HECHOS DE LOS APÓSTOLES
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La
institución de los Siete
6:1
En aquellos días, como el número de discípulos aumentaba,
los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía
a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.
6:2 Entonces los Doce convocaron a todos
los discípulos y les dijeron: "No es justo que descuidemos el
ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas.
6:3 Es preferible, hermanos, que busquen
entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo
y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea.
6:4 De esa manera, podremos dedicarnos
a la oración y al ministerio de la Palabra".
6:5 La asamblea aprobó esta propuesta
y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe
y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás,
prosélito de Antioquía.
6:6 Los presentaron a los Apóstoles,
y estos, después de orar, les impusieron las manos.
6:7 Así la Palabra de Dios se extendía
cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente
en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe.
El
arresto de Esteban
6:8
Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y signos
en el pueblo.
6:9 Algunos miembros de la sinagoga llamada
"de los Libertos", como también otros, originarios de Cirene,
de Alejandría, de Cilicia y de la provincia de Asia, se presentaron
para discutir con él.
6:10 Pero como no encontraban argumentos,
frente a la sabiduría y al espíritu que se manifestaba en su
palabra,
6:11 sobornaron a unos hombres para que
dijeran que le habían oído blasfemar contra Moisés y
contra Dios.
6:12 Así consiguieron excitar al
pueblo, a los ancianos y a los escribas, y llegando de improviso, lo arrestaron
y lo llevaron ante el Sanedrín.
6:13 Entonces presentaron falsos testigos,
que declararon: "Este hombre no hace otra cosa que hablar contra el Lugar
santo y contra la Ley.
6:14 Nosotros le hemos oído decir
que Jesús de Nazaret destruirá este Lugar y cambiará
las costumbres que nos ha transmitido Moisés".
6:15 En ese momento, los que estaban sentados
en el Sanedrín tenían los ojos clavados en él y vieron
que el rostro de Esteban parecía el de un ángel.
El
discurso de Esteban
7:1
El Sumo Sacerdote preguntó a Esteban: "¿Es verdad lo que
estos dicen?"
7:2 Él respondió:
"Hermanos y padres, escuchen: El Dios de la gloria se apareció
a nuestro padre Abraham, cuando aún estaba en la Mesopotamia, antes
de establecerse en Jarán, ![]()
7:3 y le dijo: "Abandona tu tierra
natal y la casa de tu padre y ve al país que yo te indicaré".
7:4 Abraham salió de Caldea para
establecerse en Jarán. Después de la muerte de su padre, Dios
le ordenó que se trasladara a este país, donde ustedes ahora
están viviendo.
7:5 Él no le
dio nada en propiedad, ni siquiera un palmo de tierra, pero prometió
darle en posesión este país, a él, y después de
él a sus descendientes,
aunque todavía no tenía hijos.
7:6 Y Dios le anunció
que sus descendientes emigrarían a una tierra extranjera, y serían
esclavizados y maltratados durante cuatrocientos años.
7:7 Pero yo juzgaré
al pueblo que los esclavizará
dice el Señor y después quedarán en libertad
y me tributarán culto en este mismo lugar.
7:8 Le dio luego la
alianza sellada con la circuncisión
y así Abraham, cuando nació su hijo Isaac, lo circuncidó
al octavo día;
Isaac hizo lo mismo con Jacob, y Jacob con los doce patriarcas.
7:9 Los patriarcas,
movidos por la envidia,
vendieron a su hermano José para que fuera llevado a Egipto.
Pero Dios estaba con él
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7:10 y lo salvó
de todas sus tribulaciones, le dio sabiduría, y lo hizo grato al Faraón,
rey de Egipto, el cual lo nombró gobernador de su país y lo
puso al frente de su casa real.
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7:11 Luego sobrevino
una época de hambre
y de extrema miseria en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y nuestros
padres no tenían qué comer.
7:12 Jacob, al enterarse
de que en Egipto había trigo, decidió enviar allí a nuestros
padres.
