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CELEBRACIÓN DE INICIO


ENTRONIZACIÓN DE LA SAGRADA ESCRITURA

Se prepara con anticipación el ambón donde va a ser colocada la Sagrada Escritura (puede ser con flores y algún motivo propio de la asamblea). La Entronización es solemne, se usan los ciriales y la cruz alta para la procesión, el Diácono lleva en alto la Biblia durante la procesión.

Monitor: Rindiendo homenaje y culto a la Palabra de Dios, iniciemos nuestra procesión de Entronización de la Sagrada Escritura cantando y, como manifestación de nuestra alegría, recibámosla con un fuerte aplauso (De pie).

TU PALABRA ME DA VIDA
CONFÍO EN TI, SEÑOR
TU PALABRA ES ETERNA,
EN ELLA ESPERARÉ.

Dichoso el que con vida intachable
camina en la ley del Señor.
Dichoso el que guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.

Postrada en el polvo está mi alma,
devuélveme la vida tu Palabra.
Mi alma está llena de tristeza,
consuélame, Señor, con tus promesas.

Escogí el camino verdadero,
y he tenido presentes tus decretos.
Correré por el camino del Señor,
cuando me hayas ensanchado el corazón.

Al llegar, el Diácono entrega al Sr. Cardenal la Sagrada Escritura para que dé la bendición a la Asamblea con la Palabra, después la coloca en el ambón.

Sr. Cardenal: En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

Todos: Amén.

Sr. Cardenal: Que el Señor Jesús, Palabra de Vida, que ilumina nuestro entendimiento e inflama con su amor nuestro corazón, presida esta XIV Asamblea Arquidiocesana para gloria suya y beneficio nuestro. Amén.

Todos: Amén.

Monitor: Desde el Antiguo Testamento, la Palabra de Dios era colocada en un lugar preponderante y, desde ese lugar, se proclamaba para todo el pueblo, iluminando sus proyectos. Con Jesús, Palabra viva, Palabra encarnada, es proclamada como Buena Noticia para todos nosotros. Escuchemos.

I. Lectura del Evangelio según San Juan (1, 35-42)

Diácono:

Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijando la mirada en Jesús que pasaba, dice: He ahí el Cordero de Dios. Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que lo seguian les dice: "¿Qué buscan?" Ellos le respondieron: Rabbí —que quiere decir "Maestro"— ¿dónde vives? Les respondió: "vengan a ver". Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Eran más o menos las cuatro de la tarde. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste encuentra primeramente a su hermano Simón y le dice: Hemos encontrado al Mesías —que quiere decir "Cristo"—. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas —que quiere decir "Piedra""—. Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

(Silencio Meditativo — Sentados)

Introducción

Lector 1

Aquí el evangelista, más que relatar la vocación de los primeros cinco discípulos, nos presenta el proceso del discípulo de Jesús. El tema de fondo está centrado en la persona de Jesús. Con este relato, Juan intencionalmente quiere manifestar quién es verdaderamente Jesús. En realidad, Juan se desasocia, en este punto, de la tradición común a los otros evangelios, en los cuales la llamada de los primeros discípulos se hace a la orilla del mar de Galilea, mientras ellos estaban en sus tareas cotidianas. Allí Jesús pasa y llama. Los discípulos, inmediatamente, dejando todo lo siguen. Juan, en cambio, supone una preparación previa: el testimonio del Bautista, que lo señala a sus propios discípulos; lo que ocasiona una reacción en cadena: Juan lleva a los primeros discípulos a Jesús (Andrés y el otro de quien no se menciona su nombre) y, Andrés conduce a su intimidad. La llamada de Jesús es una llamada a vivir profundamente en comunidad.

