Logotipo de la VII ASAMBLEA DIOCESANA, celebrada el 2001
 
 
 
 
 
 

A continuación se muestran algunas de las exposiciones que se realizaron en el foro abierto

Seamos Dignos de los pobres. Pbro. Cosme Pedagna
Formación integral Misionera.  Sergio Morales Farfán
Algunas Ideas en torno a la Religiosidad Popular. Mons. Guillermo Ortiz Mondragón
Propuesta.  Ing. Eduardo Quiroga Xibille
Promoción de Cáritas Parroquiales.  Pbro. Manuel Zubillaga

Iglesia Renovada y Renovadora

Por: Irma Meza Garfias

VII Vicaría
VI Decanato

El caminar de nuestra Iglesia local se divide en un antes y un después, a raíz del II Sínodo Diocesano. Desde el Decreto General que concluía los trabajos sinodales, quedó claro que la Iglesia Arquidiocesana, a todos sus niveles, debía renovarse para convertirse en Iglesia Misionera permanente rumbo al nuevo milenio.

Sin embargo, quedaba en ese momento la tarea de fortalecer y actualizar a cada uno de sus miembros, para que cada Agente de Evangelización estuviera a tono con esta nueva expectativa de trabajo pastoral.

La renovación que tanto hemos buscado ha sido larga y dolorosa, hoy a casi diez años de concluido el II Sínodo, hay tanto laicos como sacerdotes que niegan su efectividad e incluso no lo conocen a fondo, y también otros que consideran que ya pasó de moda. No se dan cuenta que tanto el proceso misionero, los CEFALAE’s y la formación permanente de agentes pastorales, son sólo algunos de los puntos que el II Sínodo recalcó y ha promovido permanentemente en la vida de nuestra Iglesia local.

De esta manera, hay tres puntos que considero no debemos olvidar en este proceso de renovación:

En cuanto al proceso misionero, aún se debe dar más énfasis en su importancia para la Iglesia Arquidiocesana. Sigamos pues, promoviendo reuniones de evaluación e información desde el nivel parroquial hasta el arquidiocesano. También en este mismo punto debemos considerar que el proceso misionero no es exclusivo de algún grupo, movimiento o sistema de pastoral, la misión es toda una actitud y forma de vida que se enriquece de todos los carismas existentes en nuestras comunidades parroquiales.

En cuanto a los agentes y su formación, se debe cuidar más el aspecto pedagógico en la fe y la espiritualidad. Recordemos que una de las muchas maneras que se proponen para la formación y actualización de agentes es a través de los CEFALAE’s, sin embargo, muchas veces se salen de contexto y su enseñanza no es la adecuada al Magisterio de la Iglesia ni a la orientación de la Arquidiócesis. Hay CEFALAE’s que, según por ser muy modernos y actualizados, promueven la New Age o corrientes ideológicas de tipo político o social. Además, el fruto de los CEFALAE’s no se mide por número de agentes egresados, sino por su efectividad en el trabajo pastoral. Hay Decanatos que presumen de tener el mejor CEFALAE, porque salieron cientos de agentes y en la práctica, sólo trabajan unos pocos.

En cuanto al trabajo y la importancia de los laicos se ha hablado mucho; todos coinciden en que esto es bueno para la renovación de la Iglesia, sin embargo, aún hay que determinar específicamente los nuevos modelos estructurales de participación. En muchas ocasiones los proyectos que se pretenden emprender, son detenidos por los mismos sacerdotes que hablan de la importancia del trabajo laical.

Para finalizar, no olvidemos que en esta renovación de nuestra Iglesia local, debemos mantenernos fieles a Cristo y a su enseñanza, para bien de nuestros hermanos, no importando diferencia alguna. La fidelidad cuesta mucho y hay quienes la malentienden con uniformidad. Mantengámonos firmes en estos tiempos tan difíciles económica, política y socialmente. Nuestra fe debe estar siempre en Cristo Jesús, el único y verdadero salvador del mundo.

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Seamos Dignos de los Pobres

Por: Padre Cosme Pedagna Stefanelli

Mi aportación sobre las acciones concretas a realizarse en el año 2002, las pongo bajo el lema: “Seamos dignos de los pobres”.

Quiero invitar a todas las instancias civiles y sobre todo religiosas (en primer lugar a las Parroquias y Decanatos), a los feligreses, a la sociedad civil, a las instituciones para que sus acciones, iniciativas, proyectos y programas pongan todos sus esfuerzos y sus primeras preocupaciones, siempre con el criterio de “empezar desde los últimos” a través de la escucha, la observación y el discernimiento; que no deben ser actividades, sino más bien un método de trabajo. Este método debe volverse dimensión transversal de toda nuestra pastoral.

