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XIII Asamblea Diocesana
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UBICACIÓN DE LA ASAMBLEA


Mons. Alberto Márquez Aquino

Bienvenidos a esta XIII Asamblea Diocesana, en la cual sabemos muy bien el centro de nuestra reflexión será la formación de los agentes de pastoral, es decir, hablamos de nosotros mismos. Hablamos igualmente y nos interesamos en la vida, en la acción, en el compromiso, en la santidad de otros muchos hermanos nuestros, que como nosotros, tenemos - tienen el esfuerzo de ser verdaderos discípulos. Discípulos que quieren responder para así transformarse en agentes de pastoral.

Unos discípulos que, podríamos describirlos así, para que también esto nos vaya ubicando, y quizá podamos en esta descripción tener un poco concretamente qué es lo que entendemos cuando hablamos de agentes de pastoral, pregunta que surge, pregunta que se nos hace, que quizá nosotros hacemos dentro de nuestros mismos grupos: una persona que trabaja, que participa activamente en la evangelización y que además de esto, trabaja en comunión, un aspecto verdaderamente clave, del que gracias a Dios vamos tomando conciencia nosotros; hay quienes lo han tomado en sus vicarías, e n sus decanatos como centro de acción, como centro de compromiso.

Además de esta comunión, debe ser enviado por la misma comunidad, no se puede que alguien se sienta simplemente agente de pastoral por sí mismo, tiene que ser en comunión y enviado por esa misma comunión.

Y algo muy característico y muy necesario, que sea de forma orgánica y estable, porque a veces puede ser que alguien en un momento actúa como agente, pero todavía no es tal. En fin, quizás esto pueda ser para algunos de cierta utilidad y de cierta importancia para que todos vayamos descubriendo cómo nos sentimos reflejados en esto, cómo quisiéramos que efectivamente este tipo de personas pudieran surgir con mayor fuerza, con mayor abundancia en nuestras comunidades y este sería nuestro compromiso; desde luego, lo principal del agente es ser discípulo, convirtiéndose con estas características en misioneros.

Y si se trata de ubicarnos en nuestra asamblea, el fin, el sentido, el caminar que queremos tener, en este momento que me toca dirigir unas palabras, paso a decirles cómo veo esta asamblea en algunas características. Muchos de los aquí presentes hemos participado en varias de las asambleas anteriores y tenemos oportunidad de compararlas y de vivirlas en este momento.

A pesar o además de algunas deficiencias que obviamente siempre las hay, creo que en esta asamblea tenemos algunas características que más bien son ventajas.

Primero, que recordemos muy bien algo que se ha dicho, pero en el caminar cotidiano se nos olvida un poco, nos enmarcamos en un periodo amplio de seis años, así es por la orientación - invitación del señor Cardenal, que nos hizo precisamente en su orientación pastoral al inicio de este año. Él nos impulsa a este trabajo por seis años, esto es un poco novedoso porque es muy explícito y esto también nos aclara un poco la forma de haber abordado otras asambleas anteriores: que la catequesis, que la pastoral social, que la parroquia, etcétera. Para algunos parecían temas aislados, pero de ninguna forma resulta así, todo está centrado en la misión permanente, en el proceso evangelizador, en aquello que es el núcleo - el eje sobre el que debemos caminar.

Este tema de la formación de agentes se facilita mucho más, favorece todavía más, el que nosotros volvamos nuestra mirada hacia la misión permanente. Esta sería una primera característica.

Igualmente, por esta razón, podemos hacernos conscientes, desde nuestra misma experiencia, quién más quién menos, y aquí ya vamos midiendo qué tanto trabajamos en sintonía con la Arquidiócesis. También esto nos ha permitido tener un tiempo más extenso de preparación para este momento; por eso ojalá y que igualmente nos acostumbremos a esto y que así lo vivamos, decimos: la asamblea no dura tres días, la asamblea es un periodo que tiene su preparación y ésta, muchos de ustedes lo recuerdan, unos porque lo vivieron directamente y otros porque fueron recibiendo los efectos, los resultados, empezó de una forma más explícita en la reunión de decanos, en el mes de agosto; ahí ya se trabajó sobre este tema con el instrumento que allí mismo se puntualizó, se enriqueció un poco y después fue compartido, distribuido a toda la comunidad arquidiocesana.

Entonces, es un tiempo más extenso que ahorita como que estamos viviendo de forma más intensa en estos tres días, que por lo tanto son un punto de llegada y un punto de proyección.

Igualmente, por estas razones, ha habido bastante participación en el sentido de consulta, a través de ese instrumento, a través de muchas actividades que se elencan y que aquí también les recordaremos en algún momento, pero en la introducción del documento de trabajo que les daremos dentro de algunos momentos.

