HECHOS DE LOS APÓSTOLES
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El
viaje de Pablo a Jerusalén
21:1
Después de separarnos de ellos, nos embarcamos y fuimos derecho a Cos;
al día siguiente, llegamos a Rodas y de allí pasamos a Pátara.
21:2 Como encontramos un barco que iba
a Fenicia, subimos a bordo y partimos.
21:3 Avistamos la isla de Chipre y, dejándola
a nuestra izquierda, seguimos navegando en dirección a Siria, hasta
que por fin, atracamos en el puerto de Tiro, donde el barco debía descargar.
21:4 Allí encontramos a algunos
discípulos y permanecimos una semana con ellos. Estos, iluminados por
el Espíritu, aconsejaban a Pablo que no subiera a Jerusalén,
21:5 pero llegado el momento de partir,
proseguimos nuestro viaje. Todos nos acompañaron hasta las afueras
de la ciudad, incluso las mujeres y los niños. En la playa nos arrodillamos
para orar,
21:6 y habiéndonos despedido, nosotros
subimos al barco y ellos se volvieron a sus casas.
21:7 De Tiro fuimos a Tolemaida, poniendo
así término a la travesía. Allí saludamos a los
hermanos y nos detuvimos un día con ellos.
21:8 Al día siguiente, volvimos
a partir y llegamos a Cesarea, donde fuimos a ver a Felipe, el predicador
del Evangelio, uno de los Siete, y nos alojamos en su casa.
21:9 El tenía cuatro hijas solteras
que profetizaban.
21:10 Permanecimos allí muchos
días, y durante nuestra estadía, bajó de Judea un profeta
llamado Agabo.
21:11 Este vino a vernos, tomó
el cinturón de Pablo, se ató con él los pies y las manos,
y dijo: "El Espíritu Santo dice: Así atarán los
judíos en Jerusalén al dueño de este cinturón
y lo entregarán a los paganos".
21:12 Al oír estas palabras, los
hermanos del lugar y nosotros mismos rogamos a Pablo que no subiera a Jerusalén.
21:13 Pablo respondió: "¿Por
qué lloran así y destrozan mi corazón? Yo estoy dispuesto,
no solamente a dejarme encadenar, sino también a morir en Jerusalén
por el nombre del Señor Jesús".
21:14 Y como no conseguíamos persuadirlo,
no insistimos más y dijimos: "Que se haga la voluntad del Señor".
La
llegada a Jerusalén
21:15
Algunos días después, terminados nuestros preparativos, subimos
a Jerusalén.
21:16 Iban con nosotros algunos discípulos
de Cesarea, que nos hicieron alojar en casa de un tal Mnasón de Chipre,
un discípulo de la primera hora.
21:17 Cuando llegamos a Jerusalén,
los hermanos nos recibieron con alegría.
21:18 Al día siguiente, Pablo fue
con nosotros a casa de Santiago, donde también se reunieron todos los
presbíteros.
21:19 Después de saludarlos, Pablo
expuso detalladamente todo lo que Dios había hecho entre los paganos
a través de su ministerio.
21:20 Ellos alabaron a Dios por lo que
acababan de oír, pero le advirtieron: "Tú sabes, hermano,
que millares de judíos han abrazado la fe, y que todos ellos son celosos
cumplidores de la Ley.
21:21 Ahora bien, ellos han oído
decir que con tus enseñanzas apartas de Moisés a todos los judíos
que viven entre los paganos, diciéndoles que no circunciden a sus hijos
y no sigan más sus costumbres.
21:22 ¿Qué haremos entonces?
Porque seguramente se van a enterar de tu llegada.
21:23 Tienes que hacer
lo que te vamos a decir: Aquí tenemos a cuatro hombres que están
obligados por un voto:
21:24 llévalos contigo, purifícate
con ellos y paga lo que corresponde para que se hagan cortar el cabello. Así
todo el mundo sabrá que no es verdad lo que han oído acerca
de ti, sino que tú también eres un fiel cumplidor de la Ley.
21:25 En cuanto a los paganos que abrazaron
la fe, les hemos enviado nuestras decisiones, a saber: que se abstengan de
la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales
muertos sin desangrar y de las uniones ilegales".
21:26 Al día siguiente, Pablo tomó
consigo a esos hombres, se purificó con ellos y entró en el
Templo. Allí hizo saber cuándo concluiría el plazo fijado
para la purificación, es decir, cuándo debía ofrecerse
la oblación por cada uno de ellos.
