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El compromiso de los católicos mexicanos en la política,
a la luz del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
(CDSI)

ELECCIONES 2006

El compromiso de los católicos mexicanos en la política

las elecciones que se avecinan este mes de julio suscitan comentarios y reflexiones en los medios de comunicación y en todos los ámbitos de la sociedad, incluida la Iglesia. Ante cada comicio electoral surge la pregunta:

¿Cuáles son las responsabilidades del católico ante las elecciones?

1a Informarse adecuadamente sobre los candidatos, sus propuestas de proyecto de gobierno, así como conocer las ideas que postulan sus partidos políticos.

a) La información se encuentra entre los principales instrumentos de participación democrática. Es impensable la participación sin el conocimiento de los problemas de la comunidad política, de los datos de hecho y de las varias propuestas de solución (CDSI n. 414).

b) Entre los obstáculos que se interponen a la plena realización del derecho a la objetividad en la información, merece particular atención el fenómeno de los monopolios editoriales y televisivos, con peligrosos efectos sobre todo el sistema democrático cuando a este fenómeno corresponden vínculos cada vez más estrechos entre la actividad gubernativa, los poderes financieros y la información (CDSI n. 414).

c) En el mundo de los medios de comunicación social las dificultades intrínsecas de la comunicación frecuentemente se agigantan a causa de la ideología, del deseo de ganancia y de control político, de las rivalidades y conflictos entre grupos, y otros males sociales (CDSI n. 416).

d) La persona y la comunidad humana son el fin y la medida del uso de los medios de comunicación social. El bien de las personas no se puede realizar independientemente del bien común de las comunidades a las que pertenecen (CDSI n. 416).

2a VOTAR

La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica. Por esto mismo, no puede favorecer la formación de grupos dirigentes restringidos que, por intereses particulares o por motivos ideológicos, usurpan el poder del Estado (CDSI n. 406).

No votar constituye una grave omisión a los derechos y deberes ciudadanos

3a Participar en los procesos electorales

Los partidos políticos tienen la tarea de favorecer una amplia participación y el acceso de todos a las responsabilidades públicas. Los partidos están llamados a interpretar las aspiraciones de la sociedad civil orientándolas al bien común, ofreciendo a los ciudadanos la posibilidad efectiva de concurrir a la formación de las opciones políticas. Los partidos deben ser democráticos en su estructura interna, capaces de síntesis política y con visión de futuro (CDSI n. 413).

4a Continuar la participación ciudadana y política, más allá de la época de comicios electorales, acompañando y vigilando el cumplimiento de las propuestas políticas de los ciudadanos electos a cargos públicos.

El sujeto de la autoridad política es el pueblo, considerado en su totalidad como titular de la soberanía. El pueblo transfiere de diversos modos el ejercicio de su soberanía a aquellos que elige libremente como sus representantes, pero conserva la facultad de ejercitarla en en control de las acciones de los gobernantes y también en su sustitución, en caso de que no cumplan satisfactoriamente sus funciones (CDSI n. 395).

En el sistema democrático, la autoridad política es responsable ante el pueblo. Los organismos representativos deben estar sometidos a un efectivo control por parte del cuerpo social. La obligación por parte de los electos de rendir cuentas de su proceder, garantizado por el respeto de los plazos electorales, es un elemento constitutivo de la representación democrática (CDSI n. 408).

ALGUNOS CRITERIOS PARA EVALUAR
PROPUESTAS POLÍTICAS
DE CANDIDATOS Y PARTIDOS

a) El precepto evangélico de la caridad ilumina a los cristianos sobre el significado más profundo de la convivencia política. La mejor manera de hacerla verdaderamente humana es fomentar la vivencia de la justicia, de la benevolencia y del servicio al bien común y robustecer las convicciones fundamentales en lo que toca a la naturaleza verdadera de la comunidad política y al recto ejercicio y límites de los poderes públicos (CDSI n. 392).

b) Una auténtica democracia no es sólo el resultado de un respeto formal de las reglas, sino que es el fruto de la aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos.

La dignidad de toda persona humana, el respeto de los derechos del hombre, la aceptación del "bien común" como fin y criterio regulador de la vida política, si no existe un consenso general sobre estos valores, se pierde el significado de la democracia y se compromete su estabilidad (CDSI n. 407).

c) La autoridad debe reconocer, respetar y promover los valores humanos y morales esenciales. Son valores que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir. Estos valores no se fundan en mayorías de opinión, provisionales y mudables, sino que deben ser simplemente reconocidos, respetados y promovidos como elementos de una ley moral objetiva, ley natural inscrita en el corazón del hombre y punto de referencia normativo de la misma ley civil (CDSI n. 397).

d) Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana. Requiere que se den las condiciones necesarias para la promoción de las personas concretas, mediante la educación y la formación en los verdaderos ideales, mediante la creación de estructuras de participación y de corresponsabilidad (CDSI n. 407).

e) La autoridad política debe garantizar la vida ordenada y recta de la comunidad, sin suplantar la libre actividad de las personas y de los grupos, sino disciplinándola y orientándola hacia la realización del bien común, respetando y tutelando la independencia de los sujetos individuales y sociales (CDSI n .394).

f) La autoridad debe dejarse guiar por la ley moral: toda su dignidad deriva de ejercitarla en el ámbito del orden moral, que tiene Dios como primer principio y último fin. En razón de la necesaria referencia a este orden, que la precede y la funda, de sus finalidades y destinatarios, la autoridad no puede ser entendida como una fuerza determinada por criterios de carácter puramente sicológico e histórico (CDSI n. 396).

Por lo tanto la autoridad política debe:

1.- Considerar a la persona humana como fundamento y fin de la comunidad política significa trabajar por el reconocimiento y el respeto de su dignidad mediante la tutela y la promoción de los derechos fundamentales e inalienables del hombre (CDSI n 388).

2.- El hombre es una persona, no sólo un individuo. Con el término persona indica una naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedrío (CDSI n. 391).

g) Entre las deformaciones del sistema democrático, la corrupción política es una de las más graves porque traiciona al mismo tiempo los principios de la moral y las normas de la justicia social; compromete el correcto funcionamiento del Estado; introduce una creciente desconfianza respecto a las instituciones públicas, causando un progresivo menosprecio de los ciudadanos por la política y sus representantes, con el consiguiente debilitamiento de las instituciones (CDSI n 411).

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