EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN
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16:1 Les he dicho esto para que no se
escandalicen.
16:2 Serán echados de las sinagogas,
más aún, llegará la hora
en que los mismos que les den muerte
pensarán que tributan culto a Dios.
16:3 Y los tratarán así
porque no han conocido ni al Padre ni a mí.
16:4 Les he advertido esto
para que cuando llegue esa hora,
recuerden que ya lo había dicho.
La misión del Espíritu Santo
No les dije estas cosas desde el principio,
porque yo estaba con ustedes.
16:5 Ahora me voy al que me envió,
y ninguno de ustedes me pregunta: "¿A dónde vas?".
16:6 Pero al decirles esto,
ustedes se han entristecido.
16:7 Sin embargo, les digo la verdad:
les conviene que yo me vaya,
porque si no me voy,
el Paráclito no vendrá a ustedes.
Pero si me voy,
se lo enviaré.
16:8 Y cuando él venga,
probará al mundo
dónde está el pecado,
dónde está la justicia
y cuál es el juicio.
16:9 El pecado está en no haber
creído en mí.
16:10 La justicia, en que yo me voy al
Padre
y ustedes ya no me verán.
16:11 Y el juicio, en que el Príncipe
de este mundo
ya ha sido condenado.
16:12 Todavía tengo muchas cosas
que decirles,
pero ustedes no las pueden comprender ahora.
16:13 Cuando venga el Espíritu
de la Verdad,
él los introducirá en toda la verdad,
porque no hablará por sí mismo,
sino que dirá lo que ha oído
y les anunciará lo que irá sucediendo.
16:14 Él me glorificará,
porque recibirá de lo mío
y se lo anunciará a ustedes.
16:15 Todo lo que es del Padre es mío.
Por eso les digo:
"Recibirá de lo mío
y se lo anunciará a ustedes".
La
vuelta de Jesús al Padre
16:16
Dentro de poco, ya no me verán,
y poco después, me volverán a ver".
16:17 Entonces algunos de sus discípulos
comentaban entre sí: "¿Qué significa esto que nos
dice: "Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me
volverán a ver"? ¿Y qué significa: "Yo me voy
al Padre"?"
16:18 Decían: "¿Qué
es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir".
16:19 Jesús se dio cuenta de que
deseaban interrogarlo y les dijo: "Ustedes se preguntan entre sí
qué significan mis palabras:
"Dentro de poco, ya no me verán,
y poco después, me volverán a ver".
16:20 Les aseguro
que ustedes van a llorar y se van a lamentar;
el mundo, en cambio, se alegrará.
Ustedes estarán tristes,
pero esa tristeza se convertirá en gozo.
16:21 La mujer, cuando va a dar a luz,
siente angustia porque le llegó la hora;
pero cuando nace el niño,
se olvida de su dolor,
por la alegría que siente
al ver que ha venido un hombre al mundo.
16:22 También ustedes ahora están
tristes,
pero yo los volveré a ver,
y tendrán una alegría
que nadie les podrá quitar.
16:23 Aquel día
no me harán más preguntas.
Les aseguro
que todo lo que pidan al Padre,
él se lo concederá en mi Nombre.
16:24 Hasta ahora, no han pedido nada
en mi Nombre.
Pidan y recibirán,
y tendrán una alegría que será perfecta.
16:25 Les he dicho todo esto por medio
de parábolas.
Llega la hora
en que ya no les hablaré por medio de parábolas,
sino que les hablaré claramente del Padre.
16:26 Aquel día ustedes pedirán
en mi Nombre;
y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes,
16:27 ya que él mismo los ama,
porque ustedes me aman
y han creído que yo vengo de Dios.
16:28 Salí del Padre y vine al
mundo.
Ahora dejo el mundo y voy al Padre".
16:29 Sus discípulos le dijeron:
"Por fin hablas claro y sin parábolas.
16:30 Ahora conocemos que tú lo
sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú
has salido de Dios".
