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XIII Asamblea Diocesana
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RELATOR JESÚS LOMELÍ


Jesús Lomelí

Se me encomendó la tarea de hablar sobre la formación de los laicos, un tema que de entrada reconozco y reconocerán que es bastante complejo. Se me pide dar un punto de vista sobre el desarrollo de la asamblea, desde la perspectiva del laico, esto hace que todo lo que diga tenga una buena carga de subjetividad, porque es mi apreciación personal.

No obstante, en aras de cumplir con lo que se me encomienda, voy a intentar de ser lo más general posible, sin querer sacrificar lo preciso.

La asamblea, no solamente para los laicos, realmente se inició hace poco más de dos meses, me refiero a que la asamblea comenzó cuando se distribuyó el documento de reflexión y consulta. Nunca me imaginé que tendría que dirigirme a ustedes, para poder valorar más o menos las actitudes de los laicos cuando tenían el documento en sus manos.

La primera acción, mucho escepticismo, hago la aclaración de que estoy hablando de la asamblea, aunque todavía me refiero a meses atrás. Los comentarios eran y son: ¿ahora sí nos harán caso? Y la respuesta de siempre, ten la seguridad de que sí.

Es evidente que después del Vaticano II, el laico comienza a tomar su lugar dentro de la Iglesia; en ocasiones, tiene que ser un poco a la fuerza, otras no, incluso se le invita a que ocupe su lugar, pero los laicos todavía no estamos acostumbrados a ser protagonistas de nuestra propia formación; estamos muy acostumbrados nosotros y los ministros ordenados a que se nos tenga que hacer la tarea, nos vemos sólo y prácticamente en el papel de destinatarios.

Las cosas han cambiado poco a poco y qué bueno, pero ahora viene otro problema, no hay material, a mi juicio, adecuado para el laico; todavía no me refiero a ninguna etapa de la formación en específico. Los subsidios que se han elaborado sí cumplen con una faceta de la formación, pero para el laico lo cotidiano es lo específico, nadie puede vivir como el laico si no es el propio laico y, en su conducta cotidiana tiene que reflejar que es cristiano, tiene que reflejar su formación.

No tenemos que pensar que la formación es solamente para acrecentar mi acervo intelectual o para que vean que soy muy católico. La formación del laico le debe permitir ser buen padre, saber tratar adecuadamente a sus hijos, descubrir a Dios y su dignidad de hijo de Dios en los demás, no en sí mismo, se necesita que él sepa que en el matrimonio hay que cambiar la fórmula, no hay que decirle a los hijos busca quién te haga feliz, sino busca a quién quieres hacer feliz; eso debe ser reflejo de la formación.

No podemos esperar, ahora sí me refiero a la formación inicial, que para ser buen padre, buen empleado, se necesita haber pasado la etapa de la formación inicial.

Antes de que hayamos hecho la opción por seguir un apostolado, tuvimos que haber pasado por la formación inicial y debe hacernos sentir capaces de vivir de acuerdo a todas las leyes, la natural y a todo tipo de leyes, sin infringirlas, sabiendo que esa formación que solamente me la puede dar la parroquia, porque no encuentro otro lugar en dónde me la den, lo digo con todo respeto a las escuelas de confesión católica, sabemos perfectamente que este tipo de formación se tiene que dar en la parroquia, después de haber sido sembrada la semilla en la familia.

En cuanto a la formación básica, al hablar de formación inicial y básica, los laicos tienen que estarme escuchando y a lo mejor están de acuerdo conmigo, les costó trabajo identificar la formación inicial y diferenciarla de la básica. Luego viene otro problema, se preguntaban los obispos que a quién le corresponde la básica.

Se habla de los centros de formación básica parroquial, los cefobap y se habla de Cefalaes, para la formación específica; aunque el descubrimiento más grande, cuando se echaron a andar los Cefalaes, es que no se podía dar la formación específica, porque no existía la básica. Es una confusión que quien creo podrán aclarar serán los subsidios que desde el ámbito arquidiocesano se comiencen a elaborar.

En lo personal sentí mucha alegría, el año pasado, al término de la asamblea cuando monseñor Márquez nos anunciaba el programa no esencialmente para el Cefalae, que salió a la luz, los temas 2, 4 y 7. Ya escuchamos, pasó un año y únicamente nos quedamos con esos ejemplares, ¿y mientras tanto los laicos qué hacemos los laicos? Materiales, hay de sobra, pero cuestionemos, ¿son de veras para los laicos? ¿Lo de ahí sirve para el comportamiento y conducta cotidiana del laico?

En un esfuerzo que se está iniciando, está participando un buen grupo de personas especializadas, debe tomarse en cuenta el aspecto antropológico, es decir, no podemos ser solamente buenos cristianos dentro de las paredes de la parroquia, no podemos conocer mucho y no saber nada.

Ojalá, y tengo la esperanza, que después de esta asamblea salgamos todos los sectores de agentes de evangelización con esa claridad; si salimos de aquí con esa seguridad de que no hay subsidios hechos casi a la medida para el laico, fue lo que mejor pudo haber sucedido.

Para la formación específica tenemos los institutos, ahorita no hay más y para hablar de la formación permanente, implica que mencionemos algo que creemos es seguir con los temas de la formación inicial y básica o llenando lagunas.

Entendí en el último ejercicio que los laicos no sabían a quién hacer responsable del seguimiento, de lo que ellos descubrieron como ordenamientos; ojalá que esta asamblea también dé calidad y lo único que se me ocurre decir en este momento, dirigiéndome a los laicos, adelante, vamos bien, sí estamos en nuestro lugar, la Iglesia también es nuestra madre.

Gracias.

José Lomelí

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