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XIII Asamblea Diocesana
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DOCUMENTO DE TRABAJO


II. MINISTERIO ORDENADO

C. DIÁCONOS PERMANENTES 

HECHOS

  1. Son 110 diáconos permanentes en la Arquidiócesis de México. Su número va creciendo.
  2. Actualmente son cuatro años de formación
  3. Por vicaría hay un encargado de la formación de los diáconos permanentes.
  4. Existe un centro de espiritualidad para los diáconos permanentes al que asisten pocos.
  5. Cada grupo que se va ordenando tiene un prefecto que da seguimiento en su formación y servicio pastoral.
  6. El ministerio de los diáconos permanentes muchas veces se centra en un sacramentalismo, son suplentes de los párrocos, aun para las Misas.
  7. Algunos posteriormente a ser ordenados, no tienen ningún tipo de formación, a pesar de que cuentan con espacios para su formación no asisten.
  8. Muchos presbíteros y aún los mismos diáconos no tienen claro su lugar dentro de la Iglesia , lo cual repercute en su acción pastoral y en su identidad personal.
  9. La formación que reciben los candidatos al diaconado permanente esta limitada por las circunstancias de familia y trabajo civil, pero en lo posible cumple con los lineamientos de la Iglesia
  10. Los diáconos permanentes en un buen número son personas de la tercera edad y también su situación económica no es del todo solvente; por lo mismo, sus intereses discrepan del servicio en la caridad que les es propio.
  11. En la vida ministerial de los diáconos permanentes su familia está al margen, muchas de las veces.
CRITERIOS DE ILUMINACIÓN
  1. "Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: no parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir a las mesas. Por tanto, hermanos, busquen de entre ustedes a siete varones de buena fama, llenos de Espíritu y sabiduría; los pondremos al frente de este cargo" (Hch 6, 2-3).
  2. El ministerio eclesiástico, de institución divina, es ejercido en diversos órdenes por aquellos que ya desde antiguo vienen llamándose Obispos, Presbíteros y Diáconos (LG 28).
  3. El Diácono, colaborador del Obispo y del Presbítero, recibe una gracia sacramental propia. El carisma del Diácono, signo sacramental de Cristo Siervo, tiene gran eficacia para la realización de una Iglesia servidora y pobre que ejerce su función misionera en orden a la liberación integral del hombre (DP 697).
  4. La misión y función del diácono no se han de medir con criterios meramente pragmáticos: su actividad no se equipara simplemente a la de los demás bautizados, ni su ministerio brota sólo como una solución a la escasez numérica de presbíteros; su conveniencia se desprende de una contribución eficaz a que la Iglesia cumpla mejor su misión salvífica por medio de una más adecuada atención a la tarea evangelizadora (Id. 698).
  5. La implantación del diaconado permanente deberá hacerse buscando "lo nuevo y lo viejo"; no se trata simplemente de restaurar el diaconado primitivo, sino de profundizar en la tradición de la Iglesia universal y en las realidades particulares de nuestro continente, procurando una sana creatividad pastoral con proyección evangelizadora (Id. 699).
  6. El diácono es un hombre consagrado por el sacramento del orden, al servicio de la Iglesia y de su misión en el mundo (Compromiso Pastoral de los Obispos de la Arquidiócesis de México. 1985).  
LÍNEAS DE ACCIÓN
  1. Crear un programa de formación acorde al perfil que queremos del candidato al diaconado permanente que garantice la calidad humana, espiritual, pastoral y académica.
  2. Que se mantenga en formación integral permanente: intelectual, humana, espiritual y pastoral
  3. Que se busquen parroquias para su diaconía con un presbítero formador, que lo acompañe y evite abusos.
  4. Que el presbiterio y las comunidades parroquiales conozcan el ministerio del diácono permanente y generalmente casado.
  5. Que se les promueva y aproveche en su capacidad profesional.
  6. Su primer apostolado lo desarrolle en el ámbito de la propia familia.
  7. Que se insista en su ministerio de la caridad.
  8. Que los Diáconos célibes y viudos reciban una atención especial, dada su especial vocación al celibato.
  9. Que se procure la comunión diaconal, para que ellos mismos vean por la atención integral de sus hermanos diáconos en cuanto a vida ministerial, espiritualidad, familiar, situación laboral, seguridad social y atención a las familias de los diáconos.
ORDENAMIENTOS
  1. Elíjase una parroquia y un sacerdote que los acompañe realmente.
  2. Que se cuide bien la capacidad de servicio a la Iglesia arquidiocesana.
  3. Que el destino de su ministerio sea normalmente en su parroquia de origen.
  4. Que la formación permanente del diácono sea acorde a las necesidades de su trabajo profesional.
  5. Que hagan presencia con su familia en su comunidad ministerial.
  6. Que se instruyan permanentemente en la liturgia, para que ejerzan dignamente su ministerio.
  7. Que su ministerio este primordialmente encaminado a ejercer, promover y coordinar el servicio de la caridad.
  8. Que los Vicarios Episcopales cuiden del nombramiento y su renovación oportuna, para evitar que haya diáconos vagos y estancados en un mismo ministerio.
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