:2 Y les dijo: "La cosecha es abundante,
pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados
que envíe trabajadores para la cosecha. 
10:3 ¡Vayan! Yo los envío
como a ovejas en medio de lobos. 
10:4 No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
10:5 Al entrar en una casa, digan primero:
"¡Que descienda la paz sobre esta casa!"
10:6 Y si hay allí alguien digno
de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá
a ustedes.
10:7 Permanezcan en esa misma casa, comiendo
y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
10:8 En las ciudades donde entren y sean
recibidos, coman lo que les sirvan;
10:9 curen a sus enfermos y digan a la
gente: "El Reino de Dios está cerca de ustedes".
10:10 Pero en todas las ciudades donde
entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan:
10:11 "¡Hasta
el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre
ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca". 
10:12 Les aseguro
que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.
Lamentación
de Jesús por las ciudades de Galilea
Mateo
11, 20-24
10:13
¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en
Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se
habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre
ceniza.
10:14 Por eso Tiro y Sidón, en
el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
10:15 Y tú,
Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo?
No, serás precipitada hasta el infierno. 
10:16 El que los escucha
a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí;
y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió".
Regreso
de los setenta y dos discípulos
10:17
Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: "Señor,
hasta los demonios se nos someten en tu Nombre".
10:18 Él les dijo: "Yo veía
a Satanás caer del cielo como un rayo. 
10:19 Les he dado poder para caminar sobre
serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
10:20 No se alegren, sin embargo, de que
los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que
sus nombres estén escritos en el cielo".
La
revelación del Evangelio a los humildes
Mateo
11, 25-29
10:21
En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el
Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo
y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes
y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así
lo has querido.
10:22 Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el
Hijo se lo quiera revelar".
10:23 Después, volviéndose
hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: "¡Felices
los ojos que ven lo que ustedes ven!
10:24 ¡Les aseguro que muchos profetas
y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que
ustedes oyen y no lo oyeron!" 
El
mandamiento principal
Mateo
22, 34-40 / Marcos
12, 28-34
10:25
Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para
ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?"
10:26 Jesús le preguntó
a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué
lees en ella?"
10:27 Él le
respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu
corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo". 
10:28 "Has respondido
exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la
vida". 
La
parábola del buen samaritano
10:29
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo
esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?"
10:30 Jesús volvió a tomar
la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén
a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron
de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
10:31 Casualmente bajaba por el mismo
camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
10:32 También pasó por allí
un levita: lo vio y siguió su camino.
10:33 Pero un samaritano que viajaba por
allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
10:34 Entonces se acercó y vendó
sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso
sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
10:35 Al día siguiente, sacó
dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole:
"Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al
volver".
10:36 ¿Cuál de los tres
te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por
los ladrones?"
10:37 "El que tuvo compasión
de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo:
"Ve, y procede tú de la misma manera".
El
encuentro de Jesús con Marta y María
10:38
Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer
que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
10:39 Tenía una hermana llamada
María, que
sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.
10:40 Marta, que estaba muy ocupada con
los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no
te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude".
10:41 Pero el Señor le respondió:
"Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas.
10:42 Sin embargo, una sola es necesaria.
María eligió la mejor parte, que no le será quitada".

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