16:31 Jesús les respondió:
"¿Ahora creen?
16:32 Se acerca la hora, y ya ha llegado,
en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado,
y me dejarán solo.
Pero no, no estoy solo,
porque el Padre está conmigo.
16:33 Les digo esto
para que encuentren la paz en mí.
En el mundo tendrán que sufrir;
pero tengan valor:
yo he vencido al mundo".
Oración
de Jesús por sí mismo [Oración Sacerdotal]
17:1 Después de hablar así,
Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
"Padre, ha llegado la hora:
glorifica a tu Hijo
para que el Hijo te glorifique a ti,
17:2 ya que le diste autoridad sobre todos
los hombres,
para que él diera Vida eterna
a todos los que tú le has dado.
17:3 Esta es la Vida eterna:
que te conozcan a ti,
el único Dios verdadero,
y a tu Enviado, Jesucristo.
17:4 Yo te he glorificado en la tierra,
llevando a cabo la obra
que me encomendaste.
17:5 Ahora, Padre, glorifícame
junto a ti,
con la gloria que yo tenía contigo
antes que el mundo existiera.
Oración
de Jesús por sus discípulos
17:6
Manifesté tu Nombre
a los que separaste del mundo para confiármelos.
Eran tuyos y me los diste,
y ellos fueron fieles a tu palabra.
17:7 Ahora saben
que todo lo que me has dado viene de ti,
17:8 porque les comuniqué las palabras
que tú me diste:
ellos han reconocido verdaderamente
que yo salí de ti,
y han creído que tú me enviaste.
17:9 Yo ruego por ellos:
no ruego por el mundo,
sino por los que me diste,
porque son tuyos.
17:10 Todo lo mío es tuyo
y todo lo tuyo es mío,
y en ellos he sido glorificado.
17:11 Ya no estoy más en el mundo,
pero ellos están en él;
y yo vuelvo a ti.
Padre santo,
cuídalos en tu Nombre
el Nombre que tú me diste
para que sean uno, como nosotros.
17:12 Mientras estaba
con ellos,
yo los cuidaba en tu Nombre
el Nombre que tú me diste
yo los protegía
y no se perdió ninguno de ellos,
excepto el que debía perderse,
para que se cumpliera la Escritura.
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17:13 Pero ahora voy a ti,
y digo esto estando en el mundo,
para que mi gozo sea el de ellos
y su gozo sea perfecto.
17:14 Yo les comuniqué tu palabra,
y el mundo los odió
porque ellos no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo.
17:15 No te pido que los saques del mundo,
sino que los preserves del Maligno.
17:16 Ellos no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo.
17:17 Conságralos en la verdad:
tu palabra es verdad.
17:18 Así como tú me enviaste
al mundo,
yo también los envío al mundo.
17:19 Por ellos me consagro,
para que también ellos
sean consagrados en la verdad.
Oración de Jesús por todos los que creen en él
17:20 No ruego solamente por ellos,
sino también por los que, gracias a su palabra,
creerán en mí.
17:21 Que todos sean uno:
como tú, Padre, estás en mí
y yo en ti,
que también ellos estén en nosotros,
para que el mundo crea
que tú me enviaste.
17:22 Yo les he dado la gloria
que tú me diste,
para que sean uno,
como nosotros somos uno
17:23 yo en ellos y tú en
mí
para que sean perfectamente uno
y el mundo conozca
que tú me has enviado,
y que los has amado a ellos
como me amaste a mí.
17:24 Padre, quiero que los que tú
me diste
estén conmigo donde yo esté,
para que contemplen la gloria que me has dado,
porque ya me amabas
antes de la creación del mundo.
17:25 Padre justo,
el mundo no te ha conocido,
pero yo te conocí,
y ellos reconocieron
que tú me enviaste.
