HECHOS DE LOS APÓSTOLES
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Prólogo
1:1 En mi primer Libro, querido Teófilo,
me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde
el comienzo,
1:2 hasta el día en que subió
al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo,
sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.
La
promesa del Espíritu Santo
1:3 Después de su Pasión,
Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas
de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció
y les habló del Reino de Dios.
1:4 En una ocasión, mientras estaba
comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén
y esperaran la promesa del Padre: "La promesa, les dijo, que yo les he
anunciado.
1:5 Porque Juan bautizó con agua,
pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de
pocos días".
1:6 Los que estaban
reunidos le preguntaron: "Señor, ¿es ahora cuando vas a
restaurar el reino de Israel?"
1:7 Él les respondió: "No
les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido
con su propia autoridad.
1:8 Pero recibirán la fuerza del
Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán
mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta
los confines de la tierra".
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La
ascensión de Jesús
Marcos
16, 19 / Lucas
24, 50-53
1:9
Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse,
y una nube lo ocultó de la vista de ellos.
1:10 Como permanecían con la mirada
puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron
dos hombres vestidos de blanco,
1:11 que les dijeron: "Hombres de
Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús
que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma
manera que lo han visto partir".
LA EVANGELIZACIÓN DEL MUNDO JUDÍO
El
grupo de los Apóstoles
1:12 Los Apóstoles regresaron entonces
del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios
es la que está permitida recorrer en día sábado.
1:13 Cuando llegaron a la ciudad, subieron
a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés,
Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón
el Zelote y Judas, hijo de Santiago.
1:14 Todos ellos, íntimamente unidos,
se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres,
de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.
La
elección de Matías
1:15 Uno de esos días, Pedro se
puso de pie en medio de los hermanos los que estaban reunidos eran alrededor
de ciento veinte personas y dijo:
1:16 "Hermanos, era necesario que
se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de
David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús.
1:17 Él era uno de los nuestros
y había recibido su parte en nuestro ministerio.
1:18 Pero después de haber comprado
un campo con el precio de su crimen, cayó de cabeza, y su cuerpo se
abrió, dispersándose sus entrañas.
1:19 El hecho fue tan conocido por todos
los habitantes de Jerusalén, que ese campo fue llamado en su idioma
Hacéldama, que quiere decir: "Campo de sangre". ![]()
1:20 En el libro de
los Salmos está escrito:
Que su casa quede desierta
y nadie la habite. ![]()
Y más adelante:
Que otro ocupe su cargo. ![]()
1:21 Es necesario que uno de los que han
estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor
Jesús permaneció con nosotros,
1:22 desde el bautismo de Juan hasta el
día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo
de su resurrección".
1:23 Se propusieron dos: José,
llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías.
1:24 Y oraron así: "Señor,
tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál
de los dos elegiste
1:25 para desempeñar el ministerio
del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía".
1:26 Echaron suertes, y la elección
cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.
La
venida del Espíritu Santo
2:1 Al llegar el día de Pentecostés,
estaban todos reunidos en el mismo lugar.
2:2 De pronto, vino del cielo un ruido,
semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda
la casa donde se encontraban.
2:3 Entonces vieron aparecer unas lenguas
como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
2:4 Todos quedaron llenos del Espíritu
Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu
les permitía expresarse.
2:5 Había en Jerusalén judíos
piadosos, venidos de todas las naciones del mundo.
2:6 Al oírse este ruido, se congregó
la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar
en su propia lengua.
2:7 Con gran admiración y estupor
decían: "¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos?
2:8 ¿Cómo es que cada uno
de nosotros los oye en su propia lengua?
2:9 Partos, medos y elamitas, los que
habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto
y en Asia Menor,
2:10 en Frigia y Panfilia, en Egipto,
en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma,
2:11 judíos y prosélitos,
cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas
las maravillas de Dios".
Primer
discurso de Pedro
2:12
Unos a otros se decían con asombro: "¿Qué significa
esto?"
2:13 Algunos, burlándose, comentaban:
"Han tomado demasiado vino".
2:14 Entonces, Pedro poniéndose
de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea
y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque
voy a explicarles lo que ha sucedido.
2:15 Estos hombres no están ebrios,
como ustedes suponen, ya que no son más que las nueve de la mañana,
2:16 sino que se está cumpliendo
lo que dijo el profeta Joel:
2:17 En los últimos
días, dice el Señor,
derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres
y profetizarán sus hijos y sus hijas;
los jóvenes verán visiones
y los ancianos tendrán sueños proféticos.