Esta fue la primera visita.
7:13 Cuando llegaron
por segunda vez, José se dio a conocer a sus hermanos,
y el mismo Faraón se enteró del origen de José. ![]()
7:14 Éste mandó
llamar a su padre Jacob
y a toda su familia, unas setenta y cinco personas.
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7:15 Jacob se radicó
entonces en Egipto,
y allí murió,
lo mismo que nuestros padres.
7:16 Sus restos fueron
trasladados a Siquém y sepultados en la tumba que Abraham había
comprado por una suma de dinero a los hijos de Emor, que habitaban en Siquém.
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7:17 Al acercarse el
tiempo en que debía cumplirse la promesa que Dios había hecho
a Abraham, el pueblo creció y se multiplicó en Egipto, ![]()
7:18 hasta que vino
un nuevo rey que no sabía nada acerca de José. ![]()
7:19 Este rey, empleando
la astucia contra nuestro pueblo, maltrató a nuestros padres
y
los obligó a que abandonaran a sus hijos recién nacidos para
que no sobrevivieran.
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7:20 En ese tiempo
nació Moisés, que era muy hermoso delante de Dios. Durante tres
meses fue criado en la casa de su padre,
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7:21 y al ser abandonado,
la hija del Faraón lo recogió y lo crió como a su propio
hijo. ![]()
7:22 Así Moisés fue iniciado
en toda la sabiduría de los egipcios y llegó a ser poderoso
en palabras y obras.
7:23 Al cumplir cuarenta
años, sintió un vivo deseo de visitar a sus hermanos, los israelitas.
7:24 Y como vio que maltrataban a uno
de ellos salió en su defensa, y vengó al oprimido matando al
egipcio.
7:25 Moisés pensaba que sus hermanos
iban a comprender que Dios, por su intermedio, les daría la salvación.
Pero ellos no lo entendieron así.
7:26 Al día siguiente sorprendió
a dos israelitas que se estaban peleando y trató de reconciliarlos,
diciéndoles: "Ustedes son hermanos, ¿por qué se
hacen daño?"
7:27 Pero el que maltrataba a su compañero
rechazó a Moisés y le dijo: "¿Quién te
ha nombrado jefe o árbitro nuestro?
7:28 ¿Acaso piensas matarme
como mataste ayer al egipcio?"
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7:29 A oír esto,
Moisés huyó y fue a vivir al país de Madián, donde
tuvo dos hijos.
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7:30 Al cabo de cuarenta
años se le apareció un ángel en el desierto del monte
Sinaí, en la llama de una zarza ardiente. ![]()
7:31 Moisés quedó maravillado
ante tal aparición y, al acercarse para ver mejor, oyó la voz
del Señor que le decía:
7:32 "Yo soy
el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob".
Moisés, atemorizado, no se atrevía a mirar.
7:33 Entonces el Señor le dijo:
"Quítate las sandalias porque estás pisando un lugar
sagrado.
7:34 Yo he visto
la opresión de mi Pueblo que está en Egipto, he oído
sus gritos de dolor, y por eso he venido a librarlos. Ahora prepárate,
porque he decidido enviarte a Egipto".
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7:35 Y a este Moisés, a quien ellos
rechazaron diciendo: ¿Quién te ha nombrado jefe o árbitro
nuestro?
Dios lo envió como jefe y libertador con la ayuda del ángel
que se apareció en la zarza.
7:36 Él los
liberó, obrando milagros y signos en Egipto, en el Mar Rojo
y en el desierto, durante cuarenta años.
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7:37 Y este mismo Moisés
dijo a los israelitas: Dios suscitará de entre ustedes un profeta
semejante a mí.
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7:38 Y cuando el pueblo estaba congregado
en el desierto, él hizo de intermediario en el monte Sinaí,
entre el ángel que le habló y nuestros padres, y recibió
las palabras de vida que luego nos comunicó.
