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ENLACE CON EL JUEVES


Una vez más, buenas tardes. Seamos bienvenidos a esta segunda parte de trabajo intenso en bien de nuestra Arquidiócesis.

Hoy nos ponemos en las manos del Señor y el trabajo cotidiano del quehacer de la Iglesia. En ese contexto trabajamos el día de ayer, respecto a tres preguntas, que las podemos dividir en tres partes: los logros, las dificultades y sobre todo, hacia dónde queremos apuntar como Iglesia diocesana en este nuestro proyecto de ser latido de Iglesia discípulo-misionera y en este ser discípulo misionero por la parte primordial, la formación.

Ya a la entrada de la sala sinodal les han entregado un juego de hojas en las que vienen de una manera sucinta, toda la riqueza de ir juntando, de ir buscando cómo se relacionan, por parte del equipo.

En la parte de los logros se hizo una división y en la primera parte se coloca la concientización, es decir, la Iglesia se siente consciente, estamos conscientes de la necesidad de ser formados, aparecen 16 aportaciones en esta línea. Experimentamos como Iglesia diocesana la necesidad  de formarnos, esta expresión aparece no solamente en el sentido de formar, de aquí para allá, sino de formarnos todos, los agentes de pastoral y, eso es enriquecedor.

Existe la alegría de vivir la identidad de la Iglesia, somos pueblo de Dios, donde queremos romper la estructura que durante años rigió el ente de Iglesia y ahora postrada en esa dinámica de pueblo de Dios, donde todos y cada uno tenemos un ser y un quehacer dentro del Reino de Dios.

En este entrar en conciencia de ser discípulos, los logros que se hacen, los logros de la Iglesia, están los mismos agentes, por supuesto los laicos, número uno, sienten esa urgencia de ser formados, a los párrocos lo presentan como un derecho.

Otro de los logros es el de la necesidad de ir reconociendo la importancia de proceso, la formación es procesual y no simplemente lo que recibí en mi infancia, sino que requiere de todo un caminar, ya hay este despertar, esa conciencia de Iglesia Arquidiocesana.

En la última parte, en el número 16 que ahí aparece, es la necesidad de dividir la formación como un proceso, también requiere de momentos y dos momentos primordiales que se señalan en conciencia que se conocen; la formación al menos tiene dos procesos o tres, mejor dicho, pero ahorita hablamos de dos: inicial y básica.

El siguiente elemento que aparece dentro de nuestros logros será la nueva cultura. Ya el II Sínodo apuntaba a ello, que estamos enfrentados no solamente a un cambio de la cultura, un nuevo siglo, sino a la época que va cambiando, que presenta nuevos retos y un logro es ser conscientes de que nuestras estructuras eclesiales, nuestra manera de presentar el Evangelio no pueden ser las mismas que hace 20 años.

Se está hablando de esa necesidad, reconocer que hay una nueva cultura que exige nuevos métodos, nuevos esfuerzos, la adaptación a la pluralidad, a los diferentes ambientes, a los diferentes momentos. En esto de la nueva cultura también se ha abocado a la formación, el uso de recursos interactivos, incluso en algunos momentos de formación el uso de internet, concretamente una vicaría lo presenta como un elemento de formación, ya en la línea de aprovechar esta nueva época, donde la sociedad no solamente recurre con determinado espacio, sino a un ámbito más abierto.

En la misma línea de logros aparece un tercer momento que es el proyecto diocesano, es decir, se busca que nuestra Iglesia Arquidiocesana, la línea de la pastoral de la formación, la tenga como proyecto, la formación de los agentes de pastoral debe ser un proyecto a realizar, también como una manera de ser discípulos misioneros de hacer la pastoral, por eso se intenta dar una estructura de esta formación, el cómo debe de ser, hay intentos, hay todavía ciertos momentos de desfase, pero al menos esta parte ya está como logro, necesitamos crear una estructura pastoral que nos impulse, que nos motive.