2:18 Más aún, derramaré
mi Espíritu
sobre mis servidores y servidoras,
y ellos profetizarán.
2:19 Haré prodigios arriba, en
el cielo,
y signos abajo, en la tierra:
verán sangre, fuego y columnas de humo.
2:20 El sol se convertirá en tinieblas
y la luna en sangre,
antes que llegue el Día del Señor,
día grande y glorioso.
2:21 Y todo el que invoque el nombre del
Señor se salvará.
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2:22 Israelitas, escuchen: A Jesús
de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por
su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen,
2:23 a ese hombre que había sido
entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron
morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.
2:24 Pero Dios lo resucitó, librándolo
de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio
sobre él.
2:25 En efecto, refiriéndose
a él, dijo David:
Veía sin cesar al Señor delante de mí,
porque él está a mi derecha
para que yo no vacile.
2:26 Por eso se alegra mi corazón
y mi lengua canta llena de gozo.
También mi cuerpo descansará en la esperanza,
2:27 porque tú no entregarás
mi alma al Abismo,
ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción.
2:28 Tú me has hecho conocer los
caminos de la vida
y me llenarás de gozo en tu presencia.
2:29 Hermanos, permítanme decirles
con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y
su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy.
2:30 Pero como él
era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente
suyo se sentaría en su trono.
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2:31 Por eso previó y anunció
la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado
al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción.
2:32 A este Jesús, Dios lo resucitó,
y todos nosotros somos testigos.
2:33 Exaltado por el poder de Dios, él
recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado
como ustedes ven y oyen.
2:34 Porque no es David
el que subió a los cielos; al contrario, él mismo afirma:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi derecha,
2:35 hasta que ponga a todos tus enemigos
debajo de tus pies.
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2:36 Por eso, todo el pueblo de Israel
debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha
hecho Señor y Mesías".
Las
primeras conversiones
2:37
Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a
Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos, ¿qué debemos
hacer?"
2:38 Pedro les respondió: "Conviértanse
y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados
los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo.
2:39 Porque la promesa ha sido hecha a
ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos
el Señor, nuestro Dios, quiera llamar".
2:40 Y con muchos otros argumentos les
daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación
perversa.
2:41 Los que recibieron su palabra se
hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.
La
primera comunidad cristiana
2:42
Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los
Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción
del pan y en las oraciones.
2:43 Un santo temor se apoderó
de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y
signos.
2:44 Todos los creyentes se mantenían
unidos y ponían lo suyo en común:
2:45 vendían sus propiedades y
sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades
de cada uno.
2:46 Íntimamente unidos, frecuentaban
a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos
con alegría y sencillez de corazón;
2:47 ellos alababan a Dios y eran queridos
por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad
con aquellos que debían salvarse.
La
curación de un paralítico
3:1
En una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración
de la tarde.
3:2 Allí encontraron a un paralítico
de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo
llamada "la Hermosa", para pedir limosna a los que entraban.
3:3 Cuando él vio a Pedro y a Juan
entrar en el Templo, les pidió una limosna.
3:4 Entonces Pedro, fijando la mirada
en él, lo mismo que Juan, le dijo: "Míranos".
3:5 El hombre los miró fijamente
esperando que le dieran algo.
3:6 Pedro le dijo: "No tengo plata
ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate
y camina".
3:7 Y tomándolo de la mano derecha,
lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos.
3:8 Dando un salto, se puso de pie y comenzó
a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando
a Dios.
3:9 Toda la gente lo vio caminar y alabar
a Dios.
3:10 Reconocieron que era el mendigo que
pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada "la Hermosa",
y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había
sucedido.
Segundo
discurso de Pedro
3:11
Como él no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro,
corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón.
3:12 Al ver esto, Pedro dijo al pueblo:
"Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué
nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad,
que hemos hecho caminar a este hombre?
3:13 El Dios de Abraham, de Isaac y
de Jacob, el Dios de nuestros padres,
glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando
de él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo
en libertad.
3:14 Ustedes renegaron del Santo y del
Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida,
3:15 mataron al autor de la vida. Pero
Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
3:16 Por haber creído en su Nombre,
ese mismo Nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta
fe que proviene de él, es la que lo ha curado completamente, como ustedes
pueden comprobar.
3:17 Ahora bien, hermanos, yo sé
que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes.
3:18 Pero así, Dios cumplió
lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías
debía padecer.
3:19 Por lo tanto, hagan penitencia y
conviértanse, para que sus pecados sean perdonados.
3:20 Así el Señor les concederá
el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado
para ustedes.
