APOCALIPSIS
|
Haga click sobre el número del capítulo al que desea ir 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 |
Las
seis primeras copas
16:1
Y oí una voz potente que provenía del Templo y ordenaba a los
siete Ángeles: "Vayan y derramen sobre la tierra las siete copas
de la ira de Dios".
16:2 El primer Ángel
fue y derramó su copa sobre la tierra, provocando una llaga maligna
y dolorosa
en todos los hombres que llevaban la marca de la Bestia y adoraban su imagen.
16:3 El segundo derramó su copa
sobre el mar: este se convirtió en sangre, como si se hubiera cometido
un crimen, y perecieron todos los seres vivientes que había en el mar.
16:4 El tercero derramó
su copa sobre los ríos y sobre los manantiales, y estos se convirtieron
en sangre.
16:5 Y oí al Ángel de las
aguas que decía: "Tú, el que es y el que era, el Santo,
obras con justicia al castigarlos así:
16:6 se merecían que les dieras
de beber la misma sangre de los santos y de los profetas que ellos han derramado".
16:7 Y escuché al altar, que decía:
"Sí, Señor, Dios todopoderoso, tus juicios son verdaderos
y justos".
16:8 El cuarto Ángel derramó
su copa sobre el sol, y se le permitió quemar a los hombres con fuego:
16:9 los hombres fueron abrasados por
un calor ardiente, pero en lugar de arrepentirse y dar gloria a Dios, blasfemaron
contra su Nombre, que tiene poder sobre estas plagas.
16:10
El quinto derramó su copa sobre el trono de la Bestia, y su reino quedó
sumergido en tinieblas.
Los hombres se mordían la lengua de dolor,
16:11 pero en lugar de arrepentirse de
sus obras, blasfemaron contra el Dios del cielo, a causa de sus dolores y
de sus llagas.
16:12 El sexto derramó
su copa sobre el gran río Éufrates, y sus aguas se secaron,
dejando paso libre a los reyes de Oriente.
Los
espíritus impuros
16:13
Después vi que salían de la boca del Dragón, de la Bestia
y del falso profeta tres espíritus impuros, semejantes a ranas.
16:14 Son los espíritus demoníacos
que realizan prodigios y van a buscar a los reyes del mundo entero, con el
fin de convocarlos para el combate del gran Día de Dios, el Todopoderoso.
16:15 ¡Cuidado!
¡Vengo como un ladrón!
Feliz el que vigila y conserva su ropa para no tener que andar desnudo, mostrando
su vergüenza.
16:16 Y esos espíritus
reunirán a los reyes en un lugar, que en hebreo se llama Armagedón.
La
séptima copa
16:17
El séptimo Ángel derramó su copa en el aire, y desde
el Templo resonó una voz potente que venía del trono y decía:
"Ya está".
16:18 Y hubo relámpagos, voces,
truenos
y un violento terremoto
como nunca había sucedido desde que los hombres viven sobre la tierra.
16:19 La gran Ciudad
se partió en tres y las ciudades paganas se derrumbaron. Dios se acordó
de la gran Babilonia y le dio de beber la copa donde fermenta el vino de su
ira.
16:20 Todas las islas desaparecieron y
no se vieron más las montañas.
16:21 Cayeron del
cielo sobre los hombres piedras de granizo
que
pesaban unos cuarenta kilos, y ellos blasfemaron contra Dios por esa terrible
plaga.
EL CASTIGO DE BABILONIA
La
gran Babilonia
17:1
Después vino uno de los siete Ángeles que tenían las
siete copas y me dijo: "Acompáñame, y te mostraré
cómo va a ser castigada la famosa Prostituta que está sentada
a la orilla de los grandes ríos.
17:2 Los reyes de la tierra han fornicado
con ella, y los habitantes del mundo se han embriagado con el vino
de su prostitución".
17:3 Entonces me llevó en espíritu
al desierto, y allí vi a una mujer sentada sobre una Bestia escarlata.
La Bestia estaba cubierta de leyendas blasfemas y tenía siete cabezas
y diez cuernos.
17:4 La mujer estaba vestida de púrpura
y escarlata, resplandeciente de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía
en su mano una copa de oro
colmada de la abominable impureza de su fornicación.
