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Vicaría      de Pastoral

Logotipo de la MISIÓN PERMANENTE en la Arquidiócesis de México

APÉNDICE
 
Síntesis de Lineamientos
del Segundo Sínodo Arquidiocesano
en los que se hace hincapié
en la Pastoral Socio - Caritativa

 

A. La conversión que lleva a la aceptación de Cristo Jesús

18. Presentar al mundo la imagen viva de una Iglesia abierta a todos los hombres como una casa común que, al mismo tiempo, tiene la fuerza de acoger y servir a los más pobres y necesitados (Decreto General del II sínodo de la Arquidiócesis de México No.113).

19. Fomentar una actitud más sencilla, humilde y autocrítica en la Iglesia, como condición para una nueva disposición de diálogo con los creyentes y los no creyentes en sus diversos niveles, para un decidido compromiso común en favor de la defensa de los derechos humanos y por la fraternidad entre los hombres y los pueblos (Ibid. 114).

20. Valorar y respaldar las acciones pastorales de toda la comunidad eclesial, más que por su aparente o inmediata eficacia, por su significado testimonial en orden a la justicia, caridad, respeto a la dignidad personal y a los derechos humanos (115).

21. Propiciar que las acciones pastorales tengan, por su sentido testimonial, una fuerza de convocación tal que despierten admiración, especialmente en los jóvenes y en los alejados del influjo de la evangelización (116).

22. Crear nuevas formas de presencia evangelizadora entre las mayorías alejadas de la Iglesia, privilegiando los medios testimoniales, los de carácter misionero y de auténtica promoción humana; valorar los medios de comunicación social y, en ellos hacer presencia cualificada de Iglesia. Acercarse con el debido respeto y críticamente a las organizaciones populares y sociales que tienen propósitos semejantes, para brindarles apoyo y acompañamiento, como otro medio de credibilidad (117).

23. Mantener vivas y organizar mejor las variadas expresiones de asistencia social (como dispensarios parroquiales, asilos y guarderías, distribución de víveres y medicinas) en beneficio de quienes sufren necesidades apremiantes, económicas y morales, buscando relación más estrecha con toda la comunidad y con otros servicios privados y públicos que pretenden los mismos fines (118).

24. Enriquecer las celebraciones litúrgicas con signos claramente testimoniales de mayor solicitud en favor directo de los necesitados: colectas, presencia de los enfermos, plegarias, ofrecimiento de víveres y otras acciones apropiadas (119).

25. Favorecer en los Presbíteros tal presencia y estilo de vida, que los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de la Ciudad, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, sean asumidos por su caridad pastoral en su contexto social (122).

26. Propiciar, en lugares y ambientes en donde hay fuertes carencias, la presencia de los laicos comprometidos, para que evangelicen sobre todo con su testimonio y así, con sus acciones, promuevan la justicia y la dignificación de las personas (123).

27. Colaborar con diversos grupos, instituciones e instancias que trabajan por y con los pobres, a fin de fortalecer la organización social en este campo (125).

28. Impulsar la pastoral social diocesana en la línea de la opción preferencial por los pobres, favoreciendo su desarrollo individual y social para que ellos mismos sean actores de su liberación integral (126).

29. Crear conciencia en las comunidades parroquiales de que también forman parte de ellas los pobres en extremo y quienes padecen alguna necesidad grave y de que, por tanto, la verdadera asistencia cristiana exige que cada comunidad se responsabilice y se organice para afrontar tales situaciones (127).

30. Privilegiar, en los esfuerzos educativos promovidos o animados por la Iglesia, a los sectores marginados de la sociedad urbana: indígenas, migrantes, desempleados, menores en situación crítica, niños abandonados etc., sin olvidar la búsqueda de soluciones reales (128).

31. Revalorizar a los ancianos en los grupos familiares, en las comunidades y en el ambiente del clero, para que tengan actitudes más positivas ante la vida y en relación a sí mismos, de manera que pongan los valores de su experiencia al servicio de los demás (129).

32. Apoyar, con recursos materiales y espirituales, los asilos atendidos por Religiosas y promover, en los diversos ambientes pastorales, iniciativas de ayuda a las personas de la tercera edad: cursos de gerontología, centros de servicios, ocupación y esparcimiento, coordinación de actividades referentes a organismos y programas orientados a la atención a los ancianos (130).

33. Ofrecer a los mismos agentes de pastoral, que en gran parte pertenecen ya a la tercera edad, servicios adecuados a su condición, para potenciar más su servicio apostólico (131).

