EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN
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LA CERCANÍA DE LA "HORA" DE JESÚS
CAPÍTULO 11
La
resurrección de Lázaro
11:1 Había un hombre enfermo, Lázaro
de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta.
11:2 María era la misma que derramó
perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos.
Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo.
11:3 Las hermanas enviaron a decir a Jesús:
"Señor, el que tú amas, está enfermo".
11:4 Al oír esto, Jesús
dijo: "Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que
el Hijo de Dios sea glorificado por ella".
11:5 Jesús quería mucho
a Marta, a su hermana y a Lázaro.
11:6 Sin embargo, cuando oyó que
este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en
el lugar donde estaba.
11:7 Después dijo a sus discípulos:
"Volvamos a Judea".
11:8 Los discípulos le dijeron:
"Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y
quieres volver allá?"
11:9 Jesús les respondió:
"¿Acaso no son doce las horas del día?
El que camina de día no tropieza,
porque ve la luz de este mundo;
11:10 en cambio, el que camina de noche
tropieza,
porque la luz no está en él".
11:11 Después agregó: "Nuestro
amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo".
11:12 Sus discípulos le dijeron:
"Señor, si duerme, se curará".
11:13 Ellos pensaban que hablaba del sueño,
pero Jesús se refería a la muerte.
11:14 Entonces les dijo abiertamente:
"Lázaro ha muerto,
11:15 y me alegro por ustedes de no haber
estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo".
11:16 Tomás, llamado el Mellizo,
dijo a los otros discípulos: "Vayamos también nosotros
a morir con él".
11:17 Cuando Jesús llegó,
se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía
cuatro días.
11:18 Betania distaba de Jerusalén
sólo unos tres kilómetros.
11:19 Muchos judíos habían
ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.
11:20 Al enterarse de que Jesús
llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía
en la casa.
11:21 Marta dijo a Jesús: "Señor,
si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.
11:22 Pero yo sé que aun ahora,
Dios te concederá todo lo que le pidas".
11:23 Jesús le dijo: "Tu hermano
resucitará".
11:24 Marta le respondió: "Sé
que resucitará en la resurrección del último día".
11:25 Jesús le dijo:
"Yo soy la Resurrección y la Vida.
El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
11:26 y todo el que vive y cree en mí,
no morirá jamás.
¿Crees esto?"
11:27 Ella le respondió: "Sí,
Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el
que debía venir al mundo".
11:28 Después fue a llamar a María,
su hermana, y le dijo en voz baja: "El Maestro está aquí
y te llama".
11:29 Al oír esto, ella se levantó
rápidamente y fue a su encuentro.
11:30 Jesús no había llegado
todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo
había encontrado.
11:31 Los judíos que estaban en
la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente
y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí.
11:32 María llegó a donde
estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: "Señor,
si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto".
11:33 Jesús, al verla llorar a
ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido
y turbado,
11:34 preguntó: "¿Dónde
lo pusieron?" Le respondieron: "Ven, Señor, y lo verás".
11:35 Y Jesús lloró. 36
Los judíos dijeron: "¡Cómo lo amaba!"
11:37 Pero algunos decían: "Este,
que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía
impedir que Lázaro muriera?"
11:38 Jesús, conmoviéndose
nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima,
11:39 y dijo: "Quiten la piedra".
Marta, la hermana del difunto, le respondió: "Señor, huele
mal; ya hace cuatro días que está muerto".
11:40 Jesús le dijo: "¿No
te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?"
11:41 Entonces quitaron la piedra, y Jesús,
levantando los ojos al cielo, dijo:
"Padre, te doy gracias porque me oíste.
11:42 Yo sé que siempre me oyes,
pero lo he dicho por esta gente que me rodea,
para que crean que tú me has enviado".
11:43 Después de decir esto, gritó
con voz fuerte: "¡Lázaro, ven afuera!"
11:44 El muerto salió con los pies
y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús
les dijo: "Desátenlo para que pueda caminar".
La
conspiración contra Jesús
Mateo
26, 1-5 / Marcos
14, 1-2 / Lucas
22, 1-6
11:45
Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían
ido a casa de María creyeron en él.
11:46 Pero otros fueron a ver a los fariseos
y les contaron lo que Jesús había hecho.
11:47 Los sumos sacerdotes y los fariseos
convocaron un Consejo y dijeron: "¿Qué hacemos? Porque
este hombre realiza muchos signos.
11:48 Si lo dejamos seguir así,
todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán
nuestro Lugar santo y nuestra nación".
11:49 Uno de ellos, llamado Caifás,
que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: "Ustedes no comprenden
nada.
