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Marco General para la Formación de los Agentes de Pastoral en la Arquidiócesis de México

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Vicaría      de Pastoral

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Los Ministros Ordenados

22. "Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que esta en ti por la imposición de mis manos" (2 Tim 1,6). Con estas palabras, San Pablo expresa el dinamismo de la gracia recibida por el sacramento del Orden; se trata de un don, el cual es una tarea y responsabilidad.

23. Por la misión que tienen es necesario poner una atención particular a la formación permanente de los sacerdotes; sabemos que estamos ante un cambio de época, que no solo invita a buscar simples "actualizaciones teológicas-pastorales", sino un auténtico discernimiento de los signos de los tiempos, para poder evangelizar y hacer una autentica pastoral de pastores (Cf. Pastores Davo vobis, 76), que respondan a las situaciones que afectan y desafían la vida y ministerio de los presbíteros: La identidad teológica del ministerio sacerdotal; su inserción en el cultura actual, así como sus aspectos vitales, afectivos y culturales que influyen en la vida ministerial. (Cf. DA 192-197).

24. Los ministros ordenados han de formarse continuamente teniendo en cuenta las condiciones en que se desempeñan como tales: como bautizados, es decir como salvados por Jesucristo y viviendo permanentemente su bautismo en el ejercicio de su misión; como sacerdotes, trabajando en su identificación permanente a Cristo, en la oración, en la proclamación de la palabra y en la práctica de la caridad; como pastores, buscando su identificación con el único Pastor de la Iglesia; y finalmente, acercarse al hombre contemporáneo para compartir con él sus alegrías y sus esperanzas, sus penas y sufrimientos de manera que su cercanía sea más auténtica.

25. El Pueblo de Dios siente la necesidad de obispos, presbíteros y diáconos discípulos: que tengan profunda experiencia de Dios, configurados con el corazón del Buen Pastor, dóciles a las mociones del Espíritu, que se nutran de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración; ministros ordenados movidos por la caridad pastoral: que los lleve a cuidar del rebaño a ellos confiado y a buscar a los más alejados, predicando la Palabra de Dios, siempre con profunda comunión eclesial; ministros ordenados servidores de la vida: que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad. También de ministros ordenados llenos de misericordia (Cf. Presbíteros misioneros de Jesucristo, Card. Claudio Hummes, 1º sep 2008).

26. La formación de los Ministros Ordenados busca mantener inflamado su interior con el Espíritu, que es el único que les quitará miedos y vacilaciones. Busca que se renueve su amor de pastores, para que recuerden a quienes bautizaron pero que están alejados o viven indiferentes porque no los evangelizaron suficientemente, cuando, en verdad, se   habían comprometido a hacerlo el día en que los bautizaron; que sientan arder su corazón de ponerse al servicio de quienes no conocen a Jesucristo.

27. Reavivar y alimentar su ministerio, permite a los Ministros Ordenados, por su propio testimonio de vida y acción pastoral, realizar una de sus más importantes y urgentes tareas de renovación pastoral: convocar a los laicos y laicas para acompañarlos en su itinerario de formación, de tal modo que se conviertan en discípulos misioneros para el ámbito parroquial y en el vasto mundo de la sociedad. Esta perspectiva requiere una conciencia y convicción renovadas: los laicos deben ser misioneros no por concesión de los pastores, sino por derecho y deber que les viene de su bautismo y confirmación.

28. Entre los agentes de la misión, los Obispos serán los principales misioneros y animarán personalmente a cada presbítero y diácono a asumir el discipulado y la misión. Los obispos están llamados a ser los modelos del rebaño y, en especial, de sus presbíteros y diáconos.

Los Miembros de Vida Consagrada

29.  Nuestra Iglesia local necesita el testimonio peculiar de la vida consagrada y de su misión: motivar en los bautizados la conciencia de los valores fundamentales del Reino. Y para esto conviene que los miembros de las comunidades consagradas se inserten adecuadamente con los otros miembros del pueblo de Dios.

30. Las diversas instancias pastorales deben abrir lazos de comunicación y participación que permitan a los miembros de la vida consagrada y a los responsables de la pastoral, reconocer el lugar que ocupan los diversos carismas en la pastoral sectorial o territorial y encontrar caminos para una colaboración más estrecha.

31. En comunión con los Pastores, los consagrados y consagradas son llamados a hacer de sus lugares de presencia, de su vida fraterna en comunión y de sus obras, espacios de anuncio explícito del Evangelio, principalmente a los más pobres, como lo han hecho en nuestro continente desde el inicio de la evangelización. De este modo colaboran, según sus carismas fundacionales, en la gestación de una nueva generación de cristianos discípulos y misioneros, y de una sociedad donde se respete la justicia y la dignidad de la persona humana (Cf. DA 217).
32. La presencia, cualificada y especializada, de la Vida Consagrada, debe ser aprovechada para apoyar los planes de formación de otros agentes. Realizar acuerdos de coordinación pastoral con ese propósito debe ser un objetivos prioritario. 

33. La coordinación debe buscar integrar equipos eclesiales donde miembros de la Vida Consagrada participen de forma importante en la formación de agentes. Hay que prestar mayor atención en darles a conocer los planes pastorales de la Arquidiócesis buscando que su participación sea plena.


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