Introducción y presentación de objetivos

Mons. Alberto Márquez Aquino

Vicario General y Episcopal de Áreas de Pastoral

 

Sr. Cardenal, Hermanas y Hermanos: Laicos, Religiosos, Diáconos y Presbíteros, Obispos Auxiliares y Vicarios Episcopales.

 1.   Estamos congregados en torno al pastor que, en nombre del Señor Jesús, nos invita a adentrarnos en el mar de la Ciudad de México para lanzar, una vez más, las redes de la evangelización. Sabemos que hasta ahora no hemos pescado mucho, pero no por eso nos desalentamos. Experimentamos vientos difíciles, pero tenemos la seguridad de contar con la fuerza del Espíritu. Venimos dispuestos a colaborar con la obra de Dios, concientes de que su gracia tiene la primacía sobre cualquier esfuerzo que podamos hacer para recorrer nuestro camino espiritual y para realizar la acción pastoral (cfr. NMI 38). Como nos dice el Santo Padre, queremos estar dispuestos a “utilizar todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa, en nuestro servicio a la causa del Reino” (ib.).

 Propósitos de la Asamblea.

2. Para llegar a este momento de la VII Asamblea Diocesana, la Comisión Organizadora últimamente, y varias instancias arquidiocesanas primero, hemos atendido a las orientaciones del Señor Cardenal y hemos buscado una metodología que nos permita, como Asamblea, profundizar en estas orientaciones y avanzar por los caminos de la evangelización de la Ciudad, para hacer las correspondientes propuestas a nuestro pastor.

3.Seguramente que para todos nosotros, en esta etapa del caminar de nuestra comunidad arquidiocesana, la necesidad más urgente en la que debemos empeñar toda clase de recursos, es la de consolidar el proceso misionero de nuestra Iglesia Local. Por ello el Señor Cardenal ha querido que éste sea el objetivo fundamental de nuestra Asamblea. El II Sínodo Diocesano nos ayudó a llegar con clarividencia a esta opción misionera, la Misión Intensiva 2000 le  ha dado un serio impulso, de tal forma que hemos ido avanzando, aunque lentamente, en esta dirección. Estamos convencidos de que esta es la voluntad del Señor y este es el camino que debemos seguir recorriendo.

      4.Para cumplir con este objetivo de nuestra Asamblea, tenemos los siguientes cauces:  

        a) Volver nuestra mirada hacia las enseñanzas del Papa y ponernos en sintonía con la   Iglesia Universal, dejándonos iluminar por la carta apostólica Novo Millennio Ineunte. Esta mirada, al mismo tiempo que amplía nuestros horizontes, nos da la tranquilidad y la confianza de que vamos por el rumbo adecuado, ya que encontramos importantes coincidencias de nuestro trabajo con la palabra del Papa.

         b) Repasar el documento La Misión Permanente en nuestra Iglesia Local, de nuestro Arzobispo. Vemos la necesidad de afianzar los elementos ahí presentados de manera más programada y sistemática para que los asimilemos en nuestra práctica pastoral, pues se trata de requerimientos no transitorios sino que constituyen la base de nuestra tarea evangelizadora.

         c) Mantener el esfuerzo por hacer del Decanato pieza clave de nuestra renovación pastoral. Ya desde el Itinerario pastoral de la Misión 2000 el Cardenal propuso esta instancia como lugar operativo y de coordinación; después, reforzó esta dirección en la Misión Permanente diciendo que el Decanato tendría que ser el medio para una mayor colaboración y apoyo entre las parroquias. Como resultado de ese impulso ya se están constatando frutos importantes que hacen ver la conveniencia de continuar su fortalecimiento. En las visitas pastorales con alegría se hacía esta constatación: Los Decanatos están creciendo en fuerza, en organicidad, en corresponsabilidad, en espíritu eclesial. Hay que seguir con la mano en el arado y no volverse atrás.

         d) Dar prioridad a la religiosidad popular como medio de   evangelización. El Señor Arzobispo, quiere que incursionemos nuevamente en las riquezas de este medio de evangelización, como nos lo indica el II Sínodo Diocesano y otros importantes documentos del Magisterio de la Iglesia. Esta será una forma muy eficaz para entrar en contacto con un gran número de la población de nuestra ciudad, que a través de este medio se vincula con la Iglesia y por ello podremos abrir más esta puerta para la nueva evangelización, en actitud de respuesta, pero también de diálogo.

          5.   En esta amplia perspectiva, la presente Asamblea se desarrollará en tres momentos, como dice el programa que se les ha entregado. La tarde de hoy, trataremos de ver qué tanto hemos avanzado en la etapa de proyección de la misión. El segundo día, iluminaremos nuestro proceso pastoral con los medios enunciados, la Novo Millennio Ineunte, la Misión Permanente, la importancia del Decanato y la Religiosidad Popular. Y, el tercer día, elaboraremos propuestas para entregarlas al Señor Cardenal como fruto del discernimiento al que él nos invita,   señalando líneas de acción a nivel arquidiocesano.