Y la otra característica que también favorece mucho, por todo eso, igualmente la comisión organizadora tuvo la posibilidad de estructurar un documento de trabajo para que con él llevemos a cabo nuestras actividades en este momento, documento de trabajo al interno de la asamblea. Ustedes van a ver, tiene muchas lagunas, todavía, tiene muchas carencias, pero ya nos da una estructura bastante sólida, bastante firme para poder caminar en estos días de trabajo.

Precisamente a eso venimos, a que ese documento sea enriquecido, sea completado, sea corregido, es decir, se tenga ya la aportación, el avance de todos los participantes de esta asamblea.

Por tanto, cómo debemos entender el documento mismo de consulta. Solamente es un facilitador del diálogo y del discernimiento, trabajo característico de toda asamblea, esfuerzo que siempre estamos haciendo en nuestras asambleas diocesanas, por lo mismo, necesitamos tener una actitud crítica, obviamente propositiva, constructiva; pero en esa actitud crítica todavía debe haber mucha creatividad, es decir, es documento que no está acabado, por muchas limitaciones, tenemos que decirlo, en gran parte por quienes lo realizamos, pero también por la misma consulta. La misma consulta está centrada cosas, dejando de lado otras más que tienen que ser completadas; de eso es de lo que tenemos que hablar en estos momentos.

Dentro de esta sesión se va a presentar más específicamente el documento con su metodología y todo lo demás, pero por lo pronto, debemos tener muy en cuenta esto, esta riqueza y este criterio de trabajo para el documento de consulta.

Por eso, rápidamente paso a presentar algunas recomendaciones para el trabajo de esta tarde:

Primero. Si hablamos de la formación de agentes, lo indispensable es que nosotros tengamos muy claras y muy presentes; muy clara en nuestra mente, muy presente en nuestro diálogo, en nuestras acciones, en nuestras aportaciones, tener muy presente una visión integral de la formación. En la misma Lectivo se acaban de decir varios de estos elementos, el señor obispo nos acaba de recordar; yo aquí la pondría un poquito enriquecida, como lo hace el Documento de Aparecida.

Una formación humana y comunitaria. Este segundo aspecto no siempre lo tenemos presente, precisamente como parte de esta formación humana. Una formación espiritual, una formación intelectual y cuando hablamos del cuarto aspecto, una formación pastoral y misionera. Este enfoque que desde cuando nosotros tenemos como un propósito, lo misionero, que debe tenerse en cuenta, muy claro, en la formación. Como que a veces parecería que podemos hacer un apostolado no tan misionero, una pastoral no tan misionera. Bueno, pues que quede muy claro, como lo hace Aparecida.

Otra idea, veíamos felizmente en la Lectio, que es una idea en la que insiste el Documento de Aparecida, en la base de todo esto, la dinámica del kerygma, quiere decir, la fuerza, el impulso del kerygma; esto nos precisa mucho en nuestra visión. A veces parecería que habíamos presentado el kerygma solamente como algún momento, o como algo que debe vivirse en algunos momentos. Aparecida nos dice que debe estar siempre presente y es lo que le da fuerzo, es lo que le da impulso. Entonces, esta visión de la formación es lo que nosotros tenemos que defender, proponer, trabajar precisamente en esta tarde y en muchas otras ocasiones.

Segunda. Una visión igualmente muy activa que esté influyendo en lo que decimos de la formación respecto de la misión permanente, la formación directamente relacionada, la formación directamente en función del proyecto diocesano; parecería que a veces tenemos una formación un poquito neutra, formarnos para ser mejores, formarnos para ser más: más inteligentes, más hábiles, quizá hasta más santos, pero la verdadera santidad, tenemos que recordarlo, es la respuesta evangélica a las necesidades concretas. También hemos dicho en diferentes ocasiones que la misión no se concreta a unas cuantas acciones, la misión, a fin de cuentas, se identifica con la evangelización y la actitud es precisamente lo que dará misioneros, por eso es que dentro de esta visión amplia de la misión, es importante que insistamos en algún aspecto más concreto, como lo hemos venido repitiendo, diciendo, pero aquí estoy haciendo como una síntesis, centrada en el proceso evangelizador con el sentido catecumenal. Porque a la hora de la hora se nos esfuman, se nos hacen difusos nuestros conceptos, nuestros propósitos. Entonces, tenemos que ver qué tanto vivimos nosotros ese proceso catecumenal, ahora muy reafirmados por esta visión de Aparecida, con el kerygma siempre muy presente, con el dinamismo del kerygma y qué tanto lo estamos promoviendo en nuestros trabajos pastorales. Que esto sea el gran punto de referencia, que esto no lo olvidemos nunca y que hacia allá veamos nuestra formación, como respuesta, como compromiso, con este sentido catecumenal de nuestro trabajo misionero.