17:5 Sobre su frente tenía escrito
este nombre misterioso: "Babilonia la grande, la madre de las abominables
prostitutas de la tierra".
17:6 Y vi que la mujer se emborrachaba
con la sangre de los santos y de los testigos de Jesús, y al verla,
quedé profundamente asombrado.
17:7 Pero el Ángel me preguntó:
"¿Por qué te extrañas? Yo te explicaré el
misterio de la mujer, y de la Bestia que la lleva, la que tiene siete cabezas
y diez cuernos.
El
simbolismo de la Bestia y de la Prostituta
17:8
La Bestia que has visto, existía y ya no existe, pero volverá
a subir desde el Abismo
para ir a su perdición. Y los habitantes de la tierra cuyos nombres
no figuran en el Libro de la Vida
desde la creación del mundo, quedarán maravillados cuando vean
reaparecer a la Bestia, la que existía y ya no existe.
17:9 Para comprender esto, es necesario
tener inteligencia y sutileza.
Las siete cabezas son las siete colinas, sobre las cuales está sentada
la mujer.
17:10 También simbolizan a siete
reyes: cinco de ellos han caído, uno vive y el otro todavía
no ha llegado, pero cuando llegue, durará poco tiempo.
17:11 En cuanto a la Bestia que existía
y ya no existe, es un octavo rey, que a su vez, pertenece al grupo de los
siete y también va a su perdición.
17:12 Los diez cuernos
que has visto son diez reyes que todavía no han recibido su reino,
pero
que recibirán el poder real, juntamente con la Bestia, sólo
por una hora.
17:13 Todos están de acuerdo en
poner a disposición de la Bestia su autoridad y su poder.
17:14 Ellos lucharán contra el
Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de los
señores y Rey de los reyes. Con él triunfarán también
los suyos, los que han sido llamados, los elegidos, los fieles.
17:15 Los ríos continuó
diciéndome el Ángel a cuya orilla está sentada la Prostituta,
son los pueblos, las multitudes, las naciones y las diversas lenguas.
17:16 Los diez cuernos que viste, así
como también la Bestia, acabarán por odiar a la Prostituta,
le quitarán sus vestidos hasta dejarla desnuda, comerán su carne
y la consumirán por medio del fuego.
17:17 Porque Dios les ha inspirado que
ejecuten lo que él ha decidido, poniéndose de acuerdo para entregar
su poder real a la Bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios.
17:18 Y la mujer que has visto es la gran
Ciudad, la que reina sobre los reyes de la tierra".
La
caída de Babilonia
18:1
Después vi que otro Ángel descendía del cielo con gran
poder, mientras la tierra se iluminaba con su resplandor.
18:2 Y gritó con voz potente: "¡Ha
caído, ha caído Babilonia,
la grande! Se ha convertido en refugio de demonios, en guarida de toda clase
de espíritus impuros y en nido de aves impuras y repugnantes.
18:3 Porque todos los pueblos han bebido
el vino embriagante
de su prostitución, los reyes de la tierra han fornicado con ella y
los comerciantes del mundo se han enriquecido con su lujo desenfrenado".
18:4 En seguida oí otra voz que
venía del cielo y decía: "Ustedes, que son mi pueblo, huyan
de esa ciudad,
para no hacerse cómplices de sus pecados ni ser castigados con sus
plagas.
18:5 Porque sus pecados se han amontonado
hasta el cielo
y Dios se ha acordado de sus iniquidades.
18:6 Páguenle con su propia moneda,
retribúyanle el doble de lo que ha hecho, sírvanle una porción
doble en la copa de sus brebajes.
18:7 Provóquenle
tormentos y dolor en la medida de su fastuosidad y de su lujo. Porque ella
se jacta, diciendo: Estoy sentada como una reina, no soy viuda y jamás
conoceré el duelo.
18:8 Por eso, en un solo día, caerán
sobre ella las plagas
que
merece: peste, llanto y hambre. Y será consumida por el fuego, porque
el Señor Dios que la ha condenado es poderoso".