La misma asamblea anterior nos clarifica hacia dónde queremos llegar, por lo menos ya nos apunta los niveles de formación, incluso las responsabilidades que cada uno de nosotros como agentes de pastoral tenemos y también las tareas.

En esta línea, en algunas vicarías ya existe el deseo de hacer realidad un proyecto diocesano, por eso ya para este cuarto elemento, que son las vicarías y los decanatos, ya aparece tanto en las vicarías como en los decanatos la necesidad de una formación inicial y básica, por lo menos ya aparece en los proyectos pastorales.

Elementos que se mencionan y son importantes, en cuanto a la formación, algunos ya reciben lo que se llama acciones específicas, ya reciben formación no solamente para el ministerio que van a realizar dentro de la misma Iglesia o el servicio que van a prestar en su comunidad, ya antes de realizar este proyecto de trabajo en la vida, ya aparece la formación al menos básica; aparece ya ese deseo de que los ministros de la Comunión, los lectores, los acólitos tengan al menos una formación básica.

Los mismos consejos decanales se ofrecen como espacio de formación, al igual que los consejos parroquiales, donde se aprovechan las reuniones no solamente para el trabajo pastoral, se da un momento para darles formación a los consejeros.

Es importante destacar que se está trabajando, al menos en los decanatos, en buscarle un lugar, dentro de los objetivos, a la formación. No solamente se ve como un deseo, sino como un proyecto a realizar.

Yendo un poquito más abajo, cerrando el círculo, estamos parte de los párrocos o parroquias, que es el lugar de encuentro, propiamente el lugar de esta formación. Uno de los logros es que dichos párrocos ya aceptan la participación del laico, pareciera asombroso para nuestro tiempo, pero bueno, ya todos nos estamos convirtiendo. En las mismas parroquias ya se está intensificando la formación de sus agentes, al menos se habla de esa formación básica para el servicio de un ministerio, de un servicio, de un carisma. No habla de una estructura propiamente de formación inicial y la formación básica como tal, pero sí habla de que la parroquia está formando; se preocupa por ofrecer elementos para un servicio.

Se señala un logro, que los sacerdotes nos estamos actualizando en diferentes niveles, en diferentes medios. Los sacerdotes estamos en esa dinámica de querer servir mejor y, en esa dinámica buscamos una formación propia.

Como un efecto de esta formación que se ofrece en la vida parroquial, es que se ha avanzado en la estructuración de los procesos, un laico, un sacerdote formado logra ser un proceso más adecuado.

El siguiente apartado es el de los laicos, en el que encontramos ocho aportaciones, se destaca que hay una significativa participación de laicos en la animación del trabajo y del seguimiento pastoral, como efecto de una preparación que se ha recibido la formación, de un ser conscientes de su ser y de su quehacer en la vida de la Iglesia.

Un dato que parece curioso y está marcado como logro es un acercamiento entre laicos y sacerdotes, es bueno, bendito Dios que lo estamos logrando, para que se vayan rompiendo esas barreras estructurales que hacemos.

El logro del nivel del laico, precisamente es el mismo laico quien se siente necesitado de formación y la exige como tal. De hecho, quienes más empujan la formación, son los laicos.

En el punto de la organización pastoral, aparece que ya hay una parte muy importante con los laicos en la vida de la Iglesia, es la necesidad de interactuar entre las parroquias y los decanatos, el estarse pasando información, el famoso: “cómo le haces”. Ha sido un logro el compartir experiencias interparroquiales e interdecanales.

Se ha destacado el haber retomado el kerigma como principio y fundamento de toda la formación.

Hay que destacar lo que aparece como logro, los Cefalae, aparecen en cada decanato, incluso se habla de reapertura o de reanimación en aquellos lugares en donde venían a pique, luego veremos éste problema, los “porqués”, pero se presenta como logro que en la gran mayoría de los decanatos hay Cefalae. Centros de formación a nivel decanal, pero también se menciona que hay centro de formación a nivel parroquial. Esto motiva que los involucrados en la vida pastoral del decanato no sólo se interesen en la vida parroquial, sino que también se interesen por la vida decanal.

