EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN
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PRÓLOGO
La
Palabra se hizo carne
1:1
Al principio existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
1:2 Al principio estaba junto a Dios.
1:3 Todas las cosas fueron hechas por
medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
1:4 En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
1:5 La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la recibieron.
1:6 Apareció un hombre enviado
por Dios,
que se llamaba Juan.
1:7 Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
1:8 Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.
1:9 La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
1:10 Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
1:11 Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
1:12 Pero a todos los
que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. ![]()
1:13 Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
1:14 Y la Palabra se
hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria, ![]()
la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
1:15 Juan da testimonio de él,
al declarar:
"Este es aquel del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo".
1:16 De su plenitud, todos nosotros hemos
participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
1:17 porque la Ley fue dada por medio
de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
1:18 Nadie ha visto
jamás a Dios; ![]()
el que lo ha revelado es el Hijo único,
que es Dios y está en el seno del Padre.
EL TESTIMONIO DE JUAN EL BAUTISTA
Jesús,
el Cordero de Dios
Mateo
3, 1-12 / Marcos
1, 1-8 / Lucas
3, 1-9.15-17
1:19
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes
y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién
eres tú?"
1:20 Él confesó y no lo
ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías".
1:21 "¿Quién
eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?"
Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?" "Tampoco",
respondió.
1:22 Ellos insistieron: "¿Quién
eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué
dices de ti mismo?"
1:23 Y él les
dijo: "Yo soy
una voz que grita en el desierto:
Allanen el camino del Señor,
![]()
como dijo el profeta Isaías".
1:24 Algunos de los enviados eran fariseos,
1:25 y volvieron a preguntarle: "¿Por
qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías,
ni el Profeta?"
1:26 Juan respondió: "Yo bautizo
con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen:
1:27 él viene después de
mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia".
1:28 Todo esto sucedió en Betania,
al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.
Juan
presenta a Jesús
1:29
Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: "Este
es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. ![]()
1:30 A él me refería, cuando
dije:
Después de mí viene un hombre que me precede,
porque existía antes que yo.
1:31 Yo no lo conocía, pero he
venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel".
1:32 Y Juan dio este testimonio: "He
visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer
sobre él.
1:33 Yo no lo conocía, pero el
que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que
veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el
que bautiza en el Espíritu Santo".
1:34 Yo lo he visto y doy testimonio de
que él es el Hijo de Dios".
Los
primeros discípulos de Jesús
1:35
Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos
1:36 y, mirando a Jesús que pasaba,
dijo: "Este es el Cordero de Dios".
1:37 Los dos discípulos, al oírlo
hablar así, siguieron a Jesús.
1:38 Él se dio vuelta y, viendo
que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?"
Ellos le respondieron: "Rabbí que traducido significa Maestro¿dónde
vives?"
1:39 "Vengan y lo verán",
les dijo. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con él ese
día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
1:40 Uno de los dos que oyeron las palabras
de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón
Pedro.
1:41 Al primero que encontró fue
a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías",
que traducido significa Cristo.
1:42 Entonces lo llevó a donde
estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú
eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas",
que traducido significa Pedro.
1:43 Al día siguiente, Jesús
resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo:
"Sígueme".
1:44 Felipe era de Betsaida, la ciudad
de Andrés y de Pedro.
1:45 Felipe encontró a Natanael
y le dijo: "Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés
y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret".
1:46 Natanael le preguntó: "¿Acaso
puede salir algo bueno de Nazaret?" "Ven y verás", le
dijo Felipe.
1:47 Al ver llegar a Natanael, Jesús
dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez".
1:48 "¿De dónde me
conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió:
"Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera".
1:49 Natanael le respondió: "Maestro,
tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel".
1:50 Jesús continuó: "Porque
te dije: "Te vi debajo de la higuera", crees. Verás cosas
más grandes todavía".
1:51 Y agregó:
"Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles
de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre". ![]()
EL
LIBRO DE LOS "SIGNOS" DE JESÚS
EL VINO NUEVO Y EL NUEVO TEMPLO
Las
bodas de Caná
2:1 Tres días después se
celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús
estaba allí.
2:2 Jesús también fue invitado
con sus discípulos.
