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FORMACIÓN BÁSICA
QUÉ ES, SUS EXIGENCIAS Y ALGUNOS CÓMOS


Buenos días.

¿Cómo les fue ayer, por la tarde?, ¿cómo sintieron el resultado? Nosotros estuvimos comentando los resultados de los equipos, veíamos que el paso, de ayer, de la formación inicial ya deja ver un horizonte de trabajo muy importante, pero todos los que estamos participando en la asamblea debemos sentirnos comprometidos para ser los impulsores no sólo de esa precisión de ubicar la etapa inicial, sino también de llevar adelante la puesta en práctica de ese sentido de formación.

Me comentó Javier que precisamente en el equipo que le tocó, se dio la intervención de un párroco que resultó interesante, porque puso el cuestionamiento fundamental al grupo, dijo de pronto el padre: A ver, yo no he entendido, explíquenme qué es eso de la formación inicial y cómo se hace, porque a mí en el seminario nunca me explicaron eso de formación inicial, no tenía noticia de ello.

Precisamente ahí está el punto clave para captar que en este itinerario formativo del proceso evangelizador, el primer acompañamiento de la fe en cada comunidad parroquial debe estar concatenado, que esos pasos no sean aislados, que no hagamos acciones —son acciones pastorales importantes— y que después eso ya no tenga un seguimiento, por eso la palabra que ayer resonó mucho en la exposición fue el poder acompañar y que desde el Programa Inicial Arquidiocesano (PIA), después del sínodo, se habló de que tuviéramos la capacidad de generar procesos, quizás esa palabra, “proceso”, la debemos ir traduciendo para que en nuestra práctica pastoral tenga esta consecuencia de convertirse en un itinerario formativo en la fe.

En el número 52 de las Orientaciones Pastorales que entregó el señor Cardenal este año, está el comienzo de la orientación de la parte que nos corresponde reflexionar este día y, que vamos a tratar de presentarles los elementos a vivir. Dice la reflexión del señor Cardenal: En nuestra experiencia diocesana, motivados para impulsar nuevos agentes, dimos el salto a la formación básica apoyando a los más comprometidos a prepararse como Agentes de Evangelización. La reflexión de la Asamblea Diocesana subraya la urgencia de que se preste mayor atención a la formación inicial para que la formación básica y la específica puedan tener un sustento más fuerte.

Y en la práctica, eso fue lo que pasó, dimos un salto, un verdadero salto que después de la meditación para la formación de agentes laicos en acciones específicas, en todos los ámbitos decanales, comenzamos a ver cómo organizar los centros de formación, para poner en práctica la orientación de nuestro Arzobispo.

Eso sin haber tenido una suficiente conciencia de que esto tenía que estar apoyado en un trabajo inicial, estuvimos remarcando el día de ayer. Esto no quiere decir que se descalifique el esfuerzo que hemos hecho en estos trece años, después de la orientación para la formación de agentes laicos, no, todo lo contrario, esta experiencia que hemos venido viviendo nos ha hecho evaluar y especialmente en este año que estamos terminando, hemos realizado diversas consultas sobre la situación de los centros de formación, los Cefalae, para ver cuál va a ser su evolución en este proyecto de formación, qué cosas debemos corregir, qué cosas reforzar, cuáles son los elementos a los que debemos darles más apoyo, pero ha sido un trabajo arduo y, en este trabajo no solamente hemos consultado al director de la comisión diocesana, sino que se ha establecido, ya llevamos así dos años, una dinámica de trabajo y de evaluación, convocando dos veces al año a todos los invitados a los Cefalae: directores, facilitadores, alumnos, egresados.

Hemos ido estableciendo un trabajo de consulta que nos permita no sólo aprovechar esa experiencia, sino apreciar todo el esfuerzo que se ha hecho y se sigue haciendo, en todos los centros que están funcionando.