7:39 Pero nuestros padres no sólo
se negaron a obedecerle, sino que lo rechazaron y, sintiendo una gran nostalgia
por Egipto,
7:40 dijeron a Aarón:
"Fabrícanos dioses que vayan al frente de nosotros, porque
no sabemos qué le ha pasado a ese Moisés, ese hombre que nos
hizo salir de Egipto". ![]()
7:41 Entonces, fabricaron
un ternero de oro,
ofrecieron un sacrificio al ídolo y festejaron la obra de sus manos.
7:42 Pero Dios se apartó
de ellos y los entregó al culto de los astros, como está escrito
en el libro de los Profetas: Israelitas,
¿acaso ustedes me ofrecieron víctimas y sacrificios
durante los cuarenta años que estuvieron en el desierto?
7:43 Por el contrario, llevaron consigo
la carpa de Moloc y la estrella del Dios Refán,
esos ídolos que ustedes fabricaron para adorarlos.
Por eso yo los deportaré más allá de Babilonia. ![]()
7:44 En el desierto,
nuestros padres tenían la Morada del Testimonio. Así lo había
dispuesto Dios, cuando ordenó a Moisés que la hiciera conforme
al modelo que había visto.
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7:45 Nuestros padres recibieron como herencia
esta Morada y, bajo la guía de Josué, la introdujeron en el
país conquistado a los pueblos que Dios iba expulsando a su paso. Así
fue hasta el tiempo de David.
7:46 David, que gozó
del favor de Dios, le pidió la gracia de construir una Morada para
el Dios de Jacob.
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7:47 Pero fue Salomón el que le
edificó una casa,
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7:48 si bien es cierto que el Altísimo
no habita en casas hechas por la mano del hombre. Así lo dice el Profeta:
7:49 El cielo es
mi trono,
y la tierra la tarima de mis pies.
¿Qué casa me edificarán ustedes,
dice el Señor,
o dónde podrá estar mi lugar de reposo? ![]()
7:50 ¿No fueron
acaso mis manos
las que hicieron todas las cosas? ![]()
7:51 ¡Hombres rebeldes, paganos
de corazón y cerrados a la verdad! Ustedes siempre resisten al Espíritu
Santo y son iguales a sus padres. ![]()
7:52 ¿Hubo algún
profeta a quien ellos no persiguieran?
Mataron a los que anunciaban la venida del Justo, el mismo que acaba de ser
traicionado y asesinado por ustedes,
7:53 los que recibieron la Ley por intermedio
de los ángeles y no la cumplieron".
La
lapidación de Esteban
7:54
Al oír esto, se enfurecieron y rechinaban los dientes contra él.
7:55 Esteban, lleno del Espíritu
Santo y con los ojos fijos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús,
que estaba de pie a la derecha de Dios.
7:56 Entonces exclamó: "Veo
el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios".
7:57 Ellos comenzaron a vociferar y, tapándose
los oídos, se precipitaron sobre él como un solo hombre;
7:58 y arrastrándolo fuera de la
ciudad, lo apedrearon. Los testigos se quitaron los mantos, confiándolos
a un joven llamado Saulo.
7:59 Mientras lo apedreaban, Esteban oraba,
diciendo: "Señor Jesús, recibe mi espíritu".
7:60 Después, poniéndose
de rodillas, exclamó en alta voz: "Señor, no les tengas
en cuenta este pecado". Y al decir esto, expiró.
Nueva
persecución contra la Iglesia
8:1
Saulo aprobó la muerte de Esteban. Ese mismo día, se desencadenó
una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos,
excepto los Apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría.
8:2 Unos hombres piadosos enterraron a
Esteban y lo lloraron con gran pesar.
8:3 Saulo, por su parte, perseguía
a la Iglesia;
iba de casa en casa y arrastraba a hombres y mujeres, llevándolos a
la cárcel.
Felipe
en Samaría
8:4
Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra.
8:5 Felipe descendió a la ciudad
de Samaría y allí predicaba a Cristo.