3:21 Él debe permanecer en el cielo
hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció
antiguamente por medio de sus santos profetas.
3:22 Moisés,
en efecto, dijo: El Señor Dios suscitará para ustedes, de
entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán
a todo lo que él les diga.
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3:23 El que no escuche
a ese profeta será excluido del pueblo. ![]()
3:24 Y todos los profetas que han hablado
a partir de Samuel, anunciaron también estos días.
3:25 Ustedes son los
herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados,
cuando dijo a Abraham: En tu descendencia serán bendecidos todos
los pueblos de la tierra.
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3:26 Ante todo para ustedes Dios resucitó
a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte
de sus iniquidades".
Pedro
y Juan ante el Sanedrín
4:1
Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos
los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos,
4:2 irritados de que predicaran y anunciaran
al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de
Jesús.
3 Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día
siguiente, porque ya era tarde.
4:4 Muchos de los que habían escuchado
la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando
sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil.
4:5 Al día siguiente, se reunieron
en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas,
4:6 con Anás, el Sumo Sacerdote,
Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los
sumos sacerdotes.
4:7 Hicieron comparecer a los Apóstoles
y los interrogaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién
ustedes hicieron eso?"
4:8 Pedro, lleno del Espíritu Santo,
dijo: "Jefes del pueblo y ancianos,
4:9 ya que hoy se nos pide cuenta del
bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado,
4:10 sepan ustedes y todo el pueblo de
Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el
nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron
y Dios resucitó de entre los muertos.
4:11 Él es
la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser
la piedra angular.
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4:12 Porque en ningún otro hay
salvación, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres,
por el cual podamos salvarnos".
v13 Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con
que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura.
Reconocieron que eran los que habían acompañado a Jesús,
4:14 pero no podían replicarles
nada, porque el hombre que había sido curado estaba de pie, al lado
de ellos.
4:15 Entonces les ordenaron salir del
Sanedrín y comenzaron a deliberar,
4:16 diciendo: "¿Qué
haremos con estos hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo
bien patente, que es notorio para todos los habitantes de Jerusalén.
4:17 A fin de evitar que la cosa se divulgue
más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante
no hablen de ese Nombre".
4:18 Los llamaron y les prohibieron terminantemente
que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús.
4:19 Pedro y Juan les respondieron: "Juzguen
si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes
antes que a Dios.
4:20 Nosotros no podemos callar lo que
hemos visto y oído".
4:21 Después de amenazarlos nuevamente,
los dejaron en libertad, ya que no sabían cómo castigarlos,
por temor al pueblo que alababa a Dios al ver lo que había sucedido.
4:22 El hombre milagrosamente curado tenía
más de cuarenta años.
La
primera persecución contra la Iglesia
4:23
Una vez en libertad, los Apóstoles regresaron adonde estaban sus hermanos,
y les contaron todo lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y
los ancianos.
4:24 Al oírlos, todos levantaron
la voz y oraron a Dios unánimemente: "Señor, tú
hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos;
4:25 tú, por
medio del Espíritu Santo, pusiste estas palabras en labios de nuestro
padre David, tu servidor:
¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos hacen vanos proyectos?
4:26 Los reyes de la tierra se
rebelaron
y los príncipes se aliaron
contra el Señor y contra su Ungido. ![]()
4:27 Porque realmente se aliaron en esta
ciudad Herodes y Poncio Pilato con las naciones paganas y los pueblos de Israel,
contra tu santo servidor Jesús, a quien tú has ungido.
4:28 Así ellos cumplieron todo
lo que tu poder y tu sabiduría habían determinado de antemano.
4:29 Ahora, Señor, mira sus amenazas,
y permite a tus servidores anunciar tu Palabra con toda libertad:
4:30 extiende tu mano para que se realicen
curaciones, signos y prodigios en el nombre de tu santo servidor Jesús".
4:31 Cuando terminaron de orar, tembló
el lugar donde estaban reunidos; todos quedaron llenos del Espíritu
Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios.
La
comunión fraterna de bienes
4:32
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola
alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común
entre ellos.
4:33 Los Apóstoles daban testimonio
con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y
gozaban de gran estima.
4:34 Ninguno padecía necesidad,
porque todos los que poseían tierras o casas las vendían
4:35 y ponían el dinero a disposición
de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según
sus necesidades.
4:36 Y así José, llamado
por los Apóstoles Bernabé que quiere decir hijo del consuelo
un levita nacido en Chipre
4:37 que poseía un campo, lo vendió,
y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.
El
caso de Ananías y Safira
5:1
Un hombre llamado Ananías, junto con su mujer, Safira, vendió
una propiedad,
5:2 y de acuerdo con ella, se guardó
parte del dinero y puso el resto a disposición de los Apóstoles.