 Opino que en la planeación pastoral misionera, la mayor parte de las veces falta o no se da importancia a esta metodología, no cabe mucho en nuestro estilo pastoral el escuchar, en el sentido de poner al centro las necesidades, las personas, de no programar acciones, programas y servicios, prescindiendo de las muchas y diversificadas formas de pobreza, malestar, exclusión social: La práctica de la escucha debe volverse mentalidad pastoral. No cabe mucho el observar en el sentido de crear puntos de observación de necesidades, de pobreza y de recursos. No cabe mucho el discernir, es decir, ser coherentes con los dos momentos anteriores, para elegir los métodos pastorales y las políticas sociales más idóneos.

Echamos sí las redes, pero no nos metemos en la mar. Echamos sí las redes, pero sacamos de su ambiente vital a los peces que ya no van a tener vida. La Iglesia que se pone a planear, a programar debe ser Iglesia que se acerque a la gente, que tome en serio su vida, su historia, su sentir; Iglesia que actúa en sí misma la misericordia y la pedagogía de Dios, poniéndose en medio de los sufrimientos y de las alegrías, de las dificultades, de los deberes y derechos de la gente. La lectura de los hechos de la vida es camino para poder recoger mejor la Palabra que Dios dirige a la persona humana y para empezar a educarla en la respuesta de Dios, puesto que Dios habla en los hechos de la vida.

Los llamados “destinatarios” de nuestra pastoral y el pueblo—pobre en general, deben entrar siempre más como protagonistas en nuestros programas y acciones pastorales. Seamos dignos de los pobres.

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Formación Integral Misionera

Por: Sergio Morales Farfán

V Vicaría I Decanato

“Capacitar es construir”.

“Capacitarnos para construir el Reino de Dios”, bien podría ser nuestro lema en lo que respecta a la formación de agentes dentro de la Misión Permanente, porque lo que estamos haciendo es, nada más y nada menos, que colaborar con nuestro grano de arena en la magna obra de construir el Reino de Dios, aquí en la tierra, en nuestro país, en nuestra ciudad, en nuestra comunidad. Todos somos constructores del Reino por el bautismo, y aunque algunos, quizá todavía muchos, permanezcan al margen, todos estamos invitados a colaborar en esta divina empresa, pues somos constructores y al mismo tiempo beneficiarios de la obra misma.

Pero antes de integrarnos a la obra, habría que “construir” una identidad misionera suficiente que sustente al Agente, para que tenga sentimientos de posesión y pertenencia a la obra, y del gremio constructor, para pasar entonces a una Formación Integral Misionera de manera constante y permanente, objetiva y sustentable, que permita los conocimientos y habilidades necesarios en el terreno humano por un lado, y por el otro, que suscite la espiritualidad, el celo y el deseo inaplazable de ir por el hermano alejado o sufriente, viendo en él a Jesús; de salir a la calle y enfrentar los diversos, complejos y adversos ambientes donde se encuentran los destinatarios de la Misión.

“No sabe más el que más cosas sabe, sino el que sabe las que más importan”. La formación permanente e integral supone no solamente el trabajar en función de la “aptitud” y enriquecer el conocimiento personal del Agente, sino que debe motivar su actitud en todos sentidos, sobre todo en apertura, disposición y compromiso.

Nosotros, los misioneros, debemos tomar conciencia gremial del sector divino de constructores del Reino. Debemos asumir con mucha responsabilidad nuestro papel y función de bautizados y enviados, ya que si bien no se necesitan profundos conocimientos teológicos para proclamar el kerigma, tampoco se vale improvisar. Recordemos que cada puerta que se nos cierra es facilitar el trabajo de pesca de las sectas.

Para ser agente misionero, el conocimiento es básico, pero la actitud espiritual misionera es insustituible. Sabemos bien que todos tenemos dones y carismas que nos definen y que se pueden traducir en aptitud, pero la actitud, la parte espiritual de la empresa es su plataforma, es la cimentación y el acabado de la obra divina.

Sabemos muy bien que el Espíritu Santo obra en todos y cada uno de nosotros, pero no le dejemos todo al Santo Espíritu… Roguemos al Señor que nos llamó a colaborar en su obra, que permita los medios necesarios para la Formación Integral de Agentes Misioneros con actitud y aptitud apostólicas; con sentido de posesión y pertenencia, pero además, con alegría, dignidad y orgullo de ser nada menos que hijos del Dueño de la construcción.  “Que así sea...”

Dios los bendiga.

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Tres propuestas concretas y complementarias

Por: Padre Abel Fernández V.

Promover el encuentro de quienes están llevando formalmente el Proceso de Reiniciación Cristiana, con el Camino de Emaús.

Que la Vicaría de Pastoral promueva, organice y coordine el encuentro bi-anual de quienes llevan formal y específicamente este proceso diocesano, para intercambiar experiencias, instrumentos y respuestas a los problemas concretos que se van presentando, y que la misma Vicaría, retomando el resultado de esta intercomunicación, proponga a las parroquias instrumentos comunes que apoyen el caminar concreto del proceso comunitario. 