34. Establecer centros de evangelización integral de la mujer, en donde puedan tener superación como personas y formación como esposas, madres y educadoras en la fe (132).

35. Promover apostolados en favor de las mujeres que se encuentran en situaciones difíciles: madres solteras, viudas, enfermas física o mentalmente, detenidas en cárceles etc.; atender también a quienes se encuentran en situaciones de explotación (133).

36. Estimular el establecimiento de centros formativos (culturales, deportivos, de diversión y esparcimiento) en donde los jóvenes cultiven los valores humanos y satisfagan sanamente sus inquietudes (134).

37. Respaldar iniciativas que buscan rehabilitar a jóvenes dañados por desintegración familiar, crisis emocionales, marginación y otras situaciones de emergencia; impulsar igualmente la prevención de dichos problemas (135).

38. Aprovechar las grandes multitudes congregadas por motivo de fiestas y celebraciones —especialmente en los santuarios y también en los demás templos— para enriquecer, con el Evangelio y con mensajes de tipo catequético, las valiosas expresiones de la fe del pueblo, y suscitar así la coherencia entre la fe y la vida, el verdadero sentido comunitario y el compromiso cristiano (137).

39. Buscar, dentro del contenido propio del primer anuncio, nuevas expresiones metodológicas de la evangelización, de acuerdo a la diversidad de ambientes culturales en que vivimos, para afirmar lo que es bueno y denunciar lo que es contrario a los valores del Evangelio (142).
 
B. Inserción en la Comunidad
 
40. Promover y apoyar a quienes buscan el desarrollo de su propia persona, de su familia y de su comunidad, y que aceptan realizar la catequesis personal y familiar como un proceso continuo de maduración de la fe: conversión a partir del anuncio explícito de Jesucristo, testimonio, adhesión a Jesús expresada en el ingreso a la comunidad de fe, en la celebración de los sacramentos y en la trasformación de las estructuras mediante los valores del Evangelio (148).

41. Cultivar metodologías que insistan en los grandes valores humanos —contenido precatequético— y que favorezcan la evangelización integral a través de las diversas dimensiones y aspectos de la pastoral, mediante la atención a las múltiples necesidades de quienes son evangelizados (149).

42. Integrar en la catequesis, y en general en cualquier tipo de formación de niños, jóvenes y adultos, un proceso educativo, encaminado al cuidado del medio ambiente y de la vida, a la formación de la conciencia crítica, a la defensa de los derechos humanos y a la participación política (153).

43. Revisar los contenidos de la educación cristiana que se da en asociaciones y movimientos, de modo que sea acorde con la realidad sociocultural y con las exigencias de una fe verdaderamente comprometida (154).

44. Promover una catequesis juvenil que permita, en sus pasos metodológicos, la actuación de los jóvenes frente a sus comunidades, de manera que se dé gran importancia a la educación de actitudes y al papel de los jóvenes como protagonistas de una sociedad mejor (158).

45. Celebrar las acciones litúrgicas no sólo como experiencias internas o comunitarias de fe, sino también como estímulo del compromiso personal y social con Dios y con los hermanos, para la construcción del Reino de Dios en el ámbito de la vida y de las estructuras seculares (160).

46. Subrayar en las celebraciones sacramentales la presencia de las familias, y hacer sentir que juntas forman la gran familia del Pueblo de Dios, cuyo sentido comunitario consiste, principalmente, en la proyección hacia el compromiso cristiano con los demás (163).

47. Proponer a los responsables de la sociedad —personas e instituciones— unirse en un gran esfuerzo encaminado a la promoción juvenil en diversos campos, dando énfasis a la educación vivencial de los valores para una nueva sociedad basada en la justicia, en la fraternidad y en la custodia de la dignidad de todos los seres humanos (170).

48. Promover una cultura de respeto a los derechos humanos —incluidos los políticos— a través de una difusión permanente y sistemática de los mismos, juntamente con la capacitación de agentes y la sensibilización de las comunidades cristianas (171).

49. Enfrentar la crisis sociocultural que afecta actualmente a la juventud, promoviendo la actividad consciente de los mismos jóvenes, para que generen un cambio cultural que implique la apreciación, vivencia y difusión de los valores propuestos por el Evangelio (172).

50. Incluir como objetivo fundamental del proceso educativo, en todas sus etapas, la unidad de vida como valor opuesto a la ruptura entre hogar y escuela, entre trabajo y familia, entre actuación pública y conducta privada, entre Evangelio y cultura (173).

