Visitar Sitio Web de ARQUIDIÓCESIS DE MÉXICO


  Google
Vicaría      de Pastoral

LA MIGRACIÓN Y LA IGLESIA

Pbro. Victoriano Martínez Navarro
Comisionado de la Pastoral Social de la IV Vicaría
Arquidiócesis de México

El fenómeno de la migración es una realidad presente constantemente en la historia de la humanidad; podríamos decir, que es una realidad humana. Desde los movimientos masivos de pueblos completos ya en los inicios de la historia que a causa de condiciones geográficas cambiantes o porque obligados y sometidos por otros pueblos; las catástrofes naturales, las sequías, las guerras, las enfermedades, la persecución, etc., no pocas veces han sido motivo de la movilidad humana. Aunque también hemos tenido desde siempre una migración por goteo, que es constante y que tiene orígenes diversos y que camina según las circunstancias cambiantes de los tiempos de un lugar a otro. En verdad los humanos somos una especie en constante movimiento, buscando horizontes mejores.

La Iglesia ha dado gran importancia -a través de los siglos- al cuidado espiritual de los migrantes. Como encontramos escrito en la Constitución "Exsul Familia" (publicada por Pío XII, en 1952) "La Santa Madre Iglesia -impulsada por su inmenso amor hacia las almas y en su afán de cumplir el mandato de salvación universal que le fue confiado por Cristo- no tardó en asumir el cuidado, sobre todo espiritual, también de los peregrinos, forasteros y desterrados, y de todos los migrantes sin ahorrar esfuerzos y valiéndose principalmente de sacerdotes para que éstos, mediante la administración de los carismas de la gracia y la predicación de la palabra divina, pudieran -con toda solicitud- confirmar a esos cristianos en la fe y estrechar los vínculos de la caridad".

La ya citada Constitución de Pío XII marca el inicio de una atención más organizada por parte de la Iglesia hacia el fenómeno de la movilidad humana, puesto que las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, lleva al Papa, a poner dicho fenómeno al centro de la atención pastoral de la Iglesia. Posteriormente en el Concilio Vaticano II, el decreto sobre los Obispos "Christus Dominus" en el número 18 se ocupa del tema de la migración. Además de otras declaraciones normativas por parte de la Iglesia tales como "Pastoralis Migratorum Cura" del 15 de agosto de 1969 y de la Instrucción "De pastorali migratorum cura" del 22 de agosto de 1969; un signo fuerte del compromiso de la Iglesia en la atención al fenómeno de la movilidad humana fue la creación de la Pontificia Comisión para la pastoral de los emigrantes el 19 de marzo de 1970 que se trasformó en 1988 mediante la Constitución "Pastor Bonus" en Pontificio Consejo por voluntad del Papa Juan Pablo II.

Pero conviene que veamos brevemente qué es la pastoral y sobre todo, lo que es la pastoral migratoria. Una definición de Pastoral dice que: "es toda acción de la Iglesia destinada a llevar a todas las personas y las personas todas a la plena comunión de vida con Dios en la comunidad visible de la Iglesia de Jesucristo. Evidentemente dicha acción ha de ser global, orgánica y articulada". Por otro lado, la acción pastoral debe tener su especificidad, a tal propósito el documento de Puebla nos dice que: Las opciones pastorales son el proceso de elección que mediante la ponderación y el análisis de las realidades positivas y negativas, vistas a la luz del Evangelio permiten escoger y descubrir la respuesta pastoral a los desafíos puestos a la Evangelización. Lo cual nos lleva a la realización de las pastorales específicas. Es precisamente el caso de la Pastoral para los Mirantes. Es decir, "se debe proporcionar a los migrantes una asistencia espiritual que no sea diferente, ni menor, que aquella de que gozan los otros fieles en las diócesis" (DSS, 1132).

La Iglesia ha insistido en la necesidad de una pastoral específica para los migrantes en la que con frecuencia se incluyen los desterrados prófugos, marinos, aeronavegantes y nómadas. En el número 15 de la Instrucción "De pastorali migratorum cura" después de haber subrayado que los fenómenos migratorios están compuestos de varios elementos y que los migrantes, "aunque constituyan categorías humanas muy diversas entre sí, tienen en común condiciones de vida totalmente particulares que difieren mucho de aquellas a las que estaban acostumbrados en la patria, hasta el punto de no poder recurrir, para la asistencia espiritual, a los párrocos del lugar. Por esto la Iglesia se preocupa, con materna solicitud, de prestarles una oportuna asistencia pastoral"... resulta la siguiente opción pastoral de emigrante: "Precisamente, desde el punto de vista pastoral... están comprendidos en el concepto de migrantes todos aquellos que, por cualquier motivo, viven fuera de su patria o de su comunidad étnica y necesitan verdaderamente de asistencia particular" (DSS, 2004).