5:3 Pedro le dijo: "Ananías,
¿por qué dejaste que Satanás se apoderara de ti hasta
el punto de engañar al Espíritu Santo, guardándote una
parte del dinero del campo?
5:4 ¿Acaso no eras dueño
de quedarte con él? Y después de venderlo, ¿no podías
guardarte el dinero? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto?
No mentiste a los hombres sino a Dios".
5:5 Al oír estas palabras, Ananías
cayó muerto. Un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron
de lo sucedido.
5:6 Vinieron unos jóvenes, envolvieron
su cuerpo y lo llevaron a enterrar.
5:7 Unas tres horas más tarde,
llegó su mujer, completamente ajena a lo ocurrido.
5:8 Pedro le preguntó: "¿Es
verdad que han vendido el campo en tal suma?" Ella respondió:
"Sí, en esa suma".
5:9 Pedro le dijo: "¿Por qué
se han puesto de acuerdo para tentar así al Espíritu del Señor?
Mira junto a la puerta las pisadas de los que acaban de enterrar a tu marido;
ellos también te van a llevar a ti".
5:10 En ese mismo momento, ella cayó
muerta a sus pies; los jóvenes, al entrar, la encontraron muerta, la
llevaron y la enterraron junto a su marido.
5:11 Un gran temor se apoderó entonces
de toda la Iglesia y de todos los que oyeron contar estas cosas.
Crecimiento de la Iglesia
5:12 Los Apóstoles hacían
muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos
en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón,
5:13 pero ningún otro se atrevía
a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien
de ellos.
5:14 Aumentaba cada vez más el
número de los que creían en el Señor, tanto hombres como
mujeres.
5:15 Y hasta sacaban a los enfermos a
las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro
pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos.
v16 La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén,
trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos
quedaban curados.
Arresto
y liberación de los Apóstoles
5:17
Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la
secta de los saduceos. Llenos de envidia,
5:18 hicieron arrestar a los Apóstoles
y los enviaron a la prisión pública.
5:19 Pero durante la noche, el Ángel
del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo
salir. Luego les dijo:
5:20 "Vayan al Templo y anuncien
al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida".
5:21 Los Apóstoles, obedeciendo
la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se
pusieron a enseñar.
Los
Apóstoles ante el Sanedrín
Entre
tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín
y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel.
5:22 Cuando llegaron los guardias a la
prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron:
5:23 "Encontramos la prisión
cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas,
pero cuando las abrimos, no había nadie adentro".
5:24 Al oír esto, el jefe del Templo
y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué
había sucedido.
5:25 En ese momento llegó uno,
diciendo: "Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo
y enseñan al pueblo".
5:26 El jefe de la guardia salió
con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por
temor de ser apedreados por el pueblo.
5:27 Los hicieron comparecer ante el Sanedrín,
y el Sumo Sacerdote les dijo:
5:28 "Nosotros les habíamos
prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén
con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la
sangre de ese hombre!"
5:29 Pedro, junto con los Apóstoles,
respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.
5:30 El Dios de nuestros padres ha resucitado
a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo.
5:31 A él, Dios lo exaltó
con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel
la conversión y el perdón de los pecados.
5:32 Nosotros somos testigos de estas
cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le
obedecen".
5:33 Al oír estas palabras, ellos
se enfurecieron y querían matarlos.
La
intervención de Gamaliel
5:34
Pero un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley, respetado por
todo el pueblo, se levantó en medio del Sanedrín. Después
de hacer salir por un momento a los Apóstoles,
5:35 dijo a los del Sanedrín: "Israelitas,
cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres.
5:36 Hace poco apareció Teudas,
que pretendía ser un personaje, y lo siguieron unos cuatrocientos hombres;
sin embargo, lo mataron, sus partidarios se dispersaron, y ya no queda nada.
5:37 Después de él, en la
época del censo, apareció Judas de Galilea, que también
arrastró mucha gente: igualmente murió, y todos sus partidarios
se dispersaron.
5:38 Por eso, ahora les digo: No se metan
con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan
hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo,
5:39 pero si verdaderamente viene de Dios,
ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse
en una lucha contra Dios".
Los del Sanedrín siguieron su consejo:
5:40 llamaron a los Apóstoles,
y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de
Jesús y los soltaron.
5:41 Los Apóstoles, por su parte,
salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de
padecer por el nombre de Jesús.
5:42 Y todos los días, tanto en
el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la
Buena Noticia de Cristo Jesús.