17:26 Les di a conocer tu Nombre,
y se lo seguiré dando a conocer,
para que el amor con que tú me amaste
esté en ellos,
y yo también esté en ellos".
CAPÍTULO 18
El
arresto de Jesús
Mateo
26, 47-56 / Marcos
14, 43-52 / Lucas
22, 47-53
18:1
Después de haber dicho esto, Jesús fue con sus discípulos
al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta
y allí entró con ellos.
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18:2 Judas, el traidor, también
conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían
allí con frecuencia.
18:3 Entonces Judas, al frente de un destacamento
de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos,
llegó allí con faroles, antorchas y armas.
18:4 Jesús, sabiendo todo lo que
le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: "¿A
quién buscan?"
18:5 Le respondieron: "A Jesús,
el Nazareno". Él les dijo: "Soy yo". Judas, el que lo
entregaba, estaba con ellos.
18:6 Cuando Jesús les dijo: "Soy
yo", ellos retrocedieron y cayeron en tierra.
18:7 Les preguntó nuevamente: "¿A
quién buscan?" Le dijeron: "A Jesús, el Nazareno".
18:8 Jesús repitió: "Ya
les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se
vayan".
18:9 Así debía cumplirse
la palabra que él había dicho: "No he perdido a ninguno
de los que me confiaste".
18:10 Entonces Simón Pedro, que
llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote,
cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco.
18:11 Jesús dijo a Simón
Pedro: "Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz
que me ha dado el Padre?"
Jesús
ante Anás
Mateo
26, 57 / Marcos
14, 53 / Lucas
22, 66
18:12
El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos,
se apoderaron de Jesús y lo ataron.
18:13 Lo llevaron primero ante Anás,
porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año.
18:14 Caifás era el que había
aconsejado a los judíos: "Es preferible que un solo hombre muera
por el pueblo".
La
primera negación de Pedro
Mateo
26, 69-70 / Marcos
14, 66-68 / Lucas
22, 55-57
18:15
Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo,
seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del
Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice,
18:16 mientras Pedro permanecía
afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo
Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro.
18:17 La portera dijo entonces a Pedro:
"¿No eres tú también uno de los discípulos
de ese hombre?" Él le respondió: "No lo soy".
18:18 Los servidores y los guardias se
calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía
frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego.
Jesús
ante el Sumo Sacerdote
18:19
El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos
y de su enseñanza.
18:20 Jesús le respondió:
"He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la
sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y
no he dicho nada en secreto.
18:21 ¿Por qué me interrogas
a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé.
Ellos saben bien lo que he dicho".
18:22 Apenas Jesús dijo esto, uno
de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole:
"¿Así respondes al Sumo Sacerdote?"
18:23 Jesús le respondió:
"Si he hablado mal, muestra en qué ha sido;
pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?"
18:24 Entonces Anás lo envió
atado ante el Sumo Sacerdote Caifás.
Nuevas
negaciones de Pedro
18:25
Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él
le dijeron: "¿No eres tú también uno de sus discípulos?".
Él lo negó y dijo: "No lo soy".
18:26 Uno de los servidores del Sumo Sacerdote,
pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió:
"¿Acaso no te vi con él en la huerta?"
18:27 Pedro volvió a negarlo, y
en seguida cantó el gallo.
Jesús
ante Pilato
Mateo
27, 1-2.11-14 / Marcos
15, 1-5 / Lucas
23, 1-7
18:28
Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de
madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder
así participar en la comida de Pascua.
18:29 Pilato salió a donde estaban
ellos y les preguntó: "¿Qué acusación traen
contra este hombre?" Ellos respondieron:
18:30 "Si no fuera un malhechor,
no te lo hubiéramos entregado".
18:31 Pilato les dijo: "Tómenlo
y júzguenlo ustedes mismos, según la Ley que tienen". Los
judíos le dijeron: "A nosotros no nos está permitido dar
muerte a nadie".
18:32 Así debía cumplirse
lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba
a morir.