2:3 Y como faltaba vino, la madre de Jesús
le dijo: "No tienen vino".
2:4 Jesús le respondió:
"Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado
todavía".
2:5 Pero su madre dijo
a los sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga". ![]()
2:6 Había allí seis tinajas
de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos,
que contenían unos cien litros cada una.
2:7 Jesús dijo a los sirvientes:
"Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde.
2:8 "Saquen ahora, agregó
Jesús, y lleven al encargado del banquete". Así lo hicieron.
2:9 El encargado probó el agua
cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes
que habían sacado el agua, llamó al esposo
2:10 y le dijo: "Siempre se sirve
primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior
calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento".
2:11 Este fue el primero de los signos
de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó
su gloria, y sus discípulos creyeron en él.
2:12 Después
de esto, descendió a Cafarnaún
con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí
unos pocos días.
Expulsión
de los vendedores del Templo
Mateo
21, 12-17 / Marcos
11, 15-19 / Lucas
19, 45-46
2:13
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén
2:14 y encontró en el Templo a
los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante
de sus mesas.
2:15 Hizo un látigo de cuerdas
y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó
las monedas de los cambistas, derribó sus mesas
2:16 y dijo a los vendedores de palomas:
"Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa
de comercio".
2:17 Y sus discípulos recordaron
las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá. ![]()
Anuncio
de la resurrección de Jesús
2:18
Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo
nos das para obrar así?"
2:19 Jesús les respondió:
"Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar".
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2:20 Los judíos le dijeron: "Han
sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y
tú lo vas a levantar en tres días?"
2:21 Pero él se refería
al templo de su cuerpo.
2:22 Por eso, cuando Jesús resucitó,
sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y
creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
2:23 Mientras estaba en Jerusalén,
durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos
que realizaba.
2:24 Pero Jesús no se fiaba de
ellos, porque los conocía a todos
2:25 y no necesitaba que lo informaran
acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.
EL RENACIMIENTO ESPIRITUAL
El
diálogo de Jesús con Nicodemo
3:1 Había entre los fariseos un
hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos.
3:2 Fue de noche a ver a Jesús
y le dijo: "Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios
para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú
haces, si Dios no está con él".
3:3 Jesús le respondió:
"Te aseguro
que el que no renace de lo alto
no puede ver el Reino de Dios".
3:4 Nicodemo le preguntó: "¿Cómo
un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda
vez en el seno de su madre y volver a nacer?"
3:5 Jesús le respondió:
"Te aseguro
que el que no nace del agua y del Espíritu
no puede entrar en el Reino de Dios.
3:6 Lo que nace de la carne es carne,
lo que nace del Espíritu es espíritu.
3:7 No te extrañes de que te haya
dicho:
"Ustedes tienen que renacer de lo alto".
3:8 El viento sopla donde quiere:
tú oyes su voz,
pero no sabes de dónde viene ni adónde va.
Lo mismo sucede
con todo el que ha nacido del Espíritu".
3:9 "¿Cómo es posible
todo esto?", le volvió a preguntar Nicodemo.
3:10 Jesús le respondió:
"¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas?
3:11 Te aseguro
que nosotros hablamos de lo que sabemos
y damos testimonio de lo que hemos visto,
pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.
3:12 Si no creen
cuando les hablo de las cosas de la tierra,
¿cómo creerán
cuando les hable de las cosas del cielo?
3:13 Nadie ha subido al cielo,
sino el que descendió del cielo,
el Hijo del hombre que está en el cielo.
3:14 De la misma manera
que Moisés
levantó en alto la serpiente en el desierto,
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también es necesario
que el Hijo del hombre sea levantado en alto,
3:15 para que todos los que creen en él
tengan Vida eterna.
3:16 Porque Dios amó tanto al mundo,
que entregó a su Hijo único
para que todo el que cree en él no muera,
sino que tenga Vida eterna.
3:17 Porque Dios no envió a su
Hijo
para juzgar al mundo,
sino para que el mundo se salve por él.
3:18 El que cree en él, no es condenado;
el que no cree, ya está condenado,
porque no ha creído
en el nombre del Hijo único de Dios.