11:50 ¿No les parece preferible
que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?"
11:51 No dijo eso por sí mismo,
sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir
por la nación,
11:52 y no solamente por la nación,
sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban
dispersos.
11:53 A partir de ese día, resolvieron
que debían matar a Jesús.
11:54 Por eso él no se mostraba
más en público entre los judíos, sino que fue a una región
próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y allí
permaneció con sus discípulos.
11:55 Como se acercaba la Pascua de los
judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén
para purificarse.
11:56 Buscaban a Jesús y se decían
unos a otros en el Templo: "¿Qué les parece, vendrá
a la fiesta o no?"
11:57 Los sumos sacerdotes y los fariseos
habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él
se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.
La
unción de Jesús en Betania
Mateo
26, 6-13 / Marcos
14, 3-9
12:1
Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania,
donde estaba Lázaro, al que había resucitado.
12:2 Allí le prepararon un cena:
Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.
12:3 María, tomando una libra de
perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies
de Jesús
y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia
del perfume.
12:4 Judas Iscariote, uno de sus discípulos,
el que lo iba a entregar, dijo:
12:5 "¿Por qué no se
vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a
los pobres?"
12:6 Dijo esto, no porque se interesaba
por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de
la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.
12:7 Jesús le respondió:
"Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día
de mi sepultura.
12:8 A los pobres los
tienen siempre con ustedes,
pero a mí no me tendrán siempre".
12:9 Entre tanto, una gran multitud de
judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron,
no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro,
al que había resucitado.
12:10 Entonces los sumos sacerdotes resolvieron
matar también a Lázaro,
12:11 porque muchos judíos se apartaban
de ellos y creían en Jesús, a causa de él.
La
entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén
Mateo
21, 1-11 / Marcos
11, 1-11 / Lucas
19, 29-40
12:12
Al día siguiente, la gran multitud que había venido para la
fiesta, se enteró de que Jesús se dirigía a Jerusalén.
12:13 Y, tomando hojas de palmera, salieron
a su encuentro y lo aclamaban diciendo:
"¡Hosana! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor,
el rey de Israel!".
12:14 Al encontrar un asno, Jesús
montó sobre él, conforme a lo que está escrito:
12:15 No temas, hija de Sión;
ya viene tu rey,
montado sobre la cría de un asna.
12:16 Al comienzo, sus discípulos
no comprendieron esto. Pero cuando Jesús fue glorificado, recordaron
que todo lo que le había sucedido era lo que estaba escrito acerca
de él.
12:17 La multitud que había estado
con Jesús cuando ordenó a Lázaro que saliera del sepulcro
y lo resucitó, daba testimonio de él.
12:18 Por eso la gente salió a
su encuentro, porque se enteraron del signo que había realizado.
12:19 Los fariseos se dijeron unos a otros:
"¿Ven que no adelantamos nada? Todo el mundo lo sigue".
La
glorificación de Jesús por medio de la muerte
12:20
Entre los que habían subido para adorar durante la fiesta, había
unos griegos
12:21 que se acercaron a Felipe, el de
Betsaida de Galilea, y le dijeron: "Señor, queremos ver a Jesús".
12:22 Felipe fue a decírselo a
Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús.
12:23 Él les respondió:
"Ha llegado la hora
en que el Hijo del hombre va a ser glorificado.
12:24 Les aseguro que
si el grano de trigo que cae en la tierra no muere,
queda solo;
pero si muere,
da mucho fruto.
12:25 El que tiene
apego a su vida la perderá;
y el que no está apegado a su vida en este mundo,
la conservará para la Vida eterna.
12:26 El que quiera servirme, que me siga,
y donde yo esté, estará también mi servidor.
El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.
12:27 Mi alma ahora está turbada.
¿Y qué diré:
"Padre, líbrame de esta hora"?
¡Si para eso he llegado a esta hora!
12:28 ¡Padre, glorifica tu Nombre!"
Entonces se oyó una voz del cielo: "Ya lo he glorificado y lo
volveré a glorificar".
12:29 La multitud que estaba presente
y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían:
"Le ha hablado un ángel".
12:30 Jesús respondió: "Esta
voz no se oyó por mí, sino por ustedes.
12:31 Ahora ha llegado el juicio de este
mundo,
ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera;
12:32 y cuando yo sea levantado en alto
sobre la tierra,
atraeré a todos hacia mí".
12:33 Jesús decía esto para
indicar cómo iba a morir.
12:34 La multitud le respondió:
"Sabemos por la Ley que el Mesías permanecerá para siempre.