Nosotros les vamos a presentar los elementos de la etapa del itinerario formativo que quizás más hemos trabajado, pero sobre la cual, hay muchas observaciones seguramente de parte de ustedes y muchas inquietudes, pero con la seguridad de que estamos realizando un trabajo sistemático que nos permita ir fortaleciendo este paso que dimos en el inicio. Entonces, les vamos a presentar los elementos de esta etapa.

Con este trabajo, conforme hemos ido caminando, ha habido algunos equívocos que estamos hoy en la posibilidad de aclarar y de continuar adelante. Uno de los subsidios que más se difundió y que incluso muchos siguen pidiendo, es el llamado “Propedéutico”, que en su esquema y en su objetivo pretende hacer una reflexión acerca de la vocación bautismal como introducción o preparación inmediata a quienes van a iniciar la formación básica, por tanto, el propedéutico no es la formación inicial, sino solamente un subsidio que abre el panorama para comenzar una profundización ordenada acerca de la vocación bautismal.

Y en ese mismo sentido, vendrá el reclamo de todos los ámbitos diocesanos, en el transcurso de estos años, que es tener los instrumentos y los subsidios a tiempo y, hemos empezado el desarrollo de la serie para la formación básica, pero realmente, con mucho sufrimiento fueron apareciendo, incluso, como ustedes se dan cuenta, de los 18 manuales que implica el programa, han ido saliendo conforme el tiempo de todos los implicados en esto lo ha posibilitado.

Es por eso que el año pasado se reflexionó en esto y se llegó a la conclusión de que urge, es indispensable, dijimos en la asamblea pasada y, lo dijo como uno de los ordenamientos más votados, que existan personas que se dediquen a eso; y que entendemos que siga siendo un cuello de botella el tener los subsidios necesarios. Entonces, inmediatamente en la orientación pastoral, el señor Arzobispo respondió a eso, si se necesita, hay que hacerlo. Ya este año, el equipo que comenzó a trabajar lleva cuatro meses, el último material que aparece (en la diapositiva) es de reciente edición y que antes de que salgamos a la celebración eucarística, se lo van a entregar.

Fíjense que tenemos cuatro y para el próximo año queremos tener los 18. Ese es el reto, es muy grande, porque no solamente necesitamos la serie para la formación básica, sino que necesitamos revisar y reeditar todos los subsidios del proceso evangelizador para la formación inicial y muchos de ustedes son parte de ello, ya no solamente están pensando en los subsidios para la formación inicial y básica, sino ya los pasos que ha ido dando el señor Cardenal en este año, están pidiendo que haya subsidios para los ministerios, ya se han ido dando pasos en donde se va clarificado, por ejemplo, los ministerios en nuestra Iglesia y eso también requiere que la formación específica vaya teniendo sustento claro de la misma forma, en los subsidios. Entonces, aquí aparece uno de los desafíos más fuertes que tenemos.

Otro equívoco que debemos superar y tenemos los elementos para hacerlo, es pensar que la formación básica es igual a Cefalae, es decir, que sólo en la instancia Cefalae se puede desarrollar la formación básica. Y todavía más, que sólo es posible en estos Cefalae que tenemos, porque la orientación que dio el señor Cardenal no siempre se ha puesto en práctica como estaba orientado, sino que la manera como hemos ido desarrollando a veces ha dependido de las fuerzas que tenemos, de la escases de personal, ha dependido de la circunstancia de un decanato, de los cambios, en fin, influyen muchos factores, que no siempre permiten cubrir los objetivos planteados, adecuadamente.

Lo más común es el Cefalae decanal, pero no debemos sólo pensar que ahí termina la posibilidad de la formación básica, hay otras modalidades posibles y entonces, ¿cuál sería la orientación que podríamos dar a los Cefalae existentes para que puedan ir madurando y mejorando su servicio?