18:33 Pilato volvió a entrar en
el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres
tú el rey de los judíos?"
18:34 Jesús le respondió:
"¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?"
18:35 Pilato replicó: "¿Acaso
yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto
en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?"
18:36 Jesús respondió:
"Mi realeza no es de este mundo.
Si mi realeza fuera de este mundo,
los que están a mi servicio habrían combatido
para que yo no fuera entregado a los judíos.
Pero mi realeza no es de aquí".
18:37 Pilato le dijo:
"¿Entonces tú eres rey?" Jesús respondió:
"Tú lo dices:
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yo soy rey.
Para esto he nacido
y he venido al mundo:
para dar testimonio de la verdad.
El que es de la verdad, escucha mi voz".
18:38 Pilato le preguntó: "¿Qué
es la verdad?" Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban
los judíos y les dijo: "Yo no encuentro en él ningún
motivo para condenarlo.
18:39 Y ya que ustedes
tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión
de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?"
18:40 Ellos comenzaron a gritar, diciendo:
"¡A él no, a Barrabás!" Barrabás era
un bandido.
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La
flagelación y la coronación de espinas
Mateo
27, 27-31 / Marcos
15, 16-20
19:1
Pilato mandó entonces azotar a Jesús.
19:2 Los soldados tejieron una corona
de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto de
color púrpura,
19:3 y acercándose, le decían:
"¡Salud, rey de los judíos!", y lo abofeteaban.
19:4 Pilato volvió a salir y les
dijo: "Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él
ningún motivo de condena".
19:5 Jesús salió, llevando
la corona de espinas y el manto de color púrpura. Pilato les dijo:
"¡Aquí tienen al hombre!"
19:6 Cuando los sumos sacerdotes y los
guardias lo vieron, gritaron: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!"
Pilato les dijo: "Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no
encuentro en él ningún motivo para condenarlo".
19:7 Los judíos respondieron: "Nosotros
tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende
ser Hijo de Dios".
19:8 Al oír estas palabras, Pilato
se alarmó más todavía.
19:9 Volvió a entrar en el pretorio
y preguntó a Jesús: "¿De dónde eres tú?"
Pero Jesús no le respondió nada.
19:10 Pilato le dijo: "¿No
quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también
para crucificarte?"
19:11 Jesús le respondió:
"Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no
la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido
un pecado más grave".
Jesús
condenado a muerte
19:12
Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos
gritaban: "Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que
se hace rey se opone al César".
19:13 Al oír esto, Pilato sacó
afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado
"el Empedrado", en hebreo, "Gábata".
19:14 Era el día de la Preparación
de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos:
"Aquí tienen a su rey".
19:15 Ellos vociferaban: "¡Fuera!
¡Fuera! ¡Crucifícalo!". Pilato les dijo: "¿Voy
a crucificar a su rey?" Los sumos sacerdotes respondieron: "No tenemos
otro rey que el César".
19:16 Entonces Pilato se lo entregó
para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.
La
crucifixión de Jesús
Mateo
27, 32-38 / Marcos
15, 23-27 / Lucas
23, 33-34
19:17
Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad
para dirigirse al lugar llamado "del Cráneo", en hebreo,
"Gólgota".
19:18 Allí lo crucificaron; y con
él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio.
19:19 Pilato redactó una inscripción
que decía: "Jesús el Nazareno, rey de los judíos",
y la hizo poner sobre la cruz.
19:20 Muchos judíos leyeron esta
inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba
cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín
y griego.
19:21 Los sumos sacerdotes de los judíos
dijeron a Pilato: "No escribas: "El rey de los judíos",
sino: "Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos"".
19:22 Pilato respondió: "Lo
escrito, escrito está".
El
sorteo de las vestiduras
19:23
Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras
y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también
la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una
sola pieza de arriba abajo,
19:24 se dijeron entre sí: "No
la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca". Así
se cumplió la Escritura que dice:
Se repartieron mis vestiduras
y sortearon mi túnica.