¿Cómo puedes decir: "Es necesario que el Hijo del hombre
sea levantado en alto"? ¿Quién es ese Hijo del hombre?"
12:35 Jesús les respondió:
"La luz está todavía entre ustedes,
pero por poco tiempo.
Caminen mientras tengan la luz,
no sea que las tinieblas los sorprendan:
porque el que camina en tinieblas no sabe a dónde va.
12:36 Mientras tengan luz,
crean en la luz
y serán hijos de la luz".
La
fe y la incredulidad
Después
de hablarles así, Jesús se fue y se ocultó de ellos.
12:37 A pesar de los muchos signos que
hizo en su presencia, ellos no creyeron en él.
12:38 Así debía cumplirse
el oráculo del profeta Isaías, que dice:
Señor, ¿quién ha creído en nuestra palabra?
¿A quién fue revelado el poder del Señor?
12:39 Ellos no podían creer, porque
como dijo también Isaías:
12:40 El ha cegado sus ojos
y ha endurecido su corazón,
para que sus ojos no vean
y su corazón no comprenda,
para que no se conviertan
ni yo los cure.
12:41 Isaías dijo esto, porque
vio la gloria de Jesús y habló acerca de él.
12:42 Sin embargo, muchos creyeron en
él, aun entre las autoridades, pero a causa de los fariseos no lo manifestaban,
para no ser expulsados de la sinagoga.
12:43 Preferían la gloria de los
hombres a la gloria de Dios.
12:44 Jesús exclamó:
"El que cree en mí,
en realidad no cree en mí,
sino en aquel que me envió.
12:45 Y el que me ve,
ve al que me envió.
12:46 Yo soy la luz,
y he venido al mundo
para que todo el que crea en mí
no permanezca en las tinieblas.
12:47 Al que escucha mis palabras y no
las cumple,
yo no lo juzgo,
porque no vine a juzgar al mundo,
sino a salvarlo.
12:48 El que me rechaza y no recibe mis
palabras,
ya tiene quien lo juzgue:
la palabra que yo he anunciado
es la que lo juzgará en el último día.
12:49 Porque yo no hablé por mí
mismo:
el Padre que me ha enviado
me ordenó lo que debía decir y anunciar;
12:50 y yo sé que su mandato es
Vida eterna.
Las palabras que digo,
las digo como el Padre me lo ordenó".
EL LIBRO DE LA "HORA" DE JESÚS
LA ÚLTIMA CENA
El
lavatorio de los pies
13:1 Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo
Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre,
él, que había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los
amó hasta el fin.
13:2 Durante la Cena, cuando el demonio
ya había inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito
de entregarlo,
13:3 sabiendo Jesús que el Padre
había puesto todo en sus manos y que él había venido
de Dios y volvía a Dios,
13:4 se levantó de la mesa, se
sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura.
13:5 Luego echó agua en un recipiente
y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos
con la toalla que tenía en la cintura.
13:6 Cuando se acercó a Simón
Pedro, este le dijo: "¿Tú, Señor, me vas a lavar
los pies a mí?"
13:7 Jesús le respondió:
"No puedes comprender ahora lo que estoy haciendo, pero después
lo comprenderás".
13:8 "No, le dijo Pedro, ¡tú
jamás me lavarás los pies a mí!". Jesús le
respondió: "Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte".
13:9 "Entonces, Señor, le
dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también
las manos y la cabeza!"
13:10 Jesús le dijo: "El que
se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque está
completamente limpio. Ustedes también están limpios, aunque
no todos".
13:11 Él sabía quién
lo iba a entregar, y por eso había dicho: "No todos ustedes están
limpios".
13:12 Después de haberles lavado
los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: "¿Comprenden
lo que acabo de hacer con ustedes?
13:13 Ustedes me llaman Maestro y Señor;
y tienen razón, porque lo soy.
13:14 Si yo, que soy el Señor y
el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los
pies unos a otros.
13:15 Les he dado el ejemplo, para que
hagan lo mismo que yo hice con ustedes.
13:16 Les aseguro
que el servidor no es más grande que su señor,
ni el enviado más grande que el que lo envía.
13:17 Ustedes serán felices si,
sabiendo estas cosas, las practican.
13:18 No lo digo por
todos ustedes; yo conozco a los que he elegido. Pero es necesario que se cumpla
la Escritura que dice:
El que comparte mi pan
se volvió contra mí.
13:19 Les digo esto desde ahora,
antes que suceda,
para que cuando suceda,
crean que Yo Soy.
13:20 Les aseguro
que el que reciba al que yo envíe,
me recibe a mí,
y el que me recibe, recibe al que me envió".
