“NOVO MILLENNIO INEUNTE”:  LUZ  PARA NUESTRA PASTORAL DIOCESANA

Síntesis elaborada por Ma. Carmen Gómez y Abraham Flores

 

     Iniciemos con la idea central de esta exposición: Novo Millennio Ineunte, luz para nuestra pastoral diocesana.   Para comprender de qué forma se da esta iluminación, es necesario recordar que al finalizar el Jubileo del año 2000, el Papa  Juan Pablo II nos invita a tomar una nueva actitud, nos exhorta a que confiando en la ayuda del Dios, se suscite en nosotros un nuevo dinamismo que nos impulse a emplear el entusiasmo experimentado durante el Jubileo en iniciativas concretas, siempre fundado en la contemplación y la oración de y con Cristo.

     Dicha contemplación, se lleva a cabo a través del Testimonio de los Evangelios.   Gracias a la Escritura, nos abrimos a la acción del Espíritu, y al testimonio de los apóstoles, que tuvieron esa experiencia viva de Cristo, a quien vieron, escucharon y tocaron.   Otro medio, es el camino de la fe, única forma de descubrir en toda su profundidad el misterio del resto de Cristo, por la gracia de la revelación que el Padre por su amor nos envía.   La profundidad del misterio se centra en la doble naturaleza de Cristo, que nos llama a participar por su humanidad redentora, de su vida divina.   Por otra parte, este rostro de Cristo se encuentra enmarcado en tres expresiones:  El rostro del Hijo, consciente desde siempre de su relación íntima y única con el Padre.   El rostro doliente que expresa la oración del Hijo que se ofrece al Padre por amor para la salvación del hombre.   Y el rostro del resucitado, que nos recuerda la actualidad y vigencia de nuestra fe y  a la vez, la validez de nuestra predicación.

     Todo esto, se resume en nuestro llamado a conocer, amar e imitar a Cristo, fundamento de todo programa que nos permita Caminar desde Él, a través de:  El establecimiento de objetivos y métodos de trabajo, la puesta en marcha de la formación y la valorización de los agentes, así como de la búsqueda de medios necesarios para la acción.      Este caminar desde Cristo debe tomar en cuenta los tiempos, la cultura y las necesidades de la comunidad.

     Algunos principios pastorales que el Papa nos pone de relieve en este Caminar son:  * la primacía de la gracia, expresada en esa conciencia de saber que sin la ayuda de Cristo, nada podemos hacer.  * Otros principios se centran en la oración, arte que debemos aprender y practicar para vivir el diálogo recíproco con Cristo Amigo.  * Los Sacramentos, y especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, que han de vivirse aún más de una manera coherente y consciente.   Es necesario revalorizarlos y presentarlos con mayor perseverancia y creatividad.   * La Palabra de Dios, resaltando dos aspectos importantes:  el anuncio que debe tomar el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés, y también la escucha, que nos permita tener ese encuentro con la Palabra viva que interpela, orienta y modela la existencia.  * Finalmente, la Santidad, vocación universal que nos compromete con Aquel a quien pertenecemos, a vivir de acuerdo al Espíritu y el Amor del Padre.

     Y todo esto, trascendiendo a través del amor activo, recordando las palabras de San Pablo: “si faltamos a la caridad, todo sería nada”.    La caridad nos permite vivir la comunión como Iglesia, teniendo un solo corazón y una sola alma, siendo signo e instrumento de la unión entre Dios y el género humano.   Comunión que finalmente es fruto y manifestación del amor de Dios y de la presencia del Padre que se derrama en nosotros.

     Sin embargo, es necesario promover una espiritualidad de la comunión, como principio educativo en todos los ámbitos de formación.   Espiritualidad que se presenta bidimensionalmente.   Por un lado: -del hombre con Dios a través de la mirada y contemplación del amor hacia el misterio de la Trinidad, y por el otro, -del hombre con su prójimo, reconociendo en él, la luz reflejada de ese misterio, y que se concreta en el compartir, en el ofrecerse uno mismo, en la atención al otro y en su valorización.   Todo esto, teniendo en todo momento y lugar, como centro a Cristo Jesús.

     En ese espíritu de comunión, el Papa nos señala que: “La unidad de la Iglesia no es uniformidad, sino integración de las legítimas diversidades”.    A partir de la comunión, la caridad se abre paso hacia la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano.   La caridad debe presentarse eficazmente, con la visión de cercanía y solidaridad, y enfocada siempre al compartir fraterno con el otro.   La Iglesia ha hecho una opción preferencial para la práctica de la caridad con los pobres, que son aquellos con los que Cristo se identifica.   Sin embargo, ahora esa práctica del amor activo, debe atender además a las pobrezas “modernas” de nuestros ambientes.   Para ello, se requiere, hoy más que nunca, la puesta en marcha de la Creatividad.    Damos fin a esta intervención, recordando las palabras del Papa Juan Pablo II, que nos hablan y alientan sobre nuestra misión:  “Ser luz del mundo es una tarea que nos hace temblar si nos fijamos en la debilidad que tan a menudo nos vuelve opacos y llenos de sombras.   Pero es una tarea posible si, expuestos a la luz de Cristo, sabemos abrirnos a su gracia que nos hace hombres nuevos”  (NMI, 54)

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