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Muy queridos hermanos y hermanas:

Supongamos por un momento que en este lugar se hace la obscuridad completa, total, no faltara gritos de alarma, gritos de alerta y quizá muchos de nosotros nos asustemos, esta temblando, esta desgajando la capilla, tenemos la luz podemos mirar con detención y nos damos cuenta de que no esta temblando, que la capilla no se está viniendo abajo, es necesaria la luz ante tanto grito de alerta, tanto grito de alarma, inclusive tanto grito de desesperación en nuestra gran Ciudad.

Muchos viven inclusive con problemas graves de salud, por esta angustia que les provoca la gran Ciudad, por esas noticias que continuamente reciben, que muchas de ellas reales, muchas de ellas realmente preocupantes pero el que tiene la luz de Cristo, a toda esa realidad le das la exacta dimensión, no se llena de terror no se deja invadir por la desesperancia, ve los caminos posibles que esa misma luz le va mostrando.

Hermanos, hermanas es necesario en medio de tantas noticias, dar la buena noticia en nuestra gran Ciudad y muchos verán con claridad el camino que tienen que recorrer, en muchos de ellos esa angustia existencial desaparecerá, o al menos disminuirá.

Parece inevitable que los desperdicios, los desechos de nuestro mundo continuamente lleguen a nuestros mares. Afortunadamente hasta ahora esos mares no se han corrompido, quizá por el movimiento, quizá también por la sal han detenido esa corrupción, ojalá hechos esos desperdicios para nuestros mares, que fuéramos más cuidadosos pero quizá el equilibrio lo vaya realizando esa sal que impide la corrupción, porque sino nuestro mundo sería ya inhabitable, pero la sal no es solamente para evitar la corrupción.

Aquellos que por algún motivo de salud han tenido o tienen que seguir una dieta sin sal saben lo que la sal significa para los alimentos, ese nuevo sabor, ese sabor distinto, ese sabor agradable, ese sabor que anima.

Nosotros tenemos que dar un nuevo sabor, un sabor distinto a las realidades, a los trabajos, a las condiciones que están en nuestro mundo, es esa sal que debe ser el cristiano, que no solamente impide la corrupción sino que le da un nuevo sentido, un nuevo sabor a la vida.

Con ese entusiasmo, con esa alegría vamos esta tarde a ver nuestra realidad en ti, realidades preocupantes, realidades que no quisiéramos que existieran, realidades que nos tocan en lo más profundo de nuestro ser, pero nunca perdamos de vista que existe la luz, que existe la sal, y esa sal de la tierra y esa luz del mundo somos nosotros...