3:19 En esto consiste el juicio:
la luz vino al mundo,
y los hombres prefirieron
las tinieblas a la luz,
porque sus obras eran malas.
3:20 Todo el que obra mal
odia la luz y no se acerca a ella,
por temor de que sus obras sean descubiertas.
3:21 En cambio, el que obra conforme a
la verdad
se acerca a la luz,
para que se ponga de manifiesto
que sus obras han sido hechas en Dios".
El
último testimonio de Juan el Bautista
3:22
Después de esto, Jesús fue con sus discípulos a Judea.
Permaneció allí con ellos y bautizaba.
3:23 Juan seguía bautizando en
Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y
la gente acudía para hacerse bautizar.
3:24 Juan no había sido encarcelado
todavía.
3:25 Se originó entonces una discusión
entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación.
3:26 Fueron a buscar a Juan y le dijeron:
"Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del
que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a
él".
3:27 Juan respondió:
"Nadie puede atribuirse nada
que no haya recibido del cielo.
3:28 Ustedes mismos son testigos de que
he dicho:
"Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él".
3:29 En las bodas, el que se casa es el
esposo;
pero el amigo del esposo,
que esta allí y lo escucha,
se llena de alegría al oír su voz.
Por eso mi gozo es ahora perfecto.
3:30 Es necesario que él crezca
y que yo disminuya.
3:31 El que viene de lo alto
está por encima de todos.
El que es de la tierra
pertenece a la tierra y habla de la tierra.
El
que vino del cielo
3:32
da testimonio de lo que ha visto y oído,
pero nadie recibe su testimonio.
3:33 El que recibe su testimonio
certifica que Dios es veraz.
3:34 El que Dios envió
dice las palabras de Dios,
porque Dios le da el Espíritu sin medida.
3:35 El Padre ama al Hijo
y ha puesto todo en sus manos.
![]()
3:36 El que cree en
el Hijo tiene Vida eterna. ![]()
El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida,
sino que la ira de Dios pesa sobre él".
El
encuentro de Jesús con la samaritana
4:1
Cuando Jesús se enteró de que los fariseos habían oído
decir que él tenía más discípulos y bautizaba
más que Juan
4:2 en realidad él no bautizaba,
sino sus discípulos
4:3 dejó la Judea y volvió
a Galilea.
4:4 Para eso tenía que atravesar
Samaría.
4:5 Llegó a una
ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había
dado a su hijo José.
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4:6 Allí se encuentra el pozo de
Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al
pozo. Era la hora del mediodía.
4:7 Una mujer de Samaría fue a
sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber".
4:8 Sus discípulos habían
ido a la ciudad a comprar alimentos.
4:9 La samaritana le respondió:
"¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides
de beber a mí, que soy samaritana?". Los judíos, en efecto,
no se trataban con los samaritanos.
4:10 Jesús le respondió:
"Si conocieras el don de Dios
y quién es el que te dice:
"Dame de beber",
tú misma se lo hubieras pedido,
y él te habría dado agua viva".
4:11 "Señor, le dijo ella,
no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde
sacas esa agua viva?
4:12 ¿Eres acaso más grande
que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió,
lo mismo que sus hijos y sus animales?"
4:13 Jesús le respondió:
"El que beba de esta agua
tendrá nuevamente sed,
4:14 pero el que beba del agua que yo
le daré,
nunca más volverá a tener sed.
El agua que yo le daré
se convertirá en él en manantial
que brotará hasta la Vida eterna".
4:15 "Señor, le dijo la mujer,
dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta
aquí a sacarla".
4:16 Jesús le respondió:
"Ve, llama a tu marido y vuelve aquí".
4:17 La mujer respondió: "No
tengo marido". Jesús continuó: "Tienes razón
al decir que no tienes marido,
4:18 porque has tenido cinco y el que
ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad".
4:19 La mujer le dijo: "Señor,
veo que eres un profeta.
4:20 Nuestros padres adoraron en esta
montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar".
4:21 Jesús le respondió:
"Créeme, mujer, llega la hora
en que ni en esta montaña ni en Jerusalén
se adorará al Padre.
4:22 Ustedes adoran lo que no conocen;
nosotros adoramos lo que conocemos,
porque la salvación viene de los judíos.
