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XIII Asamblea Diocesana
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RELATORA HNA. SILVIA CONDE


Hna. Silvia Conde

Me toca ser relatora en lo que toca a la vida religiosa, voy a hacer el intento de reflejar y decir lo que al menos me pareció más importante.

Ante todo agradezco mucho  la invitación que se me hizo para participar en esta asamblea; es la primera vez que participo en una asamblea de esta naturaleza. Con anterioridad lo hacía una de mis hermanas y ahora me invitaron a mí.

¿Que es lo que me ha llamado la atención?

La organización del evento. Me parece un evento sumamente bien organizado. Todo está pensado. El material ya elaborado, todo esto facilita el trabajo. También estaban bien medidos los tiempos de oración, de trabajo en equipos y las síntesis, la manera de elaborarlas, que facilitaban mucho el recoger con bastante rapidez el aporte. Quizá nos hubiera gustado un poquito de mayor flexibilidad para poder tener más tiempo, más posibilidades de intercambio más de fondo sobre algunos puntos que nos hubiera gustado profundizar.

Aprecié también mucho la invitación a varias religiosas que no estamos en el ámbito parroquial. Nada más que en nuestro grupo de religiosas me hicieron falta los religiosos, hermosa puras mujeres, los religiosos no estaban y creo que su aporte también es sumamente importante. En la asamblea pude distinguir a uno que otro compañero religioso, pero que también es sacerdote, entonces están en la asamblea como sacerdote h no como religioso. Creo que a veces se ha hablado del aspecto de  los carismas, pero de cualquier manera nos hicieron falta los religiosos.

Me da la impresión de que cuando decimos vida religiosa, lo que nos viene a la mente es más bien la hermana, la mujer religiosa y no tanto el hombre. Ellos también tienen una misión como la nuestra, muchos en la educación, en la salud y no tienen el ministerio presbiteral, por eso también es muy importante poder tener su aporte.

En cuanto al contenido, también quiero señalar algunas cosas:

Me pareció muy positivo que estuviéramos diferentes carismas en esta asamblea para poder dar cada quien nuestro aporte, se ve que este es un deseo, poder trabajar juntos y juntas, que cada quien podamos dar nuestro aporte desde lo que somos y creo que esta es una gran riqueza para nuestra iglesia local. Faltan miembros de los que necesitamos recoger sus aportes, como se decía en la dinámica anterior: los institutos seculares, la vida contemplativa, la vida monástica, en fin, otros carismas que también necesitamos articular.

En la carta del Sr. Cardenal, en lo que respecta al plan diocesano, se ha ampliado el nombre de “agentes de pastoral” a todos los miembros de la Iglesia: a los obispos, a los diáconos, a los presbíteros, religiosos, religiosas, laicos y laicas. Creo que esto es muy útil, porque en la vida religiosa hay hermanas o congregaciones que están colaborando específicamente en el trabajo parroquial, pero muchas otras están en el ámbito de las escuelas, de los hospitales o bien en otro tipo de grupos, inclusive en organismos oficiales, civiles u otro tipo de estructuras que no pertenecen estrictamente a la parroquia y que también es muy importante considerarlas, ya que están realizando su labor pastoral y enriquece la misión de la Iglesia.

Una gran pregunta para mí: ¿Cómo articularnos más, ¿cómo poder articular todas estas presencias: escuelas, hospitales, religiosas con otras actividades?, ¿cómo articularlas a una pastoral? Aquí tenemos preguntas a respondernos.

En el aspecto del trabajo veíamos que todos necesitamos formación y este es el tema central de nuestra asamblea. Se estuvieron sacando muchos elementos, pero hay escuelas, hay organismos, hay cantidad ofertas que podríamos utilizar, que quizá podríamos articular más, abrir más espacios. La CIRM cuenta con diferentes estructuras de formación, las diócesis y las parroquias tienen sus propias estructuras, ¿cómo conocerlas, cómo enriquecernos unos con otros, cómo abrirlos a todos los miembros de la Iglesia?

En algunas ocasiones la formación teológica está más limitada, como que se favorece más la de los varones. Las mujeres tenemos que andar buscando dónde estudiar teología. La CIRM nos ofrece un buen espacio, hay otros medios, pero generalmente, esos medios requieren paga y a veces no se puede, aunque la Ibero ofrece becas a las religiosas, pero la Ibero no tiene reconocimiento pontificio, hay que ir a otras escuelas. Entonces, ¿cómo poder favorecer también la formación teológica de las mujeres, de los laicos y de las laicas? Para que sea una formación seria, profunda, que nos permita ser agentes de pastoral de calidad, para poder colaborar con los señores curas, como hermanos y hermanas, en un plan de mayor igualdad.

También nuestra vocación nos pide un seguimiento apasionado a Jesús, una apasionada entrega y, en ocasiones, dada la evolución que está teniendo nuestra sociedad, como que en la vida religiosa estamos entrando en una especie de letargo, de búsqueda o de no saber bien por dónde. Hace un tiempo teníamos un camino como de gran impulso con las comunidades de inserción, con una búsquedas que nos apasionaban; los cambios sociales nos han transformado mucho toda esta situación y a veces nos hemos sentido con la velocidad disminuida, como buscando; lo mismo que la terminación de fuerzas, la enfermedad etcétera.

Esto nos invita a sacudirnos y a renovarnos, como decían en los documentos, para que tengamos una conversión profunda en el seguimiento radical de Jesús y la entrega hacia Él, hacia la misión, hacia el Reino para volvernos a entusiasmar, entusiasmar a los demás y cumplir que el Señor Jesús y nuestros hermanos y hermanas esperan de nosotras.

Considero sumamente importante este apoyo a la formación, que cada quien desde donde está podremos dar, recibir, colaborar y en todas las instancias podemos darnos la mano.

Otro aspecto que considero señalar es cómo tener continuidad en los proyectos de pastoral, que también se habían marcado en algunos de los puntos. A veces se nos invita a una parroquia, a una diócesis que lleva una determinada orientación y en ella podemos colaborar ampliamente con mucho impulso, con mucho entusiasmo, pero después llega otra persona, otro párroco y cambia de orientación, se cambia todo y entonces se dificulta mucho el caminar. Creo que necesitamos una formación, diría, de llegada, saber llegar a un lugar,  respetar y seguir el camino que se llevaba, modificarlo claro, pero una vez que ya lo hemos conocido un poco.

También en estos tiempos de cambios sociales, hemos estado reflexionando muchísimo en cómo darnos la mano, hablamos mucho de ayuda intercongregacional, en ocasiones se nos invita a un proyecto misionero y una congregación sola no tiene suficientes miembros para responder, entonces se busca una congregación con fines parecidos, con quienes ayudarnos para responder a una misión concreta. Creo que ahora, como nunca, necesitamos darnos la mano y formarnos para esta colaboración con otros y otras. No solamente con otra congregación, sino también con otros laicos, laicas, con otros organismos que buscamos los mismos objetivos.

Creo que últimamente ha sido un fenómeno novedoso, aunque hay congregaciones que lo tienen desde hace mucho tiempo en su tradición, de tener miembros laicos asociados, es decir, personas laicas que quieren compartir nuestra espiritualidad y nuestra misión; cada vez son más los laicos y laicas que lo solicitan, y a estas personas que se unen a nuestros grupos, también les ofrecemos la misma formación que a nuestros hermanos y a nuestras hermanas. Me parece que un signo de los tiempos que se va acentuando últimamente.

Son los puntos que más me han llamado la atención. Muchas gracias.

Hna. Silvia Conde

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