Jesús de camino

Lector 2

El Bautista "fija la mirada" en Jesús que viene caminando y vuelve a hablar de Él. No tenemos ninguna indicación precisa: No sabemos de dónde viene, ni hacia dónde va; simplemente va pasando. Ese es el momento oportuno. Jesús pasa. El Bautista toma la oportunidad, ahora o nunca, en ese preciso instante y lo señala: "Es el Cordero de Dios".

La reacción de los discípulos

Lector 1

Escuchan y se ponen en marcha, detrás de Jesús. A los dos discípulos les basta una breve alusión después de la preparación hecha por el Bautista el día anterior, como el Cordero que quita el pecado, que ya existía mucho antes que él, lleno del Espíritu e, Hijo de Dios. Ellos han captado bien el mensaje del Bautista: a quien hay que seguir es a Jesús. Los discípulos caminan ahora detrás de Jesús. Este Verbo no sólo significa caminar en la misma dirección y, una relación subordinada, sino que también tiene el significado de caminar detrás de Jesús con la entrega de la vida. Aunque todavía no se dé la llamada a seguirlo, los dos primeros discípulos, con el hecho de ponerse detrás, manifiestan implícitamente su deseo de ser discípulos de Jesús. De ahí la pregunta de Jesús: ¿qué buscan?

¿Qué buscan?

Lector 2

Es la primera palabra pronunciada por Jesús en este evangelio. Y ciertamente no se trata de una casualidad. Es una pregunta sencilla, pero que toca lo más profundo de la persona. Sin duda, los dos discípulos (y todo ser humano) están a la búsqueda de algo o, tal vez de "alguien", de otra manera no se hubieran puesto en marcha detrás de Jesús si en el Bautista hubieran encontrado una respuesta a su existencia. Jesús se percata de ello y, los invita a cuestionarse seriamente, para tratar de descubrir qué es lo que buscan en el fondo. Sorprende cómo Jesús, desde el principio, pone las cosas en claro. Cualquier relación entre las personas no se puede fundar simplemente sobre la superficie; se tiene que ir al fondo, a la pregunta fundamental. Los discípulos ciertamente ya van en busca de algo, que ha suscitado en ellos las afirmaciones del Bautista, pero aún necesitan identificarlo, precisarlo y expresarlo. En la Biblia se habla del deseo fundamental de todo hombre, de esa búsqueda primordial en término de una sed de infinito, de eternidad, de Dios, como lo expresa bastante bien el salmista: "Dios, tú mi Dios, yo te busco, sed de ti tiene mi alma; en pos de ti languidece mi carne, cual tierra seca, agostada, sin agua" (Sal 61).

¿Dónde vives?

Lector 1

Un principio lógico dice no responder nunca una pregunta con otra pregunta. Sin embargo, en la pregunta de los discípulos va implícita la respuesta a la pregunta de Jesús: ¿Dónde vives? Literalmente suena: ¿Dónde permaneces? Menein, en efecto, significa permanecer y, en forma coloquial vivir, de morar y, tiene una importancia fundamental en el cuarto evangelio, que juega con ambos sentidos. Baste recordar el capítulo 15, en donde la comunión vital con Cristo se indica precisamente con el "permanecer" en unión íntima, lo que hace posible dar frutos. Entonces, la pregunta de los discípulos va en esta línea de una comunión fructuosa de vida con Él.

Discipulado

Lector 2

En los evangelios se narra la vocación y envío de discípulos por parte de Jesús. Entre ellos se cuentan bien sea el círculo de los Doce a los que se menciona por sus nombres (Mc 3, 13-19 y paralelos), bien el círculo más amplio de los que siguen a Jesús (Mt 8, 21) y, sobre todo a los "setenta y dos" a los que Jesús envió (Lc 10, 1). En ocasiones se designa como discípulos a todos los que creen en Jesús (Jn 2, 11; 8, 31; 20, 29). Como refiere Jn 6, 66, algunos de los discípulos de Jesús volvieron a abandonarlo.