Primero, en esta consulta y evaluación que les digo hemos venido haciendo, se nota una gran necesidad de una formación pedagógica - pastoral, que no es sólo pedagogía, sino una pedagogía relacionada directamente con la tarea pastoral a la que van a estar abocados esos evangelizadores que están comenzando a cimentar su camino.

También se está viendo indispensable que los equipos formadores en esos centros de formación tengan una certificación, que no improvisemos a los facilitadores, a los coordinadores, a los directores, sino que se vaya estableciendo un apoyo básico mínimo para que todos los que den ahí su servicio y estén en ese multiplicar a agentes en esta etapa de formación básica, pues realmente estén preparados para ello.

Por lo tanto, es indispensable que si se está haciendo el esfuerzo de la organización de un centro para la formación básica, también pensemos en cuáles van a ser las estrategias para convocar nuevas generaciones. Hay Cefalaes que en su organización se suman directores, facilitadores, personas que están a cargo de la administración del centro, casi son el mismo número de los alumnos a los que se está atendiendo.

Entonces, habría que ver qué estrategias necesitamos, pero, también debemos ir ampliando nuestro horizonte para que la formación básica comience a darse en otros ámbitos. Ya también hay centros de formación en las parroquias, en algunas parroquias que tienen más recursos y posibilidades, cuyo dinamismo de trabajo es fuerte, tienen organizado un centro de formación.

Pero aquí es indispensable que vayamos precisando qué características debe tener este centro de formación parroquial, sin lugar a dudas, la primera necesidad es que se responda a las necesidades pastorales de la parroquia, es decir, que no caigamos en el círculo vicioso de pensar en la preparación sólo porque necesitamos que más laicos o más bautizados tengan un diploma de formación básica, no, sino que esté orientada esta motivación y formación para responder a las necesidades pastorales, y por lo tanto, se necesita un estilo más sencillo y directo, porque ahí estamos frente a lo que es la pastoral más local y, debemos reconocer qué ambientes específicos son los prioritarios en ese lugar, para que así responda el centro de formación a ellos.

Uno de los aspectos que más se ha insistido y evaluado es la necesidad de vincular a las comisiones pastorales con los centros de formación. Pareciera que hay un divorcio o un abismo entre unos y otros o, que no hemos logrado encontrar manera de que se complementen y eso ha dificultado que los centros de formación, de veras, vayan promoviendo que los que avancen en la formación básica, se inserten en un servicio concreto y lo complementen con la formación específica.

¿Cómo vemos que puede evolucionar esta vinculación con las comisiones? Muchas comisiones. Ayer, en general, enumerábamos las comisiones diocesanas que están haciendo el esfuerzo de formar a sus agentes, veíamos que son más de diez, se preocupan por decir: Bueno, si me toca pastoral juvenil, tengo que formar agentes para la pastoral juvenil.

Pero vemos indispensable, en este contexto de proyecto formativo que tomen en cuenta y tengan presente todas las etapas del itinerario formativo y su integralidad, para no capacitar a sus agentes sin un cimiento fuerte de vida cristiana, porque entonces nos capacitamos para unas acciones, pero la vida cristiana de esos agentes no siempre ha madurado, ni les estamos ayudando a que maduren.

Y esa sería la única manera para que conforme van madurando los ministerios en nuestra Iglesia local, puedan tener un futuro esperanzador.

Una de las experiencias que nos habla de este esfuerzo, es la que ha hecho la Comisión de Catequesis, de hecho la Comisión de Catequesis, un poco antes de que se diera a conocer la orientación para la formación de agentes laicos, ya había implementado un programa de formación para los catequistas y que está también expresado en un material, que tiene una formación inicial, un nivel básico que corresponde a la reflexión acerca de Cristo, un segundo nivel que corresponde a la Iglesia y un tercer nivel que es del apostolado o del servicio.

