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XIII Asamblea Diocesana
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DOCUMENTO CONCLUSIVO
AGENTES LAICOS
FORMACIÓN
PERMANENTE


Elipse: Continúa y ayuda a profundizar la formación básica y específica, acompaña al cristiano en su maduración como  seguidor y apóstol de Cristo, su comunión fraterna y su apertura misionera al mundo.

I.  HECHOS

Corchetes: 1.	No hay seguimiento, por parte de los ministros ordenados, en el crecimiento y formación permanente de los grupos.  2.	No existe un programa de formación permanente que atienda la formación integral (humana, espiritual, doctrinal y misionera) del laico, que lo lleve a motivarse y a comprometerse en su vida y compromiso cristianos.  3.	Con frecuencia los sacerdotes no permiten que los agentes laicos de su jurisdicción se “distraigan” de sus actividades para ocuparse en su formación permanente.  4.	Los laicos no ven como una exigencia el compromiso de su formación permanente, ya que no la valoran como complemento para su proceso de conversión.   5.	Las organizaciones y movimientos habitualmente no consideran una exigencia suya ofrecer a sus miembros una formación permanente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6.
El proceso formativo es concebido solo como un proceso en donde se adquiere información y algunos conocimientos, pero no se llega a un compromiso ni a una capacitación para el trabajo apostólico.
7.
No se enfatiza la formación de los diferentes agentes por edades: jóvenes, adultos, etc.
8.
Para la formación permanente hay algunas ofertas, pero dispersas y no orgánicas.
9.
Al no haber un hábito por el conocimiento sistemático de la realidad y de sus necesidades pastorales, no se proyecta a partir de ellas un programa de formación.
10.
Al interior de los grupos no hay fraternidad ni apertura a los procesos de formación permanente.

II. CRITERIOS DE ILUMINACIÓN

Esquina doblada: 1.	Conocer y profundizar sobre la DSI y los documentos del magisterio.  2.	Vivir y transmitir el Kerigma, re-evangelización a todos los niveles.  3.	Formar para vivir la caridad y fraternidad al interior de la Iglesia  y proyectarla a través del testimonio hacia los ambientes de la ciudad.  4.	Formar constantemente al laico, aunque no esté trabajando en las iniciativas formales de la Iglesia, sino en sus ambientes de vida; ahí es donde ha de evangelizar.  5.	La catequesis permanente en la parroquia debería asumir la mayoría de los elementos que caracterizan al discipulado, incluyendo el compromiso cívico y social que es propio del laico, dejando la formación específica a las pastorales específicas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6.
A lo largo del proceso formativo y particularmente en la etapa avanzada, los programas habrán de integrar aquellos elementos que se requieran para una formación y capacitación específica de los agentes destinados a una acción apostólica diferenciada (OPFAL 33).

III. LÍNEAS DE ACCIÓN

Rectángulo redondeado: 1.	Se requiere que la formación permanente se adapte a las necesidades del ambiente en el que se realiza la evangelización y sea capaz de dar respuesta a las diversas situaciones sociales y locales que se presenten como Iglesia.  2.	Que el equipo central de la Arquidiócesis sea el animador, con un material didáctico, que unifique a todos para fomentar la pastoral de conjunto.  3.	Buscar momentos oportunos durante el año para ofrecer esta formación en bloques o módulos para facilitar la participación.  4.	Que exista seguimiento y evaluación de la formación permanente.  5.	Podría impartirse a nivel vicarial y decanal, convocando a los agentes de pastoral que participan en diversas pastorales, ya que hay temas comunes y se podrían unificar esfuerzos.

6. Fomentar el intercambio de experiencias entre las parroquias  y decanatos.

 

7. Dar estímulos económicos a los laicos externos, al menos para los gastos que les ocasionan las actividades de evangelización.

 

8. Organizar reuniones periódicas para analizar problemas sociales locales y reflexionar la respuesta que, como Iglesia, damos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV. ORDENAMIENTOS 

Rectángulo redondeado: 1.	Proporcionen los párrocos y decanos las herramientas y recursos necesarios para realizar un trabajo formativo eficaz.  2.	Elabórese un plan anual de formación desde cada movimiento u organización, parroquia o pastoral específica, partiendo desde el kerigma e insertos en el plan arquidiocesano.  3.	En el proceso formativo de los agentes, foméntense los canales de comunicación que conduzcan a la fraternidad, solidaridad, unión, compañerismo, compromiso y oración.  4.	Asuma la Arquidiócesis de México, apoyada por las distintas comisiones, su responsabilidad para que la formación permanente sea ordenada desde ahí, a través de lineamientos generales y haya  un espacio para atender los distintos ambientes señalados por el II Sínodo Arquidiocesano y el Documento de Aparecida.  5.	Es necesario el seguimiento y evaluación en la formación y crecimiento de los laicos, de una manera objetiva, progresiva y periódica en la que estén francamente involucrados los pastores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6.
Se lleven a cabo evaluaciones periódicas que permitan dar continuidad a los procesos formativos.
7.
Se fomente y/o impulse de manera permanente la formación integral (humana, espiritual, doctrinal y misionera) de los agentes laicos.
8.
Fortalecer la misión, mediante todos los recursos formativos que implique salir al encuentro de todos, especialmente de  los más alejados.

 

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