8:6 Al oírlo y al ver los milagros
que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de
Felipe.
8:7 Porque los espíritus impuros,
dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos,
y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados.
8:8 Y fue grande la alegría de
aquella ciudad.
Simón el mago
8:9 Desde hacía un tiempo, vivía
en esa ciudad un hombre llamado Simón, el cual con sus artes mágicas
tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran
personaje.
8:10 Todos, desde el más pequeño
al más grande, lo seguían y decían: "Este hombre
es la Fuerza de Dios, esa que es llamada Grande".
8:11 Y lo seguían, porque desde
hacía tiempo los tenía seducidos con su magia.
8:12 Pero cuando creyeron a Felipe, que
les anunciaba la Buena Noticia del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo,
todos, hombres y mujeres, se hicieron bautizar.
8:13 Simón también creyó
y, una vez bautizado, no se separaba de Felipe. Al ver los signos y los grandes
prodigios que se realizaban, él no salía de su asombro.
8:14 Cuando los Apóstoles que estaban
en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra
de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan.
8:15 Estos, al llegar, oraron por ellos
para que recibieran el Espíritu Santo.
8:16 Porque todavía no había
descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en
el nombre del Señor Jesús.
8:17 Entonces les impusieron las manos
y recibieron el Espíritu Santo.
8:18 Al ver que por la imposición
de las manos de los Apóstoles se confería el Espíritu
Santo, Simón les ofreció dinero,
8:19 diciéndoles: "Les ruego
que me den ese poder a mí también, para que aquel a quien yo
imponga las manos reciba el Espíritu Santo".
8:20 Pedro le contestó: "Maldito
sea tu dinero y tú mismo, porque has creído que el don de Dios
se compra con dinero.
8:21 Tú no tendrás
ninguna participación en ese poder, porque tu corazón no es
recto a los ojos de Dios. ![]()
8:22 Arrepiéntete de tu maldad
y ora al Señor: quizá él te perdone este mal deseo de
tu corazón,
8:23 porque veo que estás sumido
en la amargura de la hiel y envuelto en los lazos de la iniquidad".
8:24 Simón respondió: "Rueguen
más bien ustedes al Señor, para que no me suceda nada de lo
que acabas de decir".
8:25 Y los Apóstoles, después
de haber dado testimonio y predicado la Palabra del Señor, mientras
regresaban a Jerusalén, anunciaron la Buena Noticia a numerosas aldeas
samaritanas.
El
bautismo de un etíope
8:26
El Ángel del Señor dijo a Felipe: "Levántate y ve
hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino
desierto".
8:27 Él se levantó y partió.
Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace,
la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén
8:28 y se volvía, sentado en su
carruaje, leyendo al profeta Isaías.
8:29 El Espíritu dijo a Felipe:
"Acércate y camina junto a su carro".
8:30 Felipe se acercó y, al oír
que leía al profeta Isaías, le preguntó: "¿Comprendes
lo que estás leyendo?"
8:31 Él respondió: "¿Cómo
lo puedo entender, si nadie me lo explica?" Entonces le pidió
a Felipe que subiera y se sentara junto a él.
8:32 El pasaje de la
Escritura que estaba leyendo era el siguiente:
Como oveja fue llevado al matadero;
y como cordero que no se queja ante el que lo esquila,
así él no abrió la boca.
8:33 En su humillación, le fue
negada la justicia.
¿Quién podrá hablar de su descendencia,
ya que su vida es arrancada de la tierra? ![]()
8:34 El etíope preguntó
a Felipe: "Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta?
¿De sí mismo o de algún otro?"
8:35 Entonces Felipe tomó la palabra
y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia
de Jesús.
8:36 Siguiendo su camino, llegaron a un
lugar donde había agua, y el etíope dijo: "Aquí
hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?"
8:38 Y ordenó que detuvieran el
carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó.
8:39 Cuando salieron del agua, el Espíritu
del Señor arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más,
pero seguía gozoso su camino.