51. Enseñar a los adultos, a través del diálogo, a superar la visión errónea que en muchos casos se tiene en torno al fenómeno juvenil y sus manifestaciones de legítima búsqueda e inquietudes; concientizarlos, así mismo, acerca de que los niños y jóvenes problema son generados por una situación social deteriorada (174).

52. Promover, con la colaboración de la comunidad, el establecimiento de escuelas parroquiales allí donde sea posible; favorecer la creación de programas de enseñanza abierta (clases nocturnas, teleaulas, alfabetización para adultos) en beneficio de las personas necesitadas y como centros que puedan irradiar el Evangelio (177).

53. Estimular y apoyar a los laicos y religiosos que trabajan en el campo de la educación, y buscar el modo de unir toda esa fuerza para formar, con sentido evangélico, las nuevas generaciones, a fin de que influyan positivamente en los cambios de la sociedad (179).

C. Compromiso Eclesial

54. Crear espacios de fe comunitaria donde se viva el Evangelio en dimensión de familia y de familias, para trasformar por la fe en Cristo las estructuras, los ambientes y la escala de valores de nuestra sociedad (185).

55. Generar corrientes de diálogo con diversas autoridades civiles, manteniendo la identidad y libertad evangélica de la Iglesia, para que las mejores iniciativas de apoyo comunitario se vean alentadas y convenientemente respaldadas (186).

56. Reconocer, impulsar y acompañar a las comunidades eclesiales de base, signo e instrumento para la Nueva Evangelización en la Ciudad de México, particularmente para la integración de las familias, para el acercamiento y acogida de los alejados, para la solidaridad con los sectores empobrecidos, para la promoción humana y cristiana de los jóvenes (190).

57. Impulsar un cambio en la comprensión de la palabra "apostolado", para entenderlo no sólo como acciones organizadas o estructuradas dentro de la Iglesia, sino también como parte integrante de la vida cristiana (194).

58. Dar la debida importancia a la Doctrina Social de la Iglesia para esclarecer cada vez más, en los pastores y en los fieles, la conciencia acerca de la responsabilidad que tienen las estructuras eclesiales y los cristianos en el cambio social, económico, político y cultural, según el Espíritu de Jesús (200).

59. Crear centros de promoción y defensa de los derechos humanos; generar programas que desarrollen la formación de valores humanos en el ámbito de la Arquidiócesis de México, las Vicarías, los Decanatos y las Parroquias (201).

60. Favorecer el diálogo con grupos y organizaciones sociales, la solución de los ingentes problemas que afectan a los estratos humanos más desprotegidos (202).

61. Enjuiciar la cultura generadora de la pobreza y de la marginación, de modo que, por los criterios evangélicos, haya una iluminación que lleve a una acción trasformadora y un cambio social inspirado en los valores de la justicia y de la fraternidad (203).

62. Despertar la conciencia crítica frente al creciente embate antievangélico del consumismo, del afán de dominio, del hedonismo, de la cultura de muerte, de la corrupción, de modo que se favorezca la creación de comunidades en las que se vivan testimonialmente los valores del Evangelio (204).

63. Acompañar desde el Evangelio las actividades y compromisos sociales, económicos, políticos y culturales de los laicos en la comunidad; así como responsabilizarse con ellos de forma comprometida en los movimientos laicales cuando buscan tales fines (205).

64. Iluminar con la luz del Evangelio los medios de comunicación social, de manera que promuevan y difundan, en favor de las familias y de los individuos, los auténticos valores referentes a la vida, la fraternidad, la justicia, la solidaridad (206).

65. Propiciar una mayor participación de agentes cualificados en los medios de comunicación social, a través de diversos planes que presenten los valores evangélicos en un claro lenguaje humano y cristiano (207).

66. Realizar una formación adecuada —en tiempos, modos y lugares— para los agentes laicos; esta formación comprenderá tanto lo vivencial como lo doctrinal y apostólico, con énfasis especial en el ministerio profético y social; particular atención habrán de recibir quienes se forman para ser catequistas (212).

67. Buscar, con el apoyo y la asesoría de los organismos diocesanos, la formación integral de agentes y ministros al servicio de la prioridad sinodal, para que las familias, los alejados, los pobres y los jóvenes lleguen a ser los destinatarios privilegiados de la evangelización (215).

68. Dar una singular importancia a la formación de los laicos a través de diversas iniciativas, sistemas y métodos, sin descuidar el conocimiento de las realidades socioculturales, sus causas y consecuencias, para que promuevan su vocación apostólica ante las cuestiones apremiantes de la sociedad de hoy (216).