Integrar el calendario de religiosidad popular al proceso formativo del Camino de Emaús. 

Que el equipo encargado de elaborar subsidios para el Proceso Misionero Permanente Arquidiocesano, enriquezca el programa formativo del Camino de Emaús, en orden a la reiniciación cristiana de quienes han aceptado tomar en serio el seguimiento de Jesús, para que tomen conciencia, celebren e incorporen explícitamente a su vida cristiana los grandes momentos del calendario celebrativo de la religiosidad popular. De esta manera los grupos de reiniciación cristiana podrán ser fermento evangelizador de las semillas del Verbo contenidas en la religiosidad, cuando ellos salgan al encuentro de los alejados que participan en dichas celebraciones. 

Respetar el ritmo de crecimiento y desarrollo en la fe de los grupos. 

Que los decanos vigilen y promuevan en las parroquias, más que la realización anual de la misión extensiva e intensiva, la promoción, organización y desarrollo sistemático y progresivo del proceso evangelizador, en sus diversas “estaciones” para que, no por insistir en la estadística de la misión anual, se interrumpa y violente el proceso iniciado. Mi experiencia me dice que entre la preparación del equipo misionero para las etapas extensiva e intensiva, el desarrollo del Camino de Emaús, la reiniciación de los sacramentos y una nueva Misión se requieren, al menos, dos años.

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Algunas Ideas en torno a la Religiosidad Popular

Por: Mons. Guillermo Ortiz Mondragón

Algunas diferencias que conviene tener en cuenta

Religiosidad en general
Fe católica
Búsqueda de lo sagrado a partir de la experiencia humana; se expresa como creencia de tipo étnico comunitario, estático y despersonalizante.
Encuentro con Dios porque Él viene a nosotros y nosotros vamos hacia Él; se vive en las dimensiones de fe, esperanza y caridad, de tipo comunitario y personalizante.
El “contenido” de lo sagrado puede ser: Animismo, lo trascendente impersonal, imágenes eclécticas, ideologías materialistas…
El encuentro con Dios se hace proceso de vida.
Espiritualidad inmanentista, de tipo individualista intimista, desprendimiento dicotómico (rechazo lo material y busco lo espiritual)
Espiritualidad de comunión con Dios, con los hermanos; caminar juntos en la búsqueda del querer de Dios.

Dejarnos evangelizar por la religiosidad popular, sobre todo en algunos elementos:

Búsqueda filial de Dios; creatividad en los signos que expresan contenidos profundos; participación de toda la personalidad en sus aspectos:

Cognitivo: Orientación fundamental de la vida, aquí entra la dimensión de contenidos de la catequesis, no sólo intelectuales, sino de orientación de la vida.

Social: Búsqueda comunitaria, necesidad que trascienda la propia etnia, el propio grupo.

Emotivo: Expresión de los sentimientos de manera espontánea; necesario ligarlos a contenidos de fe, de esperanza y de caridad (vida católica).

Proactivo: Despertar la inventiva y la capacidad de organización comunitaria con creatividad; es el punto de partida para diversos procesos.

Cultural: Que se refiere a valores y expresiones propias de cada grupo; es necesario no absolutizarlas, sino conducirlas a una visión más global.

Para inculturar la liturgia: Es necesario redescubrir el contenido de los signos de la religiosidad popular, para poder descubrir su referencia a los signos litúrgicos; a través de la Palabra y la Tradición de la Iglesia recuperar la experiencia de Dios, sin perder aspectos culturales que actualmente son significativos para las personas de un determinado lugar. Puede ser oportunidad para que los signos de una nueva cultura urbana sean incorporados en este proceso, pues podemos hablar de una Religiosidad Popular postmoderna, en la que la búsqueda de algo más poderoso, de la seguridad y el porvenir se expresan de manera distinta; tener cuidado con las influencias orientalistas, de tipo ideológico materialista, y aún de satanismo y magia negra.

A través de María pueden concentrarse diversos núcleos de expresiones y experiencias religiosas; es necesario hacer una análisis serio.

Hay que recordar que no todos los que están con los pobres viven o comprenden la religiosidad popular, con frecuencia cultivan un materialismo (sea en la línea radical de contestación o de ideología más bien de tipo político populista). Las corrientes modernas entran en la religiosidad popular con un materialismo light, de tipo hedonista e individualista, intimista y de autosatisfacción.

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Propuesta

Por: Ing. Eduardo Quiroga Xibille

La institución familiar ha sido depositaria del rico patrimonio de virtudes y valores que tradicionalmente han distinguido a la familia mexicana, cuyos miembros forjaron nuestra patria, no sin grandes sacrificios y afrontando múltiples adversidades, creando la herencia cultural, institucional y material que hoy disfrutamos.