La vocación de los discípulos por Jesús, que es uno de los contenidos mejor atestiguados de la tradición acerca de Jesús, presenta unas notas características: el discipulado no se refiere tanto a una doctrina o a una habilidad, como a la persona misma de Jesús. Ninguno de sus discípulos puede ocupar su lugar, sino que todos siguen siendo discípulos "bajo" su Señor y Maestro. Ser discípulo de Jesús significa una entrega a la persona de Jesús y, no sólo una vinculación por un tiempo o bajo un aspecto determinado. Por eso el discípulo participa de la vida y muerte de Jesús (Mt 16, 21-23) y queda incorporado a su envío y misión (Mt 10). Así la reunión y envío de los discípulos por Jesús es un "fenómeno escatológico", que no puede subsumirse en otras formas de seguimiento.

(Breve Silencio)

II. Meditación

Lector 3

Se trata del primer encuentro con Jesús, lleno de expectativas y promesas. Este primer encuentro es descrito como un recuerdo vivo y personal, aunque sabemos que fue construido por el evangelista. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Cómo fue nuestro primer encuentro? ¿Quién nos llevó hacia Jesús? ¿Recordamos el día y la hora? ¿Cuál era la idea que teníamos de Jesús antes de nuestra experiencia personal de Él y cuál es la idea que nos hemos forjado a través de nuestra experiencia personal? ¿Cuáles son nuestros anhelos fundamentales?

El Bautista describe a Cristo "pasando". Y Jesús sigue viniendo hasta el día de hoy, sigue llegando, sigue caminando delante de nuestra vida. El gran reto para nosotros es descubrir a Jesús que sigue pasando. Como Juan que fija su mirada en Jesús y no deja escapar la oportunidad, así nosotros deberíamos no dejarlo pasar; como los discípulos que escuchan el testimonio del Bautista y aprovechan la oportunidad para dar un giro a su existencia.

La pregunta de Jesús: ¿Qué buscan?, es la pregunta que todos los discípulos de Cristo se tienen que poner, porque hay de búsquedas a búsquedas. Mucha gente se pone a la búsqueda de Dios para salir al paso. Las búsquedas de Dios, muchas veces, no son claras y, a veces están muy interesadas. Cuántas veces no hemos escuchado esa afirmación de: ‘me voy a acercar a Dios para que me vaya bien’. Y la mayoría de las veces se trata solamente de superar un mal rato, unos cuantos problemas y, no ahondar en la búsqueda que está en el fondo de nuestro corazón. Contemplemos pues, aquellas palabras tan ricas de San Agustín que dice: "Señor, tú me creaste para ti y mi corazón estará inquieto hasta que descanse en ti".

En el cuarto evangelio los verbos "ver", "conocer" y "creer" forman una tríada intercambiable, equivalente, casi "sinónima". La visión de Dios se logra por el conocimiento del mismo; y ambos pasos desembocan en la fe, que es la auténtica sabiduría de Dios, según la Sagrada Escritura.

El conocer de la fe no es la intelección meramente conceptual que hemos heredado de la filosofía griega. Según ésta, la inteligencia del hombre conoce las personas y las cosas como objetos que abstrae y contempla desde fuera a base de ideas y conceptos. Pero para el pensamiento de Juan, que refleja lo bíblico y semita, conocer es, ante todo, experiencia personal del objeto con el que se entra en relación y contacto, en este caso con Dios, a través de su Hijo Cristo Jesús, que lo manifiesta en su persona y en sus obras, totalmente identificadas con el ser y el querer del Padre Dios.

(Silencio Meditativo)


VOZ DEL PASTOR

En primer lugar quiero dar oficialmente una noticia, aunque todos ya la conocen: el Santo Padre le ha dado a esta Iglesia particular un nuevo obispo auxiliar en la persona de don Armando (Colín Cruz). Su consagración episcopal será el 28 de febrero, en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Desde ahora están invitados y desde ahora les pido que lo acompañemos en la oración para que el Espíritu de Dios realmente lo guíe a tomar este compromiso, esta encomienda, este ministerio que el Señor le confía.