69. Vigorizar un laicado —adulto en su fe y joven de espíritu— que colabore en la Nueva Evangelización, siendo luz y fermento en los campos de la política, de la economía, de las actividades culturales y de la ecología, con especial atención a los asuntos educativos (217).

70. Promover liderazgos laicales —masculinos y femeninos— auténticos promotores de la fe de sus hermanos, en los diferentes ámbitos de la actividad social, que ayuden a los pobres a tomar conciencia de su realidad y puedan organizadamente superar su condición (218).

71. Considerar a los laicos como animadores, promotores y corresponsables en la elaboración y no sólo en la ejecución de los planes de la pastoral orgánica; cuidar la promoción y reconocimiento de los diferentes grupos y organismos de apostolado, tanto civiles como eclesiales, insertados en la realidad social, teniendo como especial objetivo la familia, los alejados, los pobres y los jóvenes de la Arquidiócesis (221).

D. Formación de Agentes

72. Comprender y estimular los carismas singulares de aquellos agentes de pastoral que buscan una presencia e inserción en situaciones y ambientes difíciles, los cuales plantean graves exigencias al compromiso cristiano y a la fidelidad evangélica (222).

73. Estimular a los Institutos Religiosos y equipos especializados que desarrollan ciertas actividades conectadas con la llamada asistencia y promoción social, mayormente si es su carisma particular o un objetivo específico de sus trabajos (223).

74. Dinamizar las comunidades religiosas para que, en la Iglesia y en el mundo, sean efectivamente fermento de comunión desde la opción preferencial por los pobres (226).

75. Hacer sentir, dentro de la opinión pública de la Iglesia, la conveniencia e incluso necesidad de los ministerios laicales —reconocidos o instituidos— que se ejerzan en la vida secular: médicos y enfermeras, comunicadores, sociales, maestros etc. (228).

76. Desarrollar en los laicos un sentido evangelizador —implícito en todas sus acciones— de manera que vivan y luchen en favor de los valores evangélicos dentro de sus ambientes, incluso donde no es posible mencionar el mensaje cristiano, ya que ellos son los agentes primordiales de la inculturación del Evangelio (229).
 
E. Organización de la Pastoral
 
77. Conocer a fondo, por un trabajo realizado en las Vicarías, Decanatos y Parroquias, cuál es la realidad de las familias, los alejados, los pobres y los jóvenes, en orden a señalar pistas concretas y respuestas adecuadas en estos campos de actividad pastoral (235).

78. Organizar efectivamente la pastoral diocesana no sólo con criterios territoriales, sino con base en las exigencias de los principales ambientes (trabajadores asalariados, estudiantes, desempleados y subempleados etc.) (237).

79. Promover entre Parroquias de problemática semejante el intercambio de experiencias formativas del laicado; planear incluso la programación de actividades comunes de laicos comprometidos en sus propios medios específicos: ambientes laborales, vecinales y cívico-políticos (244).

80. Desarrollar la creatividad pastoral en respuesta a las necesidades de los fieles mediante una evangelización que, sin dejar de darle su debido lugar al culto, busque estar más cerca de los pobres y de los alejados, con un trato más personal y personalizante (245).

81. Impulsar y actualizar el análisis de la realidad con relación al fenómeno del alejamiento y del empobrecimiento, y en relación a la problemática juvenil y a las situaciones familiares para que, descubiertas en todo ello las "Semillas del Verbo", se emprenda una verdadera pastoral de inculturación del Evangelio, con base en los recursos eclesiales y no eclesiales, mediante un trabajo conjunto fraterno y solidario (246).

82. Procurar —en particular a través de la formación permanente de todos los agentes— el cambio de mentalidad hacia una pastoral de conjunto más decidida, en la que se dé acompañamiento a los procesos educativos y sociales orientados a las familias, los alejados, los jóvenes y los pobres (249).

83. Realizar estudios interdisciplinares y aprovechar los datos de diversas instituciones sobre la situación económica, tipo de habitación, lugar de procedencia de las personas, trabajo predominante etc., para poder determinar una cierta tipología de Parroquias y poder aplicar también distintos y adecuados modelos de pastoral (250).

84. Preferenciar el trabajo de evangelización en favor de los alejados y de los pobres, evitando las posiciones meramente apologéticas ante las sectas y grupos que atacan la fe católica (251).

85. Mantener viva la opción prioritaria por los jóvenes, brindándole a esa opción el suficiente respaldo en recursos y planes, de suerte que hacia ella confluyan otras acciones pastorales de catequesis, promoción social, formación de agentes especializados etc. (255).


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