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XIII Asamblea Diocesana
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DOCUMENTO CONCLUSIVO
DIÁCONOS PERMANENTES


I.  HECHOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

II. CRITERIOS DE ILUMINACIÓN 

 

6.
El diácono es un hombre consagrado por el sacramento del orden, al servicio de la Iglesia y de su misión en el mundo (Compromiso Pastoral de los Obispos de la Arquidiócesis de México. 1985).
7.
El diaconado permanente constituye un importante enriquecimiento para la misión de la Iglesia. Ya que los munera que competen a los diáconos son necesarios para la vida de la Iglesia, es conveniente y útil que, sobre todo en los territorios de misiones, los hombres que en la Iglesia son llamados a un ministerio verdaderamente diaconal, tanto en la vida litúrgica y pastoral, como en las obras sociales y caritativas “sean fortalecidos por la imposición de las manos transmitida desde los Apóstoles, y sean más estrechamente unidos al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado” (Directorio para el Ministerio y la vida de los Diáconos Permanentes n. 3)
8.

La formación permanente de los diáconos implica una exigencia humana que se pone en continuidad con la llamada sobrenatural a servir ministerialmente a la Iglesia y con la inicial formación al ministerio, considerando los dos momentos como partes del único proceso orgánico de vida cristiana y diaconal.

a) Quien recibe el diaconado contrae la obligación de la propia formación doctrinal permanente que perfeccione y actualice cada vez más la formación requerida antes de la ordenación”, de modo que la vocación "al" diaconado continúe y se muestre como vocación "en" el diaconado, mediante la periódica renovación del “sí, lo quiero” pronunciado el día de la ordenación.

b)  “El hecho de tener que continuar siempre a ofrecer y recibir una correspondiente formación integral es una obligación para los obispos y para los diáconos, que no se puede dejar pasar” (Directorio para el Ministerio y la vida de los Diáconos Permanentes n. 63)

II. LÍNEAS DE ACCIÓN

  1. Crear un programa de formación inicial y permanente, acorde al perfil que queremos del candidato al diaconado permanente, que garantice la calidad humana, espiritual, pastoral y académica.
  2. Que se busquen parroquias para los diáconos permanentes con un presbítero formador que los acompañe de una forma integral y cercana, evitando abusos.
  3. Que el presbiterio y las comunidades parroquiales conozcan el ministerio del diácono permanente, generalmente casado.
  4. Que se les promueva y aproveche en su capacidad profesional.
  5. Su  apostolado lo desarrolle también en el ámbito de la propia familia.
  6. Que se insista en su ministerio de la caridad.
  7. Que los diáconos célibes y viudos reciban una atención especial, dada su especial vocación al celibato.
  8. Que se procure la comunión diaconal, para que ellos mismos vean por la atención integral de sus hermanos diáconos en cuanto a vida ministerial, espiritual, familiar, situación laboral, seguridad social y atención a las familias de los diáconos.
  9. Hacer promoción de las vocaciones diaconales y ver la posibilidad de promover a los diáconos viudos al sacerdocio ministerial.
  10. Determinar los tiempos que los diáconos estarán en sus comunidades asignadas.
  11. Es necesario revisar y actualizar los programas de formación de los diáconos permanentes y  buscar que cuenten con su director espiritual.

IV. ORDENAMIENTOS  

Corchetes: 1.	Para los diáconos permanentes elíjase una parroquia en la que el sacerdote pueda acompañarlo realmente; que preferentemente ejerzan su ministerio en su parroquia de origen.  2.	Foméntese la presencia de la familia del diácono en su comunidad ministerial, así como  la fraternidad entre los diáconos, sus familias y el presbiterio.  3.	Que la formación permanente de los diáconos sea acorde a las necesidades de su trabajo profesional.  4.	Que se instruyan permanentemente en la liturgia, así como en las demás áreas de pastoral, para que ejerzan dignamente su ministerio.  5.	Que la formación del diácono permanente esté encausada a la evangelización y misión permanente, dando preferencia al ministerio de la caridad, como ejercicio, promoción y coordinación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

6.
Que se publique y se difunda el Directorio del diaconado permanente.
7.
Que los Vicarios Episcopales cuiden del nombramiento y su renovación oportuna, para evitar que haya diáconos vagos o estancados en un mismo ministerio.
8.
Para los diáconos casados se deben programar, además de las ya dichas, otras iniciativas y actividades de formación permanente, en las que, según la oportunidad, participarán, de alguna manera, su mujer y toda la familia, teniendo siempre presente la esencial distinción de funciones y la clara independencia del ministerio.

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