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XIII Asamblea Diocesana
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RELATOR NONS. ENRIQUE GLENNIE


Mons. Enrique Glennie Graue

Igualito que la hermana Silvia, es la primera vez que yo participo en esta XIII Asamblea, solamente que participé también en las 12 anteriores y en el Sínodo. Me estoy dando cuenta de que me han puesto varias veces de relator, ya les gustó, inclusive estuve en el Sínodo como relator de la segunda semana, que precisamente trató de los agentes de la pastoral.

Ordinariamente es un papel muy bonito, ser relator significa cerrar con broche de oro, pero también nos toca bailar con la más fea, porque es cuando muchos y se fueron, todo mundo aplaude al final, rabiosamente, pero no por lo que uno haya dicho, sino porque ya se quedó callado.

Esta XIII Asamblea tiene un contexto muy inmediato e interesante de la reunión del Episcopado Latinoamericano en la Aparecida del Brasil.

El reciente Documento de Aparecida nos ofrece una amplia perspectiva del itinerario formativo de los discípulos misioneros, que nos habla en primerísimo lugar, un dato fundamental, del encuentro con Jesucristo. Nos dice así el documento: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Nos presenta como criterios generales de este proceso formativo la idea de una formación integral, que aquí hemos estado revisando y analizando, una formación kerigmática y permanente, atenta a dimensiones diversas (humana, espiritual, intelectual, etc.), respetuosa de los procesos, insistiendo, nos dice el documento de Aparecida en una espiritualidad misionera.

También nos habla de la Familia como primera escuela de la fe, en segundo lugar, de la Parroquia (“Células vivas de la Iglesia y lugares privilegiados de encuentro con Cristo…”), las pequeñas comunidades, los movimientos, hasta llegar, en este proceso formativo, a las universidades católicas y demás centros de formación.

Nos dice: “En el hoy de nuestro continente latinoamericano, se levanta la misma pregunta llena de expectativa: “Maestro, ¿dónde vives?”¿dónde te encontramos de manera adecuada para “abrir un auténtico proceso de conversión, comunión y solidaridad”? ¿Cuáles son los lugares, las personas, los dones que nos hablan de ti, nos ponen en comunión contigo y nos permiten ser discípulos y misioneros tuyos?” (DA 245). Jesús, simplemente nos dice: ‘Vengan y lo verán” (Jn 1, 39). Es lo mismo que encontramos en: “Ven y sígueme”, como lema de nuestra XIII Asamblea Diocesana.

Nuestra Asamblea quiere ser —así lo entiendo— una respuesta a esta invitación de Jesús. Por eso nos hemos preocupado de revisar los criterios que —desde el Sínodo Arquidiocesano— nos han animado en el proceso formativo de los Agentes de Pastoral. Podría decir brevemente: mucho hemos podido hacer y muchísimo nos falta, todavía, por realizar.

A lo largo de estas tres sesiones de la XIII Asamblea se han revisado los hechos, los criterios, las líneas de acción y algunos ordenamientos en relación a todos los sectores del Pueblo de Dios que hemos sido llamados a trabajar en comunión corresponsable y solidaria: Laicos, Religiosos y Religiosas, Diáconos, Presbíteros y Obispos.

Sin descender a detalles concretos —que sería interminable en este momento enumerar, pero que tendremos que tener muy en cuenta para organizarnos y trabajar en correspondencia con los lineamientos que ha marcado esta Asamblea— me atrevo a señalar algunos aspectos:

Primero. Estamos repitiendo hechos, criterios, líneas de acción y ordenamientos en relación a los agentes, que ya aparecen desde el Sínodo. Esto quiere decir que hay mucho trabajo reflexionado, pero no solucionado todavía. Estamos diciendo lo mismo, es decir, que seguimos percibiendo las mismas necesidades, por ejemplo, se insistía en la necesidad de elaborar un perfil del Agente de Pastoral, hoy lo estamos repitiendo. Esto mismo ya aparece en nuestro documento del Sínodo. Me permito entresacar algunas ideas, dice el documento del Sínodo:

Es urgente que todos los Agentes de la Nueva Evangelización se vuelvan a Cristo como principio real y existencial de vida para dar testimonio de Él, hoy estamos diciendo lo mismo, en consonancia con Aparecida.

Se reencuentren con la Iglesia como experiencia de comunión y comunidad de personas en Cristo, viviendo y enfrentando toda su realidad desde la fe, la esperanza y la caridad.
Y den una respuesta adecuada a las grandes necesidades pastorales, en particular de las Familias, los Alejados, los Pobres y los Jóvenes.