La justificación de esta acción pastoral es obvia y elemental: la persona que se encuentra lejos de su patria y de la propia comunidad étnica se halla como ajena a toda comunicación, desarraigada y desorientada. Las repercusiones de esto se sienten también en la fe y en la práctica religiosa (DSS, 1984 y ss). El migrante, por lo general, no conoce el idioma del país que lo acoge, y si lo sabe, no lo domina lo suficiente. De todas maneras, se encuentra por fuera del contexto cultural del nuevo pueblo con el que va a compartir su vida. Las relaciones con el párroco del lugar y -a través de éste- con la comunidad cristiana donde llega a vivir, son difíciles e incluso imposibles. Si se trata de una comunidad numerosa, ella no está en las condiciones de aprovechar el ministerio del párroco para vivir su propia fe, especialmente si -como suele suceder- se ve amenazada también desde fuera.

Hay además otra justificación, digamos, de tipo cultural, en el No. 11 de la Instrucción "De pastorali migratorum cura" que dice al respecto: "Los migrantes llevan consigo su mentalidad, su lengua, su cultura y su religión. Todo esto constituye un patrimonio, por decirlo así, espiritual de pensamiento, de tradiciones y de cultura, que perdurará también fuera de la patria. Por lo mismo, debe ser estimado grandemente en todas partes".

La pastoral de los migrantes es misión de la Iglesia. En la Carta "Iglesia y Movilidad humana" subraya que "ante todo, la necesidad de una sensibilidad de todo el pueblo de Dios ante estos fenómenos y sus implicaciones religiosas pastorales, apostólicas, misioneras, sociales, culturales, etc. ...". (DSS, 2453); pero además que la movilidad, tal como se desarrolla en la hora presente, crea a menudo en la sociedad zonas de discriminación, de marginación humana... Allí se ve particularmente acentuada la movilidad y crea problemas, ocurre a veces que algunas fracciones de la Iglesia no quedan inmunes a infiltraciones de tipo nacionalista" (DSS, 2456).

Por lo tanto, esta misión de la Iglesia se debe realizar en todos los niveles de la Iglesia. Por lo que concierne a la Iglesia universal, ya hemos dicho más arriba cuáles han sido sus intervenciones más relevantes. En lo que se refiere a la Iglesia particular, podemos decir que la pastoral de los migrantes concierne a los Ordinarios, tanto de la Iglesia de origen como de la Iglesia que recibe, aunque por distintos conceptos.

La Iglesia de origen tiene la tarea de formar adecuadamente a aquellos que dejan su propia país; de enseñarles las dificultades y prepararles para afrontarlas sin que corra peligro la fe (DSS, 2053). Además, los ordinarios de la Iglesia de Origen están comprometidos a proporcionar sacerdotes que hablen el mismo idioma de los emigrantes (DSS, 2053) y los acompañen en los nuevos países. Pero la mayor responsabilidad corresponde a la Iglesia que los recibe, quien está llamada a acoger a los inmigrantes con hospitalidad cristiana; a mostrar el rostro materno de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica; a proporcionar sacerdotes que hablen la misma lengua del emigrante, haciéndolos venir de sus países de origen o formando para esa tarea a los propios sacerdotes (DSS, 2059-2060) y preparando las estructuras adecuadas para la pastoral de los migrantes (DSS, 2064-2072). Los Obispos son los verdaderos y únicos responsables, en sus diócesis, de la pastoral de los migrantes.

Por otro lado, se hallan las parroquias, que es el lugar cercano en el que se encuentran las personas. Su papel es primordial, pues es ahí donde la comunidad cristiana responde en modo concreto al hermano en necesidad. El Código de Derecho Canónico prevé, incluso, la posibilidad de crear parroquias o capellanías personales. El can. 518 dice así: "donde convenga, se constituirán parroquias personales en razón del rito, de la lengua o de la nacionalidad de los fieles de un territorio, o incluso por otra determinada razón".

En el corazón de la Iglesia se ha derramado y se derrama constantemente el Espíritu Santo que lleva a vivir la caridad concreta en el servicio al prójimo, esa misma caridad que Cristo nos enseñó, y que se realiza en cada bautizado que ama a su prójimo con obras concretas.

En el caso concreto de la pastoral de migrantes, tenemos una serie de retos: Uno de ellos, por mencionar el más evidente, es precisamente el de lograr involucrar a toda la sociedad en un problema que nos concierne a todos; el maltrato de los migrantes, la discriminación y últimamente, a raíz de los eventos del 11 de septiembre de 2001, la criminalización. La Iglesia como tal o en sus instituciones o agrupaciones, debe ser interlocutora creíble, proponiendo soluciones conjuntas, modificaciones del marco legal, respeto por los derechos del hombre en movimiento. La Iglesia está llamada a ser actriz principal en la construcción de una sociedad más justa, basada en el derecho que tiene todo hombre a buscar mejores condiciones de vida; puesto que en cuanto anunciadora de la Buena Noticia, su misión se cumple en que todos conozcan a Jesucristo, compañero de viaje en esta vida en la que todos estamos de camino.