Lamentaciones
de los amigos de Babilonia
18:9
Los reyes de la tierra, que fornicaron con ella y compartieron su vida lujosa,
al ver la humareda del incendio, llorarán y se lamentarán por
ella,
18:10 manteniéndose a distancia
ante el horror de sus tormentos:
"¡Ay, ay! ¡La gran Ciudad,
Babilonia, la ciudad poderosa!
Bastó una hora para que recibieras tu castigo".
18:11 También
los comerciantes de la tierra lloran y están de duelo por ella, porque
ya nadie les compra sus mercancías:
18:12 objetos de oro y de plata; piedras
preciosas, perlas, telas de lino y de púrpura, de seda y de escarlata;
maderas aromáticas; objetos de marfil, de maderas finas, de bronce,
de hierro y de mármol;
18:13 canela, ungüento perfumado,
perfumes, mirra e incienso; vino, aceite, harina y trigo; animales de carga,
ovejas, caballos y carros; esclavos y seres humanos...
18:14 "Ya no verás más
los frutos que tanto deseabas: has perdido esos productos delicados y espléndidos,
y nunca más se los encontrará".
18:15 Los que traficaban con esos productos
y se habían enriquecido a costa de ella, se mantendrán a distancia
ante el horror de sus tormentos, llorando y lamentándose:
18:16 "¡Ay, ay! ¡La gran
Ciudad!
Estaba vestida de lino fino, de púrpura y de escarlata,
resplandeciente de oro, de piedras preciosas y de perlas.
18:17 ¡Y en una hora fue arrasada
tanta riqueza!"
Los capitanes, los que navegan por las costas, los marinos y todos los que
viven del mar, se mantuvieron a distancia,
18:18 y contemplando la humareda del incendio,
exclamaban: "¡Ninguna ciudad se podía comparar a la gran
Ciudad!"
18:19 Y echándose tierra sobre
su cabeza, llorando y lamentándose, decían:
"¡Ay, ay! ¡La gran Ciudad!
Con su opulencia se enriquecieron
todos los que poseían barcos en el mar.
¡Y en una hora ha sido arrasada!"
La
alegría de los santos
18:20
"Que se alegre el cielo a causa de su ruina, y alégrense ustedes,
los santos, los apóstoles y los profetas, porque al condenarla, Dios
les ha hecho justicia".
18:21 Y un Ángel poderoso tomó
una piedra del tamaño de una rueda de molino y la arrojó al
mar, diciendo: "Así, de golpe, será arrojada Babilonia,
la
gran Ciudad, y nunca más se la verá".
18:22 Ya no se escuchará dentro
de ti
el canto de los que tocan el arpa y de los músicos,
de los flautistas y de los trompetistas;
ya no se encontrarán artesanos de los diversos oficios,
ni se escuchará el sonido de la rueda del molino.
18:23 No volverá
a brillar la luz de la lámpara,
ni tampoco se escuchará la voz de los recién casados.
Porque tus comerciantes eran los grandes de la tierra,
y con tus encantos sedujiste a todos los pueblos.
18:24 En ella fue
derramada la sangre de los profetas y de los santos, y de todos aquellos que
han sido inmolados en la tierra.
Las
bodas del Cordero
19:1
Después oí algo parecido al clamor de una enorme multitud que
estaba en el cielo, y exclamaba:
"¡Aleluya!
La salvación, la gloria y el poder
pertenecen a nuestro Dios,
19:2 porque sus juicios
son verdaderos y justos.
Él ha condenado a la famosa Prostituta
que corrompía la tierra con su lujuria,
y ha vengado en ella la sangre de sus servidores".
19:3 Y volvieron a decir: "¡Aleluya!
La humareda de la Ciudad se eleva por los siglos de los siglos".
19:4 Entonces los veinticuatro Ancianos
y los cuatro Seres Vivientes se postraron para adorar a Dios, que está
sentado en el trono, y exclamaban: "¡Amén, aleluya!"
19:5 Luego salió del trono una
voz que decía: "Alaben a nuestro Dios, ustedes, sus servidores,
los que lo temen, pequeños y grandes".
19:6 Y oí algo
parecido al clamor de una enorme multitud, al estruendo de una catarata
y al estallido de violentos truenos. Y decían:
"¡Aleluya!