 Históricamente la familia mexicana se ha destacado por estar fundada en sólidos principios cristianos, así como en un sentido de solidaridad, de unión familiar, de respeto por la vida, constituyéndose en verdaderas comunidades de cariño mutuo, de gozo, de disfrute de nuestras tradiciones, caracterizadas también por un sentimiento de unidad, de profundo respeto a los mayores, un alto sentido de responsabilidad, el acatamiento sincero a la autoridad paterna y materna, la alegría y el optimismo ante la vida, tanto en los buenos tiempos como en los tiempos difíciles.

Sin embargo, hoy día la familia, célula fundamental de la sociedad y garantía de su estabilidad, sufre las crisis que afectan a la sociedad misma, en particular la profunda crisis de valores.

 Los matrimonios viven, hoy, inmersos en un sistema económico y cultural que bajo la falsa apariencia de libertad y progreso promueven antivalores como el egoísmo, el consumismo y una mentalidad antinatalista, en profundo desacuerdo con la dignidad humana, que en su conjunto, conforman una cultura del pesimismo, del absurdo empobrecimiento de la persona, de la familia y de la sociedad.

En la actualidad la maternidad se nos presenta como una limitación a la libertad de la mujer y los hijos como algo contra lo que hay que defenderse. Las cifras de disminución poblacional de la Ciudad de México que nos presentó el Padre Manuel Zubillaga, son un indicador del avance de esta cultura pesimista y del debilitamiento, si no franco abandono de los valores cristianos, los cuales como se nos dijo están muy presentes en las personas mayores, que son las que más asisten a la Eucaristía y que en los distintos movimientos de laicos prestan valiosos servicios a sus semejantes.

A los niños y jóvenes que les ha tocado vivir en este ambiente de antivalores y de ausencia de Dios, en muchos casos dan como triste resultado la proliferación de la promiscuidad, el empobrecimiento ético, la vulgaridad, su escaso amor y respeto por la patria y por sus mayores, las relaciones prematrimoniales a temprana edad y el recurso fácil del aborto y la autodestrucción, por el preocupante y creciente consumo de drogas.

El camino para vencer estos males, hoy como ayer, no es otro que Jesucristo, su doctrina y su ejemplo de amor que nos salva.

Considero que ha llegado el tiempo en que nuestro trabajo misionero impulse creativa y decididamente la pastoral de conjunto, a la formación de agentes para acciones específicas, con un espíritu ecuménico, incluyente de todas las personas de buena voluntad que quieran aportar su esfuerzo y recursos a la atención de las cuatro prioridades sinodales: la familia, los jóvenes, los alejados y los marginados.

En particular proponemos que la familia, la escuela y la parroquia formen una comunidad educativa, donde los hijos de esta Ciudad de México “puedan crecer en humanidad”.

Como nos exhortara nuestro Cardenal Norberto Rivera: ¡No tengamos miedo! Abramos las familias y las escuelas a los valores del Evangelio de Jesucristo y a las enseñanzas de quien nos dio nuestra identidad de mexicanos, a nuestra amada Virgen de Guadalupe.

¡No tengamos miedo! La promoción de valores y virtudes humanas y cristianas nunca son un peligro para ningún proyecto social, por el contrario, son su mejor sustento y su mayor riqueza.

Por último, parafraseando a su Santidad Juan Pablo II, decimos: ¡Ciudad de México, cuida tus familias para que conserves sano tu corazón!

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Promoción de Cáritas Parroquiales

P. Manuel Zubillaga Vázquez

En orden a la promoción de la pastoral de la caridad, me parece fundamental insistir en la promoción de las Cáritas parroquiales, como una tarea propia y urgente del trabajo misionero.

Cáritas parroquiales ha de ser un organismo propio de la vida parroquial, presidido por el párroco y con la misión de educar a la comunidad en el testimonio de la caridad.

Es decir, la Cáritas Parroquial no compite con otras tareas ya existentes, como pueden ser el trabajo de los dispensarios, la alfabetización, los grupos de educación de adultos, etc. Se trata más bien se insistir, a partir de Cáritas parroquial, en la educación de toda la comunidad, a través de sus actividades ordinarias, en la necesidad de que la comunidad exprese de manera vital y organizada la caridad.

Desde la Cáritas Parroquial se pueden impulsar y consolidar acciones concretas que ya se vienen realizando y otras que se pueden promover.

Sería deseable que los Vicarios Episcopales y los decanos promovieran el estudio y reflexión de la Instrucción del Cardenal Norberto Rivera del año pasado, titulada “La Pastoral de la Ciudad en tiempos de misión evangelizadora”.

En Cáritas Arquidiócesis de México, estamos para servirles.

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