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Esto fue lo que hicieron los soldados.
Jesús
y su madre
19:25
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre,
María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
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19:26 Al ver a la madre y cerca de ella
al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer,
aquí tienes a tu hijo".
19:27 Luego dijo al discípulo:
"Aquí tienes a tu madre". Y desde aquella hora, el discípulo
la recibió en su casa.
La
muerte de Jesús
Mateo
27, 45-54 / Marcos
15, 33-39 / Lucas
23, 44-49
19:28
Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura
se cumpliera hasta el final, Jesús dijo:
Tengo sed.
19:29 Había allí un recipiente
lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama
de hisopo y se la acercaron a la boca.
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19:30 Después de beber el vinagre,
dijo Jesús: "Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza,
entregó su espíritu.
La
herida del costado
19:31
Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos
pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara
retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado,
porque ese sábado era muy solemne.
19:32 Los soldados fueron y quebraron
las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús.
19:33 Cuando llegaron a él, al
ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas,
19:34 sino que uno de los soldados le
atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre
y agua.
19:35 El que vio esto lo atestigua: su
testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también
ustedes crean.
19:36 Esto sucedió
para que se cumpliera la Escritura que dice:
No le quebrarán ninguno de sus huesos.
19:37 Y otro pasaje de la Escritura, dice:
Verán al que ellos mismos traspasaron.
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La
sepultura de Jesús
Mateo
27, 57-66 / Marcos
15, 42-47 / Lucas
23, 50-56
19:38
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo
de Jesús pero secretamente, por temor a los judíos pidió
autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato
se la concedió, y él fue a retirarlo.
19:39 Fue también Nicodemo, el
mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla
de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos.
19:40 Tomaron entonces el cuerpo de Jesús
y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según
la costumbre de sepultar que tienen los judíos.
19:41 En el lugar donde lo crucificaron
había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía
nadie había sido sepultado.
19:42 Como era para los judíos
el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron
allí a Jesús.
CAPÍTULO 20
El
sepulcro vacío
Mateo
28, 1-8 / Marcos
16, 1-8 / Lucas
24, 1-12
20:1
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba
oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había
sido sacada.
20:2 Corrió al encuentro de Simón
Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se
han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han
puesto".
20:3 Pedro y el otro discípulo
salieron y fueron al sepulcro.
20:4 Corrían los dos juntos, pero
el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro
y llegó antes.
20:5 Asomándose al sepulcro, vio
las vendas en el suelo, aunque no entró.
20:6 Después llegó Simón
Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas
en el suelo
20:7 y también el sudario que había
cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar
aparte.
20:8 Luego entró el otro discípulo,
que había llegado antes al sepulcro: él vio y creyó.
20:9 Todavía no habían comprendido
que, según la Escritura, él debía resucitar de entre
los muertos.
20:10 Los discípulos regresaron
entonces a su casa.
La
aparición de Jesús a María Magdalena
Marcos
16, 9-11
20:11
María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras
lloraba, se asomó al sepulcro
20:12 y vio a dos ángeles vestidos
de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había
sido puesto el cuerpo de Jesús.
20:13 Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por
qué lloras?" María respondió: "Porque se han
llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".
20:14 Al decir esto se dio vuelta y vio
a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.
20:15 Jesús le preguntó:
"Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?"
Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor,
si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré
a buscarlo".
20:16 Jesús le dijo: "¡María!"
Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!",
es decir, "¡Maestro!"
20:17 Jesús le dijo: "No me
retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos:
"Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes"".
20:18 María Magdalena fue a anunciar
a los discípulos que había visto al Señor y que él
le había dicho esas palabras.
Apariciones
de Jesús a los discípulos
Mateo
28, 16-20 / Marcos
16, 14-18 / Lucas
24, 36-49 / Hechos
1, 6-8
20:19
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas
las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor
a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio
de ellos,
les dijo: "¡La paz esté con ustedes!"