Porque el Señor, nuestro Dios,
el Todopoderoso, ha establecido su Reino.
19:7 Alegrémonos,
regocijémonos y demos gloria a Dios,
porque han llegado las bodas del Cordero:
su esposa ya se ha preparado,
19:8 y la han vestido con lino fino
de blancura resplandeciente".
El lino simboliza las buenas acciones de los santos.
19:9 Después
el Ángel me dijo: "Escribe esto: Felices los que han sido invitados
al banquete de bodas
del
Cordero". Y agregó: "Estas son verdaderas palabras de Dios".
19:10 Entonces yo caí a sus pies
para adorarlo, pero él me advirtió: "¡Cuidado! No
lo hagas, porque yo soy tu compañero de servicio y el de tus hermanos
que poseen el testimonio de Jesús. El testimonio de Jesús es
el espíritu profético. ¡Es a Dios a quien debes adorar!"
EL TRIUNFO DEFINITIVO DE CRISTO
El
primer combate
19:11 Luego vi el cielo abierto
y apareció un caballo blanco. Su Jinete se llama "Fiel" y
"Veraz"; él juzga y combate con justicia.
19:12 Sus ojos son como una llama ardiente
y
su cabeza está cubierta de numerosas diademas. Lleva escrito un nombre
que solamente él conoce
19:13 y está
vestido con un manto teñido de sangre.
Su nombre es: "La Palabra de Dios".
19:14 Lo siguen los ejércitos celestiales,
vestidos con lino fino de blancura inmaculada y montados en caballos blancos.
19:15 De su boca sale
una espada afilada, para herir a los pueblos paganos. Él los regirá
con un cetro de hierro
y pisará los racimos en la cuba
de la ardiente ira del Dios todopoderoso.
19:16 En su manto y en su muslo lleva
escrito este nombre: Rey de los reyes y Señor de los señores.
19:17 Después
vi a un Ángel que estaba de pie sobre el sol y gritaba con gran fuerza
a todas las aves que volaban en el cielo: "Vengan a reunirse para el
gran festín de Dios,
19:18 para devorar la carne de los reyes,
de los grandes capitanes, de los poderosos, de los caballos y de sus jinetes;
la carne de todos, libres y esclavos, pequeños y grandes".
19:19 En seguida vi a la Bestia y a los
reyes de la tierra, con sus ejércitos preparados para combatir contra
el Jinete y su ejército.
19:20 Pero la Bestia
fue capturada, junto con el falso profeta aquel que realizaba prodigios
delante de la otra Bestia, y así logró seducir a los que llevaban
la marca de la Bestia y adoraban su imagen
y
ambos fueron arrojados vivos al estanque de azufre ardiente.
19:21 Todos los demás fueron exterminados
por la espada que salía de la boca del Jinete, y las aves se saciaron
con sus despojos.
El
reino de mil años
20:1
Luego vi que un Ángel descendía del cielo, llevando en su mano
la llave del Abismo y una enorme cadena.
20:2 Él capturó
al Dragón, la antigua Serpiente
que es el Diablo o Satanás y lo encadenó por mil
años.
20:3 Después lo arrojó al
Abismo, lo cerró con llave y lo selló, para que el Dragón
no pudiera seducir a los pueblos paganos hasta que se cumplieran los mil años.
Transcurridos esos mil años, será soltado por un breve tiempo.
20:4 Entonces vi unos tronos,
y los que se sentaron en ellos recibieron autoridad para juzgar.
También
vi las almas de los que habían sido decapitados a causa del testimonio
de Jesús y de la Palabra de Dios, y a todos los que no habían
adorado a la Bestia ni a su imagen, ni habían recibido su marca en
la frente o en la mano. Ellos revivieron y reinaron con Cristo durante mil
años.
20:5 Esta es la primera resurrección.
Y los demás muertos no pudieron revivir hasta el cumplimiento de esos
mil años.
20:6 ¡Felices y santos, los que
participan de la primera resurrección! La segunda muerte no tiene poder
sobre ellos: serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán
con él durante mil años.
El
segundo combate
20:7
Y cuando se cumplan esos mil años, Satanás será liberado
de su prisión.