Este trabajo, veíamos, es un ejemplo de lo que ahora viene a enriquecer esta definición de proyecto de formación; todas esas comisiones, que son varias las que están haciendo el esfuerzo, por ejemplo, Cáritas también tiene un trabajo muy rico de formación; ahora tendríamos que hacer confluir todas esas experiencias para que de veras expresen un mismo espíritu, unas mismas etapas y un mismo esfuerzo de integralidad.

No se trata, de pronto, establecer un cinturón que guarde el trabajo diocesano, no, todo lo contrario, todas estas experiencias son una ventaja el tenerlas, porque van iluminando el proyecto en común.

Ahí está un ejemplo de uno de los ficheros, de cómo también en Catequesis se intentó que la formación viera lo fundamental y viera lo integral, pensando también en la espiritualidad, pensando también en la cultura.

Tenemos otras modalidades posibles para la formación básica, una de ellas son los grupos de laicos organizados, es decir, los movimientos y organizaciones laicales. De hecho, desde hace tres años y medio se les hizo la propuesta a todos los coordinadores de movimientos y organizaciones que se unieran a este esfuerzo convocado por nuestro Arzobispo para multiplicar a los agentes evangelizadores; con los coordinadores que ellos enviaban, se empezó a tener el curso propedéutico, o sea, se les empezó a dar a conocer el esquema de la formación básica, para que ellos mismos pudieran utilizarla después y apoyarse en ella en su propio grupo, en su propia organización.

Igual, con los hermanos de la Escuela de Pastoral, se inició todo un diálogo, no hemos acabado, apenas está en sus inicios, de cómo establecer una vinculación para que el programa de formación básica ellos lo pudieran utilizar en los tres primeros años. La Escuela de Pastoral tiene su programa, quizás lo que más nos ha atorado para llegar a un acuerdo, es el que tienen su material completo, en los manuales de formación básica.

En el ámbito de los movimientos, el que pudieran también colaborar y enriquecer ese proyecto formativo significaría un signo de unidad con la Iglesia local, porque así estableceríamos un fortalecimiento y muchos más lugares donde se ofrezca esta formación básica. De esa manera, motivaríamos a todas las expresiones de los distintos carismas laicos en nuestra Iglesia local a que no sólo tomen en cuenta su propio carisma, sino este fundamento y espíritu de la formación, que estamos trabajando en la diócesis.

Finalmente, también estamos considerando la vida consagrada y muchas comunidades están revisando la formación de agentes desde hace mucho tiempo. Aquí también vemos urgente establecer una relación más grande, porque es una presencia del Espíritu en nuestra Iglesia local que en verdad debemos aprovechar más en el programa de formación.

Entonces, desde su ubicación pastoral, hacer suyo el itinerario que estamos reflexionando, enriqueciéndolo con su carisma y apoyado en la planificación de discípulos y misioneros para llevar la Buena Nueva a los diversos ambientes urbanos.

Fíjense entonces cómo, de veras, se transforma el proyecto de formación en una columna vertebral que va permitiendo que todas las expresiones que tiene nuestra Iglesia local se vayan vinculando y vayamos fortaleciendo nuestros caminos.

Si queremos poner un cimiento firme con el discipulado para que la formación específica desarrolle en ellos la vocación misionera, tenemos que hacer más sólida esta práctica de la formación básica y así continuar construyendo una Iglesia al servicio de la evangelización de la Ciudad.

Esta es la propuesta que realiza el trabajo de formación, darle más solidez a nuestro trabajo pastoral.

Ahora, el trabajo de la asamblea en esta etapa de la formación inicial será visualizada como los dos elementos. Primero, si ya tenemos clara y ubicada esta etapa y si tenemos una claridad suficiente respecto a la formación inicial que vimos ayer. Segundo, todas estas modalidades posibles para la formación básica, qué luces les podemos dar, cómo podemos hacer para que cada vez sean más los lugares donde se ofrezca la formación y cómo ofrecerla más operativamente.

Ahora sigue ese trabajo de todos. Muchas gracias.

Mons. Juan Carlos Guerrero
Versión estenográfica


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