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CONTEXTO EN EL PROCESO SINODAL


Ubicación de la V Asamblea, objetivo y contexto en el proceso sinodal

En 1945 se celebró el I Sínodo Diocesano de la Arquidiócesis de México, convocado por el Siervo de Dios, D. Luis Ma. Martínez.

D. Miguel Darío Miranda constituyó diferentes Secretariados para organizar diversas áreas de la pastoral, que agrupó en un Consejo de Secretariados, a fin de responder a las necesidades pastorales que planteaba el creciente y desmesurado desarrollo urbano. Creó nuevas estructuras pastorales que fueron llamadas Gerencias, presididas por un párroco (1964-1966). En esta época las parroquias fueron agrupadas en Decanatos. En 1967 se formó el Senado Presbiteral. hacia 1975 a las Gerencias o Zonas de Pastoral se les denominó delegaciones Episcopales.

El Cardenal Ernesto Corripio Ahumada transformó las Delegaciones en Vicarías Episcopales Territoriales, con un Obispo Auxiliar a la cabeza (1979-1981). A los Obispos Auxiliares se les recomendó también el cuidado de algunos de los Organismos Diocesanos, convirtiendo éstos en Vicarías Sectoriales.

La labor pastoral del Sr. Arzobispo D. Ernesto Corripio Ahumada culminó con la celebración del II Sínodo diocesano, cuyo Decreto fue como un grito de marcha para realizar la Nueva Evangelización en la Ciudad de México y no el punto final de un proceso. El Decreto expresó la misión de esta Arquidiócesis. Este documento tiene por delante un vasto horizonte, como un plan pastoral de largo alcance, cuyo objetivo es la evangelización de la cultura y cuya realización exigirá muchos años. Como un gran marco de referencia del quehacer pastoral para realizar a través de variados programas que vayan respondiendo con oportunidad y eficacia al ritmo del caminar de esta Iglesia local.

La llegada del Card. Norberto rivera Carrera a esta Arquidiócesis ha sido un gran impulso para este proyecto pastoral. Apenas llegado, en septiembre de 1995, convocó a los Decanos y a sus principales colaboradores para renovar su compromiso con el proceso de la Nueva Evangelización plasmado en el Decreto Sinodal e invitó a todos a sumarse decididamente.

Convocó a la II Asamblea, en febrero de 1996 y ofreció su "Orientación para la Formación de Agentes Laicos para Acciones Específicas", el 26 de mayo siguiente.

En enero de 1997, el Cardenal Rivera propuso un horizonte de trabajo para cuatro años, en su documento "Hacia el Plan pastoral de la Arquidiócesis de México", a fin de continuar el proceso pastoral iniciado con el II Sínodo, en el contexto del Gran Jubileo del Año 2000 y anunciar la realización de una Gran Misión de la Ciudad de México en el año 2000.

La III Asamblea Diocesana evaluó el camino recorrido y propuso fortalecer las acciones en Conjunto.

El Sr. Arzobispo propuso en su Programa Pastoral de 1998 continuar y ampliar las acciones de la sectorización, la formación de agentes, la reiniciación cristiana, experiencias de primer anuncio, revitalización de la catequesis y celebración de la confirmación, la participación corresponsable de los Laicos y la regeneración del tejido social.

Así llegamos, el año pasado, en octubre, a la IV Asamblea, en la que nuestro Pastor presentó el Proyecto para la Misión 2000, para ser conocido, evaluado y enriquecido a la luz de la experiencia conseguida con los programas ya antes realizados. el objetivo de la misión, los criterios generales y el programa de la primera etapa nos fueron ofrecidos en el Documento del Cardenal Rivera: "El Itinerario Pastoral para la Misión 2000", que no se propuso trazar un plan ya perfilado y decidido en todos sus detalles, sino señalar las directrices y los criterios generales que habrán de orientar la pastoral de conjunto en los próximos tres años. Esto permitirá concretar diversos programas y acciones pastorales con los necesarios criterios comunes que fortalezcan el sentido de unidad arquidiocesana. El proyecto contempla tres momentos: La preparación en 1999, la realización el el 2000 y la proyección a partir del 2001.

El objetivo de este año 1999 ha sido la convocatoria, multiplicación y formación de los agentes para la Misión.

Hoy nos encontramos aquí convocados para participar en la V Asamblea Diocesana, que como las anteriores, "es una reunión eclesial de agentes representativos de los diversos niveles y sectores de la Iglesia, convocada y presidida por el Señor Arzobispo, como una especial instancia consultiva del mismo Pastor y, un medio privilegiado de ejercicio de corresponsabilidad, para estimular la marcha pastoral de la Diócesis y, en particular, para ayudar al seguimiento de los procesos generados por el Sínodo (Cf. ECUCIM 4538, 3844I; Estatuto de la Asamblea Diocesana 1)".

El lema escogido para esta V Asamblea Diocesana expresa al mismo tiempo el objetivo: Convocados a la Comunión para la Misión 2000.

Convocados: ha sido el Señor Arzobispo, como Pastor de esta Iglesia local quien nos ha dirigido una invitación explícita a cada uno, para formar parte de este grupo. Su propósito es que este grupo sea su equipo arquidiocesano para la Misión, en analogía con los equipos decanales, parroquiales o de sector. Han sido llamados por el Señor Arzobispo laicos, hombres y mujeres; jóvenes y adultos; religiosos y religiosas; las comisiones diocesanas, movimientos y organizaciones laicales ya integrados a la coordinación arquidiocesana y otras que han atendido al llamado de Pastor; representantes de las universidades católicas; centros de formación; párrocos, decanos, representanes de pastoral, vicarios episcopales. Es una clara muestra de la gran pluralidad y riqueza de carismas de esta Iglesia local.

A la comunión que ha de construirse con los diversos carismas y dones que el Señor ha dado a su Iglesia, para que esta unidad sirva "para que el mundo crea". No se trata sólo de venir a escuchar lo que aquí pueda decírseles sobre la comunión y las posibilidades de trabajo, sino de un esfuerzo de colaboración para descubrir cada grupo el lugar que le corresponde en los diversos niveles de vicaría, decanato, parroquia y sectores.

Para la Misión, de esta manera poder aportar un conjunto de recomendaciones y sugerencias que permitan concretar las acciones que requerirá la realización de la Misión.

El desarrollo de la asamblea tendrá dos momentos: uno más vivencial de experiencia cristiana, el jueves y viernes; y otro más práctico, el sábado.

Concluyo invitándolos a participar con todo su entusiasmo, en apertura y sencillez de corazón.

+ J. Jesús Martínez Z.
Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México