20:8 Saldrá
para seducir a los pueblos que están en los cuatro extremos de la tierra,
a Gog y Magog,
a fin de reunirlos para la batalla. Su número será tan grande
como las arenas del mar,
20:9 y marcharán sobre toda la
extensión de la tierra, para rodear el campamento de los santos, la
Ciudad muy amada. Pero caerá fuego del cielo y los consumirá.
20:10 El Diablo, que los había
seducido, será arrojado al estanque de azufre ardiente donde están
también la Bestia y el falso profeta. Allí serán torturados
día y noche por los siglos de los siglos.
El
Juicio de las naciones
20:11
Después vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él.
Ante su presencia, el cielo y la tierra desaparecieron sin dejar rastros.
20:12 Y vi a los que habían muerto,
grandes y pequeños, de pie delante del trono. Fueron abiertos los libros,
y también fue abierto el Libro de la Vida;
y los que habían muerto fueron juzgados de acuerdo con el contenido
de los libros; cada uno según sus obras.
20:13 El mar devolvió a los muertos
que guardaba: la Muerte y el Abismo hicieron lo mismo, y cada uno fue juzgado
según sus obras.
20:14 Entonces la Muerte y el Abismo fueron
arrojados al estanque de fuego, que es la segunda muerte.
20:15 Y los que no estaban inscritos en
el Libro de la Vida fueron arrojados al estanque de fuego.
LA NUEVA JERUSALÉN
El
cielo nuevo y la tierra nueva: la Ciudad celestial
21:1 Después vi un cielo nuevo
y una tierra nueva,
porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no
existe más.
21:2 Vi la Ciudad santa,
la nueva Jerusalén, que descendía del cielo
y venía de Dios, embellecida como una novia
preparada para recibir a su esposo.
21:3 Y oí una voz potente que decía
desde el trono: "Esta es la morada de Dios entre los hombres: él
habitará con ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará
con ellos y será su Dios.
21:4 Él secará todas sus
lágrimas,
y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor,
porque todo lo de antes pasó".
21:5 Y el que estaba sentado en el trono
dijo: "Yo hago nuevas todas las cosas". Y agregó: "Escribe
que estas palabras son verdaderas y dignas de crédito.
21:6 ¡Ya está!
Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, yo le
daré de beber
gratuitamente de la fuente del agua de la vida.
21:7 El vencedor heredará
estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.
21:8 Pero los cobardes,
los incrédulos, los depravados, los asesinos, los lujuriosos, los hechiceros,
los idólatras y todos los falsos, tendrán su herencia en el
estanque de azufre ardiente, que es la segunda muerte".
Descripción
de la nueva Jerusalén
21:9
Luego se acercó uno de los siete Ángeles que tenían las
siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me dijo: "Ven
que te mostraré a la novia, a la esposa del Cordero".
21:10 Me llevó en espíritu
a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa,
Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios.
21:11 La gloria de Dios estaba en ella
y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una
piedra de jaspe cristalino.
21:12 Estaba rodeada por una muralla de
gran altura que tenía doce puertas:
sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres
de las doce tribus de Israel.
21:13 Tres puertas miraban al este, otras
tres al norte, tres al sur, y tres al oeste.
21:14 La muralla de la Ciudad se asentaba
sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de
los doce Apóstoles del Cordero.
21:15 El que me estaba
hablando tenía una vara de oro para medir
la Ciudad, sus puertas y su muralla.
21:16 La Ciudad era cuadrangular: tenía
la misma medida de largo que de ancho. Con la vara midió la Ciudad:
tenía dos mil doscientos kilómetros de largo, de ancho y de
alto.
21:17 Luego midió la muralla: tenía
setenta y dos metros, según la medida humana que utilizaba el Ángel.
21:18 La muralla había
sido construida con jaspe, y la Ciudad con oro puro, semejante al cristal
purificado.
21:19 Los cimientos de la muralla estaban
adornados con toda clase de piedras preciosas:
el primer cimiento era de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de ágata,
el cuarto de esmeralda,
21:20 el quinto de ónix, el sexto
de cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo,
el noveno de topacio, el décimo de crisoprasa, el undécimo de
jacinto y el duodécimo de amatista.