EL CAUTIVERIO DE PABLO Y SU VIAJE A ROMA
El
arresto de Pablo
21:27 Casi al final de los siete días,
cuando los judíos venidos de Asia vieron a Pablo en el Templo, amotinaron
a la multitud y se apoderaron de él,
21:28 gritando: "¡Socorro,
israelitas! Este es el hombre que predica a todos y en todas partes contra
nuestro pueblo, contra la Ley y contra este Templo, y ahora ha llegado a introducir
en él a los paganos, profanando este lugar santo".
21:29 Decían esto porque antes
habían visto con él en la ciudad a Trófimo
de Éfeso, y creían que Pablo lo había introducido en
el Templo.
21:30 La ciudad entera se alborotó,
y de todas partes acudió el pueblo. Se apoderaron de Pablo, lo sacaron
fuera del Templo y cerraron inmediatamente las puertas.
21:31 Ya iban a matarlo, cuando llegó
al tribuno de la cohorte la noticia de que toda Jerusalén estaba convulsionada.
21:32 En seguida el tribuno, con unos
soldados y centuriones, se precipitó sobre los manifestantes. Al ver
al tribuno y a los soldados, dejaron de golpear a Pablo.
21:33 El tribuno se acercó, tomó
a Pablo y mandó que lo ataran con dos cadenas; después preguntó
quién era y qué había hecho.
21:34 Todos gritaban al mismo tiempo,
y a causa de la confusión, no pudo sacar nada en limpio. Por eso hizo
conducir a Pablo a la fortaleza.
21:35 Al llegar a la escalinata, los soldados
tuvieron que alzarlo debido a la violencia de la multitud,
21:36 porque el pueblo en masa lo seguía,
gritando: "¡Que lo maten!"
21:37 Cuando lo iban a introducir en la
fortaleza, Pablo dijo al tribuno: "¿Puedo decirte una palabra?".
"¿Tú sabes griego?, le preguntó el tribuno.
21:38 Entonces, ¿no eres el egipcio
que hace unos días provocó un motín y llevó al
desierto a cuatro mil terroristas?"
21:39 "Yo soy judío, dijo
Pablo, originario de Tarso, ciudadano de una importante ciudad de Cilicia.
Te ruego que me permitas hablar al pueblo".
21:40 El tribuno se lo permitió,
y Pablo, de pie sobre la escalinata, hizo una señal al pueblo con la
mano. Se produjo un gran silencio, y Pablo comenzó a hablarles en hebreo.
Discurso
de Pablo a los judíos de Jerusalén
22:1
"Hermanos y padres, les dijo, escuchen lo que hoy les voy a decir en
mi defensa".
22:2 Al oír que hablaba en hebreo,
el silencio se hizo aún más profundo. Pablo prosiguió:
22:3 "Yo soy judío, nacido
en Tarso de Cilicia, pero me he criado en esta ciudad y he sido iniciado a
los pies de Gamaliel en la estricta observancia de la Ley de nuestros padres.
Estaba lleno de celo por Dios, como ustedes lo están ahora.
22:4 Perseguí a muerte a los que
seguían este Camino,
llevando encadenados a la prisión a hombres y mujeres;
22:5 el Sumo Sacerdote y el Consejo de
los ancianos son testigos de esto. Ellos mismos me dieron cartas para los
hermanos de Damasco, y yo me dirigí allá con el propósito
de traer encadenados a Jerusalén a los que encontrara en esa ciudad,
para que fueran castigados.
22:6 En el camino y
al acercarme a Damasco, hacia el mediodía, una intensa luz que venía
del cielo brilló de pronto a mi alrededor.
22:7 Caí en tierra y oí
una voz que me decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?"
22:8 Le respondí: "¿Quién
eres, Señor?", y la voz me dijo: "Yo soy Jesús de
Nazaret, a quien tú persigues".
22:9 Los que me acompañaban vieron
la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.
22:10 Yo le pregunté: "¿Qué
debo hacer, Señor?" El Señor me dijo: "Levántate
y ve a Damasco donde se te dirá lo que debes hacer".
22:11 Pero como yo no podía ver,
a causa del resplandor de esa luz, los que me acompañaban me llevaron
de la mano hasta Damasco.