El
anuncio de la traición de Judas
Mateo
26, 20-25 / Marcos
14, 17-21 / Lucas
22, 21-23
13:21
Después de decir esto, Jesús se estremeció y manifestó
claramente:
"Les aseguro
que uno de ustedes me entregará".
13:22 Los discípulos se miraban
unos a otros, no sabiendo a quién se refería.
13:23 Uno de ellos el discípulo
al que Jesús amaba estaba reclinado muy cerca de Jesús.
13:24 Simón Pedro le hizo una seña
y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere".
13:25 Él se reclinó sobre
Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién
es?"
13:26 Jesús le respondió:
"Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato".
Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote.
13:27 En cuanto recibió el bocado,
Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza
pronto lo que tienes que hacer".
13:28 Pero ninguno de los comensales comprendió
por qué le decía esto.
13:29 Como Judas estaba encargado de la
bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle:
"Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba
dar algo a los pobres.
13:30 Y en seguida, después de
recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.
La
despedida de Jesús: el anuncio de su glorificación
13:31
Después que Judas salió, Jesús dijo:
"Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado
y Dios ha sido glorificado en él.
13:32 Si Dios ha sido glorificado en él,
también lo glorificará en sí mismo,
y lo hará muy pronto.
13:33 Hijos míos,
ya no estaré mucho tiempo con ustedes.
Ustedes me buscarán,
pero yo les digo ahora
lo mismo que dije a los judíos:
"A donde yo voy,
ustedes no pueden venir".
El
mandamiento nuevo
13:34
Les doy un mandamiento nuevo:
ámense los unos a los otros.
Así como yo los he amado,
ámense también ustedes los unos a los otros.
13:35 En esto todos reconocerán
que ustedes son mis discípulos:
en el amor que se tengan los unos a los otros".
El
anuncio de las negaciones de Pedro
Mateo
26, 30-35 / Marcos
14, 26-31 / Lucas
22, 31-34
13:36
Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?"
Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes
seguirme ahora, pero más adelante me seguirás".
13:37 Pedro le preguntó: "Señor,
¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por
ti".
13:38 Jesús le respondió:
"¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará
el gallo antes que me hayas negado tres veces".
Jesús,
camino hacia el Padre
14:1
"No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.
14:2 En la Casa de mi Padre hay muchas
habitaciones;
si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes.
Yo voy a prepararles un lugar.
14:3 Y cuando haya ido y les haya preparado
un lugar,
volveré otra vez para llevarlos conmigo,
a fin de que donde yo esté,
estén también ustedes.
14:4 Ya conocen el camino del lugar adonde
voy".
14:5 Tomás le dijo: "Señor,
no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?"
14:6 Jesús le respondió:
"Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre, sino por mí.
14:7 Si ustedes me conocen, conocerán
también a mi Padre.
Ya desde ahora lo conocen y lo han visto".
Jesús, revelación del Padre
14:8 Felipe le dijo: "Señor,
muéstranos al Padre y eso nos basta".
14:9 Jesús le respondió:
"Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía
no me conocen?
El que me ha visto, ha visto al Padre.
¿Cómo dices: "Muéstranos al Padre"?
14:10 ¿No crees
que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?
Las palabras que digo no son mías:
el Padre que habita en mí es el que hace las obras.
14:11 Créanme:
yo estoy en el Padre y el Padre está en mí.
Créanlo, al menos, por las obras.
14:12 Les aseguro
que el que cree en mí
hará también las obras que yo hago,
y aun mayores,
porque yo me voy al Padre.
14:13 Y yo haré todo lo que ustedes
pidan en mi Nombre,
para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
14:14 Si ustedes me piden algo en mi Nombre,
yo lo haré.
La
promesa del Espíritu Santo
14:15
Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos.
14:16 Y yo rogaré al Padre,
y él les dará otro Paráclito
para que esté siempre con ustedes:
14:17 el Espíritu de la Verdad,
a quien el mundo no puede recibir,
porque no lo ve ni lo conoce.
Ustedes, en cambio, lo conocen,
porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
14:18 No los dejaré huérfanos,
volveré a ustedes.
14:19 Dentro de poco el mundo ya no me
verá,
pero ustedes sí me verán,
porque yo vivo y también ustedes vivirán.
14:20 Aquel día comprenderán
que yo estoy en mi Padre,
y que ustedes están en mí y yo en ustedes.
14:21 El que recibe mis mandamientos y
los cumple,
ese es el que me ama;
y el que me ama será amado por mi Padre,
y yo lo amaré y me manifestaré a él".
14:22 Judas no el Iscariote le dijo:
"Señor, ¿por qué te vas a manifestar a nosotros
y no al mundo?"