20:20 Mientras decía esto, les
mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de
alegría cuando vieron al Señor.
20:21 Jesús les dijo de nuevo:
"¡La paz esté con ustedes!
Como el Padre me envió a mí,
yo también los envío a ustedes".
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20:22 Al decirles esto, sopló sobre
ellos y añadió:
"Reciban el Espíritu Santo.
20:23 Los pecados
serán perdonados
a los que ustedes se los perdonen,
y serán retenidos
a los que ustedes se los retengan".
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20:24 Tomás, uno de los Doce, de
sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
20:25 Los otros discípulos le dijeron:
"¡Hemos visto al Señor!" Él les respondió:
"Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en
el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
20:26 Ocho días más tarde,
estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos
Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las
puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté
con ustedes!"
20:27 Luego dijo a Tomás: "Trae
aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: métela
en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
20:28 Tomás respondió: "¡Señor
mío y Dios mío!"
20:29 Jesús le dijo:
"Ahora crees, porque me has visto.
¡Felices los que creen sin haber visto!".
Conclusión
20:30 Jesús realizó además
muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran
relatados en este Libro.
20:31 Estos han sido escritos para que
ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo,
tengan Vida en su Nombre.
APÉNDICE
Aparición
junto al mar de Tiberíades
21:1 Después de esto, Jesús
se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades.
Sucedió así:
21:2 estaban juntos Simón Pedro,
Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea,
los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
21:3 Simón Pedro les dijo: "Voy
a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros".
Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. ![]()
21:4 Al amanecer, Jesús estaba
en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
21:5 Jesús les dijo: "Muchachos,
¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".
21:6 Él les dijo: "Tiren la
red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron
y se llenó tanto de peces
que no podían arrastrarla.
21:7 El discípulo al que Jesús
amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!" Cuando Simón
Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica,
que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
21:8 Los otros discípulos fueron
en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo
a unos cien metros de la orilla.
21:9 Al bajar a tierra vieron que había
fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
21:10 Jesús les dijo: "Traigan
algunos de los pescados que acaban de sacar".
21:11 Simón Pedro subió
a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento
cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
21:12 Jesús les dijo: "Vengan
a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle:
"¿Quién eres?", porque sabían que era el Señor.
21:13 Jesús se acercó, tomó
el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
21:14 Esta fue la tercera vez que Jesús
resucitado se apareció a sus discípulos.
Diálogo
de Jesús con Pedro
21:15
Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón,
hijo de Juan, ¿me amas más que estos?" Él le respondió:
"Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús
le dijo: "Apacienta mis corderos". ![]()
21:16 Le volvió a decir por segunda
vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le
respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero".
Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".
21:17 Le preguntó por tercera vez:
"Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Pedro se entristeció
de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor,
tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo:
"Apacienta mis ovejas.
21:18 Te aseguro
que cuando eras joven,
tú mismo te vestías
e ibas a donde querías.
Pero cuando seas viejo,
extenderás tus brazos,
y otro te atará
y te llevará a donde no quieras".
21:19 De esta manera, indicaba con qué
muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así,
le dijo: "Sígueme".
El
futuro de Juan
21:20
Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al
que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado
sobre Jesús y le había preguntado: "Señor, ¿quién
es el que te va a entregar?"
21:21 Cuando Pedro lo vio, preguntó
a Jesús: "Señor, ¿y qué será de éste?"
21:22 Jesús le respondió:
"Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué
te importa? Tú sígueme".
21:23 Entonces se divulgó entre
los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero
Jesús no había dicho a Pedro: "Él no morirá",
sino: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué
te importa?"
Conclusión
21:24
Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que
las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.
21:25 Jesús hizo también
muchas otras cosas. Si se las relatara detalladamente, pienso que no bastaría
todo el mundo para contener los libros que se escribirían.