22:12 Un hombre llamado Ananías,
fiel cumplidor de la Ley, que gozaba de gran prestigio entre los judíos
del lugar,
22:13 vino a verme y, acercándose
a mí, me dijo: "Hermano Saulo, recobra la vista". Y en ese
mismo instante, pude verlo.
22:14 Él siguió diciendo:
"El Dios de nuestros padres te ha destinado para conocer su voluntad,
para ver al Justo y escuchar su Palabra,
22:15 porque tú darás testimonio
ante todos los hombres de lo que has visto y oído.
22:16 Y ahora, ¿qué esperas?
Levántate, recibe el bautismo y purifícate de tus pecados, invocando
su Nombre".
22:17 De vuelta a Jerusalén, mientras
oraba en el Templo, caí en éxtasis
22:18 y vi al Señor que me decía:
"Aléjate rápidamente de Jerusalén, porque ellos
no recibirán el testimonio que tú darás de mí".
22:19 Entonces respondí: "Ellos
saben, Señor, que yo iba de una sinagoga a otra para encarcelar y azotar
a los que creen en ti.
22:20 Y saben que cuando derramaban la
sangre de Esteban, tu testigo, yo también estaba presente, aprobando
su muerte y cuidando la ropa de los verdugos".
22:21 Pero él me dijo: "Vete,
porque quiero enviarte lejos, a las naciones paganas"".
La
ciudadanía romana de Pablo
22:22
Hasta aquí los judíos lo escucharon, pero al oír estas
palabras comenzaron a gritar diciendo: "¡Elimina a este hombre.
No merece vivir!"
22:23 Todos vociferaban, agitaban sus
mantos y tiraban tierra al aire.
22:24 El tribuno hizo entrar a Pablo en
la fortaleza y ordenó que lo azotaran para saber por qué razón
gritaban así contra él.
22:25 Cuando lo sujetaron con las correas,
Pablo dijo al centurión de turno: "¿Les está permitido
azotar a un ciudadano romano sin haberlo juzgado?"
22:26 Al oír estas palabras, el
centurión fue a informar al tribuno: "¿Qué vas a
hacer?, le dijo. Este hombre es ciudadano romano".
22:27 El tribuno fue a preguntar a Pablo:
"¿Tú eres ciudadano romano?" Y él le respondió:
"Sí".
22:28 El tribuno prosiguió: "A
mí me costó mucho dinero adquirir esa ciudadanía".
"En cambio, yo la tengo de nacimiento", dijo Pablo.
22:29 Inmediatamente, se retiraron los
que iban a azotarlo, y el tribuno se alarmó al enterarse de que había
hecho encadenar a un ciudadano romano.
22:30 Al día siguiente, queriendo
saber con exactitud de qué lo acusaban los judíos, el tribuno
le hizo sacar las cadenas, y convocando a los sumos sacerdotes y a todo el
Sanedrín, hizo comparecer a Pablo delante de ellos.
Pablo
ante el Sanedrín
23:1
Con los ojos fijos en el Sanedrín, Pablo dijo: "Hermanos, hasta
hoy yo he obrado con rectitud de conciencia delante de Dios".
23:2 Pero el Sumo Sacerdote Ananías
ordenó a sus asistentes que le pegaran en la boca.
23:3 Entonces Pablo replicó: "A
ti te golpeará Dios, hipócrita.
¡Tú te sientas allí para juzgarme según la Ley
y, violando la Ley, me haces golpear!"
23:4 Los asistentes le advirtieron: "Estás
insultando al Sumo Sacerdote de Dios".
23:5 "Yo no sabía,
hermanos, que era el Sumo Sacerdote, respondió Pablo, porque está
escrito: No maldecirás al jefe de tu pueblo".
23:6 Pablo, sabiendo que había
dos partidos, el de los saduceos y el de los fariseos, exclamó en medio
del Sanedrín: "Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseos,
y ahora me están juzgando a causa de nuestra esperanza en la resurrección
de los muertos".
23:7 Apenas pronunció estas palabras,
surgió una disputa entre fariseos y saduceos, y la asamblea se dividió.
23:8 Porque los saduceos
niegan la resurrección
y la existencia de los ángeles y de los espíritus; los fariseos,
por el contrario, admiten una y otra cosa.
23:9 Se produjo un griterío, y
algunos escribas del partido de los fariseos, se pusieron de pie y protestaron
enérgicamente: "Nosotros no encontramos nada de malo en este hombre.