Se ha logrado un lenguaje común al referirse a la formación; cuando hablamos de la formación ya caemos en la cuenta que no se trata de la formación de aquí para allá, sino en la formación para todos, la formación de agentes.

Aparte de los logros, en la segunda parte de la primera pregunta, tenemos los problemas y dificultades que encontramos en esta vida de la Iglesia.

Esta parte se ha dividido en 5 elementos y el primero es el de los subsidios. Aparecen dos elementos, pero son significativos. Primero, se señala que no hay literatura o criterios uniformes en cuanto a la formación de agentes; hay poca difusión de los elementos que existen; los hay a nivel Arquidiocesano, a nivel vicarial, pero no se difunden con la debida propiedad para que sean conocidos.

Otro de los problemas, pero más bien parece filtro, es el de los presbíteros, que poco apoyamos el desarrollo de los laicos. Aparece como que no mandamos a personas a formarse, ni les ofrecemos el tiempo suficiente para ello.

Otra de las dinámicas que se señalan es el poco acompañamiento que ofrecemos como pastores al proceso de formación de los laicos. Esa es la indicación para nosotros, nos falta el espíritu de comunión a nivel general. Se marca que algunos sacerdotes desconocen al equipo misionero parroquial.

En cuanto a los agentes laicos, entre los problemas que se señalan está el que los laicos estudian mucho, pero no lo ofrecen, no lo proyectan en la vida pastoral, no ofrecen esto como un fruto para la vida de la comunidad. En algunos laicos, a la hora de pedirles razón de su formación a la hora de prestar servicio, se muestran inseguros, no hay una preparación lo suficientemente sólida y esto provoca que se vaya creando la dinámica del error: recibí poco, entrego poco.

Otro problema en la vida de los laicos es el “capillismo”, sobre todo en algunas parroquias, el cerrarse a los procesos: este es mi proceso, es mi dinámica y no quererla compartir; no solamente en las parroquias, sino en algunos grupos y movimientos.

Problemas en el proceso, se señala que no hay continuidad en los procesos de formación; las causas pueden ser muchas, pero una de las que se señalaban es la falta de objetivos, de ver hacia dónde seguimos, qué queremos y sobre todo, qué pretendemos con la formación. Eso interrumpe el proceso de formación.

Otro de los problemas en esta parte del proceso es querer ser unívocos en la formación, cuando nuestra realidad Arquidiocesana es pluridimensional y esto provoca retrocesos en muchos, apatía en otros. También se presenta la disparidad entre los programas de formación entre una parroquia y otra o entre una vicaría o un decanato y otro.

También se señaló la falta de continuidad, no sólo de pasar de la parte inicial a la parte básica, sino a la formación permanente en la línea de seguir capacitándonos.

Finalmente, en la línea de los formadores, aparece que muchos de ellos, sobre todos los laicos lo marcaban mucho, los mismos laicos carecen de una experiencia, les falta pedagogía, incluso a algunos sacerdotes que imparten clase. Hay que resaltar en esta línea que mucho de lo que se dice no lo hacemos, no lo llevamos a la práctica; son clases y hasta ahí, pero no la vivencia.

Pasamos a la tercera parte, que son las acciones prioritarias para avanzar, lo que queremos, los que nos hace falta, lo que nos gustaría en esta dinámica de la formación.

Esto también se dividió en algunos números, primero, criterios generales para la formación. Se señalan algunos criterios para que haya una formación verdadera de discípulo-misionero. Entre ellos destaca el conocimiento de los documentos de la Iglesia, documentos arquidiocesanos.

Un criterio es la conversión personal y pastoral, aparece en varios grupos. Otro aspecto que aparece como un deseo a lograr, es promover el encuentro con Cristo como elemento indispensable para iniciar la formación.