Tercera. Que las aportaciones que nosotros hagamos sean, desde luego, desde la propia vocación y desde la propia situación, desde el propio ministerio, desde el propio compromiso, eso es lo menos que podemos hacer si decimos que tenemos que vivir una realidad encarnada, una condición de encarnación; precisamente por eso, el gran esfuerzo en que haya aquí una representación eclesial: laicos, religiosas, presbíteros, diáconos etcétera, en la distinta proporción que es posible. Entonces, cuando tú hables, tienes que hablar como lo que tú eres, como reflejando aquella situación en la que te encuentras, pero no lo vamos a hacer con una mirada encerrada, sino que debemos tener esto en una visión de una pastoral de conjunto, este es el sentido eclesial del que hablamos, aquí es una asamblea diocesana, entonces desde mi condición tengo que decir, que aportar, como decía hace un momento, quizá hasta defender, pero tratando de que lo que yo digo apoye la visión del proyecto misionero diocesano, que apoye el proyecto de la misión permanente que nosotros tenemos entre manos. Esto también es algo muy importante para que lo tengamos presente en nuestro trabajo, en nuestras reflexiones.

Para que seamos más operativos, debemos tener en cuenta, decíamos, la formación de agentes es de siempre, la formación de agentes en concreto nosotros la venimos teniendo entre manos muy viva, por lo menos en la reflexión, a veces tendríamos que decir que al menos en los documentos, desde el Sínodo Diocesano, por ahí empezamos a desenredar la madeja. ¿Cómo vamos a hacer todo esto? Hacen falta agentes que lo hagan, que lo realicen, necesitamos preparar agentes y, nos abocamos de forma un poco más explícita, no sé qué tan comprometida, pero sí explícita, a la formación de agentes laicos, al grado que ahora ya se nos va la lengua y cuando decimos agentes, luego luego decimos: laicos. Quizá los que no somos laicos, un poco para resguardarnos, no, hay que trabajar por la formación de los agentes laicos, nosotros quién sabe qué tanto, ¿verdad?

Cuarta. Entonces, decíamos que esta preocupación de la formación de agentes la tenemos muy conocida, con mucho convencimiento, sin embargo, en esta asamblea queremos que fuéramos muy operativos, muy concretos, que lleguemos a soluciones, conclusiones a propuestas, porque nuestro trabajo es proponerle al señor Cardenal, y para eso necesitamos identificar qué cosa hay que hacer a corto a mediano y a largo plazo.

Por lo tanto, lo que es a corto plazo, según nuestro juicio, según nuestro discernimiento, pues hay que proponerlo ya para ver cómo lo empezamos a hacer, pero que no nos confundamos y que no sólo pensemos en cosas que hay que hacerlas siempre, que hay hacer a ver cuándo. Qué se puede hacer ya y así ir trabajando, de hecho, la misma orientación nos habla de tres etapas en este periodo de seis años, un etapa de tres años y otra de tres; ver qué podemos hacer, ya estamos concluyendo prácticamente el primer año, de enero a diciembre que estamos por comenzar, ¿qué hemos hecho?, ¿qué debemos hacer en estos dos años que faltan de esta primera etapa?

Y por último, que nuestras propuestas efectivamente sirvan para hacer planes, para hacer programas; lo que aquí digamos, lo que podamos concluir y, que ese sea el esfuerzo de los grupos y plenarios, para que la conclusión final del tercer día sea precisamente en ese sentido, cómo vamos a empezar a hacerlo. Por lo mismo, que así como hablamos de planes, de programas, de acciones, de propuestas que nos pongan en movimiento, tengamos muy presente la evaluación.

Eso nos lleva a conjuntar esa otra recomendación que nos hace el señor Cardenal al inicio del año, nos hablaba de reflexión y planeación con relación a la formación de agentes, ¿por qué?, porque si no planeamos y por consiguiente, evaluamos, porque la planeación que no tiene evaluación no es una buena planeación, no podemos avanzar, quizá por eso nos estancamos, quizá por eso nos confiamos; debemos exigirnos unos a otros, en gran parte, esto es la evaluación.

Así es que nuestro punto de llegada lo propondría así, con esto que acabo de explicar ustedes lo pueden formular como gusten, suponiendo que vamos sintonizando en el propósito, que hablemos de lo más urgente, pero también lo que se puede hacer, lo factible y que responda a la misión permanente, porque este es nuestro parámetro, este es nuestro objetivo, no podemos disociar, porque eso sería totalmente negativo de parte de nosotros, esta incoherencia nos llevaría a fatales consecuencias; tenemos que conjuntar siempre formación con acción con misión permanente que es nuestro proyecto, es nuestro programa.

De esta forma termino esta presentación. En seguida, como suele hacerse y dado que no está el señor Cardenal presente, le pedimos que nos dejara un mensaje y vamos a escuchar ese mensaje que preparó para nosotros, el que escucharemos con atención, porque de por sí lo tenemos muy presente entre nosotros y ahora recordamos sus enseñanzas, recibimos su estímulo con este mensaje que se va en parte a proyectar y en parte a reproducir.

Mons. Alberto Márquez Aquino

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