¿Y si le hubiera hablado algún espíritu o un ángel...?"
23:10 Como la disputa se hacía
cada vez más violenta, el tribuno, temiendo por la integridad de Pablo,
mandó descender a los soldados para que lo sacaran de allí y
lo llevaran de nuevo a la fortaleza.
23:11 A la noche siguiente, el Señor
se apareció a Pablo y le dijo: "Ánimo, así como
has dado testimonio de mí en Jerusalén, también tendrás
que darlo en Roma".
La
conjuración de los judíos contra Pablo
23:12
Al amanecer, los judíos se confabularon y se comprometieron bajo juramento
a no comer ni beber, hasta no haber matado a Pablo.
23:13 Los comprometidos en la conjuración
eran más de cuarenta.
23:14 Fueron al encuentro de los sumos
sacerdotes y los ancianos, y les dijeron: "Nosotros nos hemos comprometido
bajo juramento a no probar nada antes de haber matado a Pablo.
23:15 Pónganse de acuerdo con el
Sanedrín, y propongan al tribuno que lo haga comparecer delante de
ustedes con el pretexto de examinar más exactamente su causa; nosotros,
por nuestra parte, estaremos preparados para matarlo en el camino".
23:16 Pero un sobrino de Pablo, al enterarse
de la emboscada, se dirigió a la fortaleza y entró para prevenir
a Pablo.
23:17 Este, llamando a uno de los centuriones,
le dijo: "Acompaña a este muchacho hasta donde está el
tribuno, porque tiene algo que comunicarle".
23:18 El centurión lo llevó
y dijo al tribuno: "El prisionero Pablo me pidió que te trajera
a este muchacho, porque tiene algo que decirte".
23:19 El tribuno, tomándolo de
la mano, lo llevó aparte y le preguntó: "¿Qué
tienes que comunicarme?"
23:20 El muchacho le respondió:
"Los judíos, bajo pretexto de examinar más a fondo la causa,
se han puesto de acuerdo para pedirte que mañana presentes a Pablo
ante el Sanedrín.
23:21 No les creas. Es una emboscada que
le preparan más de cuarenta de ellos, comprometidos bajo juramento
a no comer ni beber hasta haberlo matado. Ya están dispuestos y sólo
esperan tu consentimiento".
23:22 El tribuno despidió al muchacho,
haciéndole esta recomendación: "No digas a nadie que me
has contado esto".
El
traslado de Pablo a Cesarea
23:23
Después llamó a dos centuriones y les dijo: "Preparen doscientos
soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que salgan en dirección
a Cesarea a las nueve de la noche.
23:24 Preparen también caballos
para Pablo, y llévenlo sano y salvo hasta el gobernador Félix".
23:25 Y escribió una carta que
decía:
23:26 "Claudio Lisias saluda al excelentísimo
gobernador Félix.
23:27 Aquí te envío a un
hombre que fue detenido por los judíos, y cuando ya lo iban a matar,
enterándome de que era ciudadano romano, intervine con mis soldados
y pude rescatarlo.
23:28 Queriendo saber exactamente de qué
lo acusaban, lo hice comparecer delante del Tribunal judío,
23:29 pero comprobé que se lo acusaba
por cuestiones relativas a la Ley de los judíos, y que no había
ningún cargo por el que mereciera la muerte o la prisión.
23:30 Informado de que se tramaba una
conspiración contra este hombre, he querido enviarlo allí en
seguida, ordenando también a sus acusadores que te expongan los cargos
que tengan contra él. Adiós".
23:31 De acuerdo con la orden recibida,
los soldados tomaron a Pablo y lo condujeron de noche a Antipátride.
23:32 Al día siguiente, dejaron
que los jinetes partieran con él, y ellos se volvieron a la fortaleza.
23:33 Llegados a Cesarea, los jinetes
entregaron la carta al gobernador y le presentaron a Pablo.
23:34 El gobernador leyó la carta
y preguntó de qué provincia era. Al saber que era de Cilicia,
23:35 dijo: "Te oiré cuando
lleguen tus acusadores". Y lo hizo poner bajo custodia en el pretorio
de Herodes.
El
proceso de Pablo ante Félix
24:1
Cinco días después, el Sumo Sacerdote Ananías bajó
con algunos ancianos y un abogado llamado Tértulo, para presentar delante
del gobernador la acusación que tenían contra Pablo.