Se pide a la misma comisión de esa parte de la formación que se ofrezcan criterios básicos y claros para la formación inicial, precisamente lo que veíamos con los problemas, esas disparidades que habían, son producto de falta de esos criterios, por eso lo marcan como una de las acciones a realizar.

En la línea de los destinatarios. En esa parte se nos invita a dejar el templo, salir más allá de los imperios del templo. La invitación en esta parte, es el descubrir que no se trata de formar “a ver a quién llega”, sino buscarlos. En cuanto a los destinatarios, destacar la dimensión vivencial que facilite una comunidad de comunión que llegue a todos los sectores.

En cuanto a centros de formación, lo que se desea, lo que se buscará lograr es que haya más apoyo a los Cefalaes, también en el plano económico, para que se pueda tener una formación más adecuada.

También se le invita a la comisión que le corresponde esa parte, tener criterios y subsidios para los centros de formación, o sea, que se está buscando. Ofrecer cursos de formación didáctica y pedagógica para los agentes, para que no sólo se conviertan en repetidores, sino que también sean ellos los transmisores de la vivencia.

En la parte de los formadores, a ellos se les pide, se nos pide, poseer elementos pedagógicos, para que se sensibilice la experiencia del discipulado, repito, no solamente nos volvamos transmisores de un conocimiento, sino comunicadores de una experiencia de vida.

A los pastores se nos pide que acompañemos a los laicos en su formación, la parte que nos toca, seguir formando a través de las homilías, de las catequesis.

En cuanto a la organización, que la formación tenga espacio para darle seguimiento y evaluar el proceso; acción que no se evalúa, acción que no sabemos si llegó a buen fin, en este aspecto.

Que en las mismas vicarías se promueva la necesidad de la formación, no solamente como una necesidad para el servicio, también para el discipulado, para la misión. Garantizar la continuidad de los trabajos parroquiales.

En cuanto a la programación y difusión, se nos invita a que busquemos los medios y los modos para que lo que estemos realizando los demás lo conozcan, participen de y, lo enriquezcan.

En la línea de los laicos, aquí lo dividimos en dos, laicos en general y un apartado de los jóvenes. Que al laico se le promueva en su ser y en su quehacer dentro de la vida de la Iglesia y, sobre todo la invitación para ir mejorando la formación, que se involucre más a las personas jóvenes, sin perder, por supuesto, a las personas mayores. Ir haciendo esa renovación propia dentro de la vida de la Iglesia.

A la vida en la comunidad, se nos va a pedir en esa parte, valorar la comunidad como un espacio formativo, pero no solamente la comunidad parroquial, sino la primera comunidad, la célula misma, que es la familia, como el primer núcleo de formación de encuentro con Cristo. Potenciar las pequeñas comunidades y la predicación kerigmática.

Al hablar de la comunidad aparece la parroquia, la vida de la parroquia como lugar, como centro de irradiación de esta formación en todos y en cada uno de los ambientes que en ella perviven.

Con el fin de hacer la formación más accesible en cuanto a los subsidios, se nos pide que se elaboren con lenguaje sencillo y claro, que se dé continuidad a los mismos. Se nos pide exponer estos subsidios en internet. La mayoría de las vicarías episcopales tiene su página, sería un buen lugar.

Por último, está el apartado de Basílica, se le pide hablar del kerigma guadalupano, sobre todo, aprovechar el acontecimiento guadalupano para evangelizar.

Esa es la riqueza que encontramos en todas sus aportaciones, en las que de alguna manera queremos seguir caminando, en las que como Iglesia diocesana, revisando nuestro caminar encontramos esas cosas, pero creo es de congratularnos en que hay ese gran deseo de todos y cada uno, de seguir caminando en este proceso de ser discípulos misioneros, en este deseo no sólo de contentarnos con lo que somos y tenemos, sino sobre todo, de compartirlo con los demás.

Pbro. Jesús Hernández Ramírez
Versión estenográfica


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