4:23 Pero la hora se acerca, y ya ha llegado,
en que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque esos son los adoradores
que quiere el Padre.
4:24 Dios es espíritu,
y los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad".
4:25 La mujer le dijo: "Yo sé
que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga,
nos anunciará todo".
4:26 Jesús le respondió:
"Soy yo, el que habla contigo".
4:27 En ese momento llegaron sus discípulos
y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno
le preguntó: "¿Qué quieres de ella?" o "¿Por
qué hablas con ella?"
4:28 La mujer, dejando allí su
cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente:
4:29 "Vengan a ver a un hombre que
me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?"
4:30 Salieron entonces de la ciudad y
fueron a su encuentro.
4:31 Mientras tanto, los discípulos
le insistían a Jesús, diciendo: "Come, Maestro".
4:32 Pero él les dijo: "Yo
tengo para comer un alimento que ustedes no conocen".
4:33 Los discípulos se preguntaban
entre sí: "¿Alguien le habrá traído de comer?"
4:34 Jesús les respondió:
"Mi comida
es hacer la voluntad de aquel que me envió
y llevar a cabo su obra.
4:35 Ustedes dicen
que aún faltan cuatro meses para la cosecha.
Pero yo les digo:
Levanten los ojos y miren los campos:
ya están madurando para la siega.
4:36 Ya el segador recibe su salario
y recoge el grano para la Vida eterna;
así el que siembra y el que cosecha
comparten una misma alegría.
4:37 Porque en esto se cumple el proverbio:
"Uno siembra y otro cosecha".
4:38 Yo los envié a cosechar
adonde ustedes no han trabajado;
otros han trabajado,
y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos".
4:39 Muchos samaritanos de esa ciudad
habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba:
"Me ha dicho todo lo que hice".
4:40 Por eso, cuando los samaritanos se
acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él
permaneció allí dos días.
4:41 Muchos más creyeron en él,
a causa de su palabra.
4:42 Y decían a la mujer: "Ya
no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído
y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo".
Regreso de Jesús a Galilea
4:43 Transcurridos los dos días,
Jesús partió hacia Galilea.
4:44 Él mismo
había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo.
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4:45 Pero cuando llegó, los galileos
lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho
en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían
ido a la fiesta.
Curación
del hijo de un funcionario real
Mateo
8, 5-13 / Lucas
7, 1-10
4:46
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el
agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía
su hijo enfermo en Cafarnaún.
4:47 Cuando supo que Jesús había
llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó
que bajara a curar a su hijo moribundo.
4:48 Jesús le dijo: "Si no
ven signos y prodigios, ustedes no creen".
4:49 El funcionario le respondió:
"Señor, baja antes que mi hijo se muera".
4:50 "Vuelve a tu casa, tu hijo vive",
le dijo Jesús.
El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho
y se puso en camino.
4:51 Mientras descendía, le salieron
al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía.
4:52 Él les preguntó a qué
hora se había sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le
fue la fiebre", le respondieron.
4:53 El padre recordó que era la
misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive".
Y entonces creyó él y toda su familia.
4:54 Este fue el segundo signo que hizo
Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.
LA VIDA ETERNA
Curación
de un enfermo en la piscina de Betsata
5:1 Después de esto, se celebraba
una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.
5:2 Junto a la puerta de las Ovejas, en
Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco
pórticos.
5:3 Bajo estos pórticos yacía
una multitud de enfermos, ciegos, lisiados y paralíticos, que esperaban
la agitación del agua.
5:5 Había allí un hombre
que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años.
5:6 Al verlo tendido, y sabiendo que hacía
tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: "¿Quieres
curarte?"
5:7 Él respondió: "Señor,
no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse;
mientras yo voy, otro desciende antes".
5:8 Jesús le dijo: "Levántate,
toma tu camilla y camina".
5:9 En seguida el hombre se curó,
tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado,
5:10 y los judíos dijeron entonces
al que acababa de ser curado: "Es sábado. No te está permitido
llevar tu camilla".
5:11 Él les respondió: "El
que me curó me dijo: "Toma tu camilla y camina"".
5:12 Ellos le preguntaron: "¿Quién
es ese hombre que te dijo: "Toma tu camilla y camina"?"