En 1996, su servidor dio una carta a esta Iglesia particular sobre la necesidad de tener como centro la Palabra de Dios, para poder descubrir a Cristo, para poder conocer realmente al Señor, para poder anunciar el Evangelio, a lo cual nos impulsaba el II Sínodo de esta Arquidiócesis. Después de haber dado el paso de la sectorización veía yo como importante y, fue lo primero que hice, hacer sentir la necesidad de preparar agentes para acciones específicas, porque, ¿Cómo podríamos evangelizar nosotros si nosotros mismos no estamos preparados, si nosotros mismos no nos hemos encontrado con Cristo, si nosotros mismos no hemos hecho de la Sagrada Escritura nuestra base de reflexión?

Hace 12 años hacía sentir que es necesaria la Palabra de Dios, no solamente en aquellos que se estaban preparando para formar los grupos en las distintas parroquias, sino que en todos los grupos apostólicos era indispensable que la Palabra de Dios fuera el centro, porque solamente habiendo encontrado a Cristo y no meramente unos conceptos, sino a la persona de Cristo en las Sagradas Escrituras y, éstas leídas dentro de la Iglesia; y al decir dentro de la Iglesia me refiero a los 2 mil años, como lo ha entendido la Iglesia, podríamos realmente lanzarnos nosotros al anuncio del Evangelio.

En esta semana espero que la Palabra de Dios realmente sea el centro de nuestra vida, que la Palabra de Dios nos impulse a que nosotros mismos descubramos la persona de Cristo, pero que de ahí recibamos el impulso para anunciar el Evangelio y no una teoría o un concepto humano, sino que lo que anunciamos sea realmente Palabra de Dios, que lo que anunciemos sea realmente Evangelio y no nuestras ideas que pueden ser brillantes, sino la Palabra de Dios que es la única que salva, que transforma el corazón del hombre.

Después de doce años hemos recibido luces extraordinarias, tenemos recientemente Aparecida, tenemos la aportación que los obispos le hacen al Santo Padre, el Sínodo Mundial que se acaba de realizar, aportaciones valiosísimas para que con esta luz nosotros revisemos el proceso de la formación de los agentes de pastoral, yo en ese tiempo hacía sentir que es como la columna vertebral para poder lanzarnos como Iglesia al anuncio del Evangelio, porque si no tenemos agentes bien preparados: sacerdotes, religiosas, laicos, en los distintos ambientes, ¿cómo podríamos nosotros lanzarnos a una empresa de este tamaño, de una Iglesia tan compleja como es la Arquidiócesis de México?, pero a la luz de Aparecida, a la luz de las aportaciones que tenemos en el Sínodo, sobre la Sagrada Escritura, sobre la Palabra de Dios tenemos que revisar no solamente la centralidad de la Sagrada Escritura y la formación de los agentes, sino también tenemos que ver los “cómos” en este proceso de formación.

Es importantísimo, porque podríamos pensar: Sí, la Palabra de Dios es la que ilumina, la Palabra de Dios es la que nos guía, pero, cómo está realmente esa Palabra de Dios en los procesos formativos, cómo realmente esta Arquidiócesis ha dado pasos en esa formación de los agentes de pastoral, porque podemos tener esa gran luz, pero si no lo traducimos en pequeños “cómos”, en pequeñas determinaciones, esa Palabra de Dios se puede quedar como algo etéreo, como una aspiración, pero no como algo que es digerido, no como algo que es el alimento diario, no como algo que realmente guía los pasos de esta Iglesia.

Creo que después de haber reflexionado sobre ese encuentro de discípulos de Jesús, después de haber sentido cómo ellos se hicieron discípulos y cómo los envía Jesús, nosotros sentiremos esa necesidad de conocer más y más a la persona de Jesús, de ir descubriendo distintos aspectos de ese Jesús que viene a salvarnos, de ese Jesús que es nuestro Salvador, de ese Jesús que nos trae una Buena Nueva, una Buena Noticia y que nos da una gran luz para que lleguemos hasta la casa del Padre.