14:23 Jesús le respondió:
"El que me ama
será fiel a mi palabra,
y mi Padre lo amará;
iremos a él
y habitaremos en él.
14:24 El que no me ama no es fiel a mis
palabras.
La palabra que ustedes oyeron no es mía,
sino del Padre que me envió.
14:25 Yo les digo estas cosas
mientras permanezco con ustedes.
14:26 Pero el Paráclito, el Espíritu
Santo,
que el Padre enviará en mi Nombre,
les enseñará todo
y les recordará lo que les he dicho.
14:27 Les dejo la paz,
les doy mi paz,
pero no como la da el mundo.
¡No se inquieten ni teman!
14:28 Me han oído decir:
"Me voy y volveré a ustedes".
Si me amaran,
se alegrarían de que vuelva junto al Padre,
porque el Padre es más grande que yo.
14:29 Les he dicho esto antes que suceda,
para que cuando se cumpla, ustedes crean.
14:30 Ya no hablaré mucho más
con ustedes,
porque está por llegar el Príncipe de este mundo:
él nada puede hacer contra mí,
14:31 pero es necesario que el mundo sepa
que yo amo al Padre
y obro como él me ha ordenado.
Levántense, salgamos de aquí.
Jesús,
la verdadera vid
15:1
Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador.
15:2 Él corta todos mis sarmientos
que no dan fruto;
al que da fruto, lo poda para que dé más todavía.
15:3 Ustedes ya están limpios
por la palabra que yo les anuncié.
15:4 Permanezcan en mí,
como yo permanezco en ustedes.
Así como el sarmiento no puede dar fruto
si no permanece en la vid,
tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
15:5 Yo soy la vid,
ustedes los sarmientos.
El que permanece en mí, y yo en él,
da mucho fruto,
porque separados de mí, nada pueden hacer.
15:6 Pero el que no permanece en mí,
es como el sarmiento que se tira y se seca;
después se recoge, se arroja al fuego y arde.
15:7 Si ustedes permanecen en mí
y mis palabras permanecen en ustedes,
pidan lo que quieran
y lo obtendrán.
15:8 La gloria de mi Padre consiste
en que ustedes den fruto abundante,
y así sean mis discípulos.
15:9 Como el Padre me amó,
también yo los he amado a ustedes.
Permanezcan en mi amor.
15:10 Si cumplen mis mandamientos,
permanecerán en mi amor,
como yo cumplí los mandamientos de mi Padre
y permanezco en su amor.
15:11 Les he dicho esto
para que mi gozo sea el de ustedes,
y ese gozo sea perfecto.
El
mandamiento del amor
15:12
Este es mi mandamiento:
Ámense los unos a los otros,
como yo los he amado.
15:13 No hay amor más grande
que dar la vida por los amigos.
15:14 Ustedes son mis amigos
si hacen lo que yo les mando.
15:15 Ya no los llamo servidores,
porque el servidor ignora lo que hace su señor;
yo los llamo amigos,
porque les he dado a conocer
todo lo que oí de mi Padre.
15:16 No son ustedes los que me eligieron
a mí,
sino yo el que los elegí a ustedes,
y los destiné para que vayan y den fruto,
y ese fruto sea duradero.
Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre,
él se lo concederá.
15:17 Lo que yo les
mando
es que se amen los unos a los otros.
El
odio del mundo
15:18
Si el mundo los odia,
sepan que antes me ha odiado a mí.
15:19 Si ustedes fueran del mundo,
el mundo los amaría como cosa suya.
Pero como no son del mundo,
sino que yo los elegí y los saqué de él,
el mundo los odia.
15:20 Acuérdense
de lo que les dije:
el servidor no es más grande que su señor.
Si me persiguieron a mí,
también los perseguirán a ustedes;
si fueron fieles a mi palabra,
también serán fieles a la de ustedes.
15:21 Pero los tratarán así
a causa de mi Nombre,
porque no conocen al que me envió.
15:22 Si yo no hubiera venido
ni les hubiera hablado,
no tendrían pecado;
pero ahora su pecado no tiene disculpa.
15:23 El que me odia, odia también
a mi Padre.
15:24 Si yo no hubiera hecho entre ellos
obras que ningún otro realizó,
no tendrían pecado.
Pero ahora las han visto,
y sin embargo, me odian a mí y a mi Padre,
15:25
para que se cumpla lo que está escrito en la Ley:
Me han odiado sin motivo.
15:26 Cuando venga el Paráclito
que yo les enviaré desde el Padre,
el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre,
él dará testimonio de mí.
15:27 Y ustedes también dan testimonio,
porque están conmigo desde el principio.