5:13 Pero el enfermo lo ignoraba, porque
Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.
5:14 Después, Jesús lo encontró
en el Templo y le dijo: "Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario
te ocurrirán peores cosas todavía".
5:15 El hombre fue a decir a los judíos
que era Jesús el que lo había curado.
5:16 Ellos atacaban a Jesús, porque
hacía esas cosas en sábado.
5:17 Él les respondió: "Mi
Padre trabaja siempre, y yo también trabajo".
5:18 Pero para los judíos esta
era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba
el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo
su propio Padre.
Discurso
sobre la obra del Hijo: el juicio y la resurrección
5:19
Entonces Jesús tomó la palabra diciendo:
"Les aseguro
que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo
sino solamente lo que ve hacer al Padre;
lo que hace el Padre,
lo hace igualmente el Hijo.
5:20 Porque el Padre ama al Hijo
y le muestra todo lo que hace.
Y le mostrará obras más grandes aún,
para que ustedes queden maravillados.
5:21 Así como el Padre resucita
a los muertos
y les da vida,
del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere.
5:22 Porque el Padre no juzga a nadie:
él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo,
5:23 para que todos honren al Hijo
como honran al Padre.
El que no honra al Hijo,
no honra al Padre que lo envió.
5:24 Les aseguro
que el que escucha mi palabra
y cree en aquel que me ha enviado,
tiene Vida eterna
y no está sometido al juicio,
sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida. ![]()
5:25 Les aseguro
que la hora se acerca, y ya ha llegado,
en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios;
y los que la oigan, vivirán.
5:26 Así como el Padre dispone
de la Vida,
del mismo modo ha concedido a su Hijo
disponer de ella,
5:27 y le dio autoridad para juzgar
porque él es el Hijo del hombre.
5:28 No se asombren:
se acerca la hora
en que todos los que están en las tumbas
oirán su voz
5:29 y saldrán
de ellas:
los que hayan hecho el bien,
resucitarán para la Vida;
los que hayan hecho el mal,
resucitarán para el juicio.
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5:30 Nada puedo hacer por mí mismo.
Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo,
y mi juicio es justo,
porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad,
sino la de aquel que me envió.
El
testimonio del Padre en favor de Jesús
5:31
Si yo diera testimonio de mí mismo,
mi testimonio no valdría.
5:32 Pero hay otro que da testimonio de
mí,
y yo sé que ese testimonio es verdadero.
5:33 Ustedes mismos mandaron preguntar
a Juan,
y él ha dado testimonio de la verdad.
5:34 No es que yo dependa del testimonio
de un hombre;
si digo esto es para la salvación de ustedes.
5:35 Juan era la lámpara que arde
y resplandece,
y ustedes han querido gozar un instante de su luz.
5:36 Pero el testimonio que yo tengo
es mayor que el de Juan:
son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo.
Estas obras que yo realizo
atestiguan que mi Padre me ha enviado.
5:37 Y el Padre que me envió
ha dado testimonio de mí.
Ustedes nunca han escuchado su voz
ni han visto su rostro,
5:38 y su palabra no permanece en ustedes,
porque no creen al que él envió.
5:39 Ustedes examinan las Escrituras,
porque en ellas piensan encontrar Vida eterna:
ellas dan testimonio de mí,
5:40 y sin embargo, ustedes no quieren
venir a mí
para tener Vida.
5:41 Mi gloria no viene de los hombres.
5:42 Además, yo los conozco:
el amor de Dios no está en ustedes.
5:43 He venido en nombre de mi Padre
y ustedes no me reciben,
pero si otro viene en su propio nombre,
a ese sí lo van a recibir.
5:44 ¿Cómo es posible que
crean,
ustedes que se glorifican unos a otros
y no se preocupan
por la gloria que viene sólo de Dios?
5:45 No piensen que soy yo el que los
acusaré ante el Padre;
el que los acusará será Moisés,
en el que ustedes han puesto su esperanza.
5:46 Si creyeran en Moisés,
también creerían en mí,
porque él ha escrito acerca de mí.
5:47 Pero si no creen lo que él
ha escrito,
¿cómo creerán lo que yo les digo?"