Que estos días sean para nosotros un momento de reflexión y, también de aportación para que esta Iglesia se enriquezca a la luz de Aparecida, a la luz de la Palabra de Dios y que descendamos a esos “cómos” en nuestros distintos movimientos, en nuestros distintos grupos parroquiales, en los distintos ambientes que muchas veces no tenemos presentes, en donde se desenvuelve, en donde se desempeña el laico y que tiene que anunciar la Palabra de Dios, cómo se puede ir formando él en esta Iglesia, cómo le puede ir ayudando esta Iglesia a que realmente sea discípulo y misionero en ese ambiente concreto, en el cual el Señor va preparando.

Versión estenográfica


III. Oración (De Pie)

Sr. Cardenal

La Palabra nos lleva a Jesús. La Palabra nos trae a Jesús.Él es la Palabra. Él es la misma Palabra. Escuchando su Palabra, le escuchamos a Él. Y su Palabra enardeció y animó nuestra vida. El que estaba distante, ya está más adentro. El que era desconocido, ya se hace amigo. El que era Mesías incomprensible nos descifra su misterio y su presencia.

Sentimos necesidad de Él. Le queremos dentro de nosotros. Buscamos su Luz y su Verdad. Le buscamos a Él mismo, Camino, Verdad y Vida.

Porque los problemas y fracasos, las esperanzas y los gozos de los hombres son también asunto de los cristianos. Por eso, elevamos nuestra oración:

Por los que sufren … por los que gozan,
Por los pobres … por los enfermos,
Por los vivos … por los difuntos.
Por los de cerca … por los de lejos.
Te rogamos, Padre.

Ahora, la comunidad litúrgica se convierte en orante de la Palabra. Como María, la que acompañó a Jesús hasta el Calvario, hasta la resurrección. Porque ella sabe de problemas y sufrimientos, de cruz y de gloria.

Nosotros llevamos al altar nuestras ofrendas: Pan, elaborado a lo largo de múltiples esfuerzos; Vino, reunido de muchos lugares y de muchos granos.

¿Qué más? Sí, también ponemos algo más nuestro: sentimientos, actitudes, conducta, anhelos, fracasos, virtudes, pecados. Al Señor le agrada nuestra ofrenda. No espera unas ofrendas fabulosas, ricas, elegantes, hermosas.

De la Misa a la vida (fragmento)
Martín Irure, Capuchino.

IV. Contemplación

Lector 4

Ahora nos sumergimos en el interior de los acontecimientos en diálogo íntimo y personal con Dios, para descubrir y saborear en ellos la presencia activa y creadora de la Palabra de Dios y, para comprometernos en el proceso transformador de nuestra realidad. No es evasión, sino ir al compromiso.

Es el momento en donde hay que dejar que Dios realice en nosotros su Palabra, que es viva y eficaz. El primer encuentro con el ser amado es inolvidable, tal como le sucedió al Apóstol Juan, que nos cuenta su experiencia y recuerda la hora del encuentro. ¿Tu primera experiencia del Señor Jesús fue tan determinante como para que recuerdes la hora o el lugar? ¿Tu respuesta fue inmediata y libre de toda atadura o aún no has podido seguirlo tan libremente como lo hizo el Apóstol Juan?

Monitor: En este contexto de oración y con el propósito de enriquecernos mutuamente concluimos con el siguiente canto.

Tú has venido a la orilla,
no has buscado ni a sabios, ni a ricos,
tan sólo quieres que yo te siga.

Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca,
junto a ti buscaré otro mar.

Tú pescador de otros mares,
ansia eterna, de almas que esperan;
amigo bueno, que así me llamas.