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Marco General para la Formación de los Agentes de Pastoral en la Arquidiócesis de México

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Vicaría      de Pastoral

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Jesús nos llama a todos a convertirnos en Buena Noticia

12. La formación de los agentes de pastoral involucra a todos los bautizados según su propia vocación y carisma. Todos los discípulos misioneros tienen en el bautismo su cimiento en común, pero cada uno es llamado de forma personal y especial a desarrollar los dones que ha recibido del Espíritu.

13. El proceder de Jesús es nuestro camino de formación. Él, enviado por el Padre y con el impulso del Espíritu, toma la iniciativa para ir al encuentro de las personas con una gran capacidad para acercarse al corazón, y logra “tocar” lo más sensible, provocando una respuesta espontánea. Con Simón Pedro, con Santiago y Juan, comparte el trabajo propio de su oficio antes de llamarlos a seguirlo (Cf. Mt 5,1-11). A Leví lo encuentra en la mesa de recaudación, en su trabajo diario, ahí lo llama (Cf. 5,27-32). No se guía por la imagen desprestigiada de su oficio, va a descubrir el rostro verdadero de la persona.

14. Jesús parece comprender siempre lo que necesitamos y elige el momento oportuno para tomar la iniciativa. Y se dirige a Zaqueo invitándose a su casa (Cf. Lc 19,5).  Con Nicodemo (Cf. Jn 3,1-21) y con la Samaritana (Cf. Jn 4,1-42) dialoga para descubrir lo que hay en su interior. En el pasaje de los discípulos de Emaús (Cf. Lc 24,13-35) los alcanza en el camino para ayudarlos a superar la incapacidad de su fe.

15. Así, nuestra fe brota en el encuentro con el Dios de rostro humano; el Dios con nosotros, el Dios del amor hasta la cruz. Cuando el discípulo llega a la comprensión de este amor de Cristo “hasta el extremo”, no puede dejar de responder a este amor si no es con un amor semejante: “Te seguiré adonquiera que vayas” (Lc 9,57). (Cf. Benedicto XVI, Discurso inaugural Aparecida, 13-05 2007, n. 3).

16. Hay una relación directa entre la experiencia de este amor personal que nos salva y el convertirse en portador de la Buena Noticia de Jesús. Es cuestión de convicción de amor.

17. La misión de amor de Jesús no excluye a nadie. La prueba más fehaciente es constatar a quiénes llama a ser sus discípulos: miren quiénes han sido llamados, pues no hay entre ustedes muchos sabios según los criterios del mundo, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Al contrario, Dios ha elegido lo que el mundo considera necio (1Cor 1,26-27).

18. El encuentro con Jesús nos pone en el camino de la conversión personal para que podamos ser instrumentos aptos para dar testimonio del Evangelio. 

Los Laicos

19. Los laicos tienen como vocación específica estar en el corazón del mundo impregnando sus tareas temporales de los valores evangélicos. Mientras más laicos estén identificados con el Evangelio, y sean responsables en sus realidades, competentes y conscientes de dar testimonio cristiano, estarán al servicio de la edificación del Reino de Dios y por consiguiente de la salvación en Cristo Jesús (Cf. EN 70).

20. A través de la formación, los agentes laicos descubren y viven su propia vocación y misión. En nuestra Arquidiócesis se ha tomado como prioridad la formación de laicos formadores de otros laicos.

21. Es necesario formar el ser y la identidad del laico, respondiendo a las necesidades, misión y expectativas de los laicos y de sus propios ambientes; que enfatice la espiritualidad de comunión y capacite para la acción misionera.


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