Además de esto convendría revisar los números 2040-2047 del Ecucim, documento del Sínodo, que amplían y explicitan estos conceptos. Obviamente por brevedad, los omito.

Un elemento que sobresale de las reflexiones de esta Asamblea es la prioridad de la Espiritualidad para todos los sectores de los Agentes de Pastoral. La experiencia del Encuentro con Jesucristo y la permanencia en Él son fundamentales para poder hablar de una verdadera acción pastoral. Esto es algo que subraya el Papa Juan Pablo II en su Exhortación Novo Millenio Inneunte y el documento de Aparecida propone bajo el rubro de Discípulos de Jesucristo.

Me ha parecido muy interesante y valioso el tiempo que durante esta Asamblea le hemos dedicado a la Lectio Divina. Somos una comunidad eclesial, representativa de nuestra Iglesia local, que se ha reunido a reflexionar, pero sobre todo —y más importante— a orar, escudriñando la Palabra de Dios. Una palomita a esta iniciativa de la Lectio Divina.

De este encuentro con Jesucristo, que nos hace Discípulos, tiene que venir en nuestra Arquidiócesis, para todos los Agentes de Pastoral, una auténtica Conversión Pastoral, elemento en el que hemos estado insistiendo muchas veces y en el que tenemos que seguir insistiendo. Entendida esta conversión pastoral como una apertura al Espíritu de Dios que nos lleva a servir a nuestros hermanos y a sentirnos Iglesia. Sin este profundo sentido de Iglesia, que es otro elemento que hay que subrayar, que nos haga salir de nuestros limitados esquemas —fruto frecuente de perspectivas egoístas o de intereses pobres— no podremos pretender alcanzar la formación de agentes como nuestra prioridad pastoral. Conversión y sentido de Iglesia.

La conversión pastoral nos orienta a enfocarnos seria y decididamente a los Laicos como agentes protagónicos e insustituibles para el logro de una Misión Continental, como nos lo propone Aparecida, y que nuestra Arquidiócesis de México viene desarrollando ya desde hace varios años. Los laicos son hombres y mujeres de Iglesia en el corazón del mundo y hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia. Entre los laicos, los jóvenes ocupan un especial lugar, como discípulos y misioneros, se ha hecho hincapié en este sentido, aquí en la asamblea; habrá que tomar todos estos elementos muy en serio. Nos inspira lo reflexionado en la segunda Asamblea Diocesana, para esto, donde se habló de “La formación de Agentes Laicos para Acciones Específicas”.

En este proceso no podemos soslayar la importancia en primer lugar de la Familia y de la Parroquia, la parroquia como Comunidad de familias, nos dice Ecclesia in America. La familia no solamente es destinataria de los intereses pastorales de la Iglesia, a la que Cristo —Buen Samaritano— ha encargado su cuidado hasta su venida y que nosotros en el Sínodo Diocesano definimos como uno de los elementos de nuestra Prioridad Pastoral, sino que es también misionera y ‘primera escuela de la fe’ para los discípulos y misioneros del nuevo milenio que hemos comenzado. La próxima Celebración del VI Encuentro Mundial de las Familias a realizarse en nuestra Ciudad de México en enero del 2009 nos brinda una inapreciable oportunidad para trabajar y prepararnos con y por la familia. La parroquia —por su parte— ha sido ya objeto de nuestro estudio y reflexión en la octava Asamblea Diocesana: “Vocación y Misión de la Parroquia en la Ciudad de México”. Tenemos que retomar, seriamente también, esta reflexión.

He notado un interés muy grande por cada uno de los sectores de agentes de Pastoral. Todos tenemos mucho qué hacer, mucho qué cambiar y mucho en qué comprometernos. Todas las sugerencias, expresadas como líneas de acción y ordenamientos, en relación a los Obispos, los Presbíteros, los Diáconos, los y las religiosos y religiosas, el Seminario y los laicos manifiestan un genuino interés porque haya en nuestra Arquidiócesis un crecimiento en la calidad de las personas y la eficacia de las acciones de todos los Agentes de Pastoral. A todos nos toca escuchar con humildad y tratar de poner en práctica lo que con cariño e interés nos han señalado nuestros demás hermanos en esta Asamblea.

Confío en que Nuestra Bendita Madre, Santa María de Guadalupe, recoja todos nuestros trabajos y esfuerzos de estos días y con su espíritu maternal los presente como una ofrenda aceptable a nuestro Buen Padre Dios.

¡Que Dios nos bendiga a todos!

Gracias.

Mons. Enrique Glennie Graue

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