21:21 Las doce puertas eran doce perlas
y
cada puerta estaba hecha con una perla enteriza. La plaza de la Ciudad era
de oro puro, transparente como el cristal.
21:22 No vi ningún templo en la
Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero.
21:23 Y la Ciudad
no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina,
y su lámpara es el Cordero.
21:24 Las naciones caminarán a
su luz y los reyes de la tierra le ofrecerán sus tesoros.
21:25 Sus puertas
no se cerrarán durante el día y no existirá la noche
en ella.
21:26 Se le entregará la riqueza
y el esplendor de las naciones.
21:27 Nada impuro
podrá entrar en ella, ni tampoco entrarán los que hayan practicado
la abominación y el engaño. Únicamente podrán
entrar los que estén inscritos en el Libro de la Vida del Cordero.
La
felicidad de los elegidos
22:1
Después el Ángel me mostró un río de agua de vida,
claro como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero,
22:2 en medio de la
plaza de la Ciudad. A ambos lados del río, había árboles
de vida
que fructificaban doce veces al año, una vez por mes, y sus hojas servían
para curar a los pueblos.
22:3 Ya no habrá allí ninguna
maldición.
El trono de Dios y del Cordero estará en la Ciudad, y sus servidores
lo adorarán.
22:4 Ellos contemplarán su rostro
y llevarán su Nombre en la frente.
22:5 Tampoco existirá la noche,
ni les hará falta la luz de las lámparas ni la luz del sol,
porque el Señor Dios los iluminará,
y ellos reinarán por los siglos de los siglos.
22:6 Después me dijo: "Estas
palabras son verdaderas y dignas de crédito. El Señor Dios que
inspira a los profetas envió a su mensajero para mostrar a sus servidores
lo que tiene que suceder pronto.
22:7 ¡Volveré pronto! Feliz
el que cumple las palabras proféticas de este Libro".
22:8 Soy yo, Juan, el que ha visto y escuchado
todo esto. Y cuando terminé de oír y de ver, me postré
a los pies del Ángel que me había mostrado todo eso, para adorarlo.
22:9 Pero él me dijo: "¡Cuidado!
No lo hagas, porque yo soy tu compañero de servicio, el de tus hermanos
los profetas, y el de todos aquellos que conservan fielmente las palabras
de este Libro. ¡Es a Dios a quien debes adorar!"
22:10 Y agregó:
"No mantengas ocultas las palabras proféticas de este Libro
porque
falta poco tiempo.
22:11 Que el pecador
siga pecando, y el que está manchado se manche más aún;
que
el hombre justo siga practicando la justicia, y el santo siga santificándose.
22:12 Pronto regresaré
trayendo mi recompensa,
para dar a cada uno según sus obras.
22:13 Yo soy el Alfa
y la Omega,
el Primero y el Último,
el Principio y el Fin.
22:14 ¡Felices
los que lavan sus vestiduras para tener derecho a participar del árbol
de la vida
y a entrar por las puertas de la Ciudad!
22:15 Afuera quedarán los perros
y los hechiceros, los lujuriosos, los asesinos, los idólatras y todos
aquellos que aman y practican la falsedad".
Epílogo
22:16
Yo, Jesús, he enviado a mi mensajero para dar testimonio de estas cosas
a las Iglesias. Yo soy el Retoño de David
y su descendencia, la Estrella radiante de la mañana.
22:17 El Espíritu y la Esposa dicen:
"¡Ven!", y el que escucha debe decir: "¡Ven!"
Que venga el que tiene sed, y el que quiera, que beba gratuitamente del agua
de la vida.
22:18 Yo advierto
a todos los que escuchan las palabras proféticas de este Libro: "Si
alguien pretende agregarles algo, Dios descargará sobre él las
plagas descritas en este Libro.
22:19 Y al que se atreva a quitar alguna
palabra de este Libro profético,
Dios
le quitará su parte del árbol de la vida y de la Ciudad santa,
que se describen en este Libro".
22:20 El que garantiza estas cosas afirma:
"¡Sí, volveré pronto!" ¡Amén! ¡Ven,
Señor Jesús!
22:21 Que la gracia del Señor Jesús
permanezca con todos. Amén.