24:2 Hicieron comparecer a Pablo, y Tértulo
presentó la acusación en estos términos: "Excelentísimo
Félix: La profunda paz de que gozamos gracias a ti y las reformas que
nuestra nación debe a tu gobierno,
24:3 constituyen para nosotros, siempre
y en todas partes, un motivo de inmensa gratitud.
24:4 Como no queremos importunarte demasiado,
te ruego que nos escuches un momento con tu habitual cordialidad.
24:5 Hemos comprobado que este hombre
es una verdadera peste: él suscita disturbios entre todos los judíos
del mundo y es uno de los dirigentes de la secta de los nazarenos.
24:6 Ha intentado incluso profanar el
Templo, y por eso, nosotros lo detuvimos. Queríamos juzgarlo de acuerdo
con nuestra Ley,
24:7 pero intervino el tribuno Lisias,
que lo arrancó violentamente de nuestras manos
24:8 y ordenó a sus acusadores
que comparecieran delante de ti. Si lo interrogas, tú mismo reconocerás
que nuestros cargos contra él son bien fundados".
24:9 Los judíos ratificaron esto,
asegurando que era verdad.
Discurso
de Pablo ante el gobernador romano
24:10
Cuando el gobernador hizo señas a Pablo de que hablara, este respondió:
"Con entera confianza voy a defender mi causa, porque sé que gobiernas
esta nación desde hace varios años.
24:11 Como tú mismo puedes averiguarlo,
no hace todavía doce días que subí en peregrinación
a Jerusalén
24:12 y nunca se me vio ni en el Templo,
ni en las sinagogas, ni en la ciudad, discutiendo con alguien o amotinando
a la gente.
24:13 Ellos tampoco pueden probarte aquello
de lo que me acusan ahora.
24:14 Pero sí te confieso que sirvo
al Dios de mis padres, siguiendo el Camino que mis acusadores consideran una
secta. Creo en todo lo que está contenido en la Ley y escrito en los
Profetas,
24:15 y tengo la misma esperanza en Dios
que ellos tienen: la esperanza de que habrá una resurrección
de justos y pecadores.
24:16 Por eso trato de conservar siempre
una conciencia irreprochable delante de Dios y de los hombres.
24:17 Después de unos cuantos años,
vine a traer limosnas a mis compatriotas y a presentar ofrendas.
24:18 Así fue cómo algunos
judíos de la provincia de Asia me encontraron en el Templo: yo me había
purificado y no estaba provocando ninguna clase de amotinamiento ni de tumulto.
24:19 Son ellos los que hubieran debido
presentarse ante ti para acusarme, si tenían alguna queja contra mí.
24:20 Por lo menos, que digan los que
están aquí de qué delito me encontraron culpable cuando
comparecí delante del Sanedrín.
24:21 A no ser que se trate de lo único
que dije, puesto de pie en medio de ellos: "Hoy ustedes me juzgan a causa
de la resurrección de los muertos"".
La
cautividad de Pablo en Cesarea
24:22
Félix, que estaba muy bien informado de todo lo concerniente al Camino
del Señor, postergó la causa, diciendo: "Cuando descienda
de Jerusalén el tribuno Lisias, me expediré en este asunto".
24:23 Después ordenó al
centurión que custodiara a Pablo, pero dejándole una cierta
libertad y sin impedir que sus amigos lo atendieran.
24:24 Algunos días después,
se presentó Félix con su mujer Drusila, que era judía.
Él mandó a llamar a Pablo y lo oyó hablar acerca de la
fe en Jesucristo.
24:25 Pero cuando Pablo se puso a tratar
sobre la justicia, la continencia y el juicio futuro, Félix, lleno
de temor, le respondió: "Por ahora puedes irte; te volveré
a llamar en la primera ocasión".
24:26 Al mismo tiempo, él esperaba
que Pablo le diera dinero, y por eso lo hacía llamar frecuentemente
para conversar con él.
24:27 Al cabo de dos años, Porcio
Festo sucedió a Félix; y como éste quería congraciarse
con los judíos, dejó a Pablo en la prisión.
La
apelación de Pablo al Emperador
25:1
Tres días después de haberse hecho cargo de su provincia, Festo
subió de Cesarea a Jerusalén.