 Importancia del momento presente.

 6.   Para enfrentar los desafíos, que, con creciente dificultad y urgencia nos presenta la realidad de nuestra Ciudad, nos encontramos en un momento muy prometedor al ver fortalecida la estructura eclesial de nuestra Arquidiócesis. La tenacidad y el ingenio pastoral del Señor Arzobispo han logrado que el Santo Padre dotara a esta Iglesia Particular de ocho Obispos Auxiliares, uno por cada Vicaría Territorial. Este será, indudablemente, un paso decisivo en el caminar de nuestra comunidad arquidiocesana para propiciar la descentralización necesaria para una más eficaz organización al servicio de la evangelización.

 

7.   Es importante que en este momento todas las vicarías territoriales se esfuercen en crecer no tanto en su estructura sino en su servicio misionero. ¡Cómo será siempre valorada y promotora la presencia frecuente de los Obispos en las comunidades para impulsarlas con su testimonio, ante los grupos apostólicos en sus momentos de trabajo, entre los pobres y los que sufren para hacerles presente a Cristo y a la Iglesia!. Es fácil esperar con estas actitudes y estas acciones del Obispo que cada vicaría se verá fortalecida en sus agentes y en sus acciones de pastoral. El Señor Arzobispo respaldando una expresión del Cardenal Martini ha descrito la labor de sus Vicarios Territoriales como “la presencia itinerante del Obispo Diocesano”.

      8.   Con lo que acabo de describir vemos que se está iniciando un nuevo y esperanzador resurgimiento de la descentralización. Ante esto se nos presenta el reto de fortalecer también la unidad. Unidad y descentralización es la dialéctica de organización pastoral que desde el principio nos ha planteado el Sr. Arzobispo.

      9.   Resulta muy oportuno recordar cómo cuando el Papa en su exhortación apostólica Ecclessia in America  (No. 36), nos habla de los medios para la unidad de la Iglesia local, junto al ministerio del  Obispo, a la mesa de la Palabra, a la Eucaristía, resalta la necesidad de “realizar un plan de acción pastoral de conjunto, que sea orgánico y participativo, que llegue a todos los miembros de la Iglesia y suscite su conciencia misionera”.

 10. Necesitamos, por tanto, un plan diocesano muy fortalecido con el compromiso siempre renovado de los agentes de pastoral; sobre el que se tenga una visión compartida y solidaria de parte de los pastores; en el que confluyan armónicamente la acción planeada y evaluada en conjunto de los organismos diocesanos, con la coordinación de las vicarías funcionales y bajo la dirección y el impulso del Sr. Cardenal y su Consejo Episcopal. La Asamblea en la que nos encontramos, es una oportunidad privilegiada para prestar nuestro servicio en orden al plan diocesano.  

Exigencias del proceso arquidiocesano.

 11. Para finalizar esta breve introducción, me permito recordar algunas de las principales exigencias, que según nuestra experiencia y reflexión diocesanas, son elementos con los que se va construyendo la pastoral misionera. Podemos englobarlas en tres fundamentales:

a.      En primer lugar, la conversión a la misión. Que implica la respuesta fundamental al llamado recibido de Cristo. Misión que el Señor nos comparte y que nos pide asumir para ser instrumentos de su Reino.

b.      La misión debe ser realizada en comunidad. El espíritu de comunión y corresponsabilidad es la forma de convertirnos en Iglesia misionera, donde todos participan y son importantes para el desempeño de los demás. La Iglesia podrá cumplir su misión de dar testimonio del evangelio en la medida en que viva la comunión.

 c.   La práctica misionera tiene en sí misma el germen de renovación que permite a nuestra Iglesia local tener la fuerza para responder a los desafíos pastorales que nos presenta la Ciudad. Esta renovación tiene algunas expresiones concretas que son fruto y meta de la vivencia misionera: el compromiso de los laicos y la apertura de los demás agentes de pastoral a esta participación laical, la toma de conciencia de los presbíteros en su papel de agentes animadores y promotores de la evangelización en sus comunidades, el testimonio de los religiosos y religiosas en la inserción generosa en aquellos campos afines a su carisma y en su gran disposición a la comunión eclesial, la apertura fundamental hacia todos los que no conocen a Cristo, especialmente hacia los más pobres y a las nuevas generaciones de nuestra sociedad, la renovación de nuestros compromisos con las prioridades sinodales.

 12. Todo esto se debe dar en una búsqueda constante de la pastoral de conjunto. En esta tarea debemos colaborar todos con el Señor Arzobispo y su Consejo Episcopal, que son los principales responsables de conjuntar armónicamente todas las fuerzas y dones que el Señor ha regalado a nuestra Iglesia Diocesana.

 La providencia bondadosa de Dios nos pone en estos días a vivir esta intensa experiencia de corresponsabilidad con el pastor de nuestra gran comunidad arquidiocesana, pidamos la ayuda del Espíritu del Señor para perseverar hasta convertirnos en Iglesia Misionera.

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