8:40 Felipe se encontró en Azoto,
y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia,
hasta que llegó a Cesarea.
La
vocación de Pablo
9:1
Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos
del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote
9:2 y le pidió cartas para las
sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los
seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres.
9:3 Y mientras iba caminando, al acercarse
a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso
con su resplandor.
9:4 Y cayendo en tierra, oyó una
voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?"
9:5 Él preguntó: "¿Quién
eres tú, Señor?". "Yo soy Jesús, a quien tú
persigues,
le respondió la voz.
9:6 Ahora levántate, y entra en
la ciudad: allí te dirán qué debes hacer".
9:7 Los que lo acompañaban quedaron
sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie.
v8 Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos,
no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco.
9:9 Allí estuvo tres días
sin ver, y sin comer ni beber.
El
bautismo de Pablo
9:10
Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías,
a quien el Señor dijo en una visión: "¡Ananías!"
Él respondió: "Aquí estoy, Señor".
9:11 El Señor le dijo: "Ve
a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso.
9:12 Él está orando, y ha
visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba
y le imponía las manos para devolverle la vista".
9:13 Ananías respondió:
"Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran
daño a tus santos en Jerusalén.
9:14 Y ahora está aquí con
plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los
que invocan tu Nombre".
9:15 El Señor le respondió:
"Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar
mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel.
9:16 Yo le haré ver cuánto
tendrá que padecer por mi Nombre".
9:17 Ananías fue a la casa, le
impuso las manos y le dijo: "Saulo, hermano mío, el Señor
Jesús el mismo que se te apareció en el camino me envió
a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo".
9:18 En ese momento, cayeron de sus ojos
una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue
bautizado.
9:19 Después comió algo
y recobró sus fuerzas.
La
permanencia de Pablo en Damasco
Saulo
permaneció algunos días con los discípulos que vivían
en Damasco,
9:20 y luego comenzó a predicar
en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.
9:21 Todos los que lo oían quedaban
sorprendidos y decían: "¿No es este aquel mismo que perseguía
en Jerusalén a los que invocan este Nombre, y que vino aquí
para llevarlos presos ante los jefes de los sacerdotes?"
9:22 Pero Saulo, cada vez con más
vigor, confundía a los judíos que vivían en Damasco,
demostrándoles que Jesús es realmente el Mesías.
9:23 Al cabo de un
tiempo, los judíos se pusieron de acuerdo para quitarle la vida,
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9:24 pero Saulo se enteró de lo
que tramaban contra él. Y como los judíos vigilaban noche y
día las puertas de la ciudad, para matarlo,
9:25 sus discípulos lo tomaron
durante la noche, y lo descolgaron por el muro, metido en un canasto. ![]()
Pablo
en Jerusalén
9:26 Cuando llegó a Jerusalén,
trató de unirse a los discípulos, pero todos le tenían
desconfianza porque no creían que también él fuera un
verdadero discípulo.
9:27 Entonces Bernabé, haciéndose
cargo de él, lo llevó hasta donde se encontraban los Apóstoles,
y les contó en qué forma Saulo había visto al Señor
en el camino, cómo le había hablado, y con cuánta valentía
había predicado en Damasco en el nombre de Jesús.
9:28 Desde ese momento, empezó
a convivir con los discípulos en Jerusalén y predicaba decididamente
en el nombre del Señor.
9:29 Hablaba también con los judíos
de lengua griega y discutía con ellos, pero estos tramaban su muerte.
9:30 Sus hermanos, al enterarse, lo condujeron
a Cesarea y de allí lo enviaron a Tarso.
9:31 La Iglesia, entre tanto, gozaba de
paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba consolidando, vivía
en el temor del Señor y crecía en número, asistida por
el Espíritu Santo.
Pedro
en Lida
9:32
Pedro, en una gira por todas las ciudades, visitó también a
los santos que vivían en Lida.
9:33 Allí encontró a un
paralítico llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía
ocho años.
9:34 Pedro le dijo: "Eneas, Jesucristo
te devuelve la salud: levántate, y arregla tú mismo la cama".
Él se levantó en seguida,
9:35 y al verlo, todos los habitantes
de Lida y de la llanura de Sarón se convirtieron al Señor.
Pedro
en Jope
9:36 Entre los discípulos de
Jope había una mujer llamada Tabitá, que quiere decir "gacela".
Pasaba su vida haciendo el bien y repartía abundantes limosnas.
9:37 Pero en esos días se enfermó
y murió. Después de haberla lavado, la colocaron en la habitación
de arriba.
9:38 Como Lida está cerca de Jope,
los discípulos, enterados de que Pedro estaba allí, enviaron
a dos hombres para pedirle que acudiera cuanto antes.
9:39 Pedro salió en seguida con
ellos. Apenas llegó, lo llevaron a la habitación de arriba.
Todas las viudas lo rodearon y, llorando, le mostraban las túnicas
y los abrigos que les había hecho Tabitá cuando vivía
con ellas.
9:40 Pedro hizo salir a todos afuera,
se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego hacia
el cadáver, dijo: "Tabitá, levántate". Ella
abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó.
9:41 Él la tomó de la mano
y la hizo levantar. Llamó entonces a los hermanos y a las viudas, y
se la devolvió con vida.
9:42 La noticia se extendió por
toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el Señor.
9:43 Pedro permaneció algún
tiempo en Jope, en la casa de un curtidor llamado Simón.
El
centurión Cornelio
10:1
Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la
cohorte itálica.
10:2 Era un hombre piadoso y temeroso
de Dios, lo mismo que toda su familia; hacía abundantes limosnas al
pueblo y oraba a Dios sin cesar.
10:3 Este hombre tuvo una visión:
un día, cerca de las tres de la tarde, vio claramente al Ángel
de Dios que entraba en su casa y le decía: "Cornelio".
10:4 Este lo miró lleno de temor,
y le preguntó: "¿Qué quieres de mí, Señor?"
El Ángel le dijo: "Tus oraciones y tus limosnas han llegado hasta
Dios y él se ha acordado de ti.
10:5 Envía ahora algunos hombres
a Jope en busca de Simón, llamado Pedro,
10:6 que se hospeda en la casa de un tal
Simón, un curtidor que vive a la orilla del mar".
10:7 En cuanto el Ángel se alejó,
Cornelio llamó a dos de sus servidores y a un soldado piadoso de los
que estaban a sus órdenes.
10:8 Después de haberles contado
lo sucedido, los envió a Jope.
La
visión de Pedro
10:9
Al día siguiente, mientras estos se acercaban a la ciudad, Pedro, alrededor
del mediodía, subió a la terraza para orar.
10:10 Como sintió hambre, pidió
de comer. Mientras le preparaban la comida, cayó en éxtasis
y tuvo una visión:
10:11 vio que el cielo se abría
y que bajaba a la tierra algo parecido a un gran mantel, sostenido de sus
cuatro puntas.
10:12 Dentro de él había
toda clase de cuadrúpedos, reptiles y aves del cielo.
10:13 Y oyó una voz que le decía:
"Vamos, Pedro, mata y come".
10:14 Pero Pedro respondió: "De
ninguna manera, Señor, yo nunca he comido nada manchado ni impuro".
10:15 La voz le habló de nuevo,
diciendo: "No consideres manchado lo que Dios purificó".
10:16 Esto se repitió tres veces,
y luego, todo fue llevado otra vez al cielo.
v17 Mientras Pedro, desconcertado, se preguntaba qué podía significar
la visión que acababa de tener, llegaron los hombres enviados por Cornelio.
Estos averiguaron dónde vivía Simón y se presentaron
ante la puerta de la casa.
10:18 Golpearon y preguntaron si se hospedaba
allí Simón, llamado Pedro.
10:19 Como Pedro seguía reflexionando
sobre el significado de la visión, el Espíritu Santo le dijo:
"Allí hay tres hombres que te buscan.
10:20 Baja y no dudes en irte con ellos,
porque soy yo quien los he enviado".
10:21 Pedro bajó y se acercó
a ellos, diciendo: "Yo soy el que ustedes buscan. ¿Para qué
vinieron?"
10:22 Ellos respondieron: "El centurión
Cornelio, hombre justo y temeroso de Dios, que goza de la estima de todos
los judíos, recibió de un ángel de Dios la orden de conducirte
a su casa para escuchar tus palabras".
10:23 Entonces Pedro los hizo pasar y
les ofreció hospedaje. Al día siguiente, se puso en camino con
ellos, acompañado por unos hermanos de la ciudad de Jope.
Pedro
en Cesarea
10:24
Al otro día, llegaron a Cesarea. Cornelio los esperaba, y había
reunido a su familia y a sus amigos íntimos.
10:25 Cuando Pedro entró, Cornelio
fue a su encuentro y se postró a sus pies.
10:26 Pero Pedro lo hizo levantar, diciéndole:
"Levántate, porque yo no soy más que un hombre".
10:27 Y mientras seguía conversando
con él, entró y se encontró con un grupo numeroso de
personas, que estaban reunidas allí.
10:28 Dirigiéndose a ellas, les
dijo: "Ustedes saben que está prohibido a un judío tratar
con un extranjero o visitarlo. Pero Dios acaba de mostrarme que no hay que
considerar manchado o impuro a ningún hombre.
10:29 Por eso, cuando ustedes me llamaron,
vine sin dudar. Y ahora quisiera saber para qué me llamaron".
10:30 Cornelio le respondió: "Hace
tres días me encontraba orando en mi casa, alrededor de las tres de
la tarde, cuando se me apareció un hombre con vestiduras resplandecientes,
10:31 y me dijo: "Cornelio, tu oración
ha sido escuchada y Dios se ha acordado de tus limosnas.
10:32 Manda a buscar a Simón, llamado
Pedro, que está en Jope, a la orilla del mar, en la casa de Simón
el curtidor".
10:33 En seguida te mandé a buscar
y has hecho bien en venir. Ahora estamos reunidos delante de Dios, para escuchar
lo que el Señor te ha mandado decirnos".
Discurso
de Pedro
10:34
Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo: "Verdaderamente, comprendo
que Dios no hace acepción de personas,
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10:35 y que en cualquier nación,
todo el que lo teme y practica la justicia es agradable a él.
10:36 Él envió su Palabra
a los israelitas, anunciándoles la Buena Noticia de la paz por medio
de Jesucristo, que es el Señor de todos.
10:37 Ustedes ya saben qué ha ocurrido
en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba
Juan:
10:38 cómo Dios ungió a
Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de
poder. Él pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían
caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él.
10:39 Nosotros somos testigos de todo
lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén.
Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo.
10:40 Pero Dios lo resucitó al
tercer día y le concedió que se manifestara,
10:41 no a todo el pueblo, sino a testigos
elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él,
después de su resurrección.
10:42 Y nos envió a predicar al
pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos
y muertos.
10:43 Todos los profetas dan testimonio
de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón
de los pecados, en virtud de su Nombre".
El
bautismo de los primeros paganos
10:44
Mientras Pedro estaba hablando, el Espíritu Santo descendió
sobre todos los que escuchaban la Palabra.
10:45 Los fieles de origen judío
que habían venido con Pedro quedaron maravillados al ver que el Espíritu
Santo era derramado también sobre los paganos.
10:46 En efecto, los oían hablar
diversas lenguas y proclamar la grandeza de Dios. Pedro dijo:
10:47 "¿Acaso se puede negar
el agua del bautismo a los que recibieron el Espíritu Santo como nosotros?"
10:48 Y ordenó que fueran bautizados
en el nombre del Señor Jesucristo. Entonces le rogaron que se quedara
con ellos algunos días.