HECHOS DE LOS APÓSTOLES


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CAPÍTULO 1

Prólogo
1:
1 En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo,
1:2 hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido.

La promesa del Espíritu Santo
1:3 Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios.
1:4 En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: "La promesa, les dijo, que yo les he anunciado.
1:5 Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días".
1:6 Los que estaban reunidos le preguntaron: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?"
1:7 Él les respondió: "No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad.
1:8 Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra".
Mateo 28, 16-20 Marcos 16, 14-18 Juan 20, 19-23

La ascensión de Jesús
Marcos 16, 19 / Lucas 24, 50-53

1:9 Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, Marcos 16, 19 y una nube lo ocultó de la vista de ellos.
1:10 Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco,
1:11 que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir".

LA EVANGELIZACIÓN DEL MUNDO JUDÍO

El grupo de los Apóstoles
1:
12 Los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado.
1:13 Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago.
1:14 Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.

La elección de Matías
1:15 Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos —los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte personas— y dijo:
1:16 "Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús.
1:17 Él era uno de los nuestros y había recibido su parte en nuestro ministerio.
1:18 Pero después de haber comprado un campo con el precio de su crimen, cayó de cabeza, y su cuerpo se abrió, dispersándose sus entrañas.
1:19 El hecho fue tan conocido por todos los habitantes de Jerusalén, que ese campo fue llamado en su idioma Hacéldama, que quiere decir: "Campo de sangre". Mateo 27, 8
1:20 En el libro de los Salmos está escrito:
Que su casa quede desierta
y nadie la habite. Salmo 69, 26
Y más adelante:
Que otro ocupe su cargo. Salmo 109, 8
1:21 Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros,
1:22 desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección".
1:23 Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías.
1:24 Y oraron así: "Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste
1:25 para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía".
1:26 Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.

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CAPÍTULO 2

La venida del Espíritu Santo
2:1 Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar.
2:2 De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban.
2:3 Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos.
2:4 Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.
2:5 Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo.
2:6 Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.
2:7 Con gran admiración y estupor decían: "¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos?
2:8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua?
2:9 Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor,
2:10 en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma,
2:11 judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios".

Primer discurso de Pedro
2:12 Unos a otros se decían con asombro: "¿Qué significa esto?"
2:13 Algunos, burlándose, comentaban: "Han tomado demasiado vino".
2:14 Entonces, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo: "Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.
2:15 Estos hombres no están ebrios, como ustedes suponen, ya que no son más que las nueve de la mañana,
2:16 sino que se está cumpliendo lo que dijo el profeta Joel:
2:17 En los últimos días, dice el Señor,
derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres
y profetizarán sus hijos y sus hijas;
los jóvenes verán visiones
y los ancianos tendrán sueños proféticos.
2:18 Más aún, derramaré mi Espíritu
sobre mis servidores y servidoras,
y ellos profetizarán.
2:19 Haré prodigios arriba, en el cielo,
y signos abajo, en la tierra:
verán sangre, fuego y columnas de humo.
2:20 El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre,
antes que llegue el Día del Señor,
día grande y glorioso.
2:21 Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
Joel 3, 5 Romanos 10, 13
2:22 Israelitas, escuchen: A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen,
2:23 a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles.
2:24 Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.
2:25 En efecto, refiriéndose a él, dijo David:
Veía sin cesar al Señor delante de mí,
porque él está a mi derecha Salmo 16, 11 para que yo no vacile.
2:26 Por eso se alegra mi corazón
y mi lengua canta llena de gozo.
También mi cuerpo descansará en la esperanza,
2:27 porque tú no entregarás mi alma al Abismo,
ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción.
2:28 Tú me has hecho conocer los caminos de la vida
y me llenarás de gozo en tu presencia.

2:29 Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy.
2:30 Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. 2 Samuel 7, 12-14
1 Reyes 2, 4 1 Reyes 9, 5 1 Crónicas 17, 11-14 2 Crónicas 7, 18 2 Crónicas 23, 3 Jeremías 33, 17 Salmo 89, 5 Salmo 132, 11
2:31 Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. Salmo 16, 10
Hechos 13, 35
2:32 A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.
2:33 Exaltado por el poder de Dios, él recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y lo ha comunicado como ustedes ven y oyen.
2:34 Porque no es David el que subió a los cielos; al contrario, él mismo afirma:
Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi derecha,
2:35 hasta que ponga a todos tus enemigos
debajo de tus pies.
Salmo 8, 7 Salmo 110, 1 Mateo 22, 44 Marcos 12, 36 Lucas 20, 42-43 1 Corintios 15, 25 1 Corintios 15, 27 Efesios 1, 20-22 Colosenses 3, 1 Hebreos 1, 13 Hebreos 2, 8 Hebreos 8, 1 Hebreos 10, 12-13
2:36 Por eso, todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías".

Las primeras conversiones
2:37 Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?"
2:38 Pedro les respondió: "Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo.
2:39 Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar".
2:40 Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.
2:41 Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

La primera comunidad cristiana
2:42 Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones.
2:43 Un santo temor se apoderó de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos.
2:44 Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común:
2:45 vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno.
2:46 Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón;
2:47 ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.

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CAPÍTULO 3

La curación de un paralítico
3:1 En una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde.
3:2 Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada "la Hermosa", para pedir limosna a los que entraban.
3:3 Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna.
3:4 Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: "Míranos".
3:5 El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo.
3:6 Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina".
3:7 Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos.
3:8 Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios.
3:9 Toda la gente lo vio caminar y alabar a Dios.
3:10 Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada "la Hermosa", y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido.

Segundo discurso de Pedro
3:11 Como él no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón.
3:12 Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: "Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre?
3:13 El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, Éxodo 3,  6-15 Mateo 22, 32 Marcos 12, 26 Hechos 7, 32 glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad.
3:14 Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida,
3:15 mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.
3:16 Por haber creído en su Nombre, ese mismo Nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de él, es la que lo ha curado completamente, como ustedes pueden comprobar.
3:17 Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes.
3:18 Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer.
3:19 Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados.

3:
20 Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes.
3:21 Él debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas.
3:22 Moisés, en efecto, dijo: El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. Deuteronomio 18, 15 Deuteronomio 18, 18 Hechos 7, 37
3:23 El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo. Deuteronomio 18, 19
3:24 Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días.

3:
25 Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Génesis 12, 3 Génesis 27, 29 Génesis 22, 18 Génesis 28, 14 Hechos 3, 25 Gálatas 3, 8 Hebreos 11, 20
3:
26 Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades".

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CAPÍTULO 4

Pedro y Juan ante el Sanedrín
4:1 Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos,
4:2 irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús.
4:3 Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde.
4:4 Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil.
4:5 Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas,
4:6 con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes.
4:7 Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?"
4:8 Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos,
4:9 ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado,
4:10 sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos.
4:11 Él es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. Salmo 118, 22 Mateo 21, 42 Marcos 12, 10-11 Lucas 20, 17 1 Pedro 2, 7
4:12 Porque en ningún otro hay salvación, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos".
4:13 Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a Jesús,
4:14 pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido curado estaba de pie, al lado de ellos.
4:15 Entonces les ordenaron salir del Sanedrín y comenzaron a deliberar,
4:16 diciendo: "¿Qué haremos con estos hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que es notorio para todos los habitantes de Jerusalén.
4:17 A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre".
4:18 Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús.
4:19 Pedro y Juan les respondieron: "Juzguen si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios.
4:20 Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído".
4:21 Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa a Dios al ver lo que había sucedido.
4:22 El hombre milagrosamente curado tenía más de cuarenta años.

La primera persecución contra la Iglesia
4:23 Una vez en libertad, los Apóstoles regresaron adonde estaban sus hermanos, y les contaron todo lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
4:24 Al oírlos, todos levantaron la voz y oraron a Dios unánimemente: "Señor, tú hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos;
4:25 tú, por medio del Espíritu Santo, pusiste estas palabras en labios de nuestro padre David, tu servidor:
¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos hacen vanos proyectos?
4:26 Los reyes de la tierra se rebelaron
y los príncipes se aliaron
contra el Señor y contra su Ungido.
Salmo 2, 2
4:27 Porque realmente se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con las naciones paganas y los pueblos de Israel, contra tu santo servidor Jesús, a quien tú has ungido.
4:28 Así ellos cumplieron todo lo que tu poder y tu sabiduría habían determinado de antemano.
4:29 Ahora, Señor, mira sus amenazas, y permite a tus servidores anunciar tu Palabra con toda libertad:
4:30 extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios en el nombre de tu santo servidor Jesús".
4:31 Cuando terminaron de orar, tembló el lugar donde estaban reunidos; todos quedaron llenos del Espíritu Santo y anunciaban decididamente la Palabra de Dios.

La comunión fraterna de bienes
4:32 La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos.
4:33 Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima.
4:34 Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían
4:35 y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.
4:36 Y así José, llamado por los Apóstoles Bernabé —que quiere decir hijo del consuelo— un levita nacido en Chipre
4:37 que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.

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CAPÍTULO 5

El caso de Ananías y Safira
5:1 Un hombre llamado Ananías, junto con su mujer, Safira, vendió una propiedad,
5:2 y de acuerdo con ella, se guardó parte del dinero y puso el resto a disposición de los Apóstoles.
5:3 Pedro le dijo: "Ananías, ¿por qué dejaste que Satanás se apoderara de ti hasta el punto de engañar al Espíritu Santo, guardándote una parte del dinero del campo?
5:4 ¿Acaso no eras dueño de quedarte con él? Y después de venderlo, ¿no podías guardarte el dinero? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? No mentiste a los hombres sino a Dios".
5:5 Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido.
5:6 Vinieron unos jóvenes, envolvieron su cuerpo y lo llevaron a enterrar.
5:7 Unas tres horas más tarde, llegó su mujer, completamente ajena a lo ocurrido.
5:8 Pedro le preguntó: "¿Es verdad que han vendido el campo en tal suma?" Ella respondió: "Sí, en esa suma".
5:9 Pedro le dijo: "¿Por qué se han puesto de acuerdo para tentar así al Espíritu del Señor? Mira junto a la puerta las pisadas de los que acaban de enterrar a tu marido; ellos también te van a llevar a ti".
5:10 En ese mismo momento, ella cayó muerta a sus pies; los jóvenes, al entrar, la encontraron muerta, la llevaron y la enterraron junto a su marido.
5:11 Un gran temor se apoderó entonces de toda la Iglesia y de todos los que oyeron contar estas cosas.


Crecimiento de la Iglesia
5:
12 Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón,
5:13 pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos.
5:14 Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres.
5:15 Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos.
v16 La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados.

Arresto y liberación de los Apóstoles
5:17 Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia,
5:18 hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública.
5:19 Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo:
5:20 "Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida".
5:21 Los Apóstoles, obedeciendo la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se p
usieron a enseñar.

Los Apóstoles ante el Sanedrín
Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel.
5:22 Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron:
5:23 "Encontramos la prisión cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas, pero cuando las abrimos, no había nadie adentro".
5:24 Al oír esto, el jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué había sucedido.
5:25 En ese momento llegó uno, diciendo: "Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo".
5:26 El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por el pueblo.
5:27 Los hicieron comparecer ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote les dijo:
5:28 "Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!"
5:29 Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.
5:30 El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo.
5:31 A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados.
5:32 Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen".
5:33 Al oír estas palabras, ellos se enfurecieron y querían matarlos.

La intervención de Gamaliel
5:34 Pero un fariseo, llamado Gamaliel, que era doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en medio del Sanedrín. Después de hacer salir por un momento a los Apóstoles,
5:35 dijo a los del Sanedrín: "Israelitas, cuídense bien de lo que van a hacer con esos hombres.
5:36 Hace poco apareció Teudas, que pretendía ser un personaje, y lo siguieron unos cuatrocientos hombres; sin embargo, lo mataron, sus partidarios se dispersaron, y ya no queda nada.
5:37 Después de él, en la época del censo, apareció Judas de Galilea, que también arrastró mucha gente: igualmente murió, y todos sus partidarios se dispersaron.
5:38 Por eso, ahora les digo: No se metan con esos hombres y déjenlos en paz, porque si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo,
5:39 pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios".
Los del Sanedrín siguieron su consejo:
5:40 llamaron a los Apóstoles, y después de hacerlos azotar, les prohibieron hablar en el nombre de Jesús y los soltaron.
5:41 Los Apóstoles, por su parte, salieron del Sanedrín, dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús.
5:42 Y todos los días, tanto en el Templo como en las casas, no cesaban de enseñar y de anunciar la Buena Noticia de Cristo Jesús.

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