25:2 Los sumos sacerdotes y los judíos
más importantes acusaron entonces a Pablo en su presencia,
25:3 y le pidieron la gracia de que lo
hiciera trasladar a Jerusalén. En realidad preparaban una emboscada
para matarlo en el camino.
25:4 Pero Festo respondió que Pablo
debía quedar bajo custodia en Cesarea, y que él mismo iría
allí inmediatamente.
25:5 "Que los de más autoridad
entre ustedes, añadió, vengan conmigo y presenten su acusación,
si tienen algo contra él".
25:6 Festo permaneció en Jerusalén
unos ocho o diez días, y luego bajó a Cesarea. Al día
siguiente, se sentó en el tribunal e hizo comparecer a Pablo.
25:7 En cuanto llegó, los judíos
venidos de Jerusalén lo rodearon, y presentaron contra él numerosas
y graves acusaciones que no podían probar.
25:8 Pablo se defendía diciendo:
"Yo no he cometido ninguna falta contra la Ley de los judíos,
ni contra el Templo, ni contra el Emperador".
25:9 Festo, queriendo congraciarse con
los judíos, se dirigió a Pablo y le dijo: "¿Quieres
subir a Jerusalén para ser juzgado allí en mi presencia?"
25:10 Pablo respondió: "Estoy
delante del tribunal del Emperador, y es aquí donde debo ser juzgado.
Yo no hice ningún mal a los judíos, como tú lo sabes
perfectamente.
25:11 Si soy culpable y he cometido algún
delito que merezca la muerte, no me niego a morir, pero si las acusaciones
que hacen los judíos contra mí carecen de fundamento, nadie
tiene el derecho de entregarme a ellos. Apelo al Emperador".
25:12 Festo, después de haber consultado
con su Consejo, respondió: "Ya que apelaste al Emperador, comparecerás
ante él".
Encuentro
de Festo y Agripa
25:13
Algunos días más tarde, el rey Agripa y Berenice llegaron a
Cesarea y fueron a saludar a Festo.
25:14 Como ellos permanecieron varios
días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole: "Félix
ha dejado a un prisionero,
25:15 y durante mi estadía en Jerusalén,
los sumos sacerdotes y los ancianos de los judíos, presentaron quejas
pidiendo su condena.
25:16 Yo les respondí que los romanos
no tienen la costumbre de entregar a un hombre antes de enfrentarlo con sus
acusadores y darle la oportunidad de defenderse.
25:17 Ellos vinieron aquí, y sin
ninguna demora, me senté en el tribunal e hice comparecer a ese hombre
al día siguiente.
25:18 Pero cuando se presentaron los acusadores,
estos no alegaron contra él ninguno de los cargos que yo sospechaba.
25:19 Lo que había entre ellos
eran no sé qué discusiones sobre su religión, y sobre
un tal Jesús que murió y que Pablo asegura que vive.
25:20 No sabiendo bien qué partido
tomar en un asunto de esta índole le pregunté a Pablo si quería
ir a Jerusalén para ser juzgado allí.
25:21 Pero como este apeló al juicio
de Su Majestad imperial, yo ordené que lo dejaran bajo custodia hasta
que lo enviara al Emperador".
25:22 Agripa dijo entonces a Festo: "A
mí también me gustaría escuchar a ese hombre". "Mañana
lo escucharás", respondió Festo.
Pablo
ante el rey Agripa
25:23
Al día siguiente, Agripa y Berenice llegaron con gran pompa y entraron
en la sala de audiencias, rodeados de los tribunos y de los hombres más
importantes de la ciudad. A una orden de Festo, trajeron a Pablo.
25:24 Festo tomó la palabra, diciendo:
"Rey Agripa y todos los que están aquí presentes, ustedes
ven a este hombre, por quien toda la comunidad judía ha venido a verme,
tanto aquí como en Jerusalén, insistiendo a gritos que no había
que dejarlo vivir más.
25:25 Yo no he encontrado en él
nada que merezca la muerte; pero ya que él mismo ha apelado al Emperador,
he decidido enviárselo.
25:26 Como no tengo nada preciso que escribir
sobre él al Soberano, lo hice comparecer ante ustedes, especialmente
ante ti, rey Agripa; así, después de este interrogatorio, yo
tendré algo para informar.
25:27 Porque me parece absurdo enviar
a un prisionero, sin indicar al